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Juegos Olímpicos: ATENAS - 1896 - 12/01/2007

Alfred Hajos
La semilla plantada por el Barón de Coubertin pocos años antes, ha comenzado a germinar. El día 11 de abril, ó el 30 de marzo, según se date por nuestro calendario gregoriano, ó por el griego, respectivamente, se disputan las pruebas, tres en total, correspondientes a estos Juegos de la I Olimpiada de la Era Moderna, una Olimpiada que se ha alargado durante más de quince siglos, en lugar de los normales cuatro años. El lugar escogido para las pruebas, a falta de una verdadera piscina en la capital griega, han sido las aguas tranquilas y poco profundas de la Bahía de Zea, comunicada con el mar por un estrecho paso, situada cerca de la capital, lo cual, junto al tiempo apacible de aquel día, atrae a buen número de aficionados para contemplar a los “esforzados y entusiastas deportistas” que se disputarán la corona de laurel, máximo galardón de estos Juegos.
 
La organización podemos decir que es casi perfecta, incluso sin este “casi”. La playa de la bahía está suntuosamente engalanada; sobre el espigón que delimita la playa se ha colocado la tribuna real, adornada con numerosas banderolas. El jurado de la competición, formado por S.A.R. el Príncipe Jorge de Grecia (que desde el inicio de las gestiones del Barón Coubertin ha sido la persona más entusiasta ante la idea de acoger en Atenas la organización de los Juegos de esta I Olimpiada); los señores Hadjikyriakou, Capitán de Fragata; Theokharis, capitán de Corbeta; Hoppe, Profesor; Leonidas, Kemeny, y Fabeus (parece que sin títulos definidos), tienen su “puesto de trabajo” en una chalupa anclada poco más allá de la playa.
 
Otras embarcaciones han sido preparadas para servicios de prensa; para los nadadores, y para diferentes personalidades que no han querido privarse de aquel espectáculo que despierta, entre los naturales griegos, el orgullo de un pasado glorioso que ahora parece querer volver en alas de las gaviotas que van y vienen por el cielo de la bahía. Dos barracones levantados en la playa servirán de vestuarios y de improvisada enfermería “por lo que pueda pasar”.
    
El emocionante momento ha llegado. Una chalupa transporta al Rey, acompañado del Príncipe Heredero y del Príncipe Jorge, a la bahía, donde es recibido por el Alcalde del Pireo. Suenan unos clarines anunciando el inicio de las pruebas. Una barcaza transporta a los nadadores participantes desde los vestuarios hasta el lugar de salida, a 100, 500 y 1.200 metros de la playa, según la prueba, donde, en el agua, esperarán la señal de salida. Todo está preparado, pues, para que la natación olímpica inicie su singladura.
 
Veinticinco nadadores se han inscrito en las tres pruebas programadas para aquel día, el único dedicado a la natación, correspondiendo a las distancias de 100 metros para la velocidad; 500 para el medio fondo; 1.200 para el fondo.
 

Alfred “Hajos” (o “Hayos” según otras fuentes) seudónimo deportivo del húngaro Alfred Guttmann, es el doble ganador de la jornada, al imponerse en la prueba de velocidad y en la de fondo, demostrando que la especialización no preocupaba excesivamente a técnicos y nadadores de aquella época. Catorce “concursantes” (según los términos de aquel tiempo) repartidos entre ocho griegos, dos norteamericanos y húngaros, un danés y un sueco, toman parte en la primera prueba, la de los 100m. Al darse la señal, los trece “sobrevivientes” (diremos a seguir qué ha pasado con el décimocuarto inscrito), empiezan a nadar. “Hajos” es el primero en llegar a la meta, situada ante el espigón, señalada con una banderola roja. Ha nadado la distancia en un tiempo de 1,22”1/5 (según el cronometraje de la época), imponiendose por muy poco al griego M.E.Khoraphas, de Cefalonia, aunque en este punto haya una cierta discrepancia según las diferentes fuentes de información, pues mientras algunas dan un tiempo de 1,23”0 al griego, otras dicen que el triunfo del hungaro fue mucho más claro, sin dar, sin embargo, el tiempo del griego.
 
El norteamericano Williams Gardrez (o Gardrez Williams según otras fuentes) es tercero. Todos los concursantes han empleado la modalidad conocida como “over”, una de las técnicas primitivas, antecesora del crol que, por aquel tiempo, empezaba a “cocerse” en nuestras antípodas, Australia.
 
Si hemos dicho que de los catorce inscritos, únicamente trece llegaron a tomar la salida, es porque creemos que podemos dar una cierta credibilidad al testimonio de uno de los participantes norteamericanos en las pruebas de atletismo de estos Juegos de Atenas, Thomas R.Curtis, campeón de los 110m.vallas, que, muchos años después, exactamente en 1932, escribió unas páginas, recordando lo qué habían sido aquellos Juegos atenienses.
 
Según nos cuenta Curtis, William Hoyt era considerado uno de los mejores nadadores de velocidad de Estados Unidos, que llegaba a la capital griega animado de las mejores intenciones, para nadar los 100m., después de aquel largo viaje de 7.500 kilómetros. Lo ignoraba todo de aquella Europa que, seguramente por vez primera, acogía nadadores norteamericanos, más acostumbrados a las aguas más cálidas de sus piscinas cubiertas, sin pensar que en aquel invierno-primavera griego, el agua del Mediterráneo podía estar todavia bastante fresca.
 

Expedición húngara formada por Gyula KELLNER (atletismo), Gyula KAKAS (gimnasia), Alajos SZOKOLYI (atletismo), Nandor DANI (atletismo) y sentados: periodista Miltiades Manos y el nadador Alfred HAJOS
Alineado en el pontón de salida, esperaba el momento de lanzarse al agua, lleno de patriótica determinación en vencer. Al indicarse que podían colocarse en el agua, nuestro hombre se zambulló; una fracción de segundo más tarde reaparecía en la superficie, exclamando “¡Dios mío, que fria!”, y de un salto volvia a subir al pontón, abandonando; los Juegos, para él, habían terminado antes de empezar. Es posible que la lejanía del tiempo le haya jugado una mala pasada a la memoria de Thomas R. Curtis, exagerando los hechos, aunque, como decia el poeta “se non é vero, é ben trovato”, como un pequeño indicador del espíritu de aquellos primeros Juegos Olímpicos.
 
Segundo concurso : una curiosa prueba de 100m.libres dedicada únicamente a los marineros de los barcos de la marina griega de guerra anclados en el puerto del Pireo. Parece que aquello del agua fría no era ninguna tonteria, pues de los doce inscritos, únicamente tres se atrevieron, finalmente, a tomar la salida. Ion Malokinis de la Spezia, fue el ganador, con un tiempo de 2,20”2/5, seguido de Khazapis, de Andros.
 
Tercer concurso, segundo olímpico: 500 metros. Continúa la deserción, y únicamente tres de los veintinueve inscritos se presentan a la salida, dos griegos y un austriaco. Uno de los griegos es Mr. Pepanos, de Patras, el cual, según el “rapport” del Comitè Organizador, es un excelente nadador, ganador de buen número de premios en concursos de natación. La correspondiente barcaza los lleva, a los tres, al punto de salida, situado ya fuera de la bahía. Un vibrante cañonazo, disparado desde uno de los barcos de guerra, es la señal para iniciar la carrera. El austriaco, Paul Neumann, es el brillante vencedor, en un tiempo de 8,12”6, derrotando claramente a Pepanos, 9,57”0, que ha de conformarse con el segundo lugar. La bandera del Imperio Austrohúngaro es izada de nuevo en el mástil de honor.
 
En el concurso de fondo, considerado el más importante del programa “porque combina las cualidades de velocidad y de resistencia” (según comentarios técnicos de la época), hay un total de nueve participantes. La salida se da, nuevamente a golpe de cañón, a mar abierto, para hacer el recorrido en línea recta, lo cual pondrá en peligro la integridad de alguno de los nadadores, puesto que la altura de las olas les dificulta la marcha, poniendo incluso en peligro su vida. Mientras se disputa la prueba fuera de la bahía, la curiosidad y la expectación aumenta entre el numeroso público congregado en la playa. Finalmente, una cabeza y un brazo parecen vislumbrarse en la embocadura de la bahía (hay que recordar que en la modalidad “over” únicamente uno de los dos brazos sale fuera la agua).
Poco después se anuncia que se trata de Alfred “Hajos”, el ganador de los 100m., que llega con casi 100m. de ventaja sobre el segundo clasificado. Mientras sus compatriotas le aclaman entusiásticamente, vuelve a ser izada, por tercera vez, la bandera del Imperio en el mástil de honor (hay que recordar que en 1896, Austria y Hungría eran parte de un imperio “federado”, y Hungría no tenía bandera propia). El tiempo logrado, 18,22”1/5, igual que los otros dos, no tenía una gran significación técnica, en virtud, sobretodo, de las condiciones en las que se habían desarrollado las tres carreras. Ion Andreu, un griego de la Sociedad de Francoturismo del Pireo, es segundo, tras “Hajos”, en un tiempo de 21,03”2/5.
 
Hay que mencionar, por su importancia, la ausencia de nadadores ingleses y australianos, así como de los mejores norteamericanos, situados a la cabeza del movimiento deportivo mundial de aquel tiempo, y que se encontraban inmersos en plena revolución técnica que terminaria con la invención del crol, estilo con el que la natación conseguirá un gran y rápido desarrollo.
 
Señalemos que el doble ganador de estos Juegos, aunque ya con su verdadero nombre de Alfred Guttmann, se convirtió en un destacado arquitecto, laureado en el concurso olímpico de esta disciplina en los Juegos de París de 1924, y fue, también, quien se encargó de dibujar los planos y construir las instalacions del complejo deportivo de la Isla de Santa Margarita, en pleno Danubio, a su paso por Budapest, verdadero “Sancta Sanctorum”, no ya de la prolífica natación húngara, sinó incluso de la natación mundial. 
 
No hay duda de que, incluso con las pocas pruebas programadas, y la escasa participación de estos Juegos, el solo hecho de disputarse en una manifestación polideportiva como la de unos Juegos Olímpicos, permitió que muchos nadadores de diferentes países iniciasen sus entrenamientos con la intención de participar en los siguientes Juegos, lo cual aceleró, seguramente, el desarrollo de las diferentes técnicas de los estilos, así como los sistemas de entrenamiento, con el consiguiente progreso en los resultados cronométricos, y un renovado interés por el deporte de la natación. Podremos darnos cuenta de todo ello en sucesivas ediciones de los Juegos, con el notable aumento del número de pruebas a disputar, así como de nadadores participantes.
 
Guillem Alsina
 


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