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Estrellas jóvenes y fugaces - 30/11/2005
Que la natación es un deporte peculiar, ya lo sabemos, que puede llegar a “quemar” a muchos deportistas con solo 18 años, lo vemos cada año. Seguro que más de uno conoce los motivos, pero cada año en la natación española hay una tasa de abandonos demasiado alta.

Algunos, en esas horas bajas en que se deshoja la margarita pensando lo dejo o no lo dejo tienen quien los apoye y los motive, otros están o se sienten solos y abandonados a su suerte.

No es fácil subir como la espuma, pero como muchos saben lo difícil no es llegar a ser una estrella, lo realmente difícil es mantenerse en el tiempo. España está llena de estrellas efímeras, nadadores ensalzados por sus cualidades y juventud, que apenas uno o dos años después están hundidos en la desorientación y en el olvido de un campeonato.

Hoy ha aparecido un artículo que viene muy a cuento con estas reflexiones, lo ha publicado “El día de Córdoba” y trata sobre la nadadora Belén Doménech.

Os pongo aquí los primeros párrafos del artículo, el resto lo encontrareis en el enlace de más abajo.

El deporte es un vampiro que necesita sangre fresca para seguir viviendo. Quema ídolos a una velocidad de vértigo y no respeta a sus estrellas más allá del éxito inmediato. Una de sus más crueles expresiones es la natación, una meca de prodigios adolescentes en la que un veinteañero empieza a ser considerado veterano.

En esa tesitura se ha visto esta temporada Belén Doménech, la bracista del Navial que con apenas 20 años recién cumplidos –nació el 3 de febrero de 1985– ha recuperado las sensaciones perdidas. La pasada semana, la RFEN le otorgó su medalla de oro como reconocimiento a un año para el recuerdo, en el que Belén ha vuelto a encontrar el sentido perdido a las largas horas de entrenamiento.

Porque Domenech fue una de esas niñas prodigio. Cuando en 2002, con apenas 17 años se colgó del cuello tres medallas de oro en el Campeonato de España, los técnicos ya la veían como uno de los nuevos iconos de la natación española, la dominadora de la braza para el próximo lustro.

¿Quizás el éxito llegó demasiado pronto? Belén comenzó a sentir que lo que hasta entonces hacía por placer se había convertido en una obligación. Al verbo ganar se unía de repente un sustantivo: presión, un nuevo elemento con el que debería acostumbrarse a convivir en su carrera deportiva.

Cualquier competición tenía a Belén –sólo la gaditana Conchi Badillo respondía a su hegemonía en la braza– subrayada como una de las favoritas. Eso sólo tenía un riesgo: el segundo puesto ya era considerado un fracaso.

A eso se le unió la irrupción de otras baby estrellas como Sara Pérez
”…
Sigue …


Este tipo de experiencias deben servir para felicitar a Belén por su tesón, ilusión y trabajo para volver a la elite y para tomar medidas para que no ocurra con otros nadadores.




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