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Flash back: María Peláez ha hecho historia en Sevilla. 24 de agosto de 1997 - 14/11/2008
Hay artículos que guardo de forma especial, algunos han saltado de ordenador en ordenador a lo largo de muchos años, otros me los he encontrado por casualidad buscando vete a saber tú que información en la vasta red. Hoy, aprovechando que ayer fue el cumpleaños de María Peláez quiero compartir con vosotros el relato que hizo un periodista de aquella medalla de oro en 200 mariposa el 24 de agosto de 1997.
 
Se trata de un artículo escrito por Sergio Heredia y aparecido al día siguiente del acontecimiento en el barcelonés periódico “La Vanguardia”, y relata en tres partes lo que ocurrió en la piscina, el perfil de María en aquellos días y sus declaraciones.
 
Apenas nadie contaba ya con ella. Acaso los ochenta familiares ruidosos en cuyas camisetas aparecía el retrato de la niña, congregados como feligreses en busca de un sueño, casi de una utopía. Sólo ellos y el entrenador de la niña, Femando Tejero, creían en sus posibilidades.
 
Cuando María Peláez se subió a la plataforma ayer, respiró hondo, se llenó los pulmones de oxígeno y decidió que sí, que podía suceder: que podía ser la primera española en convertirse en campeona de Europa.
 
En la lotería de la carrera, María tenía el boletó más pequeño. El boleto grande iba a nombre de la irlandesa Michelle de Bruin —antes Smith—, la “bestia” de los campeonatos. De Bruin había prometido que conseguiría cinco oros en Sevilla y estaba especialmente rabiosa porque hasta ayer sólo sumaba dos.
 
A la irlandesa, de 28 años, el reinado en Sevilla’97 se lo había robado una belleza húngara con la mitad de sus años: Agnes Kovacs. Los 200 mariposa, la prueba predilecta de De Bruin, tenían que proporcionarle el tercero y poner las cosas en su sitio.
 
A María Peláez le tocaba pelear por las sobras, un segundo, un tercero, quizá ni siquiera eso. Las pruebas que había disputado hasta ahora la habían dejado en entredicho. Una final B y nada más. Poca cosa para lo que en teoría se esperaba de ella. María Peláez tenía problemas para conciliar el sueño y una difícil papeleta por delante: la de liderar a la nueva ola de nadadoras españolas.
 
Con 13 años, María Peláez se convirtió en la deportista española más joven en unos Juegos Olímpicos. Para ella, participaren Barcelona’92 no dejó de ser una experiencia anecdótica. Sin embargo, a sus 19 años actuales, la alta competición ha dejado de ser un juego y la presión se ha convertido en un factor perjudicial, casi asfixiante. A los ojos de seleccionadores, especialistas y prensa, María Peláez tenía que subir al podio. Igual que Martín López Zubero. Cualquier otro resultado era casi un fracaso. Y cumplió.
 
Michelle de Bruin salió por la faena. Un primer largo fulgurante, agresivo, parecía que ponía las cosas en su sitio. María, de complexión similar a la irlandesa —ambas miden poco más de 1 ,60 de estatura y pesan alrededor de 60 kilos—, aguantó la embestida inicial como pudo. Nadaba bien colocada, segunda, tercera, siempre en los puestos de cabeza, pero economizando su esfuerzo. Tenía bien claro que seguir a De Bruin de buenas a primeras significaba suicidarse. En el hectómetro, la irlandesa apenas la aventajaba en medio segundo y, al enfilarse el penúltimo largo, daba sus primeras muestras de flaqueza.
 
A María le empujó el ansia, la rabia y los rugidos de los espectadores —sus familiares, todo el público, en una metamorfosis emocionante—. De repente, De Bruin estaba tan cerca como el oro y el resto de rivales —entre ellas otra española, Bárbara Franco; séptima al final—, tan lejos como el fracaso.
 
El último largo fue apasionante. Nadar la mariposa es un sufrimiento imposible de soportar. Los brazos se bloquean y los pulmones parecen a punto de estallar. María y De Bruin se igualaron a media piscina y sus brazadas eran cada vez más cortas, con menos cadencia, con menos inercia. A cada golpe de hombros apenas si avanzaban y durante esa lucha a cámara lenta, oyendo el rugido de los espectadores, María supo que había llegado su momento.
 
Cuando tocó el borde, primera, dio paso a la apoteosis. Esperó a que llegase Bárbara Franco y se abrazaron junto a la piscina. María se abrazó con todos —entrenador, padres, hermanos—. Sus lágrimas de felicidad, las lágrimas de la niña, quedaron bien grabadas para la posteridad. Igual que su medalla.
 
Una malagueña con sueño
 
Dicen que por las mañanas se queda pegada a las sábanas y que se necesita una grúa para echarla de la cama. Que le suceda un día cualquiera es lógico: durante seis horas al día nada cerca de 9.000 metros en sus duros entrenamientos. Que se haya dormido en Sevilla estos días también es normal. María Peláez, una malagueña de 19 años, no se despertaba por las mañanas porque se desvelaba por las noches.
 
Demasiados agobios, demasiada presión. Este curso ha abandonado Málaga para ingresaren la residencia Blume de Madrid y en los próximos días, cuando pase la borrachera del éxito y recupere el pulso normal, tendrá que desempolvar los libros y recuperar las asignaturas que tiene pendientes en primero de INEF.
 
María llegó a los Europeos con el tercer mejor tiempo de las participantes y el sambenito de nadadora frágil en la alta competición, que se venía abajo en los grandes compromisos. Lo pasó mal porque en los 100 m mariposa se había quedado en la final B y en los 200 m estilos, ni siquiera eso —registró el tiempo 28 de 30 competidoras—. Eso sí, para su prueba predilecta se recuperó a tiempo. Supo extraer lo mejor de sí misma en el María muestra orgullosa la medalla de oro momento preciso.
 
El nuevo referente de para selección española
 
“No veía a nadie. Sólo mi carril.” Maria Peláez nadó a ciegas, dejándose llevar por la inercia de la carrera, casi inconsciente de la fiesta que se había montado a su alrededor. “Sólo sé que estaba muy nerviosa en la cámara de llamadas, pero lo he superado bien, ¿no?”, preguntó con una sonrisa pícara. Ayer María, por lo habitual tímida, más bien poco expresiva ante la prensa, tenía unas inmensas ganas de hablar, de expresar lo que sentía. La euforia del éxito; sólo quedaban ella y su medalla de oro. “La presión me la dejé en el hotel”, bromeó. “Lo que experimento ahora es una emoción impresionante, una alegría inmensa. Soy muy feliz porque todos han gritado y saltado como burros.”
 
Sabe que lo que viene ahora es lo más duro. Mantenerse en el trono es más difícil, dicen, que alcanzarlo En adelante, cada vez que acuda a una competición internacional su nombre aparecerá en la lista de favoritos. Con ella se abre una nueva vía para las nadadoras españolas, pero también un factor de presión añadida. No alcanzar el podio en cualquier competición —Europeos, Mundiales, Juegos Olímpicos— tendrá la lectura del fracaso.
 
“Siempre creímos que estaba en disposición de ganar”, añadió Fernando Tejero, el entrenador de Peláez. “Lo ha pasado mal estos días por culpa de sus malos resultados en otras distancias y especialidades. Todo esto podía haber afectado a su rendimiento en la prueba predilecta: ella es especialista en 200 mariposa, a eso vino. Nada más”.
 
“No engañé a nadie”, asintió María. “Algunos pensaron que estaba fuera de forma, que me vendría abajo después de pinchar en mis otras pruebas. Yo dije que esperaran, que todavía tenía que venir mi día; avisé de que me estaba entrenando exclusivamente para esta distancia. Lo dije desde el principio.”
 
María Peláez se ha convertido en la nueva reina de la natación española. Las lágrimas de frustración han dado paso ahora a las de felicidad. Tenía especial rabia contra sus detractores precisamente porque sabía que se equivocaban: “Siempre me esperé esta medalla. Estaba convencida de que podía conseguirla”.
 
Sergio Heredia
Sergio es un veterano, aunque joven periodista, especialista en atletismo y que suele cubrir también los grandes acontecimientos deportivos en el ámbito de la natación. Además es lector de NotiNat a quien agradecemos sus halagos a este modesto blog.
 
 Once años después, María Peláez continúa siendo un referente en las piscinas españolas. En Pekín cumplió un nuevo sueño acudiendo por quinta vez a unos Juegos Olímpicos, algo que muy pocas personas lo pueden contar. Sobre María ya publicamos una biografía que redactó Elena Martínez en diciembre de 2005 así como la recopilación de sus 50 títulos nacionales en diciembre de 2007.
 
Roger Torné
 
 


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