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Juegos Olímpicos. Berlin 1936 - 03/06/2007
En pleno apogeo del nacionalsocialismo, y con el espectacular aparato que acostumbran a imprimir a sus realizaciones los representantes del gobierno alemán de aquel tiempo, se organizan en Berlín las pruebas correspondientes a los Juegos de la XI Olimpiada. A pesar de todo, hay que constatar que el protocolo olímpico fue escrupulosamente respetado, y que Carl Diem, el hombre que sin haber formado nunca parte del CIO, mejor había estudiado el fenómeno olímpico (había sido uno de los que más había impulsado la candidatura berlinesa para lograr la organización de los Juegos de 1916 que finalmente no se disputaron a causa de la y Guerra Mundial) logró que estos Juegos fueran recordados como los más próximos al espíritu helénico de los antiguos Juegos.
 
El ceremonial de la antorcha se convirtió en tradicional dentro del protocolo de la ceremonia de inauguración, mientras en el exterior, ante la puerta del Estadio Olímpico, una torre de 75m. de altura mantenía una inmensa campana de 2'70m. de altura y 2'80m. de diámetro, el badajo de la cual parecía repicar, repitiendo la frase que relucía inscrita en su borde inferior, “llamo a la juventud de todo el mundo a participar en los XI Juegos Olímpicos de Berlín”. 
 
El Estadio Náutico construido para disputar las pruebas de natación es el más grande construido hasta aquel momento, con sus 20.000 asientos, que permiten contemplar, cómodamente sentados, las gestas de los nadadores llegados de todo el mundo “a mayor gloria y honra del deporte”. Las pruebas de natación se disputan entre el 8 y el 15 de agosto.
 
Desde el 1932 continúa la pugna entre Estados Unidos y Japón para asegurarse la supremacía mundial, con algunos, aunque muy pocos, nadadores de otros países, que sirven más bien como catalizadores de esta rivalidad, restando récords y victorias a unos u otros de los dos colosos. En la natación femenina, como veremos más tarde, la situación es diferente.
 
Mencionamos, a corte anecdótico, que algunos de los nadadores japoneses lucían, en sus entrenamientos, unas “tangas” que no tenían absolutamente nada que envidiar a los modernos ejemplares de esta pieza de baño. También se comenzaron a ver bañadores solo hasta la cintura, aunque únicamente se usaban en los entrenamientos, mientras en la competición eran obligatorios los reglamentarios, de corte completo, tapando el pecho y media espalda, y con tirantes. 
 
28 países participantes, 27 en categoría masculina, y 17 en la femenina, números casi iguales al de Amsterdam ocho años antes. Más estrenos dentro de la natación olímpica, con nadadores de las Bermudas, Bolivia, la China, Egipto (pese a ser una colonia británica disponía de Comité Olímpico propio) Estonia (en uno de sus cortos períodos de independencia) y de Perú participando por vez `primera en las pruebas de natación de los Juegos.
100 libre masculinos
 
100m.crol: récord mundial en poder del norteamericano Peter Fick, 56”4, el 11 de febrero de 1936, en la piscina de 25 yardas de la Universidad de Yale (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del japonés Masanori Yusa, 57”2, en 1935, en Tokio); récord olímpico en poder del japonés Yasuji Miyazaki con sus 58”0 de las semifinales de Los Ángeles-1932. Eliminatorias y semifinales el 8 de agosto; final el 9. 45 participantes repartidos en 7 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más los dos mejores terceros pasan a semifinales, los tres mejores de cada una de las cuales, más el mejor cuarto, pasan a la final. No está en Berlín para defender su título de Los Ángeles el japonés Miyazaki.
 

Podio de los 100 libre masculinos
Renovación total en el sprint mundial, al no presentarse en Berlín ninguno de los que hicieron historia cuatro años antes. Dos grande favoritos: el atlético recordista mundial, Peter Fick, 186cm. de altura, que ha superado en tres ocasiones al mítico Weissmuller como recordista mundial, y el japonés Masanori Yusa, campeón olímpico en Los Ángeles con el cuarteto de 4x200m., con sus 57”2 en piscina larga, un tiempo muy superior al récord mundial de Fick, logrado en piscina de 25 yardas, si tenemos en cuenta los tres virajes suplementarios.
 
La lucha entre los favoritos se inicia ya desde las primeras eliminatorias. En la 1a. es el recordista mundial Fick quien supera los 58”0 de Miyazaki, señalando 57”6, récord que le dura el breve espacio de tres eliminatorias cuando, en la 5a., el japonés Shoji Taguchi señala una décima menos, 57”5. Horas más tarde, en el curso de la 2a.semifinal, Yusa demuestra su favoritismo igualando el tiempo de su compatriota, 57”5, mientras decepciona Fick, tercero de la 1a.semifinal con unos discretos 58”2, por delante de otro de los favoritos, no sea más que por nadar ante su público, el alemán Helmut Fischer, 58”7, clasificado por ser el mejor de los cuartos clasificados, después de haber logrado unos buenos 57”9 en las eliminatorias. Un total de 9 hombres han bajado del minuto en estas semifinales, y un total de cinco los 58”0 de Miyazaki en Los Ángeles; en la final los siete finalistas lograrán también menos del minuto.
 
La final se inicia con la magnífica y peculiar salida “submarina” de Fischer, que se pone en cabeza de la carrera, aunque es atrapado rápidamente, y hacia los 40 metros es Yusa el que pretende escaparse, llegando primero al viraje, 25”6, no muy por delante de Fischer y del resto de finalistas, todos muy igualados. A partir del viraje, Yusa parece escaparse definitivamente hacia una prevista victoria, y domina de un cuerpo hacia los 65 metros, con otro de los japoneses, Arai, segundo, por delante de los otros cuatro finalistas, cerrando la carrera el tercer japonés, Taguchi, que parece haber perdido todas sus posibilidades. Hacia los 80 metros, Yusa parece aún tener la carrera ganada, aunque por uno de los callejones laterales, el 7, el húngaro Csik ha iniciado ya su ataque final.
 
Los chillidos de alegría de los aficionados japoneses presentes en la piscina olímpica se convierten poco a poco en agónicos, mientras agitan las pequeñas banderolas con el Sol Naciente, intentando “arrastrar” a su representante hacia la victoria. Debilitado por su cambio de ritmo después del viraje, Yusa no puede evitar que el húngaro lo alcance en los últimos cinco metros, mientras tres otros nadadores, Taguchi, Fick y Arai, se le echan encima entre nubes de espuma. Csik es finalmente primero, 57”6, dejando en pie el récord olímpico de Taguchi y Yusa, mientras Taguchi, es segundo al término de unos extraordinarios últimos veinticinco metros, con Yusa tercero, y Fick y Arai por detrás, lejos del alemán Fischer y el segundo norteamericano Lindegreen.
 
Ha sido una de las llegadas más cerradas que se ha podido ver en una competición de este nivel, con los cinco primeros clasificados llegando prácticamente en un pañuelo, luchando por la victoria. A pesar de que la película de la llegada nos da con casi toda seguridad esta clasificación, los jueces de llegada sorprenden a los espectadores, ofreciendo una clasificación totalmente diferente, con Csik, este sí, como indiscutible vencedor, 57”6; Yusa en segundo lugar, 57”9; Arai tercero, 58”0; Taguchi cuarto, 58”1, y, ya más alejados, Fischer quinto en 59”3, mientras los dos norteamericanos son sexto, Fick, y séptimo, Lindegreen.
 
Se hace difícil entender como pudieron dar, sobretodo, el sexto lugar a un Fick, claramente al mismo nivel que los tres japoneses, aunque evidentemente, la llegada era muy difícil para juzgarla debidamente, pero todavía se hace más difícil entender como el juez pudo mantener esta clasificación. Posiblemente no sea más que otro capítulo del anecdotario olímpico, pero no nos resistimos a dejar constancia de la solución a este problema de la clasificación de los 100m.libres dada por un diario francés, según el cual una copiosa comida, regada con un excelente, y no menos copioso vino, que los árbitros habían hecho aquella jornada, antes de las pruebas, fue el culpable de las “desavenencias” entre la llegada real y la que dieron, finalmente, los “bien comidos y no menos bien bebidos” jueces. Añadiremos solo, sin ningún más comentario, aquello de ”se non e vero, e ben trobato”. Como en Los Ángeles, todos los finalistas han bajado del minuto, aunque en la ciudad californiana eran solo seis finalistas, mientras en la capital alemana han sido siete.
 
La fotografía, largamente difundida, de la ceremonia de proclamación de campeones, nos muestra un Csik exultante de alegría después de su victoria, alzando el brazo para saludar el público, mientras a su lado, con el semblante hermético y la mirada hundida; Yusa con los ojos clavados en el suelo y los puños cerrados; Arai con las manos ligeramente entrecruzadas, reflejan su tristeza y la impotencia al no haber podido lograr un triunfo que parecía destinado a uno cualquiera de los tres finalistas japoneses.

Llegada de los 400 crol masculinos
400m.crol: récord mundial en poder del norteamericano Jack Medica, 4,38”7, el 30 de agosto de 1934, en Honolulú, p.25 yardas (mejor tiempo mundial de piscina larga en poder del japonés Shozo Makino, 4,46”4, en 1933, en Tokio); récord olímpico en poder del también norteamericano Buster Crabbe, con los 4,48”4 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 10 de agosto, semifinales el 11, final el 12. 34 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos mejores de cada eliminatorias más los dos mejores de los terceros clasificados pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales, más el mejor cuarto disputan la final. No se presenta a defender su título el norteamericano Buster Crabbe, retirado ya de la natación.
 
Recordista mundial y gran favorito de la prueba es el norteamericano Medica, aunque sea un japonés, Shumpei Uto, el que, al ganar la 5a.eliminatoria, supera el récord olímpico con un tiempo de 4,45”5.
 
La final es un extraordinario duelo entre Médica y los tres finalistas japoneses, fieles a una táctica de equipo que sacrifica a Negami para intentar romper el ritmo del norteamericano, mientras Uto o Makino (el subcampeón de los 1.500m. en Los Ángeles-1932) serán los encargados de intentar sacar provecho de esta táctica. Medica, sin embargo, no se dejará sorprender, mandando, juntamente con Negami (1,06”0 y 2,20”0 para ambos) y Uto (1,06”5 y 2,19”9) a mitad de carrera, mientras Makino, Flanagan y Taris les siguen algo más atrasados, 2,22”0.
 
A partir de los 200m., Uto aumenta su ritmo, señalando un parcial de 1,10”1 en el terce hectómetro, cogiendo dos segundos de ventaja sobre Medica, ventaja de la que aún conserva uno al llegar al último viraje. En unos últimos metros llenos de potencia y determinación, siguiendo su costumbre, el norteamericano rehace toda su desventaja y acaba superando, 4,44”5, el récord olímpico de su rival, mientras Uto es segundo, 4,45”6, claramente superado por la superior potencia de su rival, igualando prácticamente su récord de las eliminatorias. Shozo Makino, a quien Medica ha arrebatado el récord mundial de la prueba, es un fácil tercero con unos discretos 4,48”1, superando en la segunda mitad de la prueba a su compatriota Negami, después de haber virado juntos en los 300m., 3,35”0, pero que se desfonda totalmente después de haber hecho su papel de “liebre”, 4,53”6, y ser superado, incluso, por el otro norteamericano, Ralph Flanagan, cuarto en 4,52”7.

Podio 400 libre masculinos
 
1.500m.crol: récord mundial en poder del sueco Arne Borg con sus 19,07”2 del 2/09/1927, en Bolonia, p.50m.; récord olímpico del japonés Kusuo Kitamura con sus 19,12”4 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 13 de agosto, semifinales el 14, final el 15. 21 participantes repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Los tres primeros de cada eliminatoria y los dos mejores cuartos clasificados, pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales, más el mejor de los dos cuartos nadan la final. No defiende su título de Los Ángeles el japonés Kitamura.
 
Nada que destacar en las dos primeras rondas, donde los 19,42”8 de Medica, muy lejos de los respectivos récords, es el mejor tiempo. La dificultad de nadar tres pruebas en tres días seguidos, hace que los mejores nadadores se reserven para la final.
 
Desde los primeros metros de la final, el japonés Noburu Terada se va completamente solo hacia el triunfo final, por delante de un conformado Medica que parece nadar únicamente por el segundo lugar, y de su compatriota Sunao Ishiharada que no parece en la forma del año anterior cuando había señalado un magnífico tiempo de 19,12”0. Con mejores parciales que los señalados cuatro años antes por sus compatriotas Kitamura y Makino, y rozando los del mundial de Borg, Terada se distancia sin problemas: 1,07”0 en el primer hectómetro, 2,23”2 y 4,57”6 en los 400m., donde ya tiene diez segundos de ventaja sobre los parciales de Kitamura; 6,14”2 en el primero tercio; 10,07”2 en los 800m., dos segundos por debajo del parcial de Borg en sus 19,07”2, a pesar que su ritmo comienza a decrecer, ya sea por su rápido inicio de prueba, ó por la falta de oposición. 12,45”3 en el kilómetro, donde solo tiene ya nueve segundos de ventaja respecto de Kitamura. Su ventaja comienza a fundirse precisamente en el momento que Kitamura y Makino, ambos decididos a véncer, señalaban sus mejores parciales.

Salida de los 1500 libre masculinos
 
A los 1.200m., 15,23”6, la ventaja de Terada ha bajado hasta los cinco segundos, y al iniciarse el último hectómetro, 17,59”0, su ventaja ya es solo de dos segundos. Terminando con un último hectómetro en 1,14”7 (por 1,11”7 de Kitamura) Terada pierde la corta ventaja de que aún disponía, y se proclama campeón olímpico aunque sin superar el récord de su compatriota, 19,13”7. Su victoria, sin embargo, es muy clara, ante un Medica que nunca ha estado en la lucha por el título, y que ha “navegado” desde los inicios de la prueba en segundo lugar, cogiendo cada vez más ventaja al segundo japonés, Uto, ventaja que llega ser de siete segundos al iniciarse el último hectómetro. Con un último hectómetro en 1,14”5, el japonés está a punto de alcanzar a su vencedor de los 400m., que nada el último herctómetro en 1,21”0, conservando únicamente cinco escasas décimas, 19,34”0 por 19,34”5, aunque suficientes, para lograr la medalla de plata, dejando el bronce para Uto, muy por delante del cuarto, Ishiharada, 19,48”5. La prueba ha tenido un buen nivel, con los siete finalistas bajando de los veinte minutos, por solo cuatro en Los Ángeles.
 
4x200m.crol: récord mundial en poder de un cuarteto japonés, 8,52”2, el 19 de agosto de 1935, en Tokio, p.50m.; récord olímpico de otro cuarteto japonés con los 8,58”4 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 10 de agosto, final el 11. 18 cuartetos inscritos repartidos en 3 eliminatorias, los dos primeros de cada una de las cuales, más los dos mejores de los terceros clasificados, pasan a la final.

4x200 libre masculino
 
Con un cuarteto basado en sus velocistas (Yusa, Sugiura, Arai y Taguchi, es decir con tres finalistas de los 100m.), los japoneses no tienen muchos problemas para conservar el título logrado cuatro años antes, derrotando de manera clara a sus rivales norteamericanos, que han formado su cuarteto con una mayoritaria base de mediofondistas. En la 3a.eliminatoria, los japoneses superan su récord olímpico con un tiempo de 8,56”1, con parciales muy regulares: Yusa 2,14”8; Sugiura y Taguchi 2,14”2, y Arai, 2,12”9. Al dia siguiente, y con el mismo cuarteto, vuelven a superarlo, siempre en cabeza de la prueba, con unos magníficos 8,51”5, que representan, al mismo tiempo, un nuevo récord mundial. Claramente superados, los norteamericanos son segundos, 9,03”0, mientras los húngaros, apoyados en un eufórico Csik, hacen suyas las medallas de bronce, 9,12”3, por delante de franceses, 9,18”3, y alemanes, 9,19”0.
Equipo japonés de 4x200 libre
 

Adolph Kiefer
100m.espalda: récord mundial en poder del norteamericano Adolf Kiefer, 1,04”8, el 18 de enero del mismo año olímpico, en Detroit, p.25 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del también norteamericano Albert VanDeWeghe, 1,07”4, en 1934 en Honolulú); récord olímpico en poder del también norteamericano George Kojac, con los 1,08”2 de la final de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 12 de agosto, semifinales el 13, final el 14. 30 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los tres primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los cuartos, pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales, más el mejor de los dos cuartos, pasan a la final. Defiende su título de Los Ángeles-1932, el japonés Masaji Kiyokawa.

Final de los 100 espalda masculinos
 
De nuevo ha regresado la hegemonía mundial de este estilo a tierras norteamericanas, de la mano de Adolf Kiefer, sucesor de su compatriota Kojac como recordista mundial. Aplicando revolucionarios principios al movimiento de brazos (pasada submarina lateral, en lugar de la casi vertical, clásica hasta aquel momento), así como en el de piernas (con un movimiento más semejante al de crol, iniciado a partir del muslo), y un viraje también nunca visto, y que acabará adoptante su nombre (aunque parece que no habia sido él quien lo habia ideado, sinó su compañero VanDeWeghe) Kiefer habia llevado el récord mundial a un nivel impensables hasta aquel momento, logrando sucesivas mejoras: 1,07”0, 1,06”2, y 1,04”9 en 1935, y 1,04”8 en enero del año olímpico (aún el 1938 lograría superar todos estos récords, al lograr unos increíbles 1,02”4 en los 100m., tiempo que no fue homologado al haber sido logrado en piscina de 25 yardas, cuando desde el primero de enero de aquel 1938, la FINA había impuesto la longitud mínima de 25 metros para homologar los récords de los 100m.).
 
La superioridad del gigante norteamericano es total y absoluta. Lo demuestra ya en las eliminatorias, ganando la 1a. con un nuevo récord olímpico, 1,06”9. Al dia siguiente gana la 1a.semifinal bajandolo en una décima, 1,06”8, y al día siguiente vence en la final. Pasando por 30”5, por delante de su compatriota Albert VanDeWeghe, 31”0, y del japonés Kiyokawa, justo a sus pies, Kiefer no tiene ningún problema para lograr el primer lugar, con nuevo récord olímpico, 1,05”9, claramente por delante de VanDeWeghe, 1,07”7, mientras el ya excampeón, Kiyokawa, es tercero en 1,08”4, impidiendo que los norteamericanos les devuelvan el “triplete” logrado en Los Ángeles, cuatro años antes. El tercer norteamericano, Taylor Drysdale, es cuarto, 1,09”4. Tres norteamericanos y tres japoneses en esta final, señalan claramente el peso que estos dos países tienen dentro de la natación mundial.
 
La hegemonía de Kiefer durará todavia unos cuantos años más, y se puede decir que únicamente el estallido de la II Guerra Mundial le privará, posiblemente, de lograr dos, e incluso tres títulos olímpicos consecutivos. Superó su último récord mundial, el de los 200m.espalda, en 1944, mientras su récord olímpico se mantuvo vigente hasta 1952, marcando con su huella, toda una época de la natación mundial.
 
200m.braza: récord mundial en poder del norteamericano Jack Kasley, 2,37”2, el 28 de marzo del mismo 1936, en la p.25 yardas de la Universidad de Yale, nadando en mariposa (mejor tiempo mundial de piscina larga en poder del también norteamericano John Higgins, 2,43”3, el mismo año olímpico, sin que se pueda certificar en cuál de las dos modalidades nadó); récord olímpico (y mejor tiempo mundial de piscina larga para un bracista) en poder del japonés Reizo Koike, 2,44”9 de las semifinales de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 13 de agosto, semifinales el 14, final el 15. 25 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales.
 
Los tres primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los cuartos clasificados pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales, más el mejor de los dos cuartos, nadan la final. No se presenta el japonés Tsuruta a defender su doble título de Amsterdam-1928, y Los Ángeles-1932.
 
Tres veteranos, el japonés Reizo Koike, segundo en Los Ángeles, cuatro años antes; el alemán Erwin Sietas, cuarto en las dos anteriores finales olímpicas, y el filipino Teofilo Ildefonso, tercero en 1928 y 1932, se enfrentan a la hornada más joven, el japonés Tetsuo Hamuro, y el alemán Balke, así como a los recién llegados practicantes de una nueva modalidad, la conocida como braza-mariposa, con los norteamericanos John Higgins, y Jack Kasley, este último recordista mundial, a la cabeza.
 
Resumamos los hechos: esta modalidad de braza-mariposa parece haber sido ideada por el alemán Rademacher, aunque nunca la había empleado demasiado, por temor a ser descalificado. Después, hacia 1933-34, nadadores universitarios norteamericanos la “desenterraron”, teniendo un rápido y espectacular desarrollo. Se iniciaba, a partir de aquel momento, un período de tiempo, hasta 1952, en el que coexistirían ambas modalidades, la braza-clásica (o, sencillamente, braza), y la braza-mariposa (o, también, sencillamente, mariposa), diferenciadas en sus inicios únicamente por el movimiento de los brazos (pasada y recuperación totalmente subacuáticas en la braza; pasada subacuática más semejante a la del crol, y recuperación aérea en la mariposa).
 
Si bien en un principio pareció que la nueva modalidad seria excesivamente dura para ser empleada en las distancias clásicas, 100 y 200m., y no pasaría de practicarse con una cierta asiduidad, aunque sin llegar a hacer sombra a la modalidad clásica, bien pronto se pudo ver que, con el debido entrenamiento, incluso podría llegar a superar los tiempo logrados en clásica, cuando menos en los 100 y 200m., sobretodo aprovechando las ventajas de las piscinas cortas, 25 yardas o 25 metros, iniciándose, a partir de 1935, un verdadero “pulso” entre ambas modalidades, mientras la FINA se empeñaba en no querer separarlas, tal y como pretendían algunos de sus países afiliados, conscientes que se estaba, no ante un mismo estilo, sino de dos estilos completamente diferentes (y que cada vez se fueron diferenciando más).
 
Poco antes de los Juegos, dos mariposistas USA habían superado a los clasicistas en su pugna por el récord mundial. El primero, John Higgins, 1,10”8 y 1,10”0 en los 100m.; poco después Jack Kasley, 2,37”2 en los 200m., ambos en p.25 yardas, superando los 1,12”4 y 2,39”6 del clasicista francés Jacques Cartonnet. Las piscinas de 50m., en cambio, parecían favorecer más a los clasicistas, por la evidente y superior dureza de la mariposa, tal como se habia podido comprobar en el tradicional encuentro de 1935 entre USA y Japón, con la victoria de los bracistas japoneses ante los mariposistas USA.
 
La coexistencia de ambas modalidades dentro del mismo estilo, sin una reglamentación bien definida, permitía espectáculos ciertamente insólitos para un aficionado actual, cuando menos debido a la posibilidad de emplear indiscriminadamente cualquiera de las dos modalidades en el curso de una misma prueba. Así, en las prueba olímpica, mientras los japoneses continuaban fieles a la modalidad clásica (incluso parece que su federación había prohibido el uso de la mariposa, y eran los que más se empeñaban defendiendo la separación de ambas modalidades), el alemán Balke y el norteamericano Higgins nadaron los primeros 50m. en mariposa, pasando a nadar braza a partir del primer viraje (aunque Higgins hacía algunas brazadas de mariposa antes de cada viraje) y regresando a “mariposear” los últimos veinticinco metros. El recordista mundial Kasley, por su parte, era totalmente fiel a la mariposa, sin emplear la braza en ningún momento, siendo eliminado en semifinales. Si a todo eso se le suma la siempre constante presencia del filipino Ildefonso con su braza “submarina”, podemos percatarnos que el espectáculo estaba bien servido, y que la polémica entre los jueces de estilo era constante, con un espectáculo verdaderamente insólito.
 
El récord olímpico de Koike es superado por el joven Tetsuo Hamuro, a punto de cumplir 19 años, al ganar la 1a.eliminatoria con unos buenos 2,42”5. Como ya hemos dicho, en las semifinales cae el recordista mundial, Jack Kasley, con unos muy discretos 2,53”4, mientras su compatriota Higgins sale más bien librado, demostrando, con un registro de 2,44”0, que tiene algunas posibilidades de subir al podio de campeones.
La final es un duelo entre los dos japoneses, Higgins, y Sietas, el alemán, envuelto por toda una afición que espera este título desde que Rademacher no lo había logrado en 1928. Aprovechando su mariposa, Balke y Higgins cogen el mando de la prueba en el primer viraje, 34”9 para el alemán, 35”3 para Higgins; Hamuro, empero, no tarda en pasarlos, virando primero a mitad de carrera, 1,15”1, por delante de Sietas, 1,15”8.
 
Resistiendo las desesperadas tentativas del alemán, Hamuro termina coronándose como sucesor de su compatriota Tsuruta, igualando su récord olímpico de las eliminatorias, 2,42”5 (el resultado del libro oficial de los Juegos dan un 2,41”5, que no parecen del todo creíbles) cuatro décimas por delante de Sietas, 2,42”9, coronando de esta manera una buena carrera deportiva (campeón y subcampió europeo en 1934 y 1938, además de los dos cuartos lugares en finales olímpicas). Koike, superando en los últimos metros a Higgins, es tercero, 2,44”2 por 2,45”2, lejos, este último, de sus 2,44”0 de las eliminatorias. Séptimo de la final, Ildefonso corona, igualmente, una magnífica carrera deportiva, con tres finales olímpicas y dos medallas de bronce.
 
Las pruebas femeninas eran esperadas con un gran interés, después de que la natación holandesa hubiese demostrado estar en condiciones de presentar batalla a sus rivales norteamericanas para la hegemonía mundial, que ya habían hecho estremecer cuatro años antes. Dirigidas con mano firme por la famosa y reputada Sra. Braun (madre de la campeona olímpica de los 100m.espalda en Amsterdam-1928, Marie Braun) las holandesas tenían sus figuras en la rápida y frágil Willie DenOuden, recordista mundial del hectómetro; en Ria Mastenbroek, todo potencia y feroz determinación a la hora de competir, más especialista de los 400m., pero igualmente fuerte en los 100m.libres y en espalda; en la espaldista Nida Senff, y en la bracista Joopie Waalberg, que seria, el año siguiente, la primera en bajar de los tres minutos en los 200m.braza. Por su parte, las norteamericanas, privadas de su figura de Los Ángeles-1932, Helen Madison, retirada de la natación, tenían en la campeona olímpica de espalda, Eleanor Holm, su gran esperanza, aunque parecía difícil que pudieran oponerse a la victoria de conjunto de las holandesas.
 
100m.crol: récord mundial en poder de la holandesa Willie DenOuden, 1,04”6, el 27 de febrero de 1936, en Amsterdam, p.25m. (también tiene en su poder el mejor tiempo mundial de piscina larga en 1,05”2, en 1935, en Doorwelth); récord olímpico en poder de la norteamericana Helen Madison, con sus 1,06”8 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 8 de agosto, semifinales el 9, final el 10. 33 participantes repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Las tres primeras de cada eliminatoria, más la mejor de las cuartas clasificadas pasan a semifinales, las primeras de cada una de las cuales, más la mejor cuarta, nadan la final. Como hemos dicho, no se presenta a defender su título Helen Madison.

Salida de los 100 libre femeninos
 

Podio 100 libre femenino
Mastenbroek pasa rápidamente a ser la favorita del título cuando al ganar la 1a. eliminatoria señala un nuevo récord olímpico, 1,06”4, tiempo que iguala el día siguiente al ganar la 1a.semifinal, imponiéndose a todas sus rivales, entre las que destacan la escultural argentina Jeannette Campbell, campeona sudamericana (que será proclamada reina de la belleza entre las nadadoras participantes); la alemana Gisela Arendt, y, naturalmente, DenOuden, aunque esta no parece encontrarse en su mejor forma, quizás excesivamente preocupada en la caza de récords mundiales superados en los meses inmediatamente anteriores (un total de 13 en distancias entre las 100 yardas y los 500m.).
 
Ligero retraso de Campbell en la salida, parece que sorprendida por la pistola del ”starter”, lo cual aprovecha Arendt para llegar primera al viraje (31”4, tiempo no oficial) con la argentina y DenOuden casi a su nivel, mientras Mastenbroek (32”8, tiempo igualmente no oficial) parece claramente superada, girando en un decepcionante sexto lugar. A la salida del viraje, Campbell aumenta su ritmo y hacia los 75m. ya es primera por delante de Arendt, mientras DenOuden, flaqueando después del viraje, es alcanzada por Mastenbroek.
 
Braceando con toda la potencia de sus brazos, después de haber superado DenOuden, la recordista olímpica se lanza sobre las dos primeras, alcanzándolas hacia los 90m., y superándolas en los cinco últimos. Con un tiempo de 1,05”9 vuelve a superar su récord olímpico, mientras que Campbell, que ha estado a punto de repetir la gesta de su compatriota Zorrilla ocho años antes, es, finalmente, segunda, 1,06”4, vencida únicamente por la feroz determinación de la holandesa, y su increíble potencia física, que la han permitido nadar una magnífica segunda piscina. Arendt es tercera, 1,06”6, por delante de DenOuden, cuarta en 1,07”6, claramente superada, y que nunca ha dado la sensación de tener alguna posibilidad de vencer.
 
Señalemos los últimos lugares de las velocistas USA, demostrando que no han encontrado a la sucesora de Madison, y que la ascensión de la natación europea (holandesas, danesas y alemanas) ha coincidido con un importando bajón de la natación femenina USA, ya que, por primera vez en unos Juegos, no tienen ninguna velocista en un escalón cualquiera del podio.
 
400m.crol: récord mundial en poder de la holandesa Willie DenOuden, 5,16”0, el 12 de julio de 1934, en Roterdam, p.25m. (el mejor tiempo mundial de piscina larga lo comparten las holandesas Willie DenOuden y Ria Mastenbroek, 5,27”4, en 1934, en el curso de los Europeos de Magdebourg); récord olímpico en poder de la norteamericana Helen Madison con sus 5,28”5 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 13 de agosto, semifinales el 14, final el 15. 20 participantes repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Las tres primeras de cada eliminatoria, más la mejor de las cuartas clasificadas pasan a semifinales, las tres primeras de cada una de las cuales, más la mejor cuarta, nadan la final. No se presenta Madison a defender su título de Los Ángeles-1932.

Disputa de los 400 libre femeninos
 
En la 1a.eliminatoria, la joven danesa, 15 años, Ragnhild Hveger pasa en 1,14”2, 2,39”0 y 4,06”0, y supera el récord olímpico de Madison con un tiempo de 5,28”0, convirtiéndose en una de las favoritas de la prueba, frente a Mastenbroek, campeona europea en 1934, y verdadera especialista en esta prueba, una típica “ganadora de carreras” que únicamente se estrella ante el récord de su compatriota DenOuden. Por su parte, la danesa ha iniciado ya, meses antes, una memorable carrera deportiva, larga y fructífera, que llegará a convertirla en uno de los mitos de la natación mundial de todos los tiempo, pese a que al llegar a la capital alemana únicamente es recordista mundial de las 440 yardas, 5,29”9 (muy inferior a su homólogo de los 400m.), de las 500 yardas y de los 500m. (6,14”8 y 6,45”7 respectivamente), y de los 800m., 11,11”7.
 
La final (excepcionalmente con ocho finalistas por el empate en los tiempo, 5,45”9, que ha habido entre las dos cuartas de ambas semifinales, la holandesa Christine Wagner y la norteamericana Mary Petty) se inicia con la danesa en cabeza, que gira primero en los 100m., 34”0 y 1,15”0, prácticamente al mismo tiempo que la norteamericana Kight, por 1,15”6 de Mastenbroek. La lucha entre las tres continúa hasta mitad de carrera, señalando una gran igualdad, 2,40”0, así como en los 300m., donde Hveger todavia es primera, 4,05”9, por 4,06”0 de sus dos rivales.
 
La danesa parece asegurarse el triunfo cuando se distancia de las dos entre los 300 y los 350m., llegando al último viraje con casi un cuerpo de ventaja sobre la holandesa. Parece todo decidido, sin embargo, como en los 100m., aunque esto sea no conocer a Mastenbroek. Liberando toda su potencia, la holandesa rehace su desventaja y, en los últimos metros, se asegura su segundo triunfo individual, superando al mismo tiempo, 5,26”4, el récord olímpico de la danesa, cosa que también hace esta, 5,27”4. En tercer lugar, Kight-Wingard, a la que se le otorga un tiempo no oficial de 5,29”0, pues parece que los cronometradores, quizá embebidos en la espectacular remontada de Mastenbroek, se olvidan registrar el tiempo de la norteamericana.

Podio 400 libre femeninos
 
Superada en su primera participación olímpica, Hveger continuará, sin embargo, su progresión, superando en los años siguientes un total de 39 récords mundiales (muchos de ellos en distancias que dejaron de homologarse entre 1948 y 1950) estando a punto de convertirse en la segunda nadadora, tras de Helen Madison, en tener los récords mundiales de todas las distancias de crol, desde las 100 yardas hasta la milla inglesa, de todas las cuales únicamente se le resistió la de los 100m. de la holandesa DenOuden, distancia en la que no pudo ir más allá de 1,05”0. Además, todos sus récords tuvieron una duración excepcional, destacando el de 400m., 5,00”1, que no fue superado hasta 16 años después, en 1956. Como en el caso ya comentado de Kiefer y de algunos otros, la II Guerra Mundial impidió, posiblemente, que la danesa llegara a coronarse con los laureles olímpicos, y a pesar de que en 1952, ya con 31 años, intentó un tardío “come-back”, había pasado de su mejor forma, y hubo de retirarse sin lograr lo qué, por su historial, tenia bien merecido.
 
4x100m.crol: récord mundial en poder de un cuarteto holandés, 4,32”8, el 24 de mayo del mismo año olímpico, en Roterdam, p.25m.; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del cuarteto olímpico norteamericano con los 4,38”0 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 12 de agosto, final el 14. 9 cuartetos inscritos repartidos en 2 eliminatorias, los tres primeros de cada una de las cuales, más el mejor de los dos cuartos clasificados pasan a la final.
 
Tampoco los fue fácil a las holandesas lograr un triunfo que podía parecer fácil, teniendo entre sus nadadoras a DenOuden y Mastenbroek. Inesperadamente, es el equipo norteamericano el que toma la cabeza de la carrera, con Kathy Rawls, unas décimas por delante de la alemana Halbsguth, 1,10”4, y la holandesa Selbach, 1,10”8. En el segundo tramo es la alemana Lohmar quien pone a su equipo con ventaja, señalando un parcial de 1,09”4, por delante de las norteamericanas, y de la holandesa Wagner, 1,09”6. La tercera holandesa, DenOuden coge ya el mando de la prueba, pese a señalar unos muy discretos, para ella, 1,09”5, tres décimas solo por delante de las alemanas, con los 1,10”4 de Schmitz, y de las norteamericanas, ahora ya algo más atrasadas.

Ganadoras del 4x100 libre femenino
 
Parece que las holandesas tienen vía libre hacia el triunfo, siendo Mastenbroek la encargada de cerrar la carrera, pero Arendt, animada por su público, remonta de manera espectacular en la primera recta, y parece dispuesta a ofrecer una de las grandes sorpresas de estos Juegos. Sin embargo, y como ya había sucedido en sus dos pruebas individuales, el final de la holandesa es literalmente demoledor y, finalmente, la alemana no tiene otro remedio que rendirse ante la gran figura de estos Juegos, que se asegura su segunda medalla de oro (el día siguiente ganará la tercera, en los 400m.) completando la tarea de sus compañeras de equipo, después de nadar el último tramo de la prueba en unos buenos 1,06”1, por 1,06”6 de la alemana. Con 4,36”0, el cuarteto holandés supera el récord olímpico (un tiempo equivalente a su récord mundial de 4,32”8) por delante de Alemania, 4,36”8, superando claramente al cuarteto USA, 4,40”2, que se ha visto superado en la segunda mitad de la prueba, y que es la primera ve que pierde el título olímpico de esta prueba.
 

Podio de los 100 espalda femenino
100m.espalda: récord mundial en poder de Ria Mastenbroek, 1,15”8, el 27 de febrero de 1936, en Amsterdam, p.25m.; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la norteamericana Eleanor Holm, con los 1,18”3 de las eliminatorias de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 11 de agosto, semifinales el 12, final el 13. 21 participantes repartidas en 3 eliminatorias y 2 semifinales. Las cuatro primeras de cada eliminatorias pasan a semifinales, las tres primeras de cada una de las cuales, más la mejor de las cuartas, nadan la final. No defenderá su título de Los Ángeles la norteamericana Eleanor Holm, aunque se encuentra en Berlin.
 
La lucha por el título parece centrarse entre las holandesas Mastenbroek y Senff, y Eleanor Holm, la campeona olímpica cuatro años antes. Al llegar a Berlín el equipo USA se sabe que Holm no nadará finalmente en los Juegos, al haber sido excluida del equipo por sus mismos dirigentes. La causa parece haber sido que en una de las fiestas de despedida en el barco que lleva el equipo a Alemania, la campeona olímpica habría bebido champán, a pesar de la prohibición de hacerlo, impuesta por los directivos del equipo. La respuesta de Holm “...llevo muchos años bebiendo, y eso no me ha impedido ganar un título olímpico y superar récords del mundo...” parece que no los convenció, y acabaron castigándola, apartándola drásticamente del equipo, perdiendo, en bien de la disciplina del equipo, la última oportunidad de lograr un título femenino en estos Juegos de Berlín.
 
Ausente la norteamericana, la prueba se convierte en un asunto “interno” entre las dos holandesas. En la 1a.eliminatoria, Nida Senff supera el récord olímpico con un tiempo de 1,16”6, técnicamente superior al mundial de Mastenbroek, que ha gozado de la ventaja de dos virajes suplementarios.
 
Favorita de la final, Senff se avanza desde los primeros metros, llegando al viraje con un parcial de 36”0, pero falla al ejecutar su viraje (una variante del “Kiefer”, potencialmente más rápido) y se queda “pegada” a la pared. Rápidamente se endereza y continúa su carrera, a la caza de sus rivales, con las que ha perdido pràcticamente un par de segundos. Las va alcanzando de una en una, hasta que, finalmente, y ya en unos últimos metros de dramática intensidad, consigue imponerse a Mastenbroek, únicamente por un estrecho margen de tres décimas de segundo, 1,18”9 por 1,19”2, así como a las norteamericanas Bridges y Mortridge, tercera y cuarta en 1,19”4 y 1,19”6, en una llegada muy ajustada, y sin poder, lógicamente, acercarse a su récord olímpico.
 
Pocos días más tarde, y en el curso de las reuniones postolímpicas, muy típicas en aquel tiempo (malas lenguas aseguraban que estas reuniones servían, entre otros cosas, para “recaudar ayudas”, económicas, desde luego, cosa lógicamente prohibida por las rígidas leyes del amateurismo) Senff logrará superar el récord de Mastenbroek en tres ocasiones en el breve espacio de mes y medio: 1,15”7 el 8 de septiembre; 1,15”4 dos días después y, finalmente, 1,13”6 el 25 de octubre, siempre en piscinas de 25m., demostrando que era, efectivamente, la mejor espaldista mundial del momento.   
 
200m.braza: récord mundial en poder de la japonesa Hideko Maehata, 3,00”4, el 30 de septiembre de 1933, en Tokio, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la alemana Martha Genenger, 3,02”7, el mismo año olímpico, en Halberstadt); récord olímpico en poder de la australiana Claire Dennis, con sus 3,06”3 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 8 de agosto, semifinales el 9, final el 10. 23 participantes repartidas en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Las tres primeras de cada eliminatoria, más los dos mejores tiempo de las cuartas clasificadas, pasan a semifinales, las tres primeras de cada una de las cuales, más la mejor de las cuartas, nadan la final. No defiende su título la australiana Claire Dennis.

Disputa de lso 200 braza femenino
 
Maehata, subcampeona olímpica cuatro años antes, y ahora recordista mundial, es la gran favorita de la prueba, sin descartar la alemana Martha Genenger, la campeona europea de 1934, y, lógicamente, alguna otra de la acreditada escuela holandesa. La alemana se reafirma como la rival más peligrosa de la japonesa, al ganar la 2a.eliminatoria, superando el récord olímpico con un tiempo de 3,02”9. Maehata encaja perfectamente el golpe y, minutos después, gana su eliminatoria, la 3a., bajando el récord de su rival, dejándolo en 3,01”4, un tiempo muy superior, teóricamente por lo menos, a su mundial en piscina corta. Las semifinales afirman todavía más el protagonismo de ambas nadadoras, cuando Genenger baja en una décima su ya exrécord olímpico, 3,02”8, mientras la japonesa se ha conformado ganando la 1a.semifinal en 3,03”1.

Podio de los 200 braza femeninos
 
En la final, las dos favoritas se emparejan hasta los 150m., después de que la alemana haya mandado la prueba en los 50 y 100m., 41”0 y 1,25”4, por 1,26”0 de Maehata, ventaja que se ha “fundido” antes del último viraje, 2,15”0 para ambas, siempre con la danesa Inge Sorensen en tercer lugar, aunque sin inquietarlas, 1,31”0 y 2,18”0. Resistiendo los últimos asaltos de la alemana, Maehata logra el primer triunfo olímpico de la natación femenina japonesa, con unos discretos 3,03”6, con Genenger a seis décimas, 3,04”2, debido, seguramente, al hecho de haberse vigilado mutuamente, más que hacer, cada una de ellas, su propia carrera.
 
El tercer lugar es para la joven Sorensen, 3,07”8, una verdadero criatura, de solo 12 años y 22 días, que se convierte en la nadadora, y nadador, más joven que nunca haya subido a un podio olímpico. En la tribuna de participantes, esperando el momento de nadar, se distrae jugando a las muñecas y, una vez en el agua, les saca la lengua a los jueces de estilo cuando estos vigilan que los haga de manera reglamentaria, tocando el muro con las dos manos. Dos años después, en Londres-1938, será campeona de Europa.

De izquierda a derecha: Hanni Hölzner, Inge Sørensen, Hideka Maehata y Martha Genenger
 
Entre las eliminadas destaquemos a la brasileña Maria Lenk, la primera nadadora sudamericana que había participado en unos Juegos (en Los Ángeles-1932) y la única “bracista” que, en Berlín, emplea la modalidad de mariposa a lo largo de toda la carrera.
 
Como en el caso de Kasley, la brasileña ha logrado tiempo de nivel mundial al amparo de las piscinas cortas, acercandose al récord mundial de los 200m., e incluso ha superado el de los 100m., a pesar de que no le haya sido homologado, según se dice por razones puramente administrativas dentro de su mismo país. Considerada como una de las posibles favoritas, la brasileña cae eliminada, sin embargo, con tiempo muy discreto, muy alejada de su récord personal, 3,17”2 y 3,17”7 en las eliminatorias y semifinales.
 
Con todo, Lenk acabará por significarse, finalmente, cuando en 1939 supere los récords mundiales de los 200 y 400m. braza, 2,56”0 y 6,15”8, nadando ambas pruebas totalmente en mariposa, siendo esta la primera “intromisión” de una mariposista en el ranking de récords mundiales de braza en categoría femenina.
 
La II Guerra Mundial cortará durante cinco largos y trágicos años el proceso de desarrollo de la natación, determinando que dejen de disputarse dos ediciones de los Juegos Olímpicos, los correspondientes a las XII y XIII Olimpiadas, aunque, siguiendo el consejo del Restaurador, Pierre de Coubertin, se conserve su numeración, como sí en el ánimo de deportistas y dirigentes olímpicos no hubiera habida solución de continuidad. En este interregno, 1936-1948, dos Presidentes del CIO desaparecen: por un lado, Pierre de Coubertin, verdadera “alma mater” de los Juegos, fallecido en la ciudad de Ginebra el 2 de septiembre de 1937, después de haber enviado su testamento olímpico a los participantes de los Juegos de Berlín; la otra, la de su sucesor desde el 1924, el belga Conde de Baillet-Latour, fallecido el día de Reyes de 1942, víctima de una crisis cardiaca, y de tristeza por la muerte de su único hijo, abatido pocos meses antes en un avión de la RAF, luchando por la liberación de su país.
 
Respecto de la natación, únicamente algunos países alejados de las frentes de combate podrán mantener un cierto progreso. La superioridad japonesa, todavía evidente en Berlín, a pesar de un cierto bajón respecto de la de Los Ángeles, continuará aún durante los tres años que van desde 1936 hasta el estallido de la guerra, sobretodo en las pruebas de fondo. El 10 de agosto de 1938, en la piscina de 50m. del Parque Meiji de Tokio, Tomikatsu Amano supera el mítico récord de Arne Borg en el kilómetro y medio, siendo el primero que nada la prueba en menos de 19 minutos, 18,58”8. Después, durante el período bélico, serán los norteamericanos los que, amparados en su relativa paz, gracias sobretodo a su alejamiento de las frentes de guerra, podrán lograr de nuevo la perdida supremacía mundial, cuanto más con el descalabro japonés, que impedirá que su natación continue el ritmo de expansión logrado antes de la guerra, e incluso su participación en los Juegos de Londres-1948, aunque esta sea, sin embargo, otra historia.
 
En el sector femenino, dos pequeñas naciones, Holanda y Dinamarca, marcarán la pauta los años inmediatamente anteriores al estallido de la guerra. Una figura mítica como la de la mencionada Ragnhild Hveger, juntamente con otras, colocará Dinamarca a la cabeza de la natación mundial, mientras las holandesas juegan con su superior cantidad de practicantes y de instalaciones, convertida la natación poco menos que en el deporte nacional del pequeño país de los tulipanes, descubriendo nuevas figuras en todos y cada uno de los cuatro estilos, afirmando una incuestionable superioridad de conjunto.
 
Hemos mencionado Joopie Waalberg, la primera bracista en nadar los 200m. en menos de tres minutos, pero también podríamos hablar de la espaldista Cor Kint, que dejará el récord mundial de los 100m.espalda en unos magníficos 1,10”9, un récord que nunca será superado como récord del mundo, pues cerrará la lista de la FINA cuando esta, a partir del 1r.de mayo del 1957, decida “olvidarse” de las piscinas cortas, y homologar sus récords únicamente en piscinas largas de 50m., ó 55 yardas.
 
Todas estas grandes figuras de la natación tendrán un trazo en común, trágico al mismo tiempo (deportivamente hablando) y es que ninguna de ellas logrará la consagración olímpica, un requisito que casi se exige para entrar en la leyenda deportiva. Las penalidades durante los años de guerra, impedirá, de manera definitiva, la posible aparición de nuevas figuras en los países que las sufrieron directamente, y aunque en algunos casos (como puede ser el de Hveger) tuvieron una segunda oportunidad, ya era demasiado tarde, debiendo ceder el paso a las nuevas generaciones forjadas lejos de las miserias de aquella gran locura humana que fue la II Guerra Mundial.
 
Guillem Alsina
 


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