Pasadas ya las magníficas jornadas olímpicas que hemos presenciado, y después de los comentarios que nuestros lectores han hecho sobre la actuación española, me he decidido a poner sobre el papel algunas de las reflexiones que se me han acudido al filo de las jornadas.
La actuación del equipo español en estos Juegos no ha sido, al fin y al cabo, de las mejores, pero tampoco de las peores. Pero, como en la “viña del Señor”, ha habido de todo, y podemos dividir estas actuaciones en tres grupos.
El primero, el de las agradables sorpresas (final de Aschwin Wildeboer, y su eclosión a nivel internacional, y, aunque en un nivel más bajo, los 2,12”59 de Melquiades Alvarez en los 200m.braza, del que solo cabe esperar continuidad en próximas temporadas para conseguir “meterse” también en nivel internacional, así como el cuarteto del 4x200m.de mujeres, que, con su récord de España, parece ofrecer unas buenas posibilidades, puesto que además de las titulares de Beijing, tienen algunas otras “suplentes” por detrás que pueden servir de acicate a las presuntas titulares.
Evidentemente, el nivel del 4x200m. ha subido mucho (España, con su récord, se ha colocado como novena europea), pero se trata de un relevo relativamente joven, y que puede progresar bastante.....si es que ellas y las circunstancias que se mueven a su alrededor, lo permiten.
Segundo, el trío formado por Nina Zhivanevskaya, Mireia Belmonte y Erika Villaecija, que eran sobre quienes reposaban las esperanzas de conseguir algo destacado (finales, y, con un poco de suerte, alguna medalla). Dejemos aparte a la primera de ellas, Nina, que difícilmente podía hacer más de lo que hizo, nadar las “semis”, quedándose a pocas centésimas de su récord de España, poniendo un magnífico broche a su carrera deportiva, y de la que solo nos gustaría esperar que quiera dedicarse a formar nuevos valores, a los que inculcar su formación deportiva; estamos seguros de que sería una gran ayuda para la natación española.
De Mireia no debemos, ni podemos, olvidar que vuelve de Beijing con un nuevo récord de España de 400m.estilos, por lo que no se puede decir que estuviera mal; que se esperaba más de ella, sobre todo en los 200m. estilos, es verdad, pero no hay que olvidar que el nivel en el que se mueve en esta prueba (sexta mejor marca mundial antes de iniciarse los Juegos) la predispone a estos reveses. Estuvo mal, pero creemos que su actuación está dentro de lo que podía esperarse en su primera actuación olímpica. No es ninguna excusa, sino únicamente una constatación.
En cuanto a Erika, y dejando de lado las posibles implicaciones del periodo febril que tuvo antes de su prueba (imposibles de cuantificar), nos gustaría decir que, pese a sus resultados de Beijing, la natación española continua teniendo en ella uno de los pocos elementos a nivel internacional; si es verdad que en estos Juegos ha fallado, que lo ha hecho, no es menos verdad que, al nivel que ha llegado, y con algunas de sus características técnicas (falta de velocidad base, sobre todo) se hace difícil “saltar” a un nivel superior.
Salta a la vista que con su crono de Eindhoven hubiera podido pasar, por lo menos, a la final, y, ya en esta, luchar por las medallas (el bronce se disputó en los 8,23”, cuando muchos aficionados, un servidor entre otros, creía que las tres medallas se iban a jugar en menos de 8,20”), y quizás sea esto lo que ha llevado a deplorar la no presencia de Erika en la final, pero, repetimos, creemos que esto son cosas que ocurren en la vida de cualquier nadadora que haya estado presente, como lo ha estado ella, en las últimas grandes competiciones de la natación mundial. Tampoco es ninguna excusa; es otra constatación.
En el tercer grupo vamos a incluir a todo el resto de la expedición española. Son todos los que, en algunos de los periódicos que se denominan “deportivos”, pueden aparecer como “fracasados”, aunque, lógicamente, no estamos de acuerdo con esta forma de calificar su actuación. No lo es, porqué es evidente que los nadadores habrán puesto de su parte todas las ganas de hacerlo bien; si acaso, cada uno de ellos deberá hacer su particular examen de conciencia para “rebobinar” lo que ha sido su actuación a lo largo de la temporada, y ver lo que ha hecho bien, o no, dentro de sus posibilidades.
Por ejemplo, y sin que me atreva a poner “la mano en el fuego”, aunque lo sabemos de fuentes muy fiables, se ha hablado de que alguno de los seleccionados olímpicos no ha cumplido exactamente el régimen de vida que debería llevar un deportista olímpico a lo largo de la temporada. Alguno, después de su actuación en Beijing, declaró que quizás no había estado lo concentrado que debía estar en la cámara de salida, y que, por lo tanto, no había nadado como debía hacerlo.
Son pequeños detalles que van restando posibilidades en el éxito de un nadador, y que deben cuidarse al máximo, porqué todos sabemos que la mentalización representa un muy alto porcentaje del posible éxito. Pero es que el mayor grado de éxito o “no éxito” de un nadador no le corresponde tampoco a él, sino a su respectivo técnico. Él es quien prepara su programa de entrenamiento, él es quien debe variarlo de acuerdo con las diferentes circunstancias por las que atraviesa el nadador, y él es quien debe avisar al nadador, cuando esto ocurra, de que no está a poner su máximo empeño en los entrenos. Él es, al fin y al cabo, el último responsable de su preparación, y, por lo tanto, es quien debe hacer un mayor examen de conciencia a final de temporada, para ver lo que se ha hecho correctamente, y lo que no se ha hecho correctamente, asumiendo, en este último caso, el “fracaso” del nadador, siempre que este haya cumplido con lo que se le ha pedido. Quizás esto haya fallado también en Beijing.
Después, evidentemente, pueden venir las “excusas”, con algunas de las cuales se puede estar de acuerdo, o no. No lo estamos cuando algunos nadadores han declarado que la temporada ha sido excesivamente larga; que se les ha obligado a conseguir unas mínimas en determinado plazo, y que “además” se les ha pedido que, después, consigan buenas marcas en Beijing. Bien, esto es lo que ha ocurrido en todos, o prácticamente todos los países.
Unos han hecho “trials”, otros han puesto unas determinadas mínimas, más o menos fuertes, pero después de los respectivos “trials”, o de hacer las mínimas, se les ha pedido a los nadadores que bajaran sus marcas en la competición olímpica; y un alto porcentaje de ellos, si tenemos en cuenta la cantidad de récords batidos (desde mundiales a nacionales), lo ha conseguido.
La temporada olímpica ha sido siempre igual desde hace muchos años, y los nadadores deben estar mentalizados para conseguir ambas cosas, vencer en los “trials”, o conseguir las mínimas, y, más tarde, rebajar en los Juegos las marcas conseguidas. No hay que olvidar que algunos de nuestros olímpicos (a los que podríamos definir como “aficionados bien remunerados, o profesionales mal pagados”), tienen una cierta obligación, sean lo que sean, de conseguir sus mejores marcas en estas competiciones más importantes.
Si creemos, en cambio, que nadadores y entrenadores no estan muy “arropados” en cuanto a la planificación de la temporada, sea olímpica o no. Se planifica mal y tarde. Las mínimas de los Juegos deberían saberse ya, como mínimo, con dos años de antelación, así como determinar cuál va ser el método escogido para seleccionar a los olímpicos. Es la forma de preparar adecuadamente las competiciones más importantes (i lo que decimos respecto de los Juegos, podríamos decirlo también de los Mundiales y Europeos).
La natación española no va bien, y así como los resultados de Eindhoven parecieron suavizar las tensiones existentes, los de Beijing han vuelto a exacerbarlas. Ocurre siempre que hay malos resultados, y no solo aquí sino también en otros países (incluso en los USA con su equipo de atletismo en estos Juegos). El mal ya viene de lejos, ya que se inició en Atenas, y continuó en Montreal, y más tarde, con altibajos, hasta Beijing. Creemos que la Federación no ha sabido, o no ha podido, responder a dichos problemas con las soluciones adecuadas.
Sea cual sea la opción, sea por negligencia, sea por incapacidad, debería ya haber dejado en manos de otros, encontrar las soluciones. Hace falta una dirección técnica que sea capaz de mirar hacia adelante, tanto para horizontes inmediatos como para los más lejanos. No ha habido un dialogo fluido, mucho menos constructivo, ni con nadadores, ni con técnicos. Una Federación debe ofrecer firmeza, aunque también dialogo, puesto que en un país en el que no abundan los buenos nadadores, cada pérdida que se produce es un mal irreparable, y de estas ha habido algunas. Una Federación debe renovarse, entregarse a gente joven, que llegue con voluntad de encontrar nuevos caminos, nuevos métodos, acordes con las circunstancias de los tiempos, capaz de luchar por conseguir nuevos objetivos, más ambiciosos. Si después no se consiguen, son las reglas del juego, pero por lo menos debe haber luchado por conseguirlos.
Algo se ha conseguido estos dos últimos años, y creemos que hay que adjudicárselo a la dirección técnica, que no solo ha tenido fallos. Ha aumentado el número de seleccionados para las diferentes competiciones, aunque a nuestro entender no lo ha hecho en la proporción que debería haberlo hecho. Entendemos que España es un país de buen nivel europeo, y creemos que deberían aprovecharse las competiciones europeas para foguear a mayor cantidad de nadadores.
Los equipos que acuden a los Europeos de piscina corta y larga, deberían alargarse al máximo, tanto para fomentar el espíritu de equipo, como para ofrecer experiencia. Las competiciones no oficiales (trofeos, meetings internacionales, campeonatos nacionales open, etc.) deberían servir para foguear a júniors y otras categorías inferiores, así como nadadores de segundo nivel, tanto para incentivarlos, como para foguearlos en las competiciones internacionales.
Se ha demostrado que hay calidad en las categorías inferiores, no en cantidad, pero si la suficiente como para poder esperar buenas actuaciones en un futuro próximo, pero para conseguirlo, se ha de ayudar, cuidar y mimar (deportivamente hablando) a estas promesas. España no es un país, natatoriamente hablando, rico, y, por lo tanto, debemos cuidar con esmero lo poco que tenemos.
Quizás alguien podrá decir que todo esto que he reflejado sobre el papel, es solo mi opinión personal, y en realidad lo es, aunque es una opinión basada en los programas que llevan a cabo diferentes países, que, por el momento, tienen mejor natación que la española, y de los cuales se puede, y se debe, aprender.
Guillem Alsina