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El ocaso de la natación guatemalteca - 25/01/2008
Con este título tan sugerente empezaba un artículo publicado originalmente en el periódico Prensa Libre de Guatemala escrito por Fernando Ruiz y Romeo Rios. Y es que parece que en algunos países cuesta horrores estabilizar un proyecto deportivo estable.
 
Si bien Guatemala no ha sido nunca una potencia mundial en natación, han tenido sus figuras con merecido reconocimiento centroamericano y sudamericano. Ahora el ciclo está en un nivel bajo, muy bajo, con problemas deportivos debido a las dificultades estructurales que arrastran sus instituciones.
 
Si el gobierno ha invertido en los últimos años más que nunca en la natación, no en vano su federación nacional ha recibido en los últimos cuatro años 8 millones de Quetzal (700 mil euros), parece que este no ha llegado a los deportistas. Con un presupuesto anual de 2 millones de Quetzal (175 mil euros), que bien podrían haberse repartido en las 16 federaciones departamentales con las que cuenta el país.
 
Los problemas políticos de la federación y las desavenencias entre la clase dirigente y los nadadores de alto nivel, ha obligado a nadadores como Francisco Montenegro o Rodrigo Díaz, que se perfilaban como grandes exponentes, a dejar el deporte. La natación en Guatemala ha dejado de ser competitiva, a pesar de contar en el país con ocho piscinas de 50 metros (Escuintla, Suchitepéquez, Izabal, Chiquimula, Jalapa y dos en la ciudad capital), además de cinco de 25 metros (Quetzaltenango, Zacapa, Jutiapa y dos en Petén).
 
Para un deporte que tiene registrados tres mil atletas en la capital (no existe un registro departamental) poseer sólo una nadadora, Gisela Morales, con posibilidades de clasificar a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 es una triste realidad.
 
Después del periodo de Francisco Orellana en la presidencia de la Federación que terminó en 2001, las diferentes personas que han pasado por el cargo no han hecho más que enturbiar la situación. Su sucesor, Braulio Vásquez, debido a su gestión hizo que las diferentes Federaciones departamentales se desconectaran de la natación nacional. En 2003 la cosa fue a más con la renuncia de tres integrantes del Comité Ejecutivo, la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG) nombró una comisión normalizadora, en la que Guillermo Corzo completó el período.
 
Un año después, fue elegida Celeste Ardón, quien en el 2005 intentó negar a Álvaro Fortuny y Evan Marcus la participación en el Campeonato Mundial para garantizar su propia asistencia. En 2006, la CDAG determinó suspender de nuevo a la Federación por incurrir en ilegalidades como nombrar juntas normalizadoras departamentales y la suspensión de tres miembros de su Comité Ejecutivo.
 
El año anterior, en las elecciones del deporte federado, Darío Marroquín fue electo para el cargo de presidente, el cual asumió en diciembre, pero Israel Solórzano impugnó las votaciones argumentando manipulación de documentos. Sergio Castro, presidente de la CDAG, opinó que desde hace años los problemas internos y de dirigencia han hecho que las cosas se compliquen para la Federación. “La realidad refleja que sus decisiones no han sido las adecuadas, principalmente para los atletas”, indicó. El uso inadecuado de los fondos y las decisiones sin sentido ni justificación han llevado a la natación guatemalteca a un callejón sin salida.
 
La falta de apoyo económico para entrenar y competir se convirtió en el lapso anterior en una utopía para varios atletas que decidieron salir de la piscina para no volver más. Rodrigo Díaz, quien en el 2004 compitió en los Juegos Olímpicos en 50 metros libre, fue uno de ellos. “Durante mucho tiempo no existí ni para la Federación ni para el Comité Olímpico, varias veces no me dieron aval para competir y otras no me ofrecieron ayuda”, recuerda Díaz. “Es difícil para un nadador vivir una realidad como esta, en la que el universo se centra en una atleta y los demás, no aparecen”, concluye.
 
Así, la natación se debate entre escaramuzas políticas, falta de apoyo y mientras tanto, el futuro se hace cada vez más incierto, y mientras los mejores talentos nacionales del agua han ido desapareciendo progresivamente del plano competitivo.
 
Gisela Morales, la gran figura nacional después de los Juegos Olímpicos del 2004 no ha conseguido recuperar su nivel, pese a tener una de las becas más altas de parte del COG. Rodrigo Díaz hasta clasificar a Atenas 2004 nunca había sido apoyado por las autoridades. Decidió dejar la natación para dedicarse a sus estudios de ingeniería. Francisco Montenegro tras una brillante participación en los Centroamericanos del 2006, el poco apoyo dirigencial le empujó a salir de la piscina. Álvaro Fortuny participante en dos Juegos Olímpicos (2000 y 2004). Su rendimiento fue en decadencia y ahora sólo participa a tiempo parcial como atleta. Evan Marcus, que reside en Estados Unidos se ha visto interrumpida en varias ocasiones por decisiones de la Federación.
 
Durante el Ciclo Olímpico 2005-2008, la participación de la natación nacional no ha tenido (salvo los Juegos Centroamericanos) mayores logros. En los Centroamericanos del 2006, Guatemala se hizo con 18 medallas de oro, además de cinco nuevos récords del área. En los Centroamericanos y del Caribe, Cartagena 2006, Gisela Morales fue la única en subir al podio tras obtener dos platas y un bronce. En los Panamericanos, Río 2007, la representación nacional se vio reducida a María Coy, Cindy Toscano y Evan Marcus. Las medallas no llegaron.
 
Para Pekín 2008, la posibilidad de competir están centradas en Gisela Morales, quien buscará la marca o una carta de invitación.
 
Para Julika Quan, quien hace cuatro años entrenó a Rodrigo Díaz para competir en los Juegos Olímpicos de Atenas, las autoridades no han hecho llegar la ayuda de forma equitativa a los nadadores nacionales.  “Ha sido difícil, porque la inestabilidad que ha habido en la Federación muchas veces ha provocado que la ayuda no llegue a los atletas y no se puedan cumplir con los procesos de preparación, además de no poder asistir a algunas competiciones”, explica Quan, quien en la actualidad prepara a un grupo de jóvenes atletas.
 
Melanie Slowing, ex nadadora, participante por Guatemala en los últimos Juegos Olímpicos, considera que el desorden que ha existido en las autoridades de la Federación Nacional ha causado la falta de resultados y la reducción de nadadores nacionales. “Es difícil, porque no existe un orden de parte de los dirigentes desde hace un tiempo y eso repercute al momento de querer desarrollar los planes de trabajo con los atletas, quienes muchas veces no encuentran el apoyo que buscan”, afirma Slowing, retirada de la actividad desde hace cuatro años.
 
La ausencia de una adecuada formación de los entrenadores ha sido causa de una deficiente preparación en la técnica y de lesiones en los nadadores guatemaltecos, considera el doctor Federico Coy, padre y entrenador de nadadores. “Muchos de los nadadores no han conseguido alcanzar su mejor rendimiento y resultados positivos porque los entrenadores no se han preocupado o tenido la oportunidad de formarse de forma adecuada”, expresa Coy, quien junto a su esposa Irma entrenan a su hija María Fernanda, quien pese a sus logros, no cuenta con un buen apoyo de la Federación Nacional y del COG.
 
Hasta hace algunos años, el desarrollo de varios nadadores se dio con el apoyo de algunos clubes privados. Sin embargo, los nombres de instituciones como “Amigos del Agua”, “Huracanes” o “Marlins”, son sólo un recuerdo para quienes en algún momento pasaron por sus filas. Con el paso del tiempo (a partir del año 2001), las diferentes políticas de la Federación Nacional interrumpieron la participación de los clubes en las competiciones oficiales y motivaron su desintegración. En la actualidad, pocos equipos como el Club Delfines, Swim América o del gimnasio Exerzone, se mantienen vigentes.
 
La única opción es encontrar resultados por medio de juveniles que ahora están en desarrollo. María Fernanda Coy, quien en los Juegos estudiantiles de Centroamérica ganó tres oros, y en los Centroamericanos y del Caribe, obtuvo otras dos medallas, se perfila como una de las principales de este grupo. Juan Prem, Cindy Toscano (aguas abiertas), Melsie Muñoz y Deborah Antillón, tienen esperanza de sobresalir. Valerie Gruest, hija de la entrenadora Karin Slowing, es parte del grupo que ella misma entrena para el proceso de los Olímpicos del 2016.
 
Sin estabilidad y un proyecto común entre dirigentes, entrenadores, nadadores y clubes ningún país puede prosperar. La unión debe venir del interés mutuo, de la necesidad de dialogar y de la ilusión por prosperar. Si una de las partes intenta seguir por su cuenta el camino, perjudica a las demás resquebrajando poco a poco el proyecto.
 
Roger Torné
 


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