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Anécdotas de Gemma Mengual - 24/03/2009
Gemma Mengual, a la que no crea que deba presentar, está en plena campaña publicitaria de uno de los fetiches tecnológicos del momento, el ordenador ultra portátil Sony Vaio P. Entre algunas de las acciones que realiza Gemma para la firma japonesa está la de escribir un blog sobre sus viajes.
 
En una de las entradas del blog me ha hecho sonreír una anécdota de Gemma con el Mark Spitz, el que ganara siete medallas de oro en Munich 1972. La anécdota transcurre en los días previos al Campeonato del Mundo de Montreal 2005 y aunque podéis leer el artículo original, aquí os dejo un fragmento.
 
… Al acercarme a él, lo primero que hice fue expresarle mi admiración y mostrarle el recorte de periódico que arranqué en el avión y que llevaba conmigo desde entonces. La noticia decía que uno de los más grandes nadadores de la historia pasaría la mayor parte del campeonato en Montreal y que se alojaría en la isla. La arranqué porque pensé que aprovecharía la oportunidad para conocerle personalmente y que sería divertido mostrarle el recorte como prueba de mi devoción. Pero por caprichos del azar, el encuentro no fue como lo tenía previsto.
 
Tras mostrarle el recorte, Mark sonrió, me dio las gracias y al ver mi aspecto intuyó que yo también me dedicaba a nadar. Cuando le expliqué que había venido a Montreal para participar en el campeonato del mundo, me preguntó mi nombre y cuando se lo dije exclamó: Ah Mangual, I knew I had seen you before. I also admire you and your team and I’m sure you’re going to win a lot of medals. Y añadió: Tomorrow night I’ll be in Santa Elena. If you want and you have time we could meet for a race. I bet $1 I’m going to win you. Ok, done, dije yo, nos estrechamos la mano y entre sonrisas quedamos en vernos al día siguiente.
 
Se lo conté todo a Anna y ella me dio permiso para competir con él. Pero con una condición: que ganara. Le dije que sí y con esta intención me presenté a una de las piscinas de Santa Elena, la que solían utilizar los hombres para entrenar. Él me esperaba con un par de amigos. Las miradas cómplices que se intercambiaban entre ellos y la media sonrisa que se dibujaba en sus caras no hacían prever nada bueno. Efectivamente, había gato encerrado.
 
The winner will be the first to arrive to the other side, free style. You just need to get to the other side the first, dijo uno de los acompañantes de Mark. Muy bien, yo optaría por el crowl. Cuando oí el three, salté al agua con todas mis fuerzas. Tenía la oportunidad de vencer a uno de los mejores nadadores de todos los tiempos y lo tenía todo a mi favor: él hacía muchos años que ya no competía y hace ya tiempo que superó el medio siglo de vida.
 
Mark no saltó conmigo, sinó que se echó a correr hacia el otro lado de la piscina entre grandes carcajadas. The style is free, remember. Cuando crucé la piscina, mis sonrisas no podían ocultar la cara de tonta que se me quedó. Me la habían jugado…
 
Roger Torné
 


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