Historia de los Juegos Universitarios

Juegos polideportivos, más conocidos como Universiada, en los que pueden participar todos aquellos países adheridos a la F.I.S.U. (Federation International du Sport Universitaire).

Aunque las primeras manifestaciones deportivas universitarias pueden datarse hacia mediados del siglo XIX (desafíos entre las tripulaciones de remeros de las universidades inglesas de Oxford y Cambridge; encuentros de baloncesto, un deporte inventado por el profesor universitario James Naismith a finales de aquel mismo siglo, y que muy pronto tuvo sus campeonatos universitarios), y que las primeras asociaciones deportivas universitarias datan de los primeros años del siglo XX, la I.A.A., en 1905 (convertida, cinco años después, en la todopoderosa N.C.C.A., National Collegiate Athletic Association, que todavía hoy mueve prácticamente todo el deporte USA), seguida por otras asociaciones en Hungría, Polonia, Alemania, Suiza o Noruega, países adelantados del deporte universitario, no será hasta 1914 cuando nace en Estrasburgo, y gracias al esfuerzo del francés Jean Petitjean, la primera confederación universitaria, la C.I.E. (Confederation International d’Etudiants), como cabeza visible de la representación de siete países (Bélgica, Checoslovaquia, España, Francia, Luxemburgo, Polonia y Rumanía).

En 1919, recién terminada la y Guerra Mundial, Petitjean crea el Comité Deportivo de la C.I.E., para dar un mayor empuje al deporte universitario, comité al cual se afilian diez países: Bulgaria, Checoslovaquia, EE.UU., Estonia, Francia, Holanda, Inglaterra, Italia, Letonia y Polonia. Su primera idea es la de organizar unos Juegos Deportivos Mundiales Universitarios, competición que ya tenía unos ciertos antecedentes en las competiciones deportivas disputadas en 1911, con motivo del VII Congreso Internacional de Estudiantes celebrado en Roma, así como los celebrados con motivo de una Academia Olímpica celebrada en Berlín en 1920.

Petitjean, sin embargo, aspira a institucionalizar estas manifestaciones, y en mayo de 1923 organiza en París unos “Juegos Mundiales Universitarios”, dedicados a estudiantes universitarios y de Escuelas Superiores, independientemente de que estuvieran, o no, afiliados a las respectivas federaciones deportivas oficiales. Esta organización se continuó con una segunda Academia Olímpica, celebrada en Varsovia en 1925, una tercera en Roma, en 1927, año en el cual se organiza la primera Academia Olímpica de Invierno en la localidad alpina italiana de Cortina d’Ampezzo, y la cuarta, de nuevo en Paris, en 1929. En 1930 se organiza un Campeonato Internacional de Estudiantes en la ciudad alemana de Darmstadt, donde, por vez primera, son admitidas las deportistas (aunque únicamente en atletismo); la quinta Academia en Turín en 1933; la sexta en Budapest, en1935; la séptima nuevamente en París en 1937, y, finalmente, la octava en Mónaco, en 1939, pocos meses antes del estallido de la II Guerra Mundial. 

Terminada la contienda, y con motivo de celebrarse en Praga una “Jornada Internacional del Estudiante”, 17 de noviembre de 1945, diferentes organizaciones de estudiantes se reúnen para fundar la U.I.E. (Union International d’Etudiants), que toma el lugar de la C.I.E. Uno de sus tantos comités es el Departamento de Educación Física y Deportes, que se encarga de organizar los Juegos Universitarios Mundiales, la primera edición de los cuales se celebra en París, en 1947, con una participación de 17 países y unos 800 atletas, mientras la ciudad suiza de Davos ha organizado, unos meses antes, los primeros Juegos de Invierno. En 1949 es la estación invernal checoslovaca de Spindleruv-Mlyn la que organiza la segunda edición de los Juegos de Invierno, vetando la participación de los deportistas españoles, algo que no gusta a algunos países, que prefieren un movimiento universitario abierto a todos, sin distinción de credo político y religioso.

El hecho de que la mayoría de dirigentes de la U.I.E. pertenezcan a países del Este Europeo, y que politicen demasiado el deporte universitario, hace que algunos otros dirigentes, con el luxemburgués Paul Schleimer al frente, se separen de la U.I.E., y funden la F.I.S.U., con este de Presidente. Rápidamente se organiza en la localidad italiana de Merano la “I Semana Internacional de la F.I.S.U.”, con competiciones de atletismo, baloncesto, esgrima, fútbol y tenis, para contraponerla a los Juegos Mundiales Universitarios que la U.I.E. celebra en Praga por las mismas fechas. Merano tiene un gran éxito, con una presencia de 30 países (entre ellos la Alemania Occidental, en su primera competición internacional después de haber estado apartada del movimiento deportivo mundial, tras su derrota en la guerra, con lo que no se puede evitar que el movimiento deportivo universitario se divida en dos bloques perfectamente diferenciados: un bloque europeo occidental, otro de la Europa Oriental (en el cual no milita, sin embargo, Yugoslavia, que ya ha empezado a distanciarse del bloque del Este Europeo), y en medio de ambos, países neutrales como Francia, EE.UU., Canadá, y un bloque nórdico (Dinamarca, Islandia, Noruega y Suecia), que hacen de mediadores, atenuando en lo posible, las diferencias entre los dos bloques antagónicos.

Mientras la U.I.E. organiza sus Juegos en el Berlín Oriental, incluidos en un “Festival Mundial de la Juventud Democrática”, altamente politizado, la F.I.S.U. organiza en 1951, en Luxemburgo, su segunda “Semana Internacional”; la tercera en Dortmund (Alemania Occ.) en 1953; y la cuarta en Donostia, en 1955, con la primera participación de los universitarios de USA y de Israel, a pesar de que estos últimos no mantienen relaciones diplomáticas con el país organizador. Poco a poco, sin embargo, las dos organizaciones universitarias van acercando posiciones. Poco antes de la apertura de la Semana de Dortmund, en 1953, los representantes de la U.I.E., han aceptado disociar sus Juegos de la organización del “Festival de la Juventud Democrática”, al tiempo que crean un Consejo de Deportes más cercano a opciones deportivas que políticas.

En 1957, con motivo de los 50 años de la fundación de la “Union Nationale des Etudiants de France”, es ésta organización la que se encarga de organizar la “V Semana Internacional de la F.I.S.U.”, y lo hace enviando invitaciones a países de la órbita de la U.I.E. Polonia, Checoslovaquia y la Alemania Oriental responden afirmativamente a su llamada, mientras Austria, España, Francia, Islandia, Italia, Noruega y Yugoslavia, lo hacen por la F.I.S.U. Pese a que todavía se organizan unos Juegos de Invierno por separado (en la polaca Zakopane los de la U.I.E., en la austriaca Zell-am-See los de la F.I.S.U.), las conversaciones entre ambas asociaciones universitarias terminan dando fruto, después de su participación conjunta de 1957.

En 1959, y después de la renuncia de Roma, al no tener terminadas las instalaciones que un año después servirán para albergar los Juegos Olímpicos, Turín organiza la primera edición de los “Juegos de la F.I.S.U.” con un gran éxito de participación, como son los 1.400 deportistas llegados de 43 países. Su organizador, un hombre que inicia aquí una gran carrera dentro del deporte (que no deportiva), no siempre bien considerada, sin embargo, y no sin razones: el Doctor Primo Nebiolo, que años más tarde llegará a ser el todopoderoso “amo y señor” de la I.A.A.F. (la Federación Internacional de Atletismo). En Turín se ponen de moda, `por un lado, los que serán los dos principales símbolos de estos Juegos: el nombre de “Universiada”, y su anagrama, la “U” (de Universidad, de Universalidad, de Unidad), rodeada de cinco estrellas con los colores olímpicos (asimilables a los aros olímpicos), pero también el acierto de universalizar, de cierta manera, el deporte universitario, dotándolo de personalidad: en las ceremonias de entrega de premios no subirá ninguna bandera al asta de los premiados, ni sonará el himno del país del vencedor, ya que únicamente se oirá el himno universitario por excelencia, el “Gaudeamus Igitur”

Pese a todo, el camino no es fácil para la F.I.S.U. en estos primeros años de su andadura, y la política se mezcla con el deporte, o, por lo menos, lo intenta. Ya en sus mismos inicios, 1959, hay que resolver los primeros problemas: los estudiantes-deportistas de la China Continental, un país no reconocido por Italia, y que no tiene ninguna relación con el movimiento olímpico, piden participar en estos Juegos de Turín. El Ministerio de Asuntos Extranjeros italiano les niega el visado de entrada; los directivos de F.I.S.U. consiguen finalmente que se les deje entrar, procedentes de Checoslovaquia, con un visado a nombre de una asociación de estudiantes presidida por Pelikán, un hombre de la disidencia checa. Las dos Coreas tienen también sus diferencias en el mismo momento del desfile inaugural, intentando cada una de ellas que sea excluida de los Juegos la parte contraria; FISU corta el problema de raíz, al indicar que el equipo que no desfile será apartado de los Juegos. Más tarde, el problema es de banderas, puesto que cada una de las dos China, la Continental y la de Formosa/Taiwan, así como las dos Corea, quieren ver ondear su bandera, pero no la del país contrario. Finalmente, FISU hace arriar todas las banderas, dejando únicamente la de la Universiada. Hasta 1973, en la edición de Moscú, no volverán a verse ondear en el estadio principal las banderas de los países participantes en la Universiada.

Con una secuencia bi-anual, se disputa en 1961, en Sofía, la capital búlgara, la segunda edición, primera organizada por un país del Este Europeo; la siguen Porto Alegre (Brasil), la tercera, en 1967, la primera organizada fuera del continente europeo; la de Budapest, cuarta, en 1965; la de Tokio, quinta, en 1967, con un boicot encabezado por Corea del Norte, y en el cual colaboran rápidamente otros países de la órbita socialista (la URSS, Checoslovaquia, Rumanía, Hungría, Bulgaria, Polonia y Cuba). A partir de éste año empiezan a surgir algunos problemas en la organización, lo que parece ralentizar el primigenio empuje. En el último momento, Lisboa retira su candidatura de la sexta edición, 1969, a causa de las algaradas sociales y estudiantiles que marcan los estertores de la dictadura salazarista, lo que hace que se retrase hasta el 1970 cuando la acoge nuevamente Turín, con una participación en la que destaca la China Continental, que continua fuera del movimiento deportivo y olímpico internacional, así como la de Alemania del Este, un país que, curiosamente, nunca ha dado una excesiva importancia a éstas competiciones universitarias, en las que raramente ha participado.

Moscú protagoniza la séptima edición en 1973, en la cual son aceptados los deportistas palestinos, que desfilan detrás de su bandera, aunque Palestina todavía no tiene, siquiera, un soporte físico donde cimentar sus deseos de ser parte de la comunidad mundial, siendo únicamente reconocida por los países árabes y algunos de la órbita soviética. Una nueva retirada de candidatura, ahora la de Zagreb (Yugoeslavia), hace que Roma recoja en sus manos la organización de la octava edición, que se disputa en 1975, aunque la premura de tiempo por mantener la debida secuencia, hace que solo pueda organizar una “Semana Universitaria de Atletismo”. Repite Sofía la organización, la novena, en 1977, mientras la décima, 1979, cruza de nuevo el Atlántico, para ir a disputarse en Ciudad México, con un extraordinario récord de participación, 94 países y 2.974 atletas, de ellos 712 mujeres.

Poco a poco la FISU va afianzando su prestigio y su interés deportivo, y ya son muchos los países que piden la organización de sus Juegos. Bucarest, la capital rumana, organiza la décimo-primera edición en 1981, seguida de Edmonton (Canadá) en 1983; Kobe (Japón), la décimo-tercera, en 1985, es la primera edición con más de 100 países participantes, exactamente 106, entre ellos las dos Corea, aunque con la baja de Alemania del Este, nuevamente ausente. Zagreb, que ahora si mantiene su candidatura, organiza la de 1987, con nuevo récord de participación, 121 países y 3,904 atletas, un millar más que en anteriores ediciones; Duisburg, en la Alemania Occidental, en 1989, toma el lugar de la disidente brasileña Sao Paulo, aunque solo tiene tiempo para organizar las competiciones de atletismo, baloncesto, esgrima y remo. Sheffield (Inglaterra) organiza la décimo-sexta en 1991, seguida de la de Buffalo (Estados Unidos) en 1993; Fukuoka (Japón) la de 1995, con nuevo récord de participación, 162 países y 3.949 atletas; diferentes ciudades de Sicilia organizan la de 1997, mientras la vigésima, y última del siglo XX, es organizada por Palma de Mallorca en 1999, con un total de 132 países y 6.695 atletas, que demuestran que la Universiada se ha convertido en la segunda competición mundial deportiva de importancia, después de los Juegos Olímpicos.

El nuevo siglo trae consigo el auge de la Universiada en tierras asiáticas. Cinco de sus siete ediciones se han disputado allí, comenzando por la de Beijing, el 2001; seguida de la de Daegu (/Corea del Sur), el 2003; la de Esmirna (Turquía) el 2005; Bangkok (Tailandia) el 2007; racha cortada por la capital serbia, Belgrado, que organiza la del 2009, seguida de la de Shenzhen (China) el 2011, y, la última hasta el momento disputada, la vigésimo-séptima, en Kazan (Rusia), a caballo de Europa y Asia, con un nuevo récord de participación, 11.778 atletas, pertenecientes a 160 países, que se jugaron las medallas en 27 deportes: ajedrez, atletismo, bádminton, baloncesto, boxeo, canotaje de velocidad, esgrima, fútbol, gimnasia (artística y rítmica), halterofilia, hockey sobre hierba, judo, lucha (con cinturón y grecorromana), natación (en piscina, saltos y sincronizada), remo, rugby a 7, sambo, tenis, tenis de mesa, tiro, voleyball, voleyball-playa, y waterpolo. La dos próximas ediciones, el 2015 y 2017, se disputarán nuevamente en tierras asiáticas, y más concretamente en Gwangju, en Corea del Sur, y en Taipeh.

Los deportes invernales también han tenido sus Universiadas, después de que, como hemos dicho, se celebraran unas pruebas invernales en Cortina d’Ampezzo en 1927. Después, las pruebas de invierno desaparecieron de estos Juegos Universitarios, hasta que en 1951 se celebró la “I Semana Universitaria de Invierno”, con sede en Bad Gastein (Austria), seguida de las de St.Moritz (Suiza) en 1953; la de Jahorina (Yugoeslavia) en 1955, y Oberammergau y Zeel-am-See (ambas en Austria), en 1957 y 1958, esta última con una participación de 7 países y 98 atletas, 24 de ellas mujeres. Después de que la FISU tomara las riendas de la organización, comenzaron a disputarse los Juegos de Invierno, la primera edición en Chamonix (Francia) en 1960, con una participación de 15 países y 145 atletas (de los cuales 39 eran mujeres); la segunda en Villars-sur-Olon (Suiza) en 1962, con 22 países y 273 atletas (61 mujeres), seguidas de la de Spindleruv-Mlyn (Checoslovaquia) en 1964, la de Sestrieres (Italia) en 1966, con nuevo récord de participación (30 países y 434 atletas, 79 de los cuales mujeres), y donde la FISU consiguió que los participantes pasaran de la estación italiana en la que competían, a la francesa, donde se alojaban, sin tener que llevar encima sus pasaportes.

La quinta se disputó en la austriaca Innsbruck, en 1968, edición a partir de la cual se observa un alarmante descenso de la participación, que durará hasta 1983. La siguiente edición se disputa en Rovaniemi (Finlandia) en 1970, seguida de las de Lake Placid (Estados Unidos) en 1972, y primera fuera de Europa; la de Livigno (Italia) en 1975, donde la participación toca fondo, con solo 143 atletas (48 mujeres) de 15 países; la de Spindleruv Mlyn en 1978, que vuelve a organizarlos de nuevo, en donde se inicia la remontada de la participación, 260 atletas (81 mujeres) de 21 países; la de Jaca (España) en 1981, donde continua la remontada (394 atletas, 107 mujeres) de 28 países), igualándose el año de la disputa con la edición de verano, lo que va a convertirse ya en costumbre.

La décimo-cuarta edición, Sofia-1983, supera ya el récord de participación, 31 países y 535 atletas, 126 de ellos mujeres; siguen las de Belluno (Italia) en 1985; la de Strbske Pleso (Checoslovaquia) en 1987, repitiendo Sofía en 1989, con nuevo récord de participación (32 países y 681 atletas, 214 mujeres), récord que vuelve a superarse en la siguiente, Sapporo (Japón)-1991, primera edición asiática, con 34 países, mientras Zakopane (Polonia) ilustra la renovada importancia de la competición, al reunir, en 1993, 41 países y 668 atletas (214 mujeres), seguida de la de Jaca, que la organiza por segunda vez, en 1995, igualando el número de `países, pero superando el récord de atletas, 765 (223 mujeres). Chonju-Muju (Corea del Sur) en 1997, y Poprad-Tatry (Eslovaquia) en 1999, vuelven a mejorar el récord de participación, en los últimos mencionados con 48 países y 877 atletas (268 mujeres).

Se inicia el siglo con la vigésima edición, que, por segunda vez, organiza la polaca Zakopane el 2001, seguida de la Tarvisio (Italia) el 2003; la de Innsbruck/Seefeld (Austria) el 2005; nuevamente Italia, con la de Turín el 2007; la de Harbin (China) el 2009; la de Erzurum (Turquía) en 2011, hasta llegar a la última que se ha disputado que la sido la de Trentino, en Italia, el 2013. Las dos próximas ediciones, el 2015 y 2017, se disputarán en tierras españolas, y más concretamente en la Sierra de Granada, y en Almaty, en el Kazakstan.

Actualmente, la FISU controla un total de 167 países de los cinco continentes (42 en África, 31 en América, 37 en Ásia, 47 en Europa, y 10 en Oceanía). Los participantes en estas Universiadas han de tener entre los 17 y los 28 años, y cursar estudios universitarios, aunque también pueden participar en ellas todos los que hagan menos de un año que han conseguido su título universitario. Este “status” del estudiante, ha sido, precisamente, el factor que más ha contribuido a enturbiar las relaciones entre los países pertenecientes a la FISU, ya que en ocasiones han participado deportistas de los que se ha sospechado que no estudian en ninguna Universidad, aunque el país organizador haya recibido, como es pertinente, el carnet universitario que así lo acredita.

Diez deportes (trece disciplinas) se disputan obligatoriamente en las Universiadas (excepto en las de Roma-1975, y Duisburg-1989, por las causas ya comentadas): atletismo, baloncesto, balonvolea, esgrima, fútbol, gimnasia (rítmica y artística), judo, natación (incluyendo saltos y waterpolo), tenis y tenis de mesa. Además de éstos, cada país organizador tiene derecho a escoger otros tres deportes de exhibición (digamos que, sin embargo, en la reciente Universiada de Kazan, se dobló prácticamente el número de deportes que se disputaron, añadiéndose en el programa los de, ajedrez, bádminton, boxeo, canotaje (de velocidad y de fondo), halterofilia, hockey sobre hierba, lucha (con cinturón y libre), natación sincronizada, remo, rugby a 7, sambo, tiro y voley-playa).

En las Universiadas de Invierno, los deportes obligatorios son diez: biathlon, combinada nórdica, curling, esquí alpino, esquí nórdico, hockey sobre hielo, patinaje artístico, patinaje de velocidad, saltos de trampolín y snowboarding, mientras el país organizador puede escoger uno o dos deportes de exhibición.

La FISU no solo organiza las Universiadas, sino que también lo hace con Campeonatos Mundiales de Estudiantes en muchos deportes que no se disputan en los Juegos. A lo largo de sus casi sesenta y cinco años de vida ha organizado más de un centenar de Campeonatos Mundiales en deportes como ajedrez, bádminton, balonmano, campo a través, canoe-cayak, ciclismo, doma hípica, fútbol-sala, golf, judo, orientación, remo, taekwondo, tenis de mesa, tiro con arco, triathlon y windsurfing, mientras en deportes de invierno organiza un circuito de esquí alpino y otro de esquí nórdico, en colaboración con la Federación Internacional de Esquí.  

Por lo que respecta a natación, estos son actualmente los récords de las Universiadas.

 

 

Guillem Alsina