Le jour après Chartres

En la nave central de la catedral de Chartres hay un laberinto circular marcado en el suelo de piedra de doce coma noventa y nueve metros de diámetro. A ese diámetro le faltan sólo once milímetros para medir trece metros y los estudiosos de la simbología de los números se preguntan por qué se habrán quedado tan cerca de un número de tan mal fario. Si aún hoy en día hay edificios que se saltan el trece al numerar las plantas y pasan de la doce a la catorce como si se pudiera evitar así el poder maléfico del sexto número primo y cuarto número feliz, imaginaos el poder y la influencia de los números y de los símbolos en la oscura edad media. Ese laberinto se puede recorrer como si uno fuera Teseo, rey de Atenas e hijo de Poseidón de los mares, con ovillo de hilo (primitivo gps) en busca del Minotauro cabrón para acabar con él a petición de la princesa Ariadna de Creta. Esa isla mediterránea quizá quede a desmano del camino de Santiago medieval y actual, pero no así Chartres, por donde los peregrinos pasan y quedan sin aliento ante la imponente y elevada presencia de una de las catedrales góticas más representativas y bellas. 
 
Bello fue participar, de aquella manera en que lo hacemos, en una nueva edición (la dieciséis) de estos campeonatos cortos pero de larga preparación. Una ocasión más para contribuir a un proyecto ilusionante, el de un equipo variopinto que se une para acoger a casi quinientos nadadores y para montar el escenario de las deslumbrantes proezas de atletas de contrastada solvencia o recién llegados, de nombres conocidos o nuevos e inesperados.
 
Para novedades inesperadas (disculpad siempre que me adentre en terrenos innecesarios y absurdos), me ha cogido completamente por sorpresa la aparición de la nueva revista Egzorcysta con lo último sobre exorcismos y posesiones satánicas, publicada en Varsovia, y espero que pronto se extienda a Szczartres también. Por fin, con lo que me gustó la película del mismo nombre cuando la vi con siete años, y el libro de W.P. Blatty que leí poco después, ahora tenemos a nuestro alcance una revista mensual con todo lo que queríamos saber sobre lo que está pasando en el mundo en lo que a raptos diabólicos de cuerpos ajenos y ocupaciones indebidas del señor del mal se refiere. La variedad, las buenas ideas, la información novedosa, y la lucha entre el bien y el mal de toda la vida aún resisten el devastador efecto de internet sobre la publicación de revistas de papel. No todo va tan mal. Alabado sea el señor y abajo con Belcebú. Espero que Egzorcysta tenga pronto una cuenta en Twitter, aunque sea en polaco, para poder seguir al instante todas las manifestaciones mefistofélicas en los lugares y momentos más recónditos.          
 
Este último día después escrito será tan azaroso en su composición como lo han sido todos los otros que desde Debrecen cero siete he compuesto después del evento para compartir algo de ellos con vosotros. Sólo que esta vez no voy a liarme con combinaciones de cifras y letras, particularmente en relación a las pruebas y los tiempos realizados por los nadadores para hilvanar juegos más o menos resultones. Además, ya lo hizo en Guillem con su maestría habitual y sus ‘nombres y números de Chartres’ y le estamos siempre agradecidos por el seguimiento constante que hace de campeonatos por todas las longitudes y latitudes y naciones y todo lo que se ponga por el medio. Gracies sempre Guillem.
 
Antes de desplazarnos a la pequeña ciudad francesa el dieciocho de noviembre yo había observado que en la lista de oficiales o jueces de las distintas federaciones convocados para el evento se encontraba un tal Yevgeny Sadovy. Para uno que le recuerda tan triunfador y cabezón él en Barcelona noventa y dos con sus oros en doscientos y cuatrocientos libres, y en el relevo largo con el equipo unificado, mi curiosidad era grande por conocerle y saber de su vida posterior sin ánimo de ser pesado o entrometido. Pero me temo que fue más bien un desencuentro que otra cosa, en el sentido de que no hubo encuentro. En el lío del día a día allí, se me pasó por completo la ocasión de conocerle y saludarle y me di cuenta medio dormido en el minibús de regreso a Luxemburgo el lunes. Me dio bastante rabia no haber aprovechado la oportunidad. No todos los días te cruzas con campeones de antaño de los calibres de Morales, Sadovys, Salnikovs, o Egerszergis, nacidos en los sesenta y setenta.
 
Por cierto que vuelvo a formar parte de un grupo de edad en función de mi año de nacimiento como cuando nadaba. Soy uno de los hombres del setenta y dos dentro de la iniciativa de los hombres de los grupos de edad de Lovaina que llevan activos desde mil ochocientos cuarenta y que forman parte del patrimonio cultural inmaterial e intangible de la unesco desde fecha reciente junto con el fado, el flamenco, y el mariachi. El pasado uno de septiembre, día de Abraham, mis compañeros y yo, y nuestros colegas de tantos otros años nos reunimos en Lovaina para acompañar a nuestros padrinos del sesenta y dos que se hacían ‘Abrahames’ ese día. Esta ocasión marcó el comienzo del recorrido de los nuevos, recién cumplidos los cuarenta, que durante una década realizaremos actividades de todo tipo con el objetivo de acompañarnos en el trance del pasaje de los cuarenta a los cincuenta. En dos mil veintidós, pasaremos el testigo a nuestros ahijados del ochenta y dos y recordaremos diez años de experiencia juntos que nos habrán hecho mejores y más sabios, dignos de ser ‘Abrahames’ al cumplir cincuenta. Creo que soy el primer español que se mete en este lío. Con la cantidad de compatriotas, perdón por el palabro, que se ven por Bélgica y francamente cada vez más por todos los lados, estoy seguro que en los próximos años seremos más participando en esto de los grupos de edad de Leuven.
 
E participando na piscina, dos galleguiñas estuvieran nadando sus finales en estos campeonatos y esto me llena de orgullo galego por ellas y por su entrenador, galleguiño él tamén. La otra gallega en la piscina, tan cerca de ella que a veces ni se le ve, fue Elena, compañera de Yevgeny entre oficiales y jueces que velan por el correcto desarrollo de las pruebas. Es siempre un placer verla y agradecidos debemos estar todos por la gran labor anónima que realizan estos apasionados de nuestro deporte (como la que hizo tantos años José Luis Rodríguez) y sin los cuales los campeonatos no funcionan. Por cierto que uno de los oficiales/jueces convocados al evento tuvo que renunciar muy a su pesar a última hora a estar presente en Chartres debido a la tensa situación en su país donde fue llamado a filas para incorporarse a las fuerzas militares israelíes.
 
Ya en plena competición, en un momento dado de las sesiones de finales, la tarde de la final de cien libres, y después de que el sorprendente novato, Vladimir Morozov, realizara la mejor marca textil jamás vista, yo iba por el largo pasillo debajo de las gradas temporales a la caza y captura de algún medallista para asegurar su presencia en hora para la ceremonia de premiación. Caminaba delante de mí el gran Yannick y frente a nosotros apareció su entrenador, Fabrice Pellerin. Ellos se encontraron y yo seguí mi camino pero me dio tiempo a escuchar decir al sabio coach de Nice que conocerá como nadie a su genial nadador: “Yannick, ça t’énerve!” O sea, ‘cómo te jode haber perdido esa carrera!’ El joven alumno que nadó la final de doscientos libres en Londres como si acumulara ya la experiencia combinada de un híbrido ‘van den Thorpenband’, estaba abatido como un colegial que no ha rendido en un examen como él esperaba. Pocos nadadores transmiten savoir faire como Agnel, y es muy poco frecuente que las palabras que ofrece a la prensa no estén llenas de la sabiduría de quien sabe vivir y expresar su noble visión de lo que la natación ofrece. Cuando supo que un niño que acababa de empezar a nadar dijo que estaba seguro de ganar algún día al campeón olímpico francés, Yannick dijo que eso era magnífico.        
 
Bueno, no entro en números, pero algún que otro nombre daré.
Peter Mankoc: dieciséis finales consecutivas de cien estilos. Insólito. Monstruoso.  
Marina García: dos medallas, dos records de España, y dos padres orgullosos allí para verlo todo.
Juanmi Rando: llevo años admirando su progresión y le saludé con gusto tras su semifinal de cien espalda. Vio mi nombre en la acreditación y me dijo que alguna vez había leído algún texto mio, pero que me imaginaba más joven. Ay la mediana edad de los cuarenta en adelante. ¿Cómo le habré engañado escribiendo más joven? Yo también leo el blog ‘Mamuts Road to Rio 2016’ y les deseo todo lo mejor. Ánimo Alex. Y sigo el blog de Luichi Rodríguez que también escribe joven, así como es él.        
Rafa Muñoz: otra vez campeón de Europa. Fuerza y talento que queremos seguir viendo al máximo y en todos los grandes eventos de aquí hasta donde se lo proponga. Tiene el valor de buscar lo mejor para él, y de encontrarlo en Marsella. Ánimo a todos los que buscan lo mejor como Rafa: Luis, Mireia, Paulus, y tantos otros cuyos caminos pueden llevar a Madrid, Coruña, Catalunya, Francia, Oceanía, y quién sabe donde puede ir a parar la gente.   
Christian Donzé: se guardó un momento de silencio en su memoria antes de la primera sesión de finales. Le recuerdo en mayo en Debrecen durante el foro de intercambio de opiniones organizado por el comité técnico de la liga europea. Se habló de tantos temas, y entre ellos de los relevos mixtos que hemos visto disputando títulos europeos en Chartres por primera vez. A Christian no se le notaba entonces particularmente a favor o en contra, no como los Belgas que no cabían en sí al calificar la idea de absurda e innecesaria, pero el director técnico francés, tan inesperadamente fallecido hace escasas semanas, reconocía que no todos los países tienen la suerte de poder componer unos relevos tan atractivos como los que resultan de combinar a los miembros de la mediática familia Manaudou.
 
Más nombres. Algunos de aquellos valientes que consiguen sacar adelante estos campeonatos europeos: Katha, Laci, Simo, Antoine, Fred, Vero, Lolli, Giorgio, Laura, los Cósmicos, Martin, David, Louis, Sarah, Frank, y muchísimos más. Merci a todos ellos por una edición más y que les vaya bonito. 
 
El día después de Chartres debíamos marcharnos temprano a Luxemburgo en un minibús que venía a buscarnos. Pero el tráfico en Paris, entre otras cosas, nos tuvo esperando un par de horas más. Aproveché para visitar el interior de la catedral. Cada viernes se despejan las sillas colocadas encima del laberinto para que los visitantes puedan recorrerlo libremente, y algunos fieles hasta siguen sus contornos entonando los rezos correspondientes a la tradición que ameniza el recorrido con estos sms orales al señor. Me adentré igualmente en el laberinto entre las sillas allí colocadas y fui recorriéndolo con la mirada y con los pasos permitidos por estas sillas vacías de Ionesco (o como la del absurdo Eastwood que recriminó a una silla imaginarios insultos dirigidos supuestamente a los republicanos por un presidente invisible y caricaturesco). Desde el centro del círculo, simbólica ciudad de dios (¿de Poseidón de los mares?), seguí el curso sinuoso que lleva a girar sobre uno mismo veintiocho veces hasta completar el camino llegando al punto de salida, en un recorrido inverso al habitualmente pretendido, hasta la salida, la superficie, hasta la tierra de los hombres, habiendo evitado los obstáculos en forma de sillas que impedían que pisara los doscientos sesenta y un metros de peregrinaje simbólico en su totalidad. Han sido finalmente miles de kilómetros de tierra y de agua.
Y hasta aquí hemos llegado.
 
Carlos Ramos