La curiosa historia de un sello

El 15 de noviembre del 2006 escribí en NotiNat un artículo sobre “Filatelia y natación“, en el que se relacionaban ambas actividades. Hoy vuelvo sobre el tema, para contar a nuestros lectores la simpática historia que hay detrás de un sello que descubrí hace muy poco, y que, finalmente, ha llegado a mi colección.
 
Se trata del homenaje que la isla de Norfolk hizo el año 2000 a uno de sus ciudadanos más ilustres, Malcolm Champion, que fue campeón olímpico del relevo 4x200m.libres en los Juegos de 1912, disputados en Estocolmo, formando parte del equipo de Australasia, que no era otra cosa que la suma de Australia y Nueva Zelanda. Digamos para los que no lo sepan (que tengo la impresión que serán bastantes), que la Isla de Norfolk es un islote de poco menos de 35 km2, y 2,128 habitantes, perdido en pleno Océano Pacifico, a 1,400 Km.de Australia, entre Nueva Zelanda y Nueva Caledonia. Está considerado como Territorio Exterior, supervisado por un Administrador enviado por el gobierno australiano, aunque gobernado por un Primer Ministro escogido por la población. 
 
Champion, nació allí, un 1 de noviembre de 1884. Su padre, William, era capitán de la Marina Mercante; su madre, Sarah Quintal, había nacido en la Isla Pitcairn, aunque se había trasladado a Norfolk en 1856, y tenía tras de sí, una curiosa y simpática historia. Su abuelo (el de Sarah) había sido uno de los ocho marineros que, en 1790, habían llegado a la Isla Pitcairn, después que el año anterior se hubieran amotinado contra el capitán del HMAV (His Majesty’s Armed Vessel) La Bounty, y que, sabiendo que la suerte que iban a correr si eran “pescados” por la Armada Inglesa era la de ser colgados hasta morir, recalaron en la Isla Pitcairn (otro islote perdido en la inmensidad del Pacífico, 47 km2, y 46 habitantes, hoy la última colonia inglesa en aquel Océano), seguros de que allí no los iban a encontrar, como realmente ocurrió.
 
Como habían huido junto con 6 hombres y 11 mujeres, todos ellos de origen tahitiano, allí pudieron vivir, reproducirse, y, naturalmente, morir, formando una colonia de proscritos, hasta que, muertos ya los autores de la rebelión del La Bounty, fueron readmitidos legalmente como colonia británica en 1838. En 1856, y ante la “superpoblación” de Pitcairn, sus habitantes (entre los cuales Sarah) fueron trasladados a Norfolk (más pequeña en extensión, pero con mayores posibilidades de habitabilidad), aunque 17 de los “reasentados” que sintieron la añoranza de su isla natal, se volvieron a ella pocos meses después. Aunque en algunos momentos ha llegado a tener poco más de 200 habitantes, hoy en día no son más de 50 los que viven asiduamente en esta isla, que tiene en su haber el hecho positivo de haber sido el primer territorio del mundo en adoptar el sufragio femenino con idénticas características que el masculino. Este hecho, nos referimos a la rebelión de los marineros del “La Bounty”, fue totalmente real (i está perfectamente documentado por el Almirantazgo Británico) se hizo famoso a raíz de una “trilogía” escrita por Charles Nordhoff y James Normal Hall (“Rebelión a bordo”, “Hombres contra el mar”, y “La Isla de Pitcairn”), la primera de las cuales ha sido llevada en numerosas ocasiones a la pantalla del cine. 
 
Volvamos a Malcolm. En 1898 toda la familia se trasladó a Nueva Zelanda, cuando Malcolm trabajaba ya en uno de los barcos mercantes de la compañía de su padre, que hacía el trayecto entre Norfolk y Nueva Zelanda. En 1901 causó sensación al ganar los títulos neozelandeses desde las 100 yardas hasta la milla (1.760 yardas), aunque un año después fue acusado de profesionalismo, siendo suspendido a perpetuidad, aunque, finalmente, el club donde militaba logró el perdón para que volviera a nadar. Al año siguiente, 1908, Malcom volvió a conseguir su hazaña, ganando las 100, 220, 440, 880 yardas, y la milla, algunos de cuyos títulos revalidó en años sucesivos, hasta conseguir un total de cinco títulos en las 100y., siete en las 220 y 400, y seis en 800 y la milla. Rebajó el récord de las 100 yardas desde 1,09″8 hasta 1,01″, y algunos de sus récords no fueron superados hasta décadas más tarde. Su mejor año fue, lógicamente, el de 1912, cuando, además de lograr el “pleno” de títulos neozelandeses, logró su clasificación para los Juegos de aquel año, frente a los grandes ases australianos, reputados entre los mejores del mundo. Ya en la capital sueca, Champion fue semifinalista de los 400m.libres, y finalista de los 1.500m., en los que, al parecer se lo tomó “demasiado en serio” los primeros metros, viéndose obligado a abandonar la prueba hacia los 800m.
 
Su gran actuación, sin embargo, la tuvo en el relevo 4x200m.libres, donde compitió junto a los australianos Harold Hardwick, Cecil Healy y Les Boardman. En la final, Champion nadó el segundo relevo en 2,33″5, dando una ventaja de casi diez metros a su compañero de equipo, ventaja que les otorgó la victoria con un tiempo de 10,11″6, nuevo récord olímpico, convirtiéndose en el único campeón olímpico neozelandés de natación, hasta que en 1996, Danyon Loader consiguió los títulos de 200 y 400m.crol en los Juegos de Atlanta.
 
Champion continuó dominando la natación neozelandesa durante otros dos años, retirándose a los 31 años, en 1914, ganando nuevamente los cinco títulos de estilo libre. Después, continuó dentro de la natación como entrenador. Murió el 27 de julio de 1939, ironías del destino, ahogado, cuando intentaba salvar a otra persona. Evidentemente, no ha sido uno de los grandes campeones de la natación mundial, de los que la gente recuerda por sus hazañas, pero hemos creído que la historia, por parte de su madre, que se esconde detrás de este nadador, puede animar a alguno de nuestros lectores a darle una ojeada a la magnífica trilogía que hemos mencionado.
 
Guillem Alsina