Las hermanas Sylvia y Claudia Poll. El orgullo de todo un país


Claudia Poll, en la última edición del Mare Nostrum donde participó

En nuestro periplo biográfico, recalaremos hoy en un país que se ha destacado mundialmente por ser el único que ha abolido la institución castrense, quedándose sin ejercito (¡y así de bien le va! ) desde que el Presidente José Figueres Ferrer (hijo de un médico catalán), firmó su desaparición. Natatoriamente, en cambio, Costa Rica (el país de los “ticos”) cuenta con un “pedigree” más bien discreto, pero en el cual no dejan de brillar unas pocas “joyas”, que son de las que hoy vamos a hablar. Maria de los Milagros París fue la primera, la precursora. Una jovencísima nadadora que a los 14 años se distinguió siendo quinta de los 100m.mariposa en los Mundiales de Calí-1975, y cinco años después, Moscú-1980, séptima en la final olímpica de la misma prueba, sin contar una verdadera “retahíla” de medallas en varios Juegos Centroamericanos y  Centroamericanos y del Caribe.

 
Después vinieron los dos diamantes. Primero fue Sylvia. Sylvia Poll Ahrens, de ascendencia alemana, nació el 24 de septiembre de 1970 en Managua, la capital de Nicaragua, (el país de los “nicas” y limítrofe con Costa Rica, y con la que mantiene diferencias de orden territorial y políticas), aunque muy pronto, principios del 1973, emigraron junto con sus padres al país vecino en busca de mejores condiciones de vida.
 
A los 9 años se inscribe en el Club Cariari, y encuentra al Profesor Francisco Rivas, que se convierte en su mentor, demostrando rápidamente sus grandes dotes de nadadora. Aunque en un principio la natación no era para ella más que una diversión, muy pronto su entrenador logró convencerla de que sus características físicas, 192cm.de altura, la predisponían para conseguir un excelente nivel, mientras que el resto era solo cuestión de trabajo (para Rivas, el nadador “no nace”, sino que “se hace”), y en 1983 acepta dedicarse seriamente a la natación. Los resultados llegan pronto, y ya en 1984, con solo 14 años, se corona como campeona de cuatro pruebas en los Juegos Centroamericanos de Guatemala, 100 y 200m.crol, 100m.espalda, y 200m.estilos.
 
Continua progresando muy rápidamente, y dos años después, 1986, participa en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en los que se consagra como campeona en los 100, 200, 400 y 800m.crol; 100 y 200m.espalda; 200 y 400m.estilos, y los dos relevos de 4x100m., con tiempos que le permiten estar en sus primeros mundiales, los de Madrid-1986, en los que da un gran paso al frente al clasificarse en sexto lugar de la final de 200m.crol con 2,02”17, que la colocan al más alto nivel internacional, además de ser segunda de las Finales B de 100m.crol, 57”11, y 100m.espalda, 1,03”68.
 

Al año siguiente participa en los Juegos Panamericanos de Indianápolis-1987, en donde es escogida como la mejor nadadora de esta competición, al conseguir un total de ocho medallas, en fuerte lucha con las mejores nadadoras USA: 3 oros (100 y 200m.crol, 56”10, y 2,00”02, y 100m. espalda, 1,02”18); 4 platas (50m.crol, 26”39; 200m.espalda, 2,14”18, 4x200m.crol y 4x100m.estilos (con un tramo de espalda en 1,01”86), y 1 bronce en el relevo largo de crol. Su comportamiento de Madrid, y su incesante progreso la llevan a ser seleccionada para los Juegos de Seul-1988, en los que se espera que, por lo menos, supere aquel séptimo lugar de Milagros Paris en Moscú, aunque también se espera algo más, teniendo en cuenta que llega a la capital sud-coreana con el mejor tiempo mundial de los 200m.crol, empatada a tiempo con la recordista mundial, la “walkiria” Heike Friedrich.

 
El 19 de septiembre hace su debut olímpico, nadando las eliminatorias de los 100m.crol en 56”15, lo que le permite pasar a la final de la tarde con el 5o.mejor tiempo, lugar que conserva en la final, aunque mejorando su tiempo hasta 55”90. Se trata, para ella, una nadadora carente de una buena velocidad de base, de un buen augurio antes de la que es su mejor prueba, los 200m.crol, que se disputa al día siguiente. Es 2a.de las eliminatorias con 1,59”22, por detrás de Friedrich, 1,59”02, antes de alinearse en la final, dispuesta a todo, consciente de sus posibilidades, sabedora de que todo un pueblo estará “tirando” de ella. Estirada por las dos finalistas USA, Sylvia es tercera en el primer viraje de la final, 28”47 (por 28”07 de Mary Wayte, y 28”26 de Mitzi Kremer), mientras sus rivales más directas, las dos “walkirias”, se reservan, como de costumbre, para la segunda mitad de la prueba (Manuela Stellmach 5a.en 28”51; Friedrich 6a,en 28”55).
 
Comprendiendo el error de las norteamericanas, Sylvia ralentiza ligeramente, y solo es 6a.en el viraje del hectómetro, 58”78, por detrás de Kremer, 57”89, y Wayte, 58”43, mientras Friedrich, 3a. en 58”50, y Stellmach, 58”60, han iniciado su esperada remontada. Friedrich lanza su acostumbrado ataque a partir de los 125m., con el que “desballesta” totalmente a sus rivales (59”29 en el segundo hectómetro), mientras las dos norteamericanas se hunden, dejando que Sylvia y Stellmach se disputen los lugares de honor del podio. En el último largo, la costarricense consigue alcanzar a la alemana, pasándola en las últimas brazadas, 1,58”67 por 1,59”01, logrando la plata olímpica. En la grada queda abandonada una pancarta que Francisco Rivas, su entrenador, ha enarbolado a lo largo de toda la prueba, y en la que puede leerse, ¡vuela, Sylvia, vuela!.
 
Después, nadará todavía los 100m.espalda, en los que, aunque también podía aspirar a un podio, nada totalmente desconcentrada por su éxito en los 200m., y “solo” es 6a. con 1,03”34, lejos de su mejor registro, que le hubiera permitido luchar por la plata o el bronce.     
 
Después, inexplicablemente, puesto que todavía es joven, se corta su progreso, con apariciones más discretas, aunque siempre en un primer nivel mundial. En los Mundiales de Perth-1991, solo puede llegar a una final, la de los 100m.espalda, en los que es 7a. con 1,03”23, mientras es eliminada ingloriamente en los 100 y 200m.crol, 20a.con 58”22, y 13a.con 2,03”57 (dejando de presentarse a la Final B). Después, en agosto, participa en los Panamericanos de La Habana-1991, en los que conserva solo uno de sus títulos en la única prueba que nada, ganando los 100m.espalda en 1,03”15, mientras en los Pan-Pacíficos de Edmonton de aquel mismo mes es 3a.de los 100m. espalda, 1,02”75, y 6a.de los 200m.espalda, 2,15”35.
 
Acude todavía a los JJ.OO. de Barcelona-1992, donde es finalista de los 200m.espalda, 7a.con 2,12”97, mientras tiene que nadar la Final B de los 100m.espalda, 7a.en 1,03”57, después de haber sido 9a.de las eliminatorias, a solo 4 centésimas de la última finalista. Al año siguiente, 1993, en su despedida de la natación, es 8a.de los 100m.espalda de los Pan-Pacíficos de Kobe, con 1,04”40, y 7a.de la Final B en los 200m.espalda, con 2,18”51.  
 
Como mera curiosidad, digamos que los récords de 200 y 400m.crol (2,02”80 y 4,17”98) establecidos por Sylvia en los Campeonatos de Centro-América de 1986, no fueron superados hasta 20 años más tarde…..por su hermana Claudia.
 
Sylvia Poll ha muerto (deportivamente, entendámonos), viva Claudia Poll. Una frase, de reminiscencias monárquicas, nos sirve para introducir el relevo entre ambas hermanas, que ya se había ido produciendo ya en años anteriores. Claudia Poll Ahrens había nacido un 21 de diciembre de 1972 en Managua, poco antes de que sus padres, junto con su hermana, emigraran a Costa Rica. Aprendió a nadar junto con su hermana, con la que compartió presencia física, 191cm., poniéndose también a las órdenes de Francisco Rivas, aunque no fue hasta 1987, con el ejemplo de su hermana, cuando comenzó a tomarse seriamente los entrenamientos, y dos años después, en 1989, con su participación en los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe, en los que gana ocho pruebas, y entra por vez primera en los rankings mundiales (24a.de los 800m.crol, 8,44”84).
 
Envuelta en un entrenamiento de base, dando prioridad a distancias largas, no parece vaya a poder seguir los pasos de su hermana, puesto que su progreso se ralentiza en el año 1990, en el cual no aparece en los rankings mundiales. 1991, ya con 19 años, será para ella el año en que dará el paso definitivo hacia el nivel mundial. Aquel año, y ajunto a su hermana, participa en los Pan-Pacíficos de Edmonton, 8a.de los 400m.crol, 4,18”62, y 12a. de los 800m., 8,59”27, y vuelve a aparecer en el ranking mundial, 24a. de los 400m.crol con 4,16”29, sin lograr los resultados previstos, al haberse lesionado en una mano pocas semanas antes de la competición, lo que la retrasa en sus entrenamientos..
 
El trabajo de fondo llevado a cabo en años anteriores, da, ahora rápidamente, sus frutos. Aunque no es seleccionada para los Juegos de Barcelona-1992, en septiembre de aquel mismo año participa en los Centroamericanos de Méjico, en los que se “destapa” con marcas que le proporcionan terminar el año como 3a.mundial de los 200m.crol, 1,59”30 (lo que le hubiera permitido subir al podio barcelonés); 8a.de los 400m.crol, 4,12”31, y 22a.de los 800m.crol, 8,42”50, cogiendo el relevo de su hermana, que ya empieza a declinar.
 
Al año siguiente, 1993, participa en los Pan-Pacíficos de Kobe, donde confirma su nivel mundial al imponerse en los 200m.crol, 1,58”85 (siendo la primera nadadora latinoamericana que consigue una medalla de oro en esta competición), ser segunda en los 400m., 4,09”61, y tercera en los 800m., 8,33”80, en lucha con nadadoras de la talla de Nicole Haisslet, campeona olímpica de los 200m., Janet Evans. O la australiana Hayley Lewis. En 1994, es invitada especialmente a los “Goodwill Games” (Juegos de la Amistad) en los que gana los 200m.crol, 1,59”72 (nadando en un agua sucia y maloliente como pocas se han visto modernamente), mientras asume su competición más importante hasta aquel momento, cuando participa en los Mundiales de Roma-1994.
 
Eliminada el primer día en los 100m., 12a. en 56”92 (una prueba que siempre le vendrá excesivamente corta, y con la que únicamente pretende “entrar” en competición), consigue la mejor marca de las eliminatorias de 200m.crol, antes de ser tercera de la final, 1,57”61, por detrás de la alemana Franziska van Almsick, 1,56”78, récord mundial, y la china Bin Lu, 1,56”89. Después, una segunda medalla de bronce, ahora en los 400m., 4,10”61, por detrás de la china Aihua Yang, 4,09”64, y la norteamericana Cristina Teuscher, 4,10”21, superada únicamente en los últimos metros, mientras en los 800m., es 7a.con 8,38”79, demostrando ser una de las pocas crolistas capaz de brillar tanto en una prueba corta como en una de larga.
 
Después de su actuación romana, se decide a preparar los Juegos que dos años después se van a disputar en Atlanta, apostando por los 200m.crol, que parece ser su mejor prueba, aunque sin despreciar los 400m., en los que también está entre las mejores del mundo. Dejando de lado los Pan-Pacíficos de Atlanta, a los que ha sido invitada, y los Panamericanos de Mar del Plata, se “pasea” por Europa, participando en los “meetings” de verano como el “Ciutat de Barcelona”, donde gana los 200, 400 y 800m.crol, con 2,00”72, 4,15”41, y 8,41”15. A final de año, noviembre-diciembre, participa en los II Mundiales de piscina corta de Rio de Janeiro, en los que, contando con la inestimable ayuda de sus 191cm.de altura, se proclama campeona de los 200 y 400m., incluso con récord mundial en la distancia corta, 1,55”42 (rebajando los 1,55”84 de Van Almsick en enero del 1993), y 4,05”18 en los 400m.
 
Prepara los Juegos participando de nuevo, entre otros, en el “Ciutat de Barcelona”, revalidando sus títulos del año anterior en 200 y 400m., 1,59”35, y 4,10”60, para recalar después en Atlanta, con todas sus ilusiones intactas. El 21 de julio por la mañana se disputan las eliminatorias de los 200m., con fácil clasificación de la costarricense, que se sitúa segunda, por detrás de la que parece va a ser su más enconada rival, la recordista mundial Van Almsick (1,56”78 en 1994).
 
En la final, deja que la alemana se adelante en el primer viraje, 27”59 por 27”95, para tomar el mando de la prueba poco antes del hectómetro, aunque prácticamente a la misma altura que su rival, 57”67 por 57”69. Con su característico crol de 2-tiempos y su larguísima y potente brazada, Claudia defiende con uñas y dientes su privilegiada posición en el tercer viraje, 1,27”97, por los 1,28”20 de Van Almsick, logrando arañar todavía unas centésimas más en el último largo, donde la brazada más corta de la alemana podía hacerle daño.
 
Con 1,58”16 (lejos del récord mundial, e incluso sin poder con el olímpico de otra alemana, los 1,57”65 de la “walkiria” Heike Friedrich (que aquel día, recordemos, le había quitado la medalla de oro a su hermana Sylvia), Claudia consigue el galardón más preciado para cualquier deportista. Apoyada en las “corcheras”, la vencedora sonríe, feliz y satisfecha, mientras agita al aire una pequeña banderola de su país (que nadie sabía de dónde había salido), dejando para más tarde, cuando ya con la medalla de oro al cuello, flanqueada por otras dos sonrientes alemanas (van Almsick y Dagmar Hase) suena el himno nacional de su país, que ella, entre sollozos, intenta cantar. Días más tarde, será el multitudinario recibimiento en el Estadio Nacional de San José de Costa Rica, aclamada por miles de sus compatriotas, recibida y abrazada por el Presidente “Pepe” Figueres, que poco después la nombrara “Ciudadana de Honor” de la nación (después vendrá incluso la creación de un “Premio Nacional Deportivo Claudia Poll”, para premiar las mejores carreras deportivas).
 
1997. Pese a ser año post-olímpico (lo que siempre invita a un bien merecido “receso”), la costarricense conserva la forma que le permitió escalar el podio olímpico, a la busca y captura de nuevos retos competitivos. Participa en marzo en los Mundiales de piscina corta que se disputan en la sueca Göteborg, donde escribe otras de sus mejores páginas. Nada, y gana, revalidando su título de los 200m. con un nuevo récord mundial de 1,54”17, más de un segundo por debajo de su anterior (los 1,55”42 de Rio de Janeiro, dos años antes), aunque la mejor hazaña la realiza en los 400m.crol, en los que revalida igualmente su título, y queda a un “pequeño suspiro” de convertirse en la primera nadadora que nada esta distancia en menos de cuatro minutos, señalando 4,00”03, estableciendo el récord mundial, pulverizando el “tope” impuesto por la FINA, los 4,02”05 de la “walkiria” Astrid Strauss en febrero de 1987, y al que, hasta aquel momento nadie se había acercado (no será hasta 6 años más tarde que la norteamericana Lindsay Benko supere su récord, 3,59”53).
 
En verano, participa en los Pan-Pacíficos de Fukuoka, ganando los 200m.con 1,57”48, y los 400m.con 4,06”56 (que serán sus definitivos récords personales en ambas distancias), empezando con ello a preparar los Mundiales de Perth, en los que quiere superar sus dos bronces de Roma, pero, sobre todo, aspira al título de los 200m., para conseguir el doblete al que aspiran todos los campeones de unos Juegos o de un Mundial. El camino al título se le facilita con la ausencia de Van Almsick (más dedicada a las pasarelas que no a los entrenamientos), así como a la eliminación de las chinas (todas ellas bajo la sospecha de doping, descubierto pocos días antes en la propia Perth), por lo que no tiene grandes problemas en imponerse a la eslovaca Martina Moravcova, 1,58”90 por 1,59”61, después de que, por una vez, esté al mando de la prueba desde los primeros metros, sin dejar que se le acerque ninguna de sus rivales.
 
Ha conseguido el ansiado doblete, confirmando su título olímpico, aunque su tiempo deje bastante que desear, si recordamos que en Roma había conseguido el bronce con unos mucho mejores 1,57”61 (aunque allí, naturalmente, estaba la alemana para “tirar” de ella). Días después, en los 400m., y tal como había ocurrido en los Juegos, se queda sin fuerzas para los 400m., en los que es octava con 4,12”08, después de haber señalado la tercera mejor marca de las eliminatorias con unos mejores 4,11”21. Siguen unas participaciones en la World Cup, cosa de “ganarse la vida”, con suerte diversa, aunque siempre en el podio (1a.de 200 y 800m. y 2a.de 100 y 400m.en Rio de Janeiro; 2a.de 200 y 400m., y 3a.de 800m.en Malmö; 1a.de 200, 400 y 800m., y 3a.de 100m.en Imperia, y nuevamente 1a.de 200, 400 y 800m.en París), antes de imponerse sucesivamente en su distancia preferida, los 200m., del “Mare Nostrum” de Canet; los “Goodwill Games” de Nueva York, y el “Arena Grand Prix”, en donde también gana los 400m., y en el que también nada dos pruebas “raras” en ella, los 200 y 400m.estilos, de los que es segunda, 2,17”33 y 4,49”10, por detrás de la invencible Yana Klochkova, 2,15”94, y 4,38”95.  
 
Las lesiones empiezan a cebarse en ella, y 1999 es prácticamente un año perdido en su carrera, y aunque continua entrenando y compitiendo cuando puede, poca cosa consigue aquel año. Acude a defender sus títulos mundiales de piscina corta, perdiéndolos al no poder nadar en las mejores condiciones, 6a.de 400m., 4,10”40, y 8a.de los 200m., 1,58”95, y, y en verano, acude también a los Pan-Pacíficos de Sydney, a defender, inútilmente, sus dos títulos de Fukuoka, siendo 7a.del hectómetro, 56”80; 6a.de los 200m., 2,01”26, salvando los “muebles” en los 400m., 3a.en 4,11”53. A seguir descansa unas pocas semanas, tratándose la lesión, con la vista puesta en defender su título olímpico en los ya cercanos Juegos de Sydney-2000.
 
Procurando no volver a lesionarse, no participa en los Mundiales de piscina corta de Atenas, ni en las habituales reuniones veraniegas, limitándose a unas pocas competiciones que le sirven de “test” para ver la mejora de su forma. y de esta manera, el 17 de septiembre hace su primera aparición en los Juegos de Sydney, nadando por la mañana las eliminatorias de los 400m., en los que consigue el segundo mejor tiempo, 4,09”33. La final, por la tarde, se desarrolla con un total dominio de la norteamericana Brooke Bennett, que va abriendo brecha poco a poco entre ella y sus rivales, mientras Claudia intenta pegarse a ella para pasarla en la segunda mitad (2,01”91, por 2,02”57 en los 200m.); en el tercer hectómetro se abre una diferencia que será decisiva, 3,03”91 por 3,05”46, mientras la costarricense, con su 2-tiempos que le impide alcanzar mayor velocidad, no solo se ve impotente para alcanzar a Bennett, campeona con 4,05”80,  sino que incluso es alcanzada y sobrepasada por la otra norteamericana, Diana Munz, que la supera en los últimos metros, 4,07”07 por 4,07”83. Al día siguiente, con poco tiempo para recuperarse, son las eliminatorias y “semis” del 200m, donde tiene que defender su título olímpico. No tiene problemas para clasificarse, señalando los terceros mejores tiempos, tanto por la mañana, 2,00”11, como por la tarde en “semis”, 1,59”63, asegurándose nadar en las calles centrales, y poder vigilar a sus rivales más peligrosas. Ya en la final, Claudia, 58”24, se sitúa en un buen tercer lugar al paso del hectómetro, por detrás de la australiana Susan O’Neill, 57”68, y de la eslovaca Martina Moravcova, 57”85, esperando, como ya hiciera cuatro años en Atlanta, atacar un poco antes del tercer viraje.
 
Esta vez, sin embargo, su ataque es abortado por sus dos rivales, y aunque recupera unas pocas centésimas, continua tercera en el último viraje, 1,28”68, por detrás de O’Neill, 1,27”90, y la eslovaca, 1,28”45. Su 2-tiempos, y posiblemente el entrenamiento perdido el año anterior, junto al cansancio acumulado en las dos pruebas de 400m., le juegan una mala pasada, al verse incapaz de aumentar la velocidad, y ve como sus dos rivales se le escapan sin remisión, para dejarla en el tercer escalón del podio (O’Neill primera en 1,58”24, con Moravcova a 8 centésimas, y Claudia en 1,58”81, inquietada en los últimos metros por la rusa Nadezda Tchemezova, a solo 5 centésimas). Pese a su lógica desilusión, la costarricense acoge, con también lógica alegría, esta segunda medalla de bronce, tanto más que ha roto con una tradición (o maldición, como se la quiera llamar), puesto que es la primera campeona olímpica de esta prueba, que consigue volver a subir nuevamente al podio.
 
Pero en la natación moderna apenas hay tiempo para pensar en el pasado, y acabada una competición, ya hay que pensar en la siguiente. En 2001 los Campeonatos Mundiales se disputan en Fukuoka, donde le toca defender su título mundial de los 200m. Una aparición en la World Cup de Paris (donde gana los 400m., 4,08”23, y es segunda del 200m., 1,57”99), y algunos de los habituales “meetings” veraniegos (entre los cuales, dos nuevas victorias en el clásico “Ciutat de Barcelona”, 200 y 400, 1,59”38 y 4,11”88), le dan el tono necesario para estar en la capital japonesa, donde después de dominar las eliminatorias y “semis”, 1,59”73, y 1,59”45, la victoria solo se decide, después de una empeñada y ajustada lucha, en los últimos metros, con la llegada como vulgarmente se dice “en un pañuelo”, en la que, quizás perjudicada por su larga brazada, no puede “meter” su mano tan rápida como sus rivales, siendo cuarta, 1,58”92, por detrás de la australiana Giaan Rooney, 1,58”57; la china Yu Yang, 1,57”78, y la rumana Camelia Potec, 1,58”85. Mejor suerte corre dos días después en la final de los 400m., cuando consigue subir nuevamente al podio, al ser segunda, solo por detrás de la ucraniana Yana Klochkova, 4,07”30 por 4,09”15. Aunque no lo sabe, será la última vez que sube a un podio de alta competición.
 
Después, ocurre lo que nunca debería ocurrir. En junio del 2002 salta la noticia. Cogida en un control anti-dopaje (de aquellos que la irlandesa Michelle Smith decía que se hacían “a la hora del lechero”), la costarricense es castigada por la FINA con cuatro años de suspensión al haber dado positivo en “metabolitos de nandrolona”. Protestas, ruedas de prensa, explicaciones (los médicos no han hecho bien su examen; yo no he tomado nada, etc.), y, finalmente, apelación al Tribunal de Arbitraje Deportivo, que ratifica la sanción, que, finalmente, y en virtud del acuerdo legislativo entre las diferentes organizaciones deportivas, queda reducida a solo 2 años, con lo que Claudia, si lo desea, podrá participar en los Juegos de Atenas-2004.   
 
Después de estos dos años de sanción, y ya con casi 32 años, la costarricense acude a la capital del olimpismo, donde cuaja una buena actuación, aunque nota los dos años de inactividad competitiva. Pierde por 65 centésimas la posibilidad de estar en la final de 400m. (4,09”75 por los 4,09”10 de la japonesa Sachiko Yamada), mientras despunta con fuerza en las eliminatorias de “su” prueba, al señalar el segundo mejor tiempo con 1,59”50, aunque por la tarde es obligada a recordar aquello de que “los años no pasan en balde” (“y dos de suspensión todavía menos”, podríamos añadir), cuando, con un tiempo sensiblemente igual al de la mañana, 1,59”79, solo puede ser 10a.de las semifinales, quedando eliminada. Aunque seguirá nadando, porque es lo que le gusta hacer, todo ha terminado para ella, en un final que ella pretendía reivindicativo de su siempre protestado dopaje (al día de hoy, sigue clamando su inocencia), pero que, finalmente, resulta algo triste. El 2006, terminando donde empezó, disputa los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Cartagena de Indias, en los que supera los récords de 200 y 400m.crol que su hermana Sylvia estableciera, ¡veinte años atrás! (2,00”19 y 4,15”00, por 2,02”18 y 4,18”30), uniendo por última vez los dos nombres que han sido el orgullo de todo un pequeño país.
 
Además de todas sus medallas, Claudia puede enorgullecerse de haber sido nombrada “Mejor Nadadora Mundial del Año 1997”, por la prestigiosa revista “Swimming World”, además de “Mejor Deportista Latinoamerciana” en los años 1995, 1996 y 1997, y “Mejor Deportista de Costa Rica” sucesivamente entre 1993 y 2000. Actualmente, graduada en Administración de Negocios, trabaja, y está casada, siendo madre de una pequeña, Cecilia, nacida el 8 de agosto del 2007, y a la cual, por aquello de la genética, le auguramos un más que magnífico porvenir natatorio. 
 
Guillem Alsina