Kieren Perkins: el “tesoro vivo” de la natación aussie

Heredero glorioso de un no menos glorioso palmarés como es el de las pruebas de fondo australiano, Kieren Perkins nació en Brisbane, un 14 de agosto de 1973. A los ocho años, y por causa de una lesión en la pierna, el médico le recomendó la natación como medida terapéutica. “Aquello” del agua le gustó, e ingresó en un equipo de natación, en el que, a los 13 años, requerido por el entrenador principal John Carew pasó a formar parte de su grupo principal.
 
Aunque progresa rápidamente, solo en 1989, con poco más de 16 años, salta a la escena internacional cuando es segundo en los Campeonatos Australianos, por detrás de Glenn Housman, 14,53”59 (récord mundial no homologado al haberse tomado manualmente el cronometraje, por haberse estropeado el electrónico), con unos 15,19”94, que le valen la selección para el equipo “aussie” que se desplaza a competir en enero de 1990 a los Juegos de la Commonwealth que se disputan en la neozelandesa Auckland.
 
Allí, Kieren consigue su primera medalla en una gran competición internacional, al ser segundo (de nuevo por detrás de su compatriota Glenn Housman, 14,55”25), pero con 14,58”08, haciendo buenas la predicción que semanas antes había hecho Carew, se convierte en el tercer fondista, y el más joven, que rebaja los 15 minutos en el quilómetro y medio, lo que le sirve para terminar como segunda mejor marca mundial de aquel año en el ranquing mundial.
 
Forma parte del equipo que, en enero de 1991, participa en los Mundiales que se celebran en Perth. Fondista nato, lo que significa falto de una cierta velocidad básica, no consigue acceder a la Final B de los 400m.crol, final que gana. Sus esperanzas, sin embargo están depositadas en los 1.500m., donde va a encontrarse a su compatriota Housman (recordista mundial no oficial; el oficial continua siendo el “ZarSalnikov, con sus 14,54”76 de 1983), y al alemán Jörg Hoffmann, vigente campeón europeo, y uno de los que suben con más fuerza en esta prueba.
 
Desde el principio de la prueba, sin embargo, no hay más que dos nadadores que luchen por el título. Aunque Kieren toma el mando de las operaciones desde el primer largo, cogiéndole una ligera ventaja al alemán (2,54”51 por 2,55”56 en los 300m.), rápidamente reacciona este último para emparejarse prácticamente ambos nadadores, con ventajas que, aunque siempre del lado de Kieren, no pasan del medio segundo (5,53”39 por 5,53”66 en los 600m.). A los 700m. se invierten los papeles, y pasa a dominar el alemán, aunque nunca con ventaja superior al segundo (10,52”27, por 10,52”88 en los 1.100m.), momento elegido por Hoffmann para atacar al australiano, a quien toma un segundo de ventaja (13,52”91, por 13,53”85 en los 1.400m.), antes de resistir el último ataque de Kieren, que pese a nadar el último hectómetro en 56“73, por 57”45 del alemán, se queda a solo 22 centésimas de la remontada. Ambos, 14,50”36 de Hoffmann, 14,50”58 de Kieren, superan claramente los dos récords mundiales (oficial de Salnikov, no oficial de Housman), protagonizando la más “eléctrica” y disputada final de los Campeonatos.
 
Cuando se acerca al alemán para felicitarle por su victoria, este se limita a mostrarle su dedo índice levantado, como diciéndole “soy el número uno”. Dicen (no hemos podido confirmarlo) que Kieren estuvo tres días sin comer, dolido por aquella gran falta de deportividad del alemán.
 
Siempre bajo las órdenes de Carew, Kieren no abandona su progreso. Aquel mismo año, supera su primer récord mundial, cuando en agosto participa en los Campeonatos Pan-Pacíficos de Edmonton, en los que gana los 400 con 3,50”08; los 800 con 7,50”68 (a solo ¡ 4 centésimas ! de segundo del récord mundial de Salnikov), y los 1.500m.con 14,59”79, en los que vuelve a intentar el récord de los 800m., saliéndose esta vez con la suya, al registrar un tiempo de 7,47”85, parándose para ver el tiempo conseguido, hacer unas profundas aspiraciones, y continuar hasta los 1.500m., en los que vence sobradamente con más de veinte segundos de ventaja.
 
1992 es año olímpico, y su ininterrumpido progreso le permite concebir las mayores esperanzas. Empieza el año con gran fuerza, superando un total de récords: el 15 de febrero, en Sydney, supera el de los 800m. con 7,46”60; el 2 de febrero, en una piscina de 25m.en Canberra, impone el récord mundial de los 1.500m.en piscina corta con 14,32”40, rebajando los 14,37”60 que Salnikov había impuesto 10 años antes en Göteborg, y que la FINA había retenido como “tope” a batir; el 3 de abril, también en Canberra, pero ahora ya en piscina larga, se apodera del récord mundial de los 400m., 3,46”47 (borrando los anteriores 3,46”95 del alemán de la DDR Uwe Dassler en los Juegos de Seul-88), y dos días después del más preciado para cualquier fondista australiano que se precie de serlo, el del kilómetro y medio, al nadarlo en 14,48”40.
 
Está preparado para el envite olímpico, pero no solo para sus pruebas preferidas, 400 y 1.500m., sino que también pretende hace un buen papel en los 200m.crol (en realidad, en una entrevista ha “dejado escapar” su intención de postular al “triplete” 200-400-1.500m., que solo el norteamericano Tim Shaw ha conseguido en los Mundiales de Cali-1975), una prueba que le sirve, sobretodo, para conseguir una mayor velocidad-base que le ayude en las pruebas más largas. Con la cabeza más puesta, lógicamente, en las dos pruebas más largas, es eliminado de los 200m. en una actuación muy discreta, 1,49”26.
 


En 1992

Después será la intensa lucha en los 400m., en los que se encuentra con un inesperado ex-soviético (ahora en la Comunidad de Estados Independientes, CEI) Evgeni Sadovyi, que ha dado la gran sorpresa al proclamarse campeón olímpico de los 200m.crol. Va a ser la siempre emocionante y táctica prueba entre un hombre que sube del 200, y el que baja del 1.500m. Dejando de lado el liderazgo del sueco Anders Holmertz hasta los 300m., pero que será sobrepasado en el último hectómetro, Sadovyi domina al australiano a lo largo de toda la prueba, aunque nunca con más de medio segundo de ventaja, resistiendo los desesperados esfuerzos de su rival en el último largo, para terminar imponiéndose con 3,45”00, por 3,45”16 de Kieren, superando ambos el anterior récord mundial de este último (récord que también supera Holmertz).

 
Dos días después, 31 de julio, y previo trámite de las eliminatorias, el australiano vuelve a verse las caras con su compatriota Housman, y su “amigo” Jörg Hoffmann, como favoritos de la final. Esta vez, sin embargo, no habrá lucha por un título que solo tiene un protagonista. En cabeza desde los primeros metros, Kieren impone un ritmo de récord mundial a la prueba, deshaciendo cualquier veleidad de sus rivales, añadiendo un poco más de ventaja en cada uno de los hectómetros, hasta terminar con 14,43”48, con Housman a casi doce segundos, 14,55”29, mientras Hoffmann, que ha bajado los brazos en el último tercio de la prueba, es tercero, 15,02”29. Lejos de la “metonimia” de Salnikov, el australiano ha nadado una prueba quizás un poco rápida al principio (“quería quitarme de encima a mis dos principales rivales”, asegurará él mismo en la posterior rueda de prensa), pero, de todas formas, bien equilibrada, 4,50”59 + 4,56”68 + 4,57”21. Destaquemos el comentario del entrenador Carew, afirmando que en una prueba dirigida exclusivamente al récord mundial, su discípulo podía haber hecho un tiempo muy cercano a los 14,30”, una afirmación creemos que un poco, por no decir muy, atrevida, pero que, evidentemente, y aunque venia de un entendido, la verdad es que su pupilo nunca llegó a acercarse a los predichos 14,30”.
 
Kieren toma, a partir de aquel momento, el mando del fondo mundial. El año post-olímpico, falto de grandes competiciones internacionales, lo dedica a tomarse un respiro en su preparación, pensando en los Mundiales de Roma-94. Así y todo, no “remolonea” en absoluto, y supera dos récords mundiales en piscina corta: el de los 1.500m.crol con
14,26”52 en Auckland, el 14 de julio; el de los 800m.crol con 7,34”90 en Sydney, once días después del anterior.
 
Además, participa en los Juegos Pan-Pacíficos, bisando su “triplete” de dos años antes, al ganar los 400m. con 3,49”43; los 800 con 7,50”51, y los 1.500 con 14,55”92, con un joven compatriota, Daniel Kowalski, como segundo en las tres pruebas, al que ya se ve como posible sucesor de Kieren. Este, sin embargo, no está dispuesto a dejar su “trono” sin defenderlo con uñas y dientes.
 
Antes de desplazarse a los Mundiales, el “mundo británico” se reúne para disputar sus Juegos, los de la Commonwealth, para muchos de sus participantes, entre ellos el propio Kieren, tan importantes, o casi más, que los Olímpicos. En agosto, y en la canadiense Victoria, el australiano se luce al nadar los 1.500m. con un nuevo récord mundial, 14,41”66, con doble récord puesto que a su paso por los 800m., señala un tiempo de 7,46”00, nuevo récord mundial, 60 centésimas menos que su anterior. Pero también se luce al nadar los 400m. en 3,45”77, a solo 77 centésimas del récord mundial de Sadovyi, e incluso, mostrando su buena forma, y sus apetencias (deportivas), gana los 200m., aunque con unos más discretos 1,49”31, así como los relevos 4x200m.crol.
Por cierto que estuvo a punto de ser expulsado de la “Villa Commonwealth”, al disparar una pistola de aire comprimido en plena Villa, y solo las buenos oficios de sus dirigentes consiguió que se le permitiera competir. 
 
Pocas semanas, desembarca en la capital romana, dispuesto nuevamente a hacer historia, igualando la gesta de Tim Shaw. Pese a sus (declaradas) buenas intenciones, nuevo “fracaso” en los 200m.crol, una prueba en la que se ve relegado a la Final B (en realidad, siempre hemos tenido la impresión de que nunca nadó los 200m.con el máximo esfuerzo, y que solo le sirvieron para “coger ritmo de competición” para sus dos pruebas preferidas). Explotará, empero, en los 400m., donde deja atrás a sus rivales desde los primeros metros, pasando por 53”96, 1,51”11, y 2,48”15, para terminar en 55”65, para formalizar unos 3,43”80 que representan un nuevo récord mundial, desquitándose de la “espina” que llevaba clavada desde la final olímpica barcelonesa (aunque Sadovyi ya no está allí), consiguiendo la mayor diferencia registrada en esta prueba hasta el momento (segundo fue el finlandés Antti Kasvio con 3,48”55, a 4”75).
 
Después, su segundo título, los siempre preciados, la prueba más “grande”, los 1.500m. en los que se limita a coger una ligera ventaja de dos-tres segundos en el primer tercio de la prueba, para conservarla cómodamente ante su compatriota Kowalski, 14,50”52, por 14,53”42, que se limita a conservar su segundo lugar, sin intentar nada contra su cabeza de filas.
 
Por sus dos títulos mundiales, y sus tres récords también mundiales, tiene el honor de ser nombrado “Nadador del Año” por el prestigioso Swimming World Magazine.
 

1995 le trae las primeras complicaciones que convertirán su vida deportiva en una carrera de obstáculos. Problemas respiratorios y musculares, incluso una anemia férrica, producto en parte de los intensos entrenamientos a los que se ha sometido durante aquellos años, empiezan a impedirle un entrenamiento adecuado a mantener su alto nivel competitivo. En los Pan-Pacíficos de aquel año, si bien gana los 1.500m. ante Kowalski, tiene que “sudar” su victoria, 14,58”92, por 15,02”20; es derrotado en los 800m., 7,50”80, por los 7,50”28 de su amigo y rival, mientras ni siquiera entra en la final de los 400m., avanzado por Kowalski y Housman. Atacado por un virus intestinal, sin poder entrenarse de la mejor manera, se dispone a defender su título olímpico.

 
Los “trials” le dejan ya el primer sinsabor, cuando solo puede ser tercero de los 400m., lo que le impedirá participar en los Juegos en esta prueba, de la que todavía es recordista mundial, aunque, finalmente, y a costa de un gran sobreesfuerzo, que lo mantendrá en el “dique seco” durante tres semanas, para poder recuperarse, consigue el segundo lugar en los 1.500m., por detrás de Kowalski, con lo que, por lo menos, podrá defender el título conseguido en Barcelona. Ya en Atlanta, mucho descanso y poco entrenamiento (como quien dice “entre algodones”) a la espera de su única prueba.
 
Padece en las eliminatorias, en las que, intentando reservar al máximo sus pocas fuerzas, está a punto de ser eliminado, al ser el octavo y último clasificado con 15,21”42, a solo 23 centésimas del alemán Steffen Zesner, primer eliminado, lo cual significa que lo va a tener muy difícil para revalidar su título, toda vez que Kowalski, su principal rival, parece estar en plena forma, y deseosos de subir a lo más alto del podio, después de haber conseguido dos terceros lugares en los 200 y 400m.
 
Desde su inicio, sin embargo, la final será un sorprendente cambio de Kieren, que desde el primer hectómetro se coloca por delante de su compatriota, 55”30, por 55”73, y empieza a “arañar” unas centésimas en cada siguiente hectómetro. Ante los ojos incrédulos de muchos espectadores, y el entusiasmo de sus muchos “fans” (y no todos australianos), Kieren empieza a despegarse de su gran rival (1,53”92 por 1,55”14 en los 200m.; 3,53”28 por 3,55”76 en los 400m.). A los 800m., la ventaja de Kieren ha subido hasta casi los cinco segundos, 7,53”85 por 7,58”31, y aumenta todavía en el quilómetro, 9,54”44 por 10,01”93, cuando Kowalski empieza a hundirse.
 
Sin más problemas, intentando únicamente mantener la renta conseguida, y entre el estruendoso aplauso de un público rendido a su coraje, Perkins consigue mantener su título de campeón olímpico (lo que solo habían conseguido el norteamericano Mike Burton en 1968-72, y el soviético Vladimir Salnikov en 1980 y 1988), con un tiempo de 14,56”40, lejos de sus récords mundial y olímpico, aunque, en aquellos momentos, esto es lo menos importante para el australiano. Después, en la rueda de prensa, ya con la satisfacción del título renovado, dirá que “ha sido la prueba más difícil que he nadado”, y, quizás sobrevalorando sus posibilidades, será un poco más crítico, deplorando el hecho de no haber conseguido su clasificación para los 400m. Por su parte, su compatriota y compañera de entrenos, Hayley Lewis, en un exagerado arranque, declarará que “cada australiano debería invocarle al levantarse, y besar el suelo que pisa. Es el mejor nadador de la historia, y todavía mejor persona. Australia es feliz de tenerlo como ciudadano”.  
 


Juanto a Grant Hackett

1997 es un año de reflexión. Por un lado, y como si no tuviera ya bastante con su rival Kowalski, aparece una nueva figura del fondo, que parece ir en camino de disputarle también la supremacía mundial. Se trata de Grant Hackett, un joven de 17 años que ha irrumpido en el panorama de la natación, venciendo aquel mismo año en los 400 y 1.500m.de los Juegos Pan-Pacíficos con tiempos que ya dejan adivinar que se trata del muy posible sucesor de Kieren (3,47”27, 7,50”30, y 15,13”25), y que, poco a poco, irá ganando protagonismo. Por otro lado, es la lucha entre su corazón (“el 2000 podrías ser el primer hombre en ganar un tercer título olímpico consecutivo, igualando las gestas de Dawn Fraser y Krisztina Egerszegi” ), y su cabeza (“tendrías que parar; arrastras demasiados problemas “logísticos”), aunque nada algunas competiciones que lo mantienen en una “suave” forma (aparece como 50o.del ranquing mundial en los 400m., y 17o. en el de los 1.500m.). Finalmente, gana el corazón. Intentará el asalto a su tercer título, aunque modificando su preparación, y visando únicamente aquel título.

 
Salva la temporada 1998 al conseguir clasificarse para aquellos Juegos de la Commonwealth a los que tiene una especial querencia, subiendo al podio de campeones como tercero, 15,03”00 (cuarta mejor marca mundial), junto a Hackett, 14,50”92 (que en enero de aquel mismo año se había proclamado campeón mundial con 14,51”70, rondando ya su récord, aunque no lo superará hasta el 2001), y al sudafricano Ryk Neethling, 15,02”88. En 1999 sube un poco su mejor marca, 15,07”10, pero se mantiene como segundo australiano (por detrás de Hackett, 14,45”60, cada vez más cerca de su récord), lo que le da muchas esperanzas de conseguir su clasificación para aquellos Juegos que se disputan “en casa”, último intenso capítulo de su carrera deportiva.
 
No le cuesta en exceso conseguir el billete para Sydney, puesto que tras él y Hackett, y retirado ya Kowalski, no parece surgir ningún fondista de su nivel. En la piscina que pocos meses despues albergaran los Juegos, Hackett gana los “trials”, 14,56”30, por 15,01”10, mientras Craig Stevens es tercero, 15,22”90. Liberado de este trance de los “trials”, siempre peligrosos, Kieren está dispuesto a enfrentarse a su destino, siempre confiando en sus fuerzas, su fiera determinación, y su voluntad de luchar hasta el final.
 
22 de septiembre del 2000. Piscina Olímpica de Sydney. Eliminatorias del 1.500m.crol.
No sabremos nunca si hizo bien, o no, pero su intención, como no podía dejar de ser, fue buena. Consciente de lo que un buen golpe sicológico puede representar en deporte, Perkins lanza el desafío a su amigo, compañero, y rival, Hackett, nadando las eliminatorias con el mejor tiempo, 14,58”34 (por 15,07”50 de Hackett, tercer mejor tiempo), intentando romper su concentración, al mismo tiempo que se asegura nadar a su lado, perfectamente vigilado.
 
23 de septiembre del 2000. Piscina Olímpica de Sydney. Final de 1.500m.crol. Un entendido y numeroso público se agolpa en el graderío de la piscina, esperando ver la gran actuación de los dos mejores fondistas mundiales de los últimos diez años, con la promesa de copar para Australia, el país donde el 1.500 es como una religión, los dos primeros escalones del podio. Suena el disparo de salida, y rápidamente, entre el griterío del público que no parará hasta el final de la prueba, los dos nadadores locales toman la cabeza de la prueba. Siempre con una ligera ventaja de Hackett, nadan los primeros largos (55”36 por 56”12; 1,53”66 por 1,55”24; 3,52”39 por 3,54”37 en los 100, 200 y 400m.), alejándose progresivamente de los seis restantes finalistas, quedando como únicos candidatos a la victoria.
 


Record del Mundo de 400 libre en 1994

Nadando alrededor del minuto por hectómetro, se mantiene esta diferencia alrededor de los dos segundos entre ambos (7,51”74 por 7,53”57 en los 800m.). A partir del quilómetro, Hackett empieza a nadar con parciales por debajo del minuto, probando a su compañero y rival, que se ve incapaz de seguirlo.

 
Su jugada sicológica no ha surtido efecto, y Hackett se lanza ahora decididamente hacia su primer título olímpico, 14,48”33, dejando a Kieren a casi cinco segundos y medio, 14,53”59, que tampoco tiene problemas para conservar su segundo lugar ante el norteamericano Chris Thompson, 14,56”81. No ha conseguido el tercer titulo, pero pocos nadadores pueden envanecerse de haber conseguido dos oros y una plata en una misma prueba.
 
La piscina vive una apoteosis como quizás pocas se han visto. Escoltando a un exultante Hackett (el presente y el futuro), Perkins (el pasado), da la vuelta al “ruedo”, recogiendo junto a su compañero de equipo los aplausos y los vítores de los miles de espectadores que pueblan sus graderíos, que sin distinción de banderas ni de razas, se han rendido ante aquellos dos colosos de los quince hectómetros. Un capítulo se cierra, otro capítulo se abre, como es de ley en esta vida.
 
Desaparece de las piscinas un icono de la natación y del deporte en general, aunque continuará vinculado a su deporte como redactor del Sydney Morning Herald, y en organizaciones que promueven el deporte en todas sus facetas. Señalemos, entre otras muchas cosas, la defensa que hizo del derecho de Craig Stevens a nadar los 400m.crol en Atenas, después de que Ian Thorpe fuera descalificado por salida adelantada, asunto que revolucionó la natación, no solo australiana, sino también la mundial. En aquel caso actuó totalmente de acuerdo con sus principios, puesto que en 1996, cuando había sido tercero en los 400m., una parte de la opinión pública australiana había pedido que se le concediera el derecho a nadar aquella prueba, en detrimento de Malcolm Allen, que había sido segundo, cambio que Kieren nunca aceptó.
 
Kieren forma parte de la lista de “Tesoros vivos Australianos”.
 
Guillem Alsina