Miguel Torres, el “Konrads” de Sabadell


Con 15 años, olímpico en Roma 1960.

Así titulaba (y con letras bastante grandes), no recuerdo exactamente qué periódico, el artículo publicado un 7 de marzo de 1962, con motivo del récord de España de los 1.500m.crol, que el día anterior un nadador de Sabadell había dejado establecido en 17,39”0 en la piscina-milagro de 25m.

 
Aunque, evidentemente, el titular era exagerado, la juventud de aquel nadador, poco más de 16 años, y la progresión demostrada en los dos últimos años, hizo que el periodista se excediera un poco, comparándolo con el australiano que, en aquel momento, ostentaba el récord mundial del quilómetro y medio (17,11”0 en febrero de 1960) y había sido, también, un joven prodigio de la natación mundial, puesto que había superado su primer récord mundial cuando tenía poco menos de 16 años.
 
Aquel “Konrads sabadellense” no era otro que Miguel Torres Bernades. Nacido en la capital vallesana un 24 de enero de 1946, Miguel se había iniciado en la natación de mano de su hermana María del Carmen, que no de su hermano Antonio, dedicado a un deporte mucho más violento y peligroso que la natación, el boxeo (y con éxito, puesto que, si no estamos equivocados, llegó a ser campeón de España profesional de los pesos “welter”).
 
De la mano del inolvidable Kees Oudigeest, contratado para hacer funcionar de la mejor manera posible aquella magnífica piscina de 25m. inaugurada en diciembre de 1959, sus modernos métodos de entrenamiento consiguieron rápidamente unos resultados que iban a revolucionar la natación española, impulsándola hacia un nivel muy superior al que se había movido hasta aquel momento, y de los que Miguel Torres (junto a Isabel Castañé), fueron sus primeros frutos.
 
El primer aviso de aquella revolución llegó de aquella piscina de Sabadell, un 10 de abril de 1960 cuando, con poco más de 14 años, superaba de una sola tacada los récords de Catalunya de 800 y 1.500m. con 10,31”6 y 19,45”6. En unos meses “locos”, Miguel fue rebajando estos tiempos, y quemando etapas de su vida deportiva. El 9 de julio de aquel mismo año supera su primer récord de España al nadar, en la vieja, y “dura”, piscina de Montjuïc el quilómetro y medio en 19,35”2 (con récord de Catalunya al paso de los 800m., 10,22”6), rebajando el “tope”, 19,41”9, impuesto por la FEN.
 
Pocos días después, 17 y 18 de julio, debuta como internacional en un Austria-España que se disputa en Steyr, y un mes después, 13 de agosto, pulveriza su récord, rebajándolo hasta 19,23”4, consiguiendo el primero de sus siete títulos, consecutivos, de campeón de España de los 1.500m., ganándose además la participación en sus primeros Juegos Olímpicos para competir en Roma, precisamente, con aquel al cual se le va a comparar dos años después, John Konrads. y en la capital italiana, para no romper su racha de “2 x 1”, supera los récord de España de 800 y 1.500m., con 10,13”3 (superando el “tope” de 10,16”4 impuesto por la FEN), y 19,21”8.
 
No contento con sus dos récords de Roma, y aprovechándose de la “bondad” de la piscina de Sabadell, pocos días después de su vuelta de Roma, y aprovechando su entrenamiento de fondista, supera el récord de España de 400m.estilos, dejándolo en 5,33”8.
 
Continua su superación al año siguiente, 1961, en el que se confirma como el mejor fondista español de siempre. El 25 de febrero, siempre en Sabadell, supera dos nuevos récords de una sola tacada, 9,47”3 y 18,27”8 en 800 y 1.500m.; el primero se lo arrebata a Jorge Granados (otro de los grandes fondistas españoles) que lo ostentaba con un tiempo de 10,03”2 desde 1952; el segundo a José Manuel Cossio, 19,12”6 en 1959, ¡ 45 segundos de rebaja !.
 


1963

Poco después, 7 de abril, extiende su dominio a una prueba más corta, los 400m., al señalar 4,40”8 en los Campeonatos de Invierno que se disputan en “su” piscina-milagro de Sabadell, tiempo que representa un nuevo récord de España (en aquel tiempo no se disputaban los 1.500m. en los de Invierno). La temporada de piscina larga de aquel año, que se inicia temprano, le permite mover también la tabla de récords de piscina larga: en Las Palmas, el 12 de mayo otros dos récords de una sola tacada, 10,06”8 en 800m., y 18,52”9 en 1.500, pulverizando su récord de Roma en poco más de medio minuto; dos días después demuestra de nuevo su progresiva adaptación a las pruebas más cortas, al superar el récord de los 400m.en piscina larga, 4,43”3, superando los 4,48”2 que Enrique Granados (otro de los grandes fondistas españoles, hermano mayor de Jorge), tenía desde 1956.

 
Ya en pleno verano, 22 de julio, continua su “2 x 1”, superando el de los 800 y 1.500m.crol en la “vieja” de Montjuïc, 9,58”0 (bajando por vez primera de los 10 minutos en los 800m., p.50m.), y 18,42”9, mientras el 9 de agosto, nuevamente en “su” piscina de Sabadell, le da un “revolcón” a su récord de 400m.estilos, rebajándolo en más de 17 segundos, para dejarlo en 5,16”0. Termina la temporada revalidando su título de campeón de España al imponerse en los 1.500m.de Sevilla, p.33,33m., con un nuevo par de récords de una sola tacada, 9,43”2 y 18,17”2, y consiguiendo su primero de los 400m., aunque no termina el año sin que, aprovechando un desplazamiento a la belga La Louviere, le dé un pequeño “pellizco” a su récord de los 800m.crol, p.25m., dejándolo ahora en 9,42”4 (cosa de no perder las buenas costumbres).     
 
Si 1961 ha sido su plena confirmación a nivel español, 1962 será su confirmación a nivel mundial. El 3 de febrero, siempre en Sabadell, confirma su ganancia de velocidad al superar, 2,09”6, el récord de los 200m.crol, como preparación a su gran actuación del 6 de marzo. Aquel día, ante una gradería llena a rebosar, y con asistencia del Delegado Nacional de Deportes, José Antonio Elola, y su representante en Catalunya, Juan Antonio Samaranch, el Presidente de la FEN, Don Bernardo Picornell, y otras muchas personalidades deportivas, la natación española gana una importante batalla en su lucha por el reconocimiento como deporte importante dentro del contexto deportivo español.
 
En la piscina, Miguel Torres cambia por una vez su costumbre de ofrecer 2 x 1, para pasar a una mejor fórmula, 3 x 1, y en el curso de una actuación imborrable, supera sucesivamente los récords de España de 400m., 4,33”7 (3 segundos menos que el de Juan Manuel Cossio); 800m., 9,19”0 (23 menos que su anterior récord), para terminar con unos magníficos 17,39”0, ¡ 37 segundos menos ! que su anterior récord. El eco mediático que tuvo este tiempo para la natación española solo se ha podido valorar por parte de todos los que vivieron aquellos hechos.
 
La vida, sin embargo, continua, y Miguel, lejos de dejarse influir por todos estos récords, continua entrenándose para estar entre los mejores, consciente de que estos 17,39”0 significan un gran paso adelante, pero que las grandes competiciones, aquellas en las que se reconoce a los mejores, se nadan en piscina de 50m. (mucho más en aquel tiempo en que no se disputaban ni Mundiales ni Europeos en piscina corta), y aquel año se disputan los Europeos en Leipzig, para los que Oudigeest y Miguel intentan guardar su mejor cartucho.
 
La temporada estival la inicia el 26 de mayo, con un nuevo récord de 800m.crol, 9,42”6 en la también “dura” Casa de Campo, que le sirve como “aperitivo” para su puesta a punto. El 21 de junio, siempre en Montjuïc, otro 2 x 1, con 9,37”2 y 18,14”1 en 800 y 1,500m., demostrando que está a punto para la máxima cita europea, y poco después, 4 de agosto, siempre en Montjuïc, nuevo récord, esta vez de los 400m., 4,39”0, poco antes de la salida para Leipzig, donde va a intentar demostrar que aquellos 17,39”0 de Sabadell, habían sido obra, no solo de una piscina casi milagrosa, sino también de un intenso y efectivo plan de entrenamiento que ahora iba a dar su máximo resultado en la ciudad de la DDR.
 
Para “descongestionarse” un poco de las pruebas de crol, no desdeña dedicarse a la prueba larga de estilos (los 200m. no serán oficiales hasta dos años más tarde), en las que supera, en tres ocasiones, el tope impuesto por la FEN para homologar el primer récord en piscina larga, 5,46”1, sucesivamente con 5,37”0, 16 de junio en la Casa de Campo, y 5,25”3 y 5,18”0 el 23 de julio y 3 de agosto, ambas en la “vieja” de Montjuïc.
 
Y llega la gran cita de Leipzig. El 24 de agosto se disputan las eliminatorias de los 1.500m. Miguel no está dispuesto a contemporizar con sus rivales, y se lanza a fondo desde el primer metro; pasando por 9,29”7 en los 800m., nuevo récord de España, termina con unos magníficos 17,58”7, rebajando 15 segundos a su anterior récord, y nadando por vez primera por debajo de los 18 minutos, un tiempo que lo convierte en un inesperado favorito de la final (el segundo mejor tiempo es el del yugoeslavo Veljko Rogusic, 18,05”6, y el tercero se iba ya a los 18,18”6).
 
Nunca sabremos si aquel día el corazón de Miguel Torres pudo más que su cabeza; y si, haciendo 18,25”, un tiempo que le permitía clasificarse cómodamente, economizando fuerzas para la final, hubiera podido doblegar al húngaro Jozsef Katona (18,22”7 en las eliminatorias). La final se desarrolló de acuerdo con lo previsto, con Miguel último en los primeros 100m.; sexto en los 400m. (4,42”2), y pasar ya al tercer lugar en los 600m. Al nadar un poco más lento que el día anterior, 9,32”2 por los 9,29”7 de la eliminatoria en los 800m., logró aumentar su ritmo en el último tercio de la prueba, alcanzando y pasando al británico Richard Campion hacia los 1.200m., aunque le fue imposible hacer lo mismo con el húngaro, que ya había puesto demasiada agua entre él y sus rivales.
 
Así, mientras Katona se proclamaba campeón europeo, 17,49”6, Miguel Torres, 17,55”6, nuevo récord de España, se convertía en el primer nadador español que subia a un podio europeo. A su vuelta a Sabadell, y aprovechando un festival de homenaje que le tributa su club, Miguel rebaja en poco más de tres segundos su récord de España de los 200m.crol, 2,06”3. En el ranquing de final de temporada, mientras no entra entre los 50 mejores mundiales, es el 13o.de los 800m., y el 11o.del quilómetro y medio. Ahora ya sabe que puede aspirar a algo más serio en los JJ.OO. de Tokio que se celebran dos años después.
 
Este objetivo le permite continuar su progresión a lo largo de 1963. Se suceden los “meetings” en el extranjero, y sus resultados, casi siempre en forma de victorias, le proporcionan una gran experiencia ante las grandes figuras mundiales a las que se enfrenta. Fruto de ello son sus continuos récords de aquel año: en piscina corta rebaja el de 400m. a 4,33”0 el 23 de marzo, y continua con sus ataques a la prueba de estilos, superando sus dos últimos récords de España en esta especialidad, 5,15”0 (12 de mayo en Sabadell), y 5,08”0 (17 de julio en Algés (Portugal) p.33,33m.).
 
Ya en la temporada estival, rebaja en dos ocasiones el récord de los 400m. crol, con 4,37”8 el 12 de julio, en Madrid, y ¡ siete segundos menos !, 4,30”8, el 25 de agosto en la “vieja” de Montjuïc, quizás intentando paliar la falta de velocidad básica que le ha impedido, posiblemente, conseguir el título europeo, e, igual que en piscina corta, supera en piscina larga sus dos últimos récords en la prueba de estilos, 5,12”8 (23 de agosto en la “vieja” de Montjuïc) y 5,12”0 (el 6 de septiembre) cuando en Granada revalida el título de campeón de España conseguido ya el año anterior en Barcelona. La temporada termina con la disputa de los Juegos del Mediterraneo de Nápoles, en los que Miguel gana el “milqui”, acercándose a su récord de Leipzig, 17,59”3, no sin dejar huella de su paso por la capital napolitana en forma de récord de 800m., 9,29”5, dos décimas menos que su paso de Leipzig.
 
1964. Año Olímpico. Tokio llama a la natación mundial, y para Miguel Torres se trata de su gran oportunidad, ser, como mínimo, ser el primer finalista olímpico individual de la natación española (puesto que en Amsterdam-1928 el cuarteto del 4x200m.crol había conseguido pasar a la final de aquellos Juegos). La temporada es intensa, continuando con el programa de la temporada anterior a un gran número de “meetings”, en los que los récords caen una y otra vez, mientras la natación española se da a conocer a un buen nivel europeo. Antes de llegar a Tokio, han caído un total de 8 récords, la mayoría de ellos en piscina larga: 4,30”5 en los 400m. (4 de abril en Barcelona), el único de piscina corta; en Roma, en el famoso “Sette Colli”, supera el de las tres pruebas largas, 4,26”0 en los 400m. (28 de junio), y 9,22”8 y 17,42”5 (¡ 15 segundos menos que en Leipzig !) en 800 y 1.500m. al día siguiente.
 
Tres semanas después, en la piscina de 50m. y agua salada de San Remo, otras dos superaciones, 9,18”1 y 17,36”5, que lo colocan, no solo como finalista olímpico, sino incluso, aunque siendo bastante optimista, como un posible aspirante a medalla, a poco que su puesta a punto le permita rebajar unos cuantos segundos.       
 

Y llega Tokio. La natación mundial se encuentra en pleno progreso, y es difícil hacerse un “pequeño hueco” en las primeras filas. Miguel sabe que no va a haber concesiones en las eliminatorias, y que si quiere estar en la final, tiene que darlo prácticamente todo en ellas, tanto más que le toca nadar en la tercera de las cinco series que se nadan, y, por lo tanto, estará un poco “a las ciegas” de lo que debe hacer para clasificarse, aunque se calcula que deberá nadarse alrededor de los 17,30” (1,10” por hectómetro) para estar en la final, y Miguel sale decidido a conseguirlo; 1,05”4 en los primeros 100m., cogiendo el ritmo adecuado en los siguientes cinco hectómetros (2,14”9, 4,35”3 y 5,45”9 en los 200, 400 y primer tercio de la prueba); aguanta todavía en los 600m., 1,10”9, pero ya a partir de aquel empieza a situarse en el 1,11” corto-largo (9,19”1 en los 800m., a un segundo de su récord de España; 11,41”7 en el quilómetro) que le hacen ir perdiendo tiempo respecto de la tabla ideal; un último hectómetro en 1,08”1 le permiten rebajar en medio segundo su récord de San Remo, tres meses antes, 18,36”0 (un tiempo mucho mejor técnicamente que el de San Remo, puesto que la piscina italiana era de agua salada, lo que proporcionaba una gran ventaja).

 
Cuarto de su serie, está con el octavo mejor tiempo, cuando todavía faltan dos series para nadar, y serán sus respectivos vencedores (el australiano Alan Wood, 17,26”3 en la cuarta, y el norteamerciano William Farley, 17,30”5 en la quinta y última, los que van a impedirle estar en la final, que se cierra con los 17,33”5 de su inveterado rival, el húngaro Jozsef Katona, que dejan al español en el 10o.lugar total, con el mexicano Guillermo “Memo” Echevarria como 9o., 17,35”0.
 
Su sueño de ser finalista olímpica se ha esfumado, aunque no creemos que ni su tiempo ni el lugar conseguido puedan considerarse un mal resultado, cuando quizás habían sido aquellos 17,36”5 de San Remo (facilitados, repetimos, por su agua salada) los que habían generado excesivas expectativas de una posible final olímpica. 10o.de unos Juegos, a solo dos segundos y medio de la final es un excelente resultado que no desmerece ninguna actuación. 
 
1965 es, como si dijéramos, el “descanso del guerrero”, tras las batallas libradas el año anterior, y también, por qué no, la descontracción tras el lógico desencanto de no haber conseguido su principal objetivo. No hay ninguna gran competición importante, por lo que no se busca la máxima forma, a la vez que la calidad de los récords conseguidos hasta el momento, hace que cada vez sea más difícil para él poder superarlos. Tres récords marcan esta temporada, todos ellos en crol, y en la piscina-milagro de Sabadell: 4,17”8 en 400m.(21 de mayo); 2,03”2 en 200m.(13 de julio), y 8,57”9 en 800m.(30 de septiembre), primer español en nadar la distancia en menos de 9 minutos.
 
1966 es año de Campeonatos de Europa, otra de sus citas importantes, no en vano debe defender el sub-campeonato conseguido en Leipzig. Prepara con calma la temporada, sin buscar nuevos récords, pensando únicamente en la cita de Utrecht. Aun así, no puede faltar un intento de récord, solo sea para fortalecer su convicción de que puede defender su “status” europeo. El 19 de marzo hace un intento de récord sobre los 1.500m., en el ambiente íntimo y favorable de “su” piscina de Sabadell. Pasando por                       termina en unos magníficos 17,12”4, que devuelven a la memoria aquella hazaña que le había valido el sobrenombre de “Konrads de Sabadell”. Por lo menos, ahora sabe que está en la buena senda para defender su medalla de plata europea. Después, entreno….. entreno…..y entreno.
 
Utrecht, 26 de agosto de 1966, eliminatorias de 1.500m.de los Campeonatos Europeos.
Quizás fuera para “asustar” a sus rivales; quizás para convencerse a sí mismo, o quizás que, por segunda vez, el corazón pudiera más que la cabeza, aunque seguramente fuera el hecho de nadar en la segunda de las cinco series, y no se fiara de sus rivales, el caso es que Miguel se lanza desde los primeros metros a un ritmo excesivamente rápido para lo que realmente está en juego, solo la clasificación para la final.
 
Pasando por 1,06”0; 2,15”2; 4,35”3  y 9,14”9 en los 800m. (nuevo récord de España, tres segundos menos que el anterior), termina en unos magníficos 17,20”8, superando su récord de ¡ quince segundos !. y se repite en la final la historia de Leipzig, aunque sin el “happy end” de aquella. Penúltimo en el primer hectómetro, 1,06”1, pasa progresivamente al quinto lugar en los 400m., 2,16”2, 4,36”9), y al cuarto en los 800m., 9,16”5 (más lento, pues, que en la eliminatoria, como en Leipzig), donde los tres primeros le llevan una considerable ventaja, y está a más de cinco segundos del tercero, el soviético, Alexander Pletnev, 9,11”2, una diferencia que se mantiene más o menos estable hasta el último hectómetro, cuando Miguel “despierta” (demasiado tarde, sin embargo) para terminar con un último hectómetro rápido, 1,05”0 (cuando había estado ”rodando” los últimos 600m. alrededor del 1,09” largo), terminando a solo 8 décimas de segundo de Pletnev, 17,17”9 por 17,18”8, un tiempo que representa su último récord de España.
 
Aunque es posible que el cansancio de su eliminatoria influyera hasta un cierto punto en aquel cuarto lugar que lo apartaba del podio, quizás tampoco estaba totalmente seguro de sus fuerzas como para intentar remontar al soviético antes del último hectómetro. De todas formas, su cuarto lugar no era, ni mucho menos para menospreciar, culminando con él una rica y celebrada carrera deportiva internacional.
 
Utrecht había sido, prácticamente, su “canto de cisne”. En 1967 no consigue subir a lo más alto del podio de “su” prueba, los 1.500m., superado por quien va a ser su sucesor en el título y en el récord, Antonio Corell, participando en los Juegos del Mediterráneo de Argel (donde no se disputan los 1.500m.), con una medalla de bronce en…..water-polo, un deporte que ha practicado en los últimos años, cada vez con mayor dedicación.
 
Al año siguiente, y aunque corto de preparación, los Nacionales de Verano de 1968 le aportan, todavía, su último título, el de los 400m.crol, mientras es sub-campeón en 400m.estilos (donde logra su mejor marca con 5,02”7), lo que, junto a su carismático prestigio, le permite formar parte, por tercera vez, del equipo olímpico que se desplaza a los Juegos de Ciudad México, donde es 6o.de la 2a.eliminatoria con 5,12”7. Después, la definitiva retirada de la natación.
 
En total, Miguel Torres ha sido 18 veces campeón de España individual; 4 veces de invierno (es decir, en piscina corta), todas en los 400m.crol (hay que tener en cuenta que los 1.500m. no empezaron a nadarse hasta 1974, lo que le hubiera podido reportar otros 5, 6 o 7 títulos más), y 14 de verano, p.50m., 5 veces de 400m.crol (1961/1962/1964/ 1966 y 1968; 7 veces de 1.500m.crol, consecutivas entre 1960 y 1966), y 2 de 400m. estilos, en 1962 y 1963.
 
Además de 12 títulos con los equipos de relevos del (4 de 4x200m.crol de invierno con el C.N.Sabadell, y, en verano, 1 de 4x100m.crol y 7 de 4x200m.crol, estos 8 formando parte de la Selección Catalana (en los Campeonatos de Verano, los relevos se disputaron por “selecciones regionales” hasta 1975). Como recordista, lo ha sido en 59 ocasiones: 26 en absolutos (3 de 200m.crol; 7 de 400m.crol; en 6 de 800 y 1.500m.crol, todas ellas consecutivas, y, finalmente, 4 en los 400m.estilos, también consecutivas), y 33 en p.50m. (5 de 400m.crol; 10 de 800m.crol; 13 de 1.500m.crol, todas ellas consecutivas, cogiendo el récord en 19,35”2, y dejándolo en 17,18”7; y, finalmente, 5 de 400m.estilos).  
 
Su actuación en las piscinas se vio recompensada por los títulos de “Mejor deportista de Sabadell” los años 1960, 1961 y 1962; “Mejor deportista español” del 1963; “Nadador europeo” del 1965, y Medalla de Plata al Mérito Deportivo de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes; Medalla Extraordinaria al Mérito Deportivo de la RFEN en 1962 y 1966;
 
Después, en mayo de 1969 su matrimonio con la novia de toda su vida, la también nadadora Maria Ballesté, y su adecuación a la vida laboral, primero dentro de la natación, más tarde del deporte en general. Después de haber colaborado en el entrenamiento de las divisiones inferiores del C.N.Sabadell, en 1970 es contratado por la U.D..Las Palmas, donde consigue sus primeros éxitos como entrenador, al llevar al equipo femenino de dicho club a conseguir el título de Campeón de España por equipos en 1962. Entrenador de la Federación Catalana, y Director Técnico de la Federación Española en los Mundiales de Madrid-1986, abandonó las labores propiamente técnicas en 1990, cuando fue nombrado responsable de la natación en el Comité Organizador de los JJ.OO. de Barcelona-1992, pasando más tarde a ejercer funciones de Director del Museo Olímpico de Montjuïc, y de la Fundación Olímpica.
 
Kees Oudigeest, junto al mejor de sus discípulos, Miguel Torres, marcaron un cambio de época en la natación española. El entrenador enseño de acuerdo con los mejores y más modernos métodos de entrenamiento, acabando con maneras de hacer de nuestra natación que no se adecuaban a la que había de ser una vida metódica propia de un nadador (acabó, entre otras cosas, con la costumbre de hacer competiciones nocturnas, que empezaban a las 10 de la noche, y terminaban, en ocasiones, a las 12 o la 1 de la madrugada, en las que, además de las pruebas de natación se hacían exhibiciones de saltos, y un encuentro de water-polo).
 
Promovió las reuniones de entrenadores en las que cada uno exponía sus métodos de entrenamiento, comentándolos y cotejándolos con el resto de técnicos, con lo cual se consiguió un intercambio de pareceres que ayudó a los técnicos españoles a elevar su nivel de conocimientos, lo que redundó en beneficio de la natación española, que inició un espectacular despegue que la dio a conocer por toda Europa, y que si no consiguió mejores resultados fue debido a la incuria y al desinterés de las máximas autoridades del deporte español, perdiéndose unos años preciosos para el desarrollo de nuestro deporte.
 
Guillem Alsina