Notas para una historia de los métodos de entrenamiento. El entreno por intervalos (Interval – Training)

Hacia mediados del siglo pasado, el atleta checoslovaco Emil Zatopek hizo famoso un método de entrenamiento conocido como “interval-training”, o entrenamiento por intervalos, que causó una auténtica revolución en el mundo atlético, y que consistía en recorrer numerosas veces (hasta 90 o 100) una determinada distancia (generalmente 400m.) con un determinado tiempo de reposo, activo, entre cada repetición (normalmente, 200m. corriendo suave).
 
Si en 1948, Zatopek se imponía en los 10.000m.lisos de los Juegos de Londres, cuatro años después, en los de Helsinki, conseguía una hazaña inigualada desde entonces, al ganar los 5.000, 10.000 metros, y la maratón. Sin embargo había sido en Alemania, a inicios de la década de los 30, donde se había gestado aquel método.
 
A principio de aquella década, un reputado cardiólogo, el Dr.Hans Reindell, buscó la mejor manera de rehabilitar a sus pacientes; después de varias pruebas y estudios, comenzó a usar un método en el que se trataba de correr un cierto número de distancias cortas, separadas por un cierto tiempo de reposo.
 
Ante el buen resultado de aquel método, Reindell, que también era entrenador aficionado de atletismo, se unió con un Profesor de la Universidad de Friburgo, Waldemar Gerschler, también entrenador de atletismo, para entrenar atletas según este método, así como para continuar estudiando sus efectos. Muy pronto se consiguieron resultados concluyentes, destacando los resultados conseguidos poco antes del inicio de la II Guerra Mundial, con un atleta de 400 y 800m., Rudolf Harbig, cuyos récords mundiales, 46”0 y 1,46”6 en los 400 y 800m., en 1939, y 2,21”5 en los 1.000m. en 1941, poco antes de incorporarse al ejército alemán, tardaron años en ser superados (el de 800m. no fue superado hasta 1955, diez años después de la muerte de Harbig en el frente de Ucrania).  
 
En esencia, el método impuesto por Reindell-Gerschler consistía en la inter-acción entre cuatro factores, señalados con las siglas D.I.R.T. D se refería a la distancia que se debía repetir (generalmente entre los 100-200m.); y se refería al intervalo de descanso que el atleta debía tomarse entre cada una de las repeticiones (que debía ser el justo como para bajar el pulso hasta las 120-140 pulsaciones/minuto); R se referia al número de repeticiones que debían hacerse, mientras T se refería al tiempo en el cual debía recorrerse la distancia escogida (que debía ser el justo para poner el corazón en las 160-180 pulsaciones/minuto).
 
Más adelante, cuando otros entrenadores intentaron conseguir algo más con aquel método, ampliándolo a velocistas y velocistas-largos (400m.lisos), incluyeron un quinto factor, A, que era la acción que debía ejecutarse entre cada repetición (correr suave, marchar, trotar, con ejercicios de des contracción, e incluso, en el caso del entreno de velocistas, 100m., descansando completamente. Como ejemplo, podríamos poner a un fondista que tuviera que hacer 60 repeticiones de 400m., a un minuto cada repetición, y 60 segundos de descanso, trotando entre cada una de ellas; o bien un velocista que tuviera que hacer 6x60m., al máximo esfuerzo, y con 10 minutos de recuperación entre cada una de ellas, en reposo completo, bien estirado y tapado para no enfriar la musculatura.
 
Según sus autores, la base científica de este método de entrenamiento de la endurancia (también conocida como aerobiosis), se sustentaba en el aumento de la cavidad cardiaca cuando el corazón trabajaba entre las 160-180 pulsaciones por minuto durante el trabajo, y las 120-140 durante el reposo activo. La sucesiva alternancia de trabajo-reposo, conseguía este efecto, a la vez que potenciaba la pared cardiaca, sin que por ello aumentara su espesor, considerando que la parte activa del entrenamiento, la que producía los efectos benéficos, no era propiamente el periodo de carrera, sino el del intervalo, es decir, el momento en que el corazón pasaba de las 160-180 pulsaciones de esfuerzo, a las 120-140 de reposo.
 
Más tarde, cuando el método evolucionó hacia el entrenamiento de otras especialidades (velocidad, velocidad larga, medio fondo, corto o largo), los cinco factores comentados tuvieron que adecuarse entre ellos, reduciéndolos o aumentándolos, según lo que quisiera entrenarse. No vamos a detenernos en ello, sin embargo, puesto que no queremos hacer una historia del atletismo, sino de la natación.
 
Aunque en natación ya se había iniciado un método parecido al de intervalos en la década de los 30’s, con el japonés Ikaku Matsuzawa y otros, no fue hasta finales de los 50’s e inicios de los 60’s que se popularizó su empleo (casi siempre la natación ha bebido de las fuentes del atletismo en lo que se refiere a entrenamientos), primero dentro de la natación australiana, después en la norteamericana, para difundirse rápidamente por todo el mundo, a medida que los resultados conseguidos eran cada vez mejores, iniciándose lo que podríamos llamar una “revolución cronométrica”.
 
Así, famosos entrenadores australianos como Forbes Carlile, Harry Gallagher, Sam Herford, o Don Talbot, en la preparación para los exitosos Juegos de 1956, colocaban series de 32x50m., con 30” de reposo entre cada una, o bien 16x100m., con 1 minuto, o 8x200m. con 3 minutos de reposo. El método se facilitó muchísimo desde el momento que empezaron a colocarse grandes segunderos en las piscinas, lo que facilitaba tanto la tarea del entrenador, que podía dedicarse a vigilar la técnica del nadador, como la del nadador, que podía saber perfectamente el tiempo que hacía en cada una de sus repeticiones.
 
Este entrenamiento por intervalos, sin embargo, era un interval-training totalmente falso, “apócrifo” podríamos decir, puesto que no se sustentaba en las bases científicas que Waldemar Gerschler había suscrito para su método. En realidad, era muy difícil, por no decir totalmente imposible, que la natación copiara al pie de la letra las pautas atléticas.
 
En primer lugar, porque el entreno por intervalos era un método individual, en el que el entrenador personalizaba para cada uno de sus atletas los cinco factores determinantes del entrenamiento, por lo que los atletas, cada uno provisto de un cronómetro, llevaban a cabo el entrenamiento, mientras el entrenador únicamente se ocupaba, como máximo, de corregir los problemas que, eventualmente, pudieran surgir, sin olvidar, además, de que en una pista de atletismo caben unas cuantas decenas de atletas, sin que puedan molestarse entre sí, a pesar de que los ritmos a los que corren sean un poco diferentes.
 
En una piscina en cambio, el hecho de que en una estrecha calle de dos metros de anchura tengan que entrenarse seis, ocho, diez, o incluso más nadadores, obstaculiza el poder llevar a cabo entrenamientos personalizados, en los que un nadador haga series de 100m., mientras otros las hagan de 50, y otros de 200m., a ritmos e intervalos diferentes. A todo esto se unía la dificultad en poder comprobar las pulsaciones de cada nadador, relativamente fácil cuando el nadador descansaba (él mismo se las podía mirar teniendo en cuenta que tenía el minutero a la vista) pero imposible de determinar mientras estaba nadando, por lo que ya era imposible de determinar a qué intensidad tenía que nadar para conseguir que su corazón latiera a las 160-180 pulsaciones aconsejadas por Gerschler para conseguir el mejor y más adecuado resultado de su método.
 
Finalmente, un tercer factor era el hecho de que no había ningún estudio sobre la pulsación cardiaca dentro del agua. Si en una competición atlética, pongamos de 400m.lisos, el corazón puede llegar a latir a un máximo de 220-230 latidos/minuto, esto no puede ocurrir normalmente en el agua, donde la resistencia opuesta por el agua amortigua el latido, forzándolo a frenarse, tanto al estar en estado de trabajo como de reposo. En este caso era imposible saber si los límites preconizados por Gerschler, 120-140 y 160-180, eran válidos dentro del agua para conseguir la máxima capacidad cardiaca.
 
Ante tantas imposibilidades, los entrenadores de natación se acogieron a lo más general del método, es decir, a su pura definición, y el entreno por intervalos, en natación, pasó a ser, sencillamente, un método, en el cual se nadaban un cierto número de repeticiones de una cierta distancia, con un cierto intervalo de reposo entre cada uno de ellos, sin que los nadadores pudieran personalizar estos factores.
 
Nacieron con ello, aquellos entrenamientos propios de las décadas de los 60’s, 70’s, y 80’s (y no puedo decir si todavía están en vigor) en el que todos los nadadores hacían, por ejemplo, 20x100m., saliendo cada 2 minutos, con el resultado que unos nadaban cada repetición en 1,05”, mientras otros lo hacían en 1,15”, descansando cada uno de ellos 55 o 45 segundos.
 
Evidentemente, no era el entreno de intervalos de Gerschler, aunque sirvió para que la natación mundial diera un importante paso al frente en el aspecto cronométrico, aun a costa, sin embargo, de que muchos nadadores, imposibilitados de seguir el ritmo marcado por los mejores, tuvieran que abandonar la natación, al no responder a estos entrenamientos.
 
Muchos de aquellos nadadores “quemados”, de haber sido examinados por un cardiólogo, quizás hubieran presentado, sin duda alguna, cuadros de hipertrofia cardiaca, a causa de los numerosos esfuerzos realizados al límite aeróbico-anaeróbico, traducido en un grosor excesivo de la pared cardiaca, en detrimento del volumen de la cavidad.
 
Como era lógico pensar, algunos entrenadores también copiaron las ampliaciones del método, y, de esta manera, se instauró el método que rápidamente pasó a conocerse como “de repeticiones”, en el que se nadaban unas ciertas distancias (más cortas que la de competición), con unos intervalos largos (normalmente, más del tiempo en que se nadaba la distancia), y a un ritmo más rápido que el de competición, esto es, por ejemplo, y para un nadador de 4 minutos en los 400m., nadar 16x50m., a un tiempo de 28”-29”, saliendo cada 1,15”.
 
Años más tarde, el descubrimiento de los métodos basados en la medición del ácido láctico muscular, permitió paliar en cierto modo los efectos de aquel entrenamiento de intervalos, aunque para la mayoría de entrenadores y nadadores de hoy en día, continúen todavía los problemas de personalización de los entrenamientos, con lo que se pierden muchas de sus posibilidades personales.    
 
 
Guillem Alsina