Nadadores que sobrevivieron a una guerra


George Vallerey junto a Alex Jany en la piscina del CN Marseille

Hace unas semanas escribimos sobre algunos de los nadadores fallecidos en las dos últimas “grandes locuras mundiales”. Hoy vamos a continuar relacionando a los nadadores con la guerra, pero vamos a hacerlo con los que, por suerte para ellos, lograron sobrevivieron, después de haber sido protagonistas de alguna acción en la que la natación tuvo un papel destacado.

 
Iniciaremos el relato por el norteamericano Tedford “Ted” Cann. Nacido el 3 de septiembre de 1897, en el seno de una familia de deportistas (su padre era profesor del Departamento de Educación Física de la Universidad de Nueva York, y su hermano mayor, Howard, fue olímpico en lanzamiento de peso en los Juegos de Amberes-1920). Al terminar la y “Gran Locura Mundial”, Ted se lanzó de lleno a la natación, y el 10 de abril de 1920, superó el récord mundial de los 200m. y 220 yardas con un tiempo de 2,19”8.
 
Seleccionado para los Juegos de Amberes, un accidente de coche le costó la rotura de la pierna, por lo que tuvo que renunciar a desplazarse a la ciudad belga.
Enrolado en la Marina durante la contienda, sirvió en la patrullera USS-May. El 5 de noviembre de 1917, y a causa de una brecha en uno de los compartimentos de la patrullera, empezó a inundarse con peligro de zozobrar.
 
Haciendo uso de sus dotes de nadador, Ted se sumergió repetidas veces en el inundado compartimento hasta conseguir localizar, y tapar, la brecha, de manera que la patrullera consiguió llegar a buen puerto, con toda su tripulación sana y salva. Por esta gesta, el Congreso de los USA lo condecoró con la Medalla de Honor.
 
En la Unión Soviética, un modesto nadador, Leonid Meshkov (nacido el 14 de enero de 1916) hasta aquel entonces sin excesivo relieve, es llamado a filas para luchar contra el invasor (….poco antes casi aliados). Aprovechando sus dotes de nadador, se le incorpora al servicio de misiones peligrosas, que en ocasiones, dada la orografía del territorio donde actúa, lo mismo se efectúan a pie que atravesando a nado ríos o lagos. Una noche, en una de estas misiones, es gravemente herido en el hombro, que queda prácticamente destrozado.
 
Parece que su carrera deportiva ha quedado totalmente rota, pero Leonid no se rinde. Cuando es dado de alta del hospital, trabaja y trabaja sin descanso, dentro y fuera del agua, para recuperar la movilidad de su hombro. Tanto nada y nada, que de manera soprendente su atrofiada espalda empieza a recuperar sus movimientos, lo que lo anima a intentar volver a la competición, lo que hace con un éxito total.
 
En 1946 consigue un tiempo de 1,05”1 en los 100m.braza (aunque era un nadador de mariposa, con pies de braza naturalmente) tiempo mucho mejor que el récord mundial del norteamericano Richard Hough, 1,07”3 en 1939, pero que no fue homologado como tal, visto que la URSS no era miembro, ni del CIO, ni de la FINA (organizaciones a las que acusaba de estar al servicio del deporte “capitalista”), rebajando los 1,05”4 que su compatriota Symeon Boitschenko había conseguido en 1941, y que, por las mismas razones (además de otras), tampoco había sido homologado como récord mundial.
 
Leonid, sin embargo, tuvo más suerte que su compatriota, y a pesar de sus más de treinta años, logró mantener un poco de su forma de antaño hasta que, en 1949, la URSS claudicó, afiliándose a ambas organizaciones “capitalistas”. Entonces, entre 1949 y 1951, Meshkov batirá en cinco ocasiones el récord mundial, aunque sin llegar a los 1,05”1 que continuaran figurando como récord soviético hasta 1952, cuando la FINA decretó la separación de los estilos de mariposa y braza clásica.
 
A unos 1,07”2 del 20 de diciembre de 1949, le siguieron los 1,07”0 del 23 de febrero, y 1,06”8 del 17 de abril, ambos en 1950, y, ya en 1951, los 1,06”6 del 7 de enero, y los definitivos 1,06”5 del 5 de mayo. Como fue siempre un especialista del hectómetro braza-mariposa que no llegaba a “aguantar” los 200m., que era la distancia olímpica, no pudo nadar en su estilo en los Juegos Olímpicos de Helsinki-1952, aunque, ya con 36 años, asistió a ellos en calidad de titular del 4x200m., que se clasifica en 10o. lugar de las eliminatorias, sin poder estar en la final.
 
Pese al posible dramatismo de estas dos historias, quizás la gesta más épica que haya conseguido un nadador, sea la del cabo Nikichine, de la Marina Soviética. Como Meshkov, era un modesto nadador llamado a filas, y que formaba parte de la flota de submarinos que operaba en el Báltico. Un día (desconocemos la causa que lo provocó), el submarino se fue “a pique”, aunque tuvo la suerte de posarse en un alto-fondo que lo mantuvo a una profundidad en la que todavía podía pensarse en la salvación.
 
Con sus dotes de nadador, y gracias al SAS, Nikichine logró “escabullirse” del submarino. En plena noche, y guiándose por las estrellas, tuvo que nadar cerca de quince kilómetros, antes de llegar a la costa soviética, y, después, andar otros tantos, antes de encontrar un puesto militar soviético, desde el que, gracias a los datos aportados por el cabo, se consiguió salvar a toda la tripulación del submarino. 
 
Y aunque el protagonista de esta última gesta no fue ningún soldado, creemos que el hecho de haber tenido lugar en el escenario de una batalla, nos permite incluirla junto a las tres primeras. Fue también en la II “Locura”, y tiene como principal actor a una casi criatura. Nacido un 21 de octubre de 1927, el francés George Vallerey provenía de una familia de deportistas (su padre había sido nadador olímpico en París-1924, nadando los 200m.braza), que se trasladó a vivir a Casablanca en 1932.
 
En el puerto de la ciudad, muchos de sus ciudadanos podían ver al pequeño George que, con solo 6 años, y agarrado a una de las paredes, efectuaba largas sesiones de batido de pies, hasta que en 1936, con 9 años, entra a formar parte de su club de natación, y a los once años, salva una muchacha de morir ahogada en aguas del puerto. Practica también los saltos artísticos, y un turista sueco que lo contempla no puede reprimir un grito de entusiasmo, ¡muy bien Yoyo!, nombre por el que será conocido a partir de entonces.
 
El 8 de noviembre de 1942, cuando los ejércitos franceses se dividen entre partidarios del Mariscal Petain, y del Mariscal De Gaulle en su lucha contra los nazis. La flota leal a este último se presenta ante el puerto, pidiendo la rendición de la flota leal a Petain. En la subsiguiente batalla, el joven George, apenas 15 años, se distinguió al lanzarse una y otra vez al agua hasta salvar a un total de 10 marineros heridos, gesta que le vale la Cruz de Guerra, siendo, posiblemente, la persona más joven que la haya recibido.
 
A partir de 1943 inicia una carrera deportiva que va a llevarle, cuatro años después, al título europeo de los 100m. espalda, Montecarlo-1947, y al siguiente, Londres-1948, a la medalla de bronce olímpica. Desgraciadamente, su alegría no va a durarle mucho. Enfermo de cáncer dos años después, lucha contra la enfermedad con su acostumbrado optimismo y tesón, aunque terminará sucumbiendo un 4 de octubre de 1954, pocos días antes de su 27o. aniversario.
 
Guillem Alsina