Galina Nikolaevna Prozumenstsikova

Galina Nikolaevna Prozumenstsikova nació un 26 de noviembre de 1948 en la ciudad de Sebastopol (península de Crimea, en la actual Ucrania). Destacó rápidamente dentro de la natación soviética, un deporte que pese a los esfuerzos de los dirigentes deportivos de la antigua U.R.S.S., no conseguía los éxitos que las deportistas soviéticas conseguían en otros.
 
Desde que en 1951 la URSS se había adherido al movimiento olímpico, y a las organizaciones deportivas mundiales, el deporte se había convertido en una de las bases prioritarias de su sistema político. Apoyándose en su solido sistema educativo, que tenía en el deporte uno de sus pilares, el deporte soviético había conseguido que sus mujeres se destacaran rápidamente entre las mejores del mundo.
 
La natación, segundo deporte olímpico, se resistía, sin embargo, a conseguir su “lugar al sol”, con resultados discretos en los tres JJ.OO. disputados hasta entonces (Helsinki-1952, Melbourne-1956, y Roma-1960), saldados con dos finalistas individuales (Maria Gavrish, 6a. de 200m.braza en Helsinki-1952, y Zina Belovetskaia, también 6a. de 100m.mariposa en Roma-1960), y los dos relevos de 4x100m., octavos en Roma-1960, y aunque en el ámbito europeo estaban un poco mejor situadas (medalla de plata del cuarteto de 4x100m.estilos, y de bronce de Larisa Viktorova en los 100m.espalda de Budapest-1958, y varios lugares de finalistas), todo ello representaba una pobre aportación al gran “curriculum” deportivo que se había forjado el deporte ruso en aquel decenio de 1951 a 1961.
 
Aunque llegada un poco tardíamente a la natación, cuando a los 11 años su profesora de deportes la “desvió” hacia uno de aquellos centros de estudios especializados en natación, los progresos de Galina, después de su ingreso fueron muy rápidos. En 1962, todavía treceañera, y habiendo cumplido con los ejercicios requeridos, obtuvo el título de “maestría en deporte”, haciendo su aparición internacional, al ser seleccionada para participar en los Europeos que se disputan en Leipzig, donde forma parte del cuarteto de 4x100m.estilos que pasa a la final, consiguiendo el sexto lugar.
 
Termina el año colocada en el 17o.lugar del ranquing mundial del hectómetro (y primera soviética), con un tiempo de 1,21”7 nada malo para una “criatura” que acaba de cumplir los 14 años, aunque, todavía “corta” de entrenamiento, no se le permite nadar los 200m., una distancia que todavía le resulta “larga”.
 
Plenamente conscientes de la valía de la joven ucraniana, los técnicos soviéticos cuidan de ella minuciosamente, entrenándola con vista a los Juegos de 1964, sin querer quemar etapas, aunque el entrenamiento pronto empieza a dar sus frutos, cuando en mayo de 1963, en una competición con la selección australiana de gira por Europa, supera el récord soviético de los 200m.braza con un tiempo de 2,51”5, récord que vuelve a rebajar en la Semana Pre-Olímpica de Tokio, hasta 2,51”0.
 
El año olímpico de 1964 no puede empezar de la mejor manera. El 11 de abril, en la piscina de 55 yardas y agua de mar de Blackpool, la Unión Soviética y la Gran Bretaña se enfrentan en un encuentro “dual” propios de aquella época. Galina se impone en las 220 yardas braza con un tiempo de 2,47”7, rebajando en tres décimas de segundo el récord mundial de la alemana oriental Karin Beyer (2,48”0, 5 de agosto de 1961, en Budapest), récord que pulveriza al mes siguiente, 17 de mayo, en Berlín, con 2,45”4, en el curso de un encuentro, al más alto nivel, entre la D.D.R. y la U.R.S.S. La cosa, sin embargo, se tuerce pocas semanas después, cuando a principios de julio ha de ser intervenida quirúrgicamente del apéndice, lo que parece descartarla totalmente para poder participar en los Juegos que deben disputarse en octubre.
 
Galina, sin embargo, no está dispuesta a dejarse perder la gran ocasión de su vida. Elena Alekseenko, su entrenadora, la cuida y la mima, trabajándola sicológicamente para mantenerla en forma, pese a que en los Campeonatos Nacionales es derrotada en ambas pruebas por una nueva estrella emergente de la braza soviética, Svetlana Babanina, que supera incluso el récord mundial del hectómetro, 1,17”2, rebajando los anteriores 1,17”9 de la norteamericana Claudia Kolb (11 de julio de aquel mismo año en Los Ángeles), llevándose para la URSS la hegemonia de la braza mundial.
 
En Tokio, Galina nada con más cabeza que corazón su segunda eliminatoria, dejándose llevar por la alemana Barbel Grimmer, 2,48”6, por 2,49”0, cuarto mejor tiempo de las eliminatorias, aunque en la final su actuación será totalmente diferente. Dejando que Grimmer mande en el primer largo, Galina toma rápidamente el mando de las operaciones, para girar ya primera en el hectómetro, 1,19”8, por delante de la norteamericana Claudia Kolb, 1,21”0, y su compatriota Babanina y la británica Jill Slaterry, ambas con 1,21”3.
 
Después, se conforma manteniendo su ventaja, pensando más en la victoria que en el tiempo, consciente de que las semanas que ha perdido en el hospital después de su operación, no le resten fuerza en los últimos metros. Con 2,46”4, nuevo récord olímpico, “Prozo” ofrece su primera medalla de oro a la natación soviética (hasta aquel momento solo habian logrado dos de bronce en hombres, ambas en Melbourne-1956, en 200m. braza y 4x200m.crol, aunque en aquellos Juegos de Tokio, también consiguieron otras dos medallas de oro, la bracista Babanina, y el 4x100m.estilos). Con sus 15 años, 10 meses y 16 dias, la ucraniana se convierte en la campeona olímpica más joven de la historia, un título que no le será arrebatado hasta 8 años más tarde por la australiana Shane Gould, campeona a los 15 años, 9 meses y 5 días.
 
Aunque sin entrenarse específicamente para una competición en especial, 1965 le ofrece un nuevo récord mundial, cuando el 12 de septiembre, en la localidad holandesa de Groningen, p.50m., rebaja en una corta décima de segundo su récord de los 200m., dejándolo en 2,45”3, mientras se ve claramente superada en el hectómetro por su compatriota Babanina, que supera por segunda vez el récord mundial, 1,16”5 (por los 1,18”4 que tiene Galina como récord personal). 1966 le trae a una de sus peores rivales.
 


Galina junto a Svetlana Babanina en Tokio 1964

En Moscú, una joven que todavía no ha cumplido los 13 años, Irina Pozdnyakova muestra una progresión que parece poner en peligro la supremacía de Galina. Aunque el 23 de marzo de aquel año, esta última vuelve a superar de nuevo su récord mundial, dejándolo en 2,44”46, la joven revelación (de tipología extraordinaria para su edad, 179cm. de altura, y 69 Kgr.) responde pocos meses después, 16 de julio, con unos extraordinarios 2,43”0, arrebatándole el récord mundial (extrañamente, ninguna de estas dos últimas marcas serán homologadas como récord mundial, aunque si como récords europeos), aunque Galina, al día siguiente, no se queda atrás, mostrando un buen progreso en velocidad que la lleva a superar el récord mundial del hectómetro (los 1,16”5 de Babanina), dejándolo en 1,15”7.

 
Poco después, 22 de agosto, en Utrecht, donde se disputan los Europeos, ambas bracistas se enfrentan para dirimir la supremacía mundial. Después de una emocionante e igualada prueba, en la que Galina toma la cabeza desde los primeros metros, aunque seguida por su rival como su sombra, 1,18”2 por 1,18”9 en el hectómetro, la veteranía (aunque seguramente también la ganancia en velocidad) se impone a la juventud, y “Prozo” le “roba” el récord mundial a su joven rival con 2,40”8, récord que Podznyakova supera igualmente con sus 2,41”9. Completando su actuación, Galina consigue la medalla de plata del 4x100m. estilos.
 
Las rivales no van a faltar, sin embargo. En Estados Unidos ha aparecido una de las abundantes revelaciones de su política de “grupos de edad”. Cathleen Ball ya se había hecho con el récord mundial del hectómetro a finales del año anterior, jugándole una “inocentada” a Galina, cuando el 28 de diciembre le había rebajado en una décima sus 1,15”7. Después, ya en pleno 1967, se convertirá en la nueva figura de la braza mundial, arrebatándole este título a Galina, con récords mundiales en el hectómetro (igualando primero sus 1,15”6 el 7 de julio, para superarlo en dos ocasiones, 1,14”8 y 1,14”6 el 31 de julio y el 19 de agosto, mientras en los 200m. señala otros dos récords, 2,40”5 y 2,39”5, el 9 de julio, y el 20 de agosto).
 
La ucraniana, por su parte, sin competiciones importantes en su calendario, se conforma con acercarse a sus récords personales, 1,15”9 y 2,41”2, preparándose para defender su título olímpico, y optar al del hectómetro, prueba que se va a nadar por vez primera en Ciudad México.
 
Como cada año olímpico, los favoritos empiezan a mostrar sus cartas meses antes de la gran competición cuatrienal. El 3 de abril, en Tallin, Galina supera su récord europeo del hectómetro, señalando 1,15”4, a 8 décimas del mundial de Ball. Esta responde de forma contundente en los “trials” USA, superando nuevamente sus récords mundiales, dejándolos en 1,14”2, 25 de agosto, y 2,38”5, al día siguiente, declarando francamente sus apetencias a los dos títulos olímpicos.
 
La altura de la capital mexicana, sin embargo, va a jugar una mala pasada a la norteamericana que, víctima de una gastroenteritis, debe hospitalizarse, y aunque todavía será capaz de llevarse la medalla de oro de los relevos estilos, que se nadan el primer día, ya no se presentará en las mejores condiciones al hectómetro individual, en el que solo podrá ser quinta, y no nadará los 200m., incapaz de aguantarse de pie a causa de su dolencia. Galina, por su parte, saldrá un poco mejor parada, aunque sin llegar tampoco a conseguir lo que esperaba.
 
En el hectómetro, y después de un primer ataque de la alemana Uta Frommater, la soviética es primera en el viraje, para emplazar su clásico ataque hacia los 75m., intentando conseguir una corta ventaja que le asegure el título. No lo consigue, y aunque mantiene su primera posición, no puede impedir que en los últimos metros, esprintando fuertemente, la croata (yugoeslava en aquellos momentos) Djurdica Bjedov se le adelante por una solitaria décima de segundo, 1,15”8 por 1,15”9, quitándole el honor de ser la primera campeona olímpica de esta prueba.
 
Cuatro días después, Galina defiende su título de los 200m. Su táctica es la misma que ya empleara en Tokio. Dejando que la norteamericana Sharon Wichman mande en el primer largo, la soviética se coloca en cabeza, girando en 1,18”4 el hectómetro, por delante de Wichman, 1,18”6 y de Bjedov, 1,19”3. Siguiendo su guion, Galina mantiene su corta diferencia hasta poco después del último viraje, cuando empieza a hundirse, notando la altura a la que está nadando. Mientras la norteamericana mantiene su brazada larga, yéndose sin problemas hacia el título olímpico, 2,44”4, Galina continua sin poder reaccionar, viéndose sobrepasada en los últimos metros por la croata, 2,46”4 por 2,47”0, e incluso acosada por su compatriota Alla Grebennikova, salvando la medalla de oro por una sola décima de segundo.
 
Completamente extenuada, la soviética tiene que ser ayudada a salir del agua, y todavía media hora después, en la ceremonia de proclamación de campeonas, no parece estar del todo consciente de lo que ha ocurrido. En declaraciones posteriores, dirá que no se explica lo ocurrido, puesto que parecía estar totalmente adaptada a la altura, teniendo en cuenta que el equipo soviético había sido concentrado durante tres meses en las magníficas instalaciones de Alma-Ata, a una altura pareja a la de la capital mexicana, y, por ello, creía encontrarse en perfectas condiciones de defender su título.
 
Pero la vida continua, y Galina, a punto de cumplir los 20 años, todavía es joven para intentar nuevos objetivos. El primero de ellos, sin embargo, no es deportivo sino personal. 1969 es para ella un año sabático que aprovecha para casarse con Yuri Ivanovich Stepanov, dos años menor que ella, estudiante de Económicas. Consciente de que su carrera deportiva no le va a permitir según qué, y que 1969 es un año “libre” de grandes competiciones, antes de los Europeos de Barcelona, en 1970, y de los Juegos de Munich, en 1972, el nuevo matrimonio decide “matar dos pájaros de un tiro”, juntando lo útil a lo agradable. y así, a finales de 1969, nace el primer vástago, una niña, Irina Vladimirovna Stepanova.    
 
Pero tiene que afanarse. Queda poco tiempo para los Europeos de Barcelona, donde debe defender su título de los 200m., y optar al doblete, puesto que en la capital catalana se disputa, por vez primera, el hectómetro. Reinicia los entrenamientos con renovada ilusión, y aunque teme llegar a Barcelona todavía corta de entrenamiento, los cientos de quilómetros que lleva en su cuerpo surten efecto. Para retomar el ritmo de competición, nada mejor que participar en la Universiada de Turín, donde gana los 100 y 200m.braza, y desde donde se desplaza directamente hasta Barcelona, puesto que la competición universitaria termina cuatro días antes del inicio de los Europeos.
 
En las “Bernardo Picornell”, Galina demuestra toda su clase al adjudicarse dos claras victorias, con 1,15”6 en el hectómetro, a solo dos décimas de su récord europeo (aunque en las eliminatorias se le ha acercado a una sola décima, 1,15”5), y 2,40”7 en los 200m., rebajando su récord europeo en una décima de segundo, consiguiendo también la plata en los 4x100m.estilos, donde nada su parcial en unos magníficos 1,14”4. 
 
Aunque 1971, como lo había sido 1967, es un año preparatorio de Juegos, Galina se mantiene en un buen nivel competitivo. El 18 de marzo supera su último récord europeo al señalar 1,14”7 en el hectómetro, mientras en 200m. iguala su récord europeo, los 2,40”7 de Barcelona, y aunque uno de sus hombros empieza a darle algunos problemas que retardan su preparación, estos resultados le dan fundadas esperanzas de conseguir una buena actuación en Munich.
 
En Munich, se nadan primero los 200m. En la final, presumiendo excesivamente de sus fuerzas, se lanza al agua más con el corazón de una debutante, que con la cabeza de una veterana de dos Juegos, quizás pensando también en el récord mundial de Ball, los 2,38”5 de 1968). Cogiendo rápidamente el mando de la prueba, Galina se escapa espectacularmente, llegando al hectómetro con poco más de segundo y medio de ventaja sobre la norteamericana Dana Schoenfield, 1,17”90, por 1,19”63. Aunque reducida ligeramente, todavía tiene poco más de un segundo de ventaja en el último viraje (1,59”48, por 2,00”54 de otra norteamericana, Claudia Clevenger), pareciendo en disposición de renovar su título de 1964. El último largo, como cuatro años antes, va a serle fatal. Empieza a flaquear, permitiendo que sus rivales la vayan atrapando. Hacia los 180 metros la cogen Schoenfield y Clevenger pareciendo van a ser las vencedoras.
 
Aparece entonces, esprintando desesperadamente por el callejón 7, la australiana Beverley Whitfield, que pasa poco menos que como un ciclón, primero a Galina, y después, a Schoenfield, haciéndose con un totalmente inesperado título olímpico, 2,41”71, por 2,42”05 de Schoenfield, mientras la soviética, reaccionando ligeramente en los últimos metros, consigue salvar su medalla de bronce ante el ataque de Clevenger, 2,42”36, por 2,42”88.
 
Tres días después, se disputa la final del hectómetro. Galina, marcada todavía, seguramente, por su derrota de los 200m., se coloca tercera en el viraje, 35”51, por detrás de las dos norteamericanas, Cathy Carr, 35”00, y Judy Melick, 35”41. En el segundo largo, Carr se escapa irremisiblemente hacia la victoria, 1,13”58 (nuevo récord mundial, pulverizando los 1,14”2 de Cathie Ball en 1968), mientras “Prozo”, sin poder hacer nada para impedirlo, consigue imponerse en el segundo lugar, 1,14”99. Sus dos deseadas medallas de oro se han convertido en una plata y un bronce.
 
Con 24 años, y madre de familia, ha de empezar a pensar en otras obligaciones que no sean las de entrenarse. En 1973 participa en su última competición, aprovechando que se disputa en “casa”, subiendo al tercer escalón de los 100m.braza de la Universiada que se disputa en la capital soviética.
 
Después de graduarse en periodismo, colabora con el periódico “Izvestia” como cronista de deportes. Después, 1976-1980, se coloca en cargos administrativos, aprovechando la relativa tranquilidad del nuevo cargo para traer a este mundo su segundo vástago, esta vez un niño, Grigory Stepanov, que nace en 1979. Hasta final de los 80’s, colabora como entrenadora en el CSKA de Moscú, siendo nombrada poco después presidenta de la Federación Rusa de Natación Sincronizada, donde pone los cimientos del actual dominio que ejercen las rusas en este deporte.
 
Es poseedora de dos medallas de “Mérito al Trabajo”, otra de “Amistad entre los pueblos”, y una “Estrella Roja al Trabajo”. Hoy en día, Galina Nikolaevna Prozumenstsikova vive en Moscú, retirada, dedicada a su familia y a su “hobby” favorito, cocinar, mientras muestra, modestamente orgullosa, sus cinco medallas olímpicas, la de oro de 200m.en Tokio; y las cuatro de Ciudad México y Munich, dos de plata  y otras dos de bronce de 100 y 200m., respectivamente; sus tres títulos europeos, y sus cinco diplomas de recordista mundial (cuatro veces en los 200m., una en los 100m.), y nueve de europea (seis veces en 200m., tres en los 100m.).
 
Guillem Alsina