Tamas Darnyi y sus dos “Triples Coronas”

Nacido un 3 de junio de 1967, en la capital húngara, Budapest, Tamas aprendió a nadar a los 7 años, afiliándose rápidamente a un club de natación, donde, como es lógico, se entrena “a la húngara”, es decir, como nadador de fondo y estilista.
 
No sabemos, aunque sí podemos suponerlo, que influido por la “saga” de estilistas muy pronto se decide a continuar aquella cadena de los Zoltan Verraszto, Andras Hargitay, o Sandor Wladar, que habían sido el orgullo de la natación magyar. Sus primeros éxitos los cosecha a los 15 años, cuando en el “Eurojúnior” de Innsbruck-1982, se “calza” tres títulos, 200m. mariposa, 2,0/”34, y 200 y 400m.estilos, 2,09”18, y 4,36”22, pero donde demuestra que, como buen estilista también domina individualmente el resto de estilos, consiguiendo el 2o.lugar de los 200m.espalda, 2,07”09 (por detrás de quien será otro “ilustre” espaldista, el “ZarIgor Poliakov), y el 3r.lugar de los 100m.mariposa, 59”19 (prueba de la que el español Marc Verdaguer se proclamaba campeón), y 4o. en la final de 1.500m.crol, 16,08”51, demostrando los beneficios de sus entrenamientos.
 
Aquel mismo año sufre un accidente que le va a costar la pérdida de gran parte de la visión del ojo izquierdo; jugando con otros muchachos, una bola de nieve le impacta fuertemente en el ojo, lesionándole la retina; a pesar de practicársele varias operaciones para intentar salvarle el ojo, finalmente solo se consigue parcialmente.
 
Cogido por la inteligente y experta mano de Tamás Széchy, poco a poco va ascendiendo, y en 1984, coincidiendo con los Juegos de Los Ángeles, Tamas “explota” finalmente, apareciendo por vez primera en el ranking mundial de las dos pruebas de estilos: 21o.del 200m., 2,05”64, y 23o.del 400m., 4,27”45, aunque no llega todavía a los récords nacionales, cosa lógica cuando le han precedido nombres tan ilustres en el palmarés.
 
Su mayor desilusión, sin embargo, lo representa el boicot que los países “satélites” de la URSS le hacen a aquellos Juegos, puesto que ello le impide ponerse sus primeros “galones” olímpicos. Aquel boicot, sin embargo, en vez de hundirlo, parece darle alas, y rápidamente inicia un imparable progreso. En los Europeos de Sofía-1985 se proclama campeón de las dos pruebas de estilos, 2,03”23, 4,20”70, pero también es 4o.de los 200m.espalda, 2,02”99, subiendo de manera imparable en el ranking mundial, metido ya en lo que podríamos llamar el podio del ranking: 3o.de 200m.estilos; 2o.de 400m.estilos, además de 11o. de 200m.espalda, y 25o. de 200m.mariposa.
 
Los Mundiales de Madrid-1986 le permiten confrontarse a los mejores estilistas mundiales, con la vista puesta en los Juegos de Seúl, razón de ser de cualquier deportista que aspire a lo mejor. Tamas se enfrenta nada más y nada menos que al canadiense Alex Baumann, que aunque ya ha iniciado su declive, no por ello deja de inspirar respeto, al ser campeón olímpico, y también recordista mundial, tanto de los 200 como de los 400m.
 
En la prueba larga, el húngaro después de girar por detrás del ruso Vadim Iaroschuk en el tramo de mariposa, toma la delantera en el de espalda, dominando con autoridad, para terminar con unos 4,18”98 (a poco más de segundo y medio del récord mundial de Baumann, 4,17”41), por delante de Iaroschuk, 4,22”03, mientras el canadiense tiene que conformarse con el tercer lugar, 4,22”58. Cuatro días después, Tamas se proclama doble campeón mundial al imponerse en la prueba corta, 2,01”57, por delante de Baumann 2,02”34, en una prueba calcada de la de 400m., girando por detrás de Iaroschuk en el tramo de mariposa, para destacarse a partir del tramo de espalda, y resistir el último esfuerzo del canadiense, y del ruso, tercero en 2,02”61. Con su tiempo, el húngaro supera su primer récord de Europa, rebajando los anteriores 2,02”48 del italiano Giovanni “Long John” Franceschi, mientras en los 400m. se ha quedado a solo 69 centésimas del europeo del alemán-oriental Jens-Peter Berndt.
 
Todo ello le permite continuar entre los mejores del ranking mundial: 2o.del 200m.; 3o. del 400m., además de 7o.del 200m.espalda, permitiéndole encarar con optimismo la temporada pre-olímpica (que no es otra cosa, al fin y al cabo, que la base de la olímpica).  
 
Tamas sabe ahora que, con estos logros, puede aspirar al oro olímpico. Pero, para ello, tiene que afianzar su dominio, y convertirse en el mejor estilista del mundo, y los Europeos de Strasbourg-1987 le van a proporcionar la ocasión. El 19 de agosto da su primera lección al revalidar su título europeo de los 400m. con unos 4,15”42 que representan su primer récord mundial, rebajando los 4,16”12 que, solo cinco días antes, había establecido el norteamericano Dave Wharton, avanzándose claramente a su compatriota Jozsef Szabo, 4,18”30; al alemán-oriental Patrick Kuhl, 4,18”62, y a su gran rival, el ruso Vadim Iaroschuk (que vuelve a girar por delante del húngaro en el tramo de mariposa, aunque sin poder resistirle los tres restantes tramos).
 
Cuatro días llega la segunda lección, el 200m., en el que vuelve a imponerse, 2,00”56, señalando un nuevo récord mundial (desbancando los anteriores 2,01”42 de Baumann en la final olímpica de Los Ángeles-1984), aunque falla en su intento de convertirse en el primer hombre que nade la prueba en menos de dos minutos, una vez más por delante de Iaroschuk, 2,01”67.
 
Ahora si, Tamas ya es el primero del ranking mundial en “sus” dos pruebas de estilos, así como el 18o. de los 200m.espalda. Por todo ello, es nombrado “Nadador del Año 1987” por la revista “Swimming World”, en una votación que se efectúa entre los más prestigiosos periodistas de la natación mundial, así como gran número de entrenadores.
 
Y llega la hora de la verdad en Seúl-1988. Todo lo que ha hecho hasta aquel momento, no es otra cosa que unos “prolegómenos” de lo que va a suceder en la capital coreana, donde va a medirse con rivales que le esperan, como quien dice, “con el cuchillo entre los dientes”, deseosos de apearle, deportivamente, de su pedestal.
 
El 20 de septiembre se nadan los 400m., y ya en las eliminatorias matinales, el húngaro deja entrever lo difícil que se lo va a poner a sus rivales, cuando supera el récord olímpico (4,17”41 de Baumann en Los Ángeles-1984) con unos excelentes 4,16”55, a poco más de un segundo de su récord mundial de Estrasburgo.
 
En la final, y después que el norteamericano Wharton intente sorprenderle en el primer tramo, 58”17, por 59”04 del húngaro, tercero, un imperial Tamas toma rápidamente la cabeza de la prueba, para coger una suficiente ventaja en el tramo de espalda (2,01”76, por delante del alemán Kuhl, 2,03”73, y de Wharton, 2,04”27), dominándola claramente, luchando ya únicamente contra su récord mundial. Con 4,14”75, supera sus récords, mundial y olímpico, completando en esta prueba el palmarés de títulos que todo nadador (europeo) ambiciona: olímpico, mundial, y europeo. Wharton ha sido segundo, 4,17”36, a poco más de dos segundos y medio, mientras el italiano Stefano Battistelli, 4,18”01, da la sorpresa de la prueba al imponerse en los últimos metros al otro húngaro, Jozsef Szabo, 4,18”15, y a Kuhl, 4,18”44.
 
Cinco días después, se disputan los 200m., en los que la perfecta demostración de sus 400m. lo han convertido en el único favorito, aunque la victoria (demostrando que el espíritu deportivo no acepta nunca derrotas por anticipado), no va a resultarle fácil. Vadim Iaroschuk vuelve a probar suerte, encabezando la prueba en el primer viraje, 25”60, con Tamas en quinto lugar, 27”06; un cierto aire de sorpresa sobrevuela la piscina cuando el ruso se resiste valientemente a ceder su lugar, y continua mandando al terminar el tramo de espalda, 56”24, poco más de un segundo por delante de Tamas, 57”33; la braza (cosa rara en un ruso), sin embargo, va a serle fatal, puesto que incluso conservando un poco de su ya menguada ventaja (1,32”20, con Kuhl a solo 17 centésimas, y el húngaro tercero a 24), pierde allí todas sus posibilidades.
 
Concentrando todas sus fuerzas en el crol, Darnyi sobrepasa primero a Kuhl inmediatamente después del último viraje, y poco después a un hundido Iaroschuk, alcanzando el muro claramente destacado con unos 2,00”17 que representan un nuevo récord mundial y olímpico, dando un paso más hacia el “menos de dos minutos” que ya está, como quien dice, “a la vuelta de la esquina”, con Kuhl segundo, 2,01”61, y Iaroschuk tercero en 2,02”40.
 
Si ya había alcanzado el cenit cinco días antes al vencer en los 400m., Tamas Darnyi se convierte ahora en el verdadero rey de los estilistas, pues no en vano es el único que ha logrado la “triple corona” (victorias y récords incluidos) en ambas pruebas (el sueco Gunnar Larsson también había conseguido una “triple corona”, Europeos en 1970, JJ.OO. en 1972, Mundiales en 1973, pero únicamente en los 200m., mientras al ruso Alex Sidorenko le habían “robado” la ocasión de luchar por ella al no programarse la prueba corta en los Juegos de Moscú-1980, después de haber conseguido los títulos europeos, 1981, y Mundial, 1982).
 
Aunque lo tiene ya todo, y con solo 21 años, Tamas se encuentra todavía en el cenit de su carrera, y se siente con fuerzas para continuar haciendo historia en su deporte. 1989, como cualquier otro año post-olímpico, va a ser un año de transición, aunque ello no signifique, ni mucho menos, que se lo va a tomar a la ligera. Apartando un poco el entreno específico de las pruebas de estilos, dedica un poco más de tiempo a sus otras dos pruebas preferidas, los 200m.espalda y 200m.mariposa.
 
Esta actitud le reporta una alegría y una (cierta) decepción. La alegría: en los Europeos de Bonn-1989, y sin dejarse arrebatar los títulos de 200 y 400m.estilos (que gana con 2,01”03, y 4,15”25, no muy lejos de sus récords del mundo) tiene la satisfacción de imponerse también en los 200m. mariposa con unos excelentes 1,58”87 (que será el 4o.mejor tiempo mundial de aquel año), demostrando que no es únicamente un nadador de estilos.
 
La (cierta) decepción: la noticia de que, el 20 de agosto, en Tokio, uno de sus grandes rivales, Dave Wharton, le ha arrebatado el récord mundial de los 200m.estilos, llevándolo a 2,00”11 (a un paso de “la barrera”), aunque se consuela rápidamente, pensando que todavía puede ser él el primero en superar los dos minutos.
 
1990 es para Tamas un año de obligada transición, y decimos obligada porqué una lesión en el hombro le obliga a prevenir mayores males, y aunque se entrena, un poco menos que en anteriores años, todo hay que decirlo, deja prácticamente de lado la competición (una competición, por otro lado, de la que no es muy partidario, limitándose a participar en las más importantes, y en otras pocas), por lo que no aparece en ninguna de las pruebas del ranking mundial, aunque, repetimos, ello no signifique que no se prepare, como solo Szechy sabe hacerlo, para revalidar sus dos títulos mundiales y efectivamente, Tamas, como en él es costumbre, no falla.
 
El 8 de enero el húngaro se enfrenta, en los 400m., a su rival más peligroso, el norteamericano Eric Namesnik, que en su tierra ha declarado, “si consigo resistir el tramo de espalda de Darnyi, y tengo suficientes reservas para atacarle en el de crol, seré campeón”. Sin embargo, parece más fácil decirlo que hacerlo.
 
El norteamericano toma la cabeza de la prueba desde los primeros metros, aunque sin poder despegarse del húngaro, 59”09, por 59”10; como era previsible, Darnyi se escapa en el tramo de espalda, 2,02”57, por 2,03”30 de Namesnik, que parece haber conseguido, en parte, su objetivo, aunque este esfuerzo en el tramo de espalda va a reflejarse en los dos siguientes, cuando Darnyi aumenta ligeramente su ventaja en el tramo de braza, 3,14”72, por 3,15”93, poniéndoselo muy difícil a su rival; contra lo que había declarado a la prensa de su país, Namesnik se ve ampliamente superado en el tramo de crol, 59”28, por unos magníficos 57”64 del húngaro, destrozándole totalmente la “tàctica” que llevaba asumida antes de la prueba.
 
Con 4,12”36, Darnyi supera largamente su anterior récord mundial, los 4,14”75 de Seul, dejando atrás a Namesnik, 4,15”21 (aunque con récord USA), mientras el italiano Stefano Battistelli vuelve a imponerse nuevamente al otro húngaro, Jozsef Szabo (recordemos que ya lo había hecho en los Juegos de Seúl). Sin embargo, el húngaro se guarda su último y gran cartucho para la última jornada en la que se nadan los 200m., nuevamente frente a frente con Namesnik. Aunque, como ya es costumbre, solo es tercero en el primer viraje, 26”84 (con el sueco Jan Bidrman primero, 26”61, y el alemán Peter Bermel, segundo en 26”76), el cuarto lugar de Namesnik, 26”95, parece indicar que este va a preocuparse únicamente de salvaguardar el segundo lugar, consciente de la superioridad del húngaro.
 
Efectivamente, Tamas aumenta ligeramente su ventaja al filo de los siguientes tramos, 56”80 por 57”30 en el de espalda; 1,31”65, por 1,32”44 en el de braza, para volver a “destrozar” al norteamericano en el de crol, 27”71, por 29”43, para terminar señalando los 1,59”36 que quedaran para la historia de la natación mundial como la primera vez que se nadó esta prueba en menos de dos minutos. Namesnik es segundo, a más de dos segundos de diferencia, 2,01”87. y aunque se pueda considerar prácticamente como un detalle anecdótico (si tenemos en cuenta la magnitud de lo realizado por el húngaro en los estilos), consignemos que el húngaro ha sido, entre las dos pruebas de estilos, medalla de bronce de los 200m.mariposa, con unos excelentes 1,58”25 (su entrenador, Szechy, llegó a decir en una ocasión que su alumno podía llegar a nadar las finales de todos los 200m. de cualquier competición, lo que, si parece un poco arriesgado, sobre todo en las de crol y braza, la verdad es que dicho entrenador acertó todo lo que llegó a afirmar de Darnyi). Su extraordinaria actuación en Perth le significa al húngaro su segunda plenamente merecida nominación como “Mejor Nadador Mundial del Año”, en la anual votación organizada por el “Swimming World”.
 


Final de los 400 estilos en Seúl 1988

El tiempo (relativamente) perdido por su lesión en el hombro, y la exitosa participación en los Mundiales de Perth, hace que entrenador y alumno reconsideren su participación en los Europeos de Atenas-1991, ocho meses después de los Mundiales. Ya a la vista se perfilan los Juegos de 1992, donde, con sus 6 títulos europeos de estilos, y sus ya cuatro mundiales, Darnyi puede intentar conseguir una segunda “triple corona”, rizando el rizo de cualquier otra actuación deportiva. Barcelona puede ser, pues, la consagración de este húngaro como uno de los mejores nadadores de todos los tiempos, si no el mejor (puesto que para sentenciar quien puede serlo, hay mucho a discutir).

 
Darnyi llega a Barcelona-1992 en la plenitud de su majestuosa madurez. Con 25 años, una magnífica experiencia, y consciente que, desde su primer título europeo en Sofia-1985, hace ya siete años, ningún estilista de ningún país puede vanagloriarse de haberlo vencido en una prueba de su especialidad. Todo ello, desde el punto de vista psicológico, representa un gran porcentaje para la revalida de sus dos títulos, aunque todo esto, ya se sabe, puede no representar mucho ante la presión que tienen los favoritos de unos Juegos, acosados por los “buitres” que pretenden bajarles de su trono.   
 
El 27 de julio se disputa la prueba larga, donde tiene enfrente a sus grandes rivales, los norteamericanos Dave Wharton y Eric Namesnik, y al italiano Lucca Sacchi, que le ha sucedido en el título europeo, pero también a su compatriota Attila Czene, que, como buen deportista, no está nada dispuesto a facilitarle el triunfo, por muy compatriota que sea.
 
Como cuatro años antes en Seúl, la prueba es lanzada por Wharton, aunque ahora con unos increíbles 57”62 en el primer tramo, donde Darnyi es cuarto en 59”82. El previsible bajón de Wharton en el tramo de espalda es cubierto por su compatriota Namesnik, que es primero al terminar el tramo de espalda, 2,04”06, aunque con el húngaro ya a sus pies, a solo 9 centésimas. Un igualado tramo de braza, aunque con ligera ventaja de Darnyi, le permite coger la cabeza de la prueba aunque sin distanciarse del norteamericano, 3,16”63, por 3,16”85.
 
El crol, pues, será el que decida, aunque tampoco será aquí donde Namesnik pueda cumplir lo que había asegurado el año anterior, y Darnyi, respirando en gran parte del recorrido sobre el pasaje de cada brazo (es el único nadador de alta competición a quien hemos visto practicar esta antigua modalidad), vuela literalmente hacia su tercer título olímpico, señalando unos excelentes 57”60, para terminar en 4,14”23, nuevo récord olímpico, por delante de Namesnik, 4,15”57, y de Sacchi, bronce en 4,16”34.
 
Tres días después, el húngaro disputa la final de los 200m. La prueba es lanzada por otro norteamericano, Ron Karnaugh (cuyo padre acaba de morir de un ataque al corazón en un hospital de la misma Barcelona, a donde se había desplazado para ver nadar a su hijo), con 26”84, mientras se sitúa en su habitual quinto lugar, 27”10.
 
Cuando parecía que empezaría a destacarse en su tramo de espalda, es su compatriota Czene quien lo hace, llegando primero al segundo viraje, 57”55, mientras Darnyi es solo cuarto en 57”96. De manera sorprendente, el recordista mundial continua sin reaccionar en el tramo de braza, donde Czene continua mandando, 1,32”75, y Darnyi continua en un inesperado cuarto lugar, 1,33”23. Como en los 400m., será el tramo de crol el que decida la prueba. Tirando desesperadamente de sus brazos, Darnyi alcanza primero a Karnaugh, y veinte metros antes del muro de llegada, alcanza al segundo norteamericano, Greg Burgess, y a su compatriota.
 
Con unas últimas brazadas llenas de potencia y decisión, Darnyi consigue, seguramente, la mejor y más trabajada victoria de su vida deportiva, alcanzando su cuarto título olímpico con unos 2,00”76 que no llegan a su récord olímpico (los 2,00”17 de Seúl-1988), por delante de Burgess, 2,01”97, y Czene, 2,01”00. Un desconocido finlandés, Jani Sievinen, es cuarto, 2,01”28, pero su estrella subirá rápidamente…..
 
Darnyi ha quedado “tocado”. Las dificultades que ha tenido para conseguir sus dos victorias barcelonesas representan para él un aviso de que “aquello” se está acabando, y que hay que ir pensando en dejarlo, mucho más cuando parece que en su propia casa hay un posible sucesor en la persona de este Attila Czene que tan difícil se lo ha puesto en los 200m. Sin embargo, la natación húngara parece pedirle que se quede todavía un poco más, para dejar que Czene, o cualquier otro, vayan “madurando”, hasta alcanzar su nivel.
 
Resignadamente, Darnyi acepta participar en los Europeos de 1993, que se disputan en la británica Sheffield. Con mucho menos entreno del que se precisa para una cita como aquella (incluso llamándose Tamas Darnyi), el húngaro se enfrenta al finlandés Jani Sievinen, que en los meses siguientes a los Juegos se ha colocado entre los mejores estilistas mundiales, amenazando su hegemonía. La lucha es encarnizada, y el húngaro padece de verdad para conseguir llegar al final de su carrera sin haber sido batido.
 
Manteniendo la corta ventaja que ha podido conseguir en el tramo de espalda, Darnyi se avanza al finlandés, 4,15”24, por 4,15”51, un tiempo que no está tan mal, ya que incluso es récord de los Campeonatos, pero que no convence absolutamente nada al cuádruple campeón olímpico, que, haciendo suyo el dicho militar “una retirada a tiempo es una victoria”, decide ceder el paso a Jani Sievinen (que en los 200m. vencerá, siendo el segundo hombre por debajo de los dos minutos, 1,59”50, a solo 14 centésimas del récord de Darnyi) y no presentarse a disputar los 200m.
 
Quizás alguien pueda tacharle de “cobarde” (deportivo), o quizás sobraba en su palmarés este octavo y último título europeo,  pero para el más bien tímido y reservado Darnyi, se trata sencillamente de esto, de una retirada a tiempo, que salvaguardan siete años de imbatibilidad, y lo colocan en el pedestal más alto de la historia de la natación mundial, donde a partir de ahora, decir “estilos” será como decir “Darnyi”.
 
Los récords de Darnyi no duraron mucho. En los Mundiales de Roma-1994, Sievinen pulverizó el de los 200m., con 1,58”16, mientras el norteamericano Tom Dolan superaba por unas escasas centésimas, 4,12”30, por 4,12”36, el de los 400m. Únicamente subsistieron estos 4,12”36 como récord europeo, a la espera de que, poco más de 12 años después, 27 de julio del 2003, en los Mundiales de Barcelona, su compatriota Laszlo Cseh continuara este verdadero “idilio” que hay entre la natación húngara y las pruebas de “estilos”.
 
NdR. Esta famosa doble “doble corona” de la que hemos hablado también estuvo a punto de conseguirla el alemán Roland Matthes en el estilo de espalda, ya que fue doble campeón olímpico en Ciudad México-1968, y Munich-1972; doble campeón europeo en Barcelona-1970, y Viena-1974, y doble campeón mundial en Belgrado-1973, pero que en los Mundiales de Cali-1975 solo consiguió el título del hectómetro, siendo vencido en los 200m.
 
 
Guillem Alsina