¿Será en Omaha?, ¿Será en Pekín?, ¿o quizás en Roma 2009?


Federica Pellegrini, actual recordista del mundo

De aquellos topes cronométricos que acostumbramos a llamar “barreras”, el que en estos momentos parece más asequible y más próximo a caer es el de los cuatro minutos en los 400m.crol femeninos. Han pasado prácticamente 90 años desde que se homologó el primer récord femenino de 400m., y casi dos minutos y medio lo separan del que recientemente estableció en Eindhoven la italiana Federica Pellegrini. Ofrecemos hoy a nuestros lectores, el lento desgranar de estos dos minutos y medio.

 
No le fue nada fácil a las organizaciones deportivas mundiales, FINA y CIO, reconocer la distancia de 400m. como la más adecuada al medio-fondo en categoría femenina. Si en los Juegos de Estocolmo-1912, se registró la entrada oficial de la natación femenina en los Juegos Olímpicos, lo fue con dos únicas pruebas, que no pasaron, ambas de los 100m., 100m.libres, y 4x100m.libres.
 
Cuando ocho años más tarde, Amberes-1920, se trató de ampliar el programa femenino de natación, con una prueba de medio-fondo, no se escogieron los 400m., como en categoría masculina, sino que se les rebajó a 300m., suponemos que ante la duda de si el “sexo débil” iba a poder resistir tantos metros. Curiosamente, la FINA, sin embargo, si contemplaba los 400m. en su “Libro de Oro” en el que se inscribían los récords mundiales.    
 
El primer récord femenino de 400m.crol se registró el 16 de agosto de 1919, cuando la norteamericana Ethel Bleibtrey (que al año siguiente se proclamaría campeona olímpica de los 100, 300 y 4x100m.), nadó unas 400 yardas (402’326m.) en un tiempo de 6,30”2 en una piscina de 110y. (100’58m.) de Nueva York. Casi dos años después, 29 de julio de 1921, la británica Hilda James lo rebajaba a 6,16”6, también sobre 440y., aprovechando una piscina de 25y. en Leeds.
 
El 4 de agosto de 1922, el récord cruzaba nuevamente el Atlántico gracias a la norteamericana Gertrude Ederle, que, en una piscina de 100y. de Indianápolis, nadaba los 400m. en 5,53”2, haciéndole doblar el cabo de los seis minutos. Cinco años le duró el récord a Ederle, que en el entreacto, Juegos Olímpicos de París-1924, fue incapaz de conseguir los títulos olímpicos de 100 y 400m. (distancias en las cuales ostentaba el récord mundial), teniendo que conformarse con dos terceros lugares, y una sola victoria en el 4x100m.crol.
 
El 23 de enero de 1927, en Coral Gables, p.55y., la norteamericana, aunque nacida en Suecia, Marta Norelius, sucedía a su compatriota en el récord de esta prueba, al nadar unas 440y. en 5,51”4, tiempo que al año siguiente, 30 de junio de 1928, llevaba hasta 5,49”6 en una p.50m. en Nueva York. Pocas semanas después, el 6 de agosto, Norelius se hacía con el título olímpico en Amsterdam, nadando en un nuevo récord mundial, 5,42”8, tiempo que pocos días después, 27 de agosto, en Viena, p.33’33m., en el curso de la tradicional gira post-olímpica del equipo USA, dejaba definitivamente en 5,39”2.
 
El récord no se moverá hasta poco más de dos años después, 3 de febrero de 1931, cuando la genial Helen Madison le de un “empujón”, dejándolo en 5,31”0, nadando sobre 440 en Seattle, p.25y. Como Norelius, Madison se llevará el título olímpico de la prueba, 13 de agosto de 1932, nadando en Los Ángeles en un nuevo récord mundial, 5,28”5.
 
El récord de la norteamericana vuelve a cruzar el Atlántico, recalando en la pequeña Holanda, que ha hecho de la natación poco menos que su deporte nacional, cuando Willy den Ouden le da un buen “pellizco”, llevándolo a 5,16”0 el 12 de julio de 1934, en Rotterdam, p.25m., desmintiendo que Willy fuera únicamente una gran velocista. Aparece después la primera gran “cuatrocentista” de la natación mundial, llegada de otro pequeño país, que también ha hecho de la natación el deporte que lo ha dado a conocer internacionalmente.
 
La danesa Ragnhild Hveger, que el año anterior había sido sub-campeona olímpica de esta prueba, inaugura el 10 de febrero de 1937, en Copenhague, una serie de 8 récords mundiales que llevaran el récord de esta distancia de los 5,14”2, primer récord, hasta los 5,00”1, que será el último, 15 de septiembre del 1940, todos ellos conseguidos en piscinas de 25m. En medio, quedaran los sucesivos 5,14”0 en Gante, 3 de octubre del 1937; 5,12”4 en Magdeburgo, 14 de noviembre del mismo 1937; 5,11”0, en Copenhague, pocos días después, el 12 de diciembre; 5,08”2, también en Copenhague y como “regalo de Reyes”, 6 de enero de 1938, y 5,06”1, siempre en la capital danesa, el 1 de agosto de 1938.
 
Hay un breve lapsus en esta serie de récords, y no es hasta el 8 de septiembre de 1940, pocos días después de estallar la “II Gran Locura Mundial”, que vuelve a superarlo de nuevo, ahora con 5,05”4, en la sueca Svenborg, mientras una semana después, 15 de septiembre, lo deja en los definitivos 5,00”1, un récord que se convertirá en mítico, quizás gracias al convulso periodo, y sus posteriores secuelas, que se apoderan del mundo a lo largo de aquellos cinco años. Por culpa de ellos, Hveger no conseguirá el título olímpico que sin ninguna duda se merecía como mejor especialista de la distancia.
 
25 de agosto de 1956 es otra de las fechas clave de la historia del 400m. En el curso de la concentración para la preparación olímpica del equipo australiano, que tiene lugar en Townsville, p.55y., una de sus más famosas nadadoras, Lorraine Crapp, nada unas 440y. en 4,52”4, siendo cronometrada a su paso por los 400m. en 4,50”8, tiempo que le es homologado como nuevo récord mundial.
 
Ha caído una de las “barreras” más emblemáticas de aquella época, que se había resistido a las mejores mediofondistas mundiales desde aquel 15 de septiembre de 1940. Pocas semanas después, 20 de octubre de3 1956, en Sydney, p.55y., Crapp rebajará de nuevo su récord mundial, en el curso de otras 440y. en 4,48”6, siendo cronometrada en 4,47”2 a su paso por los 400m. Despues, con más suerte que la danesa, podrá recoger lo que se le negó a aquella, el título olímpico, consiguiendo el sueño de cualquier deportista, el récord mundial, y el título olímpico.
 
Aquella “revolución australiana”, sin embargo, no le permite a Crapp gozar demasiado tiempo de su récord ( ¿no están hechos los récords para ser batidos? ). El 9 de enero de 1960 cae su récord, a manos de su compatriota Ilse Konrads, la nueva sensación “aussie” del medio fondo y fondo mundial. Aunque tampoco ella gozará  en exceso de su récord, al perderlo pocos meses después, 1 de agosto de aquel año olímpico, cuando en los “trials” USA de Detroit, la norteamericana Chris von Saltza, lo lleva hasta 4,44”5, y pocas semanas después se impone en Roma, ganando el título olímpico, sin que Ilse Konrads, totalmente fuera de forma, pueda impedirlo,  ni volver a recobrar su récord. Los años olímpicos son propicios a superar récords mundiales, y 1964 no lo desmiente. Una nueva maravilla USA del mediofondo hace su aparición, y Marylin Ramenofsky se convierte en la primera nadadora que nadará el 400 en menos de 4,40”.
 
Primero lleva el récord a 4,42”0 (11 de julio en Los Altos), después a 4,41”7, el 1 de agosto, en la misma piscina, y, finalmente, a 4,39”5, el 31 de agosto, en Nueva York, cuando gana los “trials” olímpicos. Pese a su récord, Ramenofsky será una más de las que no conseguirá el título olímpico, al ser vencida en Tokio por su compatriota Ginnie Duenkel con una marca muy alejada de su récord, 4,43”3 por 4,44”6.
 
Tras ella vendrán otros dos productos de la inagotable, aunque también insaciable devoradora, cantera USA de los “age-groups” (grupos de edad). Primero será Martha Randall, que por dos veces rebajará el récord, la primera en 4,39”2, el 14 de agosto de 1965, en Maumee; doce días después, 26 de agosto, la segunda en el curso de una gira que lleva al equipo USA hasta la fácil piscina de Mónaco, de agua de mar, donde deja el récord en 4,38”0.
 
Dos años después será Pamela “Pam” Kruse, en otras dos ocasiones, la que rebaje el récord, primero hasta 4,36”8 (Fort Lauderdale, 30 de junio de 1967), una semana más tarde, 7 de julio en Santa Clara, hasta 4,36”4. Ninguna de las dos va a ser, sin embargo, campeona olímpica. Si en los años 30’s había sido la danesa Hveger, ahora va a ser la norteamericana Deborah “Debbie” Meyer, la que le haga dar al récord otro gran salto.
 
Solo veinte días le va a durar el récord a Kruse, antes de que Meyer se lo quite, nadando el 27 de julio en 4,32”6 cuando se hace con su primer gran título, el Panamericano de Winnipeg; completamente “lanzada”, solo tarda veintidós días en volver a batirlo, siendo la primera que los nada en menos de 4,30”, cuando en Filadelfia señala un tiempo de 4,29”0. y como 1968 es año olímpico, Meyer se aplica al entreno para no perder el titulo olímpico, aunque antes hace gala de su total dominio en la distancia, superando en dos ocasiones su récord, primero con 4,26”7 el 1 de agosto en Lincoln, y poco después, el 25 de agosto, en los “trials” olímpicos de Los Angeles, le da una nueva sacudida con 4,24”5.
 
Aun sin superar su récord, seguramente por la altura de Ciudad México, Meyer domina los 200, 400 y 800 olímpicos, calzándose los tres títulos y convirtiéndose en la gran figura de aquellos Juegos. Después, la relajación, el pensar que “ya hay bastante”, el ver muy lejos la “próxima ocasión”, y aunque lo intenta de nuevo dos años después con cierto éxito al conseguir su quinto récord, 4,24”3 (20 de agosto de 1970 en Los Ángeles) no consigue sobreponerse a lo que representa volver de nuevo a las monótonas y duras sesiones de entrenamiento, y abandona definitivamente. 6 dias antes de su último récord había cumplido los 18 años.
 
La rueda, sin embargo, gira sin parar. En Australia empieza a aparecer una nueva generación de medio-fondistas y fondistas, adeptas a un nuevo (aunque viejo) estilo, el batido-2, que pretende dar la batalla a las nuevas generaciones USA. Primero es Karen Moras la que lo consigue, arrebatándole el récord a Meyer, apenas un año después de su retirada, el 30 de abril de 1971, cuando en Londres nada la distancia en 4,22”6, aunque rápidamente es desplazada por una jovencísima figura, su compatriota Shane Gould, que va a convertirse en la segunda nadadora que tendrá en su poder, al mismo tiempo, los récords mundiales de todas las distancias de crol, 100, 200, 400, 800, y 1.500m.
 
El 9 de julio de 1971, en el clásico festival de Santa Clara, le toca el turno a los 400m., desposeyendo a su compatriota con unos 4,21”2. Después, la reclusión para preparar los Juegos de Munich, en los que la australiana pretende un reto hasta aquel momento ni siquiera intentado (aunque Debbie Meyer ya lo había conseguido en parte), es decir, intentar ganar los títulos olímpicos de las cuatro pruebas de crol, 100, 200, 400 y 800m.
 
Aunque no lo conseguirá totalmente, Shane será la primera que consiga estar en los cuatro podios, aunque no sea en los escalones más altos. Será tercera en los 100m., y segunda en los 800m., pero se impondrá en las dos distancias intermedias, 200 y 400m., con récord mundial incluido en esta última, siendo la primera que los nada en menos de 4,20”, al señalar un tiempo de 4,19”04. Como Meyer, Gould se tomó los meses siguientes a sus triunfos olímpicos con una cierta relajación, y cuando quiso volver se dio cuenta de que quizás “no valía la pena”, retirándose poco después, en 1973, con poco más de 16 años. Todo un récord de “retirada precoz”.
 
Una nueva generación de medio-fondistas USA se hace, aunque por poco tiempo, con el dominio en esta distancia. El 22 de agosto de 1973, en Louisville, Keena Rothammer (una de las que no había hecho posible el sueño olímpico de Gould, venciéndola en el 800m.), supera el récord de la australiana, dejándolo en 4,18”07. Un año después, 28 de junio de 1974, en Santa Clara, Heather Greenwood lo rebaja a 4,17”33, antes de que aparezca otra de las grandes figuras de la natación USA, Shirley Babashoff, una de las grandes derrotadas de Munich (dos medallas de plata en 100 y 200m., y un cuarto lugar en 400m.crol, cuando ella aspiraba a tres medallas de oro).
 
El 22 de agosto de 1974, en Concord, se hace con su primer récord de 400m., quitándole un segundo y medio, 4,15”77; al año siguiente, 20 de junio de 1975, en Long Beach, un segundo, 4,14”76.
 
Cuando Babashoff se las prometía tan felices, aspirando a conseguir lo que Gould no había logrado, los cuatro títulos olímpicos, aconteció la eclosión del mayor “bluff” de la natación mundial, la aparición de las temibles “walkirias”, las representantes de la DDR, la República Democrática Alemana, que si ya habían ofrecido algo de su calidad en los Juegos de Munich, habían ido desarrollando su potencialidad en los cuatro siguientes años, y en los Juegos de Montreal-1976, se hacían con el dominio de la  natación mundial.
 
Poco antes de los Juegos, el 3 de junio de 1976, en Berlín, una de las grandes figuras de la DDR, Barbara Krause, supera el récord de Babashoff, rebajándolo en más de tres segundos, 4,11”69. En Montreal, y mientras Krause se queda en casa con unas fiebres que le impiden participar en los Juegos, Babashoff tampoco hará realidad su sueño al ser derrotada en los 400m. por una nueva estrella del medio-fondo de la DDR, Petra Thumer, que el 20 de julio se hace con título y récord, al señalar un tiempo de 4,09”89, y ser la primera mujer que nada la prueba en menos de 4,10”. Todavía al año siguiente, el 18 de agosto de 1977, en los Europeos de Jongköping, Thumer rebajará un poco más su récord, dejándolo en 4,08”91, antes de desaparecer prematuramente, como tantas otras figuras de la DDR.
 
Kimberly “Kim” Linehan rompió el dominio de la DDR en esta prueba, cuando el 2 de agosto de 1978, en Houston, rebajaba en poco más de un segundo el récord de Thumer, dejándolo en 4,07”66, antes de que la australiana Tracy Wickham, otra representante del 2-tiempos australiano, se haga con el titulo mundial en Berlín-1978, dejando establecido unos 4,06”28, que ya dejan adivinar el “menos de cuatro minutos”, aunque todavía está tan lejos, que el récord de la australiana permanece en el Libro de Oro de la FINA hasta poco más de nueve años después.
 
El 20 de diciembre de 1987, en Orlando, la norteamericana Janet Evans, la “Pulga de Placentia”, perfectamente reconocible por su 2-tiempos, y su típico y característico movimiento de cabeza, lo rebaja hasta 4,05”45, y poco después, en una de sus tres magníficas actuaciones de los Juegos de Seúl-1988, el 22 de septiembre, le da otro importante “pellizco” cuando gana el título olímpico y supera su récord en un segundo y medio, 4,03”85, acercándolo todavía más a la tan deseada barrera de los cuatro minutos.
 
Como una nueva Hveger, el récord de Evans resistirá, nada menos que durante poco menos de 18 años, los embates de las mejores medio-fondistas mundiales, sin que ninguna de ellas consiguiera ni siquiera acercarse a aquellos 4,03”85 que parecían haber determinado poco menos que el “Finis Terrae”, el verdadero límite de las posibilidades femeninas en aquella prueba.
 
No fue hasta un 12 de mayo del 2006, en Tours, que una francesa, Laure Manaudou, asombraba el mundillo de la natación, al confirmarse como capaz de reanudar el camino hacia el “menos de cuatro minutos”, al superar el récord de Evans, dejándolo en 4,03”03. Haciéndose un nombre dentro de la natación (aunque no siempre por sus hazañas deportivas) Manaudou demuestra que es capaz de acercarse un poco más a aquella “barrera”, cuando el 6 de agosto del 2006, en los Europeos de Budapest, se le acerca hasta 4,02”13, tocándola, como quien dice, “con la punta de los dedos”.
 
Recientemente, en los Europeos de Eindhoven, la italiana Federica Pellegrini ha puesto uno de los últimos peldaños para llegar a estos míticos “menos de cuatro minutos” al señalar 4,01”53. La ventaja que puede hacerlo posible es que, actualmente, no hay una sola candidata a conseguirlo, Manaudou, Pellegrini, Hoff, Balmy, McKenzie, etc., y cualquiera de estas, o, mejor dicho, de la rivalidad deportiva entre todas ellas pueden hacer posible que dentro de muy poco tiempo, días (quizás en los “trials” USA), semanas (quizás en los Juegos de Beijing), o quizás no tan temprano, veamos aparecer en un marcador electrónico las mágicas cifras
 
3.5..:..
 
 
Guillem Alsina