John e Ilse Konrads


Don Talbot habla con Ilse Konrads, Alan Kable y John Konrads en la pisicna de Backstown en 1957
 

John e Ilse Konrads han formado una de las parejas de hermanos más famosas de la natación mundial, tanto por sus récords mundiales, como por lo que estos señalaron en el progreso de la natación mundial. Nacidos en Riga, la capital de Letonia (John en mayo de 1942, Ilse en marzo de 1944), de origen alemán, sus padres, juntamente con la hija mayor, Eva, huyeron de Riga pocos días después del nacimiento de Ilse, ante el avance de las tropas rusas ya al final de la II “Gran Locura Mundial”, estableciéndose en un campo de refugiados en Alemania.

 
En 1949 intentaron emigrar a los Estados Unidos, lo que les fue negado al ser un número excesivo de familia, seis (contando con la abuela), aunque finalmente aquel mismo año consiguieron ser trasladados a un campo de refugiados en Nueva Gales del Sur, Australia, estableciéndose finalmente en Sydney, donde sus padres ejercieron su profesión de dentistas. A los nueve años, John tuvo un principio de “polio” que lo tuvo hospitalizado durante casi dos meses, siéndole recetada la natación como terapéutica para rehacerse de su enfermedad.
 
Don Talbot, el que fue su único entrenador, nos lo cuenta así, “un día estaba en la piscina, cuando vi avanzar hacia mí un “montón de espuma” del cual solo sobresalían dos brazos y dos piernas que se agitaban nerviosamente en el agua, aunque, y esto fue lo que me llamó la atención, avanzaba muy rápido”; era John; lo llamé, y le pregunté si le gustaría entrenarse con el equipo que yo preparaba en la piscina de Bankstown”.
 
A partir de aquel día, John se levantaba cuando todavía no había amanecido y pedaleaba con su bicicleta hasta  la piscina para entrenarse un par de horas, antes de volver a casa para desayunar y dirigirse a la escuela. Al terminar, volvía a la piscina para otra sesión de dos horas, donde se entrenaban con Talbot, que era uno de los ayudantes de Frank Guthrie, uno de los “cerebros” de la natación “aussie”, y uno de los primeros en aplicar los principios científicos al entrenamiento de la natación. Guthrie, Talbot, Gallagher, Herford, Carlile, y otros, formaron el “equipo” (no siempre “totalmente de acuerdo”, para conocimiento de algunos de nuestros lectores) que basándose en tres grandes principios, aumento del metraje, introducción del “interval-training”, y una intensa preparación física, revolucionó la natación mundial, haciéndole dar uno de los “saltos” hacia delante más importantes de su historia.
 
En 1954, John conseguía su primer éxito al conseguir el título júnior de las 880 yardas en los Campeonatos de Nueva Gales del Sur. Dos años después, 1956, a los catorce años, conseguía el título nacional, también júnior, de las 440 yardas, y era seleccionado para formar parte de un grupo de nadadores que, al mismo tiempo que serbia de “sparring” al equipo olímpico “aussie” que arrasaría en los Juegos de Melbourne-1956, se fogueaban como promesas para los Juegos de Roma-1960.
 
John, ahora ya con Ilse acompañándole, trabajó fuerte, consiguiendo rápidos resultados con aquellos nuevos sistemas de entrenamiento. Un ejemplo del entrenamiento que se seguía bajo las nuevas directrices de aquellos entrenadores podría ser: por la mañana,  después de un ligero calentamiento, 2×100, 200 o 400m. (según la especialidad de cada nadador) al 80 y 90% respectivamente, seguidos de 16×100, 8×200 o 4x400m. (según especialidad) cada 2, 4 o 7 minutos; 16×50, 8×100 o 4x200m. solo brazos, acabando con 16×50 (4 en cada estilo) saliendo cada minuto o minuto y medio para los de braza.
 
Por la tarde, de 4 a 8x400m., alternando “solo pies” y “solo brazos”, en dos o tres estilos, y un total de entre 800 y 1.500m. en distancias cortas (muchas veces al ancho de la piscina), de “sprints” cortos y con poco descanso, variando los estilos (por ejemplo, se podían hacer 32x25m.en crol c/30”; 4x25m. de espalda, braza y mariposa, c/45”, y terminar con 16x25m.crol, c/30”).
 
Eran, pues, como metraje máximo, unos 8.000m. diarios, lo que en aquel tiempo representaba una fuerte carga. A todo ello se le sumaban cinco o seis sesiones de preparación física con una tabla de ejercicios con pesos, así como una pequeña tabla “casera” de ejercicios de flexibilidad y abdominales-dorsales, que, de forma totalmente voluntaria muchos de los nadadores ejecutaban en su cada antes de irse a la cama.  
 
Aquella “revolución” constituyó un rotundo éxito, y los Konrads fueron los alumnos más aventajados de aquella generación. Todavía con el recuerdo de aquellos Juegos en los que los crolistas “aussies” arrasaron totalmente a sus rivales (victorias en todas las pruebas de crol, y los tres primeros lugares en los 100m., tanto en hombres como en mujeres), a principios de 1958, “explotan” los Konrads. La primera (educación ante todo) la chica.
 
El 11 de enero en los Campeonatos Estatales de Nueva Gales del Sur, que se celebran en la “mágica” piscina de North Sydney (55y. y agua salobre), Ilse pulveriza el récord mundial de las 880y. (en poder de la holandesa Mary Kok, 10,30”5 en 1957) y, a la vez, el de los 800m., perteneciente a su ilustre compatriota Lorraine Crapp, 10,30”9 en 1956) al señalar un crono de 10,17”7. Dos días después es el turno de su hermano, que en la misma distancia señala exactamente un minuto menos, 9,17”7, para superar los récords de las dos mismas distancias, ambas en poder del norteamericano George Breen (9,19”2 desde 1956).
 
Cuatro días después le toca el turno a las 440y., en las que John, nadando en 4,25”9 supera tanto el récord mundial de esta distancia, como también el de los 400m., ambos en poder de Murray Rose (4,27”1 en 1957, y 4,27”0 en 1956, respectivamente). Tres días después, 18 de enero, es el turno de las 220y., distancia en la que señala un tiempo de 2,04”8, récord mundial (anterior de su compatriota Gary Chapman, 2,05”8 en 1956), pero que también lo es de los 200m., superando el tope impuesto por la FINA, 2,05”2, que desde el 1 de mayo de 1957 había pasado a homologar los récords mundiales únicamente en piscina de 50m., o 55y.
 
El empuje de los dos hermanos es, ya, imparable. Al mes siguiente, febrero se disputan los Absolutos, en los que van a superar lo conseguido un mes antes. John inaugura la serie el 18 rebajando en poco más de cuatro segundos su récord de los 400m., y 440y., al señalar 4,21”8 en la piscina olímpica de Melbourne (alargada hasta las preceptivas 55y., es decir 50,291m. Dos días después, su hermana Ilse rebaja en segundo y medio, 10,16”2, su anterior récord de 800m. y 880y., para seguir de nuevo John otros dos días después, 22 de febrero, cuando al nadar las 1.650y. en 17,28”7, establece el récord mundial de la prueba, pero el tiempo le sirve también para “dinamitar” literalmente el récord mundial de los 1.500m. (anterior de George Breen, 17,52”9 en 1956), mientras a su paso por las 880y., con un tiempo de 9,14”5, supera sus récords mundiales de esta distancia y también de los 800m. Pocos días después, el 5 de marzo, ya en “su feudo” de la North Sydney, supera sus 2,04”8 de los 200m. y 220y. con un tiempo de 2,03”2, como colofón a una magnífica temporada estival.  
 
1958 es, también, año de Juegos de la Commonwealth, la competición que cualquier deportista británico quiere ganar, casi-casi tanto como la de los Juegos Olímpicos, y los dos hermanos se han convertido en los abanderados del equipo “aussie” (aunque Ilse se ve empalidecida por el magno estrellato de su compatriota Dawn Fraser). En la usual concentración que tiene lugar antes de la participación en cualquiera de las grandes e importantes competiciones, Ilse se distingue al superar su récord mundial de 800m., y 880y., con un tiempo de 10,11”8, restándole poco más de cuatro segundos. Ya en la galesa Cardiff, donde se disputan los Juegos, John no tiene problemas para imponerse, tanto en las 440y., 4,25”9, como en las 1.650y., 17,45”4 (sacándole poco más de medio minuto al segundo, su compatriota Gary Winram), mientras su hermana tampoco tiene problemas para vencer claramente en las 440y., 4,49”4 (a solo 8 décimas del récord mundial de Lorraine Crapp en 1956) por 5,00”8, ante una Dawn Fraser que, como siempre, “tira” por la borda su participación en esta prueba, limitándose a asegurarse el segundo lugar, sin ni siquiera intentar luchar por la victoria.
 
Evidentemente, el hecho de ser disputados en el verano europeo (por lo tanto en el invierno austral) impide que los nadadores australianos puedan llegar a conseguir su mejor forma, tanto más después de una exitosa temporada invernal. La temporada, sin embargo, no termina muy bien para John, que el 22 de agosto, ve como el japonés Tsuyoshi Yamanaka le “roba” el récord de los 200m. (aunque no el de las 220y.), dejándolo en 2,03”0 (técnicamente inferior a los 2,03”2 de John, puesto que este habia nadado 220y., es decir, 201,163m., aunque, también es verdad, que el japonés habia nadado en agua dulce, mientras John lo hacía en agua salobre, la cual cosa lo aventajaba).
 
1959 va a ser una temporada excepcional, antesala de los Juegos de 1960. Tres nadadores aspiran al trono de los 400 y 1.500m. Olímpicos, y sus frecuentes enfrentamientos de aquel año echan “chispas”, a la vez que renuevan una y otra vez la tabla de récords mundiales. John es un nadador más fondista, pero que “baja” con éxito a distancias inferiores, incluso a los 100m.; Murray Rose, por su parte, és un especialista de los 400m., aunque también capaz de “subir” hasta los 800 y 1.500m. (distancias en las que ostentará los récords mundiales en diferentes ocasiones), mientras Yamanaka es un especialista de 200m., aunque también sube con mucho éxito hasta los 400m., e incluso a los 1.500m., distancia en la que, aunque ya le “cuesta” un poco más, había sido medalla de plata en 1956.  
 
El año empieza de la mejor manera para ambos. El 10 de enero, siempre en su piscina “talismán” de North Sydney, John se convierte en el primero que nada los 800m. y las 880y. en menos de nueve minutos, 8,59”6, tiempo que supera sus anteriores récords en casi 15 segundos. Cuatro días después, su hermana Ilse hace historia al ser la primera en nadar las 1.650y. en menos de 20 minutos, 19,25”7, pulverizando al mismo tiempo, de más de 40 segundos, los anteriores 20,03”1 de la holandesa Jane Koster, conseguidos en julio de 1957. Dos días después, 16 de enero, John recupera el récord de los 200m. que le había arrebatado Yamanaka, superando también el que ya es suyo de las 220y., con un tiempo de 2,02”2.
 
A principios del mes siguiente, en Hobart, John va a hacer historia en la natación australiana al  convertirse en uno de los pocos nadadores capaz de ganar todas las pruebas de crol de los Absolutos, 110, 220, 440, 880 y 1.650 yardas, infligiendo a John Devitt la única derrota que sufrirá en la prueba de velocidad en este cuatrienio olímpico. En estos campeonatos vuelve a ponerse en evidencia la excelente forma de John cuando supera sus récords de 400m. y 440y. con un tiempo de 4,19”0. Doce días después, Ilse supera sus 9o. y 10o. récords mundiales al rebajar a 10,11”4, sus anteriores 10,11”8, récords de los 800m. y 880y.    
 
En julio de aquel año, sin embargo, y en el curso de un encuentro Japón – USA en Osaka, Yamanaka demuestra al australiano que ganar el oro olímpico no va a ser una tarea fácil, al “robarle” los récord de 200 y 400m. con tiempos de 2,01”5 y 4,16”6. Si el de 200m. va a ser una “barrera” que Konrads ya no va a poder romper, no será lo mismo en los 400m., una distancia que se acomoda mucho mejor a sus facultades.
 
El año olímpico se inicia igualmente bajo los mejores auspicios para ambos hermanos. El 9 de enero, Ilse señala unos magníficos 4,45”4 en las 440y., nuevo récord mundial, que lo es también de los 400m., superando los anteriores 4,48”6 y 4,47”2 de su compatriota Lorraine Crapp, conseguidos en 1956. El 22 del mismo mes, John supera su récord de las 220y. con 2,01”9, acercándose al récord de los 200m. de Yamanaka, y casi lo iguala un mes después cuando señala 2,01”6 en las 220y., nuevo récord mundial, técnicamente superior al del japonés, por aquello de haber nadado más de un metro de más, aunque, por otra parte, el agua salobre de la North Sydney le ayude bastante.
 
Tres días después de este récord, 23 de febrero, recupera el de los 400m., y supera el suyo de 440y., al señalar 4,15”9. Cuatro días después, supera el que va a ser su último récord mundial, el de los 1.500m. y 1.650y., al nadar esta última distancia en unos magníficos 17,11”0, rebajando en casi dieciocho segundos su anterior récord. Tanto Ilse como John parecen dispuestos a conseguir un “doblete” olímpico en la prueba de los 400m., único caso en que dos hermanos subirían a lo más alto del podio en una misma prueba individual.
 
Roma-1960. Final de 400m.crol. En una de las pruebas más esperadas del programa de natación, se enfrentan John Konrads, recordista mundial; Murray Rose, y Tusyoshi Yamanka, ex-recordistas, aunque esto no signifique prácticamente nada para una prueba que se presupone va a ser más táctica que rápida, por el respeto que cada uno tiene por sus otros dos rivales. La salida, de todas maneras, es más rápida de lo esperado, puesto que John y el japonés, más favoritos que Rose al ser los más recientes recordistas, se vigilan entre sí.
 
Sale rápido Yamanaka que es primero en el primer viraje, 28”4, y ya en el primer hectómetro se destacan los grandes favoritos : el norteamericano Alan Somers (que desaparecerá, sin embargo, de la lucha por el título), 1,00”00; Yamanaka 1,00”3, y Konrads, 1,00”6, mientras Rose, consciente del error de sus rivales, es quinto, 1,01”3, preparando su ataque. Somers continua primero a mitad de prueba, 2,06”6, con John tras él, 2,06”8, y Yamanaka tercero en 2,07”1, mientras Rose ya está a su altura, y es cuarto en 2,07”2, y desarrolla su ataque en el tercer hectómetro, cuando sus rivales tienen que darse un respiro después de su rápida salida. Impotente para seguirle, John tiene que dejar que su compatriota se le escape, y cuenta con casi dos segundos de retraso a los 300m., 3,12”2 de Rose, por 3,14”1. Al final, medalla de oro para Rose, 4,18”3, por los 4,21”4 de Yamanaka, mientras John solo es tercero, 4,21”8, a punto de ser alcanzado incluso por el escocés Ian Black que, como Rose, ha avanzado a partir de los 200m. y ha estado a punto de alcanzarlo, acreditado del mismo tiempo, 4,21”8, aunque los jueces de llegada le otorgan el cuarto lugar.
 
Al día siguiente, 1 de septiembre, es el momento de la hermana. Clasificada fácilmente para la final de los 400m., intentará lo imposible, consciente de que su forma ya no es la que le habia permitido conseguir sus récords mundiales. Mientras la norteamericana Chris von Saltza se escapa rápidamente hacia un fácil triunfo, Ilse lucha codo a codo con las restantes finalistas por un lugar en el podio. Penúltima hasta los 200m., avanza en el tercer hectómetro hasta el cuarto lugar, aunque lejos de la tercera, 3,42”1, por 3,40”0 de la sueca Jane Cederqvist, y aunque recorta diferencias, no puede impedir que, por un segundo, sea la holandesa Tineke Lagerberg la que finalmente le impida subir al podio, aunque si lo conseguirá en el 4x100m.crol, donde será segunda junto a sus compañeras, dejando la capital romana con una pequeña compensación. El hecho de no disputarse los 800m. en Roma la impidió, seguramente, coronarse campeona olímpica.
 
Dos días después se disputa la final de los 1.500m. en la que John ya no es el gran favorito que era antes de iniciarse los Juegos, gracias a la gran victoria conseguida por Rose en los 400m. Siguiendo la pauta de los 400m., Konrads, Yamanaka, y el norteamericano George Breen toman el mando de la prueba, con Rose en cuarto lugar. A los 900m., Konrads y Yamanaka tienen tres segundos de avance sobre Rose, cuando este inicia su ataque, pasando al japonés poco después, para lanzarse a la captura de su compatriota. John, sin embargo, se ha guardado un as en la manga, y mantiene dos segundos de avance, luchando hasta el último metro para conservarlo. Finalmente, con 17,19”6, nuevo récord olímpico, por 17,21”7 de Rose, consigue la medalla de oro que se merecía por su aportación a la natación mundial.
 
Ilse y John, sin embargo, han pagado su contribución al progreso de nuestro deporte. Si los historiadores dicen que las revoluciones terminan “fagocitándose” a si misma, la revolución australiana en natación ha terminado devorando a dos de sus más conspicuos elementos. Mientras Ilse abandonará en 1963 ! todavía con 18 años !, John continuará nadando, aunque totalmente consciente de que su momento ha pasado. Cuatro años después, en los Juegos de Tokio-1964, pasará totalmente inadvertido para los aficionados, nadando las eliminatorias del 4x200m. aunque, no la final, donde otros cuatro “aussies” ya no conseguirán subir al podio, cuartos de la final.
 
La dura realidad ha terminado, substituida por la leyenda que, esta sí, se mantendrá durante bastante más tiempo.
 
Guillem Alsina