Juegos Olímpicos. Barcelona 1992

Dos hechos capitales para el desarrollo de la historia de la última década de este siglo señalan con profunda huella los resultados de estos Juegos de la XXV Olimpiada, que se disputan en Barcelona, como lógica consecuencia de todo un conjunto de acontecimientos políticos que han tenido lugar en los años inmediatamente anteriores, y que ya habían dejado entrever sus efectos en los Mundiales disputados a Perth en enero de 1991, y en los Europeos de Atenas en verano de aquel mismo año.
 
Por un lado, la caída del famoso “Muro de Berlín”, en 1989, que propició un entendimiento político entre ambas Alemanias, la DDR y la RFA, y que resulta, finalmente, en su re-unión, regresando a las fronteras anteriores a su descalabro de la II Guerra Mundial, con el lema ya conocido de “una sola Alemania, un solo territorio”. Todo ello, naturalmente, con unas consecuencias inimaginables para el deporte de la DDR, y, en nuestro caso, para la natación.
 
El hundimiento de las fronteras entre ambas Alemanias, bien pronto se convirtió en todo lo que hay de malo en la revancha de una contienda cuando ambas partes pertenecen a un mismo territorio (y de esto los españoles saben lo suficiente). Por un lado, salió a la luz pública toda la miseria, en este caso deportiva, de un régimen que hacía del deporte uno de los pilares de su autopropaganda, con todo lo que ello puede conllevar: corrupción, doping, engaños, etc.
 
De otro lado, la revancha de una RFA que quiso “cobrarse” la deuda moral de casi cuarenta y cinco años de separación obligada, dejando poco menos que a su suerte a los ciudadanos de la ex-DDR, en nuestro caso sus deportistas, que vieron como en un corto espacio de semanas, pasaban de ser ciudadanos privilegiados, cuidados por el régimen, y con un “status” social superior a la media del país, a ser considerados poco menos que ciudadanos de segundo orden.
 
Estos hechos, que evidentemente habria que explicar con más detalle, pero que no es aquí el lugar para hacerlo, acabó demostrando que la suma de dos y dos no siempre son cuatro, que, traducido al caso de la natación alemana, significa que la potencia de la Alemania reunificada, no era igual a la de la RFA más la de la DDR, al quedar, esta última, prácticamente desmantelada en sus estructuras, y rechazados muchos de sus nadadores y técnicos (según los dirigentes, entrenadores y nadadores de la RFA, al no poder acogerse a sus prácticas habituales de doping; según los dirigentes, entrenadores y nadadores de la DDR, al no tener las facilidades de entrenamiento, ni el trato de que gozaban antes de la desaparición de la DDR).
 


Bañador de nueva generación

Sea lo que sea en el futuro, y sobretodo en el panorama de la natación femenina, la desaparición de la DDR llevará indefectiblemente a un nuevo orden mundial (digamos de pasada que las acusaciones de doping que antes planeaban sobre los deportistas de la DDR, empiezan a hacerlo, ahora, sobre los deportistas chinos, país que ha dada acogida a buen número de técnicos de la ya ex-DDR, que, por razones de estas acusaciones, han sido rechazados para trabajar en la Alemania reunificada).

 
En otro país, más al este, en la URSS, el “deshielo” político iniciado por Gorbatchov y su gobierno, ha tenido, igualmente, consecuencias bastante dramáticas para la hasta ahora gran potencia mundial. La disolución del Partido Comunista, y el rompimiento con la línea de gobierno que durante los tres últimos cuartos de siglo ha dirigido el gran imperio soviético, tiene como resultado lo qué podríamos denominar “descomposición” de la URSS en sus partes componentes. Independencia de las tres Repúblicas Bálticas (Estonia, Letonia, Lituania) intentos de otras repúblicas de conseguir este mismo objetivo, ó, en todo caso, una amplia autonomía, pero, sobretodo, una gran inestabilidad interna que propicia un rápido hundimiento económico del país, con todas sus grandes e importantes consecuencias.
 
Como en el caso de la DDR, no es este el lugar más conveniente para examinar detalladamente estos hechos, y sí únicamente para hacer ver que todo este estado de cosas tiene su lógica repercusión en el desarrollo de la natación soviética. Así, los nadadores de la antigua URSS que se desplazan a Barcelona, lo hacen representando a un equipo “federal”, denominado como CEI (Comunidad de Estados Independientes) dentro del cual pueden escoger a qué República, de las tres que conforman este equipo (Rusia, Bielorusia, y Ucrania) quieren representar, cada uno de los cuales con su propio himno nacional y su bandera.
 
Únicamente en el caso que el ganador sea un equipo de relevos, la bandera que subirá a la asta será la olímpica, la de los cinco anillos, mientras el himno que sonará será la famosa “Oda a la Alegría” de la Novena Sinfonia de Ludwig Van Beethoven, que ya se empleó, en su momento, con el equipo unificado alemán en los Juegos de 1956, 1960 y 1964. Para quien escribe estas rayas, no hay ninguna duda que el momento más paradójico y penetrante de los Juegos de Barcelona, y que más destaca los cambios que se han producido en esta Olimpiada 1988-1992, ha sido el momento de la proclamación de campeones de los 4x200m. crol masculinos, con el sorprendente triunfo del cuarteto ¿soviético?, ¿ruso?, ¿de la URSS? (aunque sus cuatro componentes parece que pertenecían a la Federación de Rusia).
 


Cobi, la mascota de los Juegos

Dejando de lado la ironía que representa el hecho de que los rusos se impusieran a los norteamericanos en el preciso momento que la URSS desaparecía como nación (…..¿o será gracias a esta “descomposición”, que ha dado a su deporte vías diferentes de superación ?) la visión de los cuatro ganadores sobre el podio olímpico, dos con el chándal azul de la Federación de Rusia, los otros dos con el tronco al descubierto y “bermudas”, es, vuelvo a repetirlo, una de las imágenes más patéticas (entendido como dramática) de los Juegos de Barcelona, por lo que representa de pérdida de identidad de un colectivo que hasta aquel momento pertenecía a un país, y tenía un himno y una bandera con la cual identificarse.

 
En la otra cara de la moneda, igualmente muy ilustrativa, la declaración de la ganadora de los 100m.braza, la “bielorusa” Elena Rudkovskaia, que después de oir el himno bieloruso en el pódium, declara a seguir, en la rueda de prensa, que le ha gustado oir “su” himno nacional, “aunque es la primera vez que lo oigo”, añade.
 
Detalle técnico: la aparición de un nuevo modelo de bañador que se presenta como revolucionario (se dice que puede hacer bajar unas pocas centésimas de segundo por cada 25m. de carrera) por una firma de material deportivo, hecho con una mezcla, secreta naturalmente, de polieuretano y poliester, que presenta un coeficiente de resistencia menor que la de la piel, según dicen sus creadores. El bañador, presentado semanas antes de los Juegos por figuras como Mike Barrowman o Dara Torres en el Meeting de Charlotte, divide la opinión de los seleccionados del equipo USA en Barcelona, algunos de los cuales, sobretodo el equipo femenino, lo hace servir, mientras que otros continúan confiando en sus bañadores tradicionales.
 
Digamos que el nuevo bañador es el típico bañador que podríamos decir “completo” (incluso en el modelo para chico, es decir que se vuelve a la “moda” de los años 20) con una parte alta que se adapta perfectamente al cuello y tapa casi los hombros, para no permitir la entrada de agua en su interior, al mismo tiempo que permite la máxima movilidad de brazos y cuello. Después de los bañadores tradicionales, la moda del bikini de competición (que ha tenido una vida muy efímera) y el intento de la mítica Dawn Fraser por nadar completamente desnuda, asegurando que podría bajar algunas décimas de segundo su mejor tiempo, ahora, este bañador abre nuevamente la polémica.
 
Evidentemente, no se puede juzgar su mayor ó menor valía sobre los resultados que se han logrado en estos Juegos de Barcelona (sobretodo teniendo en cuenta los relativos éxitos logrados por el equipo USA) y es por ello que habrá que seguir el vaivén de esta nueva moda para poderla juzgar de manera conveniente en el futuro (sí no es que, como indica su nombre de “moda”, acabé por desaparecer sin llegar a poderse conocer perfectamente sus resultados).
 
Otra novedad, ésta en el orden “televisivo”: una “minicàmara” montada sobre unos raíles pueden seguir la carrera de los nadadores, captando imágenes subacuàticas, ofreciendo detalles del estilo de los nadadores participantes, que hasta ahora no se habían podido lograr.
92 países envían representantes a la capital catalana (84 en categoría masculina, 62 en la femenina) de entre los que 13 de ellos lo hacen por primera vez: Albania, Bosnia y Hercegovina, Congo, Arabia Saudita, Letonia, Lituania, Islas Maldivas, Isla Mauricio, Namibia, Nigeria, Islas Seychelles, Eslovenia y Siria.
 


Alexander Popov tras imponerse en los 50 crol

50m.crol: récord mundial en poder del norteamericano Tom Jager, 21”81, el 24 de Marzo de 1990, en Nashville; récord olímpico en poder del norteamericano Matt Biondi con los 22”14 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 31 de Julio. 75 participantes repartidos en 10 eliminatorias. Está en Barcelona el norteamericano Matt Biondi, dispuesto a defender sus dos títulos de Seúl.

 
Después de su victoria en el hectómetro, se esperava con gran interés la confrontación entre Popov y los dos velocistas norteamericanos, el actual campeón y recordista olímpico, Biondi, y el subcampeón olímpico y recordista mundial, Jager, únicos que parecen tener posibilidades de victoria. Es, además, la última oportunidad de los crolistas USA de lograr, no ya una medalla de oro individual, sino de cualquiera otro color, al haber sido completamente superados en las finales de 100, 200 y 400m.crol, y no tener muchos posibilidades en la de los 1.500m.
 
Ambos norteamericanos han sido los grandes dominadores de esta prueba en los últimos años, y se puede esperar que su potencia pueda superar el mejor estilo y deslizamiento de Popov. Ya desde las eliminatorias, este demuestra sus posibilidades de lograr el “doblete” con unos excelentes 22”21, nuevo récord europeo, por delante de Biondi, 22”32, y Jager, 22”45. Destaquemos la clasificación para la final del sudafricano Peter Williams que en 1988, pocas semanas antes de los Juegos de Seúl, había superado el récord mundial con unos 22”18, que no le habían sido homologados, en razón de la expulsión de su país, tanto de la FINA como del CIO, por la política racista de ”apartheid” puesta en práctica por el gobierno sudafricano. Ahora, cuatro años después, Williams intentará lograr una consagración que también les había sido negada, años antes, a Karen Muir y Ann Fairlie, en 1968, y a Jonty Skinner, en 1976.
 
La final se desarrolla como podia preverse. Matt Biondi es el más rápido en acción y se destaca ligeramente en los primeros metros, sin que ni Popov ni Jager cedan, empero, demasiada ventaja, igualandose los tres algo más allá de la mitad de carrera. El cambio de ritmo del ruso hacia los 85m., es suficiente como para que los dos norteamericanos no puedan hacer nada para dejarlo escapar.
 
Con unos excelentes 21”91, Popov se proclama como gran dominador de la velocidad en estos Juegos, igualando el “doblete” de Biondi en Seúl, superando, de pasada, los récords olímpico y europeo, a una sola décima del mundial de Jager, dejando para Biondi el segundo lugar, 22”09, claramente por delante de su compatriota Jager, 22”30, ninguno de los cuales ha llegado a su nivel habitual. Williams es cuarto, 22”50, empatado con el francés Chistophe Kalfayan, aunque sin haber estado nunca en la lucha por las medallas. Digamos, que, técnicamente, la prueba ha sido un triunfo de los especialistas “largos” (es decir, de los que dominan igualmente el hectómetro) por delante de los especialistas “puros” como pueden ser Jager, Prigoda, Kalfayan, Williams, ó el alemán Nils Rudolph, otro de los grandes derrotados. Los 50m. aún es una especialidad muy joven, y habrá que esperar a que los técnicos sepan cogerle el “truquillo” de los entrenamientos específicos para verla progresar todavia más.
 

100m.crol: récord mundial en poder de Matt Biondi, 48”42, el 10 de Agosto de 1988, en Austin; récord olímpico en poder del mismo Biondi con los 48”63 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 28 de Julio. 75 participantes repartidos en 10 eliminatorias.

 
Primera actuación de Matt Biondi, campeón olímpico en Seúl, recordista mundial, imbatido en competición internacional desde que se inició su dominio en esta distancia, apenas acabados los Juegos de Los Ángeles-84, donde había ganado su primera medalla de oro en los 4x100m.crol, y que en Barcelona intenta convertirse en el tercer velocista que revalida su título, tras de sus compatriotas Duke Kahanamoku, 1912-1920, y John Weissmuller, “Tarzan”, 1924-1928.
 
Ahora, se prevé que tenga muchos problemas para lograrlo, con la presencia del ruso, CEI, Alexander Popov, campeón europeo; el francés Stephan Caron, co-recordista europeo con el ruso; su compatriota Jon Olsen, y, sobretodo, con el brasileño Gustavo Borges, un hombre entrenado en las Universidades USA, campeón panamericano en La Habana el año anterior y campeón universitario USA de las 100 y 200 yardas crol aquel mismo año, y que con sus 203cm. de altura tiene, según su entrenador, unas inmensas posibilidades que llegarán a su máximo, sin embargo, hacia 1996. Ya en las eliminatorias de la mañana, los aficionada pueden percatarse de las dificultades que tendrá Biondi para renovar su título, al ser vencido por Popov, 49”29, y Borges, 49”49 en la última eliminatorias, mientras Biondi solo es cuarto mejor tiempo, 49”75. Alto nivel en estas eliminatorias en las que es necesario un tiempo de 50”08 para ir a la final, mientras que en Seúl había sido suficiente con 50”45, y solo tres nadadores por debajo de los 50”. Ilustres eliminados son el alemán Nils Rudolph, el lituano Raimundas Mazuolis, ó el australiano Baildon, sexto en Seúl.
 
La final, con cuatro hombres rozando ó pasando los 200cm. de altura (Biondi, Caron, Popov y Borges) se inicia con un ataque de los rusos en los primeros metros, con rápida respuesta de Biondi, que lo lleva a mandar la prueba al llegar al viraje, 23”30 (únicamente cinco centésimas por debajo de su paso en el récord mundial) por delante del ruso Prigoda que intenta valerse de su velocidad, 23”63, mientras el resto de favoritos parece reservarse para una segunda recta que será decisiva (Borges tercero 23”81; el norteamericano Jon Olsen 24”00, mientras Popov ahora es sexto, 24”05, por delante de Caron, séptimo, 24”15). Biondi conserva la cabeza de carrera hasta los 75m., cuando Popov aumenta de manera drástica el ritmo de su larga y soberbia brazada, lo alcanza hacia los 90m., y se lanza, sin que nadie pueda impedirselo, hacia la victoria final, la tercera de un europeo (tras el húngaro Csik en 1936, y el alemán de la DDR Jorg Woithe en 1980) y la primera de un ruso, señalando un magnífico 49”02, nuevo récord europeo, aunque lejos del mundial y del olímpico.
 
Tras él, la estampida. Biondi es alcanzado a seis ó siete metros de la llegada por sus perseguidores, y todo se juega prácticamente en un pañuelo, con una llegada muy apretada, y problemas en el marcador electrónico. En una primera clasificación, justo al terminar la prueba, Caron es segundo, 49”50, seguido por Olsen, 49”51, mientras Borges es clasificado en último lugar, pareciendo como si hubiera sido descalificado, o no hubiera tocado la placa de manera conveniente; minutos después se anuncia una nueva clasificación: tras Popov, indiscutible vencedor, hay, como antes, Caron y Olsen, con los mismos tiempo de antes, mientras Borges es cuarto, empatado con Biondi, ambos en 49”53.
 
No acaba, empero, ahí la cuestión, pues una reclamación de la delegación brasileña hace reunir de urgencia el Comité de Apelación, que, poco minutos después, establece una nueva y, ahora sí, definitiva clasificación: Popov primero, 49”02; Borges segundo en 49”43, reafirmando las esperanzas de convertirse en el sucesor de aquel gran velocista que había sido Manoel “Manoelzinho” Dos Santos (medalla de bronce en 1960; recordista mundial en 1963) mientras Caron, conservando su tiempo de 49”50, es tercero, apartando del podio al norteamericano Olsen, 49”51, y Biondi es quinto, 49”53. Magnífico el comportamiento de Olsen, que es el primero en felicitar al brasileño, pese a que no pueda evitar que las lágrimas asomen a sus ojos al verse fuera del podio. Digamos que también Biondi ha hecho honor al espíritu olímpico y a su reconocida deportividad cuando, aún en el agua, ha sido el primero en felicitar a Popov por su triunfo.
 
La razón para esta definitiva clasificación parece haber sido que, una vez ha fallado el cronometraje electrónico (parece que, efectivamente, por un toque demasiado débil de Borges) la firma japonesa encargada de esta misión tenía en reserva otro sistema, completamente fiable, semejante al de la “foto-finish”, que permitía examinar la llegada de los ocho finalistas desde ocho ángulos diferentes, sistema que les había permitido arreglar el ”desatino”, de acuerdo con lo que habían podido ver muchos de los espectadores. Puede decirse que la prueba de la gran fiabilidad de este sistema, la tiene el hecho de que ninguna de las delegaciones implicadas, ni la norteamericana, ni la francesa, se dieran por perjudicados, aceptando plenamente el último veredicto.
 
Siete nadadores han bajado los 50” en esta final, y únicamente Prigoda, completamente hundido en los últimos metros no lo ha conseguido, 50”25. El puertoriqueño Busquets (un posible “oriundo” para la natación española, ¿quizás?) ganador de la final B con unos excelentes 49”92, redondea la cifra de ocho por debajo de los 50”, un gran nivel, pese a no haberse superada ninguno de los dos récords.
 


Evgeni Sadovyi

200m.crol: récord mundial en poder del italiano Giorgio Lamberti, 1,46”69, el 15 de Agosto de 1989, en Bonn; récord olímpico en poder del australiano Duncan Armstrong con los 1,47”25 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 26 de Julio. 55 participantes repartidos en 8 eliminatorias. También está en Barcelona el australiano Duncan Armstrong, titular de esta prueba, aunque no la nade, al no haberse clasificado en los “trials” de su país, y lo hace únicamente como titular de los 4x200m.crol.

 
Decepción, igualmente, por la ausencia del recordista mundial, que también está en la capital catalana, pero únicamente para nadar los 100m.crol (de los cuales es ingloriamente eliminado, décimosexto en 50”65) y los 4x200m.crol. Alto nivel técnico, con el último clasificado para la final, el norteamericano Doug Gjertsen, en 1,48”65, frente a los 1,49”28 señalados en Seúl por el octavo clasificado de las eliminatorias. Eliminados de categoría son el italiano Massimo Trevisan, 1,48”40, mejor tiempo de la temporada, que no pasa de 1,49”80, así como también el australiano Kieren Perkins, que llegaba a Barcelona anunciando sus intenciones de un “triplete” completamente inédito en los Juegos, 200-400-1.500m. (que sí se habia logrado en los Mundiales de Cali-75 por el norteamericano Tim Shaw) pero que finalmente también es eliminado, décimoprimero en 1,49”26.
 
En la sexta eliminatoria, el sueco Anders Holmertz y el ruso, CEI, Evgeny Sadovyi son los grande protagonistas: el sueco, después de encabezar la carrera hasta un metro antes de la llegada, se ve superado finalmente por el ruso, 1,46”74 por 1,46”76, récord olímpico para Sadovyi, a únicamente cinco centésimas del mundial.
 
La final se inicia con la ya clásica escapada de Holmertz, lanzado a ritmo de récord mundial, 25”05 y 51”77 (con 65 centésimas de ventaja sobre el paso de Lamberti a mitad de carrera) mientras el norteamericano Joe Hudepohl es segundo, 52”30, y Sadovyi tercero en 52”62, por delante de otro CEI, Vladimir Pyshnenko, 53”07. En el tercer largo, y sin que Holmertz pierda nada de su ventaja, Sadovyi se deshace del norteamericano, haciendo que el título sea ya únicamente cosa de dos. En el último viraje, 1,19”06, el sueco aún es primero, con 68 centésimas de ventaja sobre el récord de Lamberti y 66 sobre Sadovyi. Continuando su progresión, el ruso recorta su desventaja poco después del viraje, y nada junto al sueco hasta los 195m., cuando puede lograr la victoria, señalando, además, un magnífico tiempo de 1,46”70, nuevo récord olímpico, ¡ a una sola centésima ! del mundial de Lamberti.
 
Como en Seúl (y van…..) Holmertz es superado en los últimos metros, 1,46”86, revalidando la medalla de plata de Seúl, mientras el finlandés Antti Kasvio, una de las sorpresas de las eliminatorias de la mañana, completamente desapercibida hasta los 150m. (sexto a mitad de carrera, 53”24; cuarto a los 150m., 1,20”63) se “desboca” en el último largo, alcanzando a Hudepohl para ganar el bronce (una medalla que los finlandeses no ganaban desde 1920) 1,47”63, por delante del polaco Arthur Wojdat, 1,48”24, mientras Hudepohl se hunde totalmente, sexto en 1,48”36, y el otro norteamericano, Gjertsen, es octavo con unos muy discretos 1,50”57, único que no baja de los 1,50”0, y que ha nadado con el mencionado bañador “último modelo”.
 
Señalamos, y evidentemente sin ningún ánimo de crítica (cada nadador puede emplear la táctica que crea es la mejor) pues es de suponer que sus razones tendrá para actuar de esta manera, el ”empecinamiento” de Holmertz en salir excesivamente rápido la primera mitad de sus carreras, lo que facilita que pueda ser superado por sus rivales en los últimos metros; por el contrario, la regularidad de Sadovyi, 52”62 y 54”08 en sus dos mitades de carrera (otro ejemplo de regularidad de ritmo ha sido Kasvio, con 53”24 y 54”39) les ha permitido remontar su desventaja, y mantener siempre sus esperanzas de victoria. Digamos que Sadovyi, campeón europeo del 1991, ha sido operado dos veces en los últimos meses; del riñón en Septiembre de 1991, poco después de los Europeos, y del estómago en Marzo del mismo año olímpico, razón por la cual su preparación ha sufrido un importante retraso, que no lo ha privado, sin embargo, como puede verse, de lograr una memorable victoria.  
 


Kiere Perkins, medalla de plata en 400 crol

400m.crol: récord mundial en poder del australiano Kieren Perkins, 3,46”47, el 3 de Abril del mismo año olímpico, en Canberra; récord olímpico en poder del alemán de la DDR, Uwe Dassler con los 3,46”95 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 29 de Julio. 46 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Falta a la cita barcelonesa el alemán de la DDR Uwe Dassler, campeón en Seúl, uno de los que tampoco ha podido superar el síndrome de la reunificación. Sí lo hace, y en plena forma, el recordista mundial y revelación del verano austral, Kieren Perkins, gran favorito de la prueba, y deseando tomarse la revancha de su eliminación de los 200m., sin menospreciar, sin embargo, al polaco Wojdat, ó a la nueva figura del mediofondo, Sadovyi, ya campeón de los 200m.

 
La final es lanzada, ¡ faltaría más !, por el sueco Holmertz, con parciales por debajo del récord mundial, encabezando la prueba hasta los 300m., pese a que ni Sadovyi ni Perkins están demasiado lejos de él. 54”43; 54”61, y 54”66 para cada uno de ellos en el primer hectómetro, con 27 centésimas de ventaja sobre el récord; 1,52”19; 1,52”27 y 1,52”61 a mitad de carrera, y 35 centésimas de ventaja sobre el récord de Perkins; 2,49”88; 2,50”38 y 2,50”54 en el tercer cuarto de prueba, siempre en el mismo orden, ahora ya con 85 centésimas de ventaja sobre el récord mundial. Por una vez, excepción que confirma la regla, el tercer hectómetro no ha sido decisivo en la resolución de la final, atento el sueco a conservar su ventaja, mientras el ruso confía en su mayor velocidad final, y el australiano en su mayor resistencia de especialista en la distancia superior.
 
Aumentando progresivamente el ritmo de su brazada, Sadovyi y Perkins se emparejan con el sueco, volteando el último viraje casi al mismo tiempo. Braceando furiosamente, sin poder separarse, sin embargo, de su rival australiano, Sadovyi se convierte en el primero nadador que “dobla” los 200 y 400m., y en un imborrable último hectómetro, nadado en 54”62 (más rápido, pues, que el primero, teniendo en cuenta el salto de salida) pero sobretodo con unos 26”42 en la última piscina (aún más rápido que en el último largo de la final de los 200m., tres días antes) gana su segunda medalla de oro individual, pulverizando, además, los récords mundial y olímpico con unos sensacionales 3,45”00, por delante de Perkins, 3,45”16, superando (mejor seria repetir “pulverizando”) también su anterior récord, mientras Holmertz señala el tercer mejor tiempo mundial de siempre, 3,46”77, recogiendo la medalla de bronce, superando Wojdat, cuarto en 3,48”10, que a los 300m. aún parecía en posición para disputar las medallas, 3,50”62 a solo ocho centésimas de Perkins, pero que ha acabado literalmente “barrido” por el increible último hectómetro de los tres favoritos. Los ocho finalistas han logrado bajar de los 3,50” (octavo es el neo-zelandés Danyon Loader, 3,49”97) superando los seis finalistas que lo habían logrado en Seúl, en una final de un extraordinario nivel.
 
Digamos, como curiosidad, que era la tercera final olímpica que se disputaba sin norteamericanos, aunque las otras dos correspondian a tiempos tan atrasados como los de 1908 y 1912. Un señal más de la pequeña “debacle” sufrida por los crolistas USA en estos Juegos de Barcelona.
 


Kiere Perkins

1.500m.crol: récord mundial en poder del australiano Kieren Perkins, 14,48”40, el 5 de Abril del mismo año olímpico, en Canberra; récord olímpico en poder del soviético Vladimir Salnikov, aún con los 14,58”27 de la final de Moscú-80. Eliminatorias el 30 de Julio, final el 31. 30 participantes repartidos en 4 eliminatorias.

 
Con la retirada del ya mítico Salnikov habia terminado una época de la historia de esta prueba, tanto más que sus récords mundial de 800 y 1.500m. ya habían sido superados por la revelación australiana Kieren Perkins, sucesor de su compatriota Glenn Housman y del alemán Jorg Hoffmann, los tres únicos favoritos para el título de Barcelona. Perkins, que ya hemos dicho que había llegado en Barcelona con la intención de ganar tres medallas de oro, se veia ahora obligado a ganar su mejor prueba sí quería volver a casa con alguna de estas tres, después de su eliminación de los 200m., y su posterior derrota, honorable derrota, evidentemente, a manos de Sadovyi en los 400m.
 
Única incidencia en las eliminatorias es la eliminación del norteamericano Sean Killion, continuando con la reiterada mala racha de los crolistas USA. La final se decide rápidamente desde los primeros metros, cuando el australiano coge el mando de la prueba a un verdadero ritmo de récord mundial: 55”30; 1,53”64; 2,52”61 y 3,51”59, en los cuatro primeros hectómetros (por delante de su récord, 3,52”71) y 4,50”59 en el primer tercio de carrera. Sus dos principales rivales están, en aquel momento, a más de cuatro segundos tras él (Housman 3,55”89; Hoffmann 3,56”30) completamente destacados del resto de finalistas (cuarto es el alemán Stefan Pfeiffer, 3,59”02).
 
Continuando su cabalgada en solitario, Perkins nada los siguientes hectómetros en poco más de 59 segundos de promedio, llegando a los 800m. con un parcial de 7,48”27 (a poco menos de segundo y medio de su récord mundial de la distancia, 7,46”60) habiendo aumentado su ventaja respecto del paso de su récord mundial, 7,51”15. En el kilómetro, 9,46”91, su ventaja sobre Housman es ahora de más de ocho segundos, 9,55”59, mientras Hoffmann, que no parece en su mejor estado de forma, “navega” a más de once segundos del lider de la prueba, 9,58”19. Sin bajar su ritmo (únicamente el décimotercer hectómetro lo nadará en más de un minuto, 60”37) y animado por todo el público puesto en pie, viendo la posibilidad de asistir a la caída de un nuevo récord mundial, Perkins acaba con un parcial de 57”51 en el último hectómetro, señalando nuevos récords mundial y olímpico, 14,43”48, claramente por delante de su compatriota Housman, segundo en 14,55”29, mientras Hoffmann, que ha bajado los brazos en el último tercio de la prueba, se limita a conservar su tercer lugar, 15,02”29, prácticamente su tiempo de las eliminatorias, 15,03”95, por delante de su compatriota Pfeiffer, 15,04”28, y del resto de finalistas, entre los que el CEI Viktor Andreev es octavo y último con unos discretos 15,33”94 que dejan entrever un cierto estancamiento del nivel de esta prueba (que no se nota, sin embargo, en los primeros lugares) producto, seguramente, de la mayor importancia que se va concediendo a las pruebas más cortas y rápidas.
 
Sin llegar a la “metronomia” que había demostrado Salnikov, la carrera de Perkins ha sido, sin embargo, perfectamente equilibrada: 4,50”59; 4,56”68; 4,57”21 en los tres tercios; 7,18”54 y 7,24”94 en cada una de sus mitades, aunque con un inicio de carrera quizás demasiado rápido, debido, como dijo él mismo en la posterior rueda de prensa, a asegurarse, primero el triunfo, que era lo qué más le interesaba, y después el récord. Para John Carew, su entrenador, Perkins valía en Barcelona sobre los 14,30” en una carrera dirigida única y exclusivamente a superar el récord mundial. Con parecer algo exagerado, creemos que era un tiempo perfectamente al alcance del australiano (aunque nunca llegó a conseguirlo, ya que dejó el récord mundial en 14,41”66 dos años después).
 


Equipo del 4×100 crol de la CEI

4x100m.crol: récord mundial y olímpico en poder de un cuarteto norteamericano con los 3,16”53 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 29 de Julio. 18 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias. Difícilmente se ve quien pueda derrotar al cuarteto norteamericano, vencedores en las cinco finales que se han disputado hasta el momento, pese a la derrota (descalabro, podríamos decir) de los crolistes USA. Mientras el equipo USA nada con dos suplentes (no lo hacen ni Biondi, ni Jager) la CEI no lanza Popov al agua, reservándolo para la final, a pesar de lo cual logrará el mejor tiempo de las tres eliminatorias, 3,17”48.

 
Únicamente en el primer tramo de la prueba, merced a unos excelentes 49”92 del ucraniano Pavlo Khnikin, la CEI puede encabezarla, seguida del sueco Tommy Werner, 49”93, y del alemán Christian Tröger, 49”97, mientras el norteamericano Joe Hudepohl es cuarto en 50”05. En el segundo tramo, sin embargo, unos excelentes 48”69 de Biondi le permiten ponerse en cabeza (1,38”74), seguido de los alemanes, 1,39”32 (merced a unos 49”35 de Dirk Richter, un veterano de la DDR) y de los suecos, 1,39”81, mientras la CEI es cuarta 1,39”97. Continúa dominando el cuarteto USA en el tercer tramo, 2,28”46 (Jager 49”72), con Alemania a sus talones, 2,29”10; la CEI, ahora tercera, 2,29”73, mientras Brasil ha pasado a ser cuarto, 2,30”41.
 
Pese a la presencia del campeón olímpico Popov, el norteamericano Jon Olsen, 48”28, no tiene ningún problema para acabar imponiéndose, 3,16”74, sin llegar al récord impuesto en Seúl. Popov, por su lado, tampoco tiene muchos problemas para alcanzar al último alemán (47”83, mejor parcial de los treinta y dos finalistas, por 48”80 de Pinger) acabando en 3,17”56, por 3,17”90 de los alemanes, medallas de bronce. El francés Caron, con unos excelentes 48”65, frente a los 49”69 del sueco Holmertz, deja a su equipo en cuarto lugar, por delante de los suecos, quintos, 3,19”16 por 3,20”10. Destaquemos de entre el resto de finalistas los 48”90 del brasileño Borges, y el total de dieciséis nadadores que nadan por debajo de los 50 segundos, aunque trece de ellos lo hagan en parciales internos.
 
Para Biondi es la tercera medalla de oro que gana en estos 4x100m.crol, igualando a la mítica Dawn Fraser que, recordémoslo, fue campeona de los 100m.libres en los ya lejanos 1956, 1960, y 1964, a pesar de que la hazaña de Biondi no sea tan meritoria como la de la australiana al haber sido lograda en una prueba de relevos.
 
4x200m.crol: récord mundial y olímpico en poder de un cuarteto norteamericano con los 7,12”51 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 27 de Julio. 18 cuartetos participantes, repartidos en 3 eliminatorias, igualando la mayor participación en esta prueba de los Juegos de Berlín-36. Única novedad en las eliminatorias, el quinto lugar del cuarteto USA, que, a pesar de nadar con dos suplente como ya es costumbre, sigue sin demostrar, sin embargo, su tradicional superioridad, tanto más después del descalabro sufrido el día anterior en la prueba individual. Se espera, pues, una dura lucha contra sus rivales, en una prueba que no han perdido nunca, desde que en 1956 les derrotara el cuarteto australiano (y sin tener en cuenta, lógicamente, su no presencia en Moscú-80).
 
Después que el británico Paul Palmer haya sido el líder en el primer tramo, 1,49”21, por delante de un compacto pelotón formado por el italiano Roberto Gleria, 1,49”29; el australiano Ian Brown, 1,49”45; el norteamericano Joe Hudepohl, 1,49”52; el CEI Dmitri Lepikov, 1,49”55, y el sueco Christer Wallin, 1,49”69, con el alemán Peter Sitt y el brasileño Gustavo Borges más atrás, 1,50”06 y 1,50”45; el equipo sueco lanza en segundo lugar a su mejor hombre, Anders Holmertz, sorprendiendo a todos sus rivales con esta táctica, intentando lograr una ventaja que después deberán defender sus dos últimos compañeros.
 
Pese a ello, es el CEI Vladimir Pychnenko el que le presenta rápidamente una fuerte lucha (24”12 y 50”71, por 24”47 y 51”04 del sueco, un hombre que acostumbra a salir siempre muy rápido) logrando avanzar al resto de finalistas. Únicamente al final de su tramo, el sueco puede lograr unas centésimas de ventaja, 3,35”85 por 3,36”13 de Pychnenko, después de haber señalado los dos mejores tiempo de los treinta y dos finalistas, 1,46”16 y 1,46”58 respectivamente, mientras Alemania es tercera, 3,37”84, por delante de Estados Unidos, 3,37”93, e Italia, 3,39”09 (con Lamberti, que vuelve a demostrar su baja forma con un parcial de 1,49”80). En el tercer tramo, Veniamin Taianovitch y Tommy Werner se entregan a otro magnífico duelo, ya en posición de dirimir entre sus dos equipos el triunfo final, al entregar el testigo con una substancial ventaja.
 
Nadando en 1,48”99, Taianovitch es primero, con ocho centésimas por delante del sueco, 1,49”35 en su tramo (5,25”12 por 5,25”20 en el total) mientras Italia es tercera merced a unos magníficos 1,47”97 de Massimo Trevisan, avanzando a los norteamericanos, cuartos a seis centésimas (Jon Olsen, 1,49”19) y Alemania quinta, a solo treinta y tres centésimas de los norteamericanos.
 
El último tramo dará, pues, el envidiado título de esta verdadero “prueba de las naciones”, como se habia llegado a conocer. Mientras la CEI lanza al agua a su mejor hombre, el campeón olímpico Sadovyi, Suecia lo hace, por lo menos teóricamente, con su peor nadador, Lars Frolander. Pasando por 24”44 y 51”81, Sadovyi no tiene ningún problema en adquirir una progresiva ventaja sobre el sueco, dejando únicamente en el aire la incógnita de sí superará, ó no, el récord mundial. Con unos excelentes 1,46”83, el tercer mejor tiempo entre todos los finalistas, y sin tener que esforzarse al máximo, Sadovyi llega en primer lugar, logrando un triunfo histórico, juntamente con un no menos histórico récord mundial y olímpico, 7,11”95 (únicamente en 1956, y por un corto espacio de un mes, habían tenido los soviéticos el récord de esta prueba con unos 8,24”5 en piscina de 25m.). Tras ellos, Frolander, 1,50”31, sufre para defender la ventaja que le han ofrecido sus compañeros, ante Gjertsen, 1,49”11, y el alemán Stefan Pfeiffer, 1,49”13, mientras Italia, con Stefano Battistelli, 1,51”04, pierde rápidamente la posibilidad de subir al podio.

Imagen de la piscina Bernat Picornell
 
A pesar de que la distancia se va acortando progresivamente, entre la angustia de sus compañeros, Frolander puede conservar, finalmente, las 72 centésimas que les permitirá ganar una histórica medalla de plata para una natación que, pese a la escasez de material humano, ha logrado forjarse un importante y brillante historial dentro de la natación mundial. Con 7,15”51 para los suecos, y 7,16”23 para los norteamericanos, ambos cuartetos suben al podio, dejando para los alemanes el cuarto lugar, 7,16”58, mientras Italia es quinta, 7,18”10, por delante del resto de finalistas, entre los que Australia, llegada en sexto lugar, es finalmente descalificada.
 
Pese al récord mundial de la CEI, el nivel de la prueba no ha sido mejor que en Seúl, donde los primeros seis cuartetos habían bajado los 7,20”, mientras en Barcelona nada más son cinco los que lo logran, con Australia fuera del podio coreano con un tiempo de 7,15”23, que le hubiera permitido de ganar la medalla de plata en Barcelona.
 
Para la natación USA, este tercer lugar marca un hito en su historia natatoria, si se considera que únicamente en 1908, en los Juegos de Londres, había sido relegada al tercer lugar, vencida por la Gran Bretaña y Hungría; Después, únicamente las derrotas de 1932 y 1936 a manos japonesas, y del 1956, en Australia (dejando de lado su ausencia en Moscú-80) le habían impedido de acceder al escalón más alto del podio, conservando siempre, empero, el segundo lugar. La derrota de Barcelona no hace, sinó, ratificar su debilidad en las pruebas de crol de estos Juegos, con las dobles victorias de los CEI Popov y Sadovyi, y del australiano Perkins, y habiendo ganado, únicamente, dos medallas (las de Biondi y Jager en los 50m.).
 
En el podio central, dos hombres en chándal azul, y dos otros en bermudas, tronco desnudo, escuchan (¿lo oyen?) un himno totalmente ajeno a su origen…..
 


Mark Tewksbury

100m.espalda: récord mundial en poder del norteamericano Jeff Rouse, 53”93, el 25 de Agosto de 1991, en Edmonton; récord olímpico en poder del norteamericano David Berkoff con los 54”51 de la 7a.eliminatoria de Seúl. Eliminatorias y final el 30 de Julio. 52 participantes repartidos en 7 eliminatorias. No se presenta a defender su sorprendente título de Seúl el japonés Daichi Suzuki, aunque sí lo hace el no menos sorprendente derrotado, David Berkoff, convencido por sus compañeros de equipo, Biondi y Morales, de intentar lograr en Barcelona lo qué no había podido conseguir en Seúl.

 
Con él, su compatriota Jeff Rouse, recordista mundial, y principal favorito, y el canadiense Mark Tewksbury, recordista mundial en piscina corta, como a máximos aspirantes al título, con permiso, naturalmente, del español Martin López-Zubero, recordista mundial de los 200m., aunque el hectómetro sea una distancia quizás demasiado corta para él. Las eliminatorias ya dejan entrever lo qué puede ser la final, con Rouse, 54”63, a doce centésimas del récord olímpico, seguido del canadiense, 54”75, y de Berkoff, 54”84, únicos en bajar de los 55 segundos.
 
La final será, sin embargo, un verdadero calco de la final coreana, con Tewksbury haciendo esta vez el papel de Suzuki. Perfecto en la salida y en el viraje, Rouse parece no tener rival girando primero, 26”06, por delante del canadiense, 26”39; Berkoff, 26”47, y López-Zubero, 26”87. Sin embargo, y como había pasado cuatro años antes, el recorrido submarino del norteamericano parece haberle cortado las piernas en los metros finales. A 25m. de la llegada aún está en cabeza, cuando el canadiense aumenta el ritmo de su brazada y, diez metros más allá, le alcanza.
 
Mientras Rouse parece hundirse, Tewksbury, con unas últimas brazadas llenas de potencia, puede superar al gran favorito y ganar una inesperada medalla de oro, juntamente con un nuevo récord olímpico, 53”98, a solo cinco centésimas del mundial, mientras Rouse es segundo, 54”04, y Berkoff tercero, 54”78, claramente superado, y que aún debe resistir el último asalto del español, cuarto en 54”96, muy por delante del resto de finalistas, entre los que el CEI Vladimir Selkov es quinto en 55”49. La alegría del canadiense al verse campeón olímpico es patente por su espontaneidad, mientras, al contrario, se puede leer la gran decepción en la cara de los dos norteamericanos.
 
La prueba ha sido de un excelenta nivel, con cuatro hombres por debajo de los 55” (en Seúl únicamente lo había logrado Berkoff en las eliminatorias) y únicamente el veterano alemán, ex-DDR, Dirk Richter, por encima de los 56” (con cuatro finalistas en Seúl en estas condiciones).
 
Hay que mencionar, también, los cambios sufridos en la reglamentación de este estilo de espalda en los últimos años: por un lado, y podríamos decir que en sentido negativo, la limitación de nadar por debajo agua únicamente los primeros 15m. después de la salida y de cada viraje, que la FINA ha decidido, invocando las mismas razones que muchos años antes, en 1957, lo había hecho para prohibir la “braza submarina”, es decir, por un lado, la posible peligrosidad para el organismo humano de contener la respiración demasiado tiempo, y por otro lado, el espectáculo de ver a ocho hombres disputando una carrera completamente sumergidos y moviendo únicamente las piernas.
 
Como segundo cambio, este podriamos decir, en sentido positivo, se reglamentó la posibilidad de hacer el viraje sin tener que tocar la pared con cualquiera de las manos, incluso girándose ventralmente, habiendo suficiente que se toque con cualquiera parte del cuerpo (exactamente como en el crol) siempre que no se haga ningún movimiento de crol, ni con los pies, ni con los brazos, y que en el momento que el cuerpo se separa del muro, una vez terminado el viraje, el cuerpo se encuentre en la posición de espaldas propia de este estilo. Teniendo en cuenta que en las competiciones internacionales una gran parte de los nadadores, sobretodo los de espalda, acostumbran a ser de buena estatura, pensamos que el progreso experimentado por este estilo en los últimos años, tiene mucho a ver con esta nueva permisividad del reglamento, que tiende siempre a favorecer el nadador.
 
Digamos también que en 1998, Mark Tewksbury fue el primer nadador de alta competición que se declaró homosexual, convirtiendose, a partir de aquel momento, en un activo y firme defensor de sus derechos.
 


Martin Lopez-Zubero

 

200m.espalda: récord mundial en poder del español Martin López-Zubero, 1,56”57, el 23 de Noviembre de 1991, en Tuscaloosa; récord olímpico en poder del norteamericano Rick Carey con los 1,58”99 de la 5a.eliminatoria de Los Ángeles-1984. Eliminatorias y final el 28 de Julio. 44 participantes repartidos en 6 eliminatorias. No defiende su título de Seúl el “Zar” Poliakov.

 
El español López-Zubero es el gran favorito de la prueba, con sus avales de campeón y recordista mundial, dominando a sus rivales de casi dos segundos. Siete hombres bajan los dos minutos en unas eliminatorias muy ajustadas, con mejor tiempo para el español, 1,59”22, y último para el húngaro Tamas Deutsch, 2,00”50, señalando un buen progreso respecto de ediciones anteriores (únicamente dos nadadores por debajo de los dos minutos en Seúl; solo uno en los Mundiales de Perth-91). Como hemos dicho al hablar de los 100m., una gran parte de este progreso hay que ponerlo en la cuenta de los cambios en la reglamentció del estilo.
 
Como es su costumbre, el CEI Vladimir Selkov toma el comando de la prueba, 28”06 en el primer viraje, mientras, también fiel a su costumbre, el español deja que sean sus rivales quienes se disputen los primeros lugares, quinto en 28”61. A mitad de carrera, Selkov continúa primero, 58”12 (prácticamente a ritmo de récord mundial, 58”08 de López-Zubero) seguido por un inesperado japonés Hajime Itoi, segundo en 58”3, y de un no menos inesperado belga, Stefaan Maene, 58”52, mientras el español continúa instalado en quinto lugar, 58”86, pareciendo no llegar a coger el ritmo más adecuado a la prueba.
 
Al llegar al último viraje, el sorprendente Itoi ha pasado a encabezar la prueba, 1,28”75 (lejos ya del parcial del récord mundial, 1,27”50) dispuesto a dar la gran sorpresa de la tarde, con Selkov segundo, 1,29”09, mientras López-Zubero ya es tercero, 1,29”15, con el norteamericano Tripp Schwenk cuarto, 1,29”39. En el último largo, y cuando se espera la reacción del español, es Selkov quien vuelve a coger el mando de la prueba, pareciendo en disposición de superar al gran favorito, y no es sino en los últimos metros, y braceando con gran energía, cuando López-Zubero puede tocar en primer lugar el muro de llegada, 1,58”47, superando el récord olímpico, 40 centésimas de ventaja por delante de Selkov.
 
El italiano Stefano Battistelli, séptimo en el último viraje, 1,30”12, esprinta desesperadamente en el último largo, nadandolo en 29”28 (el mejor de los ocho finalistas) y puede hacerse con la medalla de bronce, 1,59”40, superando a Itoi en los últimos metros, 1,59”52, que ha terminado ligeramente hundido, pagando su esfuerzo entre los 100 y los 150m.
 
100m.braza: récord mundial en poder del húngaro Norbert Rozsa, 1,01”29, el 20 de Agosto de 1991, en Atenas; récord olímpico en poder del norteamericano Steve Lundquist con los 1,01”65 de la final de Los Ángeles-84. Eliminatorias y final el 26 de Julio. 59 participantes repartidos en 8 eliminatorias. Participación de verdadero lujo, con las tres medallas de Seúl (el campeón Moorhouse, Guttler y Volkov) y el recordista mundial, además de otros, como los dos norteamericanos ó el británico Gillingham, aunque este sea más especialista de 200m., todos ellos a la caza de un título que se anuncia muy abierto por la gran calidad de los finalistas. Alto nivel en las eliminatorias, con cinco hombres por debajo de los 1,02”, y mejor tiempo para el CEI Dmitri Volkov, 1,01”74, dos centésimas menos que el sorprendente japonés Akira Hayashi.
 
El último finalista, precisamente el recordista mundial Rozsa, señala unos 1,02”25, muy superiores a los 1,03”08 que se necesitaron para clasificarse para la final de Seúl. La nota negativa de la mañana la da el húngaro Guttler, eliminado por tres centésimas de segundo (que son, precisamente, las que permiten pasar a la final a su compatriota Rozsa) así como el italiano Minervini y el norteamericano Diersch, que entraban dentro del pelotón de favoritos.
 
En la final, y como ya había pasado en Seúl, escapada de Volkov (un veterano, finalista ya de los Mundiales de Guaiaquil-82) que coge el mando de la prueba, llegando al viraje con un parcial de 28”89, seguido de su compatriota Vasili Ivanov, 28”98, y Diebel, 29”09, mientras Rozsa es cuarto, 29”19, y el todavia campeón, Moorhouse, sexto en 29”46, sin parecer en disposición de revalidar el título. Ivanov comienza a ceder hacia los 75m., mientras Rozsa inicia su remontada.
 
A diez metros de la llegada, y cuando parece que Volkov aún está en posición de ganar la codiciada medalla de oro, se hunde dramáticamente (como ya acostumbra a pasarle en las grandes competiciones internacionales) cediendo el paso a sus rivales. Las últimas brazadas favorecen al norteamericano Nelson Diebel, que acaba por ganar el oro, 1,01”50, nuevo récord olímpico, por delante de Rozsa, 1,01”68, que quizá se ha reservado excesivamente para los últimos metros, y no ha podido remontar totalmente al norteamericano, mientras tercero es el australiano Philip Rogers, 1,01”76, una de las sorpresas de la prueba, seguido de Hayashi, 1,01”86, con Ivanov quinto, a una corta centésima, completando un quinteto que supera los 1,02”04 con los que Moorhouse se habia coronado en Seúl. Volkov, completamente hundido, solo puede ser sexto, 1,02”07, por delante de Gillingham y Moorhouse. Destaquemos, en la final de consolación, los 1,01”84 de Guttler, demostrando que estaba en condiciones de defender sus posibilidades de subir nuevmente al podio.
 
Nelson Diebel es un extrovertido personaje que se presenta a recibir la medalla con un pañuelo en la cabeza, pintado con las “stars y stripes” de la bandera USA, con un reciente pasado no muy “tradicional” en un deportista; contestatario social, dudoso paso por las drogas, y una reciente “saltada” por un balcón, que ha terminado con la rotura de los dos brazos y de una pierna (parece que como mal menor) terminado todo, finalmente, en un “happy end” de medalla dorada y lágrimas del vencedor al subir al podio para recibirla, y escuchar el himno USA tocado en su honor.
 


Mike Barrowman

200m.braza: récord mundial en poder del norteamericano Mike Barrowman, 2,10”60, el 13 de Agosto de 1991, en Fort Lauderdale; récord olímpico en poder del canadiense Victor Davis con los 2,13”34 de la final de Los Ángeles-84. Eliminatorias y final el 29 de Julio. 54 participantes repartidos en 7 eliminatorias. No se presenta a defender su título de Seúl el húngaro Jozsef Szabo. Favorito evidente el recordista mundial, a pesar de que se tengan ciertas dudas sobre su real estado de forma, después del súbito fallecimiento de su padre poco días antes de los Juegos y su derrota en los “trials” a manos de su compatriota Roque Santos. Con él, compartiendo favoritismo, hombres como Rozsa, Gillingham, el mismo Santos, y, sobretodo, el español Sergi López, medalla de bronce en Seúl y que, ahora, ante su público, puede ser un rival peligroso.

 
Después de haberse especulado incluso con la ausencia del recordista mundial, se presenta a disputar las eliminatorias, y lo hace desmontando cualquier duda sobre su estado de forma: 2,11”48 al ganar la 7a. y última, nuevo récord olímpico (borrando al recordado Victor Davis) a solo 88 centésimas de su mundial. Eliminados por la mañana, Roque Santos y el otro español, Joaquin Fernández, candidatos, por lo menos, a la final.
 
En la final, ninguna concesión del norteamericano a sus rivales, decidido a dedicarle la victoria a su fallecido padre. Con parciales muy ajustados a su récord mundial (30”43 y 1,03”91, por 30”12 y 1,03”69 del récord) siempre seguido por Gillingham, 30”57 y 1,04”10, mientras Rozsa es tercero, 30”69 y 1,04”45, avanzados al resto de finalistas, entre los que únicamente López, 1,04”95 a mitad de carrera, lucha por unirse a los tres primeros.
 
En el último viraje, 1,37”12, Barrowman está únicamente a 13 centésimas de su récord mundial, seguido muy de cerca por el británico, 1,37”69, mientras Rozsa, 1,37”87, intenta acercarse para imponer en los últimos metros su superior punta de velocidad. Sergi López, incapaz de remontar, ha perdido toda posibilidad de luchar por las medallas, cuarto en el último viraje, 1,39”24. Acabando con unos excelentes 33”04 en el último largo, Barrowman no tiene problemas para lograr el título olímpico, al mismo tiempo que los récords mundial y olímpico, 2,10”60, mientras Rozsa puede imponerse a Gillingham en el último esfuerzo, 2,11”23 por 2,11”29, con nuevo récord europeo para el húngaro, dejando el cuarto lugar para López, 2,13”29. El japonés Hayashi, octavo y último con un tiempo de 2,15”11, superando los 2,15”21, con los que había logrado Sergi López la medalla de bronce en Seúl. Una vez más se demuestra que difícilmente se puede parar el ritmo creciente de la natación mundial.
 


Pablo Morales

100m.mariposa: récord mundial en poder del norteamericano Pablo Morales, 52”84, el 23 de Junio de 1986, en Orlando; récord olímpico en poder del surinamés Anthony Nesty con los 53”00 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 27 de Julio. 69 participantes repartidos en 9 eliminatorias. Favoritismo para el campeón olímpico y mundial, Nesty, presente en Barcelona, dispuesto a revalidar su triunfo de Seúl; con el mejor tiempo del año en su poder, 53”81, y su reconocido carácter luchador en las grandes competiciones, Nesty tiene ante él, sin embargo, todo un mito de la prueba, el norteamericano de origen cubano Pablo Morales, todavia recordista mundial, y que, como Rouse, ha regresado a las piscinas empujado por sus compañeros Biondi y Jager, decidido a lograr lo que no habia ganado ocho años antes en Los Ángeles, frente a Michael Gross, y cuatro años antes al ser eliminado de los “trials” USA. Con 27 años, el norteamericano se enfrenta a uno de sus más grandes retos, en una prueba que parece encontrarse algo estancada, sin nadie capaz de acercarse al límite de los 52”. Solo cuatro hombres bajan los 54” en las eliminatorias (cinco lo habían logrado en Seúl) como demostración de lo qué acabamos de decir, con el mejor tiempo para Morales, 53”59, una centésima por delante del polaco Rafa Szukala, campeón europeo, otro de los favorito.

 
La final es, prácticamente, un duelo entre Morales, Nesty y Szukala, con el norteamericano siempre en cabeza, intentando coger unos centímetros de ventaja que lo pongan al abrigo del tradicional final del surinamés. Pasando por 24”76, por delante de los CEI Pavlo Khnikin, segundo en 25”06, y Vladislav Kulikov, tercero en 25”32, mientras Nesty es cuarto, 25”33, y Szukala sexto en 25”44, Morales parece haber conseguit su objetivo de distanciar a sus principales rivales. Hacia los 65m., Szukala y Nesty inician su esperado esfuerzo final, y, por unos momentos, parecen dispuestos a reeditar el final de Seúl, superando a Morales en la última brazada.
 
Este, sin embargo, ha guardado fuerzas para las últimas brazadas, y lanza rápidamente sus brazos hacia el muro, logrando, por tres cortas pero valiosas centésimas, el sueño de su vida deportiva, alzando el brazo con su índice señalando el cielo, como avisando a los cuatro vientos que, finalmente, es campeón olímpico de “su” prueba. Después de relajarse unos metros en el agua, saboreando sin duda el placer de haber logrado lo qué tanto había deseado, y ya fuera del agua, vendrá el estrecho y emocionado abrazo con Rouse, compañero de estudios, y la llamada telefónica a su entrenador, Skip Kenney, que nunca ha dejado de creer en sus posibilidades. Más tarde, la rueda de prensa, donde no cesa de repetir “por fin he logrado lo qué tanto había deseado a lo largo de estos años…..por fin…..”.
 
Evidentemente, lo mejor de esta final ha sido la lucha entre los tres primeros clasificados. Los 53”32 de Morales no llegan a superar el récord olímpico de Nesty, ni tan solo los 53”08 con los que Gross le había vencido en Los Ángeles, pese a que le hayan permitido subir al cajón más alto del podio de Barcelona, que es, en definitiva, el sueño de cualquiera de los ocho finalistas. Szukala sorprende a Nesty con sus propias armas, superándole en la última brazada, 53”35 por 53”41, mientras Khnikin, cuarto en 53”81, compone el cuarteto que baja de los 54”.
 
Nesty parece no haber encajado el golpe cuando los tres primeros se presentan a recoger las correspondientes medallas. Ni una leve sonrisa se dibuja en su rostro, ni casi levanta su brazo cuando su nombre es anunciado para recibir la medalla de bronce. La gran fiesta preparada en su pequeño país para celebrar su segundo triunfo, será suspendida, naturalmente, y esta es quizá una de aquellas ocasiones en que una medalla olímpica de bronce, cuando menos en los primeros momentos, no es bienvenida. Es la cruz del deporte de alta competición, privándote de ser el mejor por escasas centésimas de segundo, después de años y años de duro entrenamiento y dedicación.  
 


Melvin Stewart

200m.mariposa: récord mundial en poder del norteamericano Melvin Stewart, 1,55”69, el 12 de Enero de 1991, en Perth; récord olímpico en poder del alemán de la RFA Michael Gross con el 1,56”94 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 30 de Julio. 46 participantes repartidos en 7 eliminatorias. Está en Barcelona el campeón de Seúl, el alemán Michael Gross, aunque no para defender su título, sinó en su calidad de periodista y comentarista de TV.

 
Un único y destacado favorito en este prueba es el norteamericano Melvin Stewart, quinto cuatro años antes en Seúl, campeón y recordista mundial, sin que se vea quien puede hacerle sombra en la piscina barcelonesa. En las eliminatorias se acerca al récord olímpico de Gross con 1,56”99, y un segundo de ventaja sobre el segundo mejor tiempo, el sorprendente neo-zelandés Danyon Loader, un mariposista que ha bajado de los 400 y 1.500m.crol (el día anterior había sido octavo y último de la final de los 400m.crol con unos excelentes 3,49”97) y que en los meses anteriores se habia “reconvertido” a mariposista, y no sin éxito, como podremos ver. Por primera vez en los Juegos hay que bajar de los dos minutos para clasificarse para la final.
 
En la final, Stewart sale dispuesto a todo, aspirando a vencer y a convencer, es decir, que quiere título y récord. Más rápido que sus parciales del récord (26”34; 55”60, y 1,25”44) el norteamericano pasa por 25”97; 55”32, y 1,25”32, y aunque flaquea en los últimos metros, nadando el último largo en 30”94 (por 30”25 en su récord) no tiene absolutamente ningún problema en lograr el título, juntamente con un nuevo récord olímpico, aunque no mundial, 1,56”26, patentizando su superioridad.
 
La lucha, tras él, es mucho más interesante, y se centra rápidamente entre el neo-zelandés y el francés Franck Esposito, el campeón europeo, que ha intentado en un primer momento seguir el ritmo del norteamericano, 26”61 y 56”66, mientras Loader hace su carrera, mucho más prudente, 27”21 y 56”74. En el tercer largo de piscina, el francés ha de bajar su ritmo, al comprender que no puede seguir al norteamericano, pasando al cuarto lugar, 1,27”92, tras Loader, 1,27”00, y el australiano Martin Roberts, 1,27”80, sexto a mitad de carrera y que ha hecho un gran esfuerzo entre los 100 y los 150m. (que pagará al final, con el octavo y último lugar, completamente hundido).
 
En el último largo, Loader se asegura la medalla de plata con unos excelentes 1,57”93 (mejorando el tercer lugar logrado por su compatriota Mosse cuatro años antes en Seúl) mientras Esposito puede recuperar el tercer lugar, 1,58”51, sin permitir que llegué a buen término el esfuerzo final de Szukala, cuarto en 1,58”89.
 
Por primera vez en la historia olímpica los ocho finalistas bajan de los dos minutos (en Seúl lo habían logrado los siete primeros) en una prueba en la que el detalle técnico es que dos de los que suben al podio, Stewart y Esposito, son adeptos de la respiración lateral, una técnica no muy vista en las competiciones de alto nivel, y que, pese a las afirmaciones de cierto comentarista de TVE, no es una técnica novedosa, antes al contrario, ya había sido practicada por los japoneses Ishimoto y Nagasawa a finales de la década de los 50, e incluso mucho antes, hacia finales de la de los 40, por lo menos que tengamos noticias, por el brasileño Otto Jordan, practicante de la antigua modalidad de mariposa con pies de braza.  
 


Tamas Darnyi

200m.estilos: récord mundial en poder del húngaro Tamas Darnyi, 1,59”36, el 13 de Enero de 1991, en Perth; récord olímpico en poder del mismo Darnyi con los 2,00”17 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 30 de Julio. 56 participantes repartidos en 8 eliminatorias.

 
Un favorito claro y unànime en la persona de Darnyi, que lo es todo en esta especialidad: campeón olímpico en Seúl, campeón mundial y europeo, recordista mundial, único que ha bajado hasta ahora de los dos minutos en esta distancia, e imbatido en la especialidad desde hace seis años; pese a que sea lógico pensar que todo eso se acabará un día u otro, se hace difícil pensar que ello pueda pasar precisamente en Barcelona, tanto más después de su triunfo en los 400m. Un único eliminado importante en las eliminatorias de la mañana en la persona del español Martin López-Zubero, cuarto mejor tiempo mundial del año, 2,01”09, pero que como ya había pasado en otras grandes competiciones, es eliminado, al no estar muy concentrado en esta prueba. La nota dramática va a cargo del norteamericano Ron Karnaugh, que participa en las eliminatorias, logrando el paso a la final, después del súbito fallecimiento de su padre, por un ataque de corazón, que se encuentra en Barcelona para ver nadar su hijo. Pese a ello, el nadador no abandona, según dice “porque ya no puedo hacer nada más por él, que había venido a verme subir al podio, y es lo que intentaré hacer, para homenajearlo”.
 
Darnyi debe luchar con todas sus fuerzas para no verse derrotado en esta final. Karnaugh lanza la final en el tramo de mariposa, 26”52, por debajo del récord mundial, 26”84, con todo el resto de finalistas prácticamente en línea, con el húngaro en quinto lugar, 27”10. En el tramo de espalda, es otro húngaro, Attila Czene, el que manda la prueba, 57”55 (lejos de los 56”80 del récord mundial) dos centésimas por delante del norteamericano Greg Burgess, mientras Karnaugh es tercero, 57”77, y Darnyi cuarto, 57”96.
 
Cuando el público espera ver la escapada del favorito en el tramo de braza, continúa siendo Czene el que manda en el último viraje, 1,32”75 (por 1,31”36 del récord mundial) con Burgess a tres cortas centésimas; Karnaugh tercero, 1,33”07, mientras Darnyi, asombrosamente, continúa cuarto, 1,33”23.
 
Será, pues, el tramo de crol, el que decidirá la final. Tirando desesperadament de sus brazos, Darnyi alcanza primero a Karnaugh, que pierde definitivamente todas sus posibilidades de medalla en estos últimos metros, y se lanza a la caza de su compatriota y de Burgess. Les alcanza hacia los 175m., y en unos últimos metros impresionantes de fuerza y determinación, logra seguramente la mejor y más trabajada de sus cuatro victorias olímpicas, con un tiempo de 2,00”76, lejos de sus dos récords. Burgess es segundo, 2,00”97, tres cortas pero importantes centésimas por delante de Czene, 2,01”00, medalla de bronce, dejando al sorprendente finlandés Jani Sievinen (mejor marca de las eliminatorias, 2,01”18) en el cuarto lugar, 2,01”28, por delante del resto de finalistas, con Karnaugh sexto, 2,02”18, que no ha podido hacer realidad su sueño de honrar a su padre con una medalla.
 
400m.estilos: récord mundial también en poder de Tamas Darnyi, 4,12”36 el 8 de Enero de 1991, en Perth; récord olímpico en poder del mismo Darnyi con los 4,14”75 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 27 de Julio. 32 participantes repartidos en 5 eliminatorias.
 
Favoritismo prácticamente absoluto para quien, repetimos, lo es todo en esta especialidad (ya hemos expuesto anteriormente sus “credenciales”). Sus posibles rivales son el italiano Luca Sacchi, los norteamericanos Dave Wharton (ex-recordista mundial) y Eric Namesnik (subcampeón mundial) e incluso su compatriota Czene. En las eliminatorias, las únicas novedades son la eliminación de este último con unos discretos e inesperados 4,26”31, y el octavo lugar de Wharton, clasificado “in-extremis”, seis décimas de segundo por delante del español Jorge Pérez.
 
La final la encabeza Wharton en el tramo de mariposa, que sale literalmente “disparado”, señalando unos increibles 57”62 (muy avanzado a los 59”10 de Darnyi en su récord mundial) por delante de los alemanes Christian Gessner, 59”62 y Patrick Kuhl, 59”68, mientras Darnyi es cuarto, 59”82, con pocas centésimas de diferencia con el resto de finalistas. Cuando Wharton comienza a perder terreno en el tramo de espalda, es su compatriota Namesnik quien coge el mando de la prueba, 2,04”06 (a un segundo y medio del parcial del mundial, 2,02”57) con Darnyi ya únicamente a nueve centésimas de segundo, mientras Wharton ya es tercero, 2,05”11, por delante de Sacchi, 2,06”44, en su peor estilo.
 
El excelente viraje de Darnyi, combinado con otro bastante deficiente de Namesnik, hace que el húngaro pueda coger el mando de la prueba, aunque sin poder adelantarse al norteamericano. En el viraje hacia el crol, Darnyi es primero, 3,16”63, con Namesnik a su altura, 3,16”85, mientras Sacchi, con un magnífico parcial de 1,11”30 en este tramo de braza (el mejor, y de largo, de los ocho finalistas) parece en disposición de luchar por el podio, 3,17”74, claramente por delante de Wharton y Gessner, 3,18”99 y 3,20”69, que han perdido en este tramo gran parte de sus posibilidades.
 
Aumentando drásticamente su ritmo desde los primeros metros de crol, y respirando en gran parte sobre el pasaje aéreo de cada brazo (es el único nadador de alta competición a quien hemos visto practicar últimamente esta antigua modalidad) Darnyi vuela literalmente hacia su tercer título olímpico, acabando con un tiempo de 4,14”23 (57”60 en el tramo de crol) un nuevo récord olímpico, alejado de su mundial.
 
Namesnik, por su lado, todavia tiene problemas para resistir el último asalto de Sacchi, que con sus 58”60 en el tramo de crol, aún puede restar 12 centésimas de su desventaja, aunque, finalmente, no haga peligrar la medalla de plata del norteamericano, 4,15”57, conformándose con el bronce, 4,16”34, dejando el cuarto lugar para Wharton, 4,17”26, y Gessner en el quinto, 4,17”88 (después de lograr el mejor parcial de crol, 57”19). Ha sido una prueba con un nivel moderado, con un ganador que parece haber llegado ya al límite de sus posibilidades, y una nueva generación de estilistas aún no bastante madura para prescindir de su líder.
 
Darnyi no esboza ni una sonrisa en el podio, hasta que la contagiosa alegría del “carabinieri” Sacchi casi le obliga a hacerlo. Pese a todo, después, en la posterior rueda de prensa, Darnyi se declara dispuesto a continuar hasta los Juegos de Atlanta-96, declaración que es acogida con diferentes opiniones por parte de sus rivales: mientras Namesnik dice que “me gustaría encóntrarmelo de nuevo…..”, Sacchi, con su proverbial buen humor y picardía, comenta que “no es que me alegré precisamente oirle decir esto…..”. Por suerte para más de uno, Darny no estará ya en Atlanta-96.
 
4x100m.estilos: récord mundial y olímpico en poder de un cuarteto norteamericano con los 3,36”93 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 31 de julio. 23 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias. Última prueba de natación de estos JJ.OO. de Barcelona, para la que, y siguiendo su ya tradicional costumbre, el cuarteto alemán se presenta con una vestimenta ”sui generis”, con corbata y sombrero tipo “panamá”, acompañados esta vez por los normalmente circunspectos japoneses, que en estos Juegos se “descuelgan” ornados con una especie de abanico pintado con el Sol Naciente cogido al gorro de baño.
 
Ambiente festivo en las gradas y en la playa de la piscina, al acabarse unos Juegos que han aportado un total de diez nuevos récords mundiales, juntamente con otros de los cinco continentes y de la Commonwealth, así como un buen número de nacionales.
 
El gran favorito para el triunfo no puede ser otro que el cuarteto USA, con dos campeones olímpicos y un medalla de plata en sus filas, siendo el equipo más equilibrado, y único ganador olímpico desde que en 1960 se comenzó a disputar esta prueba (sin tener en cuenta, no es preciso decirlo, su ausencia de Moscú).
 
Repitiendo la actuación de Berkoff en Seúl, Jeff Rouse se toma la revancha de su derrota en la prueba individual (aunque no creemos le sirviera de mucho consuelo) y con un parcial de 26”32 en el viraje, y un tiempo final de 53”86, mejora en siete centésimas su récord mundial (y también el olímpico, para quien quiera tenerlo en cuenta) al misma tiempo que lanza a sus compañeros hacia la victoria. Diebel, 1,01”45 en braza, y Morales, 52”83 en mariposa, van cogiendo cada vez más ventaja, pese a los esfuerzos de sus rivales. Así, el último nadador USA, Jon Olsen, 48”79 en su tramo, no tiene ningún problema para ganar la esperada medalla de oro, con un tiempo final de 3,36”93, que igualan los récords mundial y olímpico logrados en Seúl, en la final de cuatro años antes.
 
Tras ellos, la lucha es implacable. Los canadienses son segundos desde el tramo de espalda (Tewksbury, 54”09; Jon Cleveland 1,01”93) mientras Hungría, con Tamas Deutsch 56”18 en espalda, y un magnífico parcial de Rozsa, 1,00”84, el mejor de los ocho bracistas finalistas, es tercera al acabar la braza, por delante de la CEI (Vladimir Selkov 55”50; Vasili Ivanov 1,01”59). Pavlo Khnikin, sin embargo, pone las cosas en su lugar, y con un parcial de 53”56 en el tramo de mariposa (por 53”72 del canadiense Marcel Gery, y unos discretos 54”85 del húngaro Peter Horvath) entrega el testigo a poco menos de un segundo, 91 centésima exactamente, de los canadienses.
 
Popov demostrará, una vez más, que es, sin duda, el mejor velocista de estos Juegos. Igualándose al canadiense Stephen Clarke en el viraje, el ruso, con un parcial de 47”91, el mejor de los ocho crolistas, no tiene problemas para ganar la medalla de plata, aunque sin poder inquietar a Olsen, 3,38”56, claramente por delante del canadiense, tercero en 3,39”66, mientras Alemania es cuarta, 3,40”19 (con unos buenos 48”62 de su crolista Mark Pinger) sin haber estado nunca cerca de las medallas, y el cuarteto japonés (destaquemos los 1,00”98 de su bracista Akira Hayashi) octavo y último, 3,43”25, en una prueba con un buen nivel. 
 


Wenyi Yang

50m.crol: récord mundial en poder de la china Wenyi Yang, 24”98, el 11 de Abril de 1988, en Guangzhou; récord olímpico en poder de la alemana de la DDR Kristin Otto con los 25”49 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 31 de Julio. 50 participantes repartidas en 7 eliminatorias. La mítica Kristin Otto, la séxtuple campeona de Seúl está en Barcelona, aunque no para defender ninguno de sus títulos, sino únicamente para trabajar en su tarea de informadora de un periódico de Leipzig, y, de pasada, poder ver a las que van a sucederle en el palmarés olímpico.

 
Subcampeona olímpica en Seúl y recordista mundial, la china Yang tenía en Barcelona su particular cita con el destino, donde, lógicamente, quería demostrar que sus dos anteriores “fracasos” (si es que puede llamarse fracaso a lograr una medalla de plata olímpica y un cuarto lugar en los Mundiales) no habían sido más que meros accidentes, y que su marca mundial era legítima, y no producto de un buen momento. Pese a todo, la china no es la más rápida de las eliminatorias, y sí su compatriota Zhuang, ya campeona olímpica de los 100m., y mundial de los 50m., que con un tiempo de 25”56 se pone a solo siete centésimas del récord olímpico. Tras ella, las dos norteamericanas Martino y Thompson, con un mismo tiempo de 25”63, y Yang únicamente sexta, 25”84.
 
Desde los primeros metros de la final se define el podio de la prueba. Las dos chinas y las dos norteamericanas se destacan, con una ligera ventaja para Martino y Zhuang. Yang las alcanza hacia los 35m., y con unas determinadas y potentes brazadas puede coger unos centímetros de ventaja que acaban por darle la medalla de oro, juntamente con un excepcional récord mundial y olímpico, 24”79, 19 centésimas menos que su anterior, mientras Zhuang acaba imponiéndose claramente a Martino, 25”08 por 25”23, logrando el “doblete” para su natación, después de que las dos norteamericanas se hayan hundido ligeramente en los últimos 20m., donde Thompson incluso es atrapada por la francesa Plewinski, 25”36 por 25”37, cuarta y quinta.
 
La final ha tenido un buen nivel, con un último lugar para la holandesa Inge DeBruijn, 25”84, mucho mejor que los 26”01 de la octava de Seúl. Con estos resultados se acentúa el discreto papel jugado por la natación femenina USA, que había llegado a Barcelona completamente segura de lograr de nuevo la supremacía mundial que se le escapaba prácticamente desde 1972. En las diez pruebas individuales de crol, las que definen la potencia de cualquiera natación, los Estados Unidos únicamente habían logrado dos medallas de oro. 
 


Yong Zhuang junto con Lingyi Le tras vencer los 100 crol

100m.crol: récord mundial en poder de la norteamericana Jenny Thompson, 54”48, el 1 de Marzo del mismo año olímpico, en Indianápolis; récord olímpico aún en poder de la alemana de la DDR Barbara Krause con los 54”79 de la final de Moscú-80. Eliminatorias y final el 26 de Julio. 48 participantes repartidas en 6 eliminatorias. Con Otto en los asientos de prensa, la norteamericana Jenny Thompson llega a Barcelona como a gran favorita, avalada por su récord mundial, pese a la presencia de su compatriota Haisslet, la china Zhuang, ó la francesa Plewinski, por citar el podio del pasado Mundial-91 en Perth.

 
Las eliminatorias parecen confirmar su papel de favorita, al superar, en la 6a. y última, el récord olímpico con unos magníficos 54”69 (“dejándose ir” en las últimas brazadas, además) por delante de la revelación de la prueba, la alemana Franziska van Almsick, 14 años y 3 meses solo, 55”40, es decir, con poco menos de un segundo de ventaja, una diferencia muy grande para una prueba que acostumbra a decidirse en escasas centésimas de segundo.
 
La final, sin embargo, como tantas otras veces ha ocurrido en anteriores Juegos, es totalmente diferente. Pese a los bañadores de última moda que lucen las dos norteamericanas, la china Yong Zhuang, medalla de plata cuatro años antes en Seúl, toma el mando de la carrera desde los primeros metros, girando la primera en el viraje, 26”46, por delante de Thompson, 26”54, y de van Almsick, 26”68. Destacadas y emparejadas a partir del viraje, Zhuang y Thompson luchan encarnizadamente hasta los últimos metros, donde la china, siempre con una corta ventaja, impone su último y decisivo ataque, aumentando el ritmo de brazada, que le sirve para lograr las 20 centésimas de ventaja, 54”64 por 54”84 que la permiten de ofrecer a su país la primera medalla de oro de la natación, juntamente con un nuevo récord olímpico, y segundo tiempo mundial de siempre, dejando la medalla de plata para una Thompson que no ha podido superar los últimos metros de su rival, y que todavia está a punto de ser alcanzada por la alemana, tercera en 54”94, completamente destacadas ya de la cuarta clasificada, la norteamericana Haisslet, 55”19.
 
La decepción de la recordista mundial es patente, con una sonrisa extrañamente forzada en el podio, y ausencia en la subsiguiente rueda de prensa, pretextando que debe pasar el control antidoping (que también deben pasar, lógicamente, Zhuang y van Almsick, presentes ante los periodistas) mientras la normalmente hierática china, esboza una suave sonrisa, como felicitandose de haber escondido su juego en las eliminatorias, y haber acertado la táctica en la final.
 
La joven van Almsick, por su lado, es lo que podríamos llamar la “última bomba, con espoleta, de la ex-DDR”; nacida en el Berlín Oriental, es el último producto de las “Espartaquiadas”, que explota cuando ya ni tan solo existe su país de origen, como si aquella natación que había dominado el mundo en los últimos veinte años, aún quisiera ofrecer uno de sus “productos”.
 


Nicole Haislett

200m.crol: récord mundial en poder de la alemana de la DDR Heike Friedrich, 1,57”55, el 18 de Junio de 1986, en Berlín; récord olímpico en poder de la misma Friedrich con los 1,57”65 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 27 de Julio. 37 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Ausencia de la que lo ha sido todo en esta prueba, campeona y recordista olímpica y mundial, que aunque ha continuado nadando con la Alemania reunificada, no ha podido clasificarse para nadar en Barcelona.

 
Es una prueba sin favoritas claras, abierta a posibles sorpresas, que es lo que acaba sucediendo. En la cuarta eliminatoria, Van Almsick, seguramente con la euforia de su medalla de plata del día anterior en los 100m., y quizá también con la inconsciencia de sus poco más de 14 años, se lanza con parciales muy por debajo del récord mundial, 27”33 y 57”12 (por 58”36 del mundial de Friedrich) y 1,27”52 en el último viraje, pareciendo en medida de superarlo; su salida, excesivamente rápida, sin embargo, acaba pagándola con un parcial de 30”38 en el último largo, que le hace perder toda su ventaja; con unos excelentes 1,57”90, tercer mejor tiempo mundial de siempre, la joven alemana se convierte de golpe en la gran favorita de la prueba, en la que parece tener como a principales rivales a la norteamericana Haisslet, y la japonesa Chiba.
 
La final presenta las mismas características ofrecidas por la alemana en la eliminatoria. Salida todavia más rápida, 27”05, y 57”01 a mitad de prueba, completamente destacada, y únicamente Haisslet intenta “pegarse” desesperadamente a ella, y pese a ser dominada en el primer largo, 27”55, a mitad de carrera vuelve a estar junto a ella, 57”11. A partir de ahí, es un duelo entre ambas nadadoras, muy por delante del resto de finalistas, 1,27”66 para la alemana en el último viraje; 1,27”84 para Haisslet, que únicamente se acaba decidiendo en los cinco últimos metros, cuando la norteamericana es la más rápida en lanzarse sobre el muro, aprovechando el cansancio de van Almsick, con un tiempo de 1,57”90, igualando el logrado por la alemana horas antes, mientras esta señala 1,58”00, al final de una carrera en la que no ha demostrado la misma coordinación de ritmo que Friedrich en la final de Seúl (58”50 y 59”15, por 57”01 y 1,00”99 de van Almsick).
 
Tercera pocos metros antes de la llegada, la francesa Plewinski se ve finalmente superada por la segunda alemana, Kerstin Kielgass (dominada a mitad de prueba, 58”14 por 58”64, y en el último viraje, 1,29”21 por 1,29”47) por una corta diferencia de 21 centésimas de segundo, entrando ambas en el reducido club de las “menos de dos minutos”, 1,59”67 por 1,59”88, con un nivel ligeramente más bajo que el de la capital coreana, de la que continúa en pie su récord olímpico.
 
400m.crol: récord mundial y olímpico en poder de la norteamericana Janet Evans con los 4,03”85 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 28 de Julio. 33 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Una favorita casi absoluta en la persona de Janet Evans, sin que se vea quien puede hacerle sombra en una prueba en la que lo es todo, y que ha dominado a lo largo de toda la olimpiada. Pese a que la siempre sonriente norteamericana ya no es la misma de años anteriores, la ausencia de candidatas a derrotarla parece hacer más evidente su posibilidad de renovar el título. Su mejor tiempo de las eliminatorias, 4,09”38, ante los 4,10”92 de la alemana, ex-DDR, Dagmar Hase (que reconoce que ha abandonado su estilo de siempre, la espalda, al encontrarse a la sombra de una figura tan importante como es la húngara Egerszegi) parece confirmar su favoritismo.
 
Evans toma el mando de las operaciones, y con su característico estilo, batido 2-tiempos, y acostumbrado golpe de cabeza a cada brazada, señala los mejores parciales: 1,00”17; 2,02”21 a mitad de prueba, 3,04”81 en los 300m.(no muy lejos de sus 59”99; 2,02”14, y 3,03”40 del récord) siempre con una ligera ventaja sobre Hase, mientras esta (1,00”39; 2,02”82, y 3,05”69) de manera sorprendente, trata de perder el menor terreno posible, intentando llegar con alguna posibilidad a los últimos metros.
 
Al salir del último viraje, la alemana cambio completamente su ritmo, aumentando su batido de pies, mientras Evans continúa con su 2-tiempo; Hase rehace toda su desventaja, alcanzando a la norteamericana a quince metros de la llegada, y avanzándola con unas rápidas y potentes brazadas, se proclama campeona olímpica con un tiempo de 4,07”18 (con un último hectómetro en 1,01”49, por 1,02”56 de Evans) mientras ésta es segunda, 4,07”37, y una cara en la que se refleja perfectamente su desencanto por la sorprendente derrota.
 
Por el tercer lugar, dura lucha entre la australiana Hayley Lewis (subcampeona mundial en Perth-91, con un tiempo de 4,09”40) una de las decepciones de esta prueba, 3,08”37 en los 300m.; la alemana Kielgass, 3,08”73, y la otra norteamericana Erika Hansen, 3,08”94, hasta el último largo, donde la australiana puede imponerse, ganando la medalla de bronce, 4,11”22, seguida de Hansen, 4,11”50, y Kielgss, 4,11”52, muy por delante de la belga Isabelle Arnould, quinta en 4,13”75.
 
El emotivo gesto de Hase, puño cerrado para reafirmar su triunfo, todavia en el agua, y las lágrimas que se le escapan una vez ya en el podio, escuchando el himno de ¿ su ? nuevo país, recompensan a una de las pocas nadadoras de la ex-DDR que ha podido escapar de la ”quema” (digamoslo de esta manera) de la reunificación y que ha estado siempre en un segundo plano, pese a su excelente palmarés: campeona de 200m.espalda en los Europeos de Bonn-89; tercera de 100-200m.espalda en los Europeos de Atenas-91; subcampeona mundial de 200m. espalda en Perth-91, prueba de la que aún será medalla de plata en Barcelona, tres días después de esta victoria en los 400m.crol, reconvertida a un estilo y especialidad diferentes en muy pocos meses (ha ganado las pruebas de selección alemana con un tiempo de 4,12”60).
 


Janet Evans

800m.crol: récord mundial en poder de la norteamericana Janet Evans, 8,16”22, el 20 de Agosto de 1989, en Tokio; récord olímpico en poder de la misma Evans con los 18,20”20 de la final de Seúl. Eliminatorias el 29 de Julio, final el 30. 26 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Seguramente la prueba de nivel técnico más flojo de estos Juegos, en la que no se ve la figura que pueda hacer olvidar las que en otro tiempo le habían dado brillantez, las Wickham, Ford, Evans, etc., por nombrar únicamente a las más próximas en el tiempo.

 
Janet Evans es la reina incontestada de esta prueba, campeona y recordista mundial y olímpica. Única sorpresa de unas eliminatorias sin ninguna emoción, es la eliminación de la australiana Julie McDonald, lejos de aquella forma que le había permitido ganar la medalla de bronce en Seúl, y que en Barcelona solo puede ser decimoquinta con unos mediocres 8,51”59.
 
Pese a la derrota sufrida dos días antes, Evans coge el mando de una prueba en la que sus rivales parecen ya darse por vencidas antes de la salida. Pasando por 1,00”70; 2,03”72, y 4,10”02 (por 4,07”92 de su récord mundial) a mitad de carrera, ya tiene más de tres segundos de ventaja sobre la australiana Lewis, 4,13”05, y más de seis sobre la alemana Jana Henke, 4,16”70, con el resto de finalistas muy igualadas (cuarta es la norteamericana Hansen, 4,17”29, y última la belga Arnould, 4,18”49).
 
Nadando ya únicamente para la victoria, cada vez más alejada de su récord (6,15”60 por 6,12”82 en los 600m.) Evans acaba en unos discretos 8,25”52, un tiempo que no le hubiera permitido ser campeona mundial en Berlín-1978, con los 8,24”94 de Wickham. La emoción de la carrera es, finalmente, la lucha por el resto de medallas, donde Henke va recortando progresivamente los más de tres segundos de ventaja que le llevaba Lewis a mitad de prueba, acabando con un magnífico último hectómetro, 1,02”43, que no le sirve, empero, para superar a la australiana, segunda en 8,30”34, mientras Henke es tercera, 8,30”99, siendo la única que ha nadado la prueba en negativo, 4,16”70 y 4,14”29.
 
Digamos que las cuatro primeras clasificadas de Seúl habían superado el tiempo que ha permitido a Evans revalidar su título en Barcelona (primera nadadora en lograrlo, desde que en 1968 habia comenzado a disputarse esta prueba en los Juegos) lo cual reafirma la crisis que parece haber en las pruebas de fondo.
 


Dara Torres en primer plano durante el relevo

4x100m.crol: récord mundial en poder de un cuarteto de la DDR, 3,40”57, el 19 de Agosto de 1986, en Madrid; récord olímpico en poder de otro cuarteto de la DDR con los 3,40”63 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 28 de Julio. 13 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Comienza a animarse esta prueba ya en las eliminatorias, cuando el cuarteto USA señala un excelente tiempo de 3,41”57, a un segundo exacto del récord mundial, y a pocas centésimas del olímpico, ambos en poder de la DDR.

 
Como era de prever, la lucha se centra, desde los primeros metros, entre las representantes norteamericanas, china, y alemanas. Yong Zhuang, en el primer tramo de su equipo, demuestra que su triunfo en la prueba individual no ha sido producto de un momento feliz, y con un tiempo de 54”51 (26”25 en el viraje) supera de nuevo su récord olímpico (para los que, naturalmente, quieran homologarlo como tal) a solo tres centésimas del mundial. Alemania y Estados Unidos están, en aquel momento, casi igualadas (54”99 para van Almsick; 55”33 para Haisslet), mientras al terminar el segundo tramo, se ha igualado la cabeza de carrera, con las china primeras, 1,50”41, por delante de Estados Unidos, 1,50”66, mientras Alemania es tercera, 1,50”73.
 
Tampoco el tercer tramo resuelve la carrera, con unos buenos 54”90 de Wenyi, siempre en cabeza de la prueba, con la norteamericana Dara Torres (una veterana de los Juegos de Los Ángeles, donde ya había sido campeona de esta misma prueba) que puede arañarle, 54”79, una valiosa décima de segundo de su ventaja, logrando prácticamente igualarla (2,45”31 por 2,45”45) con la alemana unos centímetros por detrás de esta última, 2,45”85, esperando cualquier error de sus rivales.
 
El último tramo será, pues, decisivo, y difícilmente se le puede escapar a la mejor velocista USA, la recordista mundial Thompson, mientras la china Le es, cuando menos teóricamente, la peor de su equipo, y la alemana Manuela Stellmach, ex-DDR, ya no es la de unos años antes. Efectivamente, con el mejor tiempo de las treinta y dos finalistas, unos magníficos 54”01, la norteamericana “ancla” a su equipo en otros magníficos y totalmente inesperados 3,39”46, nuevo récord mundial y olímpico.
 
La china Le, que pese a sus también muy buenos 54”81, no ha podido impedir la victoria del cuarteto USA, señala un tiempo de 3,40”12, superando igualmente el ya ex-récord de la DDR, mientras Alemania es tercera, claramente superada, 3,41”60, otro magnífico tiempo, muy por delante de la CEI, cuarta en 3,43”68. Una vez más, la homogeneidad del equipo USA les ha permitido lograr la victoria, ante un sorprendente cuarteto chino, que se vislumbra ya como a sucesor de las “walkiries” de la ex-DDR en la lucha para la supremacía mundial.
 


Krisztina Egerszegi

100m.espalda: récord mundial en poder de la húngara Krisztina Egerszegi, 1,00”31, el 22 de Agosto de 1991, en Atenas; récord olímpico todavia en poder de la alemana de la DDR Rica Reinisch con los 1,00”86 de la final de Moscú-80. Eliminatorias y final el 28 de Julio. 45 participantes repartidas en 6 eliminatorias. Otra prueba que cuenta con una de las grandes favoritas de estos Juegos, la recordista mundial Krisztina Egerszegi, con Otto de interesada espectadora en los lugares reservados a la prensa.

 
En las eliminatorias, la húngara demuestra su favoritismo superando en una solitaria centésima el histórico récord de Reinisch en Moscú-80, con un tiempo de 1,00”85, dejando en el aire la impresión de que en la final podría convertirse en la primera nadadora que baja del minuto en esta prueba por lo menos en piscina de 50m. (recordemos que Otto ya lo había hecho en piscina corta en 1983).
 
En la final, ningún problema para la húngara, que toma inmediatamente la delantera de la prueba, 29”61 en el viraje (por 29”82 de su récord) mientras la norteamericana Lea Loveless es segunda, 29”38, por delante de otra húngara, Tunde Szabo, tercera en 30”11. Un viraje más bien discreto de Egerszegi permite a Loveless alcanzarla apenas a la salida del último largo, y por unos momentos parece que puede haber un nueva sorpresa en las Piscinas Picornell.
 
La húngara, sin embargo, tiene suficiente recursos para escaparse sin problemas, y aumentando visiblemente el ritmo de su brazada, se destaca rápidamente dejando atrás a la norteamericana, marchando hacia su segundo título en estos Juegos, superando de nuevo su récord olímpico, 1,00”68, aunque sin llegar al mundial. Mientras, Szabo recupera terreno a partir de la última mitad de la prueba, y en los últimos diez metros acaba imponiendose a Loveless, 1,01”14 por 1,01”43, logrando un magnífico y sorprendente “doblete” para la natación magiar.
 
En la subsiguiente rueda de prensa, Egerszegi manifiesta que se ha lanzado al agua dispuesta a superar su récord mundial pero que al ver como Loveless se le acercaba a la salida del viraje, ha preferido asegurarse el título, antes que pensar en el récord.
 

200m.espalda: récord mundial también en poder de Egerszegi, 2,06”62, el 25 de Agosto de 1991, en Atenas; récord olímpico en poder de la misma Egerszegi con los 2,09”29 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 31 de Julio. 43 participantes repartidas en 6 eliminatorias.

 
Egerszegi, la eterna sonrisa, quiere convertirse en la única espaldista que ha logrado revalidar su título en dos Juegos consecutivos, en un prueba que domina con suficiencia, salvo la excepción que representó su derrota a manos de Dagmar Hase en los Europeos de Bonn-89; campeona y recordista mundial y olímpica, se hace difícil pensar en alguien que pueda hacerle sombra, impidiéndola que se convierta en la figura de estos Juegos, después de sus victorias de los 400m.estilos y 100m.espalda.
 
En las eliminatorias, la húngara golpea fuerte al lograr el mejor tiempo con unos magníficos 2,07”34, nuevo récord olímpico, a solo 62 centésimas de su mundial, tiempo que hace pensar en un posible nuevo récord en el curso de la final.
 
La final no tendrá ningún otro nombre que el de la húngara. Cogiendo el mando desde los primeros metros, la húngara gira en 30”43 a los 50m. (adelantada a su parcial de 30”55 en el mundial) bajando su ritmo en el segundo largo, 1,02”39 a mitad de prueba (por 1,02”34 de su récord) con más de un cuerpo de ventaja sobre Loveless, 1,03”52, que domina claramente a Hase y a la australiana Livingstone (ahora Stevenson por su matrimonio) 1,04”31 y 1,04”50.
 
Nada cambia en el tercer viraje, donde continúa el dominio de la recordista mundial, 1,35”10 (por 1,34”79 del récord mundial) todavia con más ventaja sobre Loveless, 1,36”84; Hase 1,37”28, y Livingstone, 1,37”82, que se disputan los lugares de honor para acompañar a Egerszegi en el podio. Forzando su ritmo al máximo, la húngara es primera con un tiempo de 2,07”06, nuevo récord olímpico, a solo 44 centésimas de su mundial. Tras ella, la alemana Hase hace prevaler su mayor resistencia, asegurandose en los últimos metros la medalla de plata, 2,09”46, por delante de Livingstone, 2,10”20, mientras Loveless, totalmente hundida en el último largo, únicamente puede ser cuarta, 2,11”54.   
 


Elena Rudovskaia

100m.braza: récord mundial en poder de la alemana de la DDR Silke Hörner, 1,07”91, el 21 de Agosto de 1987, en Strasbourg; récord olímpico en poder de la búlgara Tania Bogomilova-Dangalakova con los 1,07”95 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 29 de Julio. 43 participantes repartidas en 6 eliminatorias. Ausencia de la búlgara Dangalakova, campeona en Seúl, que no defiende su título.

 
Tampoco está en Barcelona la recordista mundial, la ex-DDR Silke Hörner, otra de las que no ha podido salvar el “reciclaje” posterior a la reunificación. Favorita de la prueba es la norteamericana Anita Nall, pese a que su derrota en los 200m., pueda haberla “marcado”, favoreciendo las intenciones de la CEI Elena Rudkovskaia, campeona europea el año anterior, la australiana Lynley Frame, sorprendente campeona mundial en Perth-91 (pese a que no haya demostrado estar en su mejor forma en los 200m., y que será “enviada” a la final “B” de estos 100m.), ó incluso la japonesa Iwasaki, la sorprendente campeona de los 200m., pese a su frágil físico, poco conveniente para una prueba de velocidad, y que, finalmente, también deberá nadar la final “B”.
 
La final no presenta muchos problemas para la bielorusa, que coge el mando desde los primeros metros, llega al viraje en un tiempo de 32”27 (no muy lejos de los 32”00, parcial de Horner en su récord mundial) por delante de Nall, 32”59, y de la australiana Samantha Riley, 32”74. Resistiendo el último asalto de la norteamericana, Rudkovskaia se asegura el triunfo, 1,08”00, a solo 5 centésimas del récord olímpico, y a 9 del mundial. Superada en 17 centésimas, 1,08”17, Nall ve como se le escapa la segunda oportunidad de lograr uno de los dos títulos a los cuales aspiraba al llegar a Barcelona, mientras Riley se hunde en los últimos metros, sin ser inquietada, empero, para el tercer lugar, 1,09”25, por delante de la canadiense Guylaine Cloutier, cuarta en 1,09”71.
 
Destaquemos el séptimo lugar de la italiana Manuela Dalla Valle, 1,10”39 (pero 1,09”78 a las eliminatorias) muy cerca de su mejor tiempo de 1,09”66 en 1987, y que a sus 30 años continúa nadando con un entusiasmo más propio de sus rivales, a alguna de las cuales casi dobla en edad. Un gran ejemplo para las nuevas generaciones.
 


Kyoko Iwasaki

200m.braza: récord mundial en poder de la norteamericana Anita Nall, 2,25”35, el 2 de Marzo del mismo año olímpico, en Indianàpolis; récord olímpico en poder de la alemana de la DDR Silke Hörner con los 2,26”71 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 27 de Julio. 39 participantes repartidas en 5 eliminatorias.

 
Ausente la titular de Seúl, Silke Hörner, que ya hemos dicho que no puede defender su título. Gran favorita de la prueba es la reciente recordista mundial, con ciertas posibilidades para Rudkovskaia, Dalla Valle, y la campeona de los Juegos Asiáticos, la japonesa Kyoko Iwasaki. En las eliminatorias, Nall, 16 años hechos tres días antes, se destaca rápidamente en la suya, y cuando parece que puede ganarla fácilmente, surge la frágil japonesa, 45 kgr. repartidos en 157cm. de altura, de redondeadas proporciones, pero solo de 14 años y 7 días, que en un electrizante sprint final acaba inclinandose por una corta centésima, 2,27”77 por 2,27”78, ante la recordista mundial, convirtiendose en una peligrosa rival para la medalla de plata, ya que pocos aficionados piensan, todavia, que Nall pueda ser derrotada.
 
La final parece desarrollarse de acuerdo con las previsiones. Nall toma el mando, con parciales muy ajustados a los de su récord mundial, 33”15, en el primer viraje, cuatro centésimas por debajo de su mundial, dejando atrás a sus rivales, con la canadiense Cloutier en segundo lugar, 34”00; Rudkovskaia tercera, 34”26; Lin Li cuarta, 34”55, mientras Iwasaki es quinta, 34”68, a casi segundo y medio de Nall.
 
Continúa imparable a mitad de carrera, 1,10”13, seis centésimas mejor que el paso de su mundial, con Cloutier siempre segunda, 1,11”43, mientras Iwasaki ya es tercera, 1,11”81, por delante de Li, 1,11”88, mientras Rudkovskaia empieza a atrasarse, quinta en 1,11”90. Pese a flaquear en el tercer largo de la prueba, 1,48”57 en el último viraje (ya a poco más de un segundo de su récord mundial) la norteamericana conserva lo que podríamos llamar una “cómoda” ventaja sobre la segunda, que ahora es Iwasaki, 1,49”55, mientras la china Li ha ido recuperando terreno y ya es tercera, a quince escasas centésimas de su gran rival asiática, 1,49”70, y la canadiense y Rudkovskaia están ya fuera de la lucha por las medallas. Igual que ha pasado por la mañana, el último largo se convierte en un auténtico calvario para la flamante recordista mundial.
 
Aumentando drásticamente el ritmo de su brazada, la pequeña japonesa, seguida de Li como si fuera su sombra, inician la caza, reduciendo centímetro a centímetro la ventaja de Nall. La alcanzan hacia los 185m., y nadan todas tres juntas hasta el muro de llegada donde, con unas enérgicas últimas brazadas de Iwasaki, impensables en un cuerpo de su edad y tamaño, le otorgan una inesperada y sorprendente victoria, juntamente con un nuevo récord olímpico, 2,26”65, mientras Li, más lista en el momento de lanzarse sobre el muro, puede “robarle” a Nall el segundo lugar, 2,26”85 por 2,26”88, dejandola en el tercer lugar, ofreciendo una de las grandes sorpresas de estos Juegos.
 
Iwasaki, todavia dentro del agua, parece tomarse con mucha circunspección su triunfo (quizás sin percatarse de lo qué realmente ha logrado) pese a que después, ya en el momento de la ceremonia de proclamación de campeones, despierta de su sueño y no puede, ni quiere, contener las lágrimas que se le escapan al oir el himno de su país, conjuntamente con las que derrama su madre, presente en las gradas.
 
Cincuenta y seis años después de que Hideko Maehata en Berlín-1936, una japonesa subia de nuevo al lugar más alto del podio olímpico de los 200m.braza. Como un signo de que los tiempo han cambiado, Maehata no había llorado, perfectamente inclinado su busto para saludar reverencialmente la bandera del Sol Naciente, y escuchar su himno nacional, mientras Iwasaki podía llorar, orgullosamente enhiesta, para ver levantarse su bandera en el palo más alto.
 
Con su triunfo, Iwasaki desbanca a la húngara Egerszegi como la nadadora más joven que ha logrado una medalla de oro, al haberla logrado a los 14 años y 7 días, contra los 14 años, 1 mes, y 9 días de la húngara en Seul-88.
 
100m.mariposa: récord mundial aún en poder de la norteamericana Mary “T” Meagher, 57”93, el 16 de Agosto de 1981, en Milwaukee; récord olímpico en poder de la alemana de la DDR Kristin Otto con los 59”00 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 29 de Julio. 49 participantes repartidas en 7 eliminatorias. Una de las pruebas más abiertas de los Juegos, con un cierto favoritismo para las dos representantes china, primeras en los Mundiales de Perth-91, pero también para la norteamericana Chrissy Ahmann-Leighton, otra de las casadas del equipo USA, ó la francesa Plewinski. En las eliminatorias, mejores tiempo para las dos china, únicas que bajan del minuto (59”34 para Wang; 59”37 para Qian) que confirman su favoritismo.
 
En la final, explosiva salida de la norteamericana, que llega con unos magníficos 27”50, 25 centésimas más rápida que el parcial de su compatriota Meagher en su récord, por delante de Wang, 27”81, muy igualada con su compatriota, 27”83, mientras Plewinski es cuarta en 27”88. Aunque cediendo poco a poco su ventaja, la norteamericana no es alcanzada hasta los 80m., cuando ambas chinas y la francesa llegan a su altura para decidir en los últimos metros su clasificación. Aprovechando su experiencia, las últimas brazadas de Qian se ajustan perfectamente a su llegada al muro, logrando las 12 centésimas que le dan triunfo y récord olímpico, por delante de Ahmann-Leighton, 58”62 por 58”74, mientras Plewinski, también a la llegada, puede superar a la otra china, Wang, 59”01 por 59”10.
 
Dos finalistas más bajan del minuto, la australiana Susan O’Neill, 59”69, y la norteamericana Summer Sanders, 59”99, conformando una excelente final, si recordamos que tanto en Seúl-88 como en Perth-91, únicamente cuatro de las finalistas lo habían logrado. Digamos como curiosidad, que estas cuatro primeras clasificadas de Barcelona también lo habían sido en los Mundiales de Perth-91, aunque en diferentes posiciones (Qian, Wang, Plewinski, y Ahmann) siendo una de las pocas pruebas en las que se havia conservado la jerarquía respecto de anteriores competiciones.
 


Summer Sanders

200m.mariposa: récord mundial todavia en poder de Mary “T” Meagher, 2,05”96, el 13 de Agosto del 1981, en Milwaukee; récord olímpico en poder de la propia Meagher con los 2,06”90 de la final de Los Ángeles-84. Eliminatorias y final el 31 de Julio. 32 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Continúa planeando sobre esta prueba la sombra de Meagher, reina de este estilo con su extraordinario récord mundial.

 
La final es la cuarta y última oportunidad para Summer Sanders de coronarse como campeona olímpica, después de sus derrotas de los 200 y 400m.estilos, y 100m.mariposa; tiene el mejor tiempo mundial del año con unos buenos 2,08”86, y parece la única capaz de suceder a su mítica compatriota.
 
Es la australiana Susan O’Neill la que toma decididamente el mando de la prueba, con parciales inferiores a los del récord mundial (28”96 y 1,01”28, por 29”52 y 1,01”41 de Meagher). En este momento, mitad de carrera, la china Wang es segunda, 29”01 y 1,01”41, justamente por delante de Sanders, 29”41 y 1,01”96, por delante del resto de finalistas, todas muy igualadas.
 
Las posiciones se mantienen todavia en el tercer y último viraje, y, como ya era de prever (y ha pasado en otras competiciones) el ritmo ha bajado lo suficiente como para alejarse del récord mundial. Continúa primera O’Neill, 1,34”54 (a poco menos de un segundo del parcial del récord mundial, 1,33”69) mientras Wang es segunda, 1,34”96, y Sanders tercera, 1,35”05, pareciendo que puede perder su cuarta y última oportunidad. No será así, sin embargo, y ya a la salida del viraje, la norteamericana aumenta su ritmo, aprovechándose al mismo tiempo de un cierto hundimiento de sus dos rivales. En un último largo, nadado en un parcial de 33”62 (por 34”05 de Wang, y 34”49 de la australiana) Sanders alcanza primeramente a la china, y en las últimas brazadas a la australiana, proclamandose campeona olímpica con un tiempo de 2,08”67, lejos de los récords.
 
En la última brazada, O’Neill, completamente hundida, no puede impedir que la china le arrebate también la medalla de plata por un estrecho margen de dos centésimas, 2,09”01 por 2,09”03, mientras cuarta es la japonesa Mike Haruna, que llega a 85 centésimas de la australiana, 2,09”88, pese a su excelente final, 32”60 (el mejor último largo de las ocho finalistas), cuando a mitad de carrera era séptima, 1,03”75, y todavia sexta en el último viraje, a casi dos segundos y medio de la australiana.
 


Li Lin

200m.estilos: récord mundial en poder de la alemana de la DDR Ute Geweniger, 2,11”73, el 4 de Julio de 1981, en Berlín; récord olímpico en poder de la alemana de la DDR Daniela Hunger con los 2,12”59 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 30 de Julio. 43 participantes repartidas en 6 eliminatorias.

 
Daniela Hunger, la campeona y recordista olímpica en Seúl se presenta a defender su título como otra de las pocas que han podido resistir, y sobrevivir al proceso de reunificación. La alemana es una de las favoritas, juntamente con la china Lin Li, y la norteamericana Sanders, clasificadas por delante suyo en los Mundiales de Perth-91. Nada nuevo en las eliminatorias, antes de una final completamente abierta y al alcance de las tres favoritas, en ausencia de la húngara Egerszegi, que también podría estar entre las favoritas.
 
Sanders toma el mando en el primer tramo de mariposa, uno de sus puntos fuertes, con un parcial de 28”27, dominando el récord mundial de Geweniger, 28”60, mientras Li es segunda, 28”66, y Hunger tercera, 29”31. En el tramo de espalda, la china aprovecha para pasar al primer lugar, 1,02”05, aún por delante de los 1,02”22 del récord mundial, por delante de Sanders, segunda en 1,02”16, y Hunger tercera en 1,03”44, mientras la australiana Elli Overton, sorprendente segundo mejor tiempo de las eliminatorias, se acerca a la alemana en la lucha por el tercer lugar, aunque bastante alejada de las dos primeras, 1,03”81.
 
Cuando podría parecer que la china se destacaria en el tramo de braza (recordemos su medalla de plata en los 200m.braza) es la norteamericana quien ataca decididamente para llegar primera en el tercer y último viraje, 1,40”58 por 1,40”65, ambas por delante del récord de Geweniger, 1,40”75, mientras Hunger, siempre tercera, 1,43”14, es atacada por Overton, 1,43”26, y la CEI Elena Dendeberova, que tiene en la braza uno de sus puntos fuertes, 1,43”40, jugándose entre ellas la medalla de bronce.
 
En el último tramo de crol se juega, pues, este título, en un emocionante codo a codo entre Sanders y Li, que esta última puede resolver en los últimos metros, 30”88 por 31”33 de su rival, para acabar superando, incluso, el récord mundial, y, naturalmente, el olímpico, con un tiempo de 2,11”65, ocho centésimas menos que el anterior. Sanders, superada por la china, señala otros magníficos 2,11”91, nuevo récord USA, pese a que es insuficiente para ganar su deseada medalla de oro, mientras la veterana Hunger puede desembarazarse en el último largo de sus rivales, señalando el mejor parcial en este estilo, 30”78, y es medalla de bronce, 2,13”92, por 2,15”47 de Dendeberova, que ha fallado en este tramo de la prueba, y 2,15”76 para Overton, quinta.
 


Egerszegi en los 400 estilos

400m.estilos: récord mundial en poder de la alemana de la DDR Petra Schneider, 4,36”10, el 1 de Agosto de 1982, en Guaiaquil ; récord olímpico en poder de la propia Schneider con los 4,36”29 de la final de Moscú-80. Eliminatorias y final el 26 de Julio. 32 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Eliminada Janet Evans, la campeona de Seúl-88, en los “trials” de su país, el favoritismo de esta prueba se divide entre las tres primeras de los Mundiales de Perth-91, Li, Sanders, y la australiana Hayley Lewis, juntamente con la segunda norteamericana, Erika Hansen, y, sobretodo, la húngara Egerszegi, que juntamente con su título europeo del año anterior, tiene el mejor tiempo mundial del año, 4,38”30, imponiéndose como una de las más serias aspirantes a mejorar los récords de Schneider. Poca cosa a destacar en las eliminatorias, excepto la eliminación de Hansen con unos menos que discretos 4,48”13, que vuelven a cuestionar la preparación del equipo USA en tierras francesas.

 
La final se disputará totalmente entre las tres favoritas, excluida Lewis que no demuestra estar en su mejor forma. Sanders, aprovechando de nuevo su estilo más fuerte, coge el mando de la prueba en el tramo de mariposa, 1,02”74 (ligeramente por debajo del parcial del récord mundial, 1,02”42) mientras la húngara es segunda, 1,03”84, y Li es tercera, 1,03”94, destacadas ya del resto de finalistas.
 
Como ya se esperava, Egerszegi releva a la norteamericana a la cabeza de la prueba pocos metros después de iniciarse el tramo de espalda, llegando ya primera al viraje hacia la braza, con una importante ventaja sobre Sanders y Li, 2,12”41, por 2,14”04, y 2,15”17 (el récord de Schneider, 2,12”16 en este tramo todavia está cerca) mientras Lewis es cuarta, 2,15”53. A diferencia de otras pruebas de esta especialidad, el tramo de braza no resuelve prácticamente nada, pese a que la china tiene en este estilo un de sus puntos fuertes; Sanders toma el mando de la prueba, 3,32”67 (1,18”63 en este tramo de braza) por 3,33”23 de la húngara (1,20”82 en el tramo de braza) y 3,33”64 para Li (1,18”47) que aprovecha uno de sus puntos fuertes para tomar contacto de nuevo con sus rivales.
 
La prueba, pues, se decidirá en el tramo de crol, un crol que parece favorecer algo más a Sanders que a sus dos rivales. Sin embargo, bien pronto puede verse que tanto Egerszegi como Li están mucho más enteras que la norteamericana, y el título se jugará entre ambas. Lenta, pero iremisiblemente, se distancian de la norteamericana, y en un emocionante codo a codo, Egerszegi puede conservar los pocos centímetros que le otorgan su primera medalla de oro en estos Juegos de Barcelona. Con un tiempo de 4,36”54, rozando los récords mundial y olímpico, sin hácerselos suyos, sin embargo, ajustadamente por delante de Li, 4,36”73, mientras Sanders es tercera, 4,37”58, claramente superada, y que no parece digerir muy bien el hecho de perder la primera de las cuatro medallas de oro a las que aspiraba al llegar en Barcelona.
 
Egerszegi exhibe su acostumbrada sonrisa, medio timidez, medio ironia, después de asegurarse el título que más difícil tenía de lograr, dando la primera satisfacción a un deporte que, pese a su escaso material humano, ha dado grandes momentos al deporte húngaro y mundial. En la rueda de prensa, Egerszegi hablará de la dureza de los entrenamientos, de la alegría de tener ya dos medallas de oro antes de los 18 años, y con muchas posibilidades de lograr todavia dos más. Con cuatro años más que en Seúl, ocho centímetros más de altura, mide ahora 171cm., y unos cuantos kilos más de musculatura, 54 kilos, la húngara está en las antípodas del tipo de nadadora representado por las rotundas “walkiries” que hasta hace muy poco habían dominado la natación mundial.
 

4x100m.estilos: récord mundial en poder de un cuarteto de la DDR, 4,03”69, el 24 de Agosto del 1984, en Moscú; récord olímpico en poder de otro cuarteto de la DDR con los 4,03”74 de la final de Seúl. Eliminatorias y final el 31 de Julio. 17 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias. Sin el equipo de la DDR se hace difícil pensar quien puede disputarle la victoria al cuarteto USA.

 
En las eliminatorias, sorprendente clasificación de las china en el octavo y último lugar, 4,12”55, 22 centésimas por delante de las italianas, novenas, así como la ausencia de las húngaras que con Egerszegi, Szabo, la bracista Csepe, y alguna otra nadadora, podían aspirar, cuando menos, a un lugar de finalista, e incluso a un lugar en el podio.
 
En la final, magnífica salida de Loveless en espalda, que parece incluso en medida de rozar el récord mundial, con un parcial de 29”55 (por 29”82 de Egerszegi semillas de su récord) aunque finalmente flaquea, señalando, sin embargo, unos magníficos 1,00”82, récord USA; tras ella, la alemana Hase es segunda con otro buen tiempo, 1,01”61, mientras la australiana Livingstone, 1,02”09; la CEI Nina Zhivanevskaia, 1,02”54, y la china Lin Li, 1,02”90, luchan para lograr el tercer lugar de la prueba. Unos magníficos 1,07”44 de Rudkovskaia la hacen pasar al segundo lugar, un metro tras de Nall (1,08”67) 2,09”49 por 2,09”98 en el total, mientras Alemania (con Jana Dörries, 1,09”43) se avanza a Australia (Samantha Riley, 1,10”06) y China (Xia Lou, 1,09”51) 2,12”41, por 2,12”15 y 2,12”41.
 
El triunfo USA se logrará, pues, en los dos últimos tramos, cuando Ahmann-Leighton, 58”58 en su tramo de mariposa, y Thompson, 54”47 en el de crol, se imponen con autoridad y sin ningún problema, acabando con unos inesperados 4,02”54, poco más de un segundo por debajo de los récords mundial y olímpico de la ex-DDR, que pierde otro de sus discutidos récords. P
 
or detrás, Alemania, con la joven van Almsick, esta vez convertida en magnífica mariposista, 59”08 en su tramo, vuelve a avanzarse al segundo lugar, por delante de la CEI (Olga Kirichenko 1,00”98) 3,10”12 por 3,10”96 en el total, mientras las chinas son cuartas, pese al magnífico esfuerzo de Qian, 58”97, 3,11”38 en el total.
 
Hunger, que acaba la carrera por Alemania, 55”07, no tiene problemas para conservar el segundo lugar, logrando la medalla de plata, 4,05”19, mientras la CEI Natalia Mescheryakova, 55”48, puede resistir el último esfuerzo de la china Le, 55”40, (extraña que no hubiera nadado la campeona olímpica Zhuang, con la que podían aspirar, no ya al tercero, sino incluso al segundo lugar) conservando su tercer lugar, 4,06”44, por 4,06”78 de las chinas, en una final de bastante calidad, si tenemos en cuenta que tanto en Seúl-88, como en los Mundiales de Perth-91, únicamente dos cuartetos habían bajado de los 4,10”, mientras en Barcelona las japonesas eran séptimas con 4,09”92, y únicamente los Países Bajos nadaban por encima de estos 4,10”.
 
Guillem Alsina