Janet Evans, la “Pulga de Placentia“


En 1987 Swimming World Magazine decía que a pesar de su altura y de sus 15 años de edad, sus 55 brazadas por largo la convertían en un gigante en el agua

Nacida en Placentia, pequeña localidad de California, un 28 de agosto de 1971, bien pronto se vio que la pequeña Janet no iba a poder ser otra cosa que nadadora. Según se dice, a los dos años, cuando todas las niñas apenas hacen otra cosa que chapotear en la piscina para niños, ella ya nadaba con un cierto estilo, piscina arriba, piscina abajo. A los cinco años tomó parte en sus primeras competiciones, escalando rápidamente los primeros lugares en los respectivos grupos de edades por los que, lógicamente, iba pasando año tras año.

 
Por ello no es raro que, ya en 1984, apareciera por vez primera en los ránkings mundiales, 23a. del 1.500m.crol con unos 16,56”02, conseguidos tres días antes de su 13r. aniversario. Continua progresando al año siguiente, 1985, cuando sube hasta el 7o. lugar del ranking de 1.500m., 16,40”60, y aparece entre las mejores norteamericanas de los 800m., 14a. en 8,48”48, e incluso se “mete” entre las mejores de los 400m.estilos, 8a. en 4,56”62, postulándose como la gran esperanza para dar la batalla a las “eternas enemigas” de la natación USA, las fuertes y rotundas “walkirias” de la DDR, antítesis de la pequeña norteamericana que, con sus escasos 156cm. de altura, no parece tener excesivas posibilidades de éxito ante sus rivales.
 
1986, con apenas quince años, le trae sus primeros podios en los Nacionales USA. Si en los de Invierno, piscina de 25y., está a punto de conseguirlo en las 400y.estilos, cuarta de la final (aunque no pasa del 17o. y 14o. lugar en las 500 y 1.000y.crol), si lo consigue en los de Verano (donde la piscina de 50m. no le resulta un “handicap” tan importante para sus más bien discretos virajes), al ser segunda del 1.500m., 16,27”48, y tercera del 800m., 8,39”04 (tras una intensa batalla con la campeona olímpica del 84, Tiffany Cohen, 8,36”72, y Leslie Daland, 8,36”80), así como un cuarto lugar en los 400m.estilos, 4,54”98 (a solo 62 centésimas del tercer escalón), mientras en los 400m.crol es tercera de la Final B, con 4,18”71.
 
Todo esto no es otra cosa que la preparación para su definitiva eclosión que tiene lugar en 1987. En enero de este año es portada de la prestigiosa Swimming World, siendo nominada como “la nadadora más joven del USA Abierto II” (disputado el diciembre anterior y en el que se impone tres pruebas, 400 y 800m.crol y 400m.estilos), lo cual le vale un articulo en páginas interiores, un hecho que significa mucho en aquel país, y que es el espaldarazo definitivo para su carrera, reconocida oficialmente como una de las grandes esperanzas de su natación.
 


Janet en 1987

Después, confirmando estas esperanzas, se adueña del mediofondo y fondo USA, como preparación para hacerlo con el mundial. Es campeona USA de los invernales, en tres pruebas, 1.000 y 1.650y.crol, y 400y.estilos, antes de confirmar su total dominio en los de verano en Clovis (27-31 de julio), donde supera sus dos primeros récords mundiales, 800 y 1.500m., 8,22”44, y 16,00”73, imponiéndose también en los dos 400m., crol y estilos, con 4,08”89, y 4,41”74. En los 800m. deja atrás un récord histórico, los 8,24”62 de la australiana Tracy Wickham, conseguidos poco menos de diez años antes, el 5 de agosto de 1978 en Edmonton.

 
En los 1.500m. supera otro no menos histórico, los 16,04”49 de su compatriota Kim Linehan, el 19 de agosto de 1979, en Fort Lauderdale. De todas formas, el de los 800m. no va a conservarlo mucho tiempo, puesto que pocos días después, el 22 de agosto, la “walkiria” Anke Mohring se lo “roba” con un tiempo de 8,19”53. Todo ello le vale su primera selección internacional, al ser incluida en el equipo que se desplaza a la australiana Brisbane para competir en los Campeonatos Pan-Pacíficos. Allí, gana las dos pruebas de 400m., sin llegar a sus mejores marcas (4,09”32 en crol, y 4,44”99 en estilos), mientras recibe una de las pocas derrotas en su prueba preferida, los 800m., al ser segunda, lejos de su reciente récord mundial, 8,33”11, superada por la australiana Julie McDonald que, ella si, se acerca al mundial de la norteamericana, 8,23”18, nuevo récord australiano.
 
Su progresión, sin embargo, se presenta imparable, y en diciembre, cuando ya nadie se lo espera, supera otro de los históricos récords mundiales, los viejos 4,06”28 de Tracy Wickham en 400m.crol (24 de agosto de 1978 en los Mundiales de Berlín) con unos 4,05”45, al ganar la prueba en el “Open USA” que se disputa en Orlando, lo que junto a todo lo otro, le vale ser nombrada como “Mejor nadadora USA del 1987”.
 
1988 es año olímpico, y Janet lo prepara con la máxima perfección, consciente de lo que va a encontrarse en Seúl, unas “walkirias” que, después de su demostración de fuerza en los pasados Mundiales de Madrid-1986, están deseosas de renovar unos laureles olímpicos que no “prueban” desde 1980. Por si acaso no sea mentira aquello de que “quien pega primero, pega dos veces”, Janet se cura en salud, y no duda en ofrecer a sus rivales de la DDR un adelanto de lo que van a encontrarse en la capital coreana.
 
En marzo, aprovechando el Nacional “Indoor” que se celebra en Orlando, se impone en las cuatro pruebas largas, 400, 800, y 1.500m.crol, y 400m.estilos, en dos de ellas con sendos récords mundiales: en el 800m. con 8,17”12, recobrando “su” récord de las manos de Mohring; en los 1.500m., con 15,52”10, superando sus anteriores 16,00”73, y convirtiéndose en la primera mujer que los nada en menos de 16 minutos. Después, la “reclusión” para preparar lo mejor posible la cita olímpica.
 
Seúl hará famosa la que a partir de entonces pasará a llamarse “la pulga de Placentia”, así como su formidable “molinillo” de braceo, y también su 2-tiempos (aunque no sea ella la primera que lo ha empleado). El segundo día de natación, 19 de septiembre, Janet se enfrenta a sus dos primeras “walkirias”, la temible y combativa Kathleen Nord, y la más rápida Daniela Hunger, y a otros dos peligros del “este europeo”, la rumana Noemi Lung, y la rusa Elena Dendeberova.
 

Gran interés antes de la final, puesto que las velocistas USA han sido completamente derrotadas en la final del hectómetro de aquella misma sesión por sus rivales de la DDR (la primera de ellas, una tal Dara Torres, ha sido solo séptima, mientras el título ha ido a parar a manos de Kristin Otto), y se espera ver si aquella va a ser la tónica de la competición, aunque Janet sigue siendo la favorita de la final por sus 4,38”58 de los “trials”, cerca del mundial de la “walkiria” Petra Schneider, 4,36”10 desde 1982 en los Mundiales de Guayaquil.

 
Dejando que sea precisamente Nord (excelente mariposista, campeona de Europa de los 200m.) la que mande en el tramo de mariposa, 1,03”43, por sus 1,04”75, Janet aprovecha su mejor espalda para coger el mando, que ya no abandonará a lo largo de toda la prueba. Con 2,12”79, abre una pequeña rendija entre ella y Lung, 2,13”83, y otra, casi decisiva, sobre Hunger, 2,16”01; Nord, 2,17”81, y Dendeberova, 2,17”84. Aunque la braza sea su estilo más débil, también lo es para sus rivales, excepto la rusa, lo que aprovecha para colocarse en segundo lugar, aunque sin poder alcanzar a Janet, 3,34”26, por 3,35”85, mientras Lung es tercera, 3,35”97. Aunque el esfuerzo realizado en el tramo de braza la ha marcado, su machacón entreno de fondista la ayuda a resistir el difícil tramo de crol, 1,03”50, para terminar ganándose su primera medalla de oro con unos excelentes 4,37”76, nuevo récord USA, por delante de Lung, 4,39”46.
 
Después, ya todo va a ser relativamente más fácil (dentro de lo que significa “relativamente fácil” en unos Juegos). Tres días después, 22 de septiembre, se encara con Anke Mohring y Heike Friedrich en los 400m.crol. Consciente de que el triunfo va a decidirse en los últimos 150-200m., pero también consciente de su falta de velocidad en un posible último largo muy ajustado, Janet toma la delantera desde los primeros metros, braceando furiosamente, con aquel característico “salto” para dar mayor fuerza a su brazada, y que es como su “sello” técnico personal. 59”99 en el hectómetro (por 1,00”23 de Friedrich, y 1,00”27 de Mohring), y rápidamente abre una pequeña brecha entre ella y sus rivales de la DDR, 2,01”14 (por 2,02”49 de Friedrich, y 2,02”51 de Mohring), nadando ya por debajo de los parciales de su récord mundial (2,01”57).
 

Aumentando todavía más su ritmo de brazos, se desembaraza en el siguiente largo de Mohring, incapaz de mantenerse junto a ella, mientras Friedrich intenta desesperadamente pegarse a ella para tratar de aprovechar su mayor velocidad en los últimos metros. En los 300m., efectivamente, la diferencia entre las dos es ligeramente menor (3,03”40, por 3,03”56 de la alemana, ambas claramente por debajo del parcial del récord mundial, 3,04”06). Por un momento parece que va a poder pasar de todo, pero rápidamente se puede comprobar que la táctica de Janet ha sido totalmente acertada. Aumentando increíblemente su ritmo de brazos, empieza a alejarse de la alemana, que impotente para responder a su ataque, marcada fatalmente por los 1,01”07 de su tercer hectómetro, ha de dejarla marchar. Libre ya de sus rivales, el último largo de Janet es una increíble demostración de su fantástica potencia, regalando a los atónitos espectadores de esta final con un último hectómetro en 1,00”45, para conformar unos poco menos que increíbles 4,03”85, nuevo récord mundial (anterior, recordemos, 4,05”45). Friedrich, segunda en 4,05”94, supera el récord europeo.

 
Ya solo le queda a Janet que acabar de cumplir el compromiso de los 800m., donde tiene frente a ella, a las dos “walkirias”, Mohring, y Astrid Strauss, pero también a la australiana McDonald que el año anterior la había superado en los Pan-Pacíficos. En Seúl, sin embargo, todo va a ser diferente.
 
Al dia siguiente de su victoria en los 400m., se clasifica sin problemas para la final del 24, en la que rápidamente toma el mando de la prueba, con parciales muy ajustados al de su récord mundial, 1,01”13; 2,04”04, y 4,10”06, aunque muy pronto deja entrever que para ella no se trata de superar el récord, sino únicamente de conseguir la tercera medalla de oro. No va a insistir mucho, mientras sus rivales, siempre a unos dos segundos de ella, ni siquiera intentan acercársele, como resignadas, según parece, a su suerte, y disputándose solo los lugares de honor del podio cuyo escalón más alto vuelve a ocupar Janet, gracias a sus 8,20”20, por delante de Strauss, 8,22”09, McDonald, 8,22”93, y Mohring, 8,23”03.
 
Tres pruebas, tres medallas de oro, un récord del mundo, y la confirmación que se trata de una de las grandes figuras de la natación mundial. Janet se ha hecho con el “control” del medio-fondo y fondo mundial, y no va a abandonarlo fácilmente. Al año siguiente, 1989, pese a ser, digamos, de transición (como la mayoría de años post-olímpicos) será para ella el que marcará su punto álgido, aquel en el que deje señalado el máximo nivel cronométrico al que va a llegar. El 20 de agosto, en Tokio, en el curso de los Campeonatos Pan-Pacíficos, supera el último de sus 7 récords mundiales, al nadar los 800m. en 8,16”66, casi medio segundo menos que su anterior de 8,17”12.
 
Anteriormente, y continuando su incontestable dominio de las pruebas de fondo (aunque abandonando poco a poco la prueba más larga), se ha impuesto de manera rotunda en las tres pruebas que ha hecho suyas, tanto en invierno, 500 y 1.000y.crol, y 400y.estilos, como en verano, 400 y 800m.crol, y 400m.estilos, con tiempos no muy lejos de sus récords personales. La Norteamérica deportiva se rinde a sus pies cuando le es concedido el “Sullivan Award”, que la distingue como mejor deportista USA de este año.
 
1990 es para Janet, en lo que se refiere a competiciones, un año de cierta relajación. No participa en los invernales, y aunque si lo hace en los de verano, lo hace sin una excesiva preparación, prefiriendo ajustar su plan de entrenamientos a los Mundiales, antes que a sus Nacionales. Esto le reporta su primera derrota en una competición importante, ya que si continúa ganando los dos títulos de crol, 400 y 800m. (aunque con peores tiempos que los del año anterior), pierde ajustadamente el de los 400m.estilos frente a Erika Hansen, 4,40”84, por 4,41”07. Tiene, en cambio, la inmensa satisfacción de comprobar que ha mejorado un poco en velocidad, lo que le vale clasificarse para los Mundiales también en los 200m., con lo que aspira a ganar cuatro medallas de oro (200, 400 y 800m.crol, 400m.estilos), más una quinta en el relevo de 4x200m., un hecho inédito en la historia de los Mundiales.
 
Perth, sin embargo, se va a convertir, para ella, en el “preludio” de su lento descenso hacia el ocaso (aunque todavía tardará cinco años en llegar). La primera jornada, 400m. estilos, se salda para Janet con un inesperado cuarto lugar, después de que en el tramo de braza se viera “vapuleada” por el trío formado por la china Lin Li, finalmente vencedora, 4,41”15; la australiana Hayley Lewis, 4,41”46, y la otra norteamericana, Summer Sanders, 4,43”41, que la dejan atrás sin ninguna remisión, 4,46”05, un tiempo muy discreto para Janet, que siempre ha tenido fama de conseguir su mejor forma en las competiciones importantes.
 
Pero si aciaga han sido para ella los estilos, mucho peor van a ser los 4x200m. en los que tienen problemas con las alemanas, que se les adelantan a partir del segundo relevo, y entregan el último relevo con poco menos de un segundo de ventaja a su relevista, aunque Janet se las arregla para remontar su pequeña desventaja, y ofrecer a su equipo una supuesta victoria, y decimos supuesta, puesto que al darse la clasificación final, resulta que su segunda relevista ha salido adelantada (-0.07) provocando la descalificación del equipo.
 
La moral de Janet, sin embargo, está intacta, ante la final de los 200m. del segundo día, fortalecida por los 1,59”38 del parcial de su relevo del día anterior, puesto que se trata de una final muy abierta, con pocas posibilidades de jugarse por debajo de los dos minutos. y, en efecto, se trata de una final igualadísima en la que las ocho participantes nadan prácticamente juntas hasta el último viraje, donde se decide la prueba, que tiene como vencedora a la australiana Hayley Lewis con unos discretos 2,00”48, por delante de Janet, 2,00”67, y de la danesa Mette Jacobsen, 2,00”93. Con todo y ser un buen resultado, Janet no queda nada contenta de su actuación, puesto que esperaba bajar de los dos minutos, lo que le hubiera proporcionado su primer título mundialista.
 


1992

Este, sin embargo, no tardará en llegar, puesto que faltan las dos mejores pruebas de su panoplia. Los 400m.crol se nadan el tercer día, y aunque Janet se impone a lo largo de toda la prueba, lo hace sin la brillantez a que estaba acostumbrada, teniendo que luchar con la “aussie” Lewis, que la sigue como si fuera su sombra (3,05”77, por 3,06”43 en los 300m., aunque tiene que inclinarse ante la mayor resistencia de Janet, que se impone finalmente aunque con un discreto tiempo de 4,08”63, por 4,09”40 de la nadadora local. Dos días después, su actuación termina con la misma discreción que comenzó. Sin ningún problema, y ante la pasividad de sus rivales, que parecen temer darle “guerra”, Janet se escapa desde los primeros metros del 800m., adquiriendo ventaja al filo de cada largo, hasta conseguir su segundo título, 8,24”05, por delante de la alemana Grit Mueller, 8,30”20. Son los dos títulos que le faltaban, y que la confirman como la mejor fondista mundial de los últimos cuatro años.

 
Janet, sin embargo, no abdica. Aquel invierno vuelve a imponerse sin problemas en las cuatro pruebas largas de los invernales, 400, 800, 1,500m.crol, y 400m.estilos. No así en los de verano, al coincidir estos con la disputa de los Campeonatos Pan-Pacíficos, donde Janet vuelve a imponerse, tanto en 400m. como en 800m., aunque sus tiempos se van alejando cada vez más de sus récords mundiales, e incluso en los 400m.estilos es relegada a la final de consolación al ser tercera norteamericana en las eliminatorias.
 
Casi sin saberlo, Janet empieza a declinar. Presenta sus primeros síntomas de sobrepeso, pero también ha iniciado una carrera de modelo, y de anunciante de trajes de baño y otros productos de higiene, que la mantienen, en ocasiones, alejada de los entrenamientos. Todo ello, junto al hecho de que la natación USA presenta un gran déficit de nadadoras de fondo, hace que Janet no tenga prácticamente rival en su país, con todo lo que ello representa para una natación que, precisamente, basa su progreso en la competencia.
 
Los Nacionales de marzo de 1992, que son, a la vez, “trials” olímpicos, no son para Janet ningún problema, aunque sus tiempos, 4,09”47, y 8,27”24 (pero séptima en los 200m., 2,02”37) no invitan a grandes confianzas, aunque pocos dudan que no sea capaz de confirmar sus dos títulos de Seúl, dada la crisis por la que parecen atravesar las pruebas largas entre las mujeres.
 
28 de julio de 1992. Final de los 400m.crol de los Juegos de Barcelona. Como siempre lo ha hecho, Janet se lanza a mandar la prueba, con parciales que, por unos momentos, parecen indicar que está en disposición de superar su récord mundial; 1,00”17 y 2,02”21 (por 59”99 y 2,02”14 en Seúl), seguida de la alemana Dagmar Hase, 1,00”39 y 2,0””82 (que, según parece, tiene una táctica con la que vencer “fácilmente” a Evans, “se trata, dice, de seguirla hasta el último viraje, y aprovecharse de su falta de velocidad final”).
 
Sigue la misma tónica en los 300m., 3,04”81 por 3,05”69, intentando Evans coger un poco más de ventaja a la alemana, luchando esta para que no se la coja. Pero esta vez Hase ha seguido la táctica que había anunciado, y después del último viraje despliega un magnífico batido de pies, que supera, aunque difícilmente, 4,07”18 por 4,07”37, el 2-tiempos de la norteamericana, que, esta vez sí, ve como su reconocida determinación no le sirve para conseguir el título. Fiel a su reconocido espíritu deportivo, la norteamericana no pierde la sonrisa al subir al podio, aunque es evidente que “la procesión va por dentro”.
 
Dos días después, y previo paso de unas rutinarias eliminatorias, Janet se enfrenta a unos fáciles 800m., distancia en la cual, pese a no estar en su mejor forma, y el golpe moral que ha representado para ella la derrota en los 400m., no existe todavía quien “le tosa”, por lo que no tiene problemas para imponerse, después de mandar desde los primeros metros, ganando su segundo oro, aunque sus 8,25”52 no le hubieran permitido ni siquiera ser cuarta en Seúl, cuatro años antes, señalando el declive, tanto de la norteamericana como del mediofondo mundial.
 


Imagen reciente: Evans junto con Kate Ziegler

1993, sin JJ.OO. ni Mundiales, representa un año de transición en la que sus quehaceres profesionales se sobreponen a los deportivos, consciente de que “aquello” empieza a terminarse, y con sus más de veinte años tiene que empezar a hacerse un hueco en la sociedad civil. Así y todo, no deja de entrenarse, dispuesta a adjudicarse los únicos títulos que le faltan, aprovechando que la FINA ha organizado para este año, la disputa de la primera edición de los Mundiales en piscina corta. Y en Palma de Mallorca, bien es verdad que con una participación más bien discreta, Janet no tiene problemas para adjudicarse los dos títulos que ambiciona, y aunque sus tiempos son más bien discretos, 4,05”64 y 8,22”43, le sirven para su propósito de conseguir lo que pretendía al participar en estos Mundiales. Pese a este cierto alejamiento de las piscinas, Janet todavía no ve peligrar su “status” de mejor fondista mundial, al ser primera de los rankings, tanto de 400, 4,05”85, como de 800m., 8,23”61.

 
Sus segundos Mundiales la llevan hasta la Ciudad Eterna, Roma, donde su declive empieza ya a ser preocupante para la natación USA, puesto que el “recambio” todavía no ha aparecido, y en el horizonte se dibujan “negras nubes” con la aparición de una natación china tan potente como polémica. No tiene absolutamente ninguna opción en unos 400m. en los que pierde incluso la posibilidad de estar en el podio, superada en los últimos metros hasta dejarla en un inesperado, y para ella “escocedor” quinto lugar (nunca había estado en este lugar en una competición internacional importante), superada incluso por una de sus compatriotas. Incluso en los 800m. está a punto de sufrir su primera derrota, y únicamente el hecho de que la australiana Hayley Lewis haya iniciado quizás demasiado tarde su remontada final, la ha salvado de una derrota segura, lo que le permite reeditar el título conseguido en Perth.
 
El declive se acentúa paulatinamente. A su cada vez mayor alejamiento de las piscinas, se le une el problema, ya acusado en años anteriores, de un sobrepeso, que le impide volver a conseguir su mejor forma. El hecho de que en 1995 no haya ninguna competición importante no la ayuda a preparar lo que pretende conseguir en 1996, es decir, convertirse en la segunda mujer que gana el mismo título olímpico en tres ocasiones consecutivas, emulando la maravillosa gesta que la australiana Dawn Fraser había conseguido en 1956, 1960 y 1964 en los 100m.crol, tanto más que los Juegos se disputan “en casa”, donde todavía nunca la han visto triunfar.
 
Al finalizar 1995, Janet ya no es la mejor del mundo, bajando en los rankings mundiales, hasta el quinto lugar de los 400m.crol, 4,10”75, mientras en los 800m. todavía se mantiene como tercera, 8,31”90, lo que la lleva a concentrarse en esta prueba, que es donde tiene la única posibilidad de conseguir su objetivo.
 
Plenamente consciente de que va a ser difícil conseguirlo, se impone una bastante dura dieta, destinada a perder kilos que la mantengan en un peso lo más cercano posible a su peso deportivo “ideal”. Aunque en los “trials” logra clasificarse para ambas pruebas, y con resultados esperanzadores, Janet se vuelca en los entrenamientos, como en ella es costumbre, aunque sin conseguir volver a aquel peso “ideal”, lo que no va a facilitarle sus objetivos.
 
Muchos de sus “fans” pensaron que hubiera podido “ahorrase”, y ahorrarles, el espectáculo que ofreció en la piscina olímpica de Atlanta, la otrora incontestable, e incontestada “reina” del fondo mundial. Con 10 kilos más de peso que en Seúl, el 22 de julio anticipa ya lo que van ser para ella aquellos Juegos. En las eliminatorias de los 400m., y por 20 centésimas (4,13”60, por 4,13”40 de la japonesa Eri Yamanoi) se pierde su primera final olímpica. Tres días después, 25 de julio, y tras sufrir en unas difíciles eliminatorias (6a. en 8,38”08) Janet no consigue estar nunca en la lucha por las medallas, y su sexto lugar con 8,38”91 es recibido con honda decepción por sus incondicionales, que, a pesar de todo, todavía esperaban de ella un último milagro.
 
Serena, con su sempiterna sonrisa en los labios, aunque con la decepción reflejada en sus ojos, Janet saluda a quienes, recordándola todavía como a una de sus mejores campeonas, terminan aclamándola. Camino del vestuario, ven alejarse lentamente a aquella mujer que pese a sus 156cm. de altura y un estilo al que cualquier técnico en sus “cabales” difícilmente hubiera concedido un aprobado, había conseguido izarse a los primeros rangos de la natación mundial apoyándose en su inmensa capacidad de entrenarse, junto a una terrible y feroz determinación para competir.        
 
Guillem Alsina