Soñando, soñando… triunfé patinando

… o de cómo los traductores a veces se dejan llevar por sus fantasías y se inventan unos títulos que son como para echarse las manos a la cabeza, y de otras zarandajas tan innecesarias como impertinentes
 
           
Entiendo, por experiencia propia, que cuando uno se enfrenta a la tarea de traducir algo y el resultado literal es muy soso o poco vistoso uno puede tender a buscar y añadir algo más de cosecha propia, como quien no quiere la cosa. Y así, en ocasiones, la cosa se va de madre y uno cae en títulos que ya de por sí son prácticamente la sinopsis de la película en cuestión, o incluso de otra, y que son buena señal de que en determinadas franjas horarias de la programación televisiva diaria, o mejor, durante enteros períodos festivos anuales es preferible mantener cerrada la televisión con candado.
 
Propongo, tímidamente, a los lectores que jueguen con los verbos que se les ocurran y compongan un título, adaptado a partir del que se encuentra en lo alto de éste texto, que les guste o que les diga algo. A mí se me ha ocurrido, sin echarle demasiada imaginación: ‘nadando, nadando… acabé escribiendo’. No se corten y superen los límites de sus fantasías (pero no los del buen gusto). O pongan lo primero que se les ocurra, pero jueguen y se sorprenderán de lo que puede dar de sí esa extraña estructura, combinación de gerundios.
 
Hay tantas cosas curiosas en las lenguas diversas, en sus trasposiciones y contactos e intercambios. A cada cual se le ocurrirá algo que le llame la atención. Por ejemplo, la palabra ‘chándal’ nunca me gustó, pero no veo alternativa en castellano. Tengo curiosidad por su origen etimológico. ¿Será un galicismo? Me gusta más ‘sweatsuit’, o mi traducción literal ‘traje pa sudá’, que no es lo mismo que ‘sudadera’ pero por ahí anda la cosa.   
 
Los sueños de los deportistas pueden ser tan variopintos como sus soñadores, pero suelen tener que ver con aquello de ‘Citius, Altius, Fortius’ y probablemente el más frecuente sea el sueño olímpico. Un cantautor de New Jersey se pregunta en una de sus canciones: “Is a dream a lie if it don’t come true, or is it something worse…” No creo que un sueño sea una mentira si no se consigue, ni creo que sea peor aún. En lo que sí creo es en las enormes posibilidades del fracaso. Y en la mala prensa o mala fama que tiene el término. Reivindico la revisión de los conceptos y profundizar más allá de lo aparente hasta poder ver que se da también el fracaso del éxito y el éxito del fracaso.
 
La importancia del camino, del viaje a Ithaca, de estar atento a que el objetivo no nos distraiga o eventualmente nos ciegue durante el duro pero estimulante proceso de búsqueda.
 
O como en el cuento de aquel hombre que se sentó en la arena húmeda al borde del agua en la playa buscando el anillo perdido por su amada hasta que llegó un día en que se hizo uno con el mar y la arena y olvidó por qué estaba ahí.    
 
He leído que todo libro es un fracaso, en un libro escrito por un autor fracasado. Y la realidad y verdad final del éxito o fracaso del supuesto loco, maravilloso caballero, y de su vida y muerte dependen de cuánto nos adentremos en la cueva.
 
“Fail again, fail better”, escribió Beckett, que sabía de la futilidad del éxito y que nos ha legado inolvidables libros fracasados.
 
Carlos Ramos