Jeff Farrell. Cuando el deporte se impuso al mercantilismo


Stadio dei Marmi en Roma

En los Juegos Olímpicos de Melbourne-1956 la natación USA había sufrido uno de sus más importantes reveses, solo comparable al que treinta y cuatro años antes había sufrido en Los Angeles-1932 a manos japonesas. Si en aquella ocasión, cual “Ave Fénix”, había sabido renacer de sus cenizas y volver a colocarse como abanderado de la natación mundial, también en 1956 había tomado buena nota de las causas que habían determinado aquella dolorosa derrota, tomando las directrices apropiadas.

 
Cuatro años después, en 1960, parecía estar preparado para “resucitar” nuevamente de sus cenizas, y volver a hacerse con el mando de la natación mundial. Los Juegos de Roma, aquel mismo año, iban a ser el banco de pruebas donde el “staff” de la natación USA podría dictaminar si sus referencias habían sido bien tomadas, o, por el contrario, debían rectificar algunas de las medidas que se habían tomado para que no se repitiera lo de 1932 y 1956.
 
Detroit, principios de agosto de 1960. Se disputan los famosos y temidos (para ellos) “trials” USA. En los 100m.crol, la prueba “reina” de la natación, un hombre, Jeff Farrell, parecía, diez días antes, capaz de disputar la supremacía mundial de esta prueba a los australianos, que en los anteriores Juegos de Melbourne, habían conseguido las tres medallas en disputa.
 
Diez días antes, en la final de los Campeonatos USA de Verano, Farrell había conseguido el título con unos magníficos 54”8, que se situaban a solo dos décimas del récord mundial del “aussie” John Devitt, conseguido en enero de 1957, y como este hacia ya mucho tiempo que no conseguía bajar de los 55”, Farrell se había convertido en la gran esperanza USA para la prueba “reina”, evidentemente sin que ello representara, ni mucho menos, menospreciar las posibilidades ni de Devitt, ni de otros excelentes velocistas.
 
Pero ¿que había ocurrido en estos diez días siguientes a los Campeonatos USA?. Al día siguiente de conseguir su título USA en Toledo (USA, no España), Farrell ha de ser internado en un hospital, aquejado de fuertes dolores en el estómago. Examinado, se le diagnóstica un apéndice perforado, por lo que es operado de urgencia. Con ello parecen desvanecerse ineludiblemente sus ilusiones de estar en el equipo olímpico, puesto que se suponía que la operación requeriría un completo descanso de, por lo menos, quince o veinte días, y otros tantos de recuperación, y los “trials” se disputaban diez días después, a caballo entre julio y agosto.
 
Detroit, 2 de agosto de 1960. Ante la sorpresa general, Jeff Farrell, abdomen envuelto en un aparatoso vendaje, se presenta a disputar las eliminatorias de los 100m.crol. Se quita la venda, y, dirigiéndose al juez-árbitro de la competición, le pide permiso para tomar la salida desde el agua, toda vez que el salto, por suave que fuera, podría reabrirle la todavía no perfectamente cerrada herida. Consultas urgentes entre los árbitros para una cuestión no prevista, por insólita, en el reglamento. Finalmente, al concluir que la medida va en perjuicio del propio nadador, y teniendo en cuenta las circunstancias del caso, se le concede el permiso oportuno.
 


Jeff Farrell durante el 4×200 libre en Roma 1960

Saliendo desde abajo, Farrell logra de manera sorprendente, el mejor tiempo de estas eliminatorias, con 55”6. Por la tarde, en la final, y nuevamente saliendo de abajo, no tiene tanta suerte, ante rivales que, lógicamente, ponen “toda la carne en el asador”. Vence Lance Larson con unos magníficos 55”0, por delante de Bob Hunter, 56”0, mientras Farrell no repite su tiempo de la mañana, siendo tercero en 56”1.

 
Aunque no se trate de una ley escrita, la costumbre adquirida a través de los años dictamina que los “trials” USA son decisivos para la formación del equipo olímpico. Como, para mala fortuna de Farrell, la FINA ha reducido en estos Juegos de Roma, el número de participantes por prueba y país de tres a dos, queda, lógicamente, eliminado de la prueba individual.
 
Impresionados por su inquebrantable voluntad, y conscientes de que Farrell continua siendo la mejor posibilidad de derrotar a los velocistas australianos, los dirigentes USA intentan eludir el veredicto de los “trials”, declarando que al no haber nada escrito, y siempre teniendo en cuenta las circunstancias, se podría hacer una excepción, incluyéndole en el equipo. Incluso Hunter, el segundo clasificado de los “trials”, y no menos impresionado por la gesta de su compatriota, se declara dispuesto a dejarle su puesto, consciente de que, con los casi veinte días que faltan para disputarse los Juegos, Farrell puede volver a ser el mejor velocista USA, e incluso mundial.
 
El, sin embargo, no está de acuerdo. A los que intentan hacerle ver que el solo hecho de salir desde abajo ya le ha restado más de una décima (ventaja que le ha sacado Hunter), les responde que su tercer lugar no tiene nada que ver ni con su herida ni con el hecho de haber salido desde abajo, sino que, sencillamente, se ha equivocado de táctica. y concluye, “no, he nadado, y he perdido. No quiero hacerle a nadie lo que no me gustaría que me hicieran a mi”, perfectamente consciente de que aquellas palabras significan que no va a poder disputar el título olímpico individual.
 
Nadie puede decir, evidentemente, lo qué hubiera pasado en la piscina romana de haber participado Farrell en la prueba individual del hectómetro. El resultado, vamos a recordarlo, originó una gran polémica, por el empate, en 55”2, entre el australiano John Devitt y el norteamericano Lance Larson, aunque el voto favorable del juez-árbitro le dio el título al australiano. ¿Hubiera sido capaz Farrell de evitar aquel litigio, venciéndolos a ambos?. Deporte-ficción en el que no vamos a entrar. Diremos solo que el gesto del norteamericano podemos inscribirlo en letras de oro al lado, por ejemplo, del protagonizado por el australiano Cecil Healy en los Juegos de Estocolmo-1912, al negarse a nadar las semifinales de los 100m.crol, si no eran “repescados” sus rivales USA, que, al parecer por un despiste de sus dirigentes, habían llegado tarde al llamamiento del juez-árbitro.
 
Ambos, perfectamente conscientes de que los títulos se ganan en el agua, habían preferido perder sus posibilidades de optar al título olímpico antes que aprovechar determinadas circunstancias que nada tenían que ver con el deporte. Su actitud contrasta con la que tomó determinado, y famoso, nadador, que en circunstancias, iguales en el fondo (aunque no en la forma) optó por otra solución, bastante más fácil, aunque, evidentemente, menos deportiva.
 
Digamos, para terminar, que aunque Farrell se vio privado de la posibilidad de optar al título olímpico individual, no se fue de Roma con las manos vacías, puesto que nadó, y ganó las dos correspondientes medallas de oro, como participante de los dos relevos, 4x200m.crol, y 4x100m.estilos.  
 
Guillem Alsina