Juegos Olimpicos. Los Angeles 1984

“Donde las dan las toman” podría ser perfectamente el título del período que se inicia inmediatamente después de la ceremonia de clausura de los Juegos de Moscú, y concluye el 12 de agosto, cuando tiene lugar idéntica ceremonia en el Estadio Olímpico de la norteamericana Los Ángeles.
 
Cuando Jimmy Carter decretó el boicot a los Juegos de Moscú, y en ocasión de unas declaraciones de importantes dirigentes del deporte sobre una posible “respuesta” del deporte soviético al mencionado boicot, las autoridades deportivas de la URSS habían sido taxativas al respecto: no habrá ningún boicot a los Juegos de Los Ángeles, ya que no hay ningún motivo para nuevas injerencias de la política en los asuntos deportivos, tanto más, decían, que el gobierno soviético sabía distinguir, no como otros, entre política y deporte.
 
La decisión, sin embargo, parecía bien meditada. Durante casi toda esta olimpiada, cualquier fuente consultada correspondiente a autoridades soviéticas, desaprobaba toda idea de boicot a los Juegos. Todavía un año antes, en 1983, nadadores soviéticos hacían acto de presencia en la inauguración de la piscina olímpica, construida con la aportación de una importante firma comercial norteamericana, con su mejor hombre, “Volodia” Salnikov, que hacía honor a su categoría al superar el récord mundial de los 800m.crol, y que no escatimó elogios a la nueva construcción, “a la que espero regresar – dijo – para revalidar mis títulos olímpicos”.
 
Con todo, sin embargo, ya en los inicios del año olímpico se empiezan a dejar oír opiniones y voces contra la organización olímpica, considerándola excesivamente comercializada, a juicio de las autoridades soviéticas, pero, sobretodo, contra las medidas de seguridad preparadas por el Comité Organizador en relación al equipo soviético, en un país en el cual, bien es verdad, se ha exacerbado la rabia contra cualquiera representación de la URSS, aunque sea deportiva.
 
El enfrentamiento político entre ambos bloques, alentado en ciertos momentos por la prensa y los organismos de cada país, hace que poco a poco se vaya enrareciendo el ambiente, al mismo tiempo que se enfrían las promesas hechas por las autoridades soviéticas en relación con la presencia de sus deportistas en Los Ángeles. Finalmente, el 8 de mayo de 1984, en una sorprendente, aunque esperada, declaración, el Presidente del Comité Olímpico de la URSS da la gran noticia: la Unión Soviética, descontenta por lo que ella cree una flagrante transgresión del espíritu olímpico por parte del Comité Organizador de los Juegos, y, al mismo tiempo, al no fiarse de las medidas de seguridad ofrecidas a su equipo olímpico (mucho más después de la prohibición del gobierno USA de permitirles hospedarse en un barco soviético anclado en el puerto, completamente aislados de la Villa Olímpica, regresando, pues, a la situación de 1952) han decidido no participar en los Juegos.
 
A partir de este momento se inicia rápidamente la escalada de mutuas descalificaciones. El Presidente del CIO, el español Joan-Antoni Samaranch, inicia su actividad mediadora con dos único polos, Reagan – Txernenko, intentando solucionar los problemas que se oponen a la definitiva reconciliación, mientras, naturalmente, la opinión pública y la prensa norteamericana carga contra la decisión del máximo organismo deportivo de la URSS, acusándolo poco menos que de intentar acabar con el ideal olímpico…..sin querer recordar, como tantas veces ha sucedido, que habían sido ellos mismos los que, cuatro años antes, habían abierto la “caja de los truenos”, iniciando las maniobras que culminaron con el primer gran boicot olímpico.
 
Lo más grave de todo ello, sin embargo, es que, finalmente, el boicot tendrá lugar y que, como cuatro años antes, la URSS, y toda una serie de países alineados políticamente con ella se le añadieron. Países como la DDR, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Cuba, etc., hasta un total de 17 Comités Olímpicos, decidieron imitar su cabeza (política) de filas, declinando la invitación de los organizadores de los Juegos. Únicamente Yugoslavia, siempre apartada del bloque soviético, y con suficiente capacidad para actuar de forma autónoma, y Rumanía, en una clara decisión política coyuntural de su Jefe de Estado de desmarcarse de la órbita soviética, lo que será hábilmente aprovechado por el Comité Organizador de los Juegos, no secundan el boicot, inscribiendo a sus deportistas en las competiciones.
 
Rápidamente empiezan a correr los rumores de una posible participación del Comité Organizador de los Juegos en los gastos de traslado y alojamiento de estos dos equipos, así como de otros, sobretodo de los países africanos que, muy afectados por la crisis económica mundial, no hubieran podido participar, seguramente, de no haber sido por aquella ayuda, que nunca pudo ser demostrado de manera fehaciente, pero que posiblemente existió, con tal de reunir el mayor número posible de países participantes, y hacer olvidar, al mismo tiempo, a los que, por las razones expuestas, no quisieron participar.
 
La verdad es que la organización de los Juegos parece que dejó algo que desear. Las grandes distancias entre las instalaciones deportivas y la Villa Olímpica, en algunos casos tres horas de viaje entre la ida y la vuelta, el excesivo comercialismo, y el excesivo nacionalismo por parte del público local, hicieron que una gran parte de los que asistieron a estos Juegos, deportistas y público forastero, no quedaran contentos del todo.
 
Finalmente, y en estas circunstancias, tiene lugar, el 28 de julio, la ceremonia de apertura de estos Juegos, correspondientes a la XXI Olimpiada, con una brillante demostración musical basada en la corta historia de los EE.UU., juntamente con las ya tradicionales ceremonias del protocolo olímpico, discurso de apertura del Presidente Reagan; del juramento olímpico, con un inesperado, cuanto más humano, tartamudeo, y súbita amnesia del famoso Edwin Moses; de la entrada de la bandera olímpica, y del encendido de la antorcha. Unos cuantos deportistas faltan a la cita cuatrienal, como ya había pasado en Moscú, sin que ello afecte, sin embargo, a los presentes, que cuentan con una novedad de peso: la China Popular (ó China Continental, ó República Popular de China que será el nombre oficial) que vuelve a sumarse al movimiento olímpico después de más de treinta años de ausencia y aislamiento.
 
Como afectará el boicot a las pruebas de natación ?. Podríamos decir que, como en Moscú, las pruebas de natación (como las de atletismo y de otros deportes, individuales y por equipos) quedarán muy devaluadas, sobretodo en el sector femenino. Como dejamos entender al hablar de los Juegos de Moscú, cuando hablemos de los ganadores de estos Juegos norteamericanos, deberemos tener siempre en cuenta las obligadas ausencias de los que han tenido que quedarse en casa, que remedio les quedaba, después de prepararse a lo largo de muchos años para la máxima cita deportiva. Todos ellos hubieran podido influir en los resultados y el nivel técnico logrado. Una vez más, y ya van…..demasiadas, podríamos volver a repetir la famosa, y en este caso desdichada, frase, “ni eran todos los que estaban, ni estaban todos los que eran”, pese a que todo ello no quita, lejos de pensarlo, ningún mérito a quienes se proclamaron como los mejores en Los Ángeles. Y, casi antes de empezar, ya se inicia la polémica de caras a los próximos Juegos de Seúl-1988…..
 
En el interregno entre ambos Juegos, se han disputado los Mundiales en la ciudad de Guayaquil, que han servido para confrontar la potencialidad de países que debido al boicot de Moscú, no pudieron competir con los presentes en aquellos Juegos. En las líneas de la prensa sensacionalista, esta confrontación de Guayaquil podría ser casi como la revancha de los Juegos, sin percatarse que los dos años pasados no autorizaban esta idea, y que, por ejemplo, el hecho de que Woithe derrotara a Gaines en Guayaquil no significaba necesariamente que también lo hubiera logrado dos años antes en Moscú.
 
Tres novedades en el programa que se disputa en la “McDonalds Olympic Swim Stadium” (un nombre, por cierto, no muy deportivo) inaugurada oficialmente en julio de 1983 con un récord mundial de los 800m.crol a cargo del soviético Vladimir Salnikov).
 
Por una parte, la supresión de las semifinales en las pruebas de 100m., que pasan a tener únicamente la disputa de las eliminatorias, con la clasificación de los ocho mejores tiempo de estas para la final. Por otra, la disputa, en todas las pruebas de 100, 200 y 400m. individuales, de una Final B, llamada también “de consolación”, para los clasificados entre el 9o. y el 18o. lugar de las eliminatorias. Era una práctica corriente en los campeonatos USA, que los organizadores trasladan ahora a las finales olímpicas.
 
Como podremos ver, su disputa pudo tergiversar, en ciertas ocasiones, los resultados logrados, aunque da una segunda oportunidad a los que quieran mejorar sus registros cronométricos, si bien estos tiempos, aunque sean mejores que los de la Final A, no permiten modificar la clasificación de los ocho finalistas, que tienen asegurados sus lugares. Sinceramente, no encontramos nada acertada esta iniciativa que, como casi todas las que nos llegan de los EE.UU., acabará por arraigar, convirtiéndose en clásica, como así ha sido….hasta que se piense en otra. Tercera novedad, nuevo cambio en el programa con la reinclusión de las pruebas que habían sido suprimidas en 1976 y 1980, es decir, los 4x100m.crol y 200m.estilos en el sector masculino, y los 200m.estilos en el femenino.
 
Una vez más, la FINA no pierde la costumbre de imponer sus tiempo-mínimos para la participación de más de un nadador por país y prueba, aunque esta vez únicamente debe calcular un tiempo, al limitarse las posibilidades de inscripción a dos nadadores por país y prueba, y no a tres como era reglamentario en anteriores Juegos. Una vez más, ofrecemos a la curiosidad del lector estos tiempos-mínimos de la FINA: CROL: 100m. hombres 51”56 – mujeres 57”94; 200m. 1,52”49 – 2,04”34; 400m. 3,57”10 – 4,20”99; 1.500m.hombres 15,34”60; 800m.mujeres 8,55”55. ESPALDA: 57”73 – 1,05”30; 200m. 2,04”33 – 2,19”17. BRAZA: 100m. 1,04”64 – 1,13”03; 200m. 2,20”77 – 2,38”08. MARIPOSA: 100m. 55”33 – 1,03”12; 200m. 2,01”99 – 2,16”88. ESTILOS: 200m. 2,07”10 – 2,22”10; 400m. 4,29”72 – 4,58”40. Como decían en un anuncio de TV, “señores, vean y comparen”…..con anteriores Juegos.    
 
Novedad técnica de un alto valor. Se prueba una nueva máquina, la OSM-6-MK II) que sirve para detectar las salidas falsas de las pruebas de relevos, es decir, las salidas avanzadas. Será probado extra-oficialmente en estos Juegos, con una total satisfacción, y ya de manera oficial en los Mundiales de Madrid-1986, y, si no esta misma máquina, sí otras semejantes e incluso más afinadas, en los Juegos de Seúl-1988 y siguientes. Es la técnica que continúa acompañando al deporte. 
 
Récord de participación con la asistencia de representantes de 66 países (61 en categoría masculina, 39 en la femenina) 8 de los cuales: Antillas Holandesas, Bahrein, Islas Fiji, Honduras, San Marino, Surinam, Swazilandia, y Uganda, envían nadadores a los Juegos por primera vez.
 


Rowdy Gaines

100m.crol: récord mundial: Ambrose “Rowdy” Gaines (USA) 49”36, el 3/04/1981, en Austin; récord olímpico: Jim Montgomery (USA) con los 49”99 de la final de Montreal-1976. Eliminatorias y finales el 31 de julio. 68 participantes repartidos en 9 eliminatorias. Naturalmente, no defiende su título de Moscú Jorg Woithe. Favorito indiscutible de la prueba lo es el recordista mundial, uno de los favoritos ya en Moscú, y uno de los sorprendentes derrotados de los Mundiales de Guayaquil, que ha tenido suficiente paciencia para continuar sus entrenamientos, incluso después de abandonar sus estudios universitarios, algo impensable pocos años antes en el ambiente de la natación USA, para intentar lograr el título olímpico que no había podido lograr en Moscú. Nadie baja de los 50” en las eliminatorias.

 
En la final, y después de un cierto alboroto del público, al parecer que Gaines había “robado” la salida (llegará a asegurarse más tarde que con una cierta connivencia con el juez de salidas) este es el más rápido en acción, dominando desde los primeros metros, llegando al viraje con catorce centésimas de ventaja sobre el australiano Mark Stockwell, 24”01 por 24”15, mientras el venezolano Mestre es tercero, 24”28, por delante del sueco Par Johansson, 24”47, y el resto de finalistas.
 
En el segundo largo de piscina, el norteamericano resiste el último esfuerzo de su rival, aumentando incluso su ventaja, proclamándose nuevo campeón olímpico, con un tiempo de 49”80, récord olímpico. Stockwell es segundo, 50”24, a pesar de que en los últimos metros ve como Johansson, un gran luchador en las grandes ocasiones, está a punto de alcanzarlo, 50”31, revalidando la medalla de bronce lograda en Moscú, por delante del segundo velocista USA, Mike Heath, que pocos días antes en los “trials” había derrotado Gaines, firmando unos magníficos 49”87 que le convertían en uno de los favoritos, tiempo que no puede repetir en Los Ángeles. Por primera vez en los Juegos, los ocho finalistas bajan de los 51”, un nivel claramente superior al de anteriores Juegos.
 
De nada sirvieron las airadas protestas del australiano Stockwell hacia el juez de salidas, una vez terminada la prueba, entendiendo que el disparo de salida había sido dado cuando Gaines ya basculaba ostensiblemente hacia adelante.  
 

 

200m.crol: récord mundial: Michael Gross (RFA) 1,47”55, el 8 de junio del mismo año olímpico, en Stuttgart; récord olímpico: Sergey Kopliakov (URSS) con los 1,49”81 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 29 de julio. 56 participantes repartidos en 7 eliminatorias. También “naturalmente” no está en la piscina californiana el soviético Kopliakov para defender su título de Moscú. Si un favorito hay en esta prueba, este no es otro que el alemán Michel Gross, conocido también como el ”Albatros de Offenbach” por su extraordinaria envergadura, 200cm. de altura y 225cm. de envergadura) recordista mundial, aunque con un rival muy peligroso en Mike Heath, 1,47”92 en los “trials”.

 
El alemán llega a Los Ángeles con la “sana” intención de recoger tres medallas de oro individuales (200m.crol y 100-200m.mariposa) además de colaborar en los posibles triunfos de su equipo en las pruebas de relevos. Los 200m.crol es su primera final individual y ya desde las eliminatorias deja muy claro cuáles son sus aspiraciones. En la 6a. eliminatoria Heath se acerca al récord olímpico señalando 1,49”88. Minutos después, en la 7a. y última, el alemán provoca la primera reacción del público, iniciando su carrera sobre bases muy por debajo de su récord mundial: 25”12 en el primer viraje, 52”10 a mitad de carrera, un tiempo que lo podría hacer acabar aproximadamente en 1,46”0 – 1,46”5. Lógicamente, no puede mantener su ritmo, excesivamente alto para sus posibilidades del momento, y debe ceder en el segundo hectómetro, 55”93, acabando con un tiempo de 1,48”03, nuevo récord olímpico.
 
En la final, Gross sale con unas ambiciones mucho más realistas y discretas, pese a que domina ya desde los primeros metros a un Heath que no parece ya en su forma de los “trials”. 25”70 en el primer viraje, Gross llega a la mitad de prueba con un parcial de 53”14, por delante de un inesperado Mestre a sus talones, 53”67, con Heath tercero, 53”96, claramente por delante del resto de finalistas. Al llegar al último viraje, 1,20”27, el alemán tiene prácticamente ganada la carrera, por delante de Heath, 1,21”41, mientras por atrás, el otro alemán, Thomas Fahrner, inicia una sensacional remontada después de haber girado a mitad de carrera en último lugar, 54”90, y ser Todavía quinto a los 150m., 1,22”86, tras los dos primeros, el otro norteamericano, Jeff Float, 1,22”23, y Mestre, 1,22”28.
 
Sin ningún problema, Gross nada el último largo en 27”17, para un tiempo final de 1,47”44, nuevo récord mundial y olímpico, dejando el segundo lugar a Heath, 1,49”10, mientras Fahrner remata su remontada nadando la segunda mitad de carrera en unos magníficos 54”79, logrando la medalla de bronce, 1,49”69, por delante de Float, 1,50”18, y Mestre 1,50”23, que no ha podido resistir los últimos metros de sus rivales.
 


DiCarlo

400m.crol: récord mundial: Vladimir “Volodia” Salnikov (URSS) 3,48”32, el 19/02/1983, en Moscú; récord olímpico también de Salnikov con los 3,51”3 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 2 de agosto. 36 participantes repartidos en 5 eliminatorias.

 
Ausente el titular de Moscú, es una de las pruebas más abiertas de los Juegos, con la presencia del canadiense Peter Szmidt, ex-recordista mundial cuatro años antes y uno de los grandes ausentes de Moscú, y de los dos norteamericanos DiCarlo y Mykkanen, con registros que han superado el récord USA de Brian Goodell; los alemanes Pfeiffer, y, sobretodo, Thomas Fahrner, así como de otros que, inevitablemente, aprovechan los Juegos para descubrirse. En las eliminatorias, hay más de una e importante sorpresa, cuando en la 3a.eliminatoria, y pese a ganarla, queda eliminado Fahrner, uno de los principales favoritos, con un tiempo de 3,55”26, a solo diecinueve centésimas del francés Iacono, último clasificado para la final. Tras él, Szmidt también es eliminado.
En la final, DiCarlo toma el mando desde los primeros metros, y aunque sin poder escaparse de manera definitiva, domina limpiamente hasta el último metro. Pasando en primer lugar a los 100m., 56”56, por delante del veterano yugoslavo Darjan Petric, 57”24; el australiano Ron McKeon, otro veterano de Moscú, 57”41 y de Iacono, 57”42, el norteamericano controla perfectamente la prueba, con un tiempo de 1,55”27 en su mitad, por delante de un grupo muy compacto en el que figuran los otros siete finalistas, con diferencias muy cortas entre ellos (el australiano Justin Lemberg es ahora segundo, 1,56”34, mientras el alemán Pfeiffer, 1,57”49, es octavo y último).
 
Al iniciarse el último hectómetro, las posiciones han quedado ya definidas, con DiCarlo siempre al frente, 2,54”06, seguido ahora por su compatriota Mykkanen, 2,54”67, mientras Lemberg, una de las clásicas revelaciones australianas de estos Juegos, es tercero, 2,54”86, amenazando a los dos norteamericanos, por delante del cuarto, Petric, 2,56”01, lejos ya de la posibilidad de acceder al podio. En los últimos metros, y pese al esfuerzo de Mykkanen, 56”82, y de Lemberg, 56”93 en el último hectómetro, DiCarlo, 57”17, logra resistir el final de sus dos rivales, logrando su primer triunfo, 3,51”23, nuevo récord olímpico, lejos del mundial, mientras Mykkanen es segundo, 3,51”49, y Lemberg tercero, 3,51”79, claramente por delante de Pfeiffer, que en los últimos metros se impone a Petric, 3,52”91.
 
Minutos después del triunfo de DiCarlo, se lanzan al agua los clasificados para la “final B”. Como él mismo diría minutos después en la rueda de prensa, “cuando vi el tiempo de DiCarlo en la final, pensé que lo tenía a mi alcance, y que podía superarlo”, el alemán Thomas Fahrner está decidido a demostrar que el mejor hombre sobre los cuatro hectómetros, aquel 2 de agosto, es él, y nadie más que él.
 
Tomando decididamente el mando de la carrera, con una salida relativamente rápida, contrariamente a su costumbre, pasa el primer hectómetro en 55”66, noventa centésimas por delante del tiempo de DiCarlo. A mitad de carrera, 1,54”76, lleva cincuenta y una centésimas de ventaja, mientras a los 300m., 2,53”37, son ya sesenta y nueve; completamente destacado del segundo, el español Juan-Enrique Escalas, Fahrner acaba la prueba con un tiempo de 3,50”91, mejor, pues, que el señalado minutos antes por DiCarlo.
 
Evidentemente, la medalla de oro será para el norteamericano, e incluso, en una primera instancia, el récord olímpico, pues los organizadores dicen que, al haber sido logrado en una final B, el tiempo del alemán no puede ser considerado como tal. Minutos después, sin embargo, esta información es rectificada, y, finalmente, estos 3,50”91 señalan, paradójicamente por cierto, un nuevo récord olímpico totalmente oficial. Una vez más, como en los viejos tiempo de París-1924, ó Londres-1948, ó en los más próximos de Moscú-1980, un campeón olímpico no parece el mejor hombre de la prueba, y esta vez por partida doble, pues por encima del triunfo del norteamericano planea, además, la sombra de “Volodia” Salnikov, y, aún, la del alemán de la DDR, Sven Lodziewski, otro firme candidato al título.    
 
1.500m.crol: récord mundial: Vladimir Salnikov, 14,54”76, el 22/02/1983, en Moscú; récord olímpico también en poder de Salnikov con los 14,58”27 de la final de Moscú. Eliminatorias el 3 de agosto, final el 4. 27 participantes repartidos en 4 eliminatorias. Si en los 400m. su superioridad había sido cuestionada alguna vez, la imbatibilidad que desde 1978 ostentaba Salnikov en el quilómetro y medio hacía que difícilmente hubiera podido ser superado en Los Ángeles en esta su mejor prueba, y ni el reciente récord USA logrado en los “trials” , 15,01”51 por DiCarlo, ni los 15,04”49 del también norteamericano Mike O’Brien, podían hacer pensar en una posible derrota del soviético.
 
Este, sin embargo, no está en Los Ángeles, y ello facilitó, lógicamente, la tarea de los dos nadadores locales, después de unas eliminatorias en las que el australiano Lemberg, después de su magnífica actuación del día anterior en los 400m., el yugoslavo Darjan Petric, y el español Rafael Escalas, eran los eliminados más conocidos.
 
La final quedó resumida, rápidamente, a un duelo fraterno entre ambos norteamericanos, con DiCarlo decidido a lograr el binomio 400-1.500m. (como habían hecho sus ilustres predecesores, Brian Goodell el 1976, y Vladimir Salnikov el 1980) que aseguró el ritmo hasta el primer tercio de prueba (58”46; 1,59”28; 4,00”85, y 5,01”67) sin que O’Brien, sin embargo, cediese mucho terreno, separados siempre por escasas centésimas (5,01”69 en el primero tercio) mientras, tras ellos, el francés Iacono intenta mantenerse a su nivel, y es tercero hasta los 700m. (5,05”54 en los 500m.) por delante de los dos alemanes, Henkel, 5,06”32, y Pfeiffer, 5,07”04.
 
A partir de los 600m., sin embargo, O’Brien coge ventaja de forma progresiva, con parciales muy ajustados al minuto por hectómetro, 6,02”72; 7,03”43, y 8,03”96 en los 800m.; 10,04”52 en el kilómetro, por delante de un DiCarlo que, sin darse por vencido, 8,04”81 y 10,06”36, ve como poco a poco se le escapan sus posibilidades de vencer, y pese a todos sus esfuerzos, las posiciones son ya inamovibles. Tras ellos, Pfeiffer, después de superar al francés a los 700m., deja a su compatriota Henkel, y parece intentar alcanzar a los dos norteamericanos, iniciando la remontada, 8,07”99 y 10,08”93 a los 800 y 1.000m. Continuando a su ritmo de minuto y centésimas por hectómetro (11,04”93; 12,05”28; 13,05”40 y 14,06”08) y con un último hectómetro en 59”12,
 
Mike O’Brien no tiene ningún problema para hacerse con la medalla de oro con un tiempo de 15,05”20, por delante de DiCarlo, que puede conservar finalmente su corta ventaja sobre Pfeiffer, 15,10”59 por 15,12”11, mientras Henkel es cuarto, ya claramente distanciado en el último tercio de la prueba, 15,20”03. El buen reparto del esfuerzo por parte de O’Brien ha sido, sin duda, uno de los factores clave de su triunfo, 5,01”69 – 5,02”83 – 5,00”68 para cada tercio, frente al más irregular del alemán, que parece haberse “dormido” en el primer tercio, 5,07”04, y no ha podido después recuperar el terreno perdido. La sombra de Salnikov, con sus menos de 15 minutos, que no habían sido amenazados en ningún momento, planeaba evidentemente sobre la piscina olímpica californiana.  
 


Equipo USA del 4×100 crol

4x100m.crol: récord mundial: un cuarteto norteamericano, 3,19”26, el 5/08/1982, en Guayaquil; récord olímpico también en poder de los norteamericanos con los 3,26”42 de la final de Munich-1972. Eliminatorias y final el 2 de agosto. 23 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias. Prueba que, como los 200m.estilos, había sido suprimida del programa en las dos últimas ediciones de los Juegos, y que ve como los 3,26”42 logrados por los norteamericanos en Munich no servirían ni para clasificarse para esta final de Los Ángeles.

 
En la 1a. eliminatoria, el cuarteto de la RFA, 3,24”69, supera el mencionado récord, que pierde minutos después en la 2a., cuando el equipo sueco señala un tiempo de 3,23”86, mientras en la 3a. australianos y norteamericanos (estos con dos nadadores suplentes) se entregan a una magnífica lucha, como si estuvieran ya disputando la final en lugar de una relativamente fácil, para ellos, calificación.
 
Finalmente, los “aussies” se imponen con unos excelentes 3,19”94, nuevo récord olímpico, y muy cerca del mundial, exactamente a 68 centésimas, por 3,20”14 de los locales.
 
La final, y pese a haber nadado la eliminatoria con dos nadadores suplentes (con todas las connotaciones que la palabra “suplente” puede tener en un cuarteto USA) el triunfo de los velocistas USA no será nada fácil, frente a un cuarteto australiano que les planta cara en todo momento. Chris Cavanaught es el primero al terminar el primer tramo, 50”83, por delante del australiano Greg Fasala 51”00; del francés Stephan Caron 51”03; del alemán Dirk Korthals 51”11, y del sueco Thomas Lejdström 51”29, dando paso a un Heath que, a pesar de su buena carrera, 49”60, no puede evitar perder terreno ante su más directo rival Neil Brooks (el sorprendente australiano que había dado el triunfo a su equipo en los 4x100m.estilos de Moscú) que recorta diferencias, 49”36, e incluso se pone en cabeza de la prueba, aunque solo sea por siete cortas centésimas, 1,40”36 por 1,40”43.
 
En tercer lugar, Suecia manda el pelotón de finalistas en una gran lucha, 1,42”12, a solo 74 centésimas del Canadá, octavo y último clasificado. Matt Biondi, enfrentado al ”aussie” Michael Delaney, nada el tercer tramo, y a pesar de que el norteamericano, 49”67, devuelve a su equipo al primer lugar (50”26 para el australiano) es únicamente con poco más de medio segundo de ventaja, 2,30”10 por 2,30”62, que el campeón olímpico del hectómetro, “Rowdy” Gaines, se lanza ante el medalla de plata, Mark Stockwell, mientras, por atrás, el equipo británico se ha puesto muy ajustadamente en tercer lugar, 2,33”37, por delante de Suecia 2,33”40; la RFA 2,33”50, y Francia 2,33”58, con cualquiera de ellos en disposición de ganar el bronce.
 
El último tramo de la prueba es una magnífica lucha entre los dos primeros de la prueba individual. El australiano parece, en unos primeros metros llenos de potencia y determinación, recobrar parte de su desventaja, mientras el público, puesto en pie, anima a ambos nadadores. Después, Gaines equilibra la carrera hasta los últimos metros, donde impone su final, tocando primero el muro de llegada con un tiempo de 3,19”03, nuevo récord mundial y olímpico, por delante del australiano, 3,19”68, mejorando su tiempo de las eliminatorias. Claramente descolgados, Suecia acaba imponiéndose a la RFA en la lucha por el tercer lugar, 3,22”69 por 3,22”98, con dos magníficos parciales en los dos últimos tramos (Johansson 49”29; Gross 49”48) avanzándose ambos a los británicos en los últimos metros, quintos en 3,23”61, ya que Richard Burrell es incapaz de bajar de los 50”, 50”24.
 
48”93 para Gaines; 49”06 para Stockwell en sus respectivos tramos, los dos mejores tiempo nunca logrados en un hectómetro, han sido digno colofón de esta prueba, sin dejar de lado otros parciales internos igualmente interesantes, pese a que, lógicamente, no puedan homologarse oficialmente.
 

4x200m.crol: récord mundial: la República Federal de Alemana, 7,20”40, el 23/08/1983, en Roma; récord olímpico: un cuarteto norteamericano con los 7,23”22 de la final de Montreal. Eliminatorias y final el 30 de julio. 14 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Prueba que se disputa en medio de una gran expectación debido al récord mundial que el cuarteto de la RFA había logrado el año anterior en los Europeos de Roma, arrebatándoselo a los Estados Unidos, en la, seguramente, más prestigiosa prueba del programa de natación.

 
Desde 1960, únicamente en tres ocasiones, Japón en 1963, y Australia, en 1960 y 1970, habían “osado” arrebatar a los USA el récord de esta prueba, y en las tres ocasiones la réplica había sido poco menos que fulminante al recobrarlo (entre uno y cuatro meses). Era un récord, pues, por decirlo de alguna manera, que señalaba el dominio USA sobre el resto del mundo, y se trataba de ver, en esta pugna codo a codo, quien saldría vencedor.
 
Desde las eliminatorias, y sin pararse a pensar que horas después se nada una comprometida y difícil final, el cuarteto USA sale dispuesto a todo. Con dos nadadores suplentes para hacer descansar a Mike Heath y Jeff Float, que el día anterior han disputado la prueba individual, la natación USA demuestra, perfectamente su potencial. Gaberino, 1,49”60 en el primer tramo (un tiempo que le habría valido la medalla de bronce de la prueba individual disputada horas antes) pone a su equipo sobre las bases del récord mundial.
 
Después, los titulares Larson y Hayes, 1,50”38 y 1,50”04, y, en último lugar, el otro “suplente”, Rick Saeger, 1,48”85 (curiosamente han sido los dos titulares los que han logrado los peores parciales) suman un tiempo de 7,18”87, nuevo récord mundial y olímpico, recuperando “su” récord, por delante de un equipo alemán que, sin Michael Gross, opta por clasificarse sin presentar lucha, segundo de la segunda eliminatoria en 7,25”29, sin que haya ninguna sorpresa, con los ocho mejores equipos clasificados para la final.
 
En esta, cada uno de los dos equipos favoritos nadará con tácticas muy diferentes, pese a coincidir perfectamente en su objetivo final: la victoria. Por un lado, los tres primeros alemanes nadarán intentando resistir a sus rivales, con tal de conceder a su último hombre, Gross, la mínima desventaja posible, cifrado por sus técnicos entre un segundo y segundo y medio; por el lado norteamericanos, el problema es inverso, es decir, intentar lograr, en el transcurso de los tres primeros relevos, suficiente ventaja como para que su último nadador, Bruce Hayes, pueda resistir la esperada superioridad de Gross.
 
Heath, 1,48”67 en el primer tramo, lanza la carrera, logrando una sensible ventaja sobre su rival Farhner, 1,49”83. En el segundo tramo, el alemán Korthals se defiende muy bien, recortando algunas centésimas de la ventaja USA, enfrentado a Larson, 1,48”75 por 1,49”01, dejándola en poco menos de un segundo, 90 centésima exactamente. El tercer tramo será, pues, capital para ambos equipos. Jeff Float, un antiguo especialista de 400 y 1.500m., se enfrenta al nadador teóricamente más flojo del cuarteto alemán, Alex Schwotka, y puede lograr aumentar la sensible ventaja de su equipo, llevándolo, con un parcial de 1,49”60, por 1,50”26 del alemán, hasta un segundo y cincuenta y seis centésimas.
 
Está, pues, dentro del límite previsto por ambos equipos para poder optar a la victoria. Ahora, todo queda en manos, y pies, de Bruce Hayes y Michael Gross, mientras tras ellos, y en una final completamente diferente, una sorprendente Gran Bretaña, 5,33”35 al terminar el tercer tramo, domina a Australia, 5,34”56, por el tercer lugar.
 
La salida del ”Albatros” Gross es literalmente fulgurante y, con un parcial de 51”90 a mitad de su tramo, deje literalmente “clavado” a su rival, que, con 53”19, únicamente intenta resistir el retorno del alemán. Después, nadando codo a codo la siguiente longitud de piscina, Gross parece coger poco a poco los cortos centímetros que pueden otorgarle la victoria. Sin embargo, no es por cualquier razón que Bruce Hayes ha sido asignado para nadar el cuarto y último tramo de su equipo, sino por sus cualidades de luchador, de no darse nunca por vencido, por aquella cualidad, en fin, de los mejores campeones, de poder, y saber dar “algo más del 100%” cuando hay que hacerlo, y en esta final, evidentemente, hay que dar este “poco más del 100%”. Entre los 750 y los 785m., Gross lucha desesperadamente por mantener los escasos centímetros de ventaja que ha logrado, mientras su rival lucha por recuperarlos.
 
Es entonces cuando sale a relucir el espíritu luchador del norteamericano, que aprovechando su menor envergadura (mide sobre los 183cm. de altura, frente a los 200cm. del alemán) aumenta el ritmo de su brazada, rehaciendo poco a poco su corta desventaja. En la última brazada, y entre el clamor del público, que no puede llegar a discernir quien es el ganador, Hayes puede tocar el muro algo antes que su rival. Diez mil pares de ojos, público y nadadores, se giran hacia el marcador electrónico que indicará la clasificación final. Bruce Hayes, y con él sus tres compañeros de equipo, lanzan sus brazos al aire en señal de victoria, mientras se oyen sus gritos de satisfacción, al comprobar que, ¡ por cuatro centésimas !, han arrebatado el triunfo a los alemanes.
 
Mientras los norteamericanos se felicitan mutuamente, Gross, apoyado en la corchera, se rehace de su generoso esfuerzo. No ha podido hacer nada, después de haberlo intentado todo. Su extraordinario parcial, 1,46”89, lo dice todo. Son los 200m. más rápidos de todos los tiempo, afianzando su extraordinaria calidad, pese a no haber podido torcer la no menos extraordinaria voluntad de vencer del norteamericano, que, también él, ha superado de largo su mejor tiempo personal, 1,48”41. Las cuatro centésimas de diferencia indican que el triunfo hubiera podido ser para cualquiera de los dos nadadores, y que únicamente la velocidad con que Hayes ha lanzado su brazo en la última brazada le ha permitido vencer.
 
El mérito, que no las respectivas medallas de oro y plata, es para los ocho nadadores que se han superado hasta el último momento, con el único deseo de ganar la prueba.
 
Con 7,15”69, por 7,15”73 de sus rivales, el cuarteto USA pulveriza, como el alemán, los anteriores récords mundial y olímpico de las eliminatorias por un amplio margen de tres segundos, con uno de los registros, y sobretodo la lucha, que marcarán estos Juegos para la historia.
 
La aspereza de la lucha entre los dos primeros cuartetos, casi hace olvidar al resto de finalistas. Finalmente, un sorprendente cuarteto británico acaba imponiéndose a los australianos, 7,24”78 por 7,25”63 en la lucha por las medallas de bronce, y al resto de finalistas, dando un excelente nivel a la prueba. El cuarteto holandés, octavo y último, logra un tiempo de 7,29”14, que le hubiera permitido ganar el bronce en la final de Moscú; aquí, sin embargo, únicamente ha sido octavo.
 

100m.espalda: récord mundial: Rick Carey (USA) 55”18, el 21/08/1983, en Caracas; récord olímpico: John Naber (USA) con los 55”49 de la final de Montreal. Eliminatorias y finales el 3 de agosto. 45 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Presente para defender su sorprendente título de Moscú el sueco Bengt Baron, aunque no sea el favorito, que sí lo es el recordista mundial Carey, después de que sus principales rivales hayan sido apartados de la lucha por el boicot (el alemán DDR Dirk Richter, y los soviéticos Vladimir Shemetov y Sergey Zabolotnov, este último un formidable competidor).

 
Aunque su moral haya sido ligeramente “tocada” dos días antes en la final de los 200m. (a pesar de haberla ganado) el norteamericano señala el mejor tiempo de las eliminatorias, 55”74, casi con un segundo de ventaja por delante del segundo mejor tiempo, Carey toma el mando de la final y ya es primero al llegar al viraje, 26”77, por delante de su compatriota David Wilson, 26”90, mientras el canadiense Mike West es tercero, 27”16, por delante de Baron, cuarto en 27”41.
 
Pese a su esfuerzo final, Carey vuelve a demostrar que no ha llegado a los Juegos en su mejor momento de forma, y con un estilo muy forzado es el primero en llegar al muro, con un tiempo de 55”79, ligeramente peor que el de las eliminatorias, aunque claramente por delante de Wilson, 56”35, y West, 56”49, que en los últimos metros recorta las diferencias, y del neo-zelandés Gary Hurring, cuarto en 56”90, únicos que bajan de los 57”, en una prueba que ha sido, seguramente, la de nivel técnico más bajo de estos Juegos. Baron, por su parte, es sexto, 57”34, muy por encima de aquellos 56”35, con los que había logrado su sorprendente triunfo en Moscú.
 
Completamente decepcionado por su tiempo, esperando, como mínimo, poder superar el récord olímpico de Naber, a Carey le cuesta esbozar una sonrisa durante la ceremonia de proclamación de campeones y la subsiguiente presentación al público, hecho que incluso llega a provocar un leve murmullo de desaprobación hacia uno de sus ídolos, que continúa, como en los 200m., sin digerir sus discretos resultados.
    
200m.espalda: récord mundial: Rick Carey, 1,58”93, el 3/08/1983, en Clovis; récord olímpico de John Naber con los 1,59”19 de la final de Montreal. Eliminatorias y finales el 31 de julio. 34 participantes repartidos en 5 eliminatorias. No defiende su título de Moscú el húngaro Sandor Wladar. Campeón del mundo seis años antes y uno de los favoritos de los Juegos de Moscú, el norteamericano de origen puertorriqueño Jesse Vasallo, es uno de los nombres ilustres que no pasa de las eliminatorias; operado recientemente de una rodilla, después de haber estado casi año y medio sin entrenar, ha intentado, como otros, un tardío “come back” que pueda otorgarle la medalla que ya podía haber logrado en Moscú; sus 2,04”51, dos segundos por encima de su tiempo de los “trials”, únicamente le servirán para clasificarse para la final B, a la que ya no se presentará, completamente desmotivado. Su cuarto lugar de los 400m.estilos, y esta eliminación de los 200m.espalda, hacen de Vasallo uno de los grandes derrotados de los Juegos.
 
En las eliminatorias, excelente tiempo de Carey, que con un tiempo de 1,58”99 supera el récord olímpico de Naber, acercándose a su mundial, dejando entrever la posibilidad de superarlo en la final, donde estará, lógicamente, más motivado, y sin muchos problemas ante la posibilidad de ser vencido, tanta parece ser su superioridad ante el segundo mejor tiempo, los 2,02”59 del francés Delcourt. Su paso a mitad de carrera, 57”81, mucho más rápido que el del récord, 58”52, hace esperar, pues, un nuevo récord.
 
La final, sin embargo, será muy diferente de lo que se esperaba. Cogiendo el mando de la prueba desde los primeros metros, Carey pasa en 28”09 y 58”49, a ritmo, pues, de su récord mundial, seguido muy de cerca por un inesperado Delcourt, 28”41 y 58”99, ya por delante del resto de finalistas, con el canadiense Henning tercero en 59”94. Cuando todo el mundo esperaba que Carey iniciara su escapada final, es el francés el que ataca a partir de los 125m., alcanzando poco a poco al norteamericano que, ante aquel inesperado contratiempo, parece contraerse, perdiendo estilo y ritmo. Con su estilo en fuerza, el francés ya está casi a la altura de Carey al llegar al último viraje, 1,29”87 por 1,30”28, lejos del parcial del récord mundial, 1,28”42, mientras Henning, 1,31”36, continúa tercero, en fuerte lucha con el resto de finalistas.
 
En el último largo, sin embargo, todo vuelve a entrar en orden. Delcourt, debilitado por su ataque anterior, no puede evitar dejar marchar al norteamericano, que logra el muro de llegada en un tiempo de 2,00”23, por delante del francés, 2,01”75, mientras Cameron Henning se impone al brasileño Ricardo Prado, 2,02”37 por 2,03”05, en la lucha por el tercer lugar. Los récords, mundial y olímpico, han quedado lejos.
 
Todavía en el agua, y sin un leve sonreír, Carey acepta las felicitaciones de un lógicamente exultante Frederick Delcourt que, veinte años después de que “Kiki” Caron lograse el segundo lugar de los 100m.espalda en los Juegos de Tokio-1964, otorga una medalla a la natación francesa. Después, durante la ceremonia de proclamación de campeones, y en la vuelta de honor a la piscina, Carey continúa sin esbozar ni una sonrisa dedicada al público que le aclama, haciendo que, finalmente lleguen a oírse algunos silbidos de desaprobación dirigidos al que parece no querer compartir con ellos la alegría del momento.        
 


Steve Lundquist

100m.braza: récord mundial: John Moffet (USA) 1,02”13, el 25 de junio del mismo año olímpico, en Indianápolis; récord olímpico: John Hencken (USA) con los 1,03”11 de la final de Montreal. Eliminatorias y finales el 29 de julio. 52 participantes repartidos en 7 eliminatorias. No defiende su título de Moscú el británico Duncan Goodhew. Pese a haber padecido una grave lesión en el hombro, y de haber perdido su récord mundial a manos de su compatriota Moffet, el norteamericano Steve Lundquist es el gran favorito de esta prueba, después de haber estado esperando a lo largo de cuatro años, su segunda oportunidad de subir al escalón más alto del podio olímpico, apartado de la primera por el boicot de Moscú.

 
En la 2a.eliminatoria, el australiano Peter Evans, medalla de bronce en Moscú, supera el récord olímpico con unos excelentes 1,02”87, récord que es superado por segunda vez en la 7a. y última por Moffet, 1,02”16, a tres cortas centésimas de su mundial. Juntamente con él, el resto de favoritos (Lundquist, David, Moorhouse) se limitan a clasificarse, cosa que también logra un ”incombustible” Gerald Mörken, ex-recordista mundial, 1,02”86 en 1977, que pese a no estar entre los grandes favoritos busca la confirmación olímpica que le había impedido, como a otros, el boicot de Moscú.
 
Moffet, sin embargo, se ha excedido en su esfuerzo de las eliminatorias. Lesionado en un muslo, se presenta a la salida de la final con un aparatoso vendaje que le impedirá dar su máximo esfuerzo. Lundquist, al contrario, eliminado de los 200m.braza en los “trials”, ha podido concentrarse totalmente en estos 100m., y lo demuestra largamente desde los primeros metros de la final, cogiendo el mando de la carrera, llegando al viraje sólidamente instalado en el primer lugar, 28”88, por delante del canadiense Victor Davis, segundo en 29”37, mientras Evans, 29”40, y Moorhouse, 29”48, están al acecho de cualquier desfallecimiento de los dos primeros. Pese a un ligero debilitamiento de su ritmo en los últimos metros, Lundquist no tiene muchos problemas para conquistar el título olímpico, recobrando, al mismo tiempo, su récord mundial con unos sensacionales 1,01”65, por delante de Davis, que pasa a ser el segundo bracista en bajar el 1,02”, con un tiempo de 1,01”99. Evans, por su parte, ratifica su tercer lugar de Moscú, 1,02”97, por delante de Moorhouse y Moffet, 1,03”25 por 1,03”29, sin que este último haya podido superar el “handicap” de su lesión, perdiendo título y récord.
 
Ni el abrazo de su compañero pueden borrarle de la cara su desilusión y desengaño, mientras Lundquist, al saberse ganador, y de nuevo en posesión del récord mundial, deja ir su alegría en forma de aparatosas saltos, cálidamente ovacionado por el público, premiando aquellos cuatro años de espera que han puesto punto y final a una de las carreras deportivas más notables de los últimos años. Después, en la rueda de prensa, Victor Davis, haciendo honor a su conocido carácter, se lamenta de su segundo lugar, confesando que lo que él se esperaba era lograr un “doblete” que ningún nadador ha sido capaz de lograr hasta el momento.
 


Victor Davies

200m.braza: récord mundial: Victor Davis (USA) 2,14”58, el 19 de junio del mismo año olímpico, en Etobicoke; récord olímpico: David Wilkie (GBR) con los 2,15”11 de la final de Montreal. Eliminatorias y finales el 2 de agosto. 47 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Lógicamente no defiende su título de Moscú el soviético Robertas Zulpa. Segundo del hectómetro, campeón y recordista mundial, Davis tampoco ha tenido fácil su camino hacia el oro olímpico. Aquejado de mononucleosis en 1983 (una enfermedad con una cierta incidencia en nadadores de alta competición) ha visto retrasada su preparación hasta los inicios del mismo año olímpico; su veteranía, pero sobretodo, su enorme voluntad de vencer que siempre ha testimoniado, han logrado el pequeño milagro de ver como el canadiense se rehace de manera sorprendente, y, pocos días antes de los Juegos, supera su récord mundial, recobrando un favoritismo que parecía haber perdido, tanto más después de su excelente actuación en el hectómetro, dos días antes.

 
Si en las eliminatorias se deja arrastrar, señalando el segundo mejor tiempo, en la final es el magnífico nadador que todos conocen, la terrible “apisonadora” que no da respiro ni oportunidad a sus rivales, siempre en cabeza de la prueba, marcando su ritmo, 30”43 y 1,03”83 en los dos primeros largos de la prueba, arrasando prácticamente los parciales de su récord mundial (30”69 y 1,04”39) el canadiense nada muy por delante del segundo, el norteamericano Richard Schroeder, 1,05”60, él mismo espoleado por otra de las revelaciones australianas, Glen Beringen, tercero en 1,06”00. Sin conceder nada de su ventaja, Davis continúa primero al llegar al último viraje, 1,38”67, por delante del australiano, 1,40”45, mientras Schroeder, tercero en 1,41”91, empieza a hundirse, a punto de ser alcanzado por otra de las revelaciones de esta prueba, el suizo Etienne Dagon, séptimo a mitad de carrera, 1,07”06, y que ya es cuarto en los 150m., 1,42”00.
 
Con un último largo lleno de determinación, 34”67, aumentando aún más su ventaja, Davis no tiene ningún problema en lograr el título olímpico, con un gran récord mundial y olímpico, 2,13”34, bajando su anterior en más de un segundo. A casi dos segundos y medio, Beringen es segundo, 2,15”79, mientras Dagon (primera medalla para la natación suiza, y única, por lo menos hasta 2004) termina su remontada pasando a Schroeder en los últimos metros, 2,17”41 por 2,18”03, en uno de los tres podios masculinos (juntamente con los 200m.mariposa y 400m.estilos) en los cuales no aparece ningún norteamericano.
 
La contagiosa alegría exhibida en el podio por los tres primeros clasificados contrasta con la cara larga que había exhibido Carey el día anterior, provocando los aplausos del entregado público. John Moffet, otro de los favoritos a subir al podio, no se ha presentado a disputar las eliminatorias a causa de su lesión.  
 


Michael Gross

100m.mariposa: récord mundial: Pablo Morales (USA) 53”38, el 26 de junio del mismo año olímpico, en Indianápolis; récord olímpico aún en poder de Mark Spitz con los 54”27 de la final de Munich-1972. Eliminatorias y finales los 30 de julio. 53 participantes repartidos en 7 eliminatorias. No defiende su título de Moscú el sueco Pär Arvidsson. Segunda prueba individual en la que participa, el papel de favorito del alemán Michael Gross ha subido como la espuma después de su gran triunfo en los 200m.crol, pese a que la presencia del recordista mundial haga más difícil su triunfo.

 
En la 6a.eliminatoria, Gross supera el récord olímpico del mito Mark Spitz con un tiempo de 54”02, récord que le dura, sin embargo, pocos minutos, cuando en la 7a. y última, Pablo Morales lo baja a 53”78. Únicamente dos finalistas por encima de los 55”, con el alemán Andreas Behrend en último lugar, 55”22, perfecto reflejo del progreso de la natación. Es eliminado de manera sorprendente el segundo mariposista USA, el ex-recordista mundial Matt Gribble, 53”44 en 1983, que no puede bajar de unos discretos 55”39, y que no se presenta a disputar la final de consolación.
 
La final, como ya se esperaba, se juega entre los dos grandes favoritos. La corta ventaja que Morales puede lograr en los primeros metros, se ve prácticamente anulada ya en el viraje, donde el norteamericano Todavía es primero, 24”76 por 24”77, con otro inesperado australiano, Glenn Buchanan, tercero en 25”33, codo a codo con Behrend, 25”38, y el británico Andrew Jameson, 25”58. Prácticamente juntos hasta los último veinte metros, Gross consigue entonces una corta ventaja que mantiene hasta el final, proclamándose campeón olímpico por segunda vez, con unos magníficos 53”08, nuevo récord mundial y olímpico.
 
Morales, sin embargo, también ha estado a su máximo nivel, y es segundo, superando igualmente su anterior mundial, 53”23, mientras Buchanan, ilustrando perfectamente el revivir de una siempre sorprendente natación “aussie”, no tiene muchos problemas para lograr el tercer lugar con un tiempo de 53”85, mejorando en un segundo su tiempo de las eliminatorias, y el venezolano Rafael Vidal, entrenado en los USA, igual que su compatriota Alberto Mestre, ratifica el posible potencial de la natación sudamericana con su cuarto lugar y unos también magníficos 54”27, a pesar de haber salido excesivamente lenta en los primeros metros, 25”96, sexto en el viraje, en dura lucha con Jameson, 54”28.
 
Como en su tiempo lo fueron los 54”27 de Mark Spitz, los 53”08 de Gross pueden considerarse uno de los momentos álgidos de estos Juegos, técnicamente hablando. Pensemos que, solo veinte años antes, el norteamericano Schollander, ¡ de quien estamos hablando !, había ganado el título olímpico de los 100m.crol de los Juegos de Tokio con un tiempo de 53”4, con cronometraje manual, un tiempo superado ahora en mariposa, un hecho más que podemos considerar como demostrativo del gran y continuado progreso de nuestro deporte.
 


Jon Sieben

200m.mariposa: récord mundial del alemán de la RFA Michael Gross, 1,57”05, el 26 de agosto del 1983, en Roma; récord olímpico del norteamericano Mike Brunner con los 1,59”23 de la final de Montreal. Eliminatorias y finales el 3 de agosto. 35 participantes repartidos en 5 eliminatorias. Tampoco defiende su título de Moscú el soviético Sergey Fesenko.

 
Es la tercera prueba individual para Michael Gross, y la que parece más “fácil” para ganar (dentro de las “facilidades” que pueden haber para ganar un título olímpico, naturalmente) sobretodo, dejando de lado el hecho de ser recordista mundial, por sus repetidas victorias en esta prueba, en la que parece no tener rival, además de haber logrado el triunfo en la prueba más corta, prueba que parece menos adecuada a sus características físicas. En las eliminatorias, récord olímpico para Pablo Morales, 1,59”19 en la 4a., récord que no le dura demasiado tiempo, al serle superado por Gross en la 5a. y última, 1,58”72, no sin tener que romper la resistencia del venezolano Vidal, 1,59”15, segundo mejor tiempo. Siete hombres debajo de los dos minutos configuran una de las finales con más nivel técnico de estos Juegos.
 
La final parece desarrollarse de acuerdo con lo previsto, con el alemán cogiendo rápidamente el mando de la prueba desde los primeros metros, 26”28 en los 50m. (por delante de Morales 26”69; el neo-zelandés Anthony Mosse 26”79, y Vidal 26”81); a mitad de carrera Gross continúa primero, 56”17, ligeramente por encima de su parcial del récord, 55”91, con Vidal ahora en segundo lugar, 56”54, mientras Morales es tercero, 56”73, y un prácticamente desconocido australiano, Jon Sieben, “navegando” en séptimo lugar, 57”79, parece completamente descolgado de la lucha por el título. Aunque sin escaparse de manera clara, Gross continúa dominando la final, llegando al último viraje con posibilidad de superar su récord, 1,26”01 (solo ocho centésimas más que el parcial de su récord) siempre por delante de Vidal, 1,26”87, y Morales, 1,26”99, mientras Sieben, en una impresionante remontada, ya es cuarto, 1,27”80, aunque parece fuera del podio.
 
Todo parece continuar igual hasta los últimos metros, cuando, súbitamente, el australiano, que se ha ido acercándose progresivamente a Morales, aumenta de manera drástica su ritmo de brazada; pasa a Morales, pocos metros después a Vidal, y, braceando enérgicamente, intenta acercarse a Gross, que continúa nadando con su (relativamente) lenta y majestuosa brazada. Los últimos metros, sin embargo, serán un auténtico calvario para el alemán, que parece literalmente “clavado”, y con el que se empareja el australiano a cinco metros de la llegada. Mientras Sieben parece acoplar su brazada con la llegada al muro, Gross, quizás excesivamente debilitado por sus repetidos esfuerzos de días anteriores, llega muy mal, perdiendo las pocas posibilidades que Todavía tenía de ganar esta final.
 
Jon Sieben, que había llegado a Los Ángeles en posesión de unos discretos 2,01”1, tiempo que ya había recortado a 1,59”63, quinto mejor tiempo de las eliminatorias, un hombre que cual David (es conocido como “pigmeo” por sus compañeros) se mira a Gross desde la inferioridad de sus 175cm. (por 66 kgr. de peso) se proclama como nuevo y sorprendente campeón olímpico, 1,57”04, bajando en una corta centésima el anterior récord mundial del alemán, y, naturalmente, el olímpico. Gross, 1,57”40, es segundo, mientras Rafael Vidal, 1,57”51, es otro sorprendente tercero, resistiendo el último ataque de Morales, 1,57”75, e incluso parece con posibilidades de atrapar el alemán, aprovechando su “clavada”.
 
Destaquemos la magnífica deportividad del alemán, que al ver el resultado en el marcador electrónico, es el primero en felicitar a su ganador, pese a la amargura que seguramente sentiría al perder una prueba de la que era el máximo y prácticamente único favorito. 
 
200m.estilos: récord mundial del canadiense Alex Baumann, 2,02”25, el 4 de octubre del 1982, en Brisbane; récord olímpico del sueco Gunnr Larsson con los 2,07”17 de la final de Montreal-1972. Eliminatorias y finales el 4 de agosto. 45 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Difícilmente podía haber ningún otro favorito en esta prueba que no fuera el canadiense Alex Baumann, tanto más después de su concluyente triunfo en los 400m., y en posesión del récord mundial de la prueba.
 
Al ser una prueba que no se disputaba en los Juegos desde 1972, era fácil pensar que caería literalmente pulverizado el récord olímpico, y, efectivamente, es así: en la 1a.eliminatoria es el británico Neil Cochran el que lo supera, con un tiempo de 2,05”39, seguido de su compatriota Robert Brew, 2,04”13 en la 3a., mientras en la 5a. es el recordista mundial quien lo deja, antes de la final, en 2,03”60. No menos de once nadadores superan el anterior récord, con algunos eliminados de renombre, como pueden ser el brasileño Ricardo Prado, ó el australiano Robin Woodhouse, dos medallas de los 400m., así como los italianos Franceschi y Divano, aunque el primero ya había demostrado su baja forma en la prueba larga.
 
Sin dejarse impresionar por el rápido primer tramo de mariposa del especialista Morales, 25”33, completamente destacado, el canadiense entra en el pelotón, por detrás de Lundquist, segundo en 26”48, en un cómodo séptimo lugar, 27”81, remontando a partir del tramo de espalda, al final del cual ya es segundo, 58”25, muy cerca de Morales, 57”35, y por delante de Cochran 58”59, y Brew 58”88, ya muy por delante del resto de finalistas.
 
Baumann se dispara en el tramo de braza, señalando un excelente 35”03, pasando ya en cabeza al iniciarse el último tramo de crol, por delante de Morales, 1,33”28 por 1,33”68, claramente destacados de Brew y Lundquist (que ha aprovechado su mejor estilo, 35”32, para pasar del séptimo al cuarto lugar) mientras Cochran es quinto, 1,35”57. En unos últimos metros llenos de potencia, con Morales completamente entregado después de su esfuerzo en el tramo de braza para intentar conservar su ventaja, Baumann no tiene ningún problema para hacerse con su segundo título, señalando, además, nuevos récords mundial y olímpico, 2,01”42, claramente destacado de Morales, 2,03”05, mientras Cochran, con un buen último parcial, 28”81, avanza a Lundquist y su compatriota Brew en los últimos metros, adjudicándose la medalla de bronce, 2,04”38, por 2,04”52 de Brew, y 2,04”91 del norteamericano, quizá algo descentrado después de su título de los 100m.braza, que no responde a lo que de él podía esperarse, después de sus 2,03”64 de los “trials”.
 
En la final B, y con un tiempo de 2,04”86, el australiano Woodhouse demuestra que tenía muchas posibilidades de acceder al podio, si hubiese podido pasar las eliminatorias de la mañana.
 


Alex Baumann

400m.estilos : récord mundial del canadiense Baumann, 4,17”55, el 17 de junio del mismo año olímpico, en Toronto; récord olímpico del soviético Alexander Sidorenko con los 4,22”89 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 30 de julio. 23 participantes repartidos en 3 eliminatorias. No defiende su título de Moscú el soviético Alex Sidorenko. Favoritismo casi total alrededor del canadiense Alex Baumann, tanto más ante la ausencia del alemán de la DDR Jens-Peter Berndt que, poco meses antes, exactamente en mayo, había superado el récord mundial del brasileño Prado, 4,19”78 en 1982, por 4,19”71, perdiéndolo tres semanas después a manos del nadador checo, naturalizado canadiense.

 
Tenía como rivales, sin embargo, nombres tan ilustres como los del ex-recordista y campeón mundial, Prado, el norteamericano Jesse Vasallo, también ex-recordista mundial y campeón mundial en Berlín-1978, buscando el título que no había podido disputar cuatro años antes en Moscú, ó el campeón europeo, el italiano Giovanni “Long John” Franceschi, que pueden hacerle más difícil el triunfo. En la 3a. y última eliminatoria, Baumann supera el récord olímpico de Sidorenko con un tiempo de 4,22”46, al término de una emocionando carrera con el norteamericano Kostoff, que también supera, 4,22”55, los 4,22”89 del soviético.
 
Aprovechando sus puntos fuertes, el brasileño Prado se lanza al agua, decidido, como siempre, en cabeza de la prueba, 58”82 al final del tramo de mariposa, con Franceschi segundo, 59”82, y Vasallo tercero, 59”95, mientras Baumann es cuarto, 1,00”01; Prado continúa primero al terminar el tramo de espalda (su estilo más fuerte, juntamente con la mariposa) 2,02”90, con Vasallo siempre segundo, 2,04”55, que también ha aprovechado su estilo fuerte, mientras el canadiense ha empezado a colocarse, a la espera de atacar en el tercer tramo, 2,04”63, ya por bajo del parcial de su mundial, 2,05”53, claramente por delante del resto de finalistas, con Franceschi cuarto, 2,06”95, antes de hundirse totalmente, y acabar en el octavo y último lugar.
 
El tramo de braza, como en muchas pruebas de estilos, decidirá el triunfo. El canadiense, con un excelente parcial de 1,13”86, consigue primero adelantar, y más tarde escaparse, de Prado, 3,17”99 por 3,19”20, y de Vasallo, 3,21”94, mientras, tras este, hay un reagrupamiento del resto de finalistas (Woodhouse cuarto en 3,22”19; el italiano Maurizio Divano quinto en 3,22”44; Kostoff sexto en 3,22”70, y Franceschi séptimo en 3,22”82, mientras el británico Poulter parece ya condenado al octavo y último lugar, 3,25”86). Baumann parece notar el esfuerzo de su tramo de braza en los últimos metros, cuando Prado lucha desesperadamente para recuperar el terreno perdido, aunque no puede hacer nada, finalmente, para impedir la coronación del canadiense como campeón olímpico, con un tiempo de 4,17”41, nuevo récord mundial y olímpico, por otros excelentes 4,18”45 del brasileño, segundo mejor tiempo mundial de siempre.
 
Woodhouse, con un parcial de crol de 58”31, el mejor de los ocho finalistas, supera en el último largo al norteamericano Vasallo, 4,20”50 por 4,21”46, ofreciendo una medalla más a la natación “aussie”, y dejando el norteamericano en un decepcionante, para él, cuarto lugar. Decepcionante también la actuación de Jeff Kostoff, en un discreto sexto lugar, pero sobretodo la de Franceschi, totalmente hundido en el tramo de crol, 1,03”23, acabando en último lugar, 4,26”05.
 

4x100m.estilos: récord mundial de un cuarteto norteamericano, 3,40”42, el 22 de agosto del 1983, en Caracas; récord olímpico de otro cuarteto norteamericano con los 3,42”22 de la final de Montreal. Eliminatorias y final el 4 de agosto. 21 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias. Última prueba de la última jornada de estos Juegos de Los Ángeles. Ninguna sorpresa en las eliminatorias, si no es la descalificación del cuarteto italiano. Siete equipos bajan los 3,50”, aunque ninguno de ellos puede acercarse a los récords mundial ni olímpico, e incluso Australia, 3,43”93, supera a los USA, 3,44”33, que se limita a clasificarse.

 
Con tres campeones olímpicos en sus filas, Carey, Lundquist y Gaines, y un sub-campeón, Morales, difícilmente se podía dejar escapar el equipo USA una victoria que únicamente su descalificación podía negarle. La alegría del cuarteto USA no podía ser completa, sin embargo, y así, en el primer tramo, Carey vuelve a fallar en su intento de superar su récord mundial, aunque señala unos 55”41 que, sin desmerecer, ya que representan un nuevo récord olímpico (para los que admitan que se puede superar un récord olímpico en otra prueba que no sea la individual) vuelve a mostrar su mala cara ante el público.
 
El equipo USA, pese a todo, ya va completamente destacado, con el canadiense West en segundo lugar, 56”61; el australiano Kerry tercero en 57”12, y el sueco Baron, algo mejor que en la prueba individual del día anterior, 57”16. Lundquist, siempre seguro, se iguala a él mismo con un excelente parcial, 1,01”86, mientras el canadiense Davis, 1,02”33, continúa en segundo lugar, a pesar de perder cuatro centésimas ante el australiano Evans, 1,02”29, conservando aún medio segundo de ventaja. El tramo de mariposa ofrece al público dos impresionantes parciales, uno a cargo de Morales, 52”87, pero también el de Gross que, con 52”81, supera el tiempo del norteamericano, pese a que ello únicamente le sirva para acercar a su equipo al australiano, 2,54”09 por 2,54”57, mientras los norteamericanos, 2,50”14, tienen la prueba prácticamente ganada, y los canadienses, 2,52”95, parecen tener también plata poco menos que asegurada.
 
Sin ningún problema, y con un último parcial de 49”16 para Gaines, el equipo USA se corona campeón olímpico con un tiempo final de 3,39”30, nuevo récord mundial y olímpico, poniendo un sensacional punto y final a su actuación en estos Juegos. Canadá, fácil segundo hasta el tramo de mariposa, ve peligrar la plata gracias al gran final del australiano Stockwell, que con el mismo parcial que Gaines, 49”16, frente a los más discretos 50”28 del canadiense Sandy Goss, está a punto de alcanzarlo, y únicamente dos centésimas, 3,43”23 por 3,43”25, los separan a la llegada, claramente por delante de los alemanes, cuartos en 3,44”26, y del resto de finalistas.
 
La fotografía de los cuatro ganadores de esta prueba, con una colosal bandera USA a su espalda, arbolando cuatro pequeñas banderitas de las barras y estrellas, y mostrando al público una toalla en la que se puede leer, “¡America…..thank you for a dream come true!” resume, seguramente, el espíritu con el que dirigentes, nadadores y público local se han enfrentado a estos Juegos, destilando un nacionalismo que hacía tiempo no se había visto en unos Juegos, y que quizá venía determinado por su poco exitosa actuación en los anteriores Mundiales, donde su pretendida superioridad había quedado bastante resquebrajada.
 
Al acabarse las pruebas de natación masculinas, la superioridad USA quedaba, sin embargo, bien afianzada. Seis títulos individuales más los tres de relevos, por tres de los canadienses, dos alemanes y un australiano, hablan claramente de su dominio, a pesar de que sus dirigentes, e incluso los propios nadadores, esperaban, quizás, un poco más. Once récords mundiales superados era un excelente balance que, posiblemente, se hubiera podido superar de poder contar con los nadadores ausentes, al mismo tiempo que también se podía esperar un mejor reparto de títulos, en caso de que Salnikov y otros hubieran podido estar presentes.
 
Los Juegos del Amistad que reunió a atletas de los países que habían apoyado el boicot, y disputados en fechas inmediatamente posteriores a los Juegos, en la piscina olímpica del Parque Lenin de Moscú, poca cosa habían aportado al olimpisme, aunque sí a la natación, con un nuevo récord mundial de los 200m.espalda, a cargo del soviético Sergey Zabolotnov con un tiempo de 1,58”41, récord que, por lo menos, suponemos haría ensombrecer Todavía más la cara de Rick Carey, aunque ello, naturalmente, no quite mérito alguno a su triunfo olímpico, pues es imposible predecir lo que hubiese podido pasar en la piscina de Los Ángeles con la presencia del soviético, como también la de Salnikov ante O’ Brien, ó la de Woithe enfrentado a Gaines y Stockwell.
 
A efectos de victoria, únicamente son válidas las carreras “en línea”, enfrentamientos directos entre nadadores, y nunca “por correspondencia”, sin querer entrar dentro del dominio del deporte-ficción. Hay que lamentar las decisiones políticas que privaron a unas decenas de nadadores aspirar a unos títulos para los cuales se habían entrenado a lo largo de años, mientras otros se veían privados de demostrar que, efectivamente, aquel día eran los mejores del mundo en su prueba, y, naturalmente, los aficionados que también se habían visto privados de ver a los mejores nadadores de cada prueba directamente enfrentados, sumergidos en dura, pero leal lucha, para dirimir la supremacía mundial en cada distancia y estilo. Solo se puede acabar diciendo que “ fue lástima”, y esperar que después de Moscú-1980, y Los Ángeles-1984, la situación no se vuelva a repetir en los Juegos de Seúl-1988.
 
La natación femenina se presenta con la gran ausencia de las representantes de la DDR, lo cual es como decir el 50%, si no más, de la potencia de la natación mundial. La demostración que había ofrecido el equipo femenino de este país en los Europeos del año anterior, acaparando la victoria en todas las pruebas del programa, hacía esperar con mucho interés el momento de su enfrentamiento con sus rivales USA después del boicot de Moscú y de los Mundiales de Guayaquil, donde la DDR se había impuesto de manera harto contundente.
 
El hecho de que algunas de las perjudicadas por el boicot de Moscú (Caulkins y “T” Meagher entre las más conocidas) hubieran vuelto a entrenarse para tratar de conseguir en Los Ángeles lo qué no habían podido lograr en la capital soviética, hacía aún más atractivo el esperado enfrentamiento entre ambas potencias de la natación mundial femenina, tanto más cuanto después de su derrota en Guayaquil, la natación USA había logrado un magnífico equipo que, nadando ante su público, esperaba tomarse la revancha, haciendo mucho más difícil la victoria de sus rivales.
 
El boicot, sin embargo, había dejado todas aquellas expectativas sin ningún efecto. Sin las alemanas de la DDR, el triunfo de las norteamericanas debía ser total, y sin mucho oposición, como así fue. Siete triunfos individuales, juntamente con los dos relevos, y seis “dobletes” confirmaron la esperada superioridad, únicamente contestada en tres ocasiones por dos nadadoras holandesas y una canadiense.
 
Los tiempos logrados, sin ningún récord mundial, y únicamente cinco de olímpicos, sufrieron, igualmente, de la ausencia de las nadadoras de la DDR, tal y como estas demostraron pocos días después en los Juegos del Amistad, mejorando diferentes récords mundiales. Podemos decir que, simbólicamente, en la cabeza de todos los presentes en la piscina de Los Ángeles había, al disputarse cada prueba olímpica uno ó más callejones adscritos a las que, con su presencia, hubieran podido elevar el nivel técnico de los Juegos, y, al mismo tiempo, ratificar ó disputar el correspondiente título olímpico.
 
Digamos, antes de iniciar el comentario de las diferentes pruebas, que ninguna de las campeonas de Moscú estaban presentes en Los Ángeles, las siete de la DDR (Krause, Diers, Reinisch, Geweniger, Metschuk, Geissler, y Schneider), y la soviética Kashushite, las ocho por razón del boicot, mientras la australiana Michelle Ford se había retirado de la natación. Nos ahorraremos, pues, de mencionarlo en cada una de las pruebas.
 


Carrie Steinseifer y Nancy Hogshead

100m.crol: récord mundial y olímpico de la alemana de la DDR Barbara Krause con los 54”79 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 29 de julio. 45 participantes repartidas en 6 eliminatorias. Por primera vez en la historia de la natación olímpica, dos nadadoras subirán al podio para recibir sendas medallas doradas, dejando vacío el lugar reservado para la segunda clasificada. Dejando que la holandesa Annemarie Verstappen cogiera el control de la prueba desde los primeros metros, llegando la primera al viraje, 26”96, por delante de ambas norteamericanas, 27”01 para Nancy Hogshead, otra de las sobrevivientes del boicot de 1980; 27”30 para Carrie Steinseifer, son estas, sin embargo, las que terminan por imponerse en los últimos metros, sin que el marcador electrónico sea capaz de indicar cuál de las dos ha ganado, dando el mismo tiempo a ambas nadadoras, 55”92, por delante de Verstappen, 56”08, con la segunda holandesa, Conny van Bentum, en cuarto lugar, 56”43.

 
La prohibición de la FINA de ir hasta la milésima de segundo, para deshacer los empates que puedan darse en las centésimas (y que el 1972 había otorgado el título de los 400m.estilos al sueco Larsson en solitario) ofreció la posibilidad de este empate en el lugar más alto del podio.
 
Evidentemente, es difícil olvidar en este prueba el récord olímpico de Barbara Krause, aquellos 54”79 logrados en Moscú, ni los tiempo de Kristin Otto, una de las favoritas para Los Ángeles…..si hubiese podido participar, en una prueba de un nivel técnico bastante discreto, y únicamente con este detalle anecdótico de las dos ganadoras como hecho destacado.
 
200m.crol: récord mundial de la alemana de la DDR Kristin Otto, 1,57”75, el 23 de mayo del mismo año olímpico, en Erfurt; récord olímpico de la alemana de la DDR Barbara Krause con los 1,58”33 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 30 de julio. 36 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Refugiada en “su” prueba, de la que había perdido el récord mundial tres semanas antes, la norteamericana Cynthia Woodhead ha debido esperar cuatro años para intentar lograr lo que no pudo conseguir en Moscú. El tiempo, sin embargo, no perdona, y la rivalidad es fuerte. Como mayores rivales, y también favoritas al título, su compatriota Mary Wayte, la británica June Croft, campeona de la Commonwealth, y Verstappen, bronce de los 100m., y sorprendente campeona mundial dos años antes en Guayaquil, pese a que la igualdad de casi todas las finalistas, haga más fácil la sorpresa.
 
Como muchos de sus compañeros, el organismo de Woodhead parece marcado por los largos años de entrenamiento, y, después de tres ó cuatro cambios de entrenador, buscando la motivación que la permita aguantar los cuatro años de larga espera, sufre una mononucleosis que la obligan a abandonar los entrenamientos y las competiciones durante unos meses. Finalmente, sin embargo, ha podido lograr la clasificación para la final de los 200m., única prueba individual que nada.
 
La natación, sin embargo, es una gran devoradora de campeones. Desde los primeros metros, Woodhead coge el mando de la prueba, logrando una corta ventaja, 28”40 en el primer viraje (por delante de Verstappen, 28”43, y Wayte, 28”72, en segundo y quinto lugar respectivamente); 58”08 a mitad de carrera (no muy lejos de los 57”49 de paso de Otto en su parcial del récord) siempre por delante de Wayte, que ahora ya es segunda, 58”68, y de Verstappen, 58”70, claramente por delante de la australiana Pearson, cuarta en 59”03. Las dos norteamericanas se escapan a partir de los 100m., llegando al último viraje con una corta ventaja de Woodhead, 1,28”60, por 1,28”86, mientras Pearson inicia una remontada que la lleva al tercer lugar, 1,29”53, por 1,29”57 de Verstappen.
 
En el último tramo de la prueba, Wayte se impone a su compatriota, superándola en los últimos metros, 1,59”23, mientras Woodhead ha de “conformarse” con la medalla de plata, 1,59”50, pese al último esfuerzo de Verstappen, que nada el mejor último tramo de todas las finalistas, 30”12, imponiendose a Pearson, 1,59”69 por 1,59”79, aunque sin poder alcanzar a ninguna de las dos norteamericanas. Cuatro nadadoras por debajo de los dos minutos no hacen olvidar, sin embargo, las ausencias, tanto más si tenemos en cuenta que ya en 1976 una tal Kornelia Ender había nadado ya los dos hectómetros en 1,59”26. 
 
400m.crol: récord mundial de la australiana Tracy Wickham, 4,06”28, el 24 de agosto de 1978, en Berlín; récord olímpico de la alemana de la DDR Iness Diers con los 4,08”76 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 31 de julio. 25 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Tiffany Cohen representaba para la natación USA una de las mejores posibilidades de hacer frente a la DDR. Mejor tiempo mundial del año en 400m., segunda en los 800m., intentará lograr el triunfo en ambas pruebas, apartando las posibles suspicacias de sus victorias con sendos récords mundiales. Como su triunfo parece casi asegurado una vez conocido el boicot, y es tanta su superioridad sobre el resto de inscritas, su principal rival resulta ser la australiana Tracy Wickham…..en forma de 4,06”28, récord mundial que ya es todo un mito, vigente desde 1978 cuando su poseedora se había proclamado campeona mundial en Berlín.
 
La final se convierte, desde los primeros metros, en una solitaria cabalgada de la norteamericana, que lucha animosamente contra el récord de la australiana. Contra la perfecta negatividad de la carrera de esta (2,04”11 y 2,02”17 en ambas mitades) Cohen opone una salida más rápida, 1,01”25 y 2,03”15, con le esperanza de poder mantener su ritmo, a pesar de la ausencia de oposición. A los 300m., sin embargo, su ventaja sobre el récord se ha acortado drásticamente, 3,05”27, por 3,05”58 de Wickham, y pierde definitivamente la partida en los últimos metros, cuando, frente a los magníficos 1,00”70 de la australiana, solo puede oponer unos también excelentes, aunque insuficientes, 1,01”83, que únicamente la permiten lograr su primera medalla de oro, juntamente con un nuevo récord olímpico, que ya no es poca cosa, 4,07”10, con una sensible ventaja sobre los 4,10”27 de la joven británica Sarah Hardcastle, catorce años, una de las habituales revelaciones de los Juegos, mientras su veterana compatriota June Croft recoge la medalla de bronce, 4,11”49, por delante de la norteamericana Kim Linehan, 4,12”26, lejos de su mejor forma y que no puede igualar su tiempo de los “trials” que la hubiera permitido lograr el segundo lugar; recordista USA de la prueba, 4,07”12, récord que ha perdido en esta final, Linehan es otra de las que intentaba lograr en su país lo qué no había podido intentar cuatro años antes en Moscú.
 


Tiffany Cohen

800m.crol: récord mundial también de Tracy Wickham, 8,24”62, el 5 de agosto de 1978, en Edmonton; récord olímpico de la australiana Michelle Ford con los 8,28”90 de la final de Moscú. Eliminatorias el 2 de agosto, final el 3. 20 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Prueba con idénticas características que la anterior, con Cohen nadando contra el récord mundial de Wickham, aunque se espera que su compatriota Michelle Richardson, una de las esperanzas de la natación USA con sus poco más de 15 años, 8,28”82 en los “trials”, le oponga algo más de resistencia.

 
No hay nada de lo que se espera, y la final se limita, como en los 400m., a la lucha contra los parciales de Wickham. La estrategia de Cohen en esta carrera es idéntica a la de los 400m., es decir, salir suficientemente rápida e intentar mantener su ritmo para romper el magnífico “doblaje” de la australiana en la carrera (4,14”00 y 4,10”62 en ambas mitades). Tal y como se ha previsto Cohen sale rápida: 1,01”86; 2,05”27; 3,08”18 y 4,11”16 a mitad de prueba, donde ya es primera destacada, por delante de Richardson, segunda en 4,14”86, y de la británica Sarah Hardcastle, tercera en 4,15”73, mientras el resto de finalistas no parece tener ya ninguna opción, luchando únicamente para la clasificación. En este momento, la ventaja de Cohen sobre el récord de Wickham es de 2”84 segundos, aunque tiene ante ella el reto más difícil de la prueba, nadar la otra mitad en menos de 4,13”46.
 
A los 500m., aún puede aumentar en unas centésimas su ventaja (5,14”40 por 5,18”22 de Wickham); en los dos hectómetros siguientes, sin embargo, la ventaja empieza a recortarse: 6,18”32, por 6,20”92 de Wickham en los 600m.; 7,22”10, por 7,22”67 de la australiana en los 700m. Pese a intentarlo todo en el último hectómetro, la falta de oposición se hace notar. Contra los magníficos 1,01”95 señalados por la australiana en el último hectómetro, Cohen no logra menos de 1,02”85, perdiendo, ya en los últimos metros, la posibilidad de superar el récord mundial. Con 8,24”95 supera, sin embargo, el récord olímpico, logrando su segunda medalla de oro. Michelle Richardson, siempre en segundo lugar, gana la de plata sin llegar a superar su récord personal, 8,30”73, mientras Hardcastle es tercera, 8,32”60, lejos ya del resto de finalistas, con la australiana McVann en cuarto lugar, 8,37”94.
 
Los dos tiempo de Cohen son, seguramente, los de más calidad, respecto del nivel de la natación mundial, y el solo hecho de haberse acercado a dos récords de tanto prestigio como los de Wickham, seis años ya en la ranking de la FINA, afianzan su calidad y hacen aún más deplorable la ausencia de las fondistas de la DDR, entre las que Astrid Strauss hubiese podido ayudar a hacer caer ambos récords, elevando el nivel técnico de la prueba. 
 
4x100m.crol: récord mundial y olímpico de un cuarteto de la DDR con los 3,42”71 de la final de Moscú. Eliminatorias y final el 31 de julio. 12 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Con las dos primeras clasificadas del hectómetro en su equipo, difícilmente se podía pensar en un descalabro del cuarteto USA. Su victoria, empero, no fue fácil, y, en algunos momentos, hizo revivir aquella lucha que mantuvieron con el cuarteto de la DDR en la final olímpica de Montreal. En las eliminatorias, las norteamericanas se acercan al récord olímpico, dejando entrever la posibilidad de superarlo en la final de la tarde.
 
La holandesa Verstappen es la primera en nadar el primer hectómetro, 55”94 (mejor que en la prueba individual) por delante de la norteamericana Johnson, 56”46, y de la australiana Pearson, tercera en 56”51. A partir de este momento, la lucha por el título se centrará, prácticamente, entre los cuartetos USA y holandés. Una de las campeonas olímpicas, Steinseifer, 55”87, pone a su equipo por delante, 38 centésimas, adelantando a la holandesa Ellas Voskes, 56”77, mientras Australia continúa en tercer lugar, a poco más de un segundo de las norteamericanas, amenazada por las alemanas federales, a solo diez centésimas. Pese a todo, las holandesas no permiten distanciarse al cuarteto local, aforrándose desesperadamente a sus escasas posibilidades de victoria.
 
De manera sorprendente, Desi Reijers se impone a Dara Torres, 55”62 por 55”92 en el tercer tramo, y de esta manera es únicamente con ocho cortas centésimas de ventaja que la otra campeona olímpica individual, Nancy Hogshead, toma el último relevo enfrentada a la holandesa Conny van Bentum, mientras las alemanas son ya terceras, destacadas definitivamente del cuarteto australiano, poco menos de dos segundos, aunque sin poder amenazar a los dos primeros cuartetos.
 
El excelente tramo de la última norteamericana, 55”18, servirá, finalmente, para no tener ninguna dificultada en vencer, pese a la oposición de la holandesa, 56”07. Con un tiempo final de 3,43”43, el cuarteto USA se impone a las holandesas, 3,44”40, sin llegar a los récords mundial y olímpico, mientras la alemana Karin Seick con un excelente último parcial, 55”74, intenta inútilmente inquietar a las holandesas, logrando el tercer lugar, 3,45”56, por delante de las australianas, distanciadas a partir del tercero tramo, 3,47”79.
 
El nivel de la prueba, a pesar de las ausencias, demuestra claramente el progreso de la natación mundial, con cinco cuartetos por debajo de los 3,50”, y el último clasificado, Francia, con 3,52”15. Qué hubiera podido pasar con las “walkirias” de la DDR junto a norteamericanas y holandesas ?. Es fácil pensar que el récord mundial hubiese caído, como lo demostraron pocos días después las velocistas alemanas, al superarlo con unos excelentes 3,42”41, en los Juegos de la Amistad, tiempo que, lógicamente, se podría haber bajado aún más al amparo de la rivalidad entre ambos cuartetos.    
 


Theresa Andrews

100m.espalda: récord mundial y olímpico de la alemana de la DDR Rica Reinisch con los 1,00”86 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 31 de julio. 31 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Especialidad en la que también se hace sentir la ausencia de las espaldistas de la DDR, y en la que, finalmente, también acabarán fallando las dos grandes favoritas.

 
Las eliminatorias ya dejan entrever que las dos espaldistas rumanas, mejores tiempos mundiales del año, presentes en Los Ángeles, Carmen Bunaciu, 1,02”01, y Anca Patrascoiu, 1,02”18, no están, precisamente, en su mejor forma, y que incluso en su relación personal, con discusiones y reproches mutuos en pleno vestuario, no favorecen su preparación final de cara a los Juegos. Sus tiempo de las eliminatorias, 1,03”79 para Bunaciu, 1,04”16 para su compatriota y rival, por detrás de norteamericanas y una holandesa, ya dejan entrever una final muy abierta, con posibilidad de triunfo para diferentes nadadoras. La neozelandesa Clark y la holandesa VanDerLans deben desempatar para decidir cuál de las dos se queda el último callejón de la final; superando su tiempo de la eliminatoria, la neozelandesa es, finalmente, la que pasa a la final.
 
Esta esperada igualdad se refleja al llegar al viraje. Bunaciu, nadando a la desesperada, ante la posibilidad de lograr lo qué siempre se le ha negado por la presencia de sus rivales de la DDR, coge el mando de la prueba, aunque es alcanzada ya en el mismo viraje por la holandesa Jolanda DeRover, 30”17 para ambas, seguidas por las dos norteamericanas, 30”50 para Betsy Mitchell, 30”56 para Therese Andrews, y de Patrascoiu, 30”70.
 
Hacia los 65m., sin embargo, las dos primeras son atrapadas por las norteamericanas, y durante unos metros las cuatro nadan juntas hacia la llegada. Mientras la rumana cede hacia los 80m., las posiciones terminan de definirse en las últimas brazadas. Andrews se proclama campeona olímpica con un tiempo de 1,02”55, ocho centésimas por delante de su compatriota Mitchell, 1,02”63, dejando para la holandesa DeRover el tercer lugar, 1,02”91. Bunaciu, 1,03”21, y Patrascoiu, 1,03”29, no pueden lograr nada de lo que parecía a su alcance al llegar a los Juegos, de acuerdo con sus mejores tiempos personales.
 
Pocos días después, en Moscú, en los Juegos del Amistad, la alemana Ina Kleber superará el récord mundial con unos magníficos 1,00”59, dando otro paso hacia la superación del minuto.
 
200m.espalda: récord mundial de la alemana de la DDR Cornelia Sirch, 2,09”91, el 7 de agosto del 1982, en Guayaquil; récord olímpico de Rica Reinisch, también de la DDR, con los 2,11”77 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 4 de agosto. 27 participantes repartidas en 4 eliminatorias. El favoritismo de las rumanas después de su decepcionante actuación en el hectómetro, ha caído en picado, y prácticamente no cuentan en los pronósticos, pese a sus 2,12”16, Patrascoiu, y 2,13”18, Bunaciu.
 
En cabeza de la prueba desde los primeros metros, De Rover no tiene muchos problemas para conseguir el triunfo, a pesar de que su ventaja nunca llegué a ser decisiva. 30”85 en el primer viraje, con la norteamericana Tori Trees segunda en 31”46; Patrascoiu 31”67, y la otra norteamericana, Amy White, 31”75, tras ella. La holandesa continúa primera a mitad de prueba, 1,04”48, seguida de Patrascoiu, 1,04”98; White 1,05”37, y Tree 1,05”41, como únicas que parecen poder disputarle el triunfo. En el último viraje, 1,38”72, la holandesa continúa dominando por delante de la rumana, 1,39”01, y White, 1,39”21, mientras Trees comienza a atrasarse, quinta en 1,40”81, avanzada por la australiana Georgina Parkes, 1,39”92.
 
Sin ningún problema en el último largo, Jolanda DeRover puede lograr el triunfo en una especialidad que sus compatriotas ya habían dominado en otros tiempos, pero en la que no lograban ningún triunfo olímpico desde 1936, señalando un buen tiempo de 2,12”38. Tras ella, magnífica lucha para los lugares de honor, con Patrascoiu siempre en segundo lugar hasta los quince últimos metros, cuando White termina superándola, 2,13”04 por 2,13”29 de la rumana, tercera clasificada, mientras Parkes es cuarta, 2,14”37. Con su medalla, Patrascoiu salva alguna cosa del “naufragio” que han sido estos Juegos para las dos favoritas, pues Bunaciu vuelve a demostrar, como en otras ocasiones, que los 200m. no son, precisamente, su mejor distancia, logrando únicamente el séptimo lugar de esta final con unos decepcionantes 2,16”15.
 


Tracy Caulkins

100m.braza: récord mundial de la alemana de la DDR Ute Geweniger, 1,08”51, el 25 de agosto del 1983, en Roma; récord olímpico de la misma Ute Geweniger con los 1,10”11 de las eliminatorias de Moscú. Eliminatorias y finales el 2 de agosto. 30 participantes repartidas en 4 eliminatorias. La especialidad quizá más devaluada de estos Juegos, por la ausencia de las especialistas de la DDR y de la URSS. En las eliminatorias caen algunas de las favoritas, como la italiana Manuela dalla Valle, descalificada, mientras la norteamericana Tracy Caulkins se clasifica “por los pelos” al lograr el octavo lugar de las series de la mañana, a nueve centésimas de la eliminación.

 
La francesa Catherine Poirot y la holandesa Petra van Staveren, dos honorables especialistas y poco más, hacen los mejores tiempos, para una final que se adivina muy igualada, con cinco ó seis posibles vencedoras, aunque con un ligero favoritismo para la ganadora de los 200m., la canadiense Anne Ottenbrite, y para Caulkins.
 
La final, sin embargo, no tiene mucha historia. Mandando la prueba desde los primeros metros, Van Staveren llega al viraje con una cómoda ventaja de poco menos de un segundo sobre sus rivales, 32”43, por 33”23 de Poirot y Caulkins, acompañadas de un pelotón más compacto, con una corta diferencia de 76 centésimas entre las dos segundas y la última, la británica Hill. Mientras la holandesa no tiene ningún problema al lograr de manera poco menos que sorprendente la medalla de oro, bajando, al mismo tiempo el récord olímpico, dejándolo en 1,09”88, la lucha se desencadena tras ella con una gran igualdad que solo se deshace en los últimos metros, cuando Ottenbrite puede llevarse la medalla de plata, 1,10”69, una centésima por delante de Poirot, 1,10”70, otra de las sorpresas de la prueba, pese a salir con el segundo mejor tiempo de las eliminatorias, impidiendo a Caulkins lograr una medalla, cuarta en 1,11”14, mientras la japonesa Hiroko Nagasaki, otra de las favoritas, solo puede ser sexta, 1,11”33.
 
200m.braza: récord mundial de la soviética Lina Kashushite, 2,28”36, el 6 de abril del 1979, en Postdam; récord olímpico de la misma Lina Kashushite con los 2,29”54 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 30 de julio. 23 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Sorpresa de la belga Ingrid Lempereur al lograr el mejor tiempo de las eliminatorias, 2,32”46, en una prueba señalada, recordémoslo, por la ausencia de las soviéticas, que se han llevado los dos últimos títulos olímpicos, incluidos dos “triples”.
 
En la final, la japonesa Nagasaki, mejor tiempo mundial de 1983, se escapa en los primeros metros, 34”03 en el primer viraje, seguida de la canadiense Ottenbrite, 34”62, y de la alemana Hasse, 34”98, mientras Lempereur, en el callejón central, es séptima, 35”88. A mitad de carrera, Ottenbrite y Nagasaki parecen luchar ya por el título, 1,12”20 y 1,12”29, dominando a las dos norteamericanas Rapp y Rhodenbaugh, 1,14”54 para ambas; Hasse 1,14”77, y Lempereur 1,14”99, que, a pesar de su juventud, nada con un gran sentido del ritmo. Mientras Ottenbrite empieza a escaparse de la japonesa pocos metros antes del último viraje, 1,51”50 por 1,51”68, Rapp es tercera, 1,53”12, por delante de la australiana Kellet, 1,53”57, y Lempereur, 1,53”59.
 
Nagasaki comienza a hundirse, mientras la canadiense aprovecha el casi segundo y medio de ventaja sobre sus seguidoras, y a pesar de “clavar” ligeramente en los últimos metros, no tiene problemas para convertirse en otra de las sorpresas de estos Juegos, logrando para su país un inesperado título olímpico.
 
Desde 1912, cuando el mítico George Hodgson había ganado los 400 y 1.500m.libres de los Juegos de Estocolmo, la natación canadiense nunca más había logrado una medalla de oro en natación, hasta aquella tarde del 30 de julio de 1984, cuando en el breve espacio de unos minutos, el estilista Alex Baumann, y Ottenbrite habían enmendado de forma harto brillante este “lapsus”. Su tiempo, 2,30”38, es sensiblemente inferior a los récords mundial y olímpico.
 
Pese al magnífico esfuerzo final de Susan Rapp, 38”03 en el último largo, y, también, sobretodo, de la belga, 37”81, ninguna de las dos puede impedir el triunfo de la canadiense, aunque si pueden imponerse a la japonesa, que acaba sufriendo por llegar a la meta; ambas, Rapp y Lempereur, segunda y tercera, superan sus respectivos récords personales y nacionales, 2,31”15 y 2,31”40 respectivamente, dejando sin medalla a una de las máximas favoritas, Nagasaki, cuarta en 2,32”93.
 
La belga, por su parte, ha sido una de las revelaciones de estos Juegos, y su comportamiento en el callejón central de una final tan abierta como esta, ha sido verdaderamente ejemplar, sin dejarse llevar por el rápido ritmo inicial de la japonesa, para acabar superando su tiempo de las eliminatorias al término de una carrera sumamente equilibrada, 1,14”99 y 1,16”4, al estilo de las grandes campeonas. 
 


Mary “T” Meagher

100m.mariposa: récord mundial de la norteamericana Mary “T” Meagher, 57”93, el 16 de agosto del 1981, en Milwaukee; récord olímpico de la alemana de la DDR Kornelia Ender con los 1,00”13 de la final de Montreal. Eliminatorias y finales el 2 de agosto. 35 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Si a cualquiera buen aficionado a la natación se le nombrara la letra “T”, a muy seguro que sobrarían comentarios. Mary “T” Meagher ha dominado la mariposa mundial desde que en 1979 había superado su primer récord mundial, el de los 200m.mariposa en 2,09”77, habiendo dejado establecidos los récords desde el año 1981, con unos registros muy avanzados a su tiempo, y que se supone, y así será, tardarán mucho en ser superados.

 
Su triunfo en Moscú parecía totalmente asegurado, aunque también parecía asegurado su triunfo en los Mundiales de Guayaquil, dos años después, cuando de forma sorprendente había sido derrotada en los 200m., logrando únicamente el título de los 100m. Ahora, en Los Ángeles, buscaba los títulos olímpicos que confirmaran su superioridad, poniendo punto y final a su magnífica carrera deportiva, después de haber tenido que superar los problemas derivados del boicot de Moscú, la derrota de Guayaquil, e incluso algunos problemas de exceso de peso que estuvieron a punto de hacerle abandonar la natación. Pese a todo ello, “T” era la gran favorita en ambas pruebas de Los Ángeles, favorecida por la ausencia de las mariposistas de la DDR, y pese a haber sido superada por su compatriota Jenna Johnson en los 100m. de los “trials”, confiando que su experiencia la ayudaría a lograr el triunfo.
 
En la 4a. eliminatoria, Mary “T” demuestra su buena forma, superando el récord olímpico con un magnífico tiempo de 59”05, por delante de Johnson, 59”99, únicas en bajar del minuto, muy por delante de la holandesa Verstappen, tercera en 1,01”50.
La final, sin embargo, no ratifica las expectativas. Aprovechando su mayor envergadura, Johnson toma el mando de la prueba, y llega claramente destacada al viraje, 27”47, muy por debajo de los 27”75, parcial de Mary “T” en su récord mundial, mientras “T” es segunda en 28”07; Verstappen tercera en 28”49, y la alemana Seick cuarta en 28”82.
 
Hacia los setenta metros, sin embargo, el ritmo de Johnson empieza a debilitarse; Mary “T” la alcanza diez metros más allá, y sin darle ninguna opción, acaba, a partir de aquel momento, la lucha por el título. Con un doblaje mucho más racional, 28”07 y 31”19, que el de su compatriota, 32”72 en la segunda recta, Mary “T” señala un tiempo peor que el de la eliminatoria, aunque suficiente para otorgarle la victoria, 59”26, por delante de Johnson que, pese a hundirse en los últimos metros, es segunda, 1,00”10, sin superar tampoco el tiempo de las eliminatorias, mientras Seick, ya sobre el mismo muro de llegada, puede superar a Verstappen, 1,01”36 por 1,01”56, logrando la medalla de bronce, y la australiana McPherson, pese a su fuerte final, no consigue alcanzarlas, quinta en 1,01”58, después de haber remontado desde el séptimo lugar en el viraje, 29”43.
 
200m.mariposa: récord mundial también de “T” Meagher, 2,05”96, el 13 de agosto de 1981, en Milwaukee; récord olímpico de la alemana de la DDR Ines Geissler con los 2,10”44 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 4 de agosto. 29 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Ningunas sorpresa en las eliminatorias, a no ser el detalle anecdótico del empate entre la holandesa Van Bentum y la australiana Tibbits para el último lugar de la final, lo que las obliga a nadar una carrera de desempate suplementaria, siendo finalmente la holandesa quien se gana el derecho a estar en la final.
 
Sin rivales que puedan forzarla, “T” Meagher, mucho más a gusto en esta distancia, se lana al agua con parciales por debajo de su récord, 29”30 y 1,01”00 (por 29”53 y 1,01”41 de su récord) completamente destacada al llegar al hectómetro (segunda es la australiana Karen Phillips, 1,02”64, por delante de la otra especialista USA, Nancy Hogshead, 1,02”93). A pesar de su voluntad, la norteamericana no puede mantener su ritmo en el tercer largo, 1,34”08, por 1,33”69 de su récord, y pese a rehacerse ligeramente en el último largo, 32”82, por 33”08 de su récord, únicamente puede acercarse a su mundial, superando claramente el olímpico, 2,06”90. Es evidente que de haber tenido un mínimo de oposición, podría haber estado mucho más cerca, si no superarlo.
 
La australiana Phillips, que en el tercer viraje había sido superada por Hogshead, 1,36”59 por 1,36”70, puede, en los últimos metros, volver a pasarla, logrando la medalla de plata, 2,10”56, mientras la alemana Ina Beyermann, quinta en los 150m., 1,38”03, acaba muy fuerte, pasando primero a la japonesa Kume, y, en la última brazada a Hogshead, logrando un inesperado tercer lugar, 2,11”91, por 2,11”98 de la campeona de los 100m.crol.
 
Aunque pueda parecer algo extraño el hecho de que una velocista dispute, al mismo tiempo, una prueba como la de los 200m.mariposa, digamos que Hogshead había sido, hasta dos años antes, una excelente especialista de mariposa y estilos, antes de reconvertirse en velocista, sin abandonar por ello sus “primeros amores”, con los que había continuado recogiendo algunos éxitos, ya que, además de este cuarto lugar en los 200m. mariposa, Hogshead también logrará en estos Juegos la medalla de plata de los 200m.estilos, convirtiéndose en la nadadora más laureada de la natación en Los Ángeles (tres primeros lugares y un segundo, con las medallas logradas en los relevos).
 
200m.estilos: récord mundial de la alemana de la DDR Ute Geweniger, 2,11”73, el 4 de julio de 1981, en Berlín; récord olímpico de la australiana Shane Gould con los 2,23”07 de la final de Munich-1972. Eliminatorias y finales el 3 de agosto. 27 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Especialidad en la que Tracy Caulkins tenía todo el favoritismo, al tratarse de una de las mejores estilistas de los últimos años y que aspiraba, no únicamente a coronarse como a doble campeona olímpica, sino también a redondear su actuación con dos nuevos récords mundiales.
 
La lucha, no seria preciso repetirlo, quedó frustrada por el boicot. Campeona mundial de los 200 y 400m.estilos en los Mundiales de Berlín-78, seis años antes, ex-recordista mundial en ambas distancias, pero también de los 200m.mariposa, y una de las mejores bracistas mundiales, la norteamericana había visto como el boicot de Moscú la privaba de luchar por los títulos olímpicos. Ahora, cuatro años después, en Los Ángeles, la voluntariosa nadadora USA continúa sin tener a su alcance a sus rivales de la DDR, pero se enfrenta al reto de lograr los dos títulos olímpico, juntamente con el de recobrar los respectivos récords mundiales.
 
Al tratarse de una prueba que no se nadaba desde los Juegos de Munich-1972, el récord olímpico es superado fácilmente desde la 1a. eliminatoria, por la alemana Silke Piele, 2,19”17, seguida en la 3a. por la norteamericana Hogshead, 2,16”29, mientras Caulkins es la tercera en superarlo, 2,14”47 en la 4a. y última.
 
Aunque se ve dominada en el tramo de mariposa, en el que Hogshead se le adelanta en 17 centésimas, 29”22 por 29”39, con la alemana Pielke en tercer lugar, 29”56, Caulkins coge, inmediatamente después del viraje, el mando de la prueba, para no dejarlo más. Con 1,02”49 a mitad de prueba (no muy lejos de los 1,02”22 señalados por Ute Geweniger en su récord mundial) Caulkins ya está por delante de Hogshead, 1,03”66, mientras la australiana Michelle Pearson pasa al tercer lugar, 1,04”38, por delante de Pielke, 1,05”24, y la segunda representante “aussie”, Lisa Curry, 1,05”55.
 
Continuando su esfuerzo, ya prácticamente en solitario, Caulkins señala un parcial de 38”95 en el tramo de braza, que la aleja algo más del récord mundial, aunque continúa claramente por delante de su compatriota, 1,41”44 por 1,44”01, mientras Pearson ha recortado las diferencias, 1,44”75, alejándose, al mismo tiempo, de Curry, 1,45”51, y de Pielke, 1,45”81. Pese a intentarlo todo en el último tramo, Caulkins no puede lograr uno de sus dos objetivos, y con un discreto parcial de 31”20 en el tramo de crol, la norteamericana gana su segundo título olímpico con unos magníficos 2,12”64, nuevo récord olímpico, a menos de un segundo del mundial, seguida de Hogshead, 2,15”17, que ha podido mantener su ventaja sobre Pearson, tercera en 2,15”92 (31”16 por 31”17 en los tramos de crol) mientras Curry es cuarta en 2,16”75.
  
400m.estilos: récord mundial de la alemana de la DDR Petra Schneider, 4,36”10, el 1 de agosto de 1982, en Guayaquil; récord olímpico de la misma Petra Schneider con los 4,36”29 de la final de Moscú. Eliminatorias y finales el 29 de julio. 18 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Primera parte del desafío de Caulkins, sin ninguna sorpresa en las eliminatorias, que ella misma domina totalmente con un mejor tiempo de 4,44”42, casi siete segundos por delante de la segunda clasificada. Los récords mundial y olímpico parecen fuera de su alcance, aunque…..nunca se sabe, tratándose de Tracy Caulkins.
 
La final, efectivamente, es una carrera en el tiempo entre Caulkins y…..Schneider. Con parciales de 1,03”63; 2,13”91 y 3,34”81, nada siempre muy cerca del récord mundial (1,02”43; 2,12”16, y 3,33”17 para la alemana Schneider en sus 4,36”10) aunque sin poderlo superar. Un último tramo en 1,04”43 (por 1,02”93 de la alemana) acaban alejándola definitivamente de su sueño, pese a que sus 4,39”24, segundo mejor tiempo mundial de siempre, superan su récord USA, y la proclaman, al mismo tiempo, y por primera vez, campeona olímpica.
 
Tras ella, como si se tratara de otra final, el resto de finalistas se disputa los lugares de honor. Los segundos lugares de la noruega Katrine Bomstad en el tramo de mariposa, 1,04”96, y de la canadiense Nathalie Gingras en la de espalda, 2,18”66, en medio de una gran igualdad, no es otra cosa que el preludio de la escapada de la australiana Suzanne Landells, 3,43”41 al iniciarse el último tramo, mientras la alemana Petra Zindler es tercera, 3,44”00, y la otra representante USA, Susan Heon, cuarta en 3,44”18, luchando todas por el segundo y tercer lugar. Landells, 4,48”30, es finalmente segunda, anunciando el retorno de la natación australiana al primer nivel mundial, por delante de Zindler, 4,48”57, mientras Heon es cuarta, 4,49”41, lejos ya del resto de finalistas.
 
4x100m.estilos: récord mundial de un cuarteto de la DDR, 4,05”79, el 26 de agosto del 1983, en Roma; récord olímpico también de un cuarteto de la DDR con los 4,06”67 de la final de Moscú. Eliminatorias y final el 3 de agosto. 13 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Tres equipos descalificados en las eliminatorias, uno de los cuales, Holanda, hubiera podido jugar un papel importante en la final (con dos campeonas olímpicas en los dos primeros tramos, espalda y braza, y la medalla de bronce en el de crol) ya que parecían las únicas que podían disputarle el triunfo al cuarteto USA.
Así y todo, la final no será fácil para las norteamericanas.
 
En el primer tramo de espalda, Andrews no acierta su viraje, y solo es segunda en la llegada, 1,04”00, tras la alemana Svenja Schlicht, 1,03”20, y muy poco por delante de la británica Beverley Rose 1,04”14, y de la canadiense Reema Abdo, 1,04”19. Aprovechando el desconcierto del cuarteto USA, la alemana Ute Hasse, 1,11”49, continúa al frente de la carrera, 2,14”69 en el total, por 2,15”03 de las norteamericanas (con 1,11”03 de Caulkins) mientras las canadienses ya son terceras, a solo tres centésimas de sus vecinas del sur, después de los 1,10”87 de Ottenbrite, en el mejor parcial de las ocho bracistas.
 
El tercer tramo, el de mariposa, será decisivo para las aspiraciones de las norteamericanas. Mary “T” saca las mejores esencias de su mariposa, y con un magnífico parcial de 58”04, hace literalmente “explotar” la final. A su lado, nada pueden hacer ni la alemana Ina Beyermann, 1,01”29, ni la canadiense Michelle McPherson, 1,01”28, que se ven totalmente superadas. Al coger el relevo, Hogshead tiene poco menos de tres segundos de ventaja, 3,13”07 por 3,15”96, y 3,16”34 de alemanas y canadienses, y, prácticamente, carrera ganada. Con un buen parcial de 55”27, el cuarteto USA gana un nuevo título olímpico, con un buen tiempo de 4,08”34, aunque lejos de los récords mundial y olímpico, por delante de la RFA, 4,11”97, que no tiene ningún problema para resistir el último tramo de las canadienses, terceras en 4,12”98, muy adelantadas a las británicas, cuartas en 4,14”05. Japón y Suecia son descalificadas.
 
Al terminar las pruebas olímpicas de Los Ángeles, se inicia inmediatamente la cuenta atrás de los Campeonatos Mundiales que se disputarán dos años después, 1986, en Madrid, y que es, evidentemente, la competición más esperada por los aficionados de la natación, para ver reunidos a los mejores nadadores mundiales, aunque continúen siendo los títulos olímpicos los más apreciados de la carrera de cualquiera deportista.
 
Evidentemente, y dejando de lado cualquiera matiz político, lo qué todos desean y esperan, es ver como de aquí a cuatro años, en la cita ya anunciada para la capital coreana, puedan verse, reunidos de nuevo, como nunca hubiera tenido que dejar de ser, a los mejores nadadores del mundo, para que, una vez más, el campeón olímpico de Seúl pueda ser “el mejor”, por lo menos en aquel particular día.     
 
Guillem Alsina