Dagmar Hase, al triunfo por la constancia

Nacida en Quedlinburg (DDR), un 22 de diciembre de 1969, como quien dice de regalo de Navidad (aunque un poco adelantado), Dagmar Hase no fue ninguna niña prodigio de aquellas que los técnicos de la ya extinta DDR se sacaban de la manga año si, año también.
 
No participó en ningún Eurojúnior, y según nuestros datos no fue hasta 1986, con motivo de los “Juegos de la Amistad” disputados en Moscú, cuando su nombre aparece por vez primera en una competición internacional, cuando fue segunda de los 200m.crol, 2,01”57, lo que la hace aparecer como la 14a. mejor marca mundial de aquel año, aunque el hecho de tener cinco mejores que ella en su propio país, la impide participar en las grandes competiciones.
 
Se corta su progresión al año siguiente, 1987, aunque la continua en 1988, cuando es 17a. del ranking mundial de los 200m.crol, 2,00”95 (quinta de su país), y aparece ya como la 23a. en el de 200m.espalda, la distancia que le va a permitir conseguir sus primeros triunfos internacionales. Continua su progresión en 1989, cuando, en rápida progresión, ya aparece como 3a. mundial en los 200m.espalda, 2,12”46 (por detrás de la que va a ser su “bestia negra” , la húngara Krisztina Egerszegi), así como 7a. mundial de los 200m.crol, 2,00”48, y 15a. de 100m. espalda, 1,03”42. Sus marcas le han valido para estar en su primera gran competición, los Europeos de Bonn, donde ha sido una de las sorpresas de la competición al imponerse a la húngara (una flor no hace primavera), 2,12”46 por 2,12”61.
 
Animada por estos resultados, Dagmar se inclina por las pruebas de espalda, y es segunda de los 100 y 200m. de este estilo en las “achocolatadas” agua de San Petersburgo, con motivo de la tercera edición de los Juegos de la Amistad. Sus tiempos, 1,02”94, y 2,12”73, le valen el 11o. y el 5o. del ranking mundial, vencida, ahora si, por una Egerszegi que después de su título olímpico va camino de convertirse en la mejor espaldista mundial de todos los tiempos.
 
La caída del “Muro de Berlin”, y la consiguiente reunificación, parecen sentarle bien a Dagmar, que a sus bien asentados 21 años continua una buena progresión, mientras gran parte de sus ex-compañeras de la DDR (Astrid Strauss, Heike Friedrich, Manuela Stellmach, etc.), por razones diversas, empeoran drásticamente sus tiempos, desapareciendo rápidamente de la escena natatoria. Ahora, amplia su abanico de posibilidades, concentrándose de nuevo en los 200m.crol, consciente de que Egerszegi se lo va a poner muy difícil en las pruebas de espalda.
 
Los Mundiales de Perth, enero de 1991, es la primera gran competición en la que aparece un solo equipo alemán, y Dagmar se convierte en una de sus mejores piezas. Mientras en los 100m.espalda, una distancia que le viene corta, es solo 8a. de la final, 1,03”24, en los 200m. pelea, aunque inútilmente, con Egerszegi, intentando renovar su título de Bonn. No lo consigue, claramente vencida por la húngara, 2,09”15, por 2,12”01, mientras en el 4x200m. consigue su primer título mundial, al imponerse junto a dos de sus ex-compañeras de la DDR, Kielgass y Stellmach, y una “federal”, Ortwig, aprovechando la descalificación del cuarteto USA que les había vencido en el último relevo de una final muy ajustada, 8,01”63, por 8,02”56. Aunque en compañía, ya puede presumir de ser campeona mundial.
 
En verano de aquel mismo 1991, se disputan los Europeos de Atenas. La natación femenina alemana continua sin encontrar una salida a una reunificación que, con la unión de la DDR, prometía mejores resultados de los que, finalmente, se consiguen. A los continuos éxitos de los equipos de relevos femeninos de la DDR, le suceden ahora tres segundos lugares, superados sucesivamente por Dinamarca, 4x200m.; Holanda, 4x100m., y Rusia, 4x100m. estilos, y en los que Dagmar se gana tres medallas de plata,   mientras, en el plano individual, se ve empujada hacia los terceros lugares, tanto en 100 como en 200m.espalda, superada, no ya únicamente por Egerszegi, sino también por una compatriota de esta, Tunde Szabo. Termina el año como 10a. mundial de 200m. crol, 2,01”08; el 7o. de 100m.espalda, 1,02”41, y el 5o. de los 200m.espalda, 2,12”01.
 
No sabemos si Dagmar estaría de acuerdo con nuestra afirmación, aunque creemos que si (o por lo menos algo de ella dejará entrever en algunas de sus declaraciones posteriores al triunfo) pero ante los Juegos de Barcelona-1992, toma una difícil decisión. Si se hace difícil pensar en vencer a Egerszegi en espalda, y también se hace difícil pensar en conseguir algo mejor en los 200m.crol, faltándole, como le falta, una buena base de velocidad, “ergo” ¿por qué no probar suerte en la distancia superior, los 400m. crol?, teniendo en cuenta que su base en los 200m. (centésimas por encima de los dos minutos) pueden representar una importante ventaja, teniendo en cuenta la gran crisis que está sufriendo esta especialidad, donde Janet Evans, la gran dominadora, parece haber llegado a su máximo nivel, e inicia su lento retroceso.
 
No parece que se lo pensara en exceso. El magnífico entrenamiento recibido en sus primeros años, todavía como nadadora de la DDR (no solo con doping batían sus récords aquellas “walkirias”) darán ahora sus frutos. A finales de mayo gana los 400m. de los nacionales germanos aunque sus 4,12”60 (ajustadamente por delante de Kerstin Kielgass, 4,12”69) hacen sospechar que quizás no haya hecho una buena selección. Para curarse en salud, y tener otras posibilidades de medalla, gana también las dos pruebas de espalda, 1,02”19, y 2,11”60, con sus mejores tiempos personales, afrontando de manera decidida su gran reto.
 
La mala suerte hace que los 400m.crol coincidan en la misma jornada que los 100m. espalda, que es la prueba donde Dagmar tiene menos posibilidades de optar a una medalla. Prefiriendo una segura clasificación en los 400m., cosa que no tiene asegurada de antemano con su mejor tiempo, los 4,12”60 anteriormente mencionados, da su máximo en ella al conseguir mejorar su mejor tiempo personal con 4,10”92, segundo mejor tiempo de las eliminatorias, solo por detrás de Janet Evans, 4,09”38. Poco después, todavía no repuesta de los 400m., y consciente de que debe guardar fuerzas para la final de la tarde, abandona prácticamente los 100m.espalda, donde, con 1,03”35 únicamente consigue la clasificación para la final B.
 


Tras vencer en los 400 crol en Barcelona 92

28 de julio de 1992. 18 horas. Piscinas Picornell de Barcelona. Se anuncia la primera final de la jornada, la de los 400m.crol mujeres. Ovación en la presentación de la nadadora de la calle 4, la recordista mundial de la prueba, Janet Evans, una de las, o por lo menos se presume, heroínas de estos Juegos. Menos agitación entre el público cuando se presenta a la siguiente, la alemana Dagmar Hase, mucho menos conocida de los aficionados.

 
Desde los primeros metros de la prueba se cumple el guión que se esperaba, y Evans toma el mando de las operaciones, con su acostumbrado 2-tiempos, y su característico golpe de cabeza en cada una de sus brazadas. 1,00”17, y 2,02”21, dejando ya entrever que no se trata de una carrera contra el récord, sino únicamente de ganar el título. Hase, sin tratar de presentarle lucha, la sigue, 1,00”39, y 2,02”82, intentando mantenerse lo más cerca posible de su rival. La diferencia entre ambas se alarga unas pocas centésimas más en los 300m., 3,04”81, por 3,05”69, y pocos creen ya que la norteamericana se deje escapar su cuarto oro olímpico.
 
La alemana, sin embargo, no ceja en su esfuerzo, y lucha desesperadamente en el penúltimo largo de la prueba para mantenerse lo más cerca posible de su rival. y a la salida del último viraje acontece lo que muy pocos esperaban. Aumentando su batido de pies, la alemana empieza a reducir poco a poco la escasa ventaja de la norteamericana, que continua con su 2-tiempos, incapaz de aumentar su velocidad, la alcanza quince metros antes del final, y poco a poco la va sobrepasando con unas últimas brazadas llenas de determinación, hasta tocar el muro unas centésimas antes que ella, 4,07”18 por 4,07”37.
 
Su emotivo gesto, puño al aire, contrastando vivamente con la decepción de Evans, reafirma el triunfo de esta joven-veterana (con solo 22 años, 7 meses y 6 días, será la mayor de todas las campeonas de estos Juegos), que hasta aquel momento se ha movido en un segundo plano internacional. Su alegría se convertirá poco después en lágrimas de emoción cuando suba al podio a recoger su primera medalla de oro olímpica. Digamos, como curiosidad, que este era el tercer título olímpico alemán que se conseguía por un nadador que no pertenecía a la ya desaparecida DDR (los otros dos habían sido para Ursula Happe, campeona de los 200m.braza en Melbourne-1956, y para Michael Gross, 200m.mariposa en Seúl-1988).
 
No repuesta todavía de su gran esfuerzo de los 400m., se alinea, pocos minutos después, en la Final B de los 100m.espalda, en la que, es de suponer que con la moral que le proporciona su reciente título olímpico, consigue ganarla con 1,02”93. Tres días después, 31 de julio, es el turno de los 200m.espalda, en los que parecen disputarse dos pruebas en una, con Egerszegi como presunta, y finalmente gran vencedora, y el resto de finalistas. Dejándose llevar en el primer hectómetro por la norteamericana Lea Loveless, 1,03”52 por 1,04”31, le recorta ya parte de su ventaja en el siguiente largo, reduciéndola a 44 centésimas, para alcanzarla, y pasarla, en el último, consiguiendo una valiosa medalla de plata, 2,09”46, mejor tiempo personal, a 2”40 segundos de la imbatible húngara. En aquella misma jornada, vuelve de nuevo a subir al podio para recoger otra medalla de plata, correspondiente al 4x100m.estilos, donde ha señalado un nuevo récord personal en su tramo de espalda, 1,01”61, que le hubiera valido el cuarto lugar de la prueba individual de haberla podido nadar sin el sobreesfuerzo de los 400m.
 
Todos estos resultados parecen predisponer a Dagmar para convertirse en una de las figuras de la natación mundial, y aunque no será finalmente este su destino, sí conseguirá un “curriculum” que daría envidia a cualquier nadadora.

 
Un periódico español publicaba el 29 de julio de 1992 un pequeño artículo titulado “La trampa de la alemana Hase”
 
Dagmar Hase fue la vencedora sorpresa de los 400 m libre. Hase, que estudia para ser guía turística, es especialista en espalda, prueba en la que consiguió un segundo puesto en Atenas’9 1. Bernd Henneberg, su entrenador, y ella planificaron a conciencia la estrategia con vistas a los Juegos y al futuro de la nadadora. Una cosa era evidente: la presencia de la imbatible Egerszegi en espalda impedía cualquier opción al oro para Hase, una deportista ambiciosa. Por este motivo no dudó en cambiar el estilo y entrenarse a fondo en el libre, con el que ya competía en los relevos (oro con Alemania en el último Europeo).
 
Las posibilidades de medalla de Hase eran nulas, porque su tiempo acreditado era malo (4’12”60). Además, estaba Janet Evans, gran favorita. Pero ésta ya no es la de Seúl. Hase ya rebajó sensiblemente su crono en las series (4’10”92) y se presentó a la hora decisiva confiada, tanto que en los últimos 100 metros superó a Evans y se llevó el oro con 4’07”18, un registro que rebaja en más de cinco segundos su mejor marca. “Nunca hubiera esperado algo así”, reconoció con sinceridad. Evans fue segunda (4’07”37) y Lewis (4’11“22), tercera.

 

Pese a tomarse un ligero receso en 1993, es campeona en los Europeos de Sheffield-1993, en los 400 y 4x200m.crol, dejando las pruebas de espalda ante la presencia de Egerszegi. En 1994, una lesión la impide entrenarse como es debido, pagándolo en los Mundiales de Roma de aquel año, al ser solo octava en las eliminatorias de los 200m.crol (con el resultado que nuestros lectores habrán, o pueden, leer en el artículo dedicado a su compatriota Franziska van Almsick), y novena de los 400m., con unos 4,14”76, que la impiden de optar al título mundial (aunque con muy pocas opciones) por solo 24 centésimas, aunque sube al segundo escalón del podio del 4x200m., después de un intenso codo a codo con el cuarteto chino, 7,57”96, por 8,01”37, doblegando al cuarteto USA, terceros.
 
No es solamente el problema de la lesión lo que más la preocupa, sino también la acusación que en abril de aquel año lanza sobre ella y cuatro de sus compañeras de la DDR, el Profesor Werner Franke, acusándolas de haber conseguido sus éxitos de 1989 “saturadas de testosterona”. Hase acusa el golpe aunque se defiende con vehemencia, “es una absoluta tontería; ni me he dopado ni me dopo; no pienso esconderme y seguiré en la competición, aunque es difícil motivarme”.
 
Sigue sin encontrar su mejor forma en 1995, cuando solo puede clasificarse para nadar los 200m.espalda y el relevo largo en los Europeos de Viena, con un segundo lugar en espalda, nuevamente por detrás de Egerszegi, que vuelve a batirla clara y rotundamente, 2,07”24, por 2,10”60, mientras forma parte del relevo largo que renueva su título de Sheffield. A finales de este año también “prueba” la competición en piscina corta, aunque no sea muy aficionada a ella, participando en los Mundiales de Río de Janeiro, de donde se marcha con dos medallas de plata, conseguidas en los 200m.espalda y el 4x200m.crol, y un cuarto lugar en los 800m.crol, experiencia que no volverá a repetir nunca más.  
 
1996 trae aparejado la defensa del título olímpico que consiguiera cuatro años antes en Barcelona. Con la experiencia anterior, decide presentarse a nadar las tres pruebas de crol, 200, 400 y 800m., abandonando la espalda, donde Egerszegi continua imbatible. Libre de lesiones, y con 26 años, sabe que su fortaleza mental y física la van a ayudar mucho en su intento de intentar doblar su título olímpico, y conseguir “algo más” en las otras dos pruebas, así como en el 4×200 que hace su aparición en el programa olímpico.
 
Luchando con el handicap de su discreta velocidad-base, Hase se las arregla para ganar su primera medalla, bronce, en los 200m., al final de una prueba táctica, en la que llega a ir última en el primer viraje, sexta en el hectómetro, 59”10, y quinta en el último viraje, para remontar de manera espléndida en el último largo hasta el tercer lugar, 1,59”56, una sola centésima por delante de la norteamericana Trina Jackson, y por detrás de la costarricense Claudia Poll, y de su compatriota Van Almsick. Es un buen presagio, piensa, para el día siguiente, cuando se va a disputar la final del 400m.
 
Sin problemas para pasar las eliminatorias, Dagmar inicia la final con su acostumbrada táctica de dejarse llevar. Quinta en el hectómetro, 1,00”96 (por detrás de la holandesa Carla Geurts, 1,00”01, aunque no cuente demasiado en los pronósticos), ya es tercera a mitad de prueba, 2,04”00, por detrás de Geurts, 2,03”37, y la irlandesa Michelle Smith, 2,03”55. El ataque de Smith la coge completamente desprevenida, no se lo esperaba, por lo menos en aquel momento. Nadando en 1,00”10 el tercer hectómetro, la irlandesa ha “dinamitado” literalmente la prueba, cogiendo una amplia ventaja a su rival más peligrosa, 3,04”65, por 3,07”08 de Dagmar.
 
Serán inútiles sus desesperados esfuerzos para alcanzar a Smith, que no tiene que hacer nada más que conservar parte de su ventaja para proclamarse campeona olímpica. Para nada valen sus 1,01”22, frente a los 1,02”60 de la irlandesa, que finalmente consigue el oro olímpico, dejando la plata para Dagmar, 4,07”25, por 4,08”30.
 
Tres días después, perfectamente repuesta de sus dos finales, afronta la final de los 800m., después de clasificarse sin problemas con el segundo mejor tiempo de las eliminatorias. Desde los primeros metros se entabla entre ella y la norteamericana Brooke Bennett una dura lucha. Aunque siempre con ventaja de la nadadora local (1,01”90, por 1,02”20; 2,05”89, por 2,06”13, y 4,12”78, por 4,13”57 a mitad de prueba), Dagmar se esfuerza por pegarse a ella, consciente de que, si lo consigue, su mayor velocidad le ofrece grandes posibilidades de vencerla en el último hectómetro. Bennett, sin embargo, también es consciente de ello, y fuerza ligeramente su ritmo, para, poco a poco, empezar a adquirir ventaja sobre la alemana. 1”52 en los 500m.; 2,09” en los 600m., y 2”26 al iniciarse el último hectómetro.
 
Consciente de que no va a poder alcanzarla, Dagmar se deja ir, atenta únicamente a su compatriota Kerstin Kielgass y a la holandesa Kirsten Vlieghuis, que enzarzadas en una áspera lucha empiezan a “comerle” su ventaja, aunque no tiene problemas para ser segunda, 8,29”91, por detrás de Bennett, 8,27”89, y por delante de Vlieghuis, 8,30”84.
 
Dos días después se despide de Atlanta consiguiendo su tercera medalla de plata, la del relevo largo, por detrás de Estados Unidos, 7,59”87, por 8,01”55. A pesar de que no ha renovado su título, tampoco está nada descontenta de sus cuatro medallas, tres de plata y una de bronce.
 
Los resultados de Atlanta le hacen sentir que todavía tiene cuerda para un par de años más. En 1997, en los Europeos de Sevilla, consigue su segundo título de los 400m.crol, además de una feroz revancha sobre su vencedora en Atlanta, Michelle Smith, ya con problemas de dopaje, 4,09”58, por 4,10”50, y también forma parte del cuarteto del relevo largo, con el que consigue su tercer título consecutivo, elevando a media docena su total de títulos europeos.
 
Y llegan, finalmente los Mundiales de 1998, que vuelven a disputarse en Perth, lugar del que guarda el recuerdo de su primer, y único, título mundial, y donde va a intentar conseguir un título individual, el único que le falta para completar su “curriculum”. Para ello se decide a nadar las dos pruebas que más alegrías le han dado a lo largo de su carrera, 400m.crol, y 200m.espalda, esperando que en alguna de ellas pueda alzarse con el triunfo, tanto más que su ilustre adversaria, después de haber alcanzado la gloria olímpica con su tercer título de los 200m.espalda, ha decidido retirarse.
 
En la tercera jornada, sufre su primer (relativo) revés, al ser tercera de los 400m., 4,08”82, vencida por el empuje de la china Yan Chen, 4,06”72, y de la norteamericana Brooke Bennett, 4,07”07, después de dejarse aventajar desde los primeros metros, sin poder reaccionar en la segunda mitad de la prueba. En la sexta es el fin de su sueño de conseguir un título mundial, al tener que claudicar en los últimos metros de los 200m.espalda, ante el empuje de la sorprendente vencedora, la francesa Roxane Maracineanu, que la deja 19 centésimas atrás, 2,11”26, por 2,11”45, en una final que, según ella, nunca entenderá el por qué de su derrota. Sin embargo, en aquella misma sesión tiene la oportunidad de festejar su segundo título mundial, al imponerse a las norteamericanas en el relevo largo, 8,01”46, por 8,02”88, tal como habían hecho en aquel mismo escenario siete años antes. La exuberante alegría de Dagmar parece justificar el hecho de ser su última competición.    
 
Es el final. Un bello final para quien, sin haber sido una de las más rutilantes estrellas de la natación mundial, se ha labrado un magnífico palmarés, luchando siempre con su característico pundonor, sobrellevando el hecho de ser una de aquellas denostadas “walkirias”, para demostrar que algunas de ellas, y sin necesidad de tomarse “aquello”, también era posible conseguir títulos. Es, por decirlo de alguna manera, el triunfo de la constancia sobre la “clase”. 
 
Dagmar no ha abandonado el deporte que le permitió ser conocida, viajar, y hacerse como persona. Nadadora totalmente fiel al S.C.Magdeburg, trabaja en su escuela de natación formando a los jóvenes que ven en ella lo que ellos, algún día, desean llegar a ser.
 
Guillem Alsina