Juegos Olímpicos. Moscú 1980


Vladimir Salnikov

Cuando el irlandés Lord Killanin inauguraba en el Estadio Olímpico de Moscú los Juegos de la XX Olimpiada, pocos días antes de ceder su lugar de Presidente del máximo organismo olímpico al español Juan-Antonio Samaranch, bien podía esbozar una sonrisa de satisfacción por la tarea llevada a cabo en sus ocho años de mandato a la cabeza del CIO. Ocho años antes, con motivo de los sangrientos acontecimientos de Munich, y al transferirle su cargo, el entonces Presidente del CIO, el norteamericano Avery Brundage, le había expresado su temor, incluso su seguridad, de que los siguientes JJ.OO., otorgados ya a Montreal, no podrían disputarse, y que el ideal olímpico se perdería para siempre, en medio de las tempestades políticas en las que estaba inmersa la sociedad de nuestro siglo.

 
Con todo, ocho años después, como quien dice “a trancas y barrancas”, se inauguraban los Juegos de Moscú, como se habían inaugurado antes los de Montreal, pese a las evidentes dificultades, y, como en la ciudad canadiense, con la abstención de ciertos países que habían antepuesto sus conveniencias políticas a las deportivas.
 
Evidentemente, este no es el momento ni el lugar para valorar adecuadamente el mayor o menor acierto de aquella decisión. Lo que sí es evidente, sin embargo, es que, actualmente, el movimiento olímpico, y el deportivo en general, se encuentra altamente mediatizado por los acontecimientos políticos y sociales en general, entre otros razones por la importancia de este fenómeno y la gran cantidad de masa humana que mueve en el contexto de nuestra sociedad.
 
Es cierto, también, que la abstención no arregló absolutamente nada del espectro político, y sí, en cambio, perjudicó unos cientos de deportistas que a lo largo de unos años se habían entrenado intensamente para tener el honor de luchar en el marco olímpico moscovita, dejando de lado cuál pudiese ser su clasificación, mezclándose, y eso podría ser lo más importante, con la juventud de todo el mundo, sin distinción de razas y creencias, políticas o religiosas.
 
El hecho crudo, sin embargo, era este. Como protesta, ó castigo, según se quiera ver, por la presencia de tropas soviéticas en Afganistán, los Estados Unidos encabezaron un movimiento de rechazo a la participación de sus deportistas en los Juegos Olímpicos, bien pronto secundados por muchos de sus aliados políticos. Como en Montreal, no hay ninguna duda que esta abstención restó una cierta categoría deportiva a los Juegos, pues, al contrario que en Montreal con el boicot de los países africanos, en Moscú faltaron países que son piezas clave en el deporte mundial, sobretodo en disciplinas básicas como pueden ser el atletismo, natación, halterofilia, etc., al tratarse de Estados Unidos, Alemania, Japón, Canadá, etc.
 
Quizás fue la natación, precisamente, juntamente con el atletismo, los deportes que más notaron las obligadas ausencias y, una vez más, tal y como había sucedido anteriormente en 1920, 1924, 1948, ó 1976, se podría decir que muchos ganadores, medallas y finalistas, tendrían un cierto sabor agridulce de pesar al festejar su triunfo. Naturalmente que todos los que compitieron nada tenían que ver en el capítulo de ausencias, y no se trata, ni mucho menos, de poner en duda la legitimidad de su triunfo. Los JJ.OO. son una demostración deportiva y de convivencia, en la que pueden participar todos los que lo deseen, y, cuando un país no lo hace (excepto los casos especiales que hemos ido viendo) es porque él mismo se cierra las puertas. Si hay alguien por quien lamentar las ausencias, son los que, sin ninguna culpa, fueron prácticamente obligados a quedarse en casa, mientras sus rivales deportivos se reunían en las instalaciones deportivas moscovitas para dirimir una supremacía para la que se habían preparado a lo largo de unos cuantos años.
 
Casi en todas las pruebas de natación habrá que referirse, pues, a los ausentes que hubieran podido hacer variar la clasificación, y si en el sector femenino estas ausencias no fueran tan notables, no puede decirse lo mismo del masculino, donde norteamericanos, alemanes, canadienses ó británicos hubieran podido dar mucho más color a la cita olímpica, y, en alguna ocasión, clasificaciones muy diferentes.
 
Como en anteriores Juegos, la FINA ha vuelto a imponer unos tiempos-mínimos para la participación de más de un nadador por prueba y país, imponiendo un tiempo para poder inscribir dos nadadores, y otro, lógicamente mejor, para inscribir tres. Como en anteriores ediciones, volvemos a exponer estos tiempos-mínimos, calculados sobre los respectivos 2% y 4% de los seis primeros clasificados de los anteriores Mundiales de Berlín-78: CROL: 100m. hombres 53”21/ 52”18 – mujeres 59”10/57”96; 200m. 1,56”38/1,54”14 – 2,05”88/2,03”46; 400m. 4,03”97/3,59”28 – 4,20”15/ 4,15”13; 1.500m.hombres 16,01”68/15,43”18; 800m.mujeres 8,55”01/8,44”72. ESPALDA: 100m. 1,00”27/59”11 – 1,06”13/1,04”86; 200m. 2,09”38/2,06”89 – 2,20”89/2,18”18. BRAZA: 100m. 1,06”26/1,04”99 – 1,14”64/ 1,13”21; 200m. 2,25”38/2,22”59 – 2,40”96/2,37”87. MARIPOSA: 100m. 57”48/56”38 – 1,04”13/1,02”90; 200m. 2,05”84/2,03”42 – 2,18”33/2,15”67. ESTILOS: 400m. 4,36”50/4,31”18 – 5,00”27/4,54”49.
 
Invitamos a nuestros lectores a hacer la comparación de estos tiempos-mínimos con los de Munich y Montreal para poder ver el gran progreso que ha experimentado nuestro deporte en estos ochos años transcurridos.
 
Las pruebas de natación tienen lugar en la magnífica piscina cubierta del complejo deportivo del Parque Lenin, que no tiene nada que envidiar a anteriores escenarios olímpicos, con la piscina de competición, las adyacentes para calentamiento y entrenamientos, y toda una serie de pequeñas salas destinadas a funciones secundarias, pero muy importantes, en la preparación final del nadador. Las pruebas se iniciaron el 21 de julio, y clausuradas, estamos hablando únicamente de las pruebas de natación, el 27 del mismo mes, con la participación de representantes de 41 países (39 en categoría masculina, 30 en la femenina) 10 menos que en los anteriores de Montreal, a causa del boicot. Seis países, Argelia, Angola, Chipre, Libia, Madagascar y Mozambique, participan por primera vez.
 
Digamos, antes de iniciar el comentario pormenorizado de cada una de las pruebas masculinas, que ninguno de los campeones masculinos de Montreal estaba en Moscú para defender sus títulos: los 8 norteamericanos (Montgomery, Furniss, Goodell, Naber, Hencken, Vogel, Brunner, y Strachan) algunos retirados, ó impedidos a causa del boicot, mientras el británico Wilkie se había retirado de la natación. Nos ahorraremos, pues, de mencionarlo en cada una de las pruebas.
 


Vencedores del 100 crol masculino

100m.crol: récord mundial: “Jonty” Skinner (RSA) 49”44, 14/08/1976, en Filadelfia; récord olímpico: Jim Montgomery (USA) 49”99, en Montreal-1976. Eliminatorias y semifinales el 26 de julio, final el 27. 39 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Jorg Woithe se convertía en el cabeza de filas de la natación de una DDR dispuesta a plantar cara a sus anfitriones soviéticos, discutiéndoles la supremacía continental. Con la credencial de su reciente récord europeo, 50”55, un par de meses antes, llega a Moscú dispuesto a ganarse el título olímpico. Gana destacado la 5a.eliminatoria y la 2a.semifinal con dos nuevos récords continentales, 50”49 y 50”21, con más de un segundo de ventaja sobre el segundo mejor tiempo.

 
En la final, se lanza con toda la ambición del mundo, dispuesto a superarse por tercera vez, incluso con la vista en el récord olímpico. Gira ya primero en 24”05, mejor que el de Montgomery en su histórica carrera de Montreal, dominando el resto de finalistas, con el sueco Johansson segundo, 24”36. Baja, sin embargo, su ritmo en la segunda mitad de carrera, y aunque gana con total claridad, 50”40, no puede acercarse a sus anteriores récords. Con sus poco más de diecisiete años, Woithe es uno de los campeones olímpicos más jóvenes de esta prueba, superado únicamente por el japonés Miyazaki en los ya lejanos Juegos del 1932.
 
Tras él, los suecos Pelle Holmertz y Por Johansson, siempre a punto en las grandes ocasiones, no se dejan distanciar excesivamente por el alemán, y aunque sin inquietarlo, le fuerzan en los últimos metros, logrando el segundo y tercero lugar, 50”91 y 51”29. El soviético Sergey Kopliakov, mientras, remonta en los últimos metros a sus rivales (era séptimo en el viraje, 25”23) y acaba cuarto, a cinco escasas centésimas de Johansson.
 
Recordamos que Woithe es el segundo de los dos únicos europeos que han logrado ser campeones olímpicos de velocidad desde 1908, después del húngaro Ferenc Csik en Berlín-36. Antes de ellos dos, y en la que podríamos denominar como de “prehistoria” de la natación, habia habido los triunfos de otros dos húngaros, Alfred “Hayos” en Atenas-1896, y Zoltan de Halmay en las 100 yardas de Saint Louis-1904. 
 
El promedio de la prueba es sensiblemente igual al de Montreal, aunque, naturalmente, se haya notado la ausencia de los velocistas USA, una especialidad que desde los Juegos de Londres, el 1908, únicamente han perdido en cinco ocasiones. Los dos representantes USA que días después de la clausura de los Juegos se impusieron en sus campeonatos disputados en Irvine, lo harían en tiempos de 50”19 para Ambrose “Rowdy” Gaines, y 50”26 para Chris Cavanaugh, es decir, muy semejantes y al alcance del alemán, por lo menos teóricamente. 
 

200m.crol: récord mundial: Ambrose “Rowdy” Gaines (USA) 1,49”16, 11/04/1980, en Austin; récord olímpico: Bruce Furniss (USA) 1,50”29, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 21 de julio. 42 participantes repartidos en 6 eliminatorias. El soviético Sergei Kopliakov, ex-recordista mundial, 1,49”83 en 1979, primero en bajar de los 1,50”, es el gran favorito de la prueba, a pesar de sus discretos resultados a lo largo de toda la temporada.

 
Sin ninguna nota destacada en las eliminatorias, Woithe encabeza la final, girando primero a su mitad, 53”44, un parcial digno de récord mundial, mientras Kopliakov, 53”80, mantiene sus posibilidades, siguiéndole a corta distancia, muy por delante del tercero, el también soviético Andrey Krylov, 54”38. El alemán, sin embargo, no es, ni mucho menos, un especialista de los 200m., y rápidamente es alcanzado por su rival, que, sin ninguna oposición, se va hacia un fácil triunfo, 1,49”81, nuevo récord olímpico, mientras Krylov y el australiano Graeme Brewer se imponen a Woithe, que ha flaqueado espectacularmente en los últimos metros, y únicamente es cuarto, 1,51”86, mientras Krylov es segundo, 1,50”76, y Brewer tercero, 1,51”60, lejos del resto de finalistas.
 
Gaines se había significado meses antes como uno de los favoritos al arrebatarle el récord mundial al soviético, por lo que se esperaba con mucho interés el duelo entre ambos especialistas.
 
400m.crol: récord mundial: Peter Szmidt (CAN) 3,50”49, 16/07/1980, en Toronto; récord olímpico: Brian Goodell (USA) 3,51”93, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 24 de julio. 28 participantes repartidos en 5 eliminatorias. Hacía dos días que el soviético Vladimir “Volodia” Salnikov (el ”Expreso de Leningrado” como se empezaría a llamársele poco después) había bajado el “muro” del cuarto de hora en los 1.500m., y, lógicamente, no podía haber ningún otro favorito que no fuera él en estos cuatro hectómetros. La duda estaba en ver si el soviético era capaz de recuperar el récord mundial que el canadiense Szmidt le había arrebatado ocho días antes en sus Campeonatos Nacionales (Canadá, como hemos dicho, se había alineado en el boicot a los Juegos).
 
Sin ninguna incidencia en las eliminatorias, donde únicamente la eliminación del yugoslavo Borut Petric aporta alguna sorpresa, Salnikov no tiene ningún problema para ganar su segundo título olímpico, logrando un ”doblete” ya clásico (Henri Taylor en 1908; George Hodgson en 1912; Norman Ross en 1920; Murray Rose en 1956; Mike Burton en 1968, y Brian Goodell en 1976 lo habían ya logrado, antes que él). Escoltado por su compatriota Krylov en el primer hectómetro, 57”28 por 57”33, con el brasileño Djan Madruga, 57”62, y el australiano Ron McKeon, 57”65, por detrás, Salnikov coge su ritmo a partir de aquel momento para no ser inquietado hasta la llegada.
 
Con una carrera muy regular, como es su costumbre, y en la que únicamente ha faltado algo de oposición, 1,55”55 y 2,53”64 en el segundo y tercer hectómetro, Salnikov señala un nuevo récord olímpico, 3,51”31 (1,55”55 y 1,55”76) aunque sin poder acercarse al mundial. Tras él, Krylov es segundo a los 200m., 1,56”92, todavía con ventaja sobre Madruga, 1,57”08; McKeon, 1,57”36, y otro soviético, Ivar Stukolkin, 1,57”40; este ya es segundo al llegar a los 300m., 2,56”13, por delante del brasileño, 2,56”30, mientras Krylov, 2,56”46, parece pagar el hecho de haber querido plantar cara a Salnikov en los primeros metros, y McKeon ha empezado a atrasarse poco después de los 200m. y ya es quinto, 2,57”51. Krylov, sin embargo, se rehace en el último hectómetro, 56”78, y acaba logrando su segunda medalla de plata, 3,53”24, superando a Stukolkin en los últimos metros, 3,53”95, mientras Madruga, pese a su esfuerzo final, no puede atrapar al soviético y es cuarto, 3,54”15, bien por delante del resto de finalistas.
 
Por primera vez en los Juegos, los ocho finalistas bajan de los cuatro minutos, y lo hacen holgadamente, con los 3,57”00 del último, el australiano Ron McKeon.
No es preciso decir que el enfrentamiento entre Szmidt y Salnikov, sin olvidarse del campeón de Montreal, el norteamericano Brian Goodell, que estaba perfectamente preparado para defender su título, habiendo logrado en Irvine un tiempo de 3,52”99, por 3,52”19 de Brunner, otro de los favoritos, dejaba entrever un posible tiempo por debajo de los 3,50” (que no seria logrado por el soviético hasta dos años más tarde) al mismo tiempo que una de las luchas más cerradas y emocionantes de estos Juegos.
 
 
1.500m.crol: récord mundial y olímpico: Brian Goodell, 15,02”40, 20/07/1976, en Montreal. Eliminatorias el 21 de julio, final el 22. 17 participantes repartidos entre 3 eliminatorias. Este 22 de julio quedará señalado en la historia de la natación mundial como el día que cayó por primera vez el “muro” de los quince minutos en esta prueba del kilómetro y medio. Recordista europeo, campeón mundial dos años antes en Berlín, “Volodia” Salnikov se había convertido en un verdadero “metrónomo” que acababa de iniciar una magnífica carrera deportiva. Ya en las eliminatorias había dado buena prueba de su estado de forma al lograr unos 15,08”25 (5,02”41 – 5,02”41 – 5,03”43) que dejaba entrever la posibilidad de bajar el récord mundial y, al mismo tiempo, romper aquel muro de los quince minutos, más psicológico que otra cosa (como cualquiera otro “muro” deportivo) pero, como todos los “muros” deportivos, con verdadero carisma.
 
En la final, y después de un primer hectómetro en 58”53, el soviético “rueda” de los 200 a los 1.100m. con parciales entre los 60”04, el mejor, y 60”79, el peor, (1,59”27; 3,59”95; 5,00”23; 7,00”44; 8,00”40 en los 800m., récord europeo, y 10,00”85) completamente destacado de sus rivales (casi nueve segundos de ventaja sobre el segundo, su compatriota Alexander Chaev) antes de aumentar su ritmo, acabando los últimos cuatro hectómetros a un promedio por debajo del minuto: 59”79; 59”87; 59”41, y, finalmente, en un último hectómetro apoteósico, con el público aplaudiéndolo entusiasmado ante la certeza de ver caer los quince minutos, 58”05, acabando mucho más rápido de lo qué había comenzado, teniendo en cuenta el salto de salida. Su tiempo final, 14,58”27, récord mundial y olímpico, es festejado por el público puesto en pie después de haber asistido a una carrera modélica, magnífica de ritmo, con parciales de 5,00”23 – 5,00”62 – 4,57”42 en sus tres tercios.
 
Verdaderamente perfecto, el ”Expreso de Leningrado” entra ya en la leyenda de la natación, y del deporte mundial en general, al lado de sus míticos antecesores, Arne Borg, Hironoshin Furuhashi, Murray Rose, John Konrads, ó Mike Burton, entre los que han señalado los más importantes hitos en esta distancia de los quince hectómetros.
 
Casi olvidados por la gesta de Salnikov, Chaev, el australiano Max Metzker, y el alemán de la DDR Rainer Strohbach, se entregan a un magnífico duelo por los lugares de honor. Después que el español Rafael Escalas hubiese “marcado” Salnikov en el primero tercio de la prueba (5,02”55, y 8,06”65 en los 800m., donde aún es segundo) intentando dar la sorpresa, Chaev se instala en el segundo lugar, que conserva difícilmente hasta el final, siempre con ventaja de pocas centésimas de segundo. En otro emocionante último hectómetro, el soviético conserva su segundo lugar, 15,14”30, acabando también mucho más rápido de lo qué ha empezado, 59”66 por 59”53, por delante de Metzker, tercero en 15,14”49, que pese a sus últimos 59”44, por 1,00”05 del hectómetro inicial, no puede evitar que el soviético mantenga su segundo lugar, mientras Strohbach, 15,15”29, paga en este último hectómetro, 1,01”14, su intento de escapada entre los 1.200 y 1.400 metros.
 
Esta ha sido, sin duda, la prueba con un nivel técnico más elevado, y en la que se hace difícil decir si la presencia de norteamericanos, sobretodo la de Goodell, ó algún otro especialista de los ausentes, hubiese podido impedir la victoria de Salnikov, ó empujarlo a mejorar, todavía más, su ya histórico tiempo final.  
 

4x200m.crol: récord mundial: Estados Unidos, 7,20”82, 24/08/1978, en Berlín; récord olímpico: Estados Unidos, 7,23”22, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 23 de julio. 13 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Ausentes los norteamericanos, grandes dominadores de esta prueba desde 1960, el relevo “grande”, el que determina, según una mayoría de técnicos, la fuerza de la natación de cualquier país, difícilmente podía escapar a las ambiciones del cuarteto soviético, tanto más después de la demostración del doble hectómetro individual, y contando, además, con la presencia de un Salnikov en plena forma.

 
Efectivamente, Kopliakov ya da el primer lugar a su equipo después del primer tramo, 1,50”00, por delante del sueco Soderlund, 1,52”54, ventaja que aumentarán poco a poco sus compañeros en cada uno de los tramos, Salnikov 1,51”09; Stukolkin 1,52”04, y, finalmente, Krylov 1,50”37, hasta los definitivos 7,23”50, nuevo récord europeo, a escasas 28 centésimas del olímpico, con más de cinco segundos de ventaja sobre el cuarteto de la DDR, segundo en 7,28”60. Los alemanes tienen, aún, cierta dificultad para resistir un sorprendente cuarteto brasileño, que los persigue hasta el final (5,36”98 por 5,37”90 al iniciarse el último tramo).
 
Finalmente, los brasileños son terceros, 7,29”30, imponiéndose a cuartetos que sobre el papel les eran superiores: Suecia, 7,30”10; Italia, 7,30”37; Gran Bretaña, 7,30”81, y Australia, 7,30”82, mientras Francia queda completamente descolgada en el último lugar, 7,36”08, al final de una prueba de gran nivel técnico, a pesar de las ausencias de norteamericanos, canadienses, y alemanes de la RFA, si tenemos en cuenta que Australia, séptima clasificada en Moscú, superaba en casi dos segundos el tiempo que había permitido a los canadienses lograr las medallas de bronce en Montreal.
 
100m.espalda: récord mundial y olímpico: John Naber (USA) 55”49, 19/07/1976, en Montreal. Eliminatorias y semifinales el 20 de julio, final el 21. 33 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Prueba muy abierta, sin un favorito claro. En semifinales, el soviético Viktor Kuznetsov parece destacarse por encima del resto de inscritos, al señalar un tiempo de 56”75, por los 57”51 del sueco Bengt Baron, segundo mejor tiempo.
 
En la final, sin embargo, el sueco es el más rápido en la salida, girando primero en 27”12, por delante del australiano Mark Tonelli, 27”13, y del británico Gary Abraham, 27”21, mientras Kuznetsov es cuarto en 27”35. En el segundo largo, Baron logra conservar su ventaja, mientras el soviético únicamente progresa hasta el segundo lugar, avanzando a Tonelli y Abraham, aunque sin llegar a inquietar al ganador. Con 56”53, Baron da una de las habituales sorpresas de cada edición de los Juegos, aunque a más de un segundo de los récords mundial y olímpico, por delante de los soviéticos Kuznetsov, 56”99, y Dolgov, 57”63, mientras el checoslovaco Miroslav Rolko, último en el viraje, 28”00, remonta de manera espectacular hasta el cuarto lugar, 57”75, fallando por bien poco en su intento de acceder a la medalla de bronce.
 
Ha sido una final de un nivel muy discreto, en la que cualquiera de los tres representantes norteamericanos, Rocca, Carey, ó Jackson, todos por debajo de los 57”, hubieran tenido su oportunidad. Baron, por su parte, había llegado Moscú sin ningún tipo de favoritismo, habiendo controlado perfectamente su esfuerzo, 58”46 en eliminatorias, 57”51 en semifinales, 56”53 en la final, dando su máximo rendimiento en el momento oportuno.  
 
200m.espalda: récord mundial y olímpico: John Naber, 1,59”19, 24/07/1976, en Montreal. Eliminatorias y final el 26 de julio. 25 participantes repartidos en 4 eliminatorias. Otra prueba que, como en el hectómetro, no tiene un claro favorito, incluso teniendo en cuenta, una vez más, a los norteamericanos Barnicoat, Rocca y Vasallo, que se mueven entre 2,01”06 y 2,02”11. No pasan a la final los dos primeros del hectómetro, Kuznetsov y Baron.
 
En la final, el campeón y recordista europeo, el húngaro Sandro Wladar, coge el mando de la prueba desde los primeros metros, pasando con 58”59 en el hectómetro, 62 centésimas de ventaja sobre su compatriota Zoltan Verraszto, 59”21, mientras el resto de finalistas, muy igualados, nadan escalonados entre 1,00”42 y 1,00”76. A pesar de que Verraszto intenta acercarse a su compatriota en los últimos metros, no puede impedir su triunfo, 2,01”93 por 2,02”40, mientras el australiano Mark Kerry es tercero, 2,03”14, después de haberse mantenido en este lugar durante todo la carrera, por delante del soviético Vladimir Shemetov, cuarto en 2,03”48.
 
Prueba de nivel igualmente muy discreto, en una carrera donde el ganador ni ha podido superar su récord europeo, 2,01”72 aquel mismo año, ni, todavia menos, acercarse al tiempo que Naber estableció en Montreal, y que ha dejado en esta especialidad un vacío que tardará en llenarse.
 


Dunkan Goodhew

100m.braza: récord mundial: Gerald Mörken (RFA) 1,02”68, 17/08/1977, en Jonköping; récord olímpico: John Hencken (USA) 1,03”11, en Montreal-1976. Eliminatorias el 21 de julio, final el 22. 26 participantes repartidos en 4 eliminatorias (no hay semifinales debido al bajo número de inscritos). Fuerte lucha entre el británico Duncan Goodhew, cabeza completamente pelada, y salto de salida con un curioso, cuanto inestético, encogimiento, y posterior estiramiento, de las piernas (que llegará a hacer escuela, sin embargo, en los siguientes años) que pretende suceder a su compatriota David Wilkie en el palmarés olímpico, enfrentado a las ambiciones de los tres representantes soviéticos, que ante su público intentan conseguir un triunfo que prestigie su escuela.

 
Goodhew no se deje sorprender y es el mejor en las eliminatorias, 1,03”48, donde se registra la primera gran sorpresa con la eliminación del soviético Robertas Zulpa, que aspiraba a ser el primero en imponerse en ambas pruebas de este estilo en unos Juegos.
 
En la final es el soviético Fedorovski el que manda en el viraje, 29”74, únicamente dos centésimas por delante del británico, mientras el australiano Peter Evans es tercero, 29”83. Goodhew ataca en los últimos veinticinco metros, logrando la victoria, pese al último ataque, excesivamente tardío, del segundo soviético, Arsen Miskarov que, sexto en el viraje, 30”42, va remontando a sus rivales y únicamente se estrella ante el buen final del británico. Con 1,03”34, sin llegar al récord olímpico, Goodhew se cuelga al cuello la medalla de oro, mientras Miskarov es segundo, 1,03”82, por delante de Evans, 1,03”96, y de Fedorovski, 1,04”00, que no ha podido mantener su ritmo inicial.
 
El húngaro Vermes, uno de los que contaba entre los favoritos, es descalificado. Lundquist, 1,02”88, a dos centésimas del récord mundial; Barrett con 1,02”93; el titular olímpico, Hencken, con 1,03”58, y, naturalmente, el recordista mundial Mörken, son los grandes ausentes de esta final que, sin duda, hubiese podido tener una clasificación muy diferente de no haberse concretado el boicot, y que, posiblemente, hubiese visto la caída del récord mundial. El mismo Hencken, un veterano de dos ediciones de los Juegos, en unas interesantes declaraciones, se mostraba dispuesto a defender su título olímpico, asegurando ser capaz, incluso, de superar el récord mundial, si fuera necesario, para ganar el oro olímpico por tercera vez (recordemos que había vencido en los 200m. de Munich, y en los 100m. de Montreal).
 
200m.braza: récord mundial y olímpico: David Wilkie (GBR) 2,15”11, 24/07/1976, en Montreal. Eliminatorias y final el 26 de julio. 19 participantes repartidos en 3 eliminatorias. Zulpa, el gran favorito, no se deja sorprender esta vez, y ya desde las eliminatorias señala el mejor tiempo, 2,17”83, dispuesto a mejorar los récords de Wilkie, tiempo al que se ha acercado en diferentes ocasiones, aunque sin llegar a superarlo.
 
En la final se destaca progresivamente, girando primero en el hectómetro, 1,05”94 (algo más rápido que los 1,06”49 de Wilkie en Montreal) por delante del australiano Spencer, 1,06”88, y de Miskarov, 1,06”89, mientras el húngaro Alban Vermes, otro de los que cuenta en los pronósticos, es cuarto en 1,07”26. Un ligero desfallecimiento en los últimos metros, ó la falta de lucha, le hacen perder unas valiosas centésimas, impidiéndole superar el récord del británico, aunque no de lograr la medalla de oro, 2,15”85.
 
El segundo lugar es para Vermes, en una carrera muy trabajada en la que ha debido remontar a Spencer y Miskarov en los últimos metros, 2,16”93 para Vermes, mientras Miskarov es tercero, 2,17”28, por delante de su compatriota Utenkov, 2,19”64, que también ha llegado desde atrás (sexto, 1,08”03, a mitad de prueba) sin poder inquietar, sin embargo, a ninguno de los tres que subirán finalmente al podio.
 
La ausencia de los tres representantes USA, Mills 2,17”78; Moffet 2,18”79, y Hencken 2,19”09 (este último después de su retirada de la competición durante dos años, y posterior reanudación de los entrenamientos a la vista de unos Juegos en los que, finalmente, no podrá participar) habrían animado indiscutiblemente esta final, aunque sin tener un claro favoritismo, dada la presencia de Zulpa, uno de los mejores bracistas del momento. 
 


Pär Arvidsson

100m.mariposa: récord mundial: Pär Arvidsson (SWE) 54”15, 11/04/1980, en Austin; récord olímpico: Mark Spitz (USA) 54”27, en Munich-1972. Eliminatorias y semifinales el 22 de julio, final el 23. 34 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Indiscutible favorito de la prueba es el recordista mundial, el sueco Arvidsson, que se impone, al final de un intenso duelo con el alemán de la DDR Roger Pyttel, que intenta lograr en Moscú lo que no había podido ganar cuatro años antes en Montreal, vencido por la escuadra USA, y que obliga al sueco a luchar a fondo. Arvidsson es uno de tantos nadadores europeos becados en una universidad norteamericana, donde se entrena desde hace dos años, buscando en aquel sistema competitivo aquello que no parecen encontrar en sus respectivos países: la motivación por lograr en cada prueba, incluso en cada entrenamiento, lo mejor de uno mismo.

 
La ausencia de los norteamericanos se hace notar claramente, y ni en las eliminatorias ni en semifinales ningún nadador puede bajar los 55”, tiempo que pueden lograr, con una cierta regularidad, tres ó cuatro de los especialistas USA.
 
En la final, y contrariamente a su costumbre, Pyttel pasa en quinto lugar en el viraje, 25”95, aunque no muy lejos de los 25”59 del primero, el británico Abraham, y prácticamente igual que los 25”86 de Arvidsson, que es tercero, tras el holandés Kees Vervoorn. En un final muy ajustado, el sueco puede resistir el último ataque de Pyttel, conservando dos valiosas centésimas de ventaja que le otorgan el triunfo, 54”92 por 54”94, muy lejos de su récord mundial, y del olímpico.
 
El español David López-Zubero, por su parte, remonta de manera espectacular en el segundo largo de piscina (después de girar en octavo y último lugar, 26”57) pasando a cinco de sus rivales, para terminar logrando la medalla de bronce, 55”13, superando a Vervoorn, 55”25, que había logrado, con 55”02, el mejor tiempo de las semifinales.
 
Final bastante devaluada, con seis nadadores USA que superan, entre eliminatorias y final de sus Nacionales, estos 54”92 logrados por el sueco, nuevo campeón olímpico, cada uno de los cuales estaba en condiciones de presentar lucha en Moscú, elevando el nivel de una de las pruebas más flojas de los Juegos.
 


Philip Hubble junto con Sergei Fesenko

200m.mariposa: récord mundial y olímpico: Mike Brunner (USA) 1,59”23, 18/07/1976, en Montreal. Eliminatorias y final el 20 de julio. 25 participantes repartidos en 4 eliminatorias. Sergei Fesenko pasa a ser, en esta prueba, el primer soviético que consigue un título olímpico, haciendo honor a su récord europeo, 1,59”34. A pesar de ser cuarto en el primer viraje, a mitad de carrera los ocho finalistas nadan prácticamente “en un pañuelo” (entre el primero y el séptimo clasificados hay una corta diferencia de solo 64 centésimas) con Fesenko en primer lugar, 58”29, seguido de Pyttel 58”40, y Vervoorn 58”50.

 
Poco a poco, sin embargo, Fesenko se va destacando progresivamente, por delante del británico Philip Hubble, y del eterno segundón, Roger Pyttel, terminando la carrera en este mismo orden. El tiempo del soviético, 1,59”76, no llega a superar los récords, mientras Hubble, segundo, señala 2,01”20, y Pyttel 2,01”39, otra vez traicionado por su frágil moral. De entre el resto de finalistas, Arvidsson, el futuro campeón del hectómetro, es séptimo en 2,01”61.
 
Diez días después de esta final, y en los ya comentados Nacionales USA de Irvine, una nueva figura de la mariposa mundial, Craig Beardsley, supera el récord mundial con un tiempo de 1,58”46, que también supera el segundo clasificado, el antiguo recordista y campeón en Montreal, Mike Brunner, con 1,59”13, mientras el tercero, Bill Forrester, lo hace en 1,59”40, superando, pues, los tres, el tiempo de Fesenko. Sensacional lucha, por tanto, la que se hubiera podido ver en la piscina del Parque Lenin después de haber visto la facilidad con la que el ya campeón olímpico, Fesenko, había superado a sus rivales.
 
400m.estilos: récord mundial: Jesse Vasallo (USA) 4,20”05, 22/08/1978, en Berlín; récord olímpico: Rod Strachan (USA) 4,23”68, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 27 de julio. 23 participantes repartidos en 4 eliminatorias. La final de más nivel de estos Juegos, cuando menos sobre el papel, al enfrentarse, en la final, el recordista europeo, el soviético Alexander Sidorenko, con el campeón de los 200m.mariposa, Sergey Fesenko, y el duo húngaro, Andras Hargitay y Zoltan Verraszto, ex-recordistes mundiales de esta prueba, y, este último, medalla de plata de los 200m.espalda.
 
Aprovechando su dominio de la mariposa, es Fesenko quien coge el mando de la prueba, girando primero en el hectómetro, 58”15, por delante de Hargitay, segundo en 58”82, mientras Sidorenko es tercero, 59”18, y Verraszto quinto, 59”45. En el siguiente tramo de espalda son sus especialistas los que se aprovechan, cambiando totalmente la carrera (es esta, naturalmente, la emoción de las carreras de las pruebas de estilos). El brasileño Djan Madruga pasa a ser el líder, 2,04”42, seguido de Sidorenko, 2,04”59, y Verraszto, 2,05”06, mientras Fesenko es ahora quinto, 2,06”34, y Hargitay séptimo, 2,08”25. Sidorenko, quizá el más completo (mejor podriamos decir, el más equilibrado) de todos los finalistas, ataca al iniciarse el tramo de braza, logrando una ventaja decisiva, 1,16”22 (3,20”81 en el total) con más de dos segundos de ventaja sobre Fesenko, 3,23”04, mientras otro excelente tramo de braza de Hargitay, 1,16”76, lo coloca en tercer lugar, 3,24”01, por delante de Verraszto, 3,24”74.
 
En el último tramo de crol, Fesenko se acerca a su compatriota, aunque este, finalmente, puede conservar unas décimas de ventaja que le dan el título (1,02”08 por 1,00”39 de Fesenko) con un tiempo final de 4,22”89, nuevo récord olímpico, con Fesenko segundo, 4,23”43. Verraszto, con el mejor parcial de crol de los ocho finalistas, 59”50, puede avanzar en los últimos metros a su compatriota Hargitay, adjudicándose la medalla de bronce, 4,24”24 por 4,24”48, por delante del quinto clasificado, el brasileño Madruga, 4,26”81.
 
Vencido, sin poder luchar por el título, el recordista mundial Vasallo gana los Nacionales con unos excelentes 4,21”51, demostrando que podía ser uno de los grandes favoritos de la prueba, incluso teniendo en cuenta al duo soviético. Naturalmente, esto no significa que hubiera ganado en Moscú, pero . . . . .
 
4x100m.estilos: récord mundial y olímpico: Estados Unidos, 3,42”22, 22/07/1976, en Montreal. Eliminatorias y final el 24 de julio. 13 cuartetos participantes repartidos en 2 eliminatorias. Otra de las grandes sorpresas de los Juegos, aunque esta frase parezca ya un tópico. Sin norteamericanos, alemanes y canadienses, el cuarteto soviético, eterno segundo de los estilistas USA en las últimas grandes competiciones internacionales, parece tener el triunfo poco menos que asegurado.
 
En las eliminatorias lanzan un equipo con tres suplentes, logrando el mejor tiempo, por delante de los australianos que únicamente lanzan un suplente en el tramo de espalda, mientras los suecos, otros favoritos de la prueba (con los campeones olímpicos de 100m.espalda y 100m. mariposa, y el que será sub-campeón de los 100m.crol) son descalificados. La victoria soviética, pues, parece casi asegurada.
 
En la final, sin embargo, la situación cambia de forma harto dramática, y, desde los primeros metros, el cuarteto “aussie” planta cara a los nadadores locales. Con ventaja soviética en el primer tramo de espalda, Kuznetsov 56”81, por 57”89 de Kerry, cuarto en la llegada, la primera sorpresa surge en el tramo de braza, cuando el australiano Evans recupera una pequeña parte de la desventaja de su equipo frente a Miskarov, 1,03”01 por 1,03”64, colocándose en segundo lugar, 2,00”45 por 2,00”90, mientras los húngaros son terceros, 2,01”42, por delante de los británicos, a tres cortas centésimas. Seredin amplía la ventaja del equipo local, 54”58, por delante de Tonelli, que, pese a todo, se defiende con uñas y dientes (es más un especialista de espalda, séptimo de la final de los 100m., que no un mariposista) con un parcial de 54”94, y, de esta manera, es únicamente con 81 centésimas de ventaja que el soviético Kopliakov se lanza al agua por delante del australiano Neil Brooks.
 
Ante la sorpresa de casi todo el público, Brooks, totalmente revolucionado en su brazada, no solamente no cede ante el soviético, campeón olímpico de los 200m., y cuarto de los 100m., sino que, antes al contrario va recortando paulatinamente los pocos centímetros de desventaja, y, a seis metros de la llegada, le atrapa, pasándolo inexorablemente. Los tiempos logrados, 3,45”70 para Australia, 3,45”92 para los soviéticos, récord europeo, no se acercan ni mucho menos al récord mundial y olímpico, aunque la incertidumbre y emoción del triunfo han dignificado totalmente esta final. En la lucha por el tercer lugar, todavía otra sorpresa, cuando el cuarteto británico se impone a la DDR, a pesar del magnífico tramo de crol del futuro campeón olímpico Jorg Woithe, 49”96, que no puede, sin embargo, remontar a Smith, 50”69, con tiempo finales de 3,47”71 y 3,48”25.
 
La victoria “aussie” ha sido realmente sensacional y sorprendente, con una inesperada superación de todos sus componentes, demostrando que hay nadadores que son perfectamente capaces de superarse cuando forman parte de un equipo, enfrentados a la responsabilidad colectiva, logrando tiempos que luego, en las pruebas individuales, no pueden repetir. Los cuatro componentes del cuarteto soviético pueden dar, efectivamente, buena certificación de ello.
 
Así, el espaldista Kerry bajaba su tiempo de la prueba individual en 18 centésimas; Evans, el bracista, hacía la mismo en braza, bajando 95 centésimas, mientras Tonelli, que era un mariposista poco menos que improvisado, nunca había bajado de los 56”31, y Brooks, el héroe de la jornada por su magnífico comportamiento ante Kopliakov, ha sido capaz de lograr el mejor parcial de los ocho finalistas de crol, 49”86, cuando dos días después, en las eliminatorias y semifinales de la prueba individual, no podrá hacer mejor de 52”11 y 52”70, sin poder pasar a la final.
 
Las pruebas de natación han terminado, a pesar de éstos errores, con un triunfo de los nadadores soviéticos. Siete medallas de oro, siete de plata, y tres de bronce es su balance, además de un prestigioso récord mundial, cuatro europeos, y cuatro olímpicos. Naturalmente, la ausencia de norteamericanos, alemanes, canadienses, etc., se nota a la hora de hacer balance, aunque no se puede dudar de que la natación de la URSS ha dado, en estos Juegos, un buen paso adelante para convertirse en la gran rival de Estados Unidos. Con “Volodia” Salnikov como cabeza de filas, la natación soviética intenta acercarse a su gran rival. El reto, sin embargo, merced al “boicot” protagonizado por los USA y compañía, queda aplazado hasta 1984 en los Juegos que se disputarán en Los Ángeles, aunque en el intermedio se disputaran antes los IV Campeonatos Mundiales qie servirán para calibrar las posibilidades de cada uno de los equipos, ya a la vista de estos Juegos de 1984.
 
Aunque no en la misma proporción, el boicot también se hizo notar en el sector femenino, dado que los países que no se presentaron en Moscú no tenían, exceptuando los USA, peso específico suficiente. Pese a la pequeña “debacle” que los Mundiales disputados dos años antes en Berlín habían representado para la DDR, poniendo en entredicho aquella superioridad manifestada en los Juegos de Montreal y en los dos primeros Mundiales, ahora, en Moscú, se esperaba con un gran interés el nuevo enfrentamiento entre ambos equipos, dispuestas las alemanas a borrar el mal recuerdo de Berlín, las norteamericanas a afianzar su recuperación. El boicot, sin embargo, dejó aplazada la confrontación.
 
El triunfo de las alemanas de la DDR fue, por ello, todavía más completo, con once medallas de oro, ocho de plata, y siete de bronce, con seis “triples” y nueve récords mundiales, cifras que avalan perfectamente su potencia como equipo. El qué hubiera podido pasar con norteamericanas, alemanas de la RFA, y canadienses en el agua, pertenece únicamente al dominio del ”deporte-ficción”, y en este no se puede entrar, aunque sí se puede decir, sin muchos dudas, que la confrontación hubiera sido mucho más interesante de lo qué fue.
 


Salida de la final de los 100 crol femeninos

100m.crol: récord mundial: Barbara Krause (DDR) 55”41, 5/07/1978, en Berlín; récord olímpico: Kornelia Ender (DDR) 55”65, en Montreal-1976. Eliminatorias el 20 de julio, final el 21. 29 participantes repartidas en 4 eliminatorias (no se disputaron semifinales por el bajo número de inscritas). Retirada de la competición, no está en Moscú Kornelia Ender. Barbara Krause tenía en Moscú su cita particular con el destino. Enferma durante los Juegos de Montreal, donde podía aspirar a más de una medalla, había salvado el honor deportivo de su país en los Mundiales de Berlín, ganando los 100m.crol, aunque habia sido derrotada en los 200 y 400m.

 
El balance berlinés había sido, pues, relativamente desfavorable para la alemana, verdadero sucesora de Kornelia Ender después de su retirada en 1976. Krause iba a Moscú, pues, dispuesta a tomarse la revancha, y para que no haya ninguna duda, lo hará en el mejor de los estilos: será la primera mujer que nade el hectómetro en menos de 55”, cuando, al ganar la 3a.eliminatoria, señala un tiempo de 54”98, récord mundial y olímpico, destronando en este último el mito Ender.
 
Pese a esto, Krause no puede dormirse. Caren Metschuk, su segunda, e Iness Diers, la tercera velocista de la DDR, la acosan en el primer largo de la final, donde Krause gira primero en 26”81, solo 3 centésimas por delante de Diers, mientras Metschuk es tercera, 27”20, claramente por delante del resto de finalistas, con la holandesa Conny van Bentum cuarta en 27”86. Obligada a dar lo mejor de si, Krause se destaca limpiamente en los últimos metros, superando por segunda vez los récords mundial y olímpico, 54”79. Metschuk se asegura en los últimos veinte metros el segundo lugar, 55”16 (segundo mejor tiempo mundial de siempre) merced al hundimiento de Diers que, pese a ello, no tiene problemas para hacerse con el bronce, 55”65, muy por delante de la cuarta, la soviética Olga Klevakina, 57”40, remontando desde el séptimo lugar en el viraje, 28”09. Es el primer “triple” de la DDR en estos Juegos.  
 


Barbara Krause

200m.crol: récord mundial: Cynthia Woodhead (USA) 1,58”23, 3/09/1979, en Tokio; récord olímpico: Kornelia Ender, 1,59”26, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 24 de julio. 22 participantes repartidas en 4 elimintorias. Tampoco defiende este título la ya retirada Ender. Segundo triunfo para Krause, y nuevo “triple” para la DDR. Sin nada especial en las eliminatorias, las tres finalistas de la DDR cogen el mando de la prueba, sin que ninguna de ellas se destaque de las otras, Diers 58”60; Krause 58”96; Schmidt 58”98, con la británica June Croft en cuarto lugar, 59”49.

 
Destacándose progresivamente a partir de los 125m., Krause gana sin problemas, con un tiempo de 1,58”33, nuevo récord olímpico, a una sola décima del mundial. Su revancha, pues, no ha sido completa, aunque, como ella dirá en la posterior rueda de prensa: “he nadado únicamente para lograr el triunfo, sin pensar en el récord, pero creo que este lo tengo a mi alcance, si paso algo más rápida por los 100m.”.
 
Diers se adjudica el segundo lugar, bajando igualmente de los dos minutos, 1,59”64, mientras Carmela Schmidt se hunde totalmente en los últimos 50m., y no ofrece ninguna resistencia, aunque tampoco tiene problemas para lograr la medalla de bronce, 2,01”44, por delante de Klevakina, cuarta por segunda vez, y que igual que en el hectómetro, ha remontado desde el séptimo lugar a mitad de prueba, 1,01”55, con un tiempo final de 2,02”29, aunque sin llegar a inquietar Schmidt. 
 
400m.crol: récord mundial: Tracy Wickham (AU) 4,06”28, 24/08/1978, en Berlín; récord olímpico: Petra Thümer (DDR) 4,09”89, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 22 de julio. 19 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Tampoco defiende sus dos títulos la doble campeona de Montreal, Petra Thümer. En la mejor de las tradiciones olímpicas, la alemana Petra Schneider protagoniza durante 200m., cuando menos, la esperanza de un nuevo récord mundial de los cuatro hectómetros.
 
Escapada desde los primeros metros, con parciales que dejan poco menos que sorprendidos al público, 59”57 en el hectómetro (por delante de Schmidt 1,00”97, y Diers, 1,01”12) y 2,01”86 a mitad de prueba (segunda es Diers, 2,03”77, seguida de la australiana Michelle Ford, 2,04”07, mientras Schmidt es cuarta, 2,04”23, lejos ya del resto de finalistas) la alemana parece dispuesta a superar el récord mundial.
 
Sin embargo, su ritmo es excesivo para sus posibilidades, y, a partir de mitad de carrera, empieza a flaquear. A pesar de que a los 300m., 3,05”12, aún tiene una importante ventaja sobre Diers, 3,06”54, y Schmidt y Ford, ambas en 3,07”96, no es hasta el último largo cuando es alcanzada y avanzada en los últimos metros por Diers. Con 4,08”76, nuevo récord olímpico y europeo, Diers gana el título olímpico, cuarenta centésimas por delante de Schneider, 4,09”16, que paga, de esta manera, su extraña carrera (extraña, más que nada, en el sentido que las alemanas-DDR acostumbran a dominar perfectamente sus carreras, sin dejarse llevar por estas, llamémosle, “alegrías”) vencida por el mejor reparto del esfuerzo que ha hecho Diers, 2,03”77 y 2,04”99. Tras ella, Schmidt y Ford se entregan a un emocionante duelo, resuelto en los últimos metros a favor de la alemana, 4,10”86 por 4,11”65, muy lejos del resto de finalistas, conformando otro de los “triples” de la natación de la DDR. 
 
800m.crol: récord mundial: Tracy Wickham, 8,24”62, 5/08/1978, en Edmonton; récord olímpico: Petra Thümer, 8,37”14, en Montreal-1976. Eliminatorias el 26 de julio, final el 27. 14 participantes repartidas en 2 eliminatorias. La natación australiana ha sido siempre una interesante cantera de fondistas, y, si en Berlín, había sido Tracy Wickham la que había admirado a técnicos y aficionados, con sus sensacionales récords de 400 y 800m., Michelle Ford continuaba, ahora en Moscú, esta brillante tradición. El récord olímpico cae ya en la 1a. eliminatoria, superado por la también alemana DDR, Heike Dahne, 8,36”09, mientras Ford, máxima favorita, se limita a clasificarse sin ningún problema.
 
La final se inicia con las dos alemanas en cabeza de la prueba (Diers 1,02”39; Dahne 1,02”54) mientras Ford, siguiendo los principios de la escuela australiana, intenta encontrar su mejor ritmo de “crucero”, y solo es séptima, 1,03”33. A los 200m., sin embargo, la australiana ya ha encontrado su ritmo y gira segunda tras Dahne, 2,07”38 por 2,07”43, mientras Diers es tercera, 2,07”47, todas tres en cabeza de la prueba. Poco a poco la australiana empieza a escaparse, sin que las dos alemanas puedan impedirlo, llegando a mitad de carrera en 4,14”66, por delante de Diers, que ahora es segunda, 4,15”88, y Dahne, tercera, 4,16”95, mientras la soviética Aksyonova es cuarta, 4,18”15. Sin ninguna oposición, Ford va aumentando su ventaja en cada hectómetro (6,21”77 a los 600m., por 6,24”62 de Dahne, y 6,24”90 de Diers, que se van alternando en el segundo y tercer lugar, mientras Aksyonova es cuarta, 6,28”84) hasta llegar al final de la prueba con un tiempo de 8,28”90, nuevo récord olímpico, aunque lejos del mundial. Diers, por su parte, también se va escapando progresivamente de su compatriota, y no tiene ningún problema para adjudicarse la medalla de plata, 8,32”55, nuevo récord europeo, por 8,33”48 de Dahne, medalla de bronce, mientras Aksyonova es una clara cuarta, 8,38”05, cuatro segundos por delante de su compatriota Komisarova.
 
La gran regularidad de la ganadora (2,07”43 – 2,07”23 – 2,07”11 – 2,07”13, por tramos de 200m., 4,14”66 y 4,14”24 en las dos mitades) es simplemente modelo de como se debe nadar una prueba de fondo, honrando la prestigiosa escuela australiana de fondo. Diers, por su banda, ha igualado la gesta de Shane Gould en Munich-1972, y de Shirley Babashoff en Montreal-76, clasificándose para nadar todas las pruebas de crol individuales, logrando, además, subir al podio en todas cuatro (1a.en 400m.; 2a.en 200 y 800m.; 3a.en 100m.) que hacen, juntamente con el primer lugar de los 4x100m.crol, un total de cinco medallas ganadas, hecho por el que bien se le puede otorgar el título de crolista más completa de estos Juegos.
 
En los Estados Unidos, “castigadas” por el boicot, se habían quedado dos de las máximas figuras de su natación, que hubieran podido competir en igualdad de condiciones con sus rivales de la DDR. Tanto Kim Linehan (4,07”77 y 8,27”86) como Cinthy “Sippy” Woodhead (otra crolista muy completa, recordista mundial de los 200m., pero también con tiempo muy interesantes en los 400 y 800m., 4,08”17 y 8,30”35, y que incluso podía “bajar” con cierto éxito a los 100m.) tenían todas las posibilidades de luchar por los títulos olímpicos de crol, que, merced a asuntos políticos, se escapaban de sus manos sin poder hacer absolutamente nada.      
 
4x100m.crol: récord mundial: Estados Unidos, 3,43”43, 26/08/1978, en Berlín; récord olímpico: Estados Unidos, 3,44”82, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 27 de julio. 9 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Es la última prueba de los Juegos, y después de sus resultados, difícilmente se podía pensar escapase al dominio de las “walkirias” de la DDR, si no fuera por alguna descalificación.
 
Efectivamente, desde el primer tramo, con Barbara Krause señalando unos magníficos 54”90, a solo once centésimas de su récord mundial, las alemanas cogen el mando de la prueba, aumentando paulatina y regularmente su ventaja. Metschuk 55”61; Diers 55”90, y, finalmente, Hulsenbeck 56”30, configuran los 3,42”71 que logran el cuádruple objetivo que se han fijado las cuatro alemanas: victoria; récord olímpico; remachar su total superioridad sobre la natación mundial, y, por encima de todo, recuperar el récord mundial que las norteamericanas les habían arrebatado en aquella final del mundial de Berlín, dos años antes, de amargo recuerdo para Krause y Metschuk, las dos únicas sobrevivientes de aquella “batalla”. Seguramente que en Moscú, victoria sin récord mundial hubiera dejado en el cuarteto de la DDR un cierto regusto agridulce de tarea no terminada. Sin embargo, lo habían logrado todo.
 
Tras ellas, un sorprendente cuarteto sueco lucha con las holandesas, con diferentes alternativas para cada equipo (dominio de las holandesas en los primero y tercer tramo, mientras las nórdicas lo hacen en el segundo, siempre por cortas centésimas.
 
Lanzándose en el último tramo, la sueca Eriksson nada su hectómetro en unos magníficos 56”57 (el mejor de las veintiocho finalistas no alemanas) recuperando las treinta y una centésimas de ventaja que le llevaba la holandesa Maas, 57”46, logrando la medalla de plata, 3,48”93 por 3,49”51 de las holandesas, medallas de bronce, por delante del cuarteto británico, superado de más de dos segundos, 3,51”71.
 
100m.espalda: récord mundial: Ulrike Richter (DDR) 1,01”51, 5/06/1976, en Berlín; récord olímpico: Ulrike Richter, 1,01”83, en Montreal-1976. Eliminatorias el 22 de julio, final el 23. 26 participantes repartidas en 4 eliminatorias (tampoco hay semifinales por el bajo número de inscripciones). Desde la retirada de la campeona olímpica de Montreal, Ulrike Richter, la DDR no había logrado mantener su dominio en esta especialidad, perdiendo ambas pruebas en los Mundiales de Berlín-1978.
 
Ahora, en Moscú, parece que los técnicos alemanes han encontrado, finalmente, quien les haga olvidar Richter, devolviendo, de pasada, la supremacía mundial a su país. En efecto, ya en el primer tramo de la final de los 4x100m.estilos. Rica Reinisch había igualado el récord mundial de Richter, 1,01”51, que mejorará días después en la prueba individual. En la cuarta y última eliminatoria, Reinisch se destaca desde los primeros metros, llega al viraje en 29”58, y pese a flaquear ligeramente en los últimos metros, señala un tiempo de 1,01”50, nuevo récord mundial, superado en una centésima, y olímpico.
 
Al día siguiente, en la final, y aunque su tiempo de paso es ligeramente más lento que el día anterior, 29”69, con sus compatriotas Petra Riedel e Ina Kleber tras ella, 30”18 y 30”31, ello le permite acabar mucho mejor, superando de nuevo sus récords mundial y olímpico con un tiempo de 1,00”86, que el público premia, puesto en pie, con una cálida ovación, pues con este tiempo queda ya definitivamente abierto el camino hacia tiempos por debajo del minuto (aunque todavía tardará muchos años en llegar) al mismo tiempo que la permiten lograr una clara victoria sobre sus compañeras y rivales, Kleber, segunda en 1,02”07, imponiéndose a Riedel en los últimos metros, 1,02”64, ambas también con una clara ventaja sobre la cuarta, la rumana Carmen Bunaciu, 1,03”81.
 
La delgada y alta rumana inicia con este cuarto lugar un largo e intenso duelo con las alemanas, en el que la ventaja será casi siempre para estas, aunque animará, y no poco, las competiciones en las que participen. Después de superarse el minuto en crol, 1962, y en mariposa, 1977, ahora se anuncia en espalda, señal inequívoca del constante progreso de la natación.  
 
200m.espalda: récord mundial: Linda Jezek (USA) 2,11”93, 24/08/1978, en Berlín; récord olímpico: Ulrike Richter, 2,13”43, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 27 de julio. 21 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Después de la demostración hecha en el hectómetro, todos los pronósticos señalan Reinisch como la principal favorita de esta prueba. Y efectivamente es así, cuando ya en las eliminatorias borra el nombre de su compatriota Richter como recordista olímpica, al ganar la 2a. en un tiempo de 2,13”00. Su objetivo, sin embargo, es, además de la victoria, el récord mundial.
 
En la final, todo corre de acuerdo con lo que esperaba la alemana. Es primera ya en el primer viraje, 31”18, llegando al hectómetro con una ventaja de casi siete décimas sobre su compatriota Cornelia Polit, 1,04”55 por 1,05”21, y se destaca seguidamente, sin que ninguna de sus rivales pueda impedirlo; 1,38”49 en el último viraje, llegando con un tiempo de 2,11”77 (33”28 en el último largo) nuevo récord mundial y olímpico. Polit es segunda en 2,13”75, por delante de una Birgit Treiber que ha sabido conservarse para estar de nuevo en el podio, aunque sea en un escalón más bajo (recordemos que había sido segunda en Montreal) tercera en 2,14”14, mientras Bunaciu es nuevamente cuarta, 2,15”20, después de haber aspirado, durante casi 150m., a la medalla de bronce, tercera en los 100m., 1,05”24, por 1,05”66 de Treiber, que únicamente puede desbordarla en los últimos cuarenta metros.
 
En los Estados Unido se había quedado la campeona mundial de 1978, Linda Jezek, que pese a lograr unos discretos 1,03”16 y 2,14”52, podía aspirar a estar, por lo menos, en la lucha por los lugares de podio.
 
100m.braza: récord mundial: Ute Geweniger (DDR) 1,10”20, 26/05/1980, en Magdebourg; récord olímpico: Hannelore Anke (DDR) 1,10”86, en Montreal-1976. Eliminatorias el 24 de julio, final el 25. 25 participantes repartidas en 4 eliminatorias (tampoco hay semifinales por el bajo número de inscripciones). No defiende su título de Montreal la alemana DDR Hannelore Anke. La nueva figura de la braza, la alemana DDR Ute Geweniger no deje que se rompa el pronóstico que la da como favorita. En la cuarta y última eliminatoria se impone con autoridad, y pasando por 33”68 en el viraje, acaba con un tiempo de 1,10”11, nuevo récord mundial y olímpico.
 
La final, sin embargo, presenta más problemas de los previstos, cuando la británica Margaret Kelly, una veterana de Montreal, pasa ligeramente destacada en el viraje, y a paso de récord mundial, 33”06, por delante de la sueca Eve-Maria Hakansson, 33”48, seguida de la soviética Elena Vasilkova, 33”62, mientras Geweniger únicamente es quinta, 33”79. A partir del viraje, sin embargo, la alemana comienza a remontar a sus rivales, hasta protagonizar un magnífico final con Vasilkova, del que sale ganadora en los últimos metros, aunque sin superar su récord de las eliminatorias, 1,10”22, por 1,10”41 de la soviética, medalla de plata.
 
Tras ellas, una inesperada danesa, Susanne Nielsson, sexta en el viraje, 33”90, también remonta una a una a sus rivales, imponiéndose en la lucha por la medalla de bronce, 1,11”16, a una hundida Kelly, cuarta en 1,11”48, y Hakansson, quinta en 1,11”72, en una de las mejores pruebas de los Juegos.
 


Lina Kachushite

200m.braza: récord mundial: Lina Kashushite (UROS) 2,28”36, 6/04/1979, en Postdam; récord olímpico: Marine Koshevaia (UROS) 2,33”35, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 23 de julio. 25 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Tampoco defiende su título de Montreal la soviética Marine Koshevaia. Como en Montreal, donde tampoco nadie se lo esperaba, la natación soviética puede lograr en esta prueba un nuevo y sorprendente triunfo, añadido al único “triple” femenino no alemán. En la 3a.eliminatoria, la soviética Svetlana Varganova supera el récord olímpico con un tiempo de 2,29”77, acercándose al mundial de su compatriota, que también se clasifica para la final.

 
En esta, la nueva recordista olímpica se va decididamente en cabeza de la prueba con unos increibles 34”47 en el primer viraje, y 1,12”43 a mitad de carrera, seguida de Geweniger, 1,12”77, y la danesa Nielsson, 1,13”94, mientras la recordista mundial, mucho más prudente, 36”01 y 1,14”02, es cuarta. Siguiendo sin desmayar su esfuerzo, y mientras la alemana comienza a ceder, demostrando que no es una especialista de los 200m., Varganova continúa en cabeza de la prueba en el último viraje, 1,50”62, por delante de Kashushite, todavía muy lejos, 1,53”13, mientras la tercera soviética, Julia Bogdanova, octava a mitad de carrera, 1,15”49, inicia su remontada. Solo iniciarse el último largo, Kashushite cambia su ritmo, iniciando una increíble remontada, alcanzando a Varganova en el último medio metro, y proclamándose, por siete centésimas, campeona olímpica, con un tiempo de 2,29”54, nuevo récord olímpico, con Varganova segunda, 2,29”61, mientras Bogdanova acaba su remontada arrebatándole, también en el último metro, el tercer lugar a la danesa Nielsson, 2,32”39 por 2,32”75, y a la checa Fleissnerova, quinta en 2,33”23, mientras Geweniger es sexta, 2,34”34, en una prueba donde, curiosamente (una golondrina no hace primavera) las tres representantes de la DDR se clasifican en los tres últimos lugares, en el único “fracaso” de su natación en Moscú.
 
Destaquemos la magnífica carrera de la campeona, 1,14”02 y 1,15”52, con unos últimos 50m. en 36”41, clave, sin ninguna duda, de su éxito, frente a los 1,12”43 y 1,17”18 de Varganova.
 
Sin poder participar por el boicot, la norteamericana Tracy Caulkins, una de las nadadoras más completas de su tiempo, había acreditado unos tiempo de 1,10”40 y 2,34”66, indicadores, más el primero que el segundo, de que podía luchar por los títulos olímpicos.
 
100m.mariposa: récord mundial: Mary “T” Meagher (USA) 59”26, 11/04/1980, en Austin; récord olímpico: Kornelia Ender (DDR) 1,00”13, en Montreal-1976. Eliminatorias el 23 de julio, final el 24. 24 participantes repartidas en 4 eliminatorias (tampoco no hay semifinales por el bajo número de inscripciones). Como en los 100 y 200m.crol, Kornelia Ender no defiende su tercer título de Montreal.
 
Difícilmente podía escaparse esta prueba a cualquiera de las tres representantes de la DDR, cuanto más al haberse librado, “vía” boicot, de su rival más peligrosa, la norteamericana Mary Meagher (más conocida como “T” Meagher por la inicial de su primer apellido) recordista mundial en ambas distancias de este estilo. Con la presencia de Christine Knacke, primera mujer que había bajado el minuto (59”78 en 1977) y la recordista europea Andrea Pollack, 59”46 en 1978, la ganadora final fue, sin embargo, la tercera alemana, la velocista Caren Metschuk, medalla de plata de los 100m.crol tres días antes.
 
La final es una lucha constante entre las tres alemanas, con Metschuk primera en el viraje, 28”71, con una corta ventaja sobre Pollack, 28”81, y Knacke, 28”85. En el segundo largo, Metschuk aumenta ligeramente su ventaja sobre Pollack, mientras Knacke acaba cediendo. A la llegada, Metschuk es campeona olímpica, 1,00”42, por delante de Pollack, 1,00”90, mientras Knacke es tercera, 1,01”44, sin ser inquietadas por la cuarta, la británica Ann Osgerby, 1,02”21. Ha sido una prueba en la que la ausencia de la recordista mundial, e incluso de Caulkins, también una buena especialista de mariposa, le ha restado mucho interés, excepto por saber cuál de las tres DDR saldría ganadora, con un nivel técnico bastante discreto, sin que ninguna de las primeras haya logrado acercarse al minuto.  
 


Ines Geissler

200m.mariposa: récord mundial: Mary “T” Meagher (USA) 2,07”01, 16/08/1979, en Fort Lauderdale; récord olímpico: Andrea Pollack (DDR) 2,11”41, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 21 de julio. 21 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Andrea Pollack es una de las dos nadadoras (la otra es su compatriota Ulrike Tauber) que defiende el título logrado cuatro años antes en Montreal.

 
Sin nada destacable en las eliminatorias, la final se disputa entre Pollack, y sus compatriotas Ines Geissler y Sybille Schonrock, juntamente con la australiana Ford, apoyada en sus cualidades de fondista (recordemos que es la campeona de los 800m.crol) que ha logrado el mejor tiempo de las eliminatorias con unos discretos 2,12”72. Geissler es la encargada de encabezar la prueba hasta su mitad, 1,02”88, por 1,03”26 de Schonrock; 1,03”31 de Ford, y 1,03”33 de Pollack, ya completamente avanzadas al resto de finalistas (quinta es la polaca Brzozowska, 1,04”72). A los 150m., pese a su corta ventaja, Schonrock gira primero, seguida de Geissler, Ford y Pollack.
 
En el último largo, Geissler y Schonrock se van sin problemas de la australiana, con triunfo de Geissler en el último metro, al coordinar mejor que su rival la última brazada, 2,10”44 por 2,10”45, mientras Ford, 2,11”66, acaba imponiendo su mayor resistencia frente a Pollack, cuarta en 2,12”13, impidiendo el esperado “triple” de la DDR.
En los Estados Unidos, además de “T” Meagher, se han quedado también dos nadadoras tan importantes como son Nancy Hogshead y Kim Linehan, autoras de unos 2,11”07 y 2,11”57 que las permitía aspirar, si no al triunfo, si a un lugar en el podio. 
 


Petra Schneider

400m.estilos: récord mundial: Petra Schneider (DDR) 4,38”44, 27/05/1980, en Magdebourg; récord olímpico: Ulrike Tauber (DDR) 4,42”77, en Montreal-1976. Eliminatorias y final el 26 de julio. 16 participantes repartidas en 3 eliminatorias. Defiende su título la campeona de Montreal, Ulrike Tauber. Después de su sensacional y, al mismo tiempo, extraña carrera de la final de los 400m.crol, se esperaba con interés la actuación de la recordista mundial Schneider enfrentada a Tauber.

 
La final, sin embargo, no tiene otro color que el de la recordista luchando contra su récord. Completamente destacada desde el tramo de mariposa, 1,01”72 (tiempo con el que hubiese sido cuarta de la final individual) con más de tres segundos de ventaja sobre la polaca Agnieszka Czopek, 1,04”76, y la británica Sharron Davies, 1,04”86, mientras Tauber, demostrando que ya no es la campeona de hace cuatro años, es quinta en 1,05”61. Sin ser inquietada, Schneider continúa en cabeza después del tramo de espalda, 2,12”12, aumentando todavía más su ventaja sobre la polaca, 2,17”24, y la británica, 2,17”66. En el tramo de braza, la alemana señala unos buenos 1,20”77, y lleva a más de nueve segundos su ventaja sobre la polaca, 3,32”19 por 3,41”92, mientras Davies continúa tercera, 3,42”97, “marcando” a la polaca. Sin relajarse, Schneider acaba el tramo de crol en otro magnífico parcial de 1,04”10, redondeando los 4,36”29 con los que supera los récords mundial y olímpico, con una de las prestaciones más valoradas de estos Juegos.
 
Tras ella, cinco nadadoras se disputan arduamente los otros lugares de honor. Davies, con un excelente parcial de crol, 1,03”86, el mejor de las ocho finalistas, no tiene problemas en alcanzar, y pasar, a la polaca, logrando el segundo lugar, 4,46”83, dejando la medalla de bronce para Czopek, 4,48”17, que aún debe resistir el último ataque de las dos alemanas, Gret Slaby, cuarta en 4,48”54, y Tauber, quinta en 4,49”18, así como de la búlgara Tania Dangalakova, 4,49”25, sexta. Por primera vez en los Juegos, las ocho finalistas han bajado claramente de los cinco minutos.
 
Tracy Caulkins, la campeona mundial de 1978, continuaba siendo una de las mejores especialistas mundial de esta prueba, logrando el título nacional con unos magníficos 4,40”61, que la mantenían en disposición de aspirar al título que, finalmente, no pudo disputarle a Schneider.
 


Equipo australiano en los 4×100 estilos

4x100m.estilos: récord mundial y olímpico: D.D.R., 4,07”95, 18/07/1976, en Montreal. Eliminatorias y final el 20 de julio. 10 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Es la primera prueba femenina de los Juegos que se disputa, y prefigura ya lo qué será la natación femenina en Moscú. Si en la segunda eliminatoria el cuarteto alemán se acerca ya a su récord, 4,08”89, , en la final, con Reinisch 1,01”51 (igualando el récord mundial de Richter, que superará después en la prueba individual); Geweniger, que señala un parcial de 1,09”46 (inferior a sus 1,10”20, récord mundial, que también superará en la prueba individual); Pollack, 1,00”14, única superviviente del cuarteto que había vencido en Montreal, y Metschuk, 55”56, acaban redondeando los 4,06”67 que superan los récords mundial y olímpico, iniciando de manera harto significativa estas jornadas de natación.

 
El cuarteto británico, con dos excelentes parciales de Margaret Kelly, 1,09”95 en braza, y June Croft en crol, 55”92 (que no podrán repetir en la prueba individual, en la que, incluso, esta última ha sido eliminada en las series de la mañana con unos discretos 57”88) se impone, 4,12”24 por 4,13”61, en el segundo lugar al cuarteto soviético (donde destacan los 1,10”10 de la bracista Vasilkova) lejos ya del resto de finalistas, con Suecia en cuarto lugar, 4,16”91.
 
Los Juegos de Moscú han llegado a su fin, con la prevista demostración de fuerza y poder por parte de las representantes alemanas (hablamos únicamente y exclusiva de las pruebas de natación). Lo qué hubiera podido pasar con las nadadoras norteamericanas en el agua de la piscina del Parque Lenin es cosa que nunca sabremos por mucha imaginación que pongamos, aunque, eso es cierto, habría levantado, y no poco, el nivel técnico general de todas las pruebas, llevándolo, como en Montreal, a un nivel casi sensacional.
 
El clásico duelo entre Europa y América quedó, en Moscú, completamente inédito, y no será hasta dos años después, en los Mundiales de Guayaquil-1982, que volverán a enfrentarse representantes de ambos continentes. La natación de la DDR demuestra, por su parte, que aquella derrota de los Mundiales de 1978 únicamente había sido un pequeño tropiezo, del que, sin embargo, se habían repuesto rápidamente, demostrando, una vez más, que se hace difícil, por no decir imposible, mantenerse indefinidamente en un primer lugar de nivel mundial.
 
Todo el mundo espera ahora, una vez terminados los Juegos moscovitas, que la normalidad vuelva al mundo deportivo en los próximos JJ.OO, que se deberán disputar, precisamente, en Los Ángeles.
 
Apenas acabados estos Juegos, sin embargo, ya empiezan a oírse voces sobre un posible boicot del ”otro lado”, de Rusia y países socialistas de su órbita, devolviendo la pelota que han jugado, en primer lugar, los EE.UU. Todo es desmentido, empero, y de manera rotunda, por el mismo Comité Olímpico de la URSS, asegurando que, para ellos, los asuntos políticos se resuelven en la esfera política, y los deportivos en la deportiva. Como la ONU, el CIO no puede, evidentemente, garantizar la paz, pero si que puede intentar ayudar a lograrla, ó, por lo menos, ser una de las anillas de este difícil entramado equilibrio que es la paz mundial.  
 
Guillem Alsina