John “Johnny” “Tarzan” Weissmuller, ¿El Mejor Nadador de la historia?

Es muy posible que hoy en día haya nadadores que no sepan exactamente quien fue “TarzánWeissmuller, por lo que me parece interesante dar a conocer la vida de este nadador que, para muchos aficionados, ha sido, o continúa siendo, poco menos que el paradigma de la natación. Nació el 2 de junio de 1904, en Freidorf (hoy Timisoara, en Rumania, aunque en aquel tiempo pertenecía al Imperio Austro-húngaro), siendo bautizado como Jonas Weissmuller, de padres originarios de Viena, y de origen austro-alemán.
 
En su libro autobiográfico, Weissmuller asegura haber nacido en Winbar (Pensylvania), aunque, según se dice, era por temor a que, habiendo nacido en el extranjero, no pudiera participar en los JJ.OO, con el equipo USA.   
 
De muy joven se trasladó a Chicago, donde sus padres, muy aficionados a la natación, se preocuparon de que su pequeño John, ya con ocho años, aprendiera a nadar. Empezó a nadar en competiciones locales de su escuela, pasando después a Y.M.C.A. (“Asociación de Jóvenes Cristianos”, una organización que tiene la práctica deportiva como uno de sus mejores medios de educación), pasando luego al Hamilton Club, donde llegó a nadar las 100 yardas en 58”, entrenándose solo dos o tres sesiones a la semana.
 
A los 15 años, el propio entrenador del Hamilton le manifestó que él se veía incapaz de enseñarle más de lo que le había enseñado hasta entonces, por lo que le aconsejó que se buscara otro club, con un entrenador que pudiera conseguir de él el rendimiento que prometía. Uno de sus amigos, “HooksMiller, nadador del Illinois Athletic Club, le aconsejó ir a este club, donde podría entrenarse bajo las órdenes de uno de los mejores entrenadores de aquel tiempo, Bill Bachrach, que tenia en sus filas algunos de los nadadores que se preparaban para los JJ.OO. de Amberes-1920.  
 
En enero de 1921, después de recibir los primeros consejos por parte de Bachrach, hizo sus debuts en competición, con un segundo lugar en las 100 yardas del Campeonato de la Región Central de la A.A.U. (Athletic Amateur Union), prueba en la que su nerviosismo le llevó a hacer hasta tres salidas falsas (lo que, naturalmente, debería estar permitido en aquel tiempo). En abril, ganaba el Campeonato Nacional de las 100y. de la citada A.A.U., y era segundo de las 500y., por detrás de Normann Ross (que pocos meses después se proclamaría campeón olímpico de los 400 y 1.500m. en los Juegos de Amberes).
 
Esta derrota contradice lo que se decía acerca de su imbatibilidad en todas las competiciones en que había participado, aunque sí es cierto que nunca sufrió ninguna derrota, en ninguna prueba, a partir del momento que se proclamó, por vez primera, campeón nacional absoluto. Aquel mismo año, establece su primer récord mundial, al nadar las 150y.crol en 1,27”2/5, rebajando el anterior de su compatriota Ted Cann, 1,29”3/5 (aunque esta prueba solo se nadaba prácticamente en los USA, y muy pronto desapareció de los ranquings de la FINA), al tiempo que se proclama campeón nacional de las 50 y 220y., derrotando en esta prueba a Norman Ross.
 
En 1922 bate sus primeros récords “serios”. El 25 de marzo, en Filadelfia, p.25y., supera el de las 300y. y 300m. con 3,16”6, y 3,35”2 (pulverizando los anteriores de Norman Ross, 3,24”8 en 1920, y 3,45”2 en 1921); al mes siguiente, 20 de abril, en Milwaukee, p.25y., hace su única incursión en otro estilo que el crol, al conseguir 1,45”4 en las 150y.espalda (otra prueba que solo se nadaba en USA y en la Gran Bretaña) rebajando los 1,48”8 de Percy McGillivray en 1918; el 26 de mayo, en Honolulu, p.25y., nada unas 220y. en 2,15”6, pulverizando el récord mundial de Ross (2,21”6 en 1916), tiempo que también le es homologado como récord de los 200m. (anterior de Cann, 2,19”8 en 1920).
 
Al día siguiente supera uno de los récords más codiciados (por no decir el que más) por cualquier velocista USA, el de las 100y., señalando un tiempo de 52”6, cuatro décimas menos que los anteriores 53”0 del “maestro” Duke Kahanamoku (hay una cierta confusión alrededor de este último récord, puesto que en su libro biográfico, Weissmuller lo sitúa el 21 de septiembre de 1921, aunque la fecha que da la FINA en su palmarés es la mencionada en primer lugar, por lo que es la que damos a nuestros lectores). Pocos días después, 22 de junio, en Honolulu, p.100y., y en el curso de una misma prueba sobre 500y., supera tres récords de una sola tacada: 400m. y 440y., 5,06”6 y 5,07”8 (anteriores, Arne Borg, ambos en 5,11”8 en abril de aquel mismo año), y 500y., 5,47”6 (anterior de Ross, 5,58”8 en 1919).
 


Andrew Charlton, Weiimuller y Arne Borg en París 1924

El 9 de julio de 1922 constituye una de las fechas más importantes de la natación mundial. Aquel día, en Alameda, en una piscina de 100y., Weissmuller se convierte en el primer hombre que nada un hectómetro en menos de un minuto, más exactamente 58”6, dejando atrás los anteriores 1,00”4 de Duke Kahanamoku (Amberes, 24/08/1920) un tiempo que valía, por lo menos teóricamente, bastante menos del minuto, al ser conseguido en piscina larga, sin ningún viraje, mientras Weissmuller se beneficia de un viraje.

 
Es curioso constatar hasta que punto la natación USA vivía replegada sobre si misma, prefiriendo sus pruebas en yardas, poco menos que despreciando los tiempos conseguidos en pruebas métricas, cuando comprobamos que el citado libro biográfico ni siquiera menciona estos 58”6, y sí, en cambio, se vuelca en elogios sobre sus 51”0, último récord de Weissmuller en las 100y., considerándolos poco menos que la hazaña más importante de la natación mundial (de hecho se mantendrá como récord del mundo durante casi 16 años, mientras el récord de los 100m. será superado al cabo de poco más de diez años).
 
1923 es un año de transición y preparación para los Juegos de 1924, en el que únicamente se supera un récord, cuando el 6 de marzo, en la piscina de la Universidad de Yale, cerrada a 25y., nada unas 440y. en un tiempo de 4,57”0, convirtiéndose en el primero que nada la distancia en menos de cinco minutos (los dos anteriores récords, 400m. y 440y. estaban en ya en su poder con los mencionados 5,06”6, y 5,07”8 respectivamente, conseguidos en 1922).    
 
La preparación seguida en 1923 da sus resultados. El 17 de febrero, en una piscina de 25m. de Miami, supera dos récords de una sola tacada: el de las 100y., que deja en 52”4, dos décimas menos que sus anteriores 52”6, y el de los 100m., que deja en 57”4, un segundo y dos décimas menos que sus anteriores 58”6. Continua siendo el único nadador que ha bajado del minuto en el hectómetro, y ello le otorga el máximo favoritismo para los Juegos.
 
En París, Weissmuller domina claramente las dos pruebas individuales que nada. En los 400m., y después de una prueba en la que el sueco Borg hace una de sus clásicas “escapadas”, mandando la prueba hasta los 350m., Weissmuller le supera en los últimos metros, venciendo con un tiempo de 5,04”2, por 5,05”6 de Borg, y 5,06”6 de Charlton, mientras domina claramente el hectómetro, enfrentado sus dos compatriotas, Duke y Sam Kahanamoku, señalando un tiempo de 59”0, por 1,01”4 de Duke, y 1,01”8 de Sam (será la única vez que dos hermanos suban al podio olímpico de la misma prueba). Más tarde, consigue su tercera medalla de oro al imponerse junto a sus compañeros en el relevo de 4x200m.crol.
 
Liberado ya de la tensión olímpica, y acrecida su fama, Weissmuller va abandonando progresivamente las pruebas más largas, para centrarse exclusivamente en las de velocidad y velocidad larga (hasta los 200m., o 220y.). Aprovechando el empuje de la pasada temporada olímpica, supera tres nuevos récords mundiales: el 24 de abril de 1925, en San Francisco, p.50y., supera los 52”4 que había señalado como paso de su récord de los 100m., dejándolos en 52”2. El 1 de agosto, en Seattle, p.100y., vuelve a rebajarlo en otras dos décimas, 52”0, y el 9 de diciembre, en McKeesport, p.25y., supera su récord de las 220y., los 2,15”6 de 1922, dejándolo en 2,15”2.
 
1926 representa otro año de transición, y preparación para los Juegos de Amsterdam, que van a ser sus últimos Juegos (pocos nadadores conseguían participar en tres Juegos en aquel tiempo). Aunque descuida un poco su preparación, dedicando parte de su tiempo a preparar su vida civil, para cuando abandone la natación, va acumulando metro tras metro, kilómetro tras kilómetro, consciente de que en Amsterdam le va a ser mucho más difícil revalidar sus títulos de París, ya que la competencia se va haciendo cada vez más fuerte.
  
El metraje acumulado en 1926, el primer año, y el único, en el que no ha superado ningún récord mundial, da sus frutos en 1927, año en el que supera sus últimos récords, con un total de 6. En la mañana del día 5 de abril, en los Campeonatos USA de Invierno, disputados en Ann Arbor, p.25y., deja establecidos el récord de las 100y. en unos asombrosos (para la época, naturalmente) 51”0; por la tarde, “volatiliza” literalmente sus récords de los 200m., 2,15”6, y 220y., 2,15”2, dejándolos respectivamente en 2,08”0, y 2,09”0. dos meses después, 17 de junio, recupera el récord mundial de las 300y. que le había arrebatado su “eterno enemigo” (con el que mantenía, sin embargo, una estrecha y sincera amistad) Borg (3,16”4 en 1925), rebajándolo en casi nueve segundos, 3,07”8.
 
El 27 de julio Weissmuller se convierte en el primer velocista consagrado que consigue batir un récord mundial de una prueba de fondo, cuando en la famosa, y rápida, piscina de la playa de Waikiki, en Honolulu, 100m. de longitud y agua de mar, supera en casi diez segundos, 10,22”2 por 10,32”0, el récord mundial de las 880y.crol que ostentaba el australiano Charlton. y el 25 de agosto, en la misma piscina de Waikiki, señala su último récord mundial individual (en los Juegos superará todavía el de los 4x200m.) cuando nada las 440y. en un tiempo de 4,52”0, rebajando ajustadamente los 4,52”6 de Borg (aunque este los había conseguido en una piscina de 25y., es decir, con diecisiete virajes, mientras Weissmuller solo había hecho siete virajes).
 
Después, la preparación final para los Juegos. Consciente de que le va a ser muy difícil compaginar la doble preparación 100-400m., Weissmuller abandona la idea de defender el título de la distancia superior, centrándose única y exclusivamente en la del hectómetro, donde, además, le ha salido un “hueso” que parece duro de roer. Se trata de su compatriota George Kojac, recordista mundial de espalda, pero que también aspira a hacerlo bien en crol, y, sobre todo, a romper el dominio de Weissmuller en el hectómetro.
 
Lo demuestra en los Campeonatos USA de aquel verano de 1928 (que sirven de “trials” para formar el equipo olímpico) cuando le complica la victoria a Weissmuller, y está a punto de infligirle su primera derrota desde 1921. El propio Weissmuller describe sucintamente la prueba en su biografía: “Kojac me llevaba un par de pies (unos 60cm.) de ventaja; aumenté un poco más mi velocidad, pero en la calle contigua, Kojac respondía a mis esfuerzos; vi la llegada muy cerca, a unos diez metros; Kojac me llevaba todavía dos pies de ventaja; di toda la potencia de la que fui capaz; gané por un dedo”. El tiempo de Weissmuller, 57”8, conseguido en piscina larga, superaba teóricamente sus 57”4, récord oficial, con seguido en p.25m. (este tiempo se mantuvo durante 25 años como récord de los Campeonatos USA de verano).
 
Sin embargo, en los Juegos lo va a tener mucho más fácil. Kojac, plenamente consciente de que en el hectómetro crol va a tener muy difícil la victoria, abandona prácticamente esta prueba, para dedicarse exclusivamente a la de espalda (donde se proclamará campeón olímpico, mientras será solo cuarto en la final del hectómetro libre). Liberado de su peor “enemigo”, Weissmuller no tiene problemas para vencer. Gana eliminatorias y semifinales, 1,00”0, y 58”6, rebajando su récord olímpico de Paris, récord que iguala al imponerse en la final al húngaro Istvan Barany, 59”8, y al japonés Katsuo Takaishi, 1,00”0, mientras Kojac es cuarto, 1,00”8.
 
Vistos los resultados de los 400m.crol, en los que el argentina Alberto Zorrilla da la sorpresa de los Juegos al imponerse a Charlton y Borg, con un tiempo de 5,01”6, quedará la eterna duda de si Weissmuller, teniendo en cuenta aquellos 4,52”0 en p.110y., no hubiera podido también renovar fácilmente el título de esta prueba. El caso es que no hizo. Sí en cambio visa su medalla del relevo largo, donde el cuatro norteamericano renueva su título sin grandes problemas, 9,36”1/5 por 9,41”2/5, aunque llevando siempre a sus talones al cuatro japonés, que “explotará” cuatro años después en Los Angeles, apropiándose de la supremacía mundial, en detrimento de los norteamericanos.
 
Termina así su vida deportiva, y se inicia la secuencia que, tras hacerle famoso en el mundo entero, lo abocará, finalmente, a la ruina total. Sus cinco medallas de oro, y sus 27 récords mundiales, lo convierten en el nadador más famoso de aquellos años. Durante un tiempo vive de las “rentas” conseguidas con esta fama; trabaja como “salvavidas” (o socorrista, como hoy se dice), actúa en “shows” acuáticos, o como modelo de trajes de baño, hasta que le llega la gran ocasión de su vida, cuando en 1929 es contratado para actuar en una película, “Glorificando a la chica americana” (Glorifying the American Girl).
 
La suerte le llega, sin embargo, cuando uno de los directivos de la “Metro Goldwin Mayer” lo ve nadar en la piscina del hotel donde se hospeda, y piensa en él para protagonizar dos películas de Tarzán, el hombre-mono, creación de Edgar Rice Burroughs (quien, curiosamente, vivió en Chicago, y en el mismo barrio de Oak Park, donde Weissmuller tambiém pasó gran parte de su juventud). Su tipo atlético y su aspecto algo salvaje (un directivo de la MGM llegó a decir que había sido escogido por su cara de idiota) le convirtieron en el tipo ideal para el personaje (por si alguien no sabe de quien se trata, Tarzán es un crío que se salva de un accidente de aviación en plena selva africana, en el cual mueren sus padres, y que es criado por una mona, otro personaje famoso de la serie, conocida por “Chita”).
 
Entre 1932 y 1948, Weissmuller protagonizó hasta doce películas de Tarzán, junto a Maureen O’Sullivan (en el papel de Jane), otro personaje perdido en la selva, encargada de “educar” a Tarzán, y “Chita”. Hablaba poco, lo que, al parecer salvó al personaje, y todo su repertorio se limitaba a frases concisas y repetidas, como la de “yo Tarzán, tu Jane”, que llegó a hacerse famosa. La repentina riqueza que consiguió con el cine, le hicieron perder la cabeza. Engordó en exceso (llegó a pesar 120 Kgr.), lo que hizo que los guionistas no le consideraran apto para continuar interpretando el papel de Tarzán, lo que le obligó a dejar el cine, pasando a la TV, donde tampoco consiguió triunfar, llevando a partir de entonces una vida agitada, completamente desnorteado.
 
Se casó seis veces, tuvo tres hijos de su tercera esposa, y tres de sus matrimonios terminaron en escándalos, lo que poco a poco hizo que dilapidara la fortuna ganada con su personaje de Tarzán. En 1963 se casó por última vez con una alemana, Maria Bauman (que fue la única que lo soportó hasta su muerte, 17 años después), y, según parece, tuvo que vender todos sus trofeos deportivos para subsistir, hasta morir, un 20 de enero de 1984, a los 80 años de edad, en la más absoluta miseria, preso de la esquizofrenia y la paranoia. Según se dice, murió remedando el típico grito de su personaje “Tarzán”, que lo había hecho famoso en el mundo entero. 
 
Natatoriamente hablando, Weissmuller fue el hombre que llevó a su cenit la revolución iniciada por Dick Cavill a principios de siglo, con el inicio del estilo crol, y que Duke Kahanamoku había continuado puliendo entre 1912 y 1920, pasando la “antorcha” a Weissmuller, que le dio forma definitiva. Las líneas maestras del crol “weissmulleriano” sirvieron de pauta a todos los velocistas, e incluso a mediofondistas y fondistas, hasta 1956, cuando la “revolución australiana” lo dejaron obsoleto, aunque no por ello se perdió totalmente, puesto que algunos de sus principios continuaron vigentes.
 
Quienes han visto las primeras películas de “Tarzán”, seguramente podrán dar fe del exquisito deslizamiento que Weissmuller tenia sobre el agua, de su brazada, potente pero también fácil y descontraida. Pero Weissmuller no solo era su estilo, sino que también innovó en otros aspectos como en el del batido de piernas; empleaba un clásico batido de 6-tiempos cuando nadaba pruebas de velocidad, batido que pasaba a ser un 2-tiempos cuando se trataba de nadar pruebas de más de 300-400m., aplicando en ello una de las máximas aprendidas de Bachrach, el único entrenador que tuvo a lo largo de su carrera, que siempre repetía que “no hay que adecuar el nadador al estilo, sino, muy al contrario, poner el estilo al servicio de las cualidades del nadador”.
 
Se equivocaba en cambio (desde nuestro actual punto de vista, naturalmente) en lo que él aconsejaba para hacer una buena salida; con el concepto de que lo más importante en la salida era empezar a nadar lo más rápidamente posible, Weissmuller procuraba no deslizar por debajo del agua, lanzándose en “plancha”, con el propósito de que el cuerpo “rebotara” en la superficie del agua, y no se hundiera, al tiempo que, ya en el aire, sus pies empezaban a “batir” como si ya se encontrara en el agua, penetrando en ella, según sus palabras, “ totalmente preparado para empezar a nadar”.
 
¿Weissmuller, ha sido el mejor nadador de la historia de la natación mundial?
 
Guillem Alsina