Juegos Olímpicos. Munich 1972


Mark Spitz

Munich-1972, Juegos de la XX Olimpiada. Historia en la que se mezclan el oro y la sangre, elemento vital y habitual el primero, extraño el otro, en una manifestación prevista siempre como lazo de unión y de fraternidad entre las personas de todo el mundo, sin distinción de creencias, políticas, religiosas ó sociales. La actuación de un grupo de guerrilleros palestinos, infiltrados dentro del edificio adscrito a viviendas de deportistas israelíes, juntamente con los acontecimientos posteriores que terminaron con la muerte de once deportistas de esta nacionalidad, hizo peligrar, sin duda, un edificio olímpico que desde 1896, y a pesar de las dos guerras mundiales, parecía funcionar sin ninguna fisura para su supervivencia. Este golpe había sido diferente, sin embargo.

 
Las banderas a media asta; la ceremonia religiosa oficiada en el Estadio Olímpico en recuerdo de los deportistas desaparecidos en la tragedia, y la incontenible emoción de todos los que habían intervenido directa ó indirectamente en los hechos, era suficiente para hacer pensar que la idea olímpica había recibido un golpe que podía cuestionar, incluso, una solución de continuidad.       
 
No pasó de aquí, empero. El ataque no había sido dirigido contra el olimpismo, sino contra los miembros de un país en guerra con otro, y esto, pese a que algunos no parecieron entenderlo muy bien, salvó la idea olímpica, no sin que sus dirigentes se alzaran contra aquel intento de terminar, por la fuerza de las armas, una manifestación totalmente pacífica, en la que la fuerza física y mental, el ingenio, la agilidad, la resistencia y la velocidad, son las únicas armas empleadas por todos los participantes. ¡ Que lejos quedaban aquellos tiempos en los que el solo anuncio de la tregua olímpica, previa a la disputa de unos Juegos, era suficiente para hacer guardar las armas a todos los pueblos griegos en guerra, para reencontrarse, pacífica y lealmente, en la mítica llanura de Olimpia !.
 
Munich inaugura los Juegos con cronometraje electrónico a la centésima de segundo. Desde el 1r.de enero de aquel mismo año olímpico, la FINA considera obligatoria la homologación de los récords mundiales en centésimas de segundo, lo cual comporta, evidentemente, la obligatoriedad del cronometraje electrónico, para paliar en lo posible las deficiencias humanas en este campo. A partir de ahora, pues, se ha acabado aquella tradicional imagen de los cronometradores inclinados sobre el muro de llegada, así como la fila de jueces de llegada, dispuestos a dar una clasificación que, más de una vez, ha sido ampliamente cuestionada. Como siempre, la natación, a remolque del atletismo, ha terminado por acogerse a esta novedad, que hará mucho más sencilla la tarea de clasificación de las diferentes pruebas.
 
Detalle técnico en las salidas. Una gran mayoría de nadadores norteamericanos hacen servir la reciente “grabstart”, es decir, cogiéndose con las manos en los podios de salida, para darse un impulso más fuerte y rápido que con la salida convencional. Rápidamente, sin embargo, hay nuevas versiones de la nueva técnica, y así el japonés Nobutaka Taguchi, campeón olímpico de los 100m.braza, coloca las manos muy atrás, logrando que los talones queden levantados, en una posición mucho más favorable para la salida.
Ahorro para el Comité Organizador. Cuando se había previsto que el agua que llenaría la piscina olímpica seria de las consideradas como “dura”, resulta, finalmente, que tiene un factor de dureza de 14, lo cual la convierte en sumamente “suave”, y por lo tanto, se ahorran añadirle productos químicos suavizantes, tal y como se había previsto en un principio. Una vez más la técnica, en este caso la química, se pone al servicio de los nadadores (digamos que Don Schollander había “probado” la piscina días antes del inicio de las pruebas, manifestando que era la piscina más “rápida” en la que jamás había nadado, y que en los Juegos podían batirse hasta una docena de récords mundiales, predicción totalmente equivocada, puesto que no fueron menos de 30 los mundiales que se batieron en los días siguientes).
 


Aspecto exterior de la piscina olímpica

Por vez primera en unos Juegos, la FINA se ha preocupado por el problema de la excesiva participación en las diferentes pruebas, decidiéndose a señalar unos tiempos-mínimos que únicamente servirán para determinar la participación de más de un nadador por prueba. Es decir, se permite la participación de un nadador por prueba sin ninguna imposición de tiempo; en cambio, cualquier país que quiera inscribir dos ó tres nadadores, estos deberán haber señalado un tiempo mejor que el impuesto por la FINA.

 
 Evidentemente, esto favorece a los países más potentes, natatoriamente hablando, que tienen una densidad suficientemente grande como para poder inscribir estos dos ó tres nadadores por prueba. A título anecdótico, dejamos constancia de estos tiempos impuestos por la FINA: CROL: 100m. hombres 55”0 – mujeres 1,03”2; 200m. 2,01”4 – 2,16”1; 400m. 4,20”4 – 4,47”0; 1.500m.hombres 17,48”4; 800m.mujeres 10,12”4. ESPALDA: 100m. 1,01”4 – 1,10”2; 200m. 2,13”2 – 2,31”0. BRAZA: 100m. 1,09”9 – 1,20”0; 200m. 2,33”4 – 2,51”6. MARIPOSA: 100m. 59”7 – 1,08”1; 200m. 2,11”8 – 2,26”8. ESTILOS: 200m.: 2,17”5 – 2,34”0; 400m.: 4,55”9 – 5,30”8.  
        
Deportivamente hablando, Munich-1972 pasará a la historia de la natación por dos hechos: uno, las siete medallas logradas por el norteamericano Mark Spitz en las claras y quietas aguas de la “Schwimmhalle” muniquesa, piscina cubierta (digamos, de pasada, que la confección de las “corcheras” que separan los callejones se ha convertido en una importante industria deportiva especializada) gesta avalada por la obtención del mismo número de récords mundiales (tres de los cuales, evidentemente, compartidos con sus compañeros de los relevos). Otro, la aparición en escena de una nueva potencia de nuestro deporte. Participando juntamente con sus rivales-compañeros del lado occidental en los Juegos de Melbourne, Roma y Tokio, el reconocimiento político como estado soberano de pleno derecho, los ha permitido presentarse ya completamente solos en los anteriores Juegos de Ciudad México.
 
Ahora, en Munich, ya puesto en marcha su programa de prospección y entrenamiento dirigido de caras a lograr resultados de nivel internacional, la Alemania Oriental (ó DDR, siglas con las que será conocida internacionalmente, y que hará famosas por todo el mundo) va camino de convertirse en la única potencia capaz de hacer frente al coloso norteamericano, pese a sus escasos 19 millones de habitantes, e incluso, sobretodo en el sector femenino, ponerse a la cabeza de la natación mundial, con una superioridad pocas veces vista.
 
Un total de 52 países (48 en categoría masculina, 37 en la femenina) uno más que en Ciudad México, envían su representación a la capital bávara, para participar en las pruebas olímpicas (dos de ellos lo hacen por primera vez: Cambodja y Kuwait). La natación se ha convertido ya en el segundo deporte olímpico, y uno de los más esperados y admirados, por su continúa superación.
 


Mark Spitz

100m.crol: récord mundial: Mark Spitz (USA) 51”47, 5/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Mike Wenden (AUS) 52”2 en Ciudad México-1968. Eliminatorias y semifinales el 2 de septiembre, final el 3. 41 participantes repartidos en 7 eliminatorias y 2 semifinales. No cae hasta la final el récord olímpico de un Mike Wenden que se presenta a defender su título sin haber llegado a bajar los 50” como había prometido cuatro años antes. Siete hombres bajan los 53”, un nivel, pues, muy alto. El favoritismo, sin embargo, es total para Spitz, que ya ha ganado una parte importante de su reto, cinco medallas de oro en aquel momento.

 
Más hecho, física y moralmente, después de haber cambiado de entrenador al creer que George Haines no había cumplido con lo qué de él esperaba, se había pasado a la “cuadra” de Indiana, donde “Doc” Counsilmann lo había cogido en sus expertas manos, trabajando lejos del ambiente, quizá excesivamente presionante de Santa Clara, el talentoso y ambicioso Spitz recogía en la capital bávara lo qué se le había negado en Ciudad México cuatro años antes. El norteamericano fue, en Munic, un nadador inteligente, que supo dosificarse, clasificándose para la final con el mínimo esfuerzo (hay que pensar que entre eliminatorias, semifinales y finales, llevaba ya un total de once carreras) dejando a sus rivales la posibilidad de lograr los mejores registros.
 
La final, sin embargo, fue completamente diferente, y el norteamericano no dio ninguna opción, pasando por 24”56 en el viraje, medio cuerpo por delante de su compatriota Jerry Heidenreich, 24”92, y del bracear revolucionado del soviético Vladimir Bure, 24”96, por delante del resto de finalistas. Sin conceder ni un centímetro de su ventaja, Spitz se proclama campeón olímpico del hectómetro con un tiempo de 51”22, nuevo récord mundial y olímpico, por delante de Heidenreich, 51”65, marcado hasta los últimos metros por Bure, tercero en 51”77, claramente impuesto al cuarto, el tercer norteamericano John Murphy, 52”08. Wenden, sin ninguna posibilidad de revalidar su título, es quinto, 52”41. Michael Rousseau, el francés campeón europeo dos años antes, en quien los franceses veían al tercer velocista capaz de ofrecerlos el envidiado título olímpico, es séptimo en unos discretos 52”90. El alemán Steinbach, último en 52”92, baja de los 53”, ofreciendo una final de un alto nivel técnico.
 
Mientras Spitz alzaba el brazo para saludar su sexto título olímpico, Bure manifestaba su alegría al ver el tiempo y la clasificación conseguida, aunque eso no pareció importarle excesivamente al norteamericano, pensando ya, seguramente, en la obtención de su séptimo y último oro.  
 
200m.crol: récord mundial: Mark Spitz, 1,53”5, 10/09/1971, en Minsk; récord olímpico Mike Wenden, 1,55”2 en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 29 de agosto. 46 participantes repartidos en 7 eliminatorias. También defiende en esta prueba su título de Ciudad México, Mike Wenden. Un cierto toque de dramatismo anima esta prueba, cuando, cuatro días antes de las eliminatorias, el norteamericano Steve Genter debe ser hospitalizado con un inicio de pleuresía, de la que sale apenas para disputarlas, logrando clasificarse con el segundo mejor tiempo, aunque sin que se mueva el récord olímpico. Wenden, que debido a sus asuntos profesionales, ha debido dejar los entrenamientos durante casi año y medio, se clasifica con pocas esperanzas de poder luchar por un lugar en el podio, aunque, esto sí, con la enérgica determinación de siempre.
 
Pese a su hospitalización, Genter se muestra dispuesto a todo, y después de dejar mandar a Spitz en el primer viraje, 26”09, por 26”21 de Bure, por sus 26”66, coge la cabeza a los 75m., girando primero a mitad de prueba, 54”93, por delante de Spitz, 55”06, y de los alemanes Steinbach y Lampe, 55”50 y 55”73 respectivamente; hacia los 150m., la lucha ya está totalmente definida entre ambos norteamericanos, con Genter siempre en cabeza, 1,24”28, y Spitz a su caza, 1,24”44, mientras tras ellos, el resto de posiciones se va definiendo igualmente, y Wenden intenta escaparse de Lampe, 1,25”23 por 1,25”27 en tercer y cuarto lugar.
 
Inmediatamente después del último viraje, Spitz ataca con toda su determinación, y rápidamente se va hacia su segundo triunfo individual, sin que Genter, posiblemente marcado por su reciente hospitalización, pueda impedírselo. Con un tiempo de 1,52”78, Spitz supera su segundo récord, mundial y olímpico a la vez. Genter es segundo, 1,53”73, recogiendo el premio a su determinación, mientras Lampe aprovecha el ligero desfallecimiento de Genter en el tercer largo, 28”72 por 29”45, y se le acerca peligrosamente, aunque sin poder inquietarlo, recogiendo la medalla de bronce, 1,53”99, después de haber superado Wenden hacia los 175m., pese al intento de este por mantener su tercer lugar, y que finalmente es cuarto en 1,54”40.
 
El detalle anecdótico vino de la mano del alemán Werner Lampe y del norteamericano Steve Genter. Si las eliminatorias las nadaron con su pelo, la final lo hicieron completamente rapados, “al cero” (parece que fueron los primeros nadadores que se afeitaron la cabeza); en la ceremonia de campeones, sin embargo, Lampe disimuló la calva con una magnífica peluca rubia, mientras Genter lo hacía con una gorra de piel como las que hacían hacer servir los antiguos tramperos norteamericanos y canadienses.
400m.crol: récord mundial: Kurt Krumpholz (USA) 4,00”11, 4/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Mike Burton (USA) 4,09”0, en Ciudad México-1964. Eliminatorias y final el 1 de septiembre. 44 participantes repartidos en 6 eliminatorias.
 
No defiende su título el campeón de Ciudad México, Mike Burton, incapaz de véncer la dureza del ”depurador” de Portago Park, en Chicago, en los “trials” USA, de los cuales el mismo Don Schollander llegó a asegurar, en diferentes ocasiones, que eran mucho más difíciles de pasar que las mismas eliminatorias olímpicas. En estos “trials” ha quedado también “filtrado” el recordista mundial de la prueba, que si en las eliminatorias había señalado nuevo récord mundial, 4,00”11, aquella misma tarde, con su sexto lugar de la final, se había quedado sin ninguna posibilitada de defender su récord, ni aspirar al título olímpico.
 
El progreso de la natación se hace bien patente. El récord olímpico es superado en tres ocasiones a lo largo de las eliminatorias: el sueco Bengt Ginsjoe 4,06”59 en la 2a.; Steve Genter 4,05”89 en la siguiente, y el australiano Brad Cooper (recordista mundial, 4,01”7, antes que Krumpholz) que lo deja establecido en 4,04”59 al ganar la 4a. Un total de 10 hombres nadan por debajo del 4,09”0 que había dado el título a Burton cuatro años antes.
 
La final, se inicia con un intento de escapada de Lampe, 58”5 en el hectómetro, con Genter, 59”13, y Cooper, 59”24, por delante de un compacto grupo, con Rick Demont, 59”78 en último lugar. Continúa la extrema igualdad a mitad de carrera, dominando ahora Cooper, 2,00”92, con Genter segundo, 2,01”03, y Demont sexto, 2,01”37, mientras el británico Brinkley es octavo y último, 2,01”64. Manteniendo su ritmo, el australiano continúa en cabeza de carrera a los 300m., 3,01”28, con las posiciones siguientes ya algo más definidas; Demont es segundo, 3,02”04; Tom McBreen tercero en 3,02”13; Genter cuarto en 3,02”54, y el australiano Graham Windeatt quinto en 3,02”62, únicos ya que pueden aspirar a las medallas. Poco después del último viraje, Demont atrapa Cooper, y los últimos 40m. son un magnífico codo a codo, que únicamente se decide en el último metro, cuando el norteamericano pone antes la mano, ganando el título por una solitaria centésima de segundo, 4,00”26, nuevo récord olímpico, dejando en pie el mundial, por 4,00”27 de Cooper. También en los últimos metros, Genter se impone a su compatriota McBreen, logrando la medalla de bronce, 4,01”94 por 4,02”64, y 4,02”93 de Windeatt, quinto, muy por delante del sexto clasificado, el británico Brinkley, 4,06”69, que no ha podido mantener el ritmo de los primeros clasificados en la segunda mitad de la prueba.
 
La carrera del campeón ha sido verdaderamente modélica, 2,01”37 + 1,58”69, así como la de sus seguidores, 2,00”92 + 1,59”35 para Cooper; 2,01”03 + 2,00”91 para Genter, en señal que la táctica en natación también es importante, y es la razón de mucho de su progreso. La corta diferencia entre los dos primeros parece suficiente para determinar el triunfo de Demont…..hasta pocas horas después.
 
Por primera vez en unos Juegos Olímpicos, se ha instaurado en natación el control antidoping con la finalidad de disuadir de estas prácticas, nunca reconocidas pero más de una vez denunciadas, aunque sin pruebas acusatorias. El análisis se lleva a cabo, según convenio entre el CIO y la FINA, a todos los que suban al podio de campeones, y a un nadador elegido al azar entre el resto de finalistas. Al hacerse el correspondiente análisis a los ganadores de los 400m., se comprobó en el correspondiente al de Rick Demont una dosis excesiva de un producto llamado “efedrina”, que el Comité Médico del CIO habia incluido entre los productos “dopantes”.
 
La explicación del joven nadador que sufría desde pequeño de frecuentes crisis asmáticas, razón por la cual tomaba un medicamento del que formaba parte la mencionada “efedrina”, no convenció al Comité de Apelación, que dio como respuesta que el médico del joven (ó los del equipo olímpico USA) deberían haber previsto esta contingencia, cambiando oportunamente la medicación, para no incurrir precisamente en lo que había pasado. Sin apelación posible, pues, Demont fue descalificado, y el título otorgado a Cooper, juntamente con un nuevo récord olímpico, 4,00”27, mientras Genter pasaba al segundo lugar, medalla de plata, y McBreen se encontraba con una inesperada medalla de bronce al cuello, avanzando un lugar el resto de finalistas, mientras Demont era clasificado en octavo y último lugar.
 
1.500m.crol: récord mundial: Rick Demont, 15,52”91, 6/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Mike Burton, 16,38”9 en Ciudad México-1968. Eliminatorias el 3 de septiembre, final el 4. 42 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Defiende su título el campeón de Ciudad México, Mike Burton. Al no haberse anunciado todavía oficialmente la descalificación de Demont en los 400m. (de hecho se hizo oficial cuando Demont ya volaba de vuelta a los Estados Unida, para evitar el eco que su caso podía desvelar en la prensa deportiva de todo el mundo, pero especialmente de la presente en Munich) y al haberse clasificado para la final de los 1.500m. con el quinto mejor tiempo de las eliminatorias, prueba de la que era recordista mundial, el equipo dirigente USA creyó preferible retirarlo, pasando a ocupar su lugar el mexicano Guillermo Garcia, noveno mejor tiempo de las eliminatorias.
 
El récord olímpico es superado en dos ocasiones en las eliminatorias: por el alemán Hans Fassnacht, 16,34”63 en la 1a., a pesar de lo cual no logrará clasificarse para la final (¡¡), y por el australiano Graham Windeatt, 15,59”63 en la 2a., único que nada por debajo de los 16 minutos. Un total de trece nadadores superan el récord olímpico de Burton.
 
Es difícil, por no decir imposible, predecir qué hubiera podido pasar en esta final de encontrarse Demont entre los finalistas aquel 3 de septiembre. La experiencia de Burton, 25 años, y casi 15 de natación, contra la juventud de su compatriota, juntamente con la voluntad de vencer de Windeatt, ó del tercer norteamericano, Doug Northway, que ya en los “trials” USA había vencido, como Demont, al campeón de Ciudad México en su prueba preferida.
 
Burton, sin embargo, no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de despedirse dignamente de la competición, tal y como ya había anunciado, coronando, al mismo tiempo, una brillante carrera deportiva. La final es, pues, un magnífico y terrible duelo entre los dos grandes favoritos, después de que Burton cogiera el mando de la prueba hasta los 600m.: 1,00”28, 2,03”22, 4,10”70, 5,14”48 en el primero tercio, por 1,01”44, 2,04”89, 4,11”97, y 5,15”48 de Windeatt, escapados ambos progresivamente a partir de los 400m. a pesar de los esfuerzos de Cooper, 4,12”41; Northway, 4,13”35; Garcia 4,14”10, y el australiano White, 4,14”55, que irán perdiendo terreno a partir de este momento, dejando la lucha final entre los dos favoritos.
 
Windeatt es primero a los 700m., 7,21”96, por 7,22”26 de Burton, y sigue en cabeza de la prueba hasta los 1.100m., 8,25”01 por 8,25”86 en los 800m.; 10,32”19 por 10,33”81 en el quilómetro, aunque sin poder escaparse del norteamericano, mientras el tercer clasificado, Northway, “navega” en solitario, 10,39”95, ocho segundos por delante de Cooper, cuarto clasificado.
 


Equipo británico de natación

A partir de aquel momento, y mientras Windeatt no puede mantener su ritmo, Burton continúa su esfuerzo, nadando a una media de 1,03” por hectómetro, alejandose progresivamente de su rival: 12,42”10 por 12,42”66 en los 1.200; 13,45”82 por 13,47”96 en los 1.300m.; 14,49”57 por 14,53”59 al toque de campana anunciando los últimos 100 metros. Entre los aplausos de un público completamente entregado y puesto en pie, que le aclamará a lo largo de unos buenos cinco minutos, Burton acaba su carrera con un hectómetro final en 1,03”01, sin tener que dar el máximo, y un tiempo final de 15,52”58, nuevo récord mundial, por 33 centésimas, y olímpico (digamos que Demont, todavía en la piscina, será el primero que abrazará al campeón). Es el último gran triunfo del pequeño norteamericano que durante casi seis años había estado a la cabeza del fondo mundial, y que ahora se ha enfrentado victoriosamente a la nueva generación que intentaba apartarlo de su lugar de privilegio.

 
Windeatt es segundo, 15,58”48, impotente para mantener el ritmo final de Burton, mientras Northway, siempre en tercer lugar a partir de los 700m., no tiene ningún problema para adjudicarse la medalla de bronce, 16,09”25, lejos de su tiempo de los “trials”, por delante del sueco Ginsjoe, que quizás ha salido excesivamente prudente, séptimo a los 900m., forzando su ritmo a partir de este momento, para clasificarse en un excelente cuarto lugar, 16,16”01, nuevo récord europeo, en una prueba de un buen nivel, en la que los ocho finalistas han bajado, por primera vez en los Juegos, de los diecisiete minutos (último ha sido el mexicano Guillermo Garcia en 16,36”03).
 


Mark Spitz, Jerry Heidenreich, David Edgar y John Murphy

4x100m.crol: récord mundial de Estados Unidos, 3,28”8, 23/08/1970, en Los Ángeles; récord olímpico: Estados Unidos, 3,31”7, en Ciudad México-1964. Eliminatorias y final el 28 de agosto. 12 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Con dos suplentes en su equipo (esta vez el Reglamento no permite más) el cuarteto USA (Dave Fairbanks 52”61, Gary Conelly 51”69, Jerry Heidenreich 51”89, y Dave Edgar 52”63) gana la 2a.eliminatoria, con un tiempo de 3,28”84, nuevo récord mundial y olímpico, que, a pesar de únicamente igualar el anterior mundial, es el primero en ser reconocido en centésimas de segundos, de acuerdo con la nueva reglamentación de la FINA.

 
En la final, el único rival de los norteamericanos fue el mundial de sus compañeros, pese a que en los dos primeros tramos el cuarteto soviético intentó resistir el alud USA. Bure, 52”26, lograba una corta ventaja sobre Edgar, 52”69, ventaja que Murphy reducía a cero con un segundo parcial en 52”04, por 53”13 de Mazanov. Lanzando en último lugar sus mejores efectivos, Heidenreich, 50”78, y Spitz, 50”90, el equipo USA no tuvo ningún problema en adjudicarse la primera victoria en pruebas de relevos, 3,26”42, nuevo récord mundial y olímpico, ante un equipo soviético claramente superado a partir de la mitad de prueba (Aboimov 52”75; Grivennikov 51”57) segundo en 3,29”72, récord europeo, mientras la DDR, lanzada por un magnífico y polivalente Roland Matthes, 52”89 en el primer tramo, es tercera, 3,32”42, por delante de un sorprendente cuarteto brasileño, cuarto en 3,33”14, decepcionando la otra Alemania, la RFA, sexta en 3,33”90, que no puede remontar un primer tramo de Steinbach en 53”45 (días después señalará un tiempo de 52”87 en la prueba individual). Señalamos el excelente nivel técnico de esta prueba, con trece velocistas por debajo de los 53”, y una media de 53”15 para los treinta y dos finalistas.
 
4x200m.crol: récord mundial: Estados Unidos, 7,43”3, 10/09/1971, en Minsk; récord olímpico: Estados Unidos, 7,52”1 en Tokio-1964. Eliminatorias y final el 31 de agosto. 14 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Nivel también muy alto en esta prueba, donde cae, ya en las eliminatorias, y por partida doble, el récord olímpico: en la 1a. es el cuarteto australiano el que lo deja en 7,49”03, mientras en la 2a. son los norteamericanos los que lo recuperan, al ganarla con un tiempo de 7,46”42, con diferentes suplentes en los respectivos equipos.
 
En la final, lucha indecisa en los dos primeros tramos entre norteamericanos y alemanes de la RFA. Steinbach 1,54”62, pierde frente a Kinsella, 1,54”49, ventaja que Lampe se encarga de anular, 1,53”49, enfrentado a Tyler, 1,54”32, cogiendo el mando de la prueba por un margen de 70 centésimas. Como en el relevo corto, sin embargo, el cuarteto USA ha guardado para el final su mejor “traca”. Genter con unos formidables 1,52”75 (frente al alemán Vosseler 1,57”45) da una ventaja decisiva a Mark Spitz, que únicamente tiene que conservarla (hace escasamente una hora que ha nadado, y ganado, la final de los 100m.mariposa) y con un parcial de 1,54”24, sin esforzarse al máximo, llega al muro con un tiempo final de 7,35”78, pulverizando los récords mundial y olímpico.
 
La RFA es segunda, con un último parcial de Fassnacht, 1,56”11, superando igualmente los anteriores récords, 7,41”69. Fuerte lucha, en cambio, por el tercer lugar: la URSS es tercera en el primer tramo, seguida de Australia, la DDR y Suecia, aunque con pequeñas diferencias. En el segundo tramo, los australianos pasan al tercer lugar, ocho centésimas por delante de la URSS, seguidos de la DDR y de los suecos. Vuelve a recuperar la URSS el tercer lugar en el tercer tramo, por delante de Australia, la DDR y Suecia, aunque con ventajas mínimas, que dejan paso a un último tramo árduamente disputado. Bure acaba por la URSS, 1,55”30, en tercer lugar, con un tiempo de 7,45”76, mientras el excelente parcial del sueco Larsson, 1,53”48, le permite remontar hasta el cuarto lugar, 7,47”37, por delante de Australia, 7,48”66, y de la DDR, 7,49”09.
 
Gran Bretaña y Canadá, 7,53”59 y 7,53”61, son los dos últimos clasificados. Si recordamos que en Ciudad México se había logrado la medalla de plata con un tiempo de 7,53”7, podemos ver el progreso que ha habido en estos cuatro últimos años, de la misma manera que si consideramos que todos los finalistas, excepto el canadiense Phillips, han nadado por debajo de los dos minutos, una cota lograda únicamente nueve años antes, y que señala ahora el límite del nivel internacional.
 


Roland Matthes

100m.espalda: récord mundial: Roland Matthes (DDR) 56”3, 8/04/1972, en Moscú; récord olímpico: Roland Matthes, 58”7, en Ciudad México-1968 (recordemos, sin embargo, los 58”0 del primer tramo de la final de 4x100m.estilos en Ciudad México, que algunos consideran como récord olímpico). Eliminatorias y semifinales el 28 de agosto, final el 29. 39 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales.

 
Campeón en Ciudad México, Matthes se ha convertido en espalda lo que Spitz es al crol y la mariposa, un referente, con la particularidad que el alemán ha logrado un dominio total de su estilo y no ha sido vencida en ninguna competición de alto nivel internacional desde 1968, demostrando incluso una interesante polivalencia, haciendo incursiones en pruebas de crol y mariposa, estilo, este último, en el que ha sido recordista europeo de los 100m., y que disputa en estos Juegos.
 
En Munich, su reinado no peligra en absoluto, y con su estilizada figura, su nadar reposado y suave, y su buen sentido táctico, atacando siempre en el momento más inoportuno para sus rivales, hace que parezca que nunca llegue a dar el máximo de si mismo, tal es el deslizamiento que logra con su inimitable estilo. Sin esforzarse mucho, deja que sean sus rivales norteamericanos los que dominen las eliminatorias, con récord olímpico para Stamm, 58”63 en la 4a., y Mitch Ivey, 58”15 en la 5a., y 57”99 en la 2a.semifinal, mientras él se limita a clasificarse, 1,00”01 y 58”44 en eliminatorias y semifinales.
 
En la final, sin embargo, ninguna concesión del alemán. Girando a los 50m. con un parcial de 27”41, casi a nivel de Stamm, 27”47, e Ivey, 27”53, con Murphy, 27”78, ligeramente más atrasado, el alemán fuerza su ritmo a la salida del viraje, cogiendo ràpidamente una ventaja decisiva que va aumentando poco a poco. Con 56”58, nuevo récord olímpico, Matthes renueva su título, con Stamm segundo, 57”70, mientras en los últimos metros, Murphy avanza a Ivey logrando el tercer lugar, 58”35 por 58”48, claramente por delante del soviético Ígor Grivennikov, quinto en 59”50.
 
200m.espalda: récord mundial: Roland Matthes, 2,02”8, 10/07/1972, en Leipzig; récord olímpico: Roland Matthes, 2,09”6, en Ciudad México-1964. Eliminatorias y final el 2 de septiembre. 36 participantes repartidos en 5 eliminatorias. Récord olímpico en la 2a.eliminatòria, a cargo de Mike Stamm, 2,07”51, con réplica inmediata de Matthes, 2,06”62 en la 5a., dispuesto a defender su título de Ciudad México.
 
En la final, y siguiendo su costumbre, el alemán deja la iniciativa a sus rivales. Ivey, 28”29, y Stamm 28”68, por 28”85 del alemán en el primer viraje, sin alejarse mucho de ellos; continúa la igualdad a mitad de prueba, donde aún domina Ivey, 59”34, ahora por delante del alemán, 59”96, mientras Stamm es tercero, 1,00”05; como en el hectómetro, Matthes ataca a la salida del viraje, cogiendo una ventaja que será decisivo, 1,30”96 en los 150m., por 1,31”42 y 1,32”02 de Ivey y Stamm, únicos que pueden disputarle la medalla de oro al alemán (cuarto es el australiano Cooper, que todavía no es el oficial campeón de los 400m.crol, en 1,34”91). Sin ningún problema, 31”66 en el último largo de piscina, Matthes acaba igualando su récord mundial (homologado, empero, como el primer mundial en centésimas de segundo) imponiéndose claramente a Stamm, 2,04”09, que en los últimos metros ha logrado alcanzar a su compatriota Ivey, tercero en 2,04”33, mientras Cooper es cuarto, claramente distanciado, 2,06”59.
 
Lastimosamente, el dominio del alemán es excesivamente claro para esperar que pueda verse obligado a rendir a su máximo nivel aunque sea por una sola vez, y ver si, de esta manera, puede ser empujado a acercarse, aún más, a una “barrera” de los dos minutos que ya se vislumbra desde que Matthes inició su dominio en este estilo.
 
100m.braza: récord mundial: Nikolái Pankin (URSS) 1,05”80, 20/04/1969, en Magdebourg; récord olímpico: Don McKenzie (USA) 1,07”7, en Ciudad México. Eliminatorias y semifinales el 29 de agosto, final el 30. 44 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales. No se presenta a defender su título el sorprendente vencedor de Ciudad México, McKenzie. La braza Jastremski, ó braza moderna, como también se la denomina, ha dado un inesperado impulso a este estilo, con récords que ni podían soñarse antes de su aparición.
 
En Munich, el hectómetro es una de las pruebas más abiertas de estos Juegos, con la presencia del recordista mundial Pankin, de un ex-recordista mundial de 1968, el veterano brasileño Silvio Fiolo, pero también hombres de la nueva hornada como pueden ser los tres norteamericanos, el alemán Walter Kusch, el japonés Taguchi, ó el británico-escocés David Wilkie. Uno de los norteamericanos, Mark Chatfield, ya en la 1a.eliminatoria, supera el récord olímpico, bajandolo en casi dos segundos, 1,05”89, a solo nueve centésimas del mundial, récords que no tardan, sin embargo, en caer, cuando horas después, en la 1a.semifinal, su compatriota John Hencken señala un tiempo de 1,05”68, nuevo récord mundial y olímpico. Tampoco, sin embargo, le dura demasiado la alegría al norteamericano, pues pocos minutos después, al ganar la 2a.semifinal, es el turno del japonés Nobutaka Taguchi de señalar dos nuevos récords, mundial y olímpico, con un tiempo de 1,05”13, antes de la gran final que se presenta con un pronóstico muy incierto.
 
Esta se inicia con un fuerte ataque de los tres norteamericanos, que giran en cabeza, con ventaja para Tom Bruce, 30”66, por delante de Hencken, 30”74, y Chatfield, 30”81, dominando al resto de finalistas, con David Wilkie en cuarto lugar, 31”02, mientras el flamante recordista, Taguchi, más prudente, es séptimo, 31”38. Bruce domina hasta los 80m., cuando Taguchi, que ha iniciado la remontada al salir del viraje alcanza a todos sus rivales y se impone en los últimos metros con un tiempo de 1,04”94, nuevo récord mundial y olímpico. Bruce es segundo, 1,05”43, mientras Hencken, sin repetir su tiempo de las semifinales, es tercero, 1,05”61. por delante de Chatfield, 1,06”01, y el resto de finalistas, hasta el último clasificado, Wilkie, 1,06”52, es decir, a siete décimas del récord mundial en el momento de iniciarse los Juegos. Pankin, como en Ciudad México, decepciona un vez más, séptimo en 1,06”36, perdiendo incluso su récord europeo a manos, y pies, del alemán Walter Kusch, quinto en 1,05”78.
 


Nobutaka Taguchi

200m.braza: récord mundial: John Hencken, 2,22”79, 5/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Ian O’Brien (AUS) 2,27”8 en Tokio-1964. Eliminatorias y final el 2 de septiembre. 40 participantes repartidos en 6 eliminatorias. Se presenta a defender su título el mexicano Felipe Muñoz, el vibrante campeón de Ciudad México. Caen en las eliminatorias dos nombres ilustres de la braza mundial como son Nikolai Pankin, recordista europeo, que no puede hacer nada mejor que unos discretos 2,26”71, siendo eliminado de la final por 28 centésimas, y el norteamericano Brian Job, ex-recordista mundial, 2,23”5 en 1970, récord que ha perdido a manos de Hencken, que no va más allá de los 2,26”91.

 
El alemán de la DDR Klaus Katzur es el primero en superar el récord olímpico, con 2,26”32 en la 1a.eliminatoria, récord que pierde en la siguiente, la 2a., a manos del ya campeón olímpico de los 100m., Taguchi, con unos excelentes 2,23”45, mientras el resto se limita a clasificarse, entre ellos el todavía campeón, Muñoz, quinto en 2,25”99, aunque no parece contar en los pronósticos para las medallas.
 
Desde los primeros metros de la final es Hencken el que se pone claramente a la cabeza, pasando en 31”55, con casi un cuerpo de ventaja sobre Katzur, 32”91, y Taguchi, 32”93. A mitad de prueba el norteamericano ha aumentado todavía más su ventaja, 1,08”34, por delante de su compatriota Rick Colella, 1,10”31, mientras el ruso Cherdakov, 1,10”38, es tercero, con Katzur y Taguchi prácticamente a su nivel. Sin ser inquietado, 1,45”35 en los 150m., Hencken se va hacia un magnífico título olímpico, superando de pasada los récords mundial y olímpico, 2,21”55, sin dar ninguna opción a sus rivales. Colella, todavía segundo a los 150m., 1,47”17, ya está, sin embargo, al alcance de Wilkie, 1,47”41 (progresando desde su sexto lugar a mitad de carrera, 1,11”37), y también de Taguchi, 1,47”61.
 
En los últimos metros, Wilkie no tiene ningún problema en lograr un sorprendente segundo lugar, 2,23”67, récord europeo, por delante de Taguchi, 2,23”88, mientras Colella, claramente superado en los últimos metros, es cuarto, 2,24”28, y el campeón saliente, Felipe Muñoz, quinto en 2,26”44.
 
100m.mariposa: récord mundial: Mark Spitz. 54”56, 4/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Doug Russell (USA) 55”9 de la 3a.semifinal, en Ciudad México. Eliminatorias y semifinales el 30 de agosto, final el 31. 39 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales. No defiende su título el campeón de Ciudad México, Doug Russell. Sin emplearse a fondo, Spitz iguala en la 2a.semifinal el récord olímpico, ahora ya en centésimas, 55”98. Lleva ya un total de siete pruebas, y, lógicamente, no es cuestión de hacer un excesivo gasto de energía de caras a la final, a pesar de que esta sea, posiblemente, la prueba más “fácil”, con todo lo que esto pueda significar en unos JJ.OO.
 
En la final, sin embargo, no ahorra energías. En cabeza desde los primeros metros, gira primero en 25”38, por delante de sus compatriotas Dave Edgar, 25”71, y Jerry Heidenreich, 26”02, mientras Roland Matthes es cuarto a un segundo exacto de Spitz, 26”38. Sin conceder nada de su ventaja, y con su característico estilo de hombre nacido para nadar la mariposa (por lo menos es lo que han dicho algunos expertos que han estudiado su morfología) Spitz continúa poniendo agua entre él y sus rivales. Con 54”27, nuevo récord mundial y olímpico, se adjudica su tercer título olímpico. Tras él, el canadiense Bruce Robertson, que solo era quinto en el viraje, 26”53, remonta a Matthes y Edgar hacia los 75m., y, finalmente, a Heidenreich en los últimos cinco metros, logrando el segundo lugar, 55”56, por 55”74, mientras Matthes es cuarto, 55”87, por delante de un hundido Edgar, quinto en 56”11, que quizá ha presumido excesivamente en los primeros metros de esta final.
 
El alemán, claramente sorprendido por el disparo de salida (según parece, sus reflejos no están a la altura de su técnica de estilo) se ha lanzado al agua con clara desventaja, ha remontado de forma magnífica, hasta ser cuarto en el viraje, aunque la misma remontada le ha costado, posiblemente, no poder mantener su ritmo en los últimos metros, perdiendo una seria opción de subir al podio.
 
200m.mariposa: récord mundial: Mark Spitz, 2,01”53, 2/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Kevin Berry (AUS) 2,06”6, en Tokio-1964. Eliminatorias y final el 28 de agosto. 29 participantes repartidos en 4 eliminatorias. No defiende su título el campeón de Ciudad México, el norteamericano Carl Robie. Se inicia con esta prueba la gesta de Spitz, habiendo, lógicamente, mucha expectación entre técnicos, nadadores y aficionados, para ver si la nueva apuesta acababa en un nuevo fracaso, como lo había sido cuatro años antes, en un medio-fracaso, ó, por el contrario, era capaz de llevar a buen puerto su reto.
 
Gary Hall rompe el hielo al superar el récord olímpico, ganando la 1a.eliminatoria con un tiempo de 2,03”70, superado minutos después por su compatriota Robin Backhaus, 2,03”11 en la 2a., antes de que Spitz, en la 4a. y última, enseñé ya los dientes, imponiendo un 2,02”11, muy cerca ya de su mundial.
 
Encabezando la prueba, Spitz vuela literalmente hacia su primer triunfo olímpico individual. 27”12 en el primer viraje, por delante de su compatriota Backhaus, 27”93, y del alemán de la DDR, Harmut Floeckner, 27”98; llega al hectómetro en 57”79, ya completamente destacado de Backhaus, 58”52, mientras Hall es ya tercero, 59”10. Continuando su particular festival, Spitz llega, siempre primero, al último viraje, 1,28”90, mientras por detrás, Hall empieza a acercarse a Backhaus, 1,30”33 por 1,30”57, claramente por delante del cuarto, el ecuatoriano Jorge Delgado, 1,31”86. Por un momento, Spitz parece en disposición de poder superar la “barrera” de los dos minutos, pero aunque intenta mantener su ritmo, flaquea en los últimos metros, y toca el muro en un tiempo de 2,00”70, nuevo récord mundial y olímpico, por delante de sus compatriotas Hall, 2,02”86, que en los últimos metros se impone a un hundido Backhaus, tercero en 2,03”23, logrando el único “triple” de la natación masculina USA.
 
En cuarto y quinto lugar, Jorge Delgado y el alemán Hans Fassnacht, 2,04”60 y 2,04”69, eran, igualmente, dos productos de la natación USA que los había acogido desde hacía cuatro años, becándolos en una de sus universidades.
 

200m.estilos: récord mundial: Gary Hall (USA) 2,09”30, 6/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Charles Hickcox (USA) 2,12”0, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 3 de septiembre. 39 participantes repartidos en 6 eliminatorias. No defiende su título el campeón de Ciudad México, Charles Hickcox. Récords olímpicos en las eliminatorias para el húngaro Andras Hargitay, 2,10”88 en la 2a., y para el sueco Gunnar Larsson, 2,09”70 en la 3a., a escasas cuatro décimas del mundial de Hall, uno de los nadadores más completos de la historia de la natación, capaz de superar el récord mundial de los 200m.espalda; ganar la medalla de plata de los 200m.mariposa en Munich, y la de los 400m.estilos en Ciudad México.

 
Dando pruebas de su perfecto dominio de los dos primeros estilos, precisamente mariposa y espalda, Hall coge el mando de la final, y se destaca rápidamente, 26”96 en el tramo de mariposa, por delante de su compatriota Steve Furniss, 27”48, del peruano Juan-Carlos Bello, otro hombre hecho en las universidades USA, 27”63, y Hargitay 27”72, mientras Larsson es quinto, 28”00, y otro norteamericano, Tim McKee, séptimo en 28”43. Hall aumenta espectacularmente su ventaja en el tramo de espalda, 57”99, por delante de Furniss, 59”39, y, ya más alejados, McKee 1,00”07; Bello 1,01”05; Larsson 1,01”07, y Hargitay 1,01”33, muy igualados con el resto de finalistas.
 
Increíblemente, sin embargo, Hall ha cometido el mismo error que cuatro días antes en la final de los 400m., es decir, lanzarse con excesiva ”alegría” en la primera mitad de la prueba, sabiendo perfectamente que su punto endeble es el tramo de braza. Como en los 400m., lo pagará caro. Con su potente patada de braza, el sueco inicia la remontada a partir de los 120m. Pasando uno tras otro a todos sus rivales, llega al último viraje en primer lugar, 1,38”07 (después de un excelente parcial de 37”00 en este tramo de braza) por delante de Hall, 1,38”32 (40”33 en braza); McKee 1,38”39; Furniss 1,38”79, y Hargitay 1,39”50, que ya no parece en disposición de mezclarse en la lucha por las medallas. Seguro de sus fuerzas, habiendo medido perfectamente su carrera, calcada sobre la de los 400m., Larsson esprinta en el tramo de crol, relativamente fresco de su anterior esfuerzo, y rápidamente coge una ventaja decisiva sobre sus tres rivales norteamericanos, que no pueden hacer nada para impedírselo.
 

Con un tiempo de 2,07”17 (parcial de 29”19 en el tramo de crol) el sueco se hace con el título, pulverizando los récords mundial y olímpico. Tras él, los tres norteamericanos se disputan los lugares de honor. Completamente hundido, Hall no puede mantener las escasas centésimas de ventaja que aún tenía en el último viraje, y es superado ya en las últimas brazadas, primero por McKee, segundo en 2,08”37, y ya sobre el mismo muro de llegada por Furniss, tercero en 2,08”45, mientras Hall señala unos 2,08”49, que superan, como los otros dos, su anterior récord mundial. Ha sido, pues, una prueba de gran nivel, con cuatro hombres por debajo del récord mundial, mientras Hargitay es quinto, 2,09”66, a solo 36 centésimas del ya ex-récord mundial.

 
Mientras el sueco Ljungberg, octavo y último clasificado, atraviesa rápidamente la piscina para ir a felicitar a su compatriota por su segundo triunfo, Hall parece no creer la pesadilla que le toca vivir, y permanecerá aún unos buenos diez minutos en el agua, cuando ya todos sus rivales la hayan abandonado, como si intentara digerir aquella sorprendente segunda derrota. Evidentemente se hace difícil decir qué hubiese pasado si Hall hubiera conducido su prueba con algo más de moderación en su primera mitad, pero si que podía esperarse una sustancial mejora de su registro cronométrico y, por lo tanto, de mayores posibilidades de victoria. Ha vuelto a demostrarse aquel dicho de “el hombre es el único animal que tropieza dos veces la misma piedra”, y Hall, creemos, lo hizo en un breve espacio de cuatro días, lo que le costó, posiblemente, dos medallas de oro.
 
Un cuarto de hora después de la ceremonia de proclamación de campeones de estos 200m.estilos, el norteamericano McKee pagaba lo que se supone una apuesta, saltando, completamente vestido, desde la palanca de 10 metros de la piscina muniquesa.
 

400m.estilos: récord mundial: Gary Hall, 4,30”81, 3/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Dick Roth (USA) 4,45”4, en Tokio-1964. Eliminatorias y final el 30 de agosto. 32 participantes repartidos en 5 eliminatorias. Como ya se ha dicho en la prueba anterior, Charles Hickcox no se presenta a defender su título de Ciudad México. Récord olímpico en las dos primeras eliminatorias: Andras Hargitay 4,37”51 en la 1a.; Larsson 4,34”99 en la 2a.

 
El buen comportamiento de Hall dos días antes en los 200m.mariposa (medalla de plata) lo convierte en el favorito de una prueba que domina desde 1969, llevando el récord mundial desde los 4,39”0 de Hickcox hasta sus actuales 4,30”81.
 
Excesivamente seguro de sus fuerzas, perfecto dominador de la primera mitad de la prueba, en la que tiene precisamente sus estilos fuertes, Hall inicia la final con unos parciales literalmente “suicidas”, 58”38 en el tramo de mariposa (más rápido que su paso de los 200m.mariposa, cuando la prueba de los 400m.estilos se considera más ”dura” que la de los 200m.mariposa) claramente por delante de Hargitay, 1,00”22, y Furniss 1,00”78, mientras McKee, otro de los favoritos, es quinto en 1,02”06, y Larsson, mucho más prudente, sexto en 1,03”41, a más de cinco segundos.
 
Hall continúa en cabeza de la prueba al llegarse a su mitad, 2,06”32, con casi cuatro segundos de ventaja sobre Furniss, 2,10”09; con McKee y Hargitay, 2,10”66 y 2,10”88, pareciendo los únicos candidatos al podio de campeones (Larsson continua sexto, 2,14”07, a casi ocho segundos de Hall, y parece ya totalmente superado). El sueco, sin embargo, es un excelente bracista, y a partir del viraje hacia la braza inicia una histórica remontada, mientras Hall empieza a hundirse en su estilo más flojo. McKee es el primero en alcanzarlo hacia los 250m., llegando primero al viraje de los 300m., 3,29”91, con Hall todavía segundo, 3,31”04, aunque ya presionado por Hargitay, 3,31”62, Larsson 3,32”17, y Furniss, 3,32”88.
 
Después de nadar en unos excelentes 1,18”10 el tramo de braza, el sueco aumenta decididamente su ritmo en el tramo de crol, pasando a Hargitay y a Hall, antes del viraje, aunque McKee parece todavía fuera de su alcance. Aumentando progresivamente su ritmo, Larsson se empareja con McKee hacia los 375m., nadando ambos completamente juntos hasta el muro de arribada. Nadie puede decir exactamente cuál de los dos ha ganado, pues incluso en el marcador electrónico figura, para ambos nadadores, el mismo tiempo, 4,31”98. Durante unos largos diez minutos, McKee y Larsson, sentados en los bloques de salida, y un impaciente público en las gradas, esperan el veredicto de los jueces.
 
Finalmente, se enciende el electrónico: primero, y campeón olímpico de los 400m.estilos, Gunnar Larsson, 4,31”981, nuevo récord olímpico; segundo, Tim McKee, 4,31”983. ¡ Por dos milésimas ! el sueco se proclama campeón olímpico después de que, una vez más, la electrónica se haya puesto al servicio del deporte, con la ayuda de un equipo altamente sofisticado, con cámara de TV incorporada, que también podía servir para vigilar los posibles adelantamientos en las pruebas de relevos, así como un sistema de cronometraje de cien imágenes por segundo, permitía tener los tiempo de los participantes en milésimas de segundo. Digamos que todo este sistema únicamente sirvió en dos ocasiones: esta de los 400m.estilos, y para determinar la descalificación del cuarteto mexicano en los 4x100m.crol.
 
Completamente hundido (con un discreto tramo de crol en 1,06”34) Hall será superado incluso por el húngaro Hargitay, tercer clasificado, 4,32”70, y por su compatriota Steve Furniss, cuarto en 4,35”44, acabando en un decepcionante quinto lugar, 4,37”88, totalmente impensable antes de la final.    
             
4x100m.estilos: récord mundial: Estados Unidos, 3,50”4, 3/09/1971, en Leipzig; récord olímpico: Estados Unidos, 3,54”9, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 4 de septiembre, 17 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias. Récord olímpico para el cuarteto USA al ganar la 3a.eliminatoria en un tiempo de 3,51”98, y en el que, como de costumbre (y el Reglamento que se lo permite) han lanzado al agua un cuarteto formato por “suplentes”, con Ivey, medalla de bronce de los 200m.espalda; Hencken, campeón olímpico de los 200m.braza; Hall, tercero de los 200m.mariposa, y Fairbanks, un destacado crolista que, sin intervenir en las pruebas individuales, señala 52”75 en su tramo de crol. El récord mundial queda prácticamente sentenciado en aquel mismo momento, una vez nade el equipo titular.  
 
Como siempre en las pruebas de relevos, y cuando el compromiso es serio, Roland Matthes parece esforzarse de verdad, para lograr la máxima ventaja posible para su equipo. En Munich, el alemán tampoco falla, e iguala su récord mundial, 56”3, con 56”30 (homologado oficialmente por la FINA como el primer récord en centésimas de segundo) dominando aún más claramente al espaldista USA, Mike Stamm, 57”97, es decir, un segundo y sesenta y siete centésimas, lejos del resto de cuartetos, con el soviético Grivennikov tercero en 59”22.
 
La braza, con Tom Bruce y Klaus Katzur ya deja las cosas en su debido lugar, por el excelente tramo del norteamericano, 1,04”22, frente a los 1,06”02 del alemán, que permite al equipo USA ponerse en cabeza, aunque sea por escasas centésimas, 2,02”19 por 2,02”32. Difícilmente se podía pensar que en los dos últimos tramos el cuarteto USA pudiera ser inquietado. Con dos magníficos parciales de 54”28 y 51”67, Mark Spitz y Jerry Heidenreich dejan sentenciada la prueba al imponerse de manera clara con un tiempo de 3,48”16, nuevo récord mundial y olímpico.
 
La DDR, que hasta el tramo de braza había sido segunda, padece finalmente por mantenerse, ante un inesperado cuarteto canadiense, que en los dos últimos tramos ve que puede luchar por la medalla de plata; quinto al terminar el tramo de braza, tras Japón y la URSS, Bruce Robertson, el inesperado segundo de la final individual de 100m.mariposa, señala unos magníficos 54”48, que le permiten deshacerse de sus dos inmediatos rivales, y, al mismo tiempo, acercarse a la DDR, el mariposista de la cual, Floeckner, no puede bajar de 56”36.
 
La ventaja de los alemanes ya es solo de 1”30, y el último parcial vive la emoción de ver si el crolista canadiense podrá remontar a su rival. Karting está casi a punto de lograrlo, con un buen parcial de 52”28, por 53”43 de su rival, el alemán Unger, quedándose a solo 14 centésimas de su objetivo. La DDR conserva, pues, el segundo lugar logrado ya en Ciudad México, 3,52”12, mientras Canadá es tercero, 3,52”26, por delante de un cuarteto soviético, cuarto en 3,53”26, que ha perdido con los 57”44 de Sharigyn en el tramo de mariposa, la ventaja lograda en los dos primeros tramos, y la posibilidad de luchar, cuando menos, por la medalla de bronce.
 
Por primera vez en los Juegos, los ocho cuartetos finalistas han bajado de los cuatro minutos, cuando solo hacía ocho años que un cuarteto de Estados Unidos lo había logrado por vez primera.
 

La imagen de Mark Spitz paseado a hombros por sus compañeros del cuarteto de estilos, ilustra perfectamente quien ha sido la gran figura de estos Juegos de Munich. Una imagen que ni tan solo ha podido empañar la reclamación de los dirigentes soviéticos, tildando al nadador norteamericano de aprovecharse de sus victorias para hacer propaganda de una cierta marca de artículos deportivos.

 
El caso es que al subir al podio de campeones de la prueba de 200m.crol, Spitz había subido descalzo, y con sus zapatillas en la mano. Después de recibir la medalla, y al saludar al público que le aclamaba, lo hizo alzando la mano en la que llevaba las zapatillas, con la marca de estas, Adidas, perfectamente visible, manteniéndola alzada mientras las cámaras de TV, lógicamente, lo enfocaban.
 
Hipócritas sacerdotes de un “amateurisme” que ya empezaba a perderse (pero que ellos mismos habían burlado con diferentes soluciones para sus deportistas) los dirigentes soviéticos depusieron una protesta que, naturalmente, no tuvo ningún seguimiento, aunque el CIO avisó los dirigentes USA para que no volviera a repetirse el espectacular incidente, y Spitz fuera debidamente calzado para recibir las correspondientes medallas que aún le faltaba recoger.
 
Las pruebas masculinas han sido claramente dominadas por un equipo USA que ha logrado tres títulos en las pruebas de crol, exceptuando la descalificación de Demont en los 400m., además de los tres relevos; las dos pruebas de braza y mariposa, superando un total de once récords mundiales y numerosos de olímpicos. Su sistema de ”age-groups”, juntamente con la dedicación de sus entrenadores, la fuerte constitución de su raza, el alto nivel de vida, y, finalmente, un sistema educativo que facilita la práctica del deporte, hace difícil predecir cuando puede acabar su supremacía de conjunto.
 
Australia, la DDR, y Hungría, juntamente con otros países, luchan con una insuficiencia de material humano, a pesar de lo cual pueden hacer un buen papel, impidiendo en determinados momentos la flagrante superioridad USA. Por su parte, la URSS, el único país que por su demografía podría enfrentar con ciertas posibilidades de éxito a sus, por tantas otras cosas, rivales, sufre el peso de un sistema deportivo excesivamente centralizado y mecanizado, con un sistema político que deja poco espacio a la improvisación que, dentro de una regular planificación, es siempre deseable en cualquiera acto deportivo donde el factor humano es la materia prima. 
 
En el sector femenino, Munich tiene, igualmente, su “Spitz” femenino en la persona de la australiana Shane Gould, niña-prodigio de la natación mundial, que se ha significado durante los meses anteriores al superar diferentes récords mundiales, logrando convertirse en la segunda nadadora de toda la historia en tener en su poder los récords mundiales de todas las distancias oficiales de crol, desde los 100 hasta los 1.500m. (la primera, recordemos, había sido, en el ya lejano 1931, la norteamericana Helen Madison, aunque esta había tenido, según como se mire, mucho más mérito, por cuanto en aquel tiempo había muchas más pruebas oficiales, un total de 17 entre pruebas en metros y en yardas, contra las 5 actuales).
 
De entre todos sus récords hay que destacar el de los 100m., 58”5, arrebatado a su compatriota Dawn Fraser (los 58”9 de 1964) que, después de igualarlo, había bajado en cuatro décimas. También había sido la primera en nadar el kilómetro y medio en menos de diecisiete minutos, 16,56”90, haciendo también “incursiones” en pruebas de estilos y mariposa. En estos Juegos, e igualando casi el reto de Mark Spitz, la australiana intenta ganar las cuatro pruebas de crol que se disputan, así como los 200m.estilos, es decir, un total de cinco medallas de oro individuales (en los relevos las australianas no tienen mucho cosa a decir, ante las norteamericanas, alemanas de la DDR, y otras).
 


Shane Gould

100m.crol: récord mundial: Shane Gould (AUS) 58”5, 8/01/1972, en Sydney; récord olímpico: Dawn Fraser (AUS) 59”5, en Tokio-1964. Eliminatorias y semifinales el 28 de agosto, final el 29. 46 participantes repartidas en 6 eliminatorias y 2 semifinales. No defiende su título de Ciudad México la norteamericana Jan Henne. Cae en las eliminatorias el viejo récord olímpico: la húngara Magdolna Patoh al ganar la 3a. lo deja en 59”47, récord que le dura unos pocos minutos, cuando en la 6a., Shane Gould lo deja en 59”44, que tampoco le dura mucho más de unas horas, cuando la norteamericana Shirley Babashoff gana la 1a.semifinal en 59”05; en la 2a., Gould señala un tiempo mejor que su anterior récord, 59”20, aunque sin llegar a recuperarlo, imponiéndose ambas nadadoras como las favoritas de la final.

 
Destaquemos el magnífico nivel técnico conseguido en esta prueba, con diez nadadoras por debajo del minuto en las semifinales. Es la primera vez que hay que bajar del minuto para clasificarse para la final.
 
Con una perfecta salida y un buen viraje, la norteamericana Sandra “Sandy” Neilson se avanza desde los primeros metros de la final, girando primera, 28”46, ante un pequeño grupo de cinco rivales, escalonadas entre los 28”71 de la mulata holandesa Enith Brigitha (originaria de la Isla de Curaçao) y los 28”96 de la alemana de la DDR Andrea Eife, mientras Babashoff, víctima de un despiste en la salida, es séptima, 29”16, por delante de otra DDR, Gabrielle Wetzko, 29”18, campeona europea dos años antes y una de las grandes rivales de las norteamericanas.
 
Sin aflojar su esfuerzo, Neilson no será inquietada hasta lograr una sorprendente victoria sobre las favoritas, con un excelente tiempo de 58”59, nuevo récord olímpico, igualando prácticamente el mundial. Gould, por su parte, remonta hasta el segundo lugar, aunque sin poder impedir que en el último metro, Babashoff, viniendo desde atrás, y esprintado de manera soberbia los últimos veinte metros, le “robe” el segundo lugar, 59”02 por 59”06, por delante de Wetzko, que también ha podido remontar en los últimos metros, logrando un cuarto lugar y un nuevo récord europeo, 59”21, aunque sin poder inquietar a sus rivales.
 
Ganadora de los 200m.estilos el día anterior, la australiana ve terminado, con esta derrota, su sueño de lograr las cinco medallas doradas, e incluso las cuatro de crol, lo cual quizás influirá notablemente en su rendimiento posterior, alternando excelentes actuaciones con otras no tan buenas. Hay que retener, sin embargo, como lección de la actuación de la australiana, comparada con la de Mark Spitz, que es mucho más fácil lograr un cierto número de medallas en distancias cortas variando los estilos, que no hacerlo en un solo estilo, pero alternando distancias cortas con otras más largas. La preparación en el primer caso es la misma desde el punto de vista fisiológico, mientras en el segundo caso, entrenar al mismo tiempo para pruebas de velocidad y de fondo, es mucho más complicado, e incluso sea imposible (lo cual, naturalmente, aún está por demostrar).
 
200m.crol: récord mundial: Shirley Babashoff (USA) 2,05”21, 4/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Debbie Meyer (USA) 2,10”5, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 1 de septiembre. 33 participantes repartidas en 5 eliminatorias. No se presenta a defender su título Debbie Meyer, la gran triunfadora de Ciudad México.
 
Triple récord olímpico en las eliminatorias, con, sucesivamente, las norteamericanas Ann Marshall, 2,08”12 en la 1a., y Keena Rothammer, 2,07”48 en la 3a., antes de que la alemana de la DDR, Andrea Eife, 2,07”05 en la 5a. y última, lo deje establecido antes de la final.
 
Plenamente consciente de sus fuerzas, ratificada su confianza por el triunfo en los 400m., Shane Gould no tiene problemas para imponerse en este doble hectómetro. Cogiendo el mando de la carrera desde los primeros metros, 29”23 en el primer viraje, 60”04 a mitad de carrera, la australiana tiene una cómoda ventaja sobre sus rivales, Rothammer 1,01”41; Babashoff 1,01”44; Marshall 1,01”45, y Eife 1,01”75. Sin conceder nada de su ventaja, 1,32”39 en el último viraje, por delante de las tres norteamericanas, Rothammer 1,33”29; Babashoff 1,33”30, y Marshall 1,33”94, Gould se va hacia su tercera medalla de oro, con un tiempo final de 2,03”56, nuevo récord mundial y olímpico. Babashoff, pese a recuperar parte de su desventaja en la última piscina, 31”03 por 31”27 de la australiana, no ha podido nunca inquietarla seriamente, y es segunda, 2,04”33, superando igualmente su anterior récord, cosa que hace, igualmente, la tercera clasificada, Rothammer, 2,04”92, superada solo en los últimos metros, mientras Marshall es cuarta, 2,05”45, rozando el anterior récord, como una señal más que en estos Juegos la natación ha dado un gran paso cualitativo adelante.
 
La tensión de la carrera estalla más tarde, durante la ceremonia de proclamación de campeonas. Gould, que durante la proclamación de los 100m. había podido contener las lágrimas de decepción, las dejó ir en esta de los 200m., convertidas, lógicamente, en lágrimas de alegría, al ver que, por lo menos en gran parte, se cumplían sus objetivos. La australiana, además, lograba, con este triunfo, el título de la nadadora más joven que lograba una medalla de oro en natación, a la edad de 15 años, 9 meses, y 5 días, un récord, empero, que no iba a durarle muchos días.
 

400m.crol: récord mundial: Shane Gould, 4,21”2, 9/07/1971, en Santa Clara; récord olímpico: Debbie Meyer, 4,31”8, a Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 30 de agosto. 29 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Récords olímpicos en las 1a. y 4a. eliminatorias, a cargo de la norteamericana Jenny Wylie, 4,27”53, y de la italiana Novel Calligaris, 4,24”14, una “pequeña gigante” de las piscinas con sus 163cm. de altura, su simpático sonreír siempre a flor de labios, y su enérgico y continuo bracear, siempre dispuesta a ir en cabeza de la prueba, sin darse nunca por vencida.

 
Había expectación para ver hasta que punto había estado “tocada” la moral de Gould después de su derrota del hectómetro el día anterior. En las eliminatorias, sin embargo, pareció más “tocada” su principal rival, Shirley Babashoff, octava y última de estas eliminatorias, 4,31”98, que no la australiana, que lo hizo en un cómodo quinto lugar y 4,28”46. La final demostró que, efectivamente, había sido así.
 
Sin ningún complejo, Gould coge el mando de la prueba desde los primeros metros, que no dejará hasta el final, logrando su segundo título, primero en crol. Con parciales de 1,01”50, 2,07”04, y 3,13”55, y un tiempo final de 4,19”04, la australiana supera en más de dos segundos su récord mundial, y el olímpico, sin ser inquietada. La lucha por los lugares de honor, en cambio, es mucho más disputada, con dominio inicial de Rothammer, que incluso parece, por un momento, capaz de resistir el ritmo de Gould, hasta la mitad de carrera, 1,02”57 y 2,08”97, ritmo que pagará muy caro en la segunda mitad, 2,15”25, retrocediendo hasta el sexto lugar. La igualdad en el viraje de los 200m. es máxima, con tres nadadoras escalonadas entre 2,10”01 y 2,10”71, Calligaris, la alemana de la DDR Gudrun Wegner, y Wylie, mientras Babashoff, como de costumbre, “navega” en último lugar, 2,12”93, pareciendo completamente descolgada para la lucha final.
 
En los 300m., y tras Gould, la italiana ya es segunda, 3,17”00; Rothammer tercera, 3,17”17; Wegner cuarta, 3,17”70; Wylie quinta 3,18”41, mientras Babashoff ya es sexta, 3,19”97. Con su rápido y nervioso bracear, Calligaris no tiene ningún problema para conservar el segundo lugar, 4,22”44, récord europeo, dejando el tercero para Wegner, 4,23”11, inquietada en los últimos metros por una Babashoff que ha “despertado” en el último hectómetro, 1,03”62 (cuando ha nadado el primero en 1,04”64) y quizás ha estado lejos del título “gracias” a este mal reparto de su esfuerzo (2,12”93 + 2,10”66).
 
La alegría de las dos primeras clasificadas en el momento de recoger sus medallas acabó contagiandose al público de la “Schwimmhalle” muniquesa, que premia con una larga ovación su talante extrovertido, y, sobretodo, cuando la australiana vuelve a levantar el pequeño “koala” que sirve de mascota a las nadadoras “aussies”.
 

800m.crol: récord mundial: Joan Harshbarger (USA) 8,53”83, 6/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Debbie Meyer, 9,24”0, en Ciudad México. Eliminatorias el 2 de septiembre, final el 3. 36 participantes repartidas en 5 eliminatorias. El progreso de la natación mundial se puede medir perfectamente en los resultados de esta prueba, en la que 10 de las participantes superan el récord olímpico de Meyer, aunque este sea únicamente para dos de ellas, la italiana Calligaris, 9,02”96 en la 1a.eliminatoria, récord que pierde minutos después en la 2a., cuando Rothammer la gana en un tiempo de 8,59”69.

 
Decepciona la australiana Karen Moras, decimotercera en 9,25”11, que ya había sido eliminada de los 400m., una nadadora que parecía iba a ser la gran rival de las norteamericanas, y que había llegado a ser recordista mundial de la prueba, 9,02”4 en 1970.
 
La pequeña italiana toma decididamente el mando de la prueba en los primeros metros, girando en 1,04”15 el primer hectómetro, por delante de Gould, 1,04”86; Harshbarger 1,04”91, y Ann Simmons 1,04”92, prácticamente a su nivel, mientras Rothammer, quizá aleccionada por su derrota de los 400m., sale algo más reservada, y es sexta, 1,05”24. Calligaris continúa mandando la carrera, aunque sin poder escaparse de sus rivales: 2,11”01 en los 200m. (por 2,11”66 de Gould; 2,11”80 de Simmons; 2,12”28 de Harshbarger, y 2,12”72 de Rothammer, que ya es quinta); 3,18”65 en los 300m. (por 3,19”18 de Gould; 3,19”32 de Simmons, y 3,19”84 de Rothammer, que ya es cuarta, mientras la recordista mundial Harshbarger, 3,20”19, empieza a hundirse y desaparece ràpidamente de la lucha por las medallas). A mitad de carrera, 4,26”67, Calligaris continúa por delante, con poco más de medio segundo de ventaja sobre Simmons, 4,27”28, con Gould tercera, 4,27”34, seguida de Rothammer y Wegner, 4,27”41 y 4,27”90.
 
A partir de este momento, sin embargo, Rothammer aumenta su ritmo, y a los 500m. únicamente cinco centésimas la separan de la italiana, 5,34”51 por 5,34”56, ya ligeramente distanciadas de Gould, 5,35”30; Simmons, 5,35”63, y Wegner, 5,35”73.
 
Aumentando todavía más su ritmo, la norteamericana, señala parciales de 1,06” en los tres últimos hectómetros, logrando deshacerse definitivamente de sus rivales; a los 600m. ya es claramente primera, 6,40”58, por delante de Calligaris, 6,42”22, mientras Gould, 6,42”51, percatándose del peligro, intenta pegarse a la italiana, para no verse descolgada de la lucha por el título; Simmons y Wegner, por su banda, no pueden resistir el ritmo impuesto por Rothammer, y van quedando atrasadas poco a poco, 6,43”42 y 6,44”37. A los 700m., la ventaja de la norteamericana ya es prácticamente decisivo, 7,47”04, por 7,50”25 de Gould, que lucha con Calligaris, 7,50”33, por los lugares de honor.
 
Con un último hectómetro en 1,06”64, Rothammer gana el título olímpico, superando al mismo tiempo los récords mundial y olímpico, 8,53”68, al término de una carrera modélica de ritmo, 4,27”41 y 4,26”27 en cada una de sus mitades, al mismo tiempo que bate el simbólico récord de Gould, conseguido cinco días antes, convirtiéndose en la campeona olímpica más joven de la historia, con 15 años, 6 meses, y 8 días.
 
Gould, con su superior velocidad, y pese al generoso esfuerzo de la italiana, no tiene ningún problema para lograr la medalla de plata, 8,56”39, dejando el bronce para Calligaris, 8,57”46, nuevo récord europeo, y segunda medalla para la natación femenina italiana, inquietada en la llegada por Simmons, a solo 16 centésimas, 8,57”62, gracias a un último hectómetro en 1,06”38, por 1,07”13 de Calligaris, carente de velocidad. Wegner, quinta en 8,58”89, completa un magnífico quinteto que, bajando los nueve minutos, dan a la prueba un excelente nivel técnico, pues no hacía todavía un año que Ann Simmons los había bajado por primera vez, 8,59”4, en una carrera disputada en Minsk.
 
4x100m.crol: récord mundial: Estados Unidos, 3,58”11, 18/08/1972, en Knoxville; récord olímpico: Estados Unidos, 4,02”5, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 30 de agosto. 16 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Sorpresa en la 1a.eliminatoria, cuando el cuarteto de la DDR, incluso sin su mejor velocista, Gabrielle Wetzko, reservada para la final, iguala el récord mundial, y supera el olímpico, imponiéndose por un estrecho margen, 82 centésimas, al cuarteto USA, que, ellas si, nadan solo con una titular. Las alemanas, pues, se señalan en esta prueba como las únicas que pueden romper la superioridad USA.
 
Neilson, como campeona olímpica, título logrado el día anterior es la primera en lanzarse al agua por el cuarteto USA, encabezando la prueba, señalando un parcial de 58”98, veinticinco centésimas por delante de Wetzko, 59”23, seguidas de la húngara Gyarmati, 59”32 (demostrando su gran versatilidad), de la holandesa Enith Brigitha, 59”46, y de la alemana de la RFA, Jutta Wéber, 59”84. Eife, la segunda nadadora DDR, puede restar 3 centésimas de la ventaja de las norteamericanas, enfrentada a Jenny Kemp, 58”96 por 58”99, mientras una sorprendente RFA, con Reineck, 59”02, no pierde excesivo terreno sobre las dos primeras.
 
En el tercer tramo, un parcial de 59”99 para la representante de la RFA, Beckman, la aleja definitivamente de la carrera por el título (2,58”5 en el total), y Jane Barkman (la campeona olímpica en Ciudad México, cuatro años antes) no puede “arañar” más que cinco centésimas a la DDR Elke Sehmisch, 59”03 por 59”08; de esta manera, es únicamente con veintisiete centésimas de ventaja, 2,57”00 por 2,57”27, que Shirley Babashoff se lanza al agua ante su correspondiente rival, Kornelia Ender.
 
Mientras la norteamericana está deseando quitarse el mal gusto de sus derrotas en los 100, 200 y 400m., Ender aún no es la velocista que pasmará el mundo de la natación los próximos cuatro años. Esprintando rabiosamente para lograr la medalla de oro que no ha podido lograr individualmente, Babashoff todavía aumenta algo más su ventaja, y, sin ningún problema, llega la primera al muro, señalando un magnífico parcial de 58”18, y un tiempo final de 3,55”19, nuevo récord mundial y olímpico, cosa que logra también el cuarteto de la DDR con sus 3,55”55 (con un parcial de 59”19 para Ender).
 
Sus “compatriotas” de la RFA tampoco tienen ningún problema en lograr las medallas de bronce, 3,57”93, bajando igualmente los anteriores récords, por delante de Hungría, 4,00”39; Holanda 4,01”49; Suecia 4,02”69; Canadá 4,03”83, y Australia, en último lugar, 4,04”82 (con una Gould que se limita a cubrir el expediente, nadando su tramo en unos discretos 1,01”00) señalando, los ocho cuartetos, los respectivos récords nacionales, en una nueva demostración del progreso de la natación mundial.   
        

100m.espalda: récord mundial: Karen Muir (RSA) 1,05”6, 6/07/1969, en Utrecht; récord olímpico: Kaye Hall (USA) 1,06”2, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y semifinales el 1 de septiembre, final el 2. 37 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Tampoco està presente en Munich Kaye Hall, la campeona de Ciudad México. Prueba que parece marcar el paso, con un récord mundial fechado en 1969, y en la que no parece haya nadie capaz de suceder a la sudafricana.

 
En la 1a. semifinal, la norteamericana Melisa Belote supera el récord olímpico con un tiempo de 1,06”08, convirtiéndose en una de las favoritas, juntamente con la húngara Gyarmati, 1,06”39 en la 2a.semifinal, otra de las espaldistas más destacadas.
 
En la final, sin embargo, Belote no deja ninguna opción a sus rivales, encabezando la prueba desde los primeros metros, 31”18 en el viraje, por delante de la húngara y de la holandesa Enith Brigitha, 31”42 para ambas; Moe 31”64, y la canadiense Wendy Cook, 31”67, mientras otra de las favoritas, la también norteamericana Susan Atwood, después de haber fallado la salida, es séptima, 32”03, claramente superada.
 
Sin relajar su esfuerzo, Belote se va hacia un brillante triunfo con un tiempo de 1,05”78, nuevo récord olímpico. Gyarmati es segunda, 1,06”26, nuevo récord europeo, mientras Atwood remonta espectacularmente en los últimos veinticinco metros, y es tercera, 1,06”34, con el cuarto lugar para una polifacética Moe, 1,06”69, que dos días después logrará el título de los 200m.mariposa.
 
200m.espalda: récord mundial: Melisa Belote (USA) 2,20”64, 5/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Pokey Watson (USA) 2,24”8, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 4 de septiembre. 37 participantes repartidas en 5 eliminatorias. No defiende su título de Ciudad México la norteamericana Pokey Watson. Belote, ya con el título del hectómetro en el bolsillo, demuestra su dominio en esta distancia.
 
Después que la alemana de la RFA Annegret Kober igualase el récord olímpico en la 1a.eliminatoria, con un tiempo de 2,24”88, es el turno de Susie Atwood de superarlo, en la 2a., con 2,22”13, antes que en la quinta y última, Melisa Belote, sin dejarse intimidar por su compatriota, señalé un tiempo de 2,20”58, nuevo récord mundial y olímpico, como si desease marcar perfectamente las diferencias entre ella y las restantes finalistas.
 
La final no tiene prácticamente ninguna historia. Encabezándola desde los primeros momentos, Belote gira siempre destacado en primer lugar, señalando parciales de 32”11, 1,06”59, y 1,42”55, y, finalmente, 2,19”19, nuevo récord mundial y olímpico, superando por segunda vez el que ya tenía al llegar a Munich. Tampoco su compatriota Atwood tiene muchos problemas para subir al podio, después de haber ida siempre segunda, 33”01, 1,08”04, y 1,44”37, con un tiempo final de 2,20”38, intentando, fiel a su costumbre, remontar en la segunda mitad de la prueba, aunque sin lograrlo, pese a ser más rápida que la campeona en ésta segunda mitad, 1,12”34 por 1,13”60.
 
La canadiense Donna-Marie Gurr, quinta en los 100m., 1,09”23, avanza a partir de los 100m. a sus más inmediatas rivales, Kober, y la holandesa Brigitha, y ya es tercera en el último viraje, adjudicándose la medalla de bronce, 2,23”22, superando a Kober, cuarta en 2,23”35, y a la alemana de la DDR, Sabine Herbst, 2,23”44. Señalamos que la canadiense había estado a punto de ser eliminada por la mañana, al lograr únicamente el octavo y último tiempo de las eliminatorias, 2,25”33, a una centésima de la novena clasificada, la británica Silvya Lewis, aunque enderezando perfectamente su carrera, como hemos podido ver, en la final.
 
100m.braza: récord mundial: Catie Ball (USA) 1,14”2, 25/08/1968, en Los Ángeles; récord olímpico: Djurdica Bjedov (YUG) 1,15”8, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y semifinales el 1 de septiembre, final el 2. 50 participantes repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales. No está en Munich la yugoslava Bjedov para defender su título de Ciudad México.
 
Continúan en pie en esta especialidad los récords de Cathy Ball que, desde 1968, dominan la braza mundial, pese a la aparición de figuras tan ilustres como la soviética “Prozo”, ahora acortando su nombre en Stepanova, por su matrimonio, y otras. Récords olímpicos en las semifinales: en la 1a., “Prozo” iguala, con 1,15”89, los 1,15”8 de Bjedov, mientras en la 2a., Cathy Carr lo supera con 1,15”00.
 
Carr se pone en cabeza de la carrera desde las primeras brazadas, girando en 35”00, por delante de su compatriota Judy Melick, 35”41; “Prozo” (que parece no haber “digerido” muy bien su derrota de los 200m.) tercera en 35”51, y la sueca Eve-Maria Smedh, 35”70. Sin conceder nada de su ventaja, antes aumentándola, Carr no tiene problemas para ganar el título, 1,13”58, superando, finalmente, el récord mundial de su compatriota, que parecía casi inamovible, y su olímpico. Segunda, remontando a Melick en los últimos veinticinco metros, es “Prozo”-Stepanova, claramente superada por la ganadora, 1,14”99, mientras la sorprendente ganadora de los 200m., la australiana Whitfield, vuelve a subir al podio con su tercer lugar, 1,15”73, por delante de la húngara Eva Kissne-Kaczander, 1,16”26, y el resto de finalistas.
 


Beverley Whitfield

200m.braza: récord mundial: Catie Ball, 2,38”5, 26/08/1968, en Los Ángeles; récord olímpico: Sharon Wichman (USA) 2,44”4, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 29 de agosto. 39 participantes repartidas en 6 eliminatorias. No se presenta a defender su título Sharon Wichman. Récord olímpico para la húngara Kissne-Kaczander, 2,43”13 al ganar la 3a.eliminatoria.

 
Decidida a ganar su segundo título olímpico, revalidando el logrado ocho años antes en Tokio, “Prozo” se lanza al agua, más con el entusiasmo de una novel que no con la experiencia de una veterana como ella. En cabeza de la prueba, gira en 37”28 en los 50m., por delante de la norteamericana Clevenger, 37”46; de su compatriota Ludmila Porubaiko, 37”77, y de la húngara Kissne, 37”89, con el resto de finalistas a seguir, y la australiana Beverley Whitfield en último lugar, 38”37.
 
Continuando su generoso esfuerzo, la soviética todavía es primera a mitad de carrera, 1,17”90, claramente por delante, ahora, de la otra norteamericana, Dana Schoenfield, 1,19”63, a la que siguen Whitfield y Clevenger, 1,19”64, y Porubaiko, 1,19”73. Aunque merma su ventaja entre los 100 y los 150m., la soviética aún parece en disposición de reeditar su triunfo de 1964, 1,59”48 en el último viraje, con una substancial ventaja sobre Clevenger, 2,00”54; Schoenfield 2,01”02, y Whitfield, 2,01”15, que no parecen poderla inquietar.
 
Como en Ciudad México, sin embargo, la soviética no podrá acabar con la misma fuerza que ha iniciado la carrera, y poco a poco sus rivales se le acercan. Quince metros antes de la llegada, le alcanza Schoenfield, pareciendo que puede ser la ganadora. Nadando por uno de los callejas laterales, y esprintando desesperadamente (39”90 en el último largo, por 41”03 de Schoenfield; 42”34 de Clevenger , y 42”88 de “Prozo”) surge entonces Whitfield, y sin que casi nadie se aperciba, supera claramente a la norteamericana en los últimos metros, logrando el triunfo quizás más inesperado de los Juegos.
 
Su tiempo, 2,41”05, pese a estar lejos del mundial, representa un nuevo récord olímpico. Schoenfield es segunda, a un segundo exacto, 2,42”05, mientras “Prozo”, completamente hundida, es tercera, 2,42”36, resistiendo los últimos intentos de Clevenger, 2,42”88, por arrebatarle la medalla de bronce.
 
Galina Prozoumentchikova-Stepanova había perdido, pues, en los últimos veinte metros de sus finales de Ciudad México y Munich, la posibilidad de juntarse a la ya legendaria Dawn Fraser, como la segunda nadadora en lograr tres títulos seguidos de una misma prueba. Jovencita de poco menos de 16 años al lograr el título en Tokio, se había convertido con los años en una de las mejores y más seguras bracistas mundiales, campeona europea en 1966 y 1970, recordista mundial en cinco ocasiones, pero había visto como se le escapaban las dos ocasiones de revalidar el título de Tokio, precisamente cuando su experiencia la hubiera podido ayudar a conseguirlo.
 
Su carrera olímpica, un primer lugar, dos segundos y dos terceros, en pruebas individuales, quedará grabada en la historia olímpica como una de sus mejores páginas, por su longevidad, y, también, por el anecdótico hecho que después de ser madre, en 1969, reemprendió los entrenamientos a principios de 1970, proclamándose campeona de Europa en Barcelona, aquel mismo año, continuando su carrera hasta 1972, ya con 24 años, una edad en la que la inmensa mayoría de nadadoras ya se han retirado.
 
Pese a esta magnífica semejanza de la bracista soviética, no cabe duda que la braza soviética, como ya lo había sido en Ciudad México, era una de las grandes derrotadas de estos Juegos, con solo un finalista en el sector masculino (el séptimo lugar de Pankin en los 100m.) y dos en el femenino (“Prozo” en los 100 y 200m., y Porubaiko en los 200m.), un bagaje demasiado pobre, pese a las dos medallas de “Prozo”.
 

100m.mariposa: récord mundial: Mayumi Aoki (JPN) 1,03”9, 21/07/1972, en Tokio; récord olímpico: Sharon Stouder (USA) 1,04”7, en Tokio-1964. Eliminatorias y semifinales el 31 de agosto, final el 1 de septiembre. 30 participantes repartidas en 4 eliminatorias. No está en Munich la australiana Lynn McClements, la sorprendente campeona de Ciudad México. Mayumi Aoki, una moderna “Madame Butterfly” (y nunca más bien dicho) se impone en esta prueba, dando vida, juntamente con las victorias de Taguchi en braza, a una natación que parecía declinar, sin poder lograr el nivel de otros tiempos.

 
La siempre sonriente japonesa llegaba a la capital bávara en posesión del récord mundial y era, lógicamente, la gran favorita de la prueba, aunque este favoritismo no signifique mucha cosa cuando se trata de unos Juegos Olímpicos.
 
Mucho movimiento en las dos rondas preliminares. En la 2a.eliminatoria, la húngara Andrea Gyarmati supera el récord olímpico con un tiempo de 1,04”01, contestada de forma inmediata por la japonesa, al ganar la 4a.eliminatoria con una centésima menos, 1,04”00, nuevo récord olímpico, a una décima de su mundial. Horas después, en la 1a.semifinal, la húngara vuelve a reincidir, bajando, no únicamente el récord olímpico, sino incluso el mundial, en una décima menos, 1,03”80, mientras en la 2a.semifinal, la norteamericana Deena Deardurff se impone a Aoki, 1,03”97 por 1,04”11, demostrando que si esta quiere ganar, tendrá que luchar.
 
Destaquemos la presencia de Ellie Daniel, la subcampeona de Ciudad México, que pretende lograr lo que no pudo cuatro años antes. Es una de las pocas medallas que repiten su actuación en una ”devoradora” natación USA en la que difícilmente es posible mantenerse más de cuatro años en un primer nivel.
 
Deardurff, que parece quedarse “enganchada” a los bloques de salida, pierde en ellos sus opciones de luchar por una medalla. La alemana de la DDR, Roswitha Beier, es la más rápida en acción, encabezando las ocho finalistas al llegar al viraje, 29”61, por delante de la norteamericana Dana Shrader, 29”94; Daniel y Beckman, una alemana de la RFA, ambas en 30”04, y Gyarmati con la japonesa Asano, también iguales en 30”27, mientras Aoki, mucho más prudente, es séptima en 30”34, por delante de Deardurff, 30”40, que no ha podido rehacer su desventaja de la salida.
 
A partir del viraje, sin embargo, Aoki inicia una brillante remontada que le permite alcanzar a Beier en los últimos metros, logrando el segundo triunfo olímpico femenino japonés desde la lejana victoria de la bracista Maehata en 1936, señalando, además, 1,03”34, un nuevo récord mundial y olímpico, récords que superan igualmente las dos siguientes, Beier, 1,03”61, y Gyarmati, 1,03”73, mientras Deardurff es cuarta, 1,03”95, después de una magnífica remontada, aunque sin poder llegar al nivel de las primeras. Shrader es quinta, 1,03”98, mientras Daniel es sexta con su mejor tiempo en esta prueba, 1,04”08, completando un magnífico nivel técnico.
 
Las banderolas con el Sol Naciente, símbolo del Japón, se agitan festivamente en el momento que la pequeña y simpática japonesa, 164cm. de altura, recoge su medalla acompañada de Beier y Gyarmati.
 
Es una de las tres pruebas en las que no hay ninguna norteamericana en el podio, un hecho que no ocurrió, en cambio, en el sector masculino.
 
Andrea Gyarmati, por su parte, ya campeona europea de esta prueba, dos años antes en Barcelona, no puede lograr su sueño de suceder, veinte años por en medio, a su madre como campeona olímpica de mariposa. Quizás una de las mayores razones de su derrota fue su gran versatilidad, al simultanear las pruebas de 100m.mariposa y 100m.espalda, con la mala suerte de que el mismo día que disputaba esta final de los 100m.mariposa, se habían disputado, solo media hora antes, las semifinales de los 100m.espalda, que habían sido suficientemente disputadas como para pensar que se habia dejado en ellas una gran parte de sus posibilidades para la final de mariposa.   
 
200m.mariposa: récord mundial: Karen Moe (USA) 2,16”62, 6/08/1972, en Chicago; récord olímpico: Ada Kok (NED) 2,24”7, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 4 de septiembre. 24 participantes repartidas en 4 eliminatorias. No está en Munich Ada Kok para defender su título. Con su récord mundial Karen Moe hace figura de favorita en una prueba que, seguramente, era de las que más había progresado en los últimos tiempos.
 
Cae el récord olímpico ya en la 1a.eliminatoria, cuando la alemana de la DDR, Rosemarie Kother señala un tiempo de 2,18”32, superado minutos después en la 2a. por la norteamericana Daniel en 2,17”18, nuevamente aspirante a una medalla de oro que se le había escapado en Ciudad México, y en el hectómetro de Munich, cinco días antes. Nueve nadadoras superan el récord olímpico en una prueba muy abierta, con cuatro nadadoras en menos de 2,20”.
 
Daniel es la más rápida en la final, girando primera en 30”92, por delante de Aoki, 31”28; Moe, 31”49, y Asano, 31”55. Rápidamente, sin embargo, hacia los 75m., Kother pasa a mandar la prueba, girando primera en los 100m., 1,05”46, seguida de Daniel, 1,05”62; Moe, 106”22, y Lynn Colella, 1,06”63, mientras Aoki, 1,07”48, demuestra que esta distancia no es precisamente su mejor, desapareciendo de la lucha por las medallas, acabando octava y última en 2,22”84. A partir de los 100m. reaccionan las tres norteamericanas, que al llegar al último viraje encabezan la prueba, con Daniel primera, 1,40”83; Moe segunda 1,40”92, y Colella tercera, 1,41”28, por delante de Kother, 1,41”55, la única que puede impedir el “triple” USA.
 
Las cuatro nadadoras se disputan la victoria en el último largo, en medio de una gran igualdad, hasta que en los últimos metros la recordista mundial puede lograr unos pocos centímetros de ventaja que le otorgan la victoria, 2,15”57, nuevos récords mundial y olímpico, seguida de sus compatriotas, Colella segunda en 2,16”34, también por debajo del anterior récord mundial, mientras Daniel, 2,16”74, debe conformarse, como en Ciudad México, con el tercer lugar. Cuarta es Kother, 2,17”11, récord de Europa, por delante del resto de finalistas. Destaquemos el segundo lugar de la veterana Colella, 23 años, que hasta este momento se había movido siempre en un nivel medio de la natación mundial, destacando en las especialidades de mariposa, braza y estilos, aunque sin llegar nunca, como ahora lo hacia, a un primer nivel internacional.
 


Jenny Bartz

200m.estilos: récord mundial: Claudia Kolb (USA) 2,23”5, 25/08/1968, en Los Ángeles; récord olímpico: Claudia Kolb, 2,24”7, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 28 de agosto. 43 participantes repartidas en 6 eliminatorias. No está en Munich la norteamericana Kolb para defender títulos y récord. Es la primera final femenina de los Juegos, y la posibilidad de ver si Gould será capaz de comenzar con buen pie su apuesta. Nadie es capaz de superar los récords en las eliminatorias.

 
La australiana no lo tiene fácil en la final, que se desarrolla con alternativas que le dan una grande emoción, y hacen que la victoria no se decida hasta los últimos metros. Gould, juntamente con la norteamericana Lynn Vidali, mejor tiempo de las eliminatorias, cogen el mando en el tramo de mariposa, 31”07 para ambas, por delante de la alemana de la DDR, Kornelia Ender, 31”45, y de la otra norteamericana, Jenny Bartz, 31”58. En el siguiente tramo, el de espalda, hay cambios en la prueba, siendo Vidali la que gira primero destacada, 1,06”74, por delante de Ender, 1,07”60, mientras Gould es tercera, 1,08”46, largamente distanciada. Continuando su esfuerzo, Vidali llega destacada al tercer y último viraje, 1,50”00, por delante de la australiana, 1,51”07, mientras Ender, que tiene en la braza su peor estilo, es cuarta, 1,52”03, tras de Bartz, 1,51”27.
 
Rápidamente Gould supera Vidali desde los primeros metros del tramo de crol, y parece irse hacia un triunfo fácil. En los últimos metros, sin embargo, aún debe sufrir el último asalto de Ender, que con un excelente parcial de crol, 31”56 por 32”00 de Gould, intenta arrebatarle el triunfo, sin lograrlo. Con un tiempo final de 2,23”07, Gould se cuelga al cuello su primera medalla de oro, con dos nuevos récords, mundial y olímpico, dejando para Ender el segundo lugar, 2,23”59, mientras Vidali, totalmente superada en el tramo de crol, su peor estilo, 34”06, puede mantener difícilmente el tercer lugar ante la acometida de su compatriota Bartz, 2,24”06 por 2,24”55, y de la canadiense Leslie Cliff, 2,24”83.
 
Cálida ovación del público de la “Schwimmhalle” muniquesa cuando Gould agita alborozadamente la simpática figura de un “koala” de peluche, escogida como mascota del equipo “aussie”, escena que se convertirá en habitual en todas las pruebas que la bandera australiana suba al asta de campeones.    
 
400m.estilos: récords mundial: Claudia Kolb, 5,04”7, 24/08/1968, en Los Ángeles; récord olímpico: Claudia Kolb, 5,08”5, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 31 de agosto. 38 participantes repartidas en 5 eliminatorias. Como ya hemos dicho, no defiende sus títulos de Ciudad México, Claudia Kolb.
 
En las eliminatorias, récord olímpico para la alemana de la DDR Sabine Stolz, que gana la 4a. con un tiempo de 5,06”96, acercándose al mundial, aunque no sea ella la única candidata a una victoria que envidian igualmente las tres estilistas USA (entre las cuales Vidali, una de las derrotadas, aunque subcampeona, de Ciudad México), o la canadiense Cliff, todas destacadas en la prueba corta. Muy pocos, por no decir nadie, contaba con aquella australiana (eliminada en los 200m. con 2,29”64) que después de ganar la 1a.eliminatoria con unos discretos 5,11”89, se clasificaba para la final con el sexto mejor tiempo.
 
Sin dejarse intimidar por los nombres de sus rivales, la australiana Gail Neall encabeza la final desde los primeros metros con un parcial de 1,08”64 en el tramo de mariposa, seguida de las norteamericanas Bartz y Vidali, 1,08”88 y 1,08”90, y la italiana Calligaris, 1,09”64, mientras Cliff es sexta, 1,10”26. Sin relajarse, Neall continúa su esfuerzo, cogiendo más ventaja a sus rivales, 2,25”33 después del tramo de espalda, claramente por delante de Calligaris, 2,27”19, la tercera norteamericana, Montgomery, 2,27”61; Cliff 2,27”99, y Bartz 2,28”65, mientras Vidali parece claramente superada en su séptimo lugar, 2,29”18.
 
La braza, el estilo que ha decidido en tantas ocasiones las pruebas de estilos, no clarifica mucho la situación esta vez. Neall, asombrosamente, continúa sólidamente situada en primer lugar, 3,55”51, con Cliff a poco más de un segundo, 3,56”72, seguida de Bartz 3,57”17, que ha remontado una Calligaris, 3,57”63, que ha sufrido en este tramo de braza para no verse superada y continuar teniendo opciones de victoria en el tramo de crol, aprovechando su mayor resistencia, al ser la única verdadera especialista de crol entre las ocho finalistas.
 
Desgraciadamente, el tramo de braza la ha dejado “marcada”, y tanto Neall como Cliff pueden resistir el bracear nervioso de la italiana. Pese a los esfuerzos de la canadiense, 1,06”85 en el tramo de crol, Neall, 1,07”46, puede mantener, ya casi al límite de sus fuerzas, las seis décimas de ventaja que le otorgan un inesperado y bien celebrado título olímpico, añadido a unos no menos inesperados récords mundial y olímpico, 5,02”97, que habla muy claro de la calidad de la nadadora “aussie”.
 
Segunda es Leslie Cliff, 5,03”57, superando igualmente los anteriores récords, lo mismo que Calligaris, 5,03”99, récord europeo, que a pesar de sus 1,06”36 en crol, no puede desbordar a sus rivales, mientras Bartz, 5,05”56, es curta. Esta ha sido la especialidad en la que las norteamericanas han logrado sus peores resultados, con una sola medalla de bronce en los 200m., sin llegar a superar los récords establecidos por Kolb cuatro años antes. Digamos que ha sido, también, la primera derrota olímpica de las estilistas USA desde que fueran incorporadas al programa olímpico, primero en Tokio, los 400m., cuatro años después en Ciudad México, los 200m. Mientras, otro “koala” es agitado festivamente en lo más alto del podio.
 
4x100m.estilos: récord mundial: Estados Unidos, 4,25”34, 18/08/1972, en Knoxville; récord olímpico: Estados Unidos, 4,28”3, en Ciudad México-1968. Eliminatorias y final el 3 de septiembre. 16 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Como en anteriores ocasiones, pocas posibilidades había de derrotar el cuarteto norteamericano, tanto más después de haberse impuesto en tres de las cuatro pruebas individuales de los respectivos hectómetros.
 
Remachando su superioridad de conjunto, un cuarteto USA formato enteramente por nadadoras “suplentes” (en el que, como de costumbre, hay importantes figuras de la natación mundial como pueden ser las dos medallas olímpicas, Atwood y Babashoff) supera el récord olímpico al ganar la 2a.eliminatoria con un tiempo de 4,25”57, muy cerca de su mundial.
 
La final es, prácticamente, y como ya se esperaba, poco menos que un trámite para el cuarteto USA, pese a que la espaldista Belote no está a su nivel de la prueba individual, señalando un parcial de 1,06”24, por delante de la holandesa Brigitha, 1,06”35, y la alemana de la DDR, Herbst, 1,06”89. Cathy Carr, la campeona olímpica de los 100m.braza, coge rápidamente ventaja, señalando un magnífico parcial de 1,13”99, ante la soviética “Prozo”, 1,14”46, que deja a su equipo en segundo lugar, por delante de la DDR, con Renate Vogel, 1,16”58, y la RFA.
 
Sin ser ya inquietadas, las norteamericanas llegarán ganadoras de la prueba después de dos excelentes parciales de Deardurff, 1,02”61 en mariposa, y Neilson, 57”90 en crol, totalizando un tiempo final de 4,20”75, que pulverizan literalmente los récords mundial y olímpico. Tras ellas, la DDR “se escapa” hacia el segundo lugar, merced a un buen parcial de Beier en mariposa, 1,03”34, mientras la RFA supera a una URSS que, como en otras ocasiones, falla en la segunda mitad de la prueba; Beckman, la mariposista de la RFA señala un parcial de 1,03”64, frente a los discretos 1,06”19 de Ustinenko, de manera que al llegar el último tramo de crol, las posiciones de podio ya están definidas, después de que Ender 58”09, Reineck 59”05, y Zolotsnikaja 1,00”05, hayan nadado los respectivos tramos. La DDR supera igualmente el anterior récord mundial, 4,24”91, por delante de sus homólogas de la RFA, 4,26”46, que se imponen claramente a las soviéticas, 4,27”81.
 
Como siempre, esta prueba ha permitido lograr parciales muy interesantes, en muchos casos superiores a los récords mundiales de cada especialidad; además de los ya consignados, mencionemos también los 1,02”47 de Mayumi Aoki en mariposa, remachando su título olímpico y el récord mundial.
 
Los Juegos Olímpicos, cuando menos en lo que corresponde a las pruebas de natación, han acabado de manera apoteósica. Cuando se han disputado las últimos pruebas entre las corcheras de la piscina bávara, aún no han llegado los tristes momentos de sangre y dolor que sucedieron en la Villa Olímpica y en el aeropuerto de Munich, y es por ello que puede decirse, sin pesar, que el balance final es verdaderamente espectacular: 27 récords mundiales superados y 3 igualados, 13 en el sector masculino, 14 en el femenino. 41 récords olímpicos en las pruebas masculinas, y 36 en las femeninas, es decir, un total de 77, distribuidos por las diferentes pruebas, ninguna de las cuales ha quedado sin ver renovado su récord olímpico.
 
Evidentemente, ha habido una gran figura, no ya de estos Juegos, sino de todo la historia olímpica y del deporte mundial, Mark Spitz, con sus siete medallas doradas, dobladas por otros tantos récords mundiales, un hecho que lo pone a la altura de una Dawn Fraser, de un Al Oerter, ó cualquier otro deportista olímpico.
 
En el sector femenino, y aunque sin tanto eco, otra figura ha destacado, la australiana Shane Gould, con sus tres medallas de oro, una de plata y otra de bronce, a pesar de que aspiraba a un sueño casi irrealizable como era el de ganar las cuatro pruebas individuales de crol, un hecho difícilmente realizable cuando cada día se tiende más y más hacia una progresiva especialización.
 
La competición, sin embargo, continúa. Con todo lo fabulosos que puedan parecer algunos de los récords logrados en Munich, es casi seguro que muchos de ellos no llegarán a tener ni un corto año de vida en el palmarés de la FINA. “Los récords están hechos para superarse” es una frase que por su repetición puede llegar a parecer banal, pero es muy real y cierta.
 
En Belgrado, al año siguiente, en el curso de los primeros Campeonatos Mundiales, muchos de los récords logrados en Munich, y que parecían difíciles de superar, cuando menos en un plazo tan corto, lo serán, y en algún caso, no en una sola ocasión, sino dos y hasta tres veces seguidas. Algunos de los récords logrados en Munich no servirán ni para clasificarse para las finales de Montreal, cuatro años después.
 
Al fin y al cabo, sin embargo, ¿no es esta la principal razón de ser de los deportes que se rigen por el cronómetro?. Lo que verdaderamente importa es que esta lucha para mejorar los récords sea leal, sea la manifestación de los avances del deporte en todas y cada una de sus facetas, y al mismo tiempo que los Juegos puedan contribuir, dentro de lo posible, y con todas las dificultades que esto significa, para unir una humanidad excesivamente dividida (las razones de esta división daría para muchos, muchos volúmenes, de doctrina política, social y religiosa) y para estrechar los lazos de amistad entre todos los pueblos y sus hombres. Es, seguramente, una utopía, como tantas otras de nuestra sociedad, pero por la que creemos vale la pena continuar luchando.   
 
Guillem Alsina