Dawn Fraser. Su biografia deportiva

Sin temor a equivocarnos mucho, podríamos decir que “Dawn Fraser es la natación, y la natación es Dawn Fraser”. La excepcional campeona australiana, en efecto, dominó la velocidad mundial femenina a lo largo de ocho años, que han representado un periodo capital de la natación, puesto que este periodo, 1956 – 1964, fue el resultado de la gestación que entre 1945 y 1955 tuvo lugar en Australia, en el que un grupo de entrenadores, fisiólogos, y biólogos, tuvieron la idea de unir sus esfuerzos para conseguir la que fue, seguramente, la mayor revolución natatoria de la historia: la victoria del nadador-atleta sobre el nadador-pez.
 
Aunque al lado de otros muchos (Lorraine Crapp, John Henricks, John Devitt, Murray Rose, los hermanos Ilse y John Konrads, etc.) Dawn ocupa, en nuestra opinión, el número uno de aquella excepcional generación que consiguió colocar nuestro deporte en “órbita”, llevándolo hacia un progreso, técnico y cronométrico, que todavía hoy hace sentir sus efectos.     
 
Es por todo ello que hoy nos hemos decidido a hacer una biografía lo más completa posible de esta extraordinaria velocista australiana, dividiéndola en dos apartados, el primero, la biografía puramente deportiva, que ya de por si daría, bien explicada, para un libro, y una segunda, la biografía “humana”, puesto que Dawn, como nuestros lectores podrán comprobar, se sale del arquetipo de nadador/a. al cual estamos acostumbrados a biografiar.
 
Su vida personal es tan, o quizás más, interesante que la deportiva, ya que marcó con su fuerte personalidad, que en ocasiones podríamos tildar de “rebelde”, sus relaciones con la gente de la natación. Estamos seguros de que nuestros lectores se lo van a pasar bien, y como complemento de la lectura de estos dos artículos, recomendaríamos leer el libro que mencionamos en algún lugar de este primer artículo (y del cual hemos entresacado mucha de nuestra información, escrito por la propia Dawn, en colaboración con el periodista Harry Gordon: “Below the surface. Confessions of an Olympic Champion”, traducido al francés con el título de “Championne Olympique. Les revers de trois médailles d’or” (Editorial Plon, 1965).
 
Nacida un 4 de septiembre de 1937, en Balmain, uno de los suburbios portuarios de la australiana Sydney, aprendió a nadar de manos de su hermano, jugador de rugby, a los seis años por el simple procedimiento de echarla al agua y esperar que se “espabilara”. Como buena “aussie”, demostró ya de bien pequeña sus magníficas condiciones para el agua, estableciéndose un verdadero “idilio” entre ella y el agua, aunque,
por motivos diversos, entre ellos su carácter inquieto, no comenzó a entrenarse seriamente hasta los 14 años, cuando, inducida por uno de sus primos, se puso a las órdenes de Harry Gallagher, uno de los entrenadores que en aquel momento preparaban la revolución australiana que triunfó en los Juegos de Melbourne-1956.
 


Con 18 añoss, ya empezaba a ser conocidad en Australia. Principios de 1956.

Pese a que los primeros contactos entre ambos no fueron precisamente “amables”, la misma Dawn reconoce en una de sus biografías (“Below the surface. Confessions of an Olympic Champion”) que Gallagher la transformó completamente, convirtiéndose en su Pygmalion, que, como en la obra de Bernard Shaw, transformó a una “rebelde” en la, para muchos, la mejor nadadora de todos los tiempos.

 
Consciente de sus inmensas posibilidades, Gallagher la cuidó, la “mimó”, llevándola, como acostumbra a decirse, “sin prisas pero sin pausas” hasta los primeros niveles de la natación mundial. En febrero de 1955 empieza a hacerse un nombre cuando supera el récord nacional de las 220 yardas con un tiempo de 2,29”5; después, progreso rápido e imparable. En diciembre de 1955 se proclama campeona de Australia del Sur en todas las pruebas de crol, 110, 220, 440, y 880 yardas, dando pruebas de su gran eclecticidad (aunque, realmente, su prueba preferida siempre fueron los 200m.-220y., aunque el hecho de no ser prueba olímpica, la llevaron a dedicarse al hectómetro), lo que le da derecho a participar en los Nacionales Absolutos que se disputan en Sydney, y que van a servir de “test” para los Juegos que ya se avecinan.
 
21 de febrero de 1956. Piscina de “North Sydney”, 55 yardas, y agua salada. Final de las 110 yardas de los Absolutos Nacionales de Australia. Dawn gira primera en el viraje, con Lorraine Crapp casi a su altura, y no se deja alcanzar en el segundo largo, ganando su primer título nacional. Su tiempo, 1,04”5, nuevo récord mundial, desbancando, casi veinte años después (27 de febrero de 1936) los 1,04”6 de la holandesa Willie den Ouden. Si el tiempo de la australiana había sido logrado en agua salada, lo que es una gran ventaja para el nadador, también es verdad que la había conseguido en piscina larga, y sobre 110 yardas, es decir, 100’58m., lo cual se puede decir que anulaba la ventaja del agua salada.
 
Cuatro días después, Dawn se impone en las 220y., dejando atrás otro de los mitos de la natación mundial, la danesa Ragnhild Hveger, al superar en una misma prueba sus 2,21”7 de 1938, 200m., y 2,22”6 en 1939, 220y., (ambos en piscina corta) con 2,20”6 y 2,21”2 respectivamente. Pocos días después, sin embargo, 3 de marzo y 14 de abril, perderá el récord del hectómetro cuando una holandesa, Cockie Gastelaars, lo “devuelve” a su país al conseguir 1,04”2, y 1,04”0, nadando, empero, en piscinas de 25m.
 
Se inicia en aquel momento uno de los duelos más productivos de la natación mundial que llevará el récord del hectómetro desde aquellos 1,04”6 de Den Ouden, hasta los 1,02”0 con el que terminará aquel año 1956. Las contendientes son Dawn Fraser, y Lorraine Crapp. El 25 de agosto, en el transcurso de una competición-test que se celebra en Townsville, piscina de 55 yardas, Dawn recupera el récord del hectómetro al rebajar substancialmente el tiempo de la holandesa, 1,03”3, mientras Crapp, más especialista de las pruebas más largas, hace historia en la natación mundial al convertirse en la primera mujer que nada los 400m. en menos de cinco minutos, 4,50”8 (Townsville, 55y.), pulverizando los míticos 5,00”1 de la danesa Hveger (15 de septiembre de 1940, en Copenhague, p.25m.).
 
Pero mientras Dawn acepta la superioridad de su compatriota en las pruebas de 200 y 400m., Crapp intenta ser la mejor también en el hectómetro, en esta “eterna” lucha, repetida en muchas otras ocasiones, entre la velocista y la fondista que baja a distancias inferiores. Con la preparación olímpica en auge, cuando cada competición-test representa una lluvia de récords para la pujante natación aussie, Crapp reafirma su superioridad en los 200m. al superar de nuevo su récord mundial (había señalado 2,19”3 al paso de sus 400m. en los ya comentados 4,50”8) dejándolo en 2,18”5, pero también demuestra su apetencia por el hectómetro, cuando se impone a Dawn, señalando un nuevo récord mundial al rebajar en una décima, 1,03”2, el récord de esta. La lucha es encarnizada. Cinco días después de sus 1,03”2, se celebran los “trials” para decidir el equipo olímpico. Crapp vuelve a imponerse a su compatriota, superando de nuevo su récord al señalar ocho décimas menos, 1,02”4, antes de cejar en sus esfuerzos, iniciando el periodo de afinamiento, ya de caras a los Juegos.
 
29 de noviembre de 1956. En Melbourne se inician las pruebas de natación de los Juegos Olímpicos. En la primera eliminatoria de los 100m.crol, Crapp señala el mejor tiempo, 1,03”4, nuevo récord olímpico; minutos después, en la 5a.eliminatoria,
Dawn “pega” más fuerte, y con 1,02”4 señala un nuevo récord olímpico, al tiempo que iguala el mundial de su compañera, amiga, y rival. Después de unas semifinales un poco más tranquilas (1,03”0 para Dawn; 1,03”2 para Crapp), la final se juega entre las dos australianas.
 
A la ventaja primera de Dawn, 28”3 en el viraje, con poco más de medio metro de ventaja, opone Crapp su mayor resistencia, recortando poco a poco su desventaja, aunque sin poder, finalmente, impedir el triunfo de su rival, que logra, además, nuevos récords mundial y olímpico, 1,02”0, con Crapp a pocos centímetros, 1,02”3, superando igualmente su ya ex-récord. Dawn completa aquellas triunfales jornadas de la natación aussie con una medalla de plata en los 400m., sin discutir para nada la incuestionable superioridad de Crapp, 4,54”6 por 5,02”5, y, finalmente, una segunda medalla de oro con el cuarteto de 4x100m.crol, 4,17”1, nuevos récords mundial y olímpico, prueba en el transcurso de la cual Dawn sale en primer lugar con la intención de superar su reciente récord mundial, pero que está a punto de costarle un disgusto, puesto que cuando ya lleva nadados unos 20-25m., se dispara accidentalmente la pistola del juez de salidas, y ella es la única que oye el estampido; creyendo que ha sido salida falsa, se detiene, antes de volver a nadar, al ver que ninguna de sus adversarias se ha detenido.
 
La “broma” le cuesta a la australiana un par de segundos, aunque, felizmente para ella, sus compañeras no tienen problemas para conseguir la victoria ante Estados Unidos, 4,19”2.
 

Dawn está definitivamente ganada para la natación, y trabaja fuerte a las órdenes de Gallagher. Nada cientos de kilómetros; hace footing en plena naturaleza, usando árboles y otros obstáculos para sus ejercicios de gimnasia; escala dunas en las playas para mejorar el impulso de sus piernas en salidas y virajes; hace contracciones isométricas; levanta pesos de 60 Kg. para fortalecer su musculatura, e incluso corta troncos de árbol a hachazo limpio para fortalecer sus brazos, es decir, como ella dice, haciendo “lo menos conveniente para una dama” (sus medidas en aquel tiempo, indicadas por ella misma, son 99 – 70 – 95), aunque lo más importante del año post-olímpico es el objetivo que se ha impuesto a largo plazo: ser la primera en bajar del minuto en el hectómetro libre. 1957 es, por ello, un año de transición, en el que “almacena” energía, efectuando un entrenamiento de base que será capital en su devenir deportivo.

 
Todo este trabajo fructificará a partir de 1958, cuando Dawn se convertirá en la mejor velocista mundial, marcando con sus récords y victorias un largo de periodo de dominio absoluto en los 100 y 200m.crol. Tres récords del hectómetro, y dos de los 200m., señalan sus progresos en este año. En un mes de febrero triunfal, supera tres de ellos; el día 10, en Adelaida, p.55y. (nadando pues sobre 220y. = 201’163m.) arrebata el de los 200m. a Crapp con 2,17”7; ocho días después, el 18, en Melbourne, rebaja su récord de los 100m., y 110y., quitándole medio segundo, 1,01”5, y cuatro días después, el 22, en Melbourne, 55y., vuelve a rebajar el de los 200m., quitándole ¡ 3 segundos !, para dejarlo en 2,14”7.
 
En julio, el equipo aussie viaja a Europa, donde, en Cardiff, p.55y., disputa la sexta edición de los Juegos de la Commonwealth. Dawn se impone en las 110y. rebajando en una décima de segundo su anterior récord, 1,01”4, siendo segunda en las 440y., vencida por Ilse Konrads, 4,49”4, por 5,00”8, en una distancia para la cual Gallagher le ve grandes posibilidades, pero a la cual ella se resiste a “entrar” seriamente, temiendo que ello la desvíe de su principal y gran objetivo, bajar del minuto en el hectómetro.
 
Después de los Juegos, el equipo aussie tiene programada una gira por diferentes países europeos, y en Schiedam se encuentra con la desafortunada Cockie Gastelaars (que no había podido asistir a los Juegos de Melbourne por el boicot de su país a aquellos Juegos) a la que vence, superando de nuevo su reciente récord del hectómetro, ahora con 1,01”2, poniendo la “guinda” a una temporada llena de triunfos, que la han acercado un poco más a su objetivo.
 
1959, como 1957, en ausencia de grandes competiciones, se convierte en otro año básico para su progreso. Grandes kilometrajes, y mucha preparación física, a la vista de un año olímpico en el que intentará conservar el título conseguido en Melbourne. La antigua rebelde ha madurado, técnica, física, y emocionalmente, bajo la guía de Gallagher, y, seguramente al no tener tras ella tantos años de natación como su amiga Crapp, que ya empieza a declinar, puede observar con esperanza su futuro, y es por ello que prepara la cita de sus segundos Juegos con la tranquilidad y la determinación que le ofrece su madurez.
 


Dawn Fraser, Lorraine Crapp y Faith Leech en Melbourne 1956

En los Campeonatos Absolutos que se disputan en la “North Sydney”, demuestra que va por buen camino cuando el 23 de febrero supera su récord del hectómetro por séptima vez, ¡ en un segundo exacto !, dejándolo, con 1,00”2, ya prácticamente por debajo del minuto, si tenemos en cuenta que ha nadado poco más de medio metro más, 58 centímetros, que equivalen a 3-4 décimas. Su gran objetivo, pues, parece a punto de caer.

 
Sin embargo, no será en Roma, ciudad olímpica aquel 1960, donde caerá. Cuando llega a la capital italiana, la natación USA ha iniciado hace unos pocos años su programa de “age-groups” (“grupos de edad”) que empieza a proporcionarle grandes resultados. Una de las mejores representantes de este programa es la joven Chris von Saltza, poco más de 16 años, que se perfila como la rival más peligrosa para Dawn, y lo demuestra perfectamente cuando en la 4a.serie eliminatoria supera el récord olímpico de la aussie con unos excelentes 1,01”9.
 
Sin dejarse “amilanar” por la joven norteamericana, Dawn le replica en las semifinales, apoderándose de nuevo del récord, 1,01”4. En la final, se reproduce de nuevo la lucha de 1956, es decir, entre una velocista más o menos pura, y la nadadora que “baja” de los 400m. para intentar ganar el hectómetro. Si en Melbourne había sido Crapp, ahora era Von Saltza, recordista mundial de los 400m. desde pocos días antes de los Juegos.
 
Para Dawn, la táctica a emplear será la misma que cuatro años antes. Cogiendo el mando de la prueba desde los primeros metros, consigue llegar al viraje con unos pocos centímetros de ventaja. Efectuando su magistral viraje de fondo habitual, sin perder ni un centímetro de su ventaja frente al volteo de su rival (la australiana nunca se ha fiado de los virajes volteados que ya efectúan prácticamente todos los grandes velocistas), Dawn desata su acostumbrado ataque a la salida del viraje, que le permite coger una  substancial ventaja que la ponga al abrigo del retorno de la norteamericana, más resistente, por lo menos en teoría.
 


Sharon Stouder, Dawn Fraser y Kathy Ellos en Tokio 1964

Von Saltza no puede responder al ataque, y poco a poco la ventaja de la australiana se va haciendo ya inalcanzable. Cuando toca el muro de llegada, Dawn lo hace con un nuevo récord olímpico, 1,01”2, dejando muy atrás a su rival, 1,02”8. Es la primera nadadora que ha conseguido renovar el título de los 100m., y la segunda (después de la norteamericana Martha Norelius en los 400m.crol de 1924 y 1928) que consigue renovar su título. Cuando en la rueda de prensa le preguntan si no ha quedado decepcionada al no poder superar su récord mundial, responde: “para superar un récord mundial todos los días del año son buenos; para ganar un título olímpico, solo hay una ocasión cada cuatro años”.

 
Luego, ya libre de la carga psicológica que representa tener que renovar su título, Dawn intentará superar su récord, saliendo la primera en el relevo 4x100m.crol, acercándose en cuatro décimas a su récord, 1,00”6, nuevo récord olímpico, llevándose para casa las dos medallas de plata de ambos relevos, y un quinto lugar en los 400m., distancia a la que sigue sin dedicarse especialmente.
 
A partir de aquel momento la vida de Dawn va a girar alrededor de SU objetivo. Tokio-1964 queda excesivamente lejos para una mujer que, a los 22 años, empieza a parecer demasiado “vieja” para continuar en la natación. Algunas de sus compañeras de equipo empiezan a llamarla “abuela”, puesto que si es verdad que el programa de “age-groups” produce excelentes campeones, también los “quema” tan rápidamente como los produce.
 
Como año impar (lo que significa ausencia de grandes competiciones), 1961 vuelve a ser para ella año de transición, dedicado a descansar psicológicamente, y, al mismo tiempo, almacenar metraje y potencia que le sirvan para conseguir el que es, ahora, su gran sueño. Su preparación psicológica la lleva al extremo, por ejemplo, de matricular su coche con el número 59.999). Al principio del verano austral de 1962 lo intenta varias veces, siempre sin éxito, aunque con tiempos que la acercan al minuto. Empieza a ponerse nerviosa, al ver que tarda en conseguirlo.
 
El 23 de octubre, en Melbourne, consigue rebajar nuevamente su récord del hectómetro (y de las 110y.) señalando el minuto justo, 60”0, para su gran desesperación, temiendo que aquello se convierta en un “estrellarse contra el muro”, sin conseguir romperlo. Siete días después, sin embargo, 27 de octubre de 1962 para la Historia, es el gran día.
 
En el mismo Melbourne, y sobre 110y., Dawn señala un tiempo de 59”9, que la señalan como la primera mujer que ha “roto la barrera” del minuto en el hectómetro, cuarenta años después de que otro mito de la natación, Johnny “Tarzán” Weissmuller, lo hiciera por vez primera en la historia de la natación. Aquel mismo día, liberada de todas sus angustias y temores, Dawn supera por tercera vez consecutiva el récord mundial de los 200m., quitándole otros tres segundos al anterior, para dejarlo en 2,11”6. Como bien dirá después en la rueda de prensa, “hasta el momento que comprobé que se podían nadar los 100m. en menos de un minuto, me pareció estar delante de una barrera; después, la barrera ha desaparecido”, y es que al final de la jornada, nadando unos 4x100m.crol, y saliendo en último lugar, Dawn ha vuelto a bajar del minuto, señalando unos fantásticos 58”9, que, evidentemente, no pueden ser homologados como récord. 
 
Feliz al haber conseguido su gran objetivo, Dawn participa en los Juegos de la Commonwealth que se disputan en Perth, p.55y. Allí, ya sin ningún complejo, vuelve a rebajar su récord del hectómetro en cuatro décimas, 59”5, y da una perfecta muestra de lo que hubiera podido hacer en los 400m. (y más teniendo en cuenta su récord de los 200m.) de haber dedicado un poco de atención a esta distancia, al imponerse a su compatriota Ilse Konrads con unos excelentes 4,51”4.
 
Han pasado dos años como quien dice “volando”, y ahora Dawn ya ve Tokio mucho más cerca. Continúa siendo la mejor velocista mundial, sin que nadie parezca que puede hacerle sombra, y ella continua con toda su ilusión y entusiasmo intacto. Decide hacer historia, y convertirse en la primera persona, hombre o mujer, que ha ganado tres títulos de natación consecutivos en una misma prueba. Como siempre, el año impar, 1963, le sirve únicamente para reponer fuerzas, y, al mismo tiempo, subir un escalón, el último, en su preparación.
 
El 29 de febrero de 1964, siempre en la piscina-talismán de “North Sudney”, 55 y. y agua salada, supera su último récord mundial del hectómetro, el décimo primero, noveno consecutivo, al señalar unos magníficos 58”9, que la señalan como máxima, y prácticamente única, candidata al título olímpico.
 
Y entonces sobreviene la tragedia. Pocos días después de su récord, tomándose unos días libres en Sydney al lado de su madre, Dawn tiene un terrible accidente de coche en el que muere su madre, y aunque ella sale ilesa, deberá llevar un collar ortopédico que le impide cualquier movimiento durante varios meses, a causa de la figura de una de las vértebras cervicales. ¡ Su presencia en Tokio parece ahora un sueño imposible !. En el hospital recibe innumerables muestras de afecto de sus compañeros, pero también de personas desconocidas (100 ramos de flores, 500 cartas de condolencia, y más de 2.500 mensajes del mundo entero, de personajes como Weissmuller, Henricks, Aubrey, e incluso de ministros del gobierno australiano, etc.). Una fuerte depresión se cierne sobre ella al creerse culpable de la muerte de su madre, agudizada al darse cuenta de que no va a poder defender su título olímpico.
 
Ella misma nos cuenta en su autobiografía el momento de su “resurrección”. “Llegó el día, un magnífico y soleado día, que fui a pasearme por los viejos Baños de Balmain, aquellos Baños donde, en otro tiempo, me subía al tejado junto con otros crios para mofarme de Gallagher y su equipo de nadadores. Me puse el traje de baño, la toalla sobre el hombro, y el collar ortopédico alrededor del cuello. No había decidido de manera consciente que iba a nadar, y el hecho de haberme puesto el traje de baño, me lo justificaba a mi misma, diciéndome que quizás podía bañarme un poco en la piscina de los más pequeños. Sabia que mi tío, Ray Miranda, estaría allí con su banda de “icebergs”, y quería estar con ellos. Es lo que hice. Estuve charlando un poco con ellos, y después me decidí a meterme en el agua. Me quité el artefacto del cuello y bajé por la escalera. En el momento que el agua cubrió mi cabeza, sentí una terrible presión. Para luchar contra ella, levanté la cabeza, lo que me provocó un agudo dolor en el cuello. No podía girar la cabeza a ningún lado, por lo que empecé a nadar a braza. No fue un recorrido agradable, pero el hecho de reencontrarme en el agua fue muy gratificante, y durante unos largos veinte minutos gozamos de un “tete a tete”, el agua y yo. y me encontraba perfectamente”.
 
Aunque no estaba muy decidida a continuar nadando, puesto que solo está dispuesta a competir si puede hacerlo en plenitud de facultades. Sin embargo, recibe el total apoyo de su familia y amigos, mientras los médicos que le tratan la lesión trabajan lo indecible para que los efectos de su lesión desaparezcan lo más rápidamente posible. Aquel mismo mes de abril, el juez de su caso concluye que ha sido una muerte accidental, declarándola totalmente inocente de la muerte de su madre. En el atestado, añade un testimonio personal, “permitidme expresar por miss Fraser la simpatía de todos los miembros de esta Corte ante este accidente, tanto más trágico por costarle la vida a su propia madre. Miss Fraser ha conquistado el respeto y la admiración de cada uno de nosotros por sus hazañas, como representante olímpica de la Commonwealth de Australia. Estoy seguro que sentirá un gran apoyo y consuelo al saber la profunda simpatía que tanta y tanta gente siente por ella en toda la Commonwealth que ella tan dignamente ha sabido representar”.
 
Entre todos la convencen de continuar. Empieza a entrenarse, aunque muy poco a poco, a causa de los dolores que le produce la presión del agua. Le dan masajes en el cuello cuatro veces por día, pero todavía no puede salir desde fuera del agua. Finalmente, con solo 150 km. de natación, participa en la concentración del equipo olímpico que se desarrolla en Townsville. Allí, bajo las indicaciones de Gallagher, redobla sus esfuerzos, al tiempo que, poco a poco, la vértebra vuelve a la normalidad. Sin embargo, sabe que no va a ser fácil reeditar el título. Como cuatro años antes, otra joven figura de los “age groups”, la norteamericana, Sharon Stouder (a punto de cumplir los 16 años) parece dispuesta a “aguarle la fiesta” a la australiana. En los “trials” USA nada en 1,00”8, y su progreso parece imparable. Dawn se entrena dos veces por día, seis días a la semana, descansando únicamente los domingos, y puede comprobar como, poco a poco, va recobrado su forma. Como le había asegurado Gallagher, los miles de kilómetros nadados desde que empezó a entrenarse no han sido inútiles, y surten ahora su efecto, devolviéndole más rápidamente su forma.
 
Y en Tokio, efectivamente, aquellos miles de kilómetros le darán la victoria. Sin dejarse “avasallar” por la juventud y la fama de Stouder, Dawn la supera en las dos primeras intervenciones, rebajando el récord olímpico en ambas, 1,00”6 en las eliminatorias; 59”9 en las semifinales, antes de enfrentarse a Stouder en la final. El 13 de octubre se disputa la final quizás más esperada de estos Juegos de Tokio. Dawn no varía para nada su acostumbrada y hasta entonces victoriosa táctica.
 
Saliendo por delante de su rival, toca el viraje (sin voltear, al contrario de Stouder, que sí lo hace) en primer lugar, y se escapa entre los 60 y los 75 metros, antes de padecer en los últimos metros el retorno de Stouder, aunque consigue retener cuatro décimas de su ventaja, logrando la ansiada tercera medalla de oro, junto a un nuevo récord olímpico, 59”5, arrastrando a su rival a convertirse en la segunda mujer que nada por debajo del minuto, 59”9. Las lágrimas de emoción por la hazaña, pero, sobretodo, por el recuerdo de su madre ausente, riegan la ceremonia de entrega de medallas. Si fue la primera que renovó un título de 100m.crol, ahora se ha convertido en la primera, hombre o mujer, que ha conseguido tres títulos olímpicos consecutivos en la misma prueba. Su cita con la historia ha terminado.
 
Se retira con un total de 27 récords mundiales individuales: 1 de las 100y. (el último que se homologó, antes de que, a partir del 30 de abril de 1957, la FINA dejará de homologarlos); 11 de los 100m.crol (nueve de ellos consecutivos); 7 de las 110y. (fue la única recordista mundial de esta distancia entre 1957 y 1968, año en que la FINA dejó de homologarlas; y 4 de los 200m. y 220y. Hay que tener en cuenta que muchos de los récords de 100 y 200m. fueron conseguidos en pruebas de 110 y 220y., por lo que algunos de los récords se repiten. En 1959 superó el récord mundial de las 110y. mariposa, 1,10”8, aunque, al parecer por problemas burocráticos, no le fue homologado oficialmente.
 
Sus 58”9 en el hectómetro fueron récord mundial durante ocho años, hasta 1972, cuando su compatriota Shane Gould señaló un tiempo de 58”5 (el año anterior ya lo había igualado), mientras que sus 2,11”6 de los 200m. sobrevivieron seis años, cuando la norteamericana Lillian Watson señaló un tiempo de 2,10”5 en 1966.
 
Ganó 7 medallas olímpicas, cuatro de oro (las tres de 100m.crol, y el 4x100m.crol en 1956), y 3 de plata (4x100m.crol en 1960 y 1964, y 4x100m.estilos en 1960).
 
No debemos olvidarnos tampoco de las medallas ganadas en los Juegos de la Commonwealth, unos Juegos que, para los países y atletas que pertenecen a esta institución, tienen tanta, o incluso más importancia, que los propios Juegos Olímpicos. Dawn se hizo con un total de 8 medallas, 6 de oro (110y.crol y 4x110y.crol en 1958-1962; 440y.crol en 1962, y 4x110y.estilos en 1962) y 2 de plata (440y.crol, y 4x110y.estilos en 1958).
 
Guillem Alsina