Alex Jany o el destino de los velocistas franceses

Desde que en 1932 el francés Jean Taris perdiera por una sola décima de segundo la final olímpica de los 400m.crol frente al norteamericano Clarence “Buster” Crabbe, la natación francesa había “sentido” la ineludible necesidad de vengar aquella “derrota” consiguiendo la medalla de oro que, según Taris, no había podido conseguir por “culpa” del reflejo del sol, que no le había permitido ver como el norteamericano remontaba en la segunda mitad de la prueba una ventaja de poco menos de cinco segundos, 2,17”6 por 2,22”4, que el francés le llevaba en los 200m., para alcanzarlo, por decirlo de alguna manera, en el último centímetro del último metro.
 
Pasado de forma, Taris no jugó ningún papel importante en los Juegos de Berlín-1936, donde lo mejor que pudieron conseguir nuestros vecinos del norte, fue un meritorio cuarto puesto en el 4x200m.crol.
 
Llegó la “II Gran Locura Mundial”, y pasó como un vendaval, asolando los campos de Europa, mientras un joven nadador de 16 años (nacido en Tolosa de Languedoc un 5 de enero de 1929), una vez pasadas las penurias de la guerra, empieza a destacar en las competiciones nacionales. Es hijo del director de la piscina de los “Dauphins du TOEC” y con unas magníficas condiciones físicas para triunfar en nuestro deporte, sobretodo por sus 191 centímetros de altura.
 
Se llama Alex Jany, y recién terminada la guerra, en 1945, con dieciséis años y medio, se proclama triple campeón de Francia de los 100, 200 y 400m. (59”4; 2,19”4, y 5,09”5), títulos que conseguirá en años posteriores (los 100m. entre 1945 y 1952; los 200m. entre 1945 y 1950, y en 1953, y el de los 400m. en 1945, y entre 1947 y 1949).
 
Bajo la dirección de uno de los mejores entrenadores franceses, Alban Minville (artífice también del campeón olímpico de los 400m.crol, Jean Boiteux, entre muchos más), progresa rápidamente. El 15 de septiembre de 1945, en la “piscina-milagro” del C.N.Marsella (25m. y agua de mar) supera el récord europeo de los 200m. con un tiempo de 2,09”8 (anterior del sueco Bjorn Borg, 2,10”8 en 1942). Al año siguiente, 1946, vista la buena forma de Jany, y la de otros nadadores franceses del DTOEC, se organiza toda una serie de intentos de récords, mundiales y europeos, con un gran éxito, que consigue el despegue de la natación francesa hacia el más alto nivel.
 
El 12 de junio, también en la “piscina-milagro” ya mencionada, Jany nada el hectómetro en unos 56”7, que constituyen el nuevo récord europeo de la distancia, sucediendo a los anteriores 56”8 del alemán Helmut Fischer en 1936. El 8 de agosto, esta vez en la piscina de 50m. del DTOEC, Georges Vallerey, Alfred Nakache, y Alex Jany superan el récord mundial de los 3x100m.estilos con un tiempo de 3,16”9, superando los 3,20”7 que seis días antes había con seguido un terceto de la norteamericana Universidad de Ohio. Cinco semanas después, entre el 16 y el 24 de septiembre, y vista la excelente forma de aquellos tres nadadores, el C.N.Marsella organiza en su “piscina-milagro” una denominada “Semana de los récords” que tiene un rotundo éxito puesto que se salda con un balance de dos récords mundiales y ocho europeos. Jany es el principal artífice de este gran éxito.
 
El día 16 se nadan los 3x100m.estilos, en la que el mismo terceto que lo ostentaba, pulveriza sus anteriores 3,16”9, dejándolo en 3,12”3. El 18 supera su récord europeo del hectómetro, ahora con 56”6, y dos días después, supera su primer récord mundial, el de los 200m., al señalar un tiempo de 2,05”4, rebajando los anteriores 2,06”2 del norteamericano William “Bill” Smith en 1944 (y, evidentemente, también su europeo del año anterior, 3,09”8). Al dia siguiente, 21, supera el europeo del húngaro Norbert Tatos en los 400m., 4,46”4 del 1941, dejándolo en 4,45”8. Finalmente, el 24, un equipo totalmente del DTOEC, formado por los hermanos Vallerey, Georges y Jehan, Alfred Nakache, y Jany, superan el récord europeo del 4x200m. con un tiempo de 9,05”4, rebajando los anteriores 9,10”8 del equipo nacional húngaro en 1936 (digamos que, además de los récords de Jany, el espaldista Georges Vallerey superó los récords europeos de 100 y 200m.espalda, este último en dos ocasiones, 1,05”2, y 2,25”9 y 2,25”4.
 
El año termina con un nuevo éxito, cuando, el 15 de diciembre, otro equipo del DTOEC, con el cambio de Alfred Nakache por Charles Babey, se convierte en el primer equipo europeo de 4x100m.crol que baja de los cuatro minutos, al señalar 3,58”4 en la piscina de 25m. del DTOEC.
 


Final 100 libre JJOO Londrs 1948. Alex Jany por la calle 3.

En 1947, Jany alcanzará el mejor equilibrio entre peso y capacidad vital, lo que equivale a decir sus mejores prestaciones. En verano se reanudan los Campeonatos de Europa, que se disputan en la “rápida” piscina de Montecarlo, 50m., y agua de mar. Dos semanas antes de estos Europeos, nada unos formidables 57”3 en la “durísima” piscina parisina de Tourelles (50m., agua muy fría, y tiempo lluvioso) que representa el mejor tiempo mundial del hectómetro en piscina larga desde que en 1936, el japonés Masanori Yusa y el norteamericano Peter Fick habían conseguido 57”2.

 
Los primeros días de septiembre representan un cambio radical; de las malas condiciones atmosféricas y la dureza de Tourelles, pasa a la soleada Costa Azul, y una piscina considerada entre las más rápidas del mundo. Jany lo agradecerá. El día 10 gana la 3a. serie de las eliminatorias de los 100m. con unos magníficos 56”2, nuevo récord europeo, y mejor tiempo mundial en piscina larga (aunque no de agua dulce); al día siguiente, 11, gana la final, aunque sin llegar a superar el tiempo de las eliminatorias, 56”9. Dos días después, 13, es la final, disputada contra reloj, de los 400m.crol; Jany coge el mando de la prueba desde los primeros metros, pasando en 1,01”9; 2,13”0, y 3,24”7 (récord europeo, rebajando los anteriores 3,27”6 de su compatriota Taris en 1931), y termina con 4,35”2, pulverizando no solo su récord europeo (los 4,45”8 del año anterior) si no también el mundial del norteamericano Bill Smith, 4,38”5 en 1941.
 
No contento con todo esto, al terminar los Europeos Jany viaja a Menton, donde le espera otra de las piscinas más rápidas de Europa, alimentada también con agua de mar, aunque con la ventaja adicional de ser de 25m. Allí, 15 de septiembre, se convierte en recordista mundial de la prueba seguramente más codiciada del programa natatorio, el hectómetro libre, al señalar un tiempo de 55”8, superando los anteriores 55”9 del norteamericano Alan Ford, en 1944.
 
Pocos días después, 28 de septiembre, en el curso de una gira triunfal por el norte de África (Marruecos y Argelia), aprovechando su “estado de gracia”, y para completar su panoplia de récords, supera el mundial de los 300m., 3,21”0 (anterior del norteamericano Jack Medica, 3,21”6 en 1935). Ahora puede descansar y prepararse para los Juegos, en los que periodistas y aficionados franceses lo están viendo poco menos que como doble campeón olímpico, convertido en la gran esperanza para conseguir lo que, por una sola décima de segundo, no había logrado Taris dieciséis años antes.
 
Llega a Londres con poco más de diecinueve años y medio, para enfrentarse con sus rivales norteamericanos, acostumbrados a la presión de sus duelos universitarios, y de unos “trials” que, en más de una ocasión, son más difíciles de pasar que los propios Juegos. El peso de la responsabilidad puede más que las anchas espaldas del fenómeno francés. Aunque gana fácilmente su eliminatoria, 58”3, y en las semifinales de la tarde se clasifica fácilmente con el cuarto mejor tiempo, 57”9, sus tres rivales USA se le adelantan, con 57”5 para Walter Riss (igualando el récord olímpico); Keith Carter, 57”6, y Alan Ford, 57”8. Sabe, pues, que sus tres rivales están en perfecta forma, tanto mental como físicamente.
 
Agobiado por todo lo que la prensa francesa le pronostica, los nervios de Jany ceden. Al término de una final muy competida (más de lo que parecen indicar los tiempos) y aunque el francés parece dominar en el viraje con unos pocos centímetros de ventaja sobre sus rivales, Jany no puede mantener su ritmo hasta el final, y es alcanzado por los tres velocistas USA, e incluso por el húngaro Kadas. Mientras Riss se alza con la victoria, 57”3, nuevo récord olímpico, Ford es segundo, 57”8, seguido de Kadas, 58”1, el tercer norteamericano, Carter, y Jany, ambos con el mismo tiempo, 58”3.
 
La desilusión termina de hundirle. En los 400m., aunque consigue clasificarse para la final, 4,53”3, quinta mejor marca, sabe perfectamente que sus posibilidades son prácticamente nulas frente a hombres como los norteamericanos Jim McLane, que ha superado el récord olímpico con 4,42”2, o Bill Smith, 4,45”3, o el australiano John Marshall, 4,50”0. y aunque lo intenta en la final, segundo en los 100m., poco a poco se va retrasando, quinto en los 200m., y sexto en los 300m., lugar en el que, finalmente, quedará, con unos 4,51”4, totalmente inesperados pocos días antes de iniciarse los Juegos. Londres, sin embargo, no va a terminar los Juegos sin ver al verdadero Alex Jany, que, liberado por una vez de la tensión a que se le ha sometido en las pruebas individuales, da lo mejor de sí mismo en el último relevo del 4x200m.
 
Tomando el testigo en quinto lugar, por detrás de Estados Unidos, Hungría (ya en posición inalcanzable), Suecia y Yugoslavia, Jany nada en unos magníficos 2,09”4, segundo mejor tiempo de los 32 relevistas (solo por detrás del norteamericano Bill Smith, 2,09”0) ofreciendo a la desilusionada afición francesa el “consuelo”, magro consuelo, de una medalla de bronce, imponiéndose a suecos y yugoslavos en los últimos metros.
 
Después de aquella desilusión Jany nunca más será el mismo. Algo se ha roto en su interior. Para intentar reencontrarse, abandona su equipo de siempre para enrolarse en el C.N.Marsella, donde todavía conseguirá algunos éxitos. El 10 de septiembre de aquel funesto 1948, en otra de sus estancias en Casablanca, y aprovechando su piscina de 25m. y agua salada, saca fuerzas de flaqueza para superar su último récord mundial individual, aunque lo consigue en una distancia que ya prácticamente no se nada ni siquiera en los Estados Unidos, y con un tiempo de 3,03”0 rebaja los 3,04”4 que Jack Medica tenia desde 1935 como récord mundial de las 300 yardas.
 
Después, aunque continua reinando en Francia como su mejor velocista, ya no progresa más. Revalida fácilmente sus títulos europeos de 100 y 400m. en Viena-1950, 57”7, y 4,48”0, aunque el hecho de que el equipo húngaro se quede en casa por motivos políticos, impide que pueda medir sus fuerzas con dos de los favoritos, Geza Kadas en el hectómetro (que ya lo había vencido en Londres), e Imre Nyeki en los 400m., que podían haberle puesto las cosas bastante más difíciles de lo que se las ponen tanto el sueco Göran Larsson, 59”4, o su compatriota Jean Boitex, 4,50”1.
 
Sus dos últimos récords mundiales los recoge entre 1951 y 1952, aunque ya no de forma individual, sino complementando equipos de relevos. El 2 de agosto de 1951, un equipo nacional aprovecha la magnífica ventaja que proporciona la “piscina-milagro” de Marsella, para superar el récord mundial de la prestigiosa prueba de los 4x200m.crol, dejándola en 8,33”0, rebajando los anteriores 8,41”0 de un cuarteto japonés el año anterior. El 25 de marzo de 1952, en la piscina de 25m. de Troyes, supera, junto al espaldista Gilbert Bozon, y al mariposista Maurice Lusien, el récord mundial de 3x100m.estilos que un equipo ruso les había arrebatado con 3,11”1, dejándolo en 3,09”6.
 
El año olímpico de 1952 le trae la última gran alegría deportiva al francés. Participa individualmente en el hectómetro de Helsinki, llegando a semifinales, 12o. en 58”9, aunque la felicidad le llega, como en Londres, en el relevo, cuando junto a Joseph Bernardo, Aldo Eminente, y Jean Boiteux, revalidan el tercer lugar de Londres en el relevo largo. Luego, poco a poco, la decadencia deportiva. Pierde sus títulos nacionales, superado por otros nadadores más jóvenes, aunque él siempre estará allí para aconsejarlos, procurando que no les ocurra lo mismo que a él le ocurrió en cierta competición de Londres. Ya más dedicado al water-polo que a la natación, todavía nadará el hectómetro en los Juegos de Melbourne-1956 (más como testimonio sentimental que no con la intención de conseguir una buena clasificación) donde es 23o., sin conseguir bajar del minuto, 1,00”2, e incluso la eliminatoria del 4x200m., aunque lejos de su forma, y con una natación francesa a la baja, no consigue clasificarse para la final. Cuentan de él, como jugador de water-polo, aunque, al ser bastante corto de vista, en alguna ocasión se le había tenido que avisar que la portería del equipo rival estaba en sentido contrario al que él estaba nadando, impidiendo que se marcara algún gol en propia puerta, aunque ignoramos si este pequeño detalle anecdótico es verídico, o no.
 
Retirado de la competición, Jany continuó al borde de las piscinas, como entrenador, hasta su jubilación, dejándonos el 2001, entre el sentimiento de los aficionados, que, pese a su ”fracaso” de 1948, siempre vieron en él al magnífico nadador, pero también, por encima de todo, gran persona que fue.
 
Desgraciadamente para los aficionados franceses, el caso de Jany no será el único, en su deseo de tener un campeón olímpico de velocidad. Tras él, en Tokio-1964, le ocurrió lo mismo a Alain Gottvalles, recordista mundial del hectómetro, que de favorito de la prueba, pasó a idéntico quinto lugar de la final, ganada por otro norteamericano, Don Schollander; en Munich-1972 le ocurrió a otro recordista europeo, Michel Rousseau, séptimo de la final, ganada por Mark Spitz, cuando entraba en el lote de favoritos, mientras en tres Juegos consecutivos le ocurrió a un cuarto recordista europeo de nacionalidad francesa, Stephan Caron, aunque en este caso se salió bastante mejor parado que sus antecesores, ya que después de un séptimo lugar en los Juegos de Los Ángeles, cuando todavía era poco menos que un debutante, consiguió dos medallas de bronce en los de Seul-1988, y Barcelona-1992, aunque sin conseguir el tan anhelado título. Ahora, con Alain Bernard, los aficionados franceses esperan, por enésima vez, un título olímpico de los 100m.crol. ¿Será a la quinta la vencida?.     
  
Guillem Alsina