Jodie Henry. El problema era la respiración

Jodie Henry, con 20 años fue la dominadora mundial de los 100 libre femeninos. En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, una joven Jodie se proclamaba campeona habiendo batido el record del mundo en semifinales con 53.52, superando los 53.66 de Libby Lenton. Sus marcas superaban ampliamente los 54.58 que le permitieron conseguir la medalla de plata en los Campeonatos del Mundo de Barcelona 2003, tras la finlandesa Hanna-Maria Seppala
 
Además del título individual, en Atenas, su actuación fue decisiva en los relevos femeninos australianos con los que consiguió dos oros adicionales. En la final de los 4×100 libre nadó en la última posta en 52.95 ayudando con ello al record del mundo con un total de 3:35.94. En el 4×100 estilos lo hizo en 52.95 que llevaban una vez más a su equipo a un record del mundo con 3:57.22
 
En el Campeonato del Mundo de Montreal 2005 le bastó marcar 54.18 para hacerse con el título mundial. En el relevo de 4×100 libre subió con 54.45 en la primera posta que con la ayuda de Alice Mills, Shayne Reese y Libby Lenton se proclamaron campeonas del mundo.
 
En el 2006 volvió a nadar por debajo de los 54 segundos, fue en la final de los Juegos de la Commonwealth para conseguir la medalla de plata con 53.78 tras Libby Lenton que vencía con 53.54.
 
A partir de ese momento, Jodie no fue la misma, aunque por razones desconocidas. Siempre ha sido una chica nerviosa, en ocasiones hasta convertirse en un problema de ansiedad. En los trials para los JJOO de Sydney 2000 todo el mundo daba por hecho que aquella joven tendría su plaza olímpica, pero se atenazó ya antes de la salida de la final y solo pudo ser sexta, sin posibilidad de nadar los Juegos. Años después le pasó exactamente lo mismo para acudir a los Campeonatos del Mundo de Melbourne 2007.
 
Su entrenador Shannon Rollason ha tenido que pelear bastante con los nervios de Henry. Además. la nadadora sigue los patrones biomecánicos con excelencia: el movimiento de cabeza es controlado, su patada se parece a una batidora de huevos,  además es fuerte y constante.
 
Pero ella desafía uno de los principios más básicos del deporte, su respiración es técnicamente incorrecta. Habitualmente se enseña a los nadadores a tener una respiración uniforme, dependiendo de la prueba y las características del nadador ajustándose a un patrón.
 
Rollason se empezó a fijar en el patrón que seguía Henry y se dio cuenta que era del todo irregular, a veces respiraba cada cuatro brazadas, luego cada ocho, nueve, volvía respirando cada cinco. Al preguntarle sobre si era consciente de ello, Jodie no supo contestar, solo dijo que a veces se olvidaba de respirar. Repasando sus carreras se podía observar como en los 100 libre en ocasiones realizaba los primeros 50 metros respirando cada cuatro brazadas mientras que los segundos 50 metros lo hacía cada seis, pero todo era variable dependiendo del día.
 
Puede que su bajo rendimiento en estos dos últimos años, en la que ha sido fuertemente criticada en Australia se deba únicamente al mal hábito en el momento de respirar en competición. Jodie, agobiada por los malos resultados cambió la pasada temporada de entrenador aunque pronto volvió con Rollason.
 
Rollanson ahora tiene la esperanza que mejorando la respiración, venciendo a los nervios que llevan a la nadadora a perder la concentración y teniendo un plan de carrera en el momento de afrontar una final importante, Jodie Henry puede volver a ser una de las mejores del hectómetro mundial y aspirar a volver a rebajar el record del mundo.
 
Roger Torné