Deborah Meyer

Aunque se había iniciado a mediados de la década de los 20’s, a finales de los 50’s e inicio de los 60’s empezó a desarrollarse dentro de la natación USA un ambicioso programa para conseguir que la natación norteamericana volviera a tener la supremacía mundial que había ostentado entre 1948 y 1956, pero que, en los JJ.OO. de 1956 se había decantado hacia las tierras de las antípodas, Australia.
 
El programa, denominado “age-groups” (“grupos de edades”), colocaba a los nadadores federados en diferentes grupos, divididos por edades (menores de 10; 10-11; 12-13; 14-15, y 16-17) y con diferentes niveles dentro de cada grupo, para, de esta forma equipararlos en las competiciones, motivándoles a superarse. En cada grupo se organizaban competiciones y campeonatos nacionales, así como se les homologaba récords nacionales, otorgándose premios simbólicos (banderines, diplomas, etc.) a los mejores, así como la difusión de los resultados en revistas especializadas a nivel nacional. El lema inconfesado de aquel programa era algo así como, “si puedes ser primero, no te conformes con ser segundo”, motivando a todos y cada uno de los nadadores a superarse en cada competición.
 
Evidentemente, el resultado de aquel programa está a la vista, puesto que, aunque el formato del mismo ha variado ligeramente, conforme al desarrollo que ha tenido nuestro deporte en aquel país, en grandes líneas sigue siendo el mismo, exactamente igual que su filosofía que es, en esencia, “ser el primero”.
 
Si damos un vistazo a los ranquings de récords mundiales, veremos que, efectivamente, la natación USA, y con ella la mundial, se desarrolló enormemente en aquella década de los 60’s, con la aparición de gran número de figuras, las mejores de las cuales han quedado como verdaderos mitos de la natación.
 
De entre todos aquellos mitos, queremos hoy recordar a uno de ellos, por ser uno de los paradigmas de los resultados de aquel programa de “age-groups”. Deborah Elisabeth Meyer, más conocida como Debbie, o, todavía mejor, como “la divina Meyer”, nació un 14 de agosto de 1952, en Annapolis (Maryland), y a los 6 años empezó a competir en el programa de “age-groups”.
 


Meyer en Mexico 1968

21 de agosto de 1966, en Lincoln se disputan los Nacionales USA de verano. Para la final de 1.500m.crol femeninos se ha clasificado, entre otras, la niña-prodigio de la

natación USA, Patty Caretto, quince años, que desde el 30 de julio de 1964 (con poco más de trece años) es recordista mundial de los 800 y 1.500m.crol, 9,47”3 y 18,30”5 (récord, este último, que llevará hasta 18,23”7 al año siguiente, 1965, mientras el de los 800m. lo perderá pocas semanas después), mientras a su lado está la más joven Debbie Meyer, 14 años recién cumplidos (hace siete días que ha soplado las correspondientes 14 velas), una de las sorpresas de estos campeonatos.
 
Ante la mirada atónita de varios centenares de espectadores, Debbie no se deja “avasallar” por la recordista mundial, adelantándose a ella (9,39”7 en los 800m., en la que será mejor marca mundial del año en esta distancia, por 9,42”2 de Caretto) antes de inclinarse en los últimos 200m., aunque “obligando” a Caretto a pulverizar su récord mundial, 8,12”9, récord que también ella supera, 8,15”6, con la segunda mejor marca mundial de siempre. Era el principio de la mejor fondista de la década, que rápidamente inicia una meteórica ascensión que la llevan al año siguiente, 1967, a dominar las distancias largas.
 
El 9 de julio, en el curso del tradicional festival de Santa Clara, Debbie supera los récords mundiales de 800 y 1.500m., con tiempos de 9,35”8 (al paso para 1.500m.) y 18,11”1, rebajando los anteriores 9,36”9 de Sharon Finneran (28/09/1964, en Los Ángeles) y los ya mencionados 18,12”9 de Caretto, el año anterior. Dieciocho días después, ya afinado su entrenamiento, participa en los Panamericanos de Winnipeg, pulverizando los récord del mundo de 400m., 4,32”6 (anterior, 4,36”4 de su compatriota Pam Kruse, veinte días antes); dos días después, 29 de julio, pulveriza sus anteriores 9,35”8 de los 800m., bajándolo hasta 9,22”9. Pocos días después, 18 y 20 de agosto, en Filadelfia, participa en los Nacionales USA de verano, nadando los 400m. en 4,29”0 y los 1.500m. en 17,50”2, siendo la primera mujer que nada los quince hectómetros en menos de 18 minutos.
 
1968 es año olímpico, y Debbie, como recordista mundial de los 400 y 800m., los prepara a conciencia, consciente de que tiene a su alcance la posibilidad de imponerse en las dos pruebas (la de los 800m. se va a nadar por vez primera en los Juegos), pero que también las tiene en los 200m., aunque esta no sea la distancia más apropiada a las características técnicas, con su 2-tiempos, ni a las físicas, con sus escasos 168 centímetros, y sus 51 kilogramos, favorecida por la falta de verdaderas especialistas en esta prueba (que también se nada por vez primera en los Juegos).
 
La temporada es trepidante. Sin tener en cuenta para nada que los Juegos se disputan a mediados de octubre, Debbie se lanza a batir récords mundiales, sabiendo que en Ciudad México, a causa de sus 2.250m. de altura, le será difícil, por no decir imposible, superar ninguno de ellos. El 21 de julio, en Los Ángeles, supera, en una sola tacada, los de 800 y 1.500m., 9,19”0, y 17,31”2 (diecinueve segundos menos que sus anteriores 17,50”2); pocos días después, 1 y 4 de agosto, en Lincoln, supera sus anteriores 4,29”0 de los 400m., dejándolos en 4,26”7, y los 9,19”0 de los 800m., dejándolos en 9,17”8.
 
Antes de rendir viaje a la capital mexicana, hay que pasar por el tamiz de los “trials”, trámite que para ella no es nada más que esto, un simple y fácil trámite, al que ella añade, sin embargo, el incentivo de los récords mundiales. En Los Ángeles, en la piscina que albergó los JJ.OO. de 1932, Debbie supera los récords mundiales de las tres pruebas en las que quiere ganar el título olímpico: el 24 de agosto el de los 200m. en 2,06”7 (anterior, 2,08”8 de su compatriota Eddie Wetzel, veintidós días antes en Licoln); al día siguiente el de los 400m. en 4,24”5 (rebajando sus anteriores 4,26”7), y tres días después el de los 800m., en 9,10”4, pulverizando sus anteriores 9,17”8.
 
Pese a que algunos “agoreros” vaticinan que este sobreesfuerzo de la joven fondista, va a pagarlo en Ciudad México, donde a su posible cansancio se le añadirá el déficit de oxígeno debido a la altura, Debbie cumple perfectamente con lo que de ella podía esperarse, sin ceder para nada su esperada superioridad, y a pesar de un programa bastante cargado, puesto que nada las tres pruebas, eliminatorias y finales, un dia tras otro.
 
El 19 de octubre nada las eliminatorias de los 400m., superando el récord olímpico con 4,35”0 al ganar la 2a. eliminatoria. Al día siguiente, sin prácticamente problema, gana la final, superando su récord olímpico con unos 4,31”8, seguida de su compatriota Linda Gustavson a casi cuatro segundos, 4,35”5. El 21, nada las eliminatorias de los 200m. con igual “desparpajo”, imponiendo el récord olímpico con un tiempo de 2,13”1 al ganar la 1a. eliminatoria. Al día siguiente, 22, gana la final, aunque el hecho de ser la prueba corta le trae algunos problemas con sus compatriotas Jan Henne y Jane Barkman, que la siguen de cerca (1,04”0 para Debbie en los 100m.; 1,04”5 para Barkman, y 1,04”7 para Henne) aunque consigue mantener la distancia hasta el final, imponiéndose con unos 2,10”5, nuevo récord olímpico, por 2,11”0 de Henne, y 2,11”2 de Barkman.
 
Mucho más fáciles son los 800m., donde gana la 1a. eliminatoria con 9,42”8, imponiendo el primer récord olímpico de la prueba, récord que la australiana Karen Moras supera al vencer en la 2a. con 9,38”3, aunque esto no signifique ningún problema para la norteamericana, que en la final no hace ninguna concesión, adelantándose desde los primeros metros para terminar venciendo con unos 9,24”0, que le permiten recobrar el récord olímpico, el único al que podía aspirar, dejando a más de once segundos a su compatriota Pam Kruse, segunda en 9,35”7. Es la primera mujer que consigue tres medallas olímpicas de oro en una misma edición de los Juegos.
 
Pero la vida sigue, y Debbie, por el momento, no piensa en la retirada, aunque 1969 representa para ella un año de relajamiento, lo que no significa que reduzca el metraje “devorado” aquel año. Ello se traduce en un solo récord del mundo, su decimocuarto récord mundial, cuando en los Nacionales de verano de Louisville, nada unos 1.500m. en 17,19”9, rebajando sus anteriores 17,31”2, con más de once segundos de mejora. Aunque sin rebajar los récords de las otras pruebas, continua siendo la mejor del mundo, con las mejores marcas del año en 400 y 800m., 4,26”4, y 9,10”7 (esta a solo 3 décimas de segundo de su récord mundial) mientras deja de lado los 200m., y solo es quinta del ranquing anual, 2,10”1, aunque continua en posesión de su récord mundial. Como buena fondista, también prueba suerte en los 400m.estilos, donde también consigue la mejor marca mundial del año, 5,08”6, a solo cuatro segundos del récord mundial de su compatriota Claudia Kolb, 5,04”7 en los “trials” de 1968.
 
Poco a poco, sin embargo, la presión empieza a afectarla, y empiezan a aparecer rivales más jóvenes y con más ansias de victorias de las que ella, tri-campeona olímpica, pueda tener. Tiene diecisiete años, y hace ya once que dedica su vida a sus estudios y a la natación. A principios de 1970 una nueva figura hace su aparición en el panorama mundial.
 
 


Meyer en el Campeonato del Mundo Master del pasado año

La australiana Karen Moras le arrebata en marzo su récord de los 800m., nadando en 9,09”1, y vuelve a superarlo en julio con unos ya difíciles 9,02”4. Debbie intenta responder a la “aussie” de la mejor forma posible, y pocos días después, 20 de agosto, en la piscina olímpica de Los Ángeles, que tan buenos recuerdos despierta en ella, supera su decimoquinto y último récord mundial, rebajando en dos décimas los 4,24”5 que tenia en los 400m., fallando, sin embargo, en el intento de recuperar el de 800m., al señalar únicamente unos 9,14”6, que ni siquiera superan su récord personal, mientras en los 1.500m., la más querida por ella, continua siendo la mejor del año, 17,28”4, aunque sin poder superar su récord.

 
Después, en 1971, llegan otras. La australiana, Shane Gould, le arrebata el récord de los 200m. en dos ocasiones, 2,06”5 y 2,05”8; pierde también el de los 400m., primero a manos de Karen Moras, 4,22”6, y después de Gould, 4,21”2; el de los 800m. lo rebajan todavía más, primero su compatriota Ann Simons, 8,59”4, después la estrella emergente, Gould, con 8,58”1. Finalmente, pierde el más querido, la perla del corazón, el kilómetro y medio, primero con su compatriota Cathy Calhoun por siete décimas de segundo, 17,19”2, después con Gould, que lo lleva a unos inalcanzables 17,00”6, ya a las puertas de los 16 minutos (que conseguirá ella misma dos años después, 16,56”90).
 
Ahora sabe que no va a poder alcanzar a estas nuevas estrellas de la natación, tanto más que en 1971 sus tiempos han empeorado y ya no está entre las mejores, 4a. de los 400m., 4,25”6, y 5a. de los 800m., 9,10”9. En la Navidad de 1971 comenta a la prensa, “….. me retiro porqué quiero tener una vida tranquila ….. no me siento capaz de trabajar tan duramente para participar en unos Juegos Olímpicos ….. mi espíritu me dice que vaya, pero mis brazos ya no me obedecen ….. estas Navidades he tomado la difícil decisión de retirarme cuando comprendí lo mucho que me costaba entrenarme …..”.
 
Así de fácil. Con estas palabras desaparecía Debbie Meyer, la “divina Meyer”, de las piscinas, con solo 19 años, siguiendo los pasos de tantas y tantas compatriotas que habían dado a la natación lo mejor de su infancia y su juventud. Queda, sin embargo, un palmarés muy difícil de igualar. Como anecdótico y sentimental recuerdo de sus triunfos olímpicos, Debbie lleva en su coche la matricula que se lo recuerda: 3GOLD68. Felizmente casada, vive en Sacramento, California, donde ha abierto una escuela de natación y participa del movimiento master.  
 
Guillem Alsina