Juegos Olímpicos. Tokio 1964

La milenaria ciudad de Tokio es la encargada de acoger a los deportistas de todo el mundo, que llegan para una nueva edición de esta fiesta de la juventud deportiva que son los Juegos de la XVIII Olimpiada. Japón, después de su descalabro al final de la II Guerra Mundial, ha vivido horas amargas y difíciles, aunque haya sabido sobreponerse y, en aquel 1964, sea uno de los países más altamente industrializados, con un nivel de vida más alto, incluso, que algunos de sus vencedores de 1945.

 
Sus dirigentes deportivos nunca habían olvidado que ya en 1940 habían recibido el encargo de organizar la más importante competición deportiva, lo cual había impedido el estallido de la guerra, y no habian vuelto a pedirlo hasta estar completamente seguros de poder hacer frente a las cada vez más enormes exigencias que representa una organización olímpica.
 
Las pruebas de natación se disputan entre el 11 y el 18 de octubre, bajo la colosal y exótica cúpula de un verdadero templo de la natación, el “National Gymnasium Pool”, un capricho de arquitectura marina por fuera, y una superestructura de cemento armado en forma de concha marina por dentro, debajo de la cual hay toda una serie de instalaciones dedicadas al mejor servicio de los nadadores y de sus técnicos, de caras a lograr su rendimiento máximo: una segunda piscina de 50m. para el calentamiento, saunas, baños de vapor, enfermerías, salas de masaje, de reposo y de concentración, etc.
 
Como siempre que el viaje es largo, y lejos de Europa sobretodo, y a pesar del desarrollo técnico y de practicantes de la natación, hay un cierto descenso del número de países inscritos, que en esta ocasión es de 42, cinco de menos que en Roma y Helsinki, 41 en categoría masculina, y 27 en la femenina, con 3 nuevos participantes en las pruebas de natación de los Juegos: Iran, Corea del Sur, y Tailandia.
 
La electrónica entra por primera vez, por lo menos oficialmente, en juego. ¡ Signo de los tiempos !. Una máquina calculadora da, de forma casi instantánea, los tiempo logrados por los nadadores en centésimas de segundo, al mismo tiempo que ordena su clasificación. Será así como, en contra del parecer de algunos jueces, dictaminará que ha sido el alemán Klein, y no el norteamericano Illmann quien ha ganado la medalla de bronce de los 100m.crol, aunque se haya atribuido el mismo tiempo a ambos, según las décimas de segundo. ¡Cuanto no debería añorar esta “maquinilla” el norteamericano Lance Larson!. Jueces y cronometradores, con todo, continuarán en sus lugares, pues nunca se sabe las sorpresas que podemos esperar de los “artefactos electrónicos”.
 
La máquina que se utiliza en Tokio ha sido preparada en la Universidad de Michigan, bajo la dirección de su Profesor de Física, Mr. Parkinson, ayudado por nadadores y el técnico de la propia Universidad, el famoso Gus Stager, y aunque ofrezca los tiempo en centésimas de segundo, los tiempo oficiales, de acuerdo con lo que determinan los reglamentos de la FINA, únicamente se darán al público en décimas. No es este, sin embargo, la primera vez que en una competición de natación de alto nivel se toman los tiempos electrónicamente, pues ya dos años antes en Perth, en los Juegos de la Commonwealth, se habia probado, con plena conformidad de los responsables, otro método de cronometraje electrónico semejante al de Tokio.
 
La tinta empieza a correr ya a principios del año olímpico. Dos nadadores, dos norteamericanos, parecen dispuestos a intentar lo que nadie, hasta aquel momento, ha logrado (ni, que se sepa, intentado), esto es, ganar en las tres pruebas de crol que se disputan en los Juegos, 100, 400 y 1.500m. Los precedentes de este hecho los tenemos en el norteamericano Norman Ross, en Amberes-1920, y el sueco Arne Borg, en París-1924, que habían logrado nadar las finales de las tres pruebas, con resultados más o menos satisfactorios (oro para Ross en 400-1.500m., y el quinto lugar en los 100m., y plata para Borg, también en 400-1.500m., y cuarto lugar en los 100m.). Aquel año, por un lado era Roy Saari, un descendiente de finlandeses, entrenado por su padre, que era, al mismo tiempo, entrenador del equipo olímpico USA de waterpolo; por el otro, Donald “Don” Schollander, uno de los nadadores más famosos del momento, el primero que habia logrado nadar los 200m. en menos de dos minutos (1,58”8 en 1963).
 
Pocas semanas después de haber declarado estar dispuestos a asumir este gran reto, Schollander se echa atrás de su decisión, declarando que es materialmente imposible entrenarse al mismo tiempo para pruebas tan dispares como pueden ser los 100 y los 1.500m. Saari, por el contrario, se mantiene firme en su decisión, y aún añade los 400m.estilos a su reto, optando, de esta manera, a un total de cuatro pruebas individuales y dos o tres de relevos (la diferencia estaría en si podría nadar, o no, los 4x100m.estilos).
 
Al terminar la disputa de los “triales” (las pruebas de selección del equipo USA, de las que, decia Schollander, eran más difíciles de ganar que una medalla olímpica, por su alto nivel técnico) pocas semanas antes de los Juegos, Saari ha perdido su apuesta, al haber sido eliminado de los 100m.crol (y, por lo tanto, también de los 4x100m.crol y 4x100m.estilos) aunque ha logrado clasificarse para los 400 y 1.500m.crol, 400m.estilos, y 4x200m.crol, manteniendo las esperanzas de ganar un total de cuatro medallas de oro.
 
Le programa olímpico vuelve a ampliarse en Tokio, después que la FINA hubiera hecho los pertinentes contactos con el CIO, logrando un aumento del número de pruebas, además de hacer un cambio. En categoría masculina se nadan los 200m.espalda en lugar de los 100m., para igualar este estilo con los de braza y mariposa, mientras se añaden al programa los 400m.estilos y los 4x100m.crol. En categoría femenina, no hay ningún cambio en relación a programas anteriores, aunque se añaden, como en categoría masculina, los 400m.estilos. La especialización es cada día más importante y generalizada entre nadadores y técnicos, obligando a la FINA a diversificar cada vez más el programa, pese a que el CIO se muestre reticente, para no hacer entrar los Juegos en una espiral de “inflación” de pruebas. También se varía el número de participantes por país y prueba, que vuelve a ser de tres por prueba.
 
El método de clasificación para semifinales y finales no ha variado, y continúa siendo la misma; los dieciséis (o veinticuatro, únicamente en los 100m.crol masculinos) mejores tiempo de las eliminatorias pasan a la final, y los ocho mejores de las semifinales nadan la final; en el caso de no haber semifinales, los ocho mejores tiempo de las eliminatorias nadan la final.
 


Final de los 100 libre masculinos

100m.crol: récord mundial del francés Alain Gottvalles, 52”9, el 13 de septiembre del mismo año olímpico, en Budapest; récord olímpico de John Devitt (AUS) y Lance Larson (USA) con los 55”2 de la famosa, por controvertida, final de Roma. Eliminatorias y semifinales el 11 de octubre; final el 12. 66 participantes repartidos entre 9 eliminatorias y 3 semifinales. No se presenta defender su título el australiano John Devitt, retirado de la natación, aunque está en Tokio como comentarista de la TV, tarea que también llevan a cabo otros famosos de la natación mundial.

 
De nuevo los aficionados franceses tienen una firme esperanza en la prueba de velocidad. Como en 1948, todos esperan que Alain Gottvalles les ofrezca la codiciada medalla de oro, después de que semanas antes de los Juegos haya superado el récord mundial, que es la gran credencial con la que se presenta en Tokio. La historia, sin embargo, volverá a repetirse para nuestros vecinos. Dominado desde las eliminatorias, el velocista francés nada con muy poca convicción, dejando entrever que su moral, más que su forma física, no es la más adecuada para coronarse como campeón olímpico. Schollander (que ha optado por el binomio 100-400, en lugar del 400-1.500, teniendo en cuenta que ganar los 100m. le permite nadar también los 4x100m., crol y estilos, con lo que puede optar a ganar cinco medallas de oro, las mismas que su compañero Saari) y el británico-escocés Robert “Bobby” McGregor, recordista mundial de las 110 yardas, 53”9, también pocas semanas antes del inicio de los Juegos, parecen, por el contrario, mucho mejor preparados, física y sicológicamente, demostrándolo en cada una de sus actuaciones.
 
Gary Illmann es el encargado de borrar los nombres de Devitt y Larson del ranking olímpico, en sus dos actuaciones (54”0 en la 1a.eliminatoria; 53”9 en la 1a. semifinal). En la final, el norteamericano Mike Austin es el más rápido en acción, mandando la carrera al llegar al viraje, aunque solo con una corta ventaja sobre sus compatriotas Ilmann y Schollander (25”3 para este), y McGregor (que, naturalmente, nada bajo los colores de la Gran Bretaña). Schollander ataca inmediatamente después del viraje, cogiendo algo más de medio cuerpo de ventaja sobre McGregor, lo cual parece asegurarle el triunfo. En los últimos veinte metros, sin embargo, el escocés inicia su esfuerzo final, y está a punto de imponerse a su rival, que sufre para conservar una solitaria décima de segundo de ventaja, 53”4 por 53”5, nuevo récord olímpico para el norteamericano, dejando la plata para McGregor, mientras Gary Illmann y Hans-Joachim Klein llegan al mismo tiempo, siendo acreditados del mismo tiempo, 54”0. Cuatro jueces de llegada clasifican al norteamericano en tercer lugar; los otros cuatro hacen lo mismo con el alemán.
 
Examinada la “maquinilla” electrónica, hay igualdad en los tiempo a la décima y centésima de segundo. Durante poco más de media hora reina una cierta confusión alrededor de la medalla de bronce, hasta que, finalmente, se anuncia el resultado: ¡ por una corta milésima de segundo ¡ Klein se cuelga al cuello la medalla de bronce, acreditado oficialmente del mismo tiempo que Illmann, 54”0, a pesar de las protestas de los dirigentes USA que, una vez más, se sienten, como en Roma, robados. Quinto de la final es el francés Gottvalles, 54”2, vencido por la responsabilidad (como ya lo había sido el Alex Jany de 1948) pero que no había sabido mantener su concentración ante un Schollander que se paseaba por la piscina como si todo aquello fuera poco menos que un trámite en su vida deportiva.
 
El norteamericano había acertado plenamente cuando unos meses antes había declarado: “una carrera de 100m. mucho igualada se inclinará, casi siempre, a favor del nadador que esté más acostumbrado a sufrir en los últimos metros, es decir, para quien haya entrenado pruebas de fondo en cualquiera momento de su carrera deportiva”. Y ha sido precisamente con estas cualidades que el nadador norteamericano (especialista de los 1.500m. en sus primeros años de nadador) ha podido resistir los fuertes últimos metros de McGregor, un especialista de velocidad pura, después de su magnífica escapada entre los 60 y los 80 metros.
 
Innovación técnica en los virajes de crol, una vez terminados estos Juegos. Ante la dificultad de los jueces de virajes para comprobar si los nadadores tocaban efectivamente el muro con la mano, sobretodo en las pruebas de velocidad, la FINA toma el acuerdo de que, a partir del 1 de enero de 1965, no sea obligatorio tocar el muro con la mano, en los virajes de crol, pudiéndolo hacer con cualquier parte del cuerpo. Sin duda, se trata de un interesante avance técnico que ayudará a bajar los récords, facilitando, al mismo tiempo, la tarea de los jueces.
 


Final 400 crol

400m.crol: récord mundial del norteamericano Don Schollander, 4,12”7 el 31 de julio del mismo año olímpico, en Los Altos; récord olímpico del australiano Murray Rose con sus 4,18”3 de la final de Roma. Eliminatorias el 14 de octubre, final el 15. 49 participantes repartidos en 7 eliminatorias. Murray Rose no defiende su título, pese a encontrarse en Tokio, aunque únicamente como comentarista de TV. Explicaremos más adelante la razón.

 
Recordista mundial de los 200 y 400m., ganador de los 100m., difícilmente se le podía escapar esta prueba a Schollander, y únicamente su compatriota Saari parecía, antes de los Juegos, en medida de impedírselo. En Tokio, sin embargo, la derrota de Saari en los 400m.estilos de la primera jornada parece haberle “tocado”, más moral que físicamente, pese a haber sido una derrota relativa, al haber logrado el segundo lugar y su récord personal, pero que acabará hundiéndole a medida que vaya prodigando sus actuaciones.
 
Nadando la 6a.eliminatoria, el alemán-oriental (Alemania presenta un solo equipo, compuesto por nadadores/as de ambos lados del “Telón de Acero”) Frank Wiegand supera el récord olímpico de Rose con un tiempo de 4,17”2, récord que no le dura más que el tiempo de nadarse la 7a. y última eliminatoria, en la que Schollander se lo arrebata con un tiempo de 4,15”8.
 
La final se presenta como una lucha de los dos norteamericanos, Saari y Schollander, el australiano Wood, y el alemán Wiegand, y, posiblemente, por el solo hecho de nadar ante su público, del japonés Yamanaka, medalla de plata en Melbourne y Roma. En medio de una gran igualdad, Saari vira primero en los 50 y 100m., 1,00”3, seguido de Schollander, 1,00”4, y del ruso Semyon Belits-Geijman, 1,00”5, con todo el resto de finalistas perfectamente escalonados hasta los 1,01”5 de los australianos Wood y Phegan en los últimos lugares. A mitad de carrera, Schollander ya está en cabeza, 2,05”7, aunque sin mucho ventaja sobre Saari, 2,06”0, el ruso 2,06”1, Wood 2,06”2, Wiegand 2,06”4, mientras Yamanaka, que en los primeros 150 metros parecía poder mezclarse entre los primeros (cuarto en el hectómetro 1,01”0) ya es último en 2,07”5, ya sin ninguna opción. El tercer hectómetro, como acostumbra a pasar en los grandes 400m., es decisivo para su resolución. Sin aflojar su ritmo, Schollander se escapa de Saari y del ruso, y únicamente puede ser seguido por Wood, 3,10”5 por 3,10”6, mientras Wiegand 3,11”9, Saari y Nelson 3,12”5, quedan “descolgados”.
 
Con una mayor reserva de velocidad que el australiano, que únicamente vale sobre 2,01”-2,02” en los 200m., y ya completamente liberado de sus máximos rivales, Schollander se lanza decididamente hacia su segundo triunfo individual, con un sensacional último hectómetro en 1,01”7, y termina la prueba en unos 4,12”2 que recortan su ya exrécord mundial en medio segundo, y nuevo récord olímpico. Wiegand, mientras, ha sabido aprovechar el desmoronamiento de Wood en los últimos metros, y con un excelente 1,03”0 en el último hectómetro, le “roba”, ya sobre el muro de llegada, la medalla de plata, 4,14”9 por 4,15”1, mientras Saari, completamente hundido, es cuarto, 4,16”7, y Yamanaka, ante la decepción de sus incondicionales no puede hacer nada mejor que el sexto lugar en 4,19”1.
Podio de los 400 libre masculinos
 
1.500m.crol: récord mundial del norteamericano Roy Saari, 16,58”7, el 2 de septiembre del mismo año olímpico, en Nueva York, primer hombre en nadar la prueba en menos de 17 minutos; récord olímpico del australiano John Konrads, con sus 17,19”6 de la final de Roma-1960. Eliminatorias el 16 de octubre, final el 17. 31 participantes repartidos en 5 eliminatorias. Está en Tokio el australiano John Konrads, campeón en Roma, aunque, muy lejos de su mejor forma, únicamente nadará las eliminatorias del 4x200m. crol.
 


Llegada de los 1500 libre

Eliminado de los 400m. al haberse confiado excesivamente en las eliminatorias, el australiano Robert “Bob” Windle se cura en salud, señalando el mejor tiempo de las eliminatorias, 17,15”9, nuevo récord olímpico que, juntamente con su mejor tiempo mundial del año, 17,09”4, y la demostrada baja forma de Saari, recordista mundial, y la ausencia de su compatriota Rose, lo colocan como favorito de la prueba.

 
Rápidamente, y después del primer hectómetro del norteamericano Farley, 1,02”5 (Windle 1,03”5), este coge el mando de la prueba, juntamente con su compatriota Wood y Roy Saari, con parciales que, poco a poco, se avanzan al mundial de este último. 4,24”5 por 4,27”7; 5,33”0 por 5,36”9 en los 400 y 500m., con Wood siempre por detrás suyo, mientras Saari ya ha cedido, y está a cinco segundos de él. 8,58”7 a los 800m. (por 9,02”7 del récord mundial) la pareja australiana continua en cabeza, mientras Saari, cada vez más hundido, “navega” ya a casi ocho segundos, en cuarto lugar, tras su compatriota John Nelson, 9,05”3. En el kilómetro, Windle, 11,16”3, empieza a escaparse de Wood, 11,17”6, mientras Nelson inicia su remontada, ya decididamente en tercer lugar, 11,23”8. En este momento, Windle lleva una ventaja de 3”1 sobre el récord de Saari, aunque su ritmo empieza a debilitarse. A los 1.200m., 13,36”2, la ventaja del australiano sobre el récord ya es solo de nueve décimas de segundo, aunque continúa sólidamente instalado en el primer lugar de la prueba (Wood 13,37”4, Nelson 13,41”9).
 
Pero mientras Saari había acelerado en sus tres últimos hectómetros del récord (1,08”1, 1,08”5 y 1,05”2) Windle no logra mantener esta progresión (1,09”8, 1,09”4 y 1,06”3) y acaba con un tiempo de 17,01”7, nuevo récord olímpico. Nelson, que ha aumentado su ritmo en los 300 últimos metros (acabará con un último hectómetro en 1,04”6) adelanta a Wood a los 1.300m., y no tiene ningún problema para lograr la medalla de plata, 17,03”0, pareciendo incluso, en algún momento, que podrá inquietar a Windle, aunque este, finalmente, no le dejará opción alguna al triunfo. Wood, 17,07”0, es tercero, muy por delante de Farley, 17,18”2, mientras Saari, que ha continuado hundiéndose a medida que la prueba iba llegando a su final, es séptimo, 17,29”2. Su sueño de cinco medallas de oro se ha difuminado totalmente.
 
En una de las cabinas adscritas a los comentaristas de radio y TV, y por cuenta de una cadena norteamericana, se encuentra el australiano Murray Rose, al que únicamente una decisión de su federación le ha impedido participar en sus terceros Juegos, defendiendo, al mismo tiempo, su título de los 400m., logrado en Roma. Estudiando en los USA con una beca universitaria, Rose ha continuado sus entrenamientos después de 1960, y pese a no hacerlo con demasiad asiduidad, se mantiene en un excelente nivel competitivo.
 
Dos años antes había arrebatado el récord mundial de los 400m. a su compatriota John Konrads, 4,15”9 en 1960, con un tiempo de 4,13”4, que únicamente había cedido ante el esfuerzo de Schollander el mismo año olímpico de 1964. Después de descansar el año 1963, por razón de sus exámenes, reemprende el camino de la piscina, y únicamente con seis ó siete semanas de entrenamiento intensivo, supera el récord mundial de los 800m.crol, 8,51”5, y poco antes de los Juegos de Tokio, exactamente el 2 de agosto, el de los 1.500m., 17,01”8, superando unos 17,05”5 de Saari, aunque este, exactamente un mes después, lo recupere, bajando por primera vez de los 17 minutos. Rose, sin embargo, señala con estos tiempo que está en el buen camino para defender su título, incluso para intentar de nuevo el doblete que ya había logrado en Melbourne-1956. Sin embargo, al tener sus exámenes finales por las mismas fechas, no puede acudir a las pruebas de selección del equipo australiano, por lo que cosa, a pesar de sus protestas (y las de muchos periodistas australianos que reclaman, exigiendo literalmente su selección) es excluido definitivamente de la expedición que se embarca camino de Tokio.
 
Es evidente que es imposible saber qué hubiera pasado en Tokio de haberse enfrentado ambos, Schollander y Rose, si bien no hay ninguna duda que hubiera podido ser una sensacional final entre los dos mejores tácticos de los últimos tiempos.
 


Schollander a punto de lanzarse en el 4×100 libre masculino

4x100m.crol: récord mundial de un cuarteto USA, 3,36”1, el 18 de agosto de 1963, en Tokio; no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba en los JJ.OO. Eliminatorias y final el 14 de octubre. 13 cuartetos participantes, repartidos en 2 eliminatorias.

 
Una de las pruebas que difícilmente se les podía escapar a los norteamericanos, cuanto más después de su demostración en el hectómetro individual. En las eliminatorias, es el cuarteto australiano el primero en imponer el récord olímpico ganando la 1a.eliminatoria, 3,40”6, que es superado minutos después cuando el cuarteto USA gana la 2a. en 3,38”8. La final, no presenta ningún problema para los norteamericanos que van en cabeza de la prueba desde que su primer hombre, Steve Clark, iguala el récord mundial de Gottvalles, 52”9, que parece dar alas al resto del equipo: Austin 53”9, Illmann 53”4, y, finalmente, Schollander, 53”9, configuran un 3,33”2 nuevo récord mundial y olímpico, con cuatro segundos de ventaja por delante del cuarteto de la Alemania (unificada deportivamente para estos Juegos, en un intento de dejar participar a los deportistas de la DDR, sin tener que reconocer su “status”, hasta que cuatro años después, en los Juegos de Ciudad México, ya se podrá permitir la participación de dos equipos alemanes, políticamente reconocidos como estados soberanos e independientes).
 
Con 3,37”2 los alemanes deben luchar hasta el último tramo con los australianos, cuando los magníficos 52”4 de Hans-Joachim Klein, ante los discretos 54”2 de Windle, un mediofondista, les permite lograr la medalla de plata, dejando el bronce para el cuarteto “aussie”, 3,39”1, que parecen no haber encontrado los sucesores de aquella maravillosa generación de los Henricks, Devitt y Chapman, dominadores de la velocidad mundial pocos años antes.
 


Equipo USA del 4×200 formado por Schollander, Clark, Ilman y Saari

4x200m.crol: récord mundial de un cuarteto USA, 8,01”8, el 28 de septiembre del mismo año olímpico, en Los Ángeles; récord olímpico de un cuarteto norteamericano con los 8,10”2 de la final de Roma. Eliminatorias el 17 de octubre, final el 18. 15 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias.

 
Doble récord olímpico en las eliminatorias, cuando el cuarteto alemán domina la 1a., 8,09”7, mientras los Estados Unidos, con cuatro nadadora ninguno de los cuales nadará la final, señala un tiempo de 8,09”0 ganando la 2a.
 
Con un cuatro titular, en el que incluso Saari responde perfectamente (a pesar de haber habidas ciertas dudas en el ”staff” técnico USA sobre la conveniencia de hacer nadar un hombre totalmente desmoralizado) los norteamericanos dominan desde los inicios de la final, con un Steve Clark, 2,00”0 en el primer tramo, por delante del japonés Fukui 2,00”5, del sueco Svensson 2,01”8, del alemán Gregor 2,02”0, y del australiano Dickson 2,02”2. Saari es, precisamente, el encargado de comenzar a distanciarse del resto de finalistas con un excelente segundo tramo en 1,58”1, tres segundos y medio por delante de los japoneses, Iwasaki 2,01”1, y con los alemanes y australianos a poco más de dos segundos, Hetz 2,01”8, y Wood, 2,01”7.
 
Después, la cabalgada en solitario de Illmann, 1,58”4, y, finalmente, Schollander, que en una brillante demostración de su estado de forma “ancla” a su equipo con un formidable parcial de 1,55”6 (dos segundos por bajo de su récord mundial de la distancia que, lógicamente, no puede ser homologado) en un tiempo final de 7,52”1, “destrozando” literalmente el récord mundial de la prueba.
 
Dominado en los dos primeros tramos por un cuarteto japonés animado por su público, 4,01”6 por 4,03”8, el equipo alemán, formato por dos nadadores de cada lado del “Telón de Acero”, inicia su remontada con unos excelentes 1,57”6 del oriental Frank Wiegand, frente a los 2,01”7 del japonés Shoji, y ya es segundo al terminar su tramo (6,01”4 por 6,03”3 de los japoneses) mientras los australianos ya son cuartos, 6,07”0, con unos 2,03”1 de Doak que los aleja definitivamente de la lucha por las medallas. Con otro excelente último parcial de Hans-Joachim Klein, 1,57”9, el equipo alemán señala unos 7,59”3, medalla de plata, dejando para los japoneses la de bronce, 8,03”8 (en cuyo equipo se ha prescindido del veterano Yamanaka, que únicamente ha nadado la eliminatoria) logrando la única medalla de natación de estos Juegos. Por su parte, Australia, con unos 1,58”7 finales de Windle, se asegura el cuarto lugar, 8,05”7, demostrando una vez más que no encuentra sucesores a sus campeones de Juegos anteriores, y que los métodos que hicieron servir para ganar la supremacía mundial en 1956, han servido a otros países para derrotarles.
 
Siete hombres han bajado, en total, de los dos minutos en el curso de esta final. A pesar de haber sido conseguidos en parciales internos, hay que recordar que solo hacia un año que Schollander había bajado por primera ve de este “muro”, lo que nos puede indicar el excelente nivel logrado por la natación mundial en estos Juegos de Tokio.
 


Últimos metros de la final de los 200 braza con los tres vencedores

200m.braza: récord mundial del norteamericano Chester Jastremski, 2,28”2, el 30 de agosto del mismo año olímpico, en Nueva York; récord olímpico del norteamericano Bill Mulliken, 2,37”2 en las semifinales de Roma-1960. Eliminatorias el 13 de octubre, semifinales el 14, final el 15. 33 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. No se presenta defender su título de Roma el norteamericano Bill Mulliken.

 
En tres ocasiones es superado el récord olímpico de la prueba antes de la final, con el australiano Ian 0’Brien, 2,31”4 en la 1a.eliminatoria; el alemán oriental, Egon Henninger, 2,30”1 en la 3a., y de nuevo el australiano, que en la 2a.semifinal lo deja en 2,28”7.
 
Jastremski es el más rápido en el primer largo de piscina de la final, aunque es alcanzado por el soviético Gyorgy Prokopenko hacia los 75m., que toma el mando de la prueba, 1,09”2 a mitad de carrera, seguido del norteamericano, 1,10”2, codo a codo con O’Brien, 1,10”5, y Henninger, 1,10”8, que, siguiendo su costumbre, ha decidido “pegarse” a los líderes de la prueba (recordemos su escapada en la final de Roma, cuatro años antes) lejos ya del resto de finalistas. En el último largo de piscina, y mientras Henninger, también como de costumbre, se hunde, el australiano inicia su remontada, pasando primero a Jastremski y, ya en los últimos diez metros, a Prokopenko.
 
En la llegada, O’Brien es el más rápido en lanzarse sobre el muro, con un tiempo final de 2,27”8, nuevo récord mundial y olímpico, cuatro décimas por delante de Prokopenko, 2,28”2, medalla de plata, mientras Jastremski es tercero, claramente superado, 2,29”6, por delante del otro soviético, Tutakaev, cuarto en 2,31”0, y de Henninger, 2,31”1.
 
Pese a esta derrota, el nombre de Chester “Chet” Jastramski quedará inscrito en la historia de la natación como el del hombre que, juntamente con su entrenador, el prestigioso James “Jim” “Dock” Counsilmann, de la Universidad de Indiana, había revolucionado el estilo de braza clásica, adoptando unas peculiaridades técnicas que le han permitido llegar en cuestión de tres años a niveles cronométricos inimaginables en 1960. Entre 1961 y 1964, el norteamericano llevará los récords mundiales de braza de 1,11”1 a 1,07”5, el del hectómetro, y de 2,36”5 a 2,28”2 el de los 200m., superando incluso los récords de Furukawa en braza “submarina”, creando toda una leyenda a su alrededor, pinzas en la nariz incluidas. Su braza, es tal vez más polémica de lo normal, pero también mucho más rápida, y la prueba de ello la tenemos en que catorce hombres han superado el récord olímpico de Mulliken, los 2,37”2 de las semifinales de Roma-1960.
 


Vencedore de los 200 mariposa

200m.mariposa: récord mundial del australiano Kevin Berry, 2,06”9, el 29 de marzo del mismo año olímpico, en Sydney; récord olímpico del norteamericano Mike Troy con sus 2,12”8 de la final de Roma. Eliminatorias el 16 de octubre, semifinales el 17, final el 18. 32 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. No se presenta a defender su título el norteamericano Mike Troy, retirado de la natación.

Se espera con gran interés la confrontación entre los dos grandes favoritos de la prueba, el norteamericano Carl Robie, y Kevin Berry, sexto de la final de Roma-1960, y que, desde el 1961, se han alternado en la posesión del récord mundial de la prueba. A diferencia de su compatriota Rose, Berry, que también se entrena en los USA, con una beca de la Universidad de Indiana, no ha querido tener problemas con sus dirigentes, y ha participado en los “triales” de su país.
 
En las primeras confrontaciones parece ser el norteamericano el que se lleva la mejor parte, señalando dos nuevos récords olímpicos: 2,10”0 al ganar la 1a.eliminatoria; 2,09”3 en la 1a.semifinal, mientras Berry se asegura su lugar en la final nadando muy cerca de su rival, 2,11”0 y 2,09”8.
 
Fred Schmidt, ex-recordista mundial de los 100m.mariposa, es el más rápido en los dos primeros tramos de la final, pasando con un parcial de 1,00”2 a mitad de carrera, prácticamente al mismo tiempo que sus dos principales rivales, 1,00”4 para Berry y Robie, claramente destacados del resto de finalistas, donde otro norteamericano, Phil Riker, es cuarto en 1,01”7. Mientras Schmidt, como ya se preveia, empieza a atrasarse a partir de los 100m., Berry y Robie mantienen su codo a codo, aunque siempre con el australiano en cabeza aunque solo sea por escasas décimas. En los últimos veinticinco metros la potencia de Berry, un gran luchador, se acaba imponiendo, y coge poco a poco una substancial ventaja, cifrada en la llegada en casi un segundo, 2,06”6 por 2,07”5, con nuevo récord mundial y olímpico. Schmidt, siempre en tercer lugar, no tiene ningún problema para llevarse el bronce, 2,09”3, por delante de Riker, cuarto en 2,11”0, sin haber tenido ninguna opción a las medallas.
 
Los seis primeros de esta final superan los 2,12”8 que necesitó Troy para ganar el oro en Roma-1960, mientras el séptimo iguala este tiempo, demostrando un innegable progreso de la prueba.
 


Podio de los 200 espalda

200m.espalda: récord mundial del norteamericano Tom Stock, 2,10”9, el 10 de agosto del 1962, en Cuyahoga Falls; récord olímpico, los ya lejanos 2,47”0 del alemán Ernst Hoppenberg, en los Juegos de París-1900. Eliminatorias el 11 de octubre, semifinales el 12, final el 13. 34 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales.

 
Prueba que sustituye la de los 100m.espalda, que se había nadado desde los Juegos de Londres-1908, hasta los de Roma-1960. El australiano Theile no se presenta a defender su título, en una prueba, digámoslo de paso, que no era la más adecuada para el doble campeón olímpico, mucho más especialista del hectómetro.
 
El único antecedente que había de los 200m.espalda databa de los ya lejanos Juegos de París-1900, donde se había disputado por primera y única vez, con victoria del mencionado Ernst Hoppenberg. No fue, pues, nada extraño que este “récord olímpico” fuera superado cuatro en las eliminatorias, y dos en semifinales, e incluso por los treinta-cuatro inscritos en la prueba. De manera sucesiva fueron el norteamericano Bob Bennett 2,16”1 en la 1a.eliminatoria; el japonés Shigeo Fukushima 2,14”7 en la 2a., y de nuevo otros dos norteamericanos, Jed Graef 2,14”5 en la 3a., y Gary Dilley 2,14”2 en la 4a., los que movieron en primera instancia el récord olímpico; al día siguiente, y en el curso de las semifinales, Dilley 2,13”8 en la 1a., y Gref 1,13”7 en la 2a. bajan de nuevo el récord olímpico antes de la final, aunque todavía lejos del récord mundial.  
 
La final no es otra cosa que la lucha entre los dos favoritos de la prueba, que rápidamente se ponen en cabeza de la prueba. Graef es primero a mitad de prueba, 1,03”1, con dos décimas de ventaja sobre Dilley, 1,03”3, mientras Bennett es tercero, 1,03”7, por delante del alemán Küppers 1,04”0, y del japonés Fukushima, 1,04”2. A partir del hectómetro, sin embargo, la lucha se centra única y exclusivamente entre los dos favoritos que, codo a codo, se van hasta los últimos metros, donde Jed Graef puede mantener, en última instancia, las dos décimas de ventaja que le otorgan la victoria, 2,10”3 por 2,10”5, nuevo récord mundial y olímpico. Tras ellos, y mientras Küppers se hunde progresivamente, y no podrá estar en la lucha por la medalla de bronce, Fukushima inicia a veinticinco metros del final su sprint final, que Bennett resiste únicamente por una décima de segundo, logrando el “triplete” para la natación de su país, dejando el cuarto lugar para el japonés, 2,13”2.
 
Digamos, para acabar, a propósito de Küppers, que su padre había sido finalista olímpico de los 100m.espalda en los Juegos de Amsterdam-1928 y de Los Ángeles-1932, un hecho que no podemos decir que sea único, aunque sí bastante raro.
 


Podio de los 400 estilos

400m.estilos: récord mundial del norteamericano Dick Roth, 4,48”6, el 31 de julio del mismo año olímpico, en Los Altos; no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba en unos Juegos. Eliminatorias el 12 de octubre, final el 14. 30 participantes repartidos en 4 eliminatorias.

 
Falta a la cita japonesa uno de los nadadores que más se ha distinguido en esta prueba, el norteamericano Edwards “Ed” Stickles, que la ha “trabajada” hasta llevar su récord mundial a un nivel de acuerdo con la importancia que debe tener una prueba destinada a señalar el nadador más completo en los cuatro estilos, siendo el primero que ha logrado nadar la prueba en menos de cinco minutos, 4,55”6 en 1961, aunque los Juegos han llegado demasiado tarde para él, cuando incluso, en 1962, ha perdido ya su récord mundial.
 
Poco movimiento del récord olímpico, establecido en la 1a.eliminatoria por el norteamericano Carl Robie en un excelente tiempo de 4,52”0, mientras los dos grandes favoritos de la prueba, el recordista mundial, y Roy Saari, se limitan a asegurar su clasificación.
 
Es la primera final en la que participa Saari, que mantiene su reto de aspirar a cinco medallas de oro. Robie, mariposista, se pone en cabeza de la prueba en el primer tramo, 1,01”0, seguido por Saari, 1,02”2, y, ya más atrasados, Roth y el alemán Gerhard Hetz, 1,04”1 para ambos. En el tramo de espalda, Saari ya es primero destacado, 2,13”5, con Roth y Robie en segundo lugar, 2,16”4 para ambos, y Hetz cuarto en 2,20”6, completamente destacados del resto de finalistas. La braza, el estilo que acostumbra a decidir muchas de estas pruebas de estilos, será fatal para las aspiraciones de Saari, además de la mala planificación de su carrera, con una primera mitad excesivamente rápida para sus posibilidades.
 
Con un parcial de 1,24”9, por 1,26”8 de Saari, Roth se le acerca peligrosamente, 3,40”3 por 3,41”3, mientras Hetz, que ha lograr otro excelente parcial en este tramo, 1,25”3, se acerca a Robie, 1,28”8; 3,45”2 por 3,45”9 en el total, haciendo buenas sus aspiraciones a la medalla de bronce. En el tramo de crol, Roth no tiene ningún problema para desbordar a Saari en el último largo, ganando la medalla de oro, 4,45”4, nuevo récord mundial y olímpico, por delante de Saari, 4,47”1, superando también los anteriores récords. También en el tramo de crol, Hetz supera a Robie en los últimos metros, colgándose al cuello la medalla de bronce, 4,51”0 por 4,51”4, lejos ya del canadiense Gilchrist, quinto en 4,57”6.
 
La medalla de plata, y el haber superado incluso su récord personal, no satisfacen, evidentemente, a Saari. Su moral, seriamente tocada, bajará sensiblemente, haciendo que la calidad de sus actuaciones posteriores sea cada vez más baja, cuarto en los 400, séptimo en los 1.500, mejorando únicamente su actuación en el 4×200. Con este relativo descalabro de los 400m.estilos se desvanecía la posibilidad de ganar las cuatro medallas de oro que deseaba y pareció como si se hubiera deshinchado totalmente.
 
4x100m.estilos: récord mundial de un cuarteto norteamericano, 4,00”1, el 24 de agosto del 1963, en Osaka; récord olímpico también de un cuarteto norteamericano con los 4,05”4 de la final de Roma. Eliminatorias el 15 de octubre, final el 16. 14 cuartetos participantes repartidos en 2 eliminatorias.
 
Doble récord mundial, y fecha doblemente señalada la de este 16 de octubre. En las eliminatorias, un equipo norteamericano de “suplentes” (entre los que figuran McGeagh, 1,01”1 en espalda, es decir, superando el récord olímpico de Thiele, aunque, lógicamente, no debería ser homologado como a tal, al no haber sido logrado en la prueba individual; Luken 1,10”9 en braza; Richardson 58”7 en mariposa, y Bennett 54”4 en crol) superan el récord olímpico con un tiempo de 4,05”1, por delante de los 4,06”6 de los alemanes que, ellos sí, presentan su cuarteto titular, aunque ninguno de ellos se esfuerce al máximo.
 
La final, como ya podía esperarse, únicamente presenta lucha en los dos primeros tramos. Thompson Mann, recordista mundial de los 100m.espalda en un minuto justo, pocas semanas antes de los Juegos, lana a su equipo de manera perfecta, destacándose progresivamente del alemán Küppers, llegando al muro de llegada con casi dos segundos de ventaja, y unos históricos 59”6, nuevo récord mundial, y olímpico (que tampoco debería ser homologado como a tal) y primer nadador que nada l prueba en menos de un minuto (digamos únicamente para el anecdotario de los Juegos, que parece que el mismo Mann ya había logrado bajar del minuto en el curso de las eliminatorias USA disputadas en la misma capital japonesa, para determinar la composición de los equipos titular y reserva de esta prueba, antes del inicio de los Juegos, con unos 59”8 ó 59”9, tiempo que nunca se supo exactamente, al no ser oficial). Küppers es segundo, 1,01”5, por delante de otros cinco equipos, todos muy igualados: 1,02”6 para el soviético Mazanov, el húngaro Csikany, y el italiano Rora, mientras el australiano Reynolds y el japonés Fukushima señalan cuatro décimas más, 1,03”0 para ambos.
 
La braza favorece alemanes y soviéticos, con dos magníficos parciales de Henninger, 1,07”7, pero sobretodo de Prokopenko, 1,06”5 (por debajo de su récord mundial, 1,06”9) permitiendo que estos, con 2,09”1, se anticipan a los norteamericanos (con unos discretos 1,09”6 de Craig) y alemanes, ambos igualados y a una sola décima de los soviéticos, 2,09”2. El susto para el cuarteto USA, empero, no pasa de ahí. Fred Schmidt, ex-recordista mundial de los 100m.mariposa, nada un excelente tramo de 56”8 (por debajo de los 57”0 del argentino Luis Nicolao, récord mundial) poniendo de nuevo a su equipo en cabeza de la prueba, 3,06”0, poco menos que de manera definitiva, frente a los 59”3 del soviético Kuzmin, y los 59”8 del alemán Gregor.
 
Australia, séptima en el tramo de espalda, recupera progresivamente las posiciones delanteras gracias a dos buenos parciales del bracista O’Brien, 1,07”8, y del mariposista Berry, 57”7, y al terminar este tramo ya es tercera, a una sola décima de los soviéticos, 3,08”4 por 3,08”5, y por delante de los alemanes, 3,09”0.
 
Steve Clark terminando la prueba señalando otro magnífico parcial de 52”4 (igualando el tiempo del alemán Klein en el 4x100m.crol) parando el crono en 3,58”4, nuevo récord mundial y olímpico, primera vez que se nada este prueba en menos de cuatro minutos, mientras Klein, con un parcial de 52”7, consigue remontar la corta ventaja de los australianos (53”8 para Dickson) ganando la medalla de plata, 4,01”6, por delante de los australianos, 4,02”3, dejando el cuarto lugar para los soviéticos, 4,04”2, que acaban con unos muy discretos 55”8 de su velocista Shuvalov, patentizando la debilidad de la natación soviética en esta especialidad.
 


Salida de la final de 100 libre

100m.crol: récord mundial de la australiana Dawn Fraser, 58”9, el 29 de febrero del mismo año olímpico, en Sydney, p.55 yardas y agua salobre, tiempo logrado sobre 110 yardas; récord olímpico de la misma, 1,01”2 de la final de Roma ( hay quien considera como récord los 1,00”6 señalados por la misma Fraser en el primer tramo del 4x100m.crol, aunque creemos que únicamente se pueden considerar récords olímpicos los tiempo logrados en las respectivas pruebas individuales). Eliminatorias y semifinales el 12 de octubre; final el 13. 44 participantes repartidas en 6 eliminatorias y 2 semifinales. Se presenta a defender sus dos títulos la australiana Dawn Fraser.

 
Pese a las cuatro medallas de oro ganadas por Schollander; pese a los nueve récords mundiales superados por los nadadores en el “National Gymnasium Pool”, sin ninguna duda la mayor gesta, la que marca con su impronta estos Juegos, es el tercer título de la australiana Dawn Fraser en su (y bien podríamos ponerle unas significativas comillas a este “su”) prueba predilecta de los 100m.crol. Había sido, cuatro años antes en Roma, la primera mujer en repetir el título de velocidad logrado a Melbourne, y ahora, en Tokio, se preparaba para convertirse en la única nadadora, y nadador, que lograba el mismo título en tres Juegos sucesivos (cuanto más en un deporte tan “devorador” de campeones como es la natación), y más aún si consideramos las circunstancias que rodearon este tercer título de la admirable campeona “aussie”.
 
En los inicios del año olímpico, Dawn Fraser, poco después de superar, 58”9, el que seria su último récord mundial en esta prueba, había sufrido un grave accidente de coche, que conducía ella misma, en el que había fallecido su madre, y ella misma había quedado gravemente lesionada (dejando de lado, evidentemente, las lesiones morales) obligada a llevar un collar ortopédico que la imposibilitó de entrenarse hasta unos tres meses antes del inicio de los Juegos, y, aun así, con una gran dosis de voluntad por su parte, debido a los dolores que le producían las todavía no sanadas lesiones; sí, por una parte, continuaba siendo la única que hasta aquel momento había bajado del minuto, también era lógico pensar que aquel accidente le restaría posibilidades de caras a su intención de renovar, por tercera vez, el título ya logrado a Melbourne y Roma.
 
La australiana, sin embargo, no abdicó. Trabajando esforzadamente para recuperar el tiempo perdido en la recuperación del accidente, llega a Tokio en plena forma, demostrando lo importante que puede llegar a ser una perfecta mentalización de caras a conseguir un objetivo. Si en Roma había sido la norteamericana VonSaltza su rival más directa, en la capital japonesa es otra representante USA, Sharon Stouder, 1,00”8 poco antes de los Juegos, la encargada de plantarle cara, intentando ofrecer a su país un título que se les escapaba desde el ya lejano 1932, cuando Helen Madison lo había logrado por última vez.
 
Pese a todo, Fraser dominó la prueba como la gran campeona que era, sin dejarse imponer por la presencia de la norteamericana, señalando los mejores tiempo en sus dos intervenciones antes de la final. En la 5a.eliminatoria, señala un tiempo de 1,00”6, nuevo récord olímpico (ó igualándolo para los que tengan en cuenta los 1,00”6 del primer tramo de los 4x100m.crol de Roma), récord que baja todavía más aquella misma tarde al ganar la 1a.semifinal con un tiempo de 59”9.
 
El 13 de octubre tiene lugar la gran y esperada final. La australiana es la más rápida en los primeros metros y puede coger unos centímetros de ventaja sobre su rival, que serán, finalmente, decisivos. Primera en el viraje, Fraser no hace, siguiendo su costumbre, un viraje volteado (al contrario de la norteamericana) a pesar de lo cual no pierde casi ni un centímetro de su pequeño ventaja, gracias a la perfección conseguida en su técnica de viraje. Respondiendo a todos los intentos de su rival para alcanzarla, Fraser produce su clásica y seca “estirada” entre los 60 y 75 metros, que le permite conseguir una decisiva ventaja, ventaja que mantiene hasta el final, cuando, en medio de una magnífica ovación del público, toca el muro de llegada en un tiempo de 59”5, nuevo récord olímpico, arrastrando tras ella a la norteamericana, 59”9, a convertirse en la segunda nadadora por debajo del minuto.
 
El reto lanzado por la australiana ha triunfado, y Dawn Fraser entra, ya para siempre jamás, y por méritos propios, en la leyenda deportiva y olímpica. Tras las dos primeras, la norteamericana Kathy Ellis es tercera, 1,00”8, claramente por delante de la holandesa Erika Terpstra, 1,01”8, y las restantes finalistas.
 
En el podio, la australiana disimula difícilmente sus lágrimas de alegría por este tercer triunfo, pero también por el recuerdo de su madre, a la que, evidentemente, dedica su triunfo. En la posterior rueda de prensa, y es de suponer que debido a la euforia del momento, no se está de declarar que piensa continuar nadando hasta 1968 para intentar ganar un cuarto título. Sus diferencias con los dirigentes de la natación “aussie”, sin embargo, pero, sobretodo, sus 27 años, impedirán lógicamente que su deseo se vea cumplido.
 


Podio del 400 libre femenino

400m.crol: récord mundial de la norteamericana Marilyn Ramenofsky, 4,39”5, el 31 de agosto del mismo año olímpico, en Nueva York; récord olímpico de la norteamericana Chris VonSaltza con los 4,50”6 de la final de Roma. Eliminatorias el 17 de octubre, final el 18. 31 participantes repartidas en 5 eliminatorias. No defiende su título la norteamericana Chris VonSaltza, campeona en Roma. Dos nuevos récords olímpicos para las mediofondistas norteamericanas en las eliminatorias, en la 1a. para Ginnie Duenkel, 4,48”6, y minutos después, en la 4a., para Marilyn Ramenofsky, 4,47”7, aunque todavia lejos de su mundial.

 
La final se inicia con un duelo entre las tres norteamericanas y Dawn Fraser, que nadan juntas hasta los 200m. (Duenkel mandando, 1,06”8 y 2,20”0; Ramenofsky 1,06”6 y 2,20”1; Terry Stickles 1,07”1 y 2,20”8, y Fraser 1,06”7 y 2,21”3). Mientras las dos últimas no pueden mantener su ritmo, retrasándose, pero con ventaja para la norteamericana, que dominará a la australiana (3,34”2 por 3,36”1 a los 300m.), las dos favoritas continúan su duelo particular, aunque siempre con cortas ventajas de Duenkel, 3,32”4 por 3,33”0 en los 300m.
 
A pesar de los esfuerzos de la recordista mundial, Duenkel domina en el último hectómetro con unos buenos 1,10”9, por 1,11”6 de su rival. Primera en 4,43”3, Duenkel gana una inesperada medalla de oro, juntamente con el récord olímpico, dejando la plata para Ramenofsky, 4,44”6. Mientras, a la tercera norteamericana, Stickles, le cuesta mantener su tercer lugar ante la última acometida de Dawn Fraser, 1,11”5 en el último hectómetro, por 1,13”0 de Stickles, aunque acaba logrando el bronce y uno de los “triples” de la natación USA en estos Juegos, 4,47”2 por 4,47”6 de la australiana, que continuaba sin querer preparar una prueba, esta de los 400m., en la que hubiera podido brillar , según la opinión de muchos técnicos, con la misma fuerza que lo hacía en la de los 100 o la de los 200m. (distancia de la que todavía continuaba siendo la recordista mundial en 2,11”6). Por primera vez en los Juegos, las ocho finalistas han bajado claramente de los cinco minutos (última ha sido la sueca Ann-Charlotte Lilja, 4,53”0). 
 
 
4x100m.crol: récord mundial de un cuarteto USA, 4,07”6, el 28 de septiembre del mismo año olímpico, en Los Ángeles; récord olímpico de un cuarteto norteamericano con los 4,08”9 de la final de Roma. Eliminatorias el 14 de octubre, final el 15. 10 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias.
 
Después de unas eliminatorias sin problemas para las favoritas, las norteamericanas no tienen problema alguno para lograr un título casi “cantado”, revalidando el logrado en Roma. Cogiendo ventaja en cada uno de los tramos, Stouder 1,01”2; Donna DeVarona 1,00”9; Pokey Watson 1,00”7, y Kathy Ellis 1,01”0, hacen inútil el brillante esfuerzo final de Dawn Fraser, 58”6 en el último tramo, llegando ganadoras con un tiempo final de 4,03”8, nuevo récord mundial y olímpico, por los 4,06”9 de las australianas (Thorn 1,03”0; Murphy 1,02”9, y Bello 1,01”6 en los tres primeros tramos) que superan, igualmente, los anteriores récords, a pesar de dejar entrever que ya se está agotando el maravilloso empuje que las había permitido dominar las pruebas de crol en Juegos anteriores.
 
Hungría, después de amenazar Australia en el primer tramo con Turoczy 1,03”2, y dominar a las holandesas, VanDerWilt, 1,04”6, ve como estas se les van acercando progresivamente (1,04”2 y 1,03”0 de Erdely y Takacs, por 1,03”8 y 1,02”6 de Beumer y Weendenburg) y en un excelente final de ErikaTerpstra, 1,01”0, alcanza en la última brazada a la húngara Csilla Madarasz-Dobai, 1,01”7, logrando por una corta décima de segundo la medalla de bronce, 4,12”0 por 4,12”1, prestigiando una natación, la holandesa, que, como la húngara, también había conocido mejores tiempo. Suecia, claramente superada, es quinta, 4,14”0.
 
Mencionemos que en el cuarteto norteamericano ha nadado Pokey Watson, que con sus 14 años, 4 meses y 4 días, se ha convertido en la nadadora, y nadador, más joven que nunca haya subido a un podio olímpico superando los 14 años y 6 meses de la australiana Sandra Morgan, medalla de oro de los 4x100m.libres en los Juegos de Melbourne-1956.
 


200 braza femeninos

200m.braza: récord mundial de la soviética Galina Prozoumentchikova, 2,45”4, el 17 de mayo del mismo año olímpico, en Berlín; récord olímpico de la británica Anita Lonsbrough con sus 2,49”5 de la final de Roma. Eliminatorias el 11 de octubre, final el 12. 27 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Presente en Tokio la británica Lonsbrough, la campeona de Roma, aunque no para defender su título, ya que únicamente participa en los 400m.estilos. En las eliminatorias, la alemana, de la DDR, Barbel Grimmel, 2,48”6 en la 2a.eliminatoria, y la otra soviética, Svetlana Babanina, 2,48”3 en la 3a., son las encargadas de borrar el nombre de la británica del rànking de récords olímpicos. Décima de las eliminatorias, la alemana, de la RFA, Wiltrud Urselmann, medalla de plata en Roma, 2,53”2, es eliminada.

 
En la final, y después de que Grimmer domine los primeros 50m., es la recordista mundial la que coge el mando de la prueba, girando primera a los 100m., 1,19”8, seguida de la norteamericana Claudia Kolb, 1,21”0, y la británica Jill Slaterry, juntamente con Babanina, 1,21”3. Mientras, Prozoumentchikova (“Prozo” para los amigos) mantiene su ventaja y acaba imponiendose con un nuevo récord olímpico, 2,46”4; Kolb es segunda, 2,47”6, mientras Babanina acaba dominando a la británica en los últimos metros, logrando el bronce, 2,48”6, por 2,49”0 de Slaterry.
 
Es la primera medalla de oro para una natación soviética que únicamente se había distinguido hasta este momento con dos medallas de bronce en anteriores Juegos (el 4x200m.crol y los 200m.braza masculinos, en Melbourne-1956).   
 


Salida de los 100 espalda femeninos

100m.espalda: récord mundial de la norteamericana Ginnie Duenkel, 1,08”3, el 28 de septiembre del mismo año olímpico, en Los Ángeles; récord olímpico de la norteamericana Lynn Burke con sus 1,09”4 de las eliminatorias de Roma (hay que considerar los 1,09”0 de la misma Burke en el primer tramo de los 4x100m.estilos, que, para algunos, representa el récord olímpico). Eliminatorias el 13 de octubre, final el 14. 31 participantes repartidas en 4 eliminatorias. No defiende su título Lynn Burke, la campeona en Roma. Nueva decepción de los aficionados franceses, que esperan ver a Christine “Kiki” Caron en el escalón más alto del podio, en una prueba de la que había sido recordista mundial hasta poco antes de los Juegos, 1,08”6, récord que le había arrebatado la norteamericana Duenkel, la sorprendente ganadora de los 400m.crol. En tres ocasiones es superado el récord olímpico de Roma en las eliminatorias, siendo, sucesivamente, Duenkel, 1,08”9 en la 2a.; la otra norteamericana Cathy Ferguson, 1,08”8 en la 3a., y Caron, 1,08”5 en la 4a. y última, las que se distinguen antes de la final.

 
Esta es un terrible duelo entre todas tres, nadando codo a codo hasta los últimos metros, después de que la francesa haya conseguido una pequeña ventaja entre los 60 y 80 metros, aunque sin poder resistir los últimos metros de Ferguson, una nadadora que viene de las pruebas de fondo y que, según dice, “me entreno casi siempre a crol porque encuentro muy aburrido eso de ver siempre el cielo ó el techo de la piscina”. Sus 1,07”7 superan el récord mundial y olímpico, mientras Caron, 1,07”9, y Duenkel, 1,08”0, superan, igualmente, los anteriores récords. La japonesa Satoko Tanaka, bronce cuatro años antes en Roma, y recordista mundial de los 200m.espalda, es cuarta, 1,08”6, a pesar del aliento de su público. Ha sido, pues, una final de un alto nivel técnico, con tres nadadoras por debajo del ya exrécord mundial.
 


Podio femenino de los 100 espalda

100m.mariposa: récord mundial de la holandesa Ada Kok, 1,05”1, el 30 de mayo del mismo año olímpico, en Blackpool, p.55 yardas y agua salobre; récord olímpico de la norteamericana Carolyn Schuler con sus 1,09”5 de la final de Roma. Eliminatorias y semifinales el 15 de octubre, final el 16. 31 participantes repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales. No defiende su título la campeona de Roma, la norteamericana Carolyn Schuler. Se espera una disputada final entre la recordista mundial y las norteamericanas Stouder y Ellis, ya protagonistas de los 100m.crol, y Donna deVarona. En cuatro ocasiones es superado el récord olímpico de la prueba antes de la final, señalando el gran progreso que se ha conseguido en esta especialidad. Sucesivamente son, Ellis, 1,07”8; DeVarona, 1,07”5 y Stouder, 1,07”0 en las tres primeras eliminatorias, mientras esta última, ya en la 1a. semifinal, lo deja en 1,05”6, demostrando que está dispuesta a plantar cara a la holandesa.

 
Efectivamente, y ya a la final, Stouder coge el mando de la prueba desde los primeros metros, y, después de girar en un parcial de 30”5, no da ninguna opción a su rival, manteniendo hasta el final su ventaja, sin ser inquietada. Con 1,04”7 supera de nuevo su récord olímpico, y el mundial de Kok, que debe conformarse con la medalla de plata, 1,05”6, claramente por delante de Ellis, tercera en 1,06”9, inquietada en los últimos metros por la sorprendente e inesperada finlandesa Eila Pyrhonen, cuarta en 1,07”3, mientras decepciona DeVarona, con su quinto lugar y un discreto 1,08”0, cuando se pensaba que iba a estar entre las favoritas.   
 
400m.estilos: récord mundial de la norteamericana Donna DeVarona, 5,14”9, el 30 de agosto del mismo año olímpico, en Nueva York; no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba en unos Juegos. Eliminatorias el 17 de octubre, final el 18. 22 participantes repartidas en 4 eliminatorias.
 
Prueba nueva en el programa, que permite a la norteamericana Donna DeVarona lograr uno de los triunfos más merecidos de estos Juegos. Como en el caso de su compatriota Edward “Ed” Stickles, DeVarona ha sido la nadadora que más ha “trabajado” esta especialidad de los estilos individuales desde que, cuatro años antes, superase su primer récord mundial, 5,36”5, que ha llevado, poco antes de los Juegos, a unos sensacionales 5,14”9, es decir, casi veintidós segundos de ganancia, y únicamente con dos injerencias de su compatriota Sharon Finneran en el rànking del récord.
 
Se trata, además, de una nadadora que no únicamente domina esta especialidad específica de los 400m. estilos, sino que también es capaz, al mismo tiempo, de ser medalla de oro de los 4x100m.crol, quinta de los 100m.mariposa, ó lograr el récord mundial de los 100m.espalda, es decir, empleando una expresión motociclista, una nadadora “todoterreno”.
 
Las cuatro eliminatorias dan como resultado cuatro diferentes recordistas olímpicas. Son, sucesivamente, la británica Anita Lonsbrough (“tránsfuga” de los 200m.braza) 5,30”6; la norteamericana Martha Randall 5,27”8; la alemana, de la DDR, Veronika Holletz 5,26”8, y, finalmente, DeVarona, 5,24”2 en la 4a. y última eliminatoria.
La final no tiene ningún otro color que el de la escapada definitiva de la grande favorita a partir de los primeros metros del primer tramo de mariposa, 1,09”9, con casi dos segundos de ventaja sobre Finneran, ventaja que va aumentando poco a poco en cada uno de los tramos; siete segundos en espalda y braza, hasta acabar con un nuevo récord olímpico, 5,18”7 (1,09”9, 1,18”4, 1,37”6, y 1,12”8).
 
Tras ella, sus compatriotas Finneran y Randall, y la alemana Holletz se entregan a una magnífica carrera para el resto de medallas. Segunda al terminar el tramo de mariposa, Finneran, 1,11”8 (por 1,12”6 de Randall, y 1,13”5 de Holletz) es tercera en la de espalda (2,35”7, tras su compatriota, 2,34”2, y por delante de la alemana 2,36”8). Al acabarse el tramo de braza, las diferencias son mínimas entre las tres (Finneran 4,12”0, Hollets 4,12”3, Randall 4,12”9), y será en el tramo de crol cuando se decida la final. A pesar del esfuerzo de Randall que, después de pasar Holletz se lanza en busca de Finneran, logrando el mejor parcial de crol, 1,11”3, esta última puede resistir el retorno de su compatriota, manteniendo una mínima ventaja, 4,24”1 por 4,24”2, mientras Holletz es claramente superada en este tramo, 1,13”1, y no puede luchar, finalmente, por las medallas, cuarta en 4,25”6. Es el segundo “triple” de la natación USA en estos Juegos.
 


Equipo norteamericano de los 4×100 estilos femenino

4x100m.estilos: récord mundial de un cuarteto norteamericano, 4,34”6, el 28 de septiembre del mismo año olímpico, en Los Ángeles; récord olímpico de un cuarteto USA con los 4,41”1 de la final olímpica de Roma. Eliminatorias el 15 de octubre, final el 16. 9 cuartetos inscrita, repartidos en 2 eliminatorias. Únicamente el cuarteto australiano queda eliminado, como un señal más de que, poco a poco, va perdiendo su anterior potencial (recordamos que en Roma, cuatro años antes, había sido medalla de plata). Sorpresa en la 1a. eliminatoria cuando el cuarteto soviético, con un tiempo de 4,39”1, supera el récord olímpico de las norteamericanas (ninguna de estas cuatro ndadoras estará en la final); destaquemos en el cuarteto soviético los 1,15”2 de la bracista Svetlana Babanina, un tiempo claramente superior a su récord mundial oficial (1,17”2 aquel mismo año).

 
En la final, sin embargo, ningún problema para el cuarteto USA, que nadan destacadas desde el tramo de espalda, 1,08”6 para Ferguson, por 1,09”5 de la segunda, la japonesa Tanaka. Únicamente en el tramo de braza, y otra vez gracias a un sensacional parcial de Babanina, 1,15”3 (frente a los 1,18”3 de la norteamericana Goyette) pueden las soviéticas ponerse por delante de sus rivales, 2,26”4 por 2,26”9. En el tramo de mariposa, sin embargo, el cuarteto USA vuelve a coger el mando de la prueba, ahora ya sí de manera definitiva, con un parcial de 1,06”1 para Stouder, mientras Ellis, 1,00”9 en el tramo de crol, “ancla” su equipo en unos excelentes 4,33”9, nuevo récord mundial y olímpico.
 
Los más de cuatro segundos de ventaja que las soviéticas llevan a las holandesas al terminar el tramo de braza, 2,26”4 por 2,30”7, no serán suficientes para asegurarse la medalla de plata, y estas últimas, con dos excelentes tramos de Kok, 1,05”0 en el de mariposa, y 1,01”3 de Terpstra en el de crol, pueden remontar ésta ventaja frente a las dos soviéticas (Deviatova y Ustinova, 1,09”3 y 1,03”5 respectivamente en mariposa y crol) que, como en el mismo caso de su cuarteto masculino, no dan la talla en ésta segunda mitad de la prueba. Con 4,37”0, por 4,39”2 de las soviéticas, Holanda logra la medalla de plata, mientras las japonesas son cuartas, ya más retrasadas, 4,42”0.
 
Alemana y Hungría son descalificadas por una toma indebida de relevo, y por viraje irregular, respectivamente, después de haber llegado en los dos últimos lugares, ambas con el mismo tiempo de 4,48”9.
 
Guillem Alsina