Juegos Olímpicos. Roma 1960


Aspecto general del Stadio Olimpico del Nuoto

Roma, la conocida Ciudad Eterna, es el marco escogido por el C.I.O. para disputar los Juegos correspondientes a la XVII Olimpiada, en la que, dentro del magnífico marco de sus ruinas, testigos de un pasado ya histórico, los atletas llegados de todo del mundo dirimirán sus diferencias deportivas de manera totalmente pacífica.

 
En el “Foro Itálico”, junto al ”Stadi dei Marbri”, levantado por Benito Mussolini durante su dictadura, y adosada a la piscina cubierta de 50m., que servirá para entrenamientos, el Comité Organizador de estos Juegos, ha construido otra, el ”Stadio Olimpico del Nuoto”, descubierta, con medidas reglamentarias de 50x21m. y 2m. de profundidad uniforme; corcheras de plástico especialmente confeccionadas para “matar” las olas generadas por los nadadores en su desplazamiento, lo que ayudará a mantener el agua más calmada en el transcurso de la prueba, un progreso que se mantendrá a partir de estos Juegos, perfeccionándose edición tras edición, ayudando a los nadadores a superar sus récords. Es un signo más de la interacción entre diferentes ramas de la industria, que colaboran en el progreso del deporte.
 
Las pruebas de natación se disputan entre el 25 de agosto y el 3 de septiembre, con la participación de nadadores de 45 países, 11 más que en Melbourne, pero sin poder llegar a los 47 señalados en la magnífica edición de Helsinki, ocho años antes (una vez más se demuestra que el hecho de disputarse en Europa los Juegos ayuda a conseguir una mejor participación, por lo menos en las pruebas de natación. El programa presentado por la FINA comienza a ampliarse.
 
Después que el CIO hubiera admitido en Melbourne tanto las pruebas de braza como las de mariposa, a raíz de su separación en el Congreso de Helsinki, la máxima organización de la natación mundial logra añadir al programa, tanto masculino como femenino, una prueba más, la de los 4x100m.estilos, mientras es rebatida otra propuesta para incluir la de los 400m.estilos individual. La reticencia del CIO a aumentar un programa que, digámoslo de paso, empieza a estar sobrecargado, choca frontalmente con el lógico interés de la FINA de permitir a los especialistas de cada uno de los diferentes estilos y distancias, disputar un título, el olímpico, que corona la carrera de cualquiera deportista.
 
Reducción, en cambio, en el número de participantes por país y prueba, que se rebaja a dos nadadores, en lugar de los tres que había sido reglamentario hasta los Juegos de Melbourne, medida con la que el CIO intenta paliar el aumento de países participantes y el número de pruebas.
 
El número de participantes se acerca al récord de Helsinki-1952, con un total de 45 países, 42 en categoría masculina, y 26 en la femenina, este sí, nuevo récord de participación en este sector. 5 nuevos países envían nadadores a los Juegos por primera vez: Birmania, Malta, Puerto Rico, Rodesia, y Turquía.
 


Lance Larson John Devitt y Manoel Dos Santos

100m.libres: récord mundial del australiano John Devitt, 54”6 (Brisbane, 28/01/57); récord olímpico del también australiano John Henricks, 55”4 en Melbourne-1956. Las eliminatorias y las semifinales se disputan el día 26 de agosto; la final el 27. 51 participantes, repartidos en 7 eliminatorias y 3 semifinales. Los 24 mejores tiempos de las eliminatorias pasan a semifinales; los ocho mejores tiempos de las semifinales van a la final. Presente a la cita, poco menos que en viaje de nupcias, el campeón de Melbourne, John Henricks. Como en cada edición de los Juegos, nuevas figuras han destacado; otras se han eclipsado definitivamente de la escena deportiva, mientras otros, los menos, han conservado sus lugares.

 
El australiano John Devitt pertenece a este último grupo. Poco meses después de haber logrado la medalla de plata en los Juegos de Melbourne-1956, se había convertido en el mejor velocista mundial, bajando por primera vez de los 55” en piscina larga (recordemos que, desde el 1 de mayo de 1957, la FINA homologaba los récords mundiales logrados únicamente en piscina de 50m. o 55 yardas), logrando un tiempo de 54”6, dos décimas menos que el anterior del norteamericano Dick Cleveland, logrado en piscina de 25 yardas, y es con este importante credencial que se presenta a disputar los Juegos. Su victoria, empero, no será fácil, a pesar de que sí completamente merecida, por su magnífica trayectoria en los cuatro años anteriores.
 
Un norteamericano de la nueva hornada, Lance Larson, mucho más conocido por haber sido el primer nadador que había nadado los 100m.mariposa en menos de un minuto, gesta lograda pocos días antes de los Juegos (59”0 en junio, aunque ya anteriormente, 1958, ya lo había logrado con un tiempo de 59”6, tiempo que no había sido homologado por la FINA, según parece por haber sido enviado su “dossier” fuera del plazo reglamentario), será el encargado de complicarle la victoria.
 
Dos eliminados de categoría antes de la final: uno, el vigente campeón, John Henricks, que si en las eliminatorias matinales parece estar a punto para defender su título, no lo confirma en las semifinales de la tarde, en las que cae eliminado con unos discretos 57”2. Hay que decir que su matrimonio, pocos días antes de los Juegos, han convertido prácticamente en una luna de miel sus días romanos. Cuando menos, esta es la acusación lanzada por sus dirigentes, par explicar su prematura eliminación.
 
El otro, el norteamericano Jeff Farrell, ya había sido eliminado en su mismo país, en circunstancias excepcionalmente dramáticas. Al día siguiente de su triunfo en los Nacionales USA, señalando unos 54”8, a dos décimas del mundial de Devitt, había tenido que hospitalizado de urgencia, y operado de apendicitis. Solo seis días después, y sin hacer caso del consejo de sus médicos, se presenta a disputar las pruebas selectivas para la formación del equipo olímpico (los famosos y temidos “trials”). Después de pedir, y conseguir, el permiso para hacer la salida desde la agua (para que no se le pudiera reabrir la herida, aún tierna, de su operación) señala el mejor tiempo de las eliminatorias. En la final, sin embargo, no puede repetir su actuación, y únicamente es tercero, tras de Larson, indiscutible ganador con unos buenos 55”0, y a una sola décima del segundo clasificado, Brian Hunter, 56”0 por 56”1. Como es bien sabido, los “trials” USA son inexorables, y únicamente los dos primeros de cada prueba disputarán los Juegos, sin que sirvan ni razones ni excusas de ninguna clase.
 
Por una vez, sin embargo, los dirigentes norteamericanos, vistas las circunstancias del caso, parecen dispuestos a hacer una excepción, rompiendo aquella “venerable” tradición, ofreciendo a Farrell un lugar en la prueba individual, naturalmente con el visto bueno del propio Hunter. Farrell, en un gesto altamente deportivo, y renunciando a conseguir lo que parece a su alcance, una posible medalla de oro, rehúsa el ofrecimiento, explicando que su tercer lugar no ha sido otra cosa que el resultado de su mal planteamiento de la carrera, y que, por lo tanto, no debe ser Hunter quien deba pagar los platos rotos. Naturalmente, es imposible predecir cuál hubiera sido el resultado de la final romana en caso de que Farrell hubiera aceptado el ofrecimiento de sus directivos; en todo caso, lo qué sí es seguro es que su presencia la hubiera animado mucho más, y no poco, sin olvidarse de sus posibilidades de caras al triunfo final. No cae el récord olímpico de Henricks, en las dos primeras rondas, pese a que, en semifinales, Larson se le acerca a una sola décima.
 
En la final, y de manera sorprendente, es el brasileño Manoel dos Santos quien coge el mando de la prueba, girando primero en el viraje. Este, sin embargo, le hará perder, posiblemente, la carrera, al emplear un sencillo viraje de fondista, en lugar del volteado de sus rivales, que él no domina suficientemente bien. A la salida del viraje ya es tercero, tras de los dos favoritos. Devitt, siguiendo su acostumbrada táctica, ataca entre los 60 y los 80 metros, cogiendo unos pocos centímetros de ventaja, que parecen otorgarle la victoria. Como siempre, sin embargo, su ataque le hacen más difíciles los últimos metros, ocasión que aprovecha Larson para igualarlo. En medio del vocerío del público, ambos nadadores se lanzan sobre el muro de llegada, acreditados del mismo tiempo, 55”2, nuevo récord olímpico. Los jueces de llegada, empero, acaban decidiendo el primer lugar a favor del australiano, otorgándole el título olímpico y dejando para el norteamericano la medalla de plata. Por detrás de ambos, Dos Santos puede mantener difícilmente su tercer lugar ante las acometidas del segundo norteamericano, Brian Hunter, 55“4 por 55”6, lejos ya del resto de finalistas.
 
El resultado de esta final dará lugar a apasionadas protestas. La cuestión comenzará a liarse al saberse la decisión de los jueces de llegada, así como los tiempo de los cronometradores: los siete jueces están divididos, 4 han visto primero a Devitt (entre los cuales el juez-árbitro), 3 a Larson. Los tiempo acaban de enturbiar la cuestión: 55”0, 55”1 y 55”1 para Larson; 55”2 los tres cronometradores de Devitt. Evidentemente, prevalece el criterio de los jueces de llegada, y, en este caso, el del juez-árbitro, que impone su criterio y da ganador a Devitt.
 
Max Ritter, cabeza de la delegación de natación USA (que será escogido presidente de la FINA para el período 1960-1964, en el Congreso que se celebrará en la misma capital romana, pocos días después) presenta una protesta que no es aceptada. Días después, presenta una película de la llegada de estos polémicos 100m., en la que se puede ver claramente, (siempre según él, naturalmente) la victoria de Larson. Cuatro años después, habiendo abandonado ya su cargo de presidente de la FINA, todavía se esforzará para hacer reconocer la victoria de su compatriota, paseando la famosa película, hasta que, poco a poco, como es lógico, se desvanecerá el rumor producido por el resultado de aquella final.
 


Murray, Yamanaka y Konrads tras la final de 400 libre

400m.crol: récord mundial del australiano John Konrads, 4,15”9 (Sydney, el 23 de febrero de aquel mismo año, logrado sobre 440 yardas (402,32m.); récord olímpico de otro australiano, Murray Rose, 4,27”3 en Melbourne-1956. Eliminatorias el 30 de agosto; final el 31. 39 participantes, repartidos en 6 eliminatorias. Los ocho mejores tiempos de las eliminatorias disputan la final. Apasionante confrontación entre los veteranos de Melbourne, el australiano Murray Rose, poseedor del título, y el japonés Tsuyoshi Yamanaka, contra la joven hornada de mediofondistas, encabezada por el recordista mundial John Konrads, que ha revolucionado en los dos años anteriores la natación mundial con sus métodos de entrenamiento, llevando los récords mundiales a límites considerados casi como imposibles, desde los 200m. hasta los 1.500m.

 
La progresión de esta prueba se hace notar desde las eliminatorias, cuando Yamanaka, 4,21”0 en la 1a., y el norteamericano Alan Somers, 4,19”2 en la 6a. y última, pulverizan literalmente el récord olímpico de Murray Rose, récord que superan otros cinco nadadores, entre los cuales el mismo Murray Rose, 4,22”5, bien preparado para defender su título.
 
La final se inicia con un duelo entre los dos favoritos, Konrads, y Somers, mientras Rose, uno de los mejores tácticos de la historia de la natación (por no decir el mejor) se reserva en este primer tramo. 28”4 para Yamanaka en el primer viraje; minuto justo para Somers en el primer hectómetro, llevando a sus talones a Yamanaka, 1,00”3 y Konrads, 1,00”6. Rose que es quinto, 1,01”3, ha avanzado desde el séptimo lugar, y se prepara para efectuar su ataque. Somers, siempre en cabeza, llega primero a mitad de carrera, 2,06”6, por 2,06”8 de Konrads y 2,07”1 de Yamanaka, mientras Rose, que ha comprendido el error táctico de sus rivales, ya es cuarto, casi emparejado con sus tres rivales, 2,07”2. Inmediatamente después de este viraje, Rose ataca. El ritmo excesivamente rápido de sus tres rivales al inicio de la final, no les permite seguirlo. En aquel momento se puede decir que ha terminado la lucha por el título. Ninguno de los tres favoritos puede contestar el ataque seco y contundente de Rose, que se va hacia una de sus más bellas victorias. A los 300m., 3,12”2, tiene casi dos segundos de ventaja sobre sus tres seguidores, 3,14”1 Konrads y Somers; 3,14”3 Yamanaka. Sin conceder nada de su ventaja, antes aumentándola, Rose es primero, con un nuevo récord olímpico, 4,18”3, claramente por delante del japonés, 4,21”4, subcampeón como en Melbourne, y de su compatriota Konrads, 4,21”8, el mismo tiempo del británico-escocés Ian Black (otro excelente táctico, aunque carente de la velocidad-base de Rose) que ha aumentado su ritmo a partir de los 250m., (1,02”0, 2,09”1, y 3,16”0) alcanzando a Somers hacia los 350m., y atacando a Konrads y Yamanaka en el último largo, faltandole muy poco para alcanzarlos a los dos.
 
Con esta victoria, Murray Rose se confirma como uno de los mejores tácticos de la natación de todos los tiempos, virtud que ha acreditado, y acreditará, en muchas otras ocasiones, pudiendo compararse al Jim McLane de Londres, ó al Jean Boiteux de Helsinki, por nombrar, solo, algunas de las más bellas victorias olímpicas. Su “escapada” entre los 200 y los 300m., ha sido, sin ninguna duda, uno de los momentos álgidos de los Juegos romanos, aunque también de la historia de la natación mundial.
 


Podio de los 1.500 libre

1.500m.libres: récord mundial del australiano John Konrads, 17,11”0, logrado sobre 1.650 yardas (1.508,70m.) en Sydney el 27 de febrero de aquel mismo 1960; récord olímpico del norteamericano George Breen, 17,52”9, en Melbourne-1956. Eliminatorias el 2 de septiembre; final el 3. 30 participantes repartidos en 5 eliminatorias; los ocho mejores tiempo de estas pasan a la final.

 
Cuatro grandes favoritos se disputan el triunfo en esta prueba, que ve caer el récord olímpico por partida doble: el japonés Tsuyoshi Yamanaka, 17,46”8 en la 1a.eliminatoria; Murray Rose, 17,32”8 en la 5a., que, juntamente con George Breen (es decir, el podio de Melbourne, cuatro años antes), y el recordista mundial John Konrads, optan a un triunfo muy abierto, sobretodo después del resultado de los 400m., aunque sea Rose, el que se lleve el favor de los pronósticos, después de su brillante triunfo en la distancia inferior. 
 
Como en Melbourne cuatro años antes, Breen toma decididamente el mando de la final, juntamente con Konrads y Yamanaka, mientras Rose, fiel a su táctica, los deje, nadando en cuarto lugar hasta los 900m. 1,03”1, 2,11”9, 4,31”5, 5,42”1 en el primero tercio de la prueba: 9,13”7 a los 800m.; 11,35”3 en el primer kilómetro, son los parciales de Konrads, con Breen siempre al mismo nivel, mientras Yamanaka les sigue a poco menos de dos segundos. En el kilómetro, Rose, 11,37”5 (4,35”1 en los 400; 9,17”4 en los 800) pasa a Yamanaka, acercándose progresivamente a los dos primeros, mientras, a partir de los 1.100m. Breen no puede resistir el ritmo del recordista mundial. Cien metros más allá Rose ya es segundo, y se lanza en persecución de su compatriota.
 
Por un momento parece que se repetirá la historia de los 400m., y Rose podrá revalidar su doble triunfo de Melbourne. Por una vez, sin embargo, Rose se ha equivocado. Ó ha atacado demasiado tarde, dejando demasiada ventaja a su compañero y rival, ó ha medido mal las fuerzas de aquel. A pesar de sus últimos intentos, Rose se ve derrotado. Konrads, comprendiendo el peligro, ha reservado fuerzas para resistir el último asalto, y, al iniciarse el último hectómetro (con Rose a solo un segundo y nueve décimas) aumenta su ritmo. Es suficiente para coronarse, de manera totalmente merecida, campeón olímpico del kilómetro y medio, 17,19”6, nuevo récord olímpico, dos segundos por delante de Rose, 17,21”7, mientras Breen, que se ha rehecho después de haber sido alcanzado por Yamanaka a los 1.200m., nada un magnífico último hectómetro, 1,07”3, por 1,11”3 del japonés, y es tercero, 17,30”6 por 17,34”7, colgándose al cuello la medalla de bronce, tal y como lo había hecho cuatro años antes. Seis hombres bajan los dieciocho minutos (siete en las eliminatorias) aunque todos los finalistas han estado por debajo de los diecinueve minutos (el último ha nadado en 18,22”7) confirmando el gran progreso de la natación mundial.
 
La victoria de Konrads premia, indiscutiblemente, la gran voluntad del que, atacado en la infancia de parálisis infantil, había sido después, a los quince años, como uno de los niño-prodigio de la natación mundial. Originario de Lituania, de donde sus padres habían huido a Australia a la entrada de las tropas rusas en su país, al finalizar la II Guerra Mundial, John, juntamente con su hermana Ilse, se habían convertido, desde 1958, en las grandes figuras de la natación australiana y mundial, superando numerosos récords mundiales (John había estado a punto de convertirse en el primer hombre en poseer el récord mundial de todas las distancias de crol, desde los 100m. hasta los 1.500m. (con sus correspondientes pruebas en yardas, desde las 110 hasta las 1.760) de las cuales únicamente le habían fallado las de las dos pruebas más cortas, 100m. y 110 yardas.
 
Superado en los 400m., esta medalla de oro de los quince hectómetros premiaba al que, juntamente con su entrenador, el joven y dinámico Don Talbot, habían abierto nuevos caminos en el desarrollo de los métodos de entrenamiento. Por su parte, Murray Rose se confirmaba como la gran figura de la natación de estos Juegos, ya que, sin ser considerado uno de los favoritos (Konrads, Yamanaka y Somers tenían mejores tiempo que él al iniciarse los Juegos) era el más temido por sus adversarios. Un año antes de los Juegos, cuando Konrads estaba en el vértice de su fama, recordista mundial desde los 200 a los 1.500m., y al ser preguntado sobre cuál era el rival al que más temía en su carrera hacia el oro olímpico, Konrads había contestado, rotundamente y sin embudos, que era Rose, pese a encontrarse estudiando en los USA, y lejos de su mejor forma, tomando parte en muy pocas competiciones, mientras el japonés Yamanaka amenazaba con arrebatarle algunos de sus récords mundiales, pareciendo un rival mucho más peligroso. Otro testimonio del valor de Rose puede ser el de su propio entrenador, Sam Herford, cuando, entrevistado de caras a los Juegos de Roma, declaró que “a pesar de los récords mundiales de Konrads y Yamanaka, considero que el máximo favorito para los títulos de 400 y 1.500m., continúa siendo Rose”. Su victoria, pues, no fue, por lo menos para los más aficionados, ninguna sorpresa, sinó la confirmación de su excepcional clase.
 


Equipo japonés de 4×200 libre

4x200m.libres: récord mundial de un equipo australiano, 8,16”6, logrado en Townsville, el 6 de agosto de aquel mismo 1960, sobre 4×220 yardas; récord olímpico del equipo australiano en Melbourne-1956, 8,23”6. 15 cuartetos participantes, repartidos en 2 eliminatorias, los ocho mejores tiempo pasan a la final.

 
Victoria clara del cuarteto norteamericano, superando los récords olímpico y mundial, imponiendo su superioridad de conjunto sobre la más escasa densidad australiana. Los norteamericanos esconden su juego en las eliminatorias, lanzando únicamente uno de los titulares del cuarteto, George Harrison (un ex-recordista mundial de los 400m.estilos) y dejan que el cuarteto japonés (T.Yamanaka 2,01”8; M.Fukui 2,03”5; H.Ishii 2,07”2 y T. Fujimoto 2,04”6) con un total de 8,17”1, superen el récord olímpico al ganar la 1a. eliminatoria, a solo cinco décimas de segundo del mundial australiano.
 
En la final, los titulares USA no hacen ninguna concesión a sus rivales, adjudicándose título y récord con un tiempo de 8,10”2, por delante de japoneses, 8,13”2, y australianos, 8,13”8, muy lejos del resto de finalistas, marcando perfectamente los diferentes niveles de la natación mundial. Desde el primer tramo los norteamericanos cogen el mando de la prueba con los 2,03”4 de George Harrison, seguido por el japonés Makoto Fukui, 2,04”8, y por el australiano Dave Dickson, 2,06”6, muy lejos de sus 2,04”6 logrados dos días antes en las eliminatorias. Richard Blick aumenta todavía más la ventaja de su equipo al señalar un parcial de 2,01”9 (4,05”3 en el total), mientras John Devitt, 2,03”2, pone Australia (4,09”8 en el total) a solo dos décimas de los japoneses, con Ishii 2,04”8 (4,09”6 en el total). En el tercer tramo, y a pesar del peor tiempo de Michael Troy en relación a sus rivales, 2,02”9 (6,08”2 en el total), su equipo conserva todavía dos segundos de ventaja sobre los japoneses, con Yamanaka 2,00”6 (6,10”2 en el total), confirmando su récord mundial, 2,01”5, con el mejor parcial de los treinta-dos finalistas, mientras Rose, en una distancia excesivamente corta para él, no puede hacer menos de 2,02”7, distanciando nuevamente a su equipo del segundo lugar, a dos segundos y tres décimas de los japoneses 6,12”5 en el total. Jeff Farrell, el gran desafortunado de estos Juegos, acaba, 2,02”0, por el equipo USA, mientras John Konrads que lo hace por los australianos, con todo y sus magníficos 2,01”3 (segundo mejor parcial de la final) no puede rehacer su desventaja y anular los 2,03”0 del japonés Fujimoto, que otorga a su país la medalla de plata, rehaciendo en parte el prestigio de una natación cada vez más alejada del mejor nivel mundial. Australia es tercera, lejos de la Grande Bretaña, cuarta clasificada a casi quince segundos, 8,28”1.
 


Salida de la segunda semifinal de los 100 espalda

100m.espalda: récord mundial del australiano John Monckton, 1,01”5, en Melbourne, el 15 de febrero de 1958, sobre 110 yardas; récord olímpico del también australiano David Theile, 1,02”2 en Melbourne-1956. Eliminatorias el 30 de agosto; semifinales y final el 31. 37 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los 16 mejores tiempo de las eliminatorias van a semifinales, los ocho mejores tiempo de las cuales disputan la final.

 
Después de abandonar la competición para dedicarse a sus estudios de Medicina, David Theile, campeón olímpico a Melbourne, ha reemprendido de nuevo el camino de la piscina hacia finales de 1959, para tratar de defender su título. Otro australiano es, sin embargo, el favorito de la prueba, John Monckton, medalla de plata en Melbourne, ahora recordista mundial de la prueba, así como también alguno de los especialistas norteamericanos de la última hornada. El récord olímpico es superado en la 2a. eliminatoria por el norteamericano Bob Bennett, 1,02”0, mientras se puede comprobar la baja forma del recordista mundial, que pasa a la final únicamente con el quinto mejor tiempo de las semifinales.
 
Theile toma decididamente el mando de la final, y después de ejecutar su famoso y revolucionario viraje (bien vigilado, no es preciso decirlo, por los jueces de virajes) no tiene excesivos problemas para resistir el último ataque de los norteamericanos. Con un tiempo de 1,01”9 retoma su récord olímpico, revalidando al mismo tiempo su título, dejando el resto del podio a los norteamericanos Frank McKinney (ya tercero en Melbourne-1956) ahora segundo en 1,02”1, y Bob Bennett, tercero en 1,02”3.
 
El francés Robert Christopher, a pesar del ”orfeón” desplazado a Roma desde la próxima Marsella (club por el que nada) para animarle, no puede hacer mucho más que revalidar su cuarto lugar de cuatro años antes, aunque con un tiempo mucho mejor, 1,03”2, mientras Monckton, confirmando su baja forma únicamente puede ser séptimo, confirmando el pronóstico de sus técnicos (el jefe de los cuales es el famoso Forbes Carlile, uno de los entrenadores que más ha hecho por el uso de la ciencia aplicada a la teoría del entrenamiento) que, basándose en unos tests sobre los valores de su presión sanguínea, y sobre su electrocardiograma, habían dictaminado que se encontraba completamente fuera de forma, hecho confirmado por sus resultados en la piscina romana. Es uno de los primeros indicios que la Medicina Deportiva puede ayudar a los deportistas a valorar su estado de forma, y, lógicamente, a estructurar sus entrenamientos para tratar de conseguir de ellos el máximo provecho.
 
200m.braza: récord mundial del australiano Terry Gathercole, 2,36”5, el 28 de junio del 1958, en Townsville, sobre 220 yardas; el récord olímpico del japonés Masaru Furukawa, 2,34”7 en Melbourne-1956, empleando la ya irregular “braza submarina” no se puede tener en consideración después de haber sido prohibida a partir del 1 de mayo de 1957, por lo que no se puede considerar como a vigente récord olímpico, y se vuelve a iniciar el ranking a partir de estos Juegos de Roma. Eliminatorias el 26 de agosto; semifinales el 29; final el 30. 42 participantes, repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales; los dieciséis mejores tiempo de las eliminatorias pasan a semifinales, los ocho mejores de las cuales van a la final.
 
No defiende su título el japonés Masaru Furukawa, retirado ya de la competición. Como hemos dicho anteriormente, se nada, desde el 1 de mayo de 1957, bajo la nueva reglamentación que limita la denominada “braza submarina” a una sola brazada después de la salida y en cada uno de los virajes. No hay un favorito claro, aunque sea el recordista mundial quien parece tener más posibilidades, a pesar de no haber reencontrado su mejor forma en los dos últimos años.
 
El norteamericano Bill Mulliken con sus dos récords olímpicos, 2,38”0 en la 1a. eliminatoria, y 2,37”2 en la 1a. semifinal, acapara, finalmente, un cierto favoritismo, antes de una final en la que, como se acostumbra a decir, se ven de todos los colores: desde la escapada inicial del alemán oriental Egon Henninger (aunque Alemania presenta un solo equipo, mezcla de deportistas de ambos ldos del “Telón de Acero”) 1,14”6 a mitad de carrera, claramente por delante de Gathercole, 1,15”8, mientras tercero es el norteamericano Paul Hait, a casi dos segundos, 1,16”4; pasando por el hundimiento del recordista mundial al intentar alcanzar al alemán entre los 125 y los 150 metros, acabando por la escapada, esta sí definitiva, de Mulliken al inicio del último largo, y el desesperado esfuerzo final del japonés Ohsaki, que, excesivamente conservador hasta los 150m. (sexto a mitad de carrera, 1,17”0, por delante de Mulliken, 1,17”1) no puede impedir su victoria. Aunque sin poder superar su récord de la semifinal, Mulliken se impone claramente al japonés, 2,37”4 por 2,38”0, mientras el holandés Wieger Mensonides, en un fuerte sprint final supera sucesivamente a Gathercole y a Henninger en los últimos metros, logrando la medalla de bronce, 2,39”7, pese al vocerío del público italiano, que anima a su representante, Roberto Lazzari, autor de otra magnifica remontada desde el último lugar a mitad de carrera, 1,18”6, hasta su quinto lugar final con el mismo tiempo que Henninger, cuarto en 2,40”1.
 
En constante evolución, el estilo de braza parece marcar el paso, contrariamente al resto de estilos, aunque en Roma ya se pueda ver un cierto desarrollo que se destapará definitivamente al año siguiente, cuando un prácticamente desconocido (había sido eliminado en los “trials” de Roma, pocos meses antes) el norteamericano Chester “Chet” Jastremski, revolucionará completamente este estilo, llevando a un límite máximo las características desveladas tímidamente en Roma por un Mulliken ó un Ohsaki.
 
200m.mariposa: récord mundial del norteamericano Mike Troy, 2,13”2 el 4 de agosto del mismo año 1960, pocos días antes de los Juegos, en Detroit; récord olímpico del también norteamericano Bill Yorzyk, 2,18”6, en Melbourne-1956. Eliminatorias el 31 de agosto; semifinales la 1r. de septiembre; final el 2. 34 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los dieciséis mejores de las eliminatorias pasan a semifinales, los ocho mejores tiempo de las cuales disputan la final.
 
No está en Roma para defender su título el norteamericano Bill Yorzyk, retirado ya de la competición. El recordista mundial Mike Troy es el gran favorito de la prueba, dominador de la especialidad desde el año anterior, llevando el récord mundial de la prueba desde los 2,19”0 a los 2,13”2, en cinco sucesivas superaciones. Ya en la 1a. eliminatoria lo demuestra, al superar el récord olímpico, 2,15”5, cosa que también hacen otros tres nadadores, en demostración del progreso y las posibilidades de un estilo que apenas inicia su evolución, solo ocho años después de haberse separado de la braza clásica.
 
En la final, ningún problema para Troy, en cabeza de la prueba desde los primeros metros. Pasando el hectómetro en unos magníficos 1,02”5, seguido a distancia por su compatriota David Gillanders, 1,04”0, el japonés Yoshimuta y el italiano Federico “Fritz” Dennerlein, 1,04”7 para ambos, con el resto de finalistas más lejos, Troy acaba con un tiempo de 2,12”8, señalando un nuevo récord mundial y olímpico, por delante del australiano Neville Hayes, que ha remontado de manera excelente desde el sexto lugar a mitad de carrera, 1,05”3, pasando a Gillanders, que ha terminado ligeramente hundido en los últimos metros al intentar seguir el ritmo del ganador, terminando en tercer lugar, 2,14”6 por 2,15”3, mientras Dennerlein, apoyado por los ánimos del público, que desea ver a uno de los suyos en el podio, está, igualmente, a punto de superar a Gillanders, cuarto en 2,16”0. Señalemos que los seis primeros de la final han superado los 2,18”6 con los que Yorzyk había logrado la medalla de oro a Melbourne, solo cuatro años antes.
 


Equipo USA del 4×100 estilos

4x100m.estilos: récord mundial de un equipo de club norteamericano, el Indianàpolis A.C. en 4,09”2, el 24 de julio del mismo 1960, en Toledo (USA). No hay récord olímpico al ser una prueba que se nada por primera vez en los Juegos. Eliminatorias el 27 de agosto; final la 1r. de septiembre. 18 cuartetos participantes, repartidos en 3 eliminatorias; los ocho mejores tiempos de las cuales disputan la final.

 
Prueba que difícilmente se podía escapar del dominio norteamericano. En la 1a. eliminatoria, Australia establece el récord olímpico en un tiempo de 4,14”8 (J.Carroll 1,04”6, W.Burton 1,13”3, K.Berry 1,01”7, G.Shipton 55”2) récord que le dura el breve espacio de la segunda eliminatoria, cuando al acabar la 3a., el equipo USA señala un tiempo de 4,08”2, nuevo récord mundial y olímpico. En este equipo, tres suplentes de verdadero lujo Bob Bennett, espaldista, 1,02”7, medalla de bronce en la prueba individual; D.Gillanders, medalla de bronce de los 200m.mariposa, 59”8 en su tramo, y Steve Clark, crolista, 54”6 en el tramo de crol, una de las esperanzas USA en esta disciplina.
 
La final, como ya se esperaba, es de completo dominio USA desde el primer tramo. Frank McKinney 1,02”0, supera al campeón olímpico David Theile, 1,02”4, y al japonés Tomita, 1,04”1. Después, Paul Hait 1,10”5, Lance Larson 58”0, y Jeff Farrell 54”9 en el último tramo, completarán un gran relevo, terminando en un magnífico tiempo de 4,05”4, nuevo récord mundial y olímpico. Tras ellos, se libra la lucha por los lugares de honor; segunda despues del tramo de braza (Gathercole se impone a Ohsaki, 1,10”9 por 1,11”5) Australia se ve superada por los japoneses en el tramo de mariposa, después de unos excel.lentas 1,00”4 de Hirakida, por los 1,03”3 de Hayes. Privados de sus mejores velocistas, reservados para la final de 4x200m.libres que se nada hora y media después de la de estilos, y tiene, naturalmente, mucha más importancia para los australianos, Geoff Shipton, una de las esperanzas “aussies” para sustituir Devitt y Henricks, sufre para superar en los últimos metros al japonés Shimizu, 55”4 por 56”2, y las seis décimas de ventaja que este le llevaba al iniciarse el tramo de crol. Con 4,12”2, Australia gana, finalmente, las correspondientes medallas de plata, dejando las de bronce para los japoneses, superados por dos cortas décimas, lejos del resto de finalistas, entregados, igualmente, a un magnífico duelo por el resto de lugares, resuelto finalmente a favor de los canadienses, 4,16”8, con escasa diferencia sobre el octavo y último clasificado, el cuarteto holandés, 4,18”2.
 
Destaquemos, de entre todos los parciales, los 58”0 de Larson en su tramo de mariposa, por debajo de su récord mundial de 58”7, aunque, lógicamente, no le pueda ser homologado, mientras Farrell recoge en esta prueba su primera medalla de oro (dos horas después recogerá la segunda en los 4x200m.) en una pequeña compensación a su dramático esfuerzo de los “trials”.
 
La supremacía australiana lograda en Melbourne prácticamente se ha desvanecido, pese a sus triunfos en las tres pruebas individuales de crol (una de las cuales harto discutida) y la de espalda. La prueba más indicativa, los 4x200m., en cambio, les ha sido adversa, claramente superados por los norteamericanos, y, como dicen algunos técnicos, “cuando el 4×200 va bien, toda la natación va bien”, se puede considerar que la debacle sufrida por el equipo USA en Melbourne, cuatro años antes, está casi olvidada. Los futuros resultados, salidos de su programa de “grupos de edades” (age-groups) les permitirá de lograr de nuevo la hegemonía mundial, cuando menos de conjunto, durante un largo período de tiempo.
 
Como en el sector masculino, y siempre gracias al sistema de ”age-groups”, las nadadoras norteamericanas vuelven a dominar la natación mundial, al ganar dos de las pruebas de crol, una individual y el relevo; la de espalda y mariposa, así como el relevo de estilos, continuando con su hasta ahora tradicional debilidad en la braza. Australia, por su parte, no ha encontrado sustitutas de aquel brillante equipo de Melbourne-1956, y únicamente Dawn Fraser, ya conocida como ”la abuela” por muchas de sus compañeras de equipo, puede plantar cara a las norteamericanas.
 


Chris Von Saltza junto con Dawn Fraser

100m.libres: récord mundial de la australiana Dawn Fraser, 1,00”2, el 23 de febrero de aquel mismo 1960, en Sydney, sobre 110 yardas; récord olímpico, ella misma, con los 1,02”0 de la final de Melbourne-1956. Eliminatorias el 26 de agosto; semifinales el 27; final el 29. 32 participantes, repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los 16 mejores tiempo de las eliminatorias van a las semifinales; los 8 mejores tiempo de estas a la final. Ganadora en 1956, Dawn Fraser se convierte en la segunda nadadora que consigue “doblar” un título olímpico en cualquiera especialidad (la primera había sido la norteamericana Martha Norelius con sus triunfos de 1924 y 1928 en los 400m.libres). Una peligrosa rival aparece ante ella en la persona de la norteamericana Chris Von Saltza, recordista mundial de los 400m.libres, pero que también es capaz de bajar, y con excelentes resultados, a distancias más cortas. En la 4a. eliminatoria, Von Saltza supera el récord olímpico de Fraser en una décima, 1,01”9, antes de que la australiana vuelva a recuperarlo al ganar la 1a. semifinal, bajándolo en cinco décimas, 1,01”5, y volviendo a convertirse en la gran favorita de caras a la final.

 
Cogiendo el mando de la prueba desde los primeros metros, Fraser no tendrá, empero, ningún problema para revalidar su título, pese a que su rival intenta mantenerse a su lado hasta los 50m., intentando aprovecharse de su mayor resistencia en los últimos metros. Ejecutando su magistral viraje de mediofondo (la australiana nunca llegará a fiarse de los virajes volteados) Fraser produce su acostumbrado ataque apenas a la salida del viraje, logrando unos preciosos centímetros de ventaja, que va aumentando progresivamente, hasta conformar su segundo triunfo, con un nuevo récord olímpico, 1,01”2, a un segundo de su mundial. Von Saltza conserva difícilmente su segundo lugar, 1,02”8, inquietada por la británica Natalie Steward en los últimos metros, 1,03”1, mientras otra norteamericana, Carolyn Wood, es cuarta en 1,03”4.
 
Dawn Fraser ha nadado esta final única y exclusivamente para ganarla. Poco antes de los Juegos había declarado, “para superar un récord mundial todos los días del año son buenos; un título olímpico, en cambio, solo se puede ganar cada cuatro años”. Su récord mundial se mantuvo, a pesar de que en el primer tramo de los 4x100m.libres intentó superarlo, liberada ya de la tensión sicológica que representaba el haber revalidado su título individual.
 
400m.libres: récord mundial de la norteamericana Chris Von Saltza, 4,44”5, el 5 de agosto del mismo 1960, en Detroit, sobre 440 yardas; récord olímpico de la australiana Lorraine Crapp, 4,54”6 en la final de Melbourne-56. Eliminatorias el 31 de agosto; final la 1r. de septiembre. 22 participantes, repartidas en 3 eliminatorias, los 8 mejores tiempo de las cuales pasan a la final.
 
Pese a encontrarse en Roma con la selección de su país, Lorraine Crapp, la ganadora de Melbourne, no defiende su título, inscrita únicamente para nadar el 4x100m.libres. Vencida en el hectómetro, pero con más condiciones para el mediofondo, Chris Von Saltza no tiene muchos problemas para imponerse en esta prueba, pese a la presencia de una ex-recordista mundial de la prueba, la australiana Ilse Konrads (4,45”4 en enero de aquel mismo año) aunque muy lejos de su mejor forma en aquel momento de los Juegos. En la 1a. eliminatoria, la norteamericana da una muestra de su superioridad al superar el récord olímpico de Crapp, dejándolo en 4,53”6.
 
En la final, Von Saltza se destaca rápidamente, con parciales muy rápidos, por debajo de los de su récord mundial, 1,06”5, y 2,18”7 a mitad de carrera, lejos de sus más inmediatas rivales, las holandesas Tineke Lagerberg, 2,22”6, y Corrie Schimmel, 2,24”0, respectivamente. Pese a un ligero desfallecimiento (nadará la segunda mitad de la prueba en unos discretos 2,31”9) debido a su paso excesivamente rápido de la primera mitad (que puede representar, teóricamente, unos 4,42”-4,44” como máximo) Von Saltza gana claramente la medalla de oro con un nuevo récord olímpico, 4,50”6.
 
La sueca Jane Cederqvist, recordista mundial de los 800 y 1.500m.libres, en una carrera mucho más equilibrada (es octava a los 100m., 1,09”2; cuarta a mitad de carrera, 2,24”2, y ya segunda en los 300m.) tampoco tiene problemas para imponerse en la lucha por la medalla de plata, 4,53”9, mientras Lagerberg, segunda hasta los 250m., acaba hundiéndose, siendo inquietada por la australiana Ilse Konrads en la carrera por la medalla de bronce, 4,56”9 por 4,57”9. Dawn Fraser, 4,58”5, es quinta, en una prueba a la que continuaba sin querer dedicarse seriamente, pese a que su propio entrenador, el famoso Harry Gallagher, opinaba que podía acceder al récord mundial, después de que, sin ningún tipo de preparación específica, hubiera señalado un excelente tiempo de 4,47”5 pocos meses antes.
 
La australiana, que también era recordista mundial de los 200m.libres, 2,11”6 en febrero de aquel mismo año, nunca había sido tentada por aquella aventura, más interesada en convertirse en la primera mujer que nadara los 100m. en menos de un minuto.


Podio del 4×100 libre femenino

4x100m.libres: récord mundial del equipo australiano, 4,16”2, el 6 de agosto de aquel mismo 1960, en Townsville, sobre 4×110 yardas; récord olímpico de otro equipo australiano, 4,17”1 en la final de Melbourne-1956. Eliminatorias el 2 de septiembre; final el 3. 12 cuartetos participantes, repartidos en 2 eliminatorias, los ocho mejores tiempo de las cuales pasan a la final.

 
Clara victoria del cuarteto norteamericano, demostrando su superioridad de conjunto sobre sus grandes rivales australianas. Como en categoría masculina, un equipo compuesto totalmente por suplentes nada la eliminatoria, hecho que propicia que las australianas, únicamente con dos suplentes en su cuarteto, señalen el mejor tiempo, 4,17”6, a solo cinco décimas de su récord olímpico. Señalemos la descalificación del cuarteto holandés en la segunda eliminatoria, perdiendo la posibilidad de luchar por una medalla de bronce que parecia tener perfectamente a su alcance.
 
En la final, Australia se avanza en el primer tramo, cuando Dawn Fraser sale la primera, intentando superar su récord mundial. No puede lograrlo por un estrecho margen de cuatro décimas, 1,00”6, aunque avanza claramente su equipo, por delante de la norteamericana Joan Spillane, 1,02”5. La baja forma demostrada por Ilse Konrads, pero sobretodo por Lorraine Crapp, no permite a las australianas luchar con cierta garantía de éxito. Pese a todo ello, a mitad de carrera todavía conservan una clara ventaja de más de dos segundos (Shirley Stobs nada en 1,03”5, frente a Konrads, 1,03”2) ventaja que pierden cuando en el tercer tramo Wood, 1,02”0, se impone claramente a Crapp, 1,04”7.
 
La última australiana, Alva Colquhoun, pese a señalar unos buenos 1,02”8, no puede hacer nada para impedir el triunfo finales de las norteamericanas, con unos excelentes 1,00”9 de Von Saltza, que con un tiempo final de 4,08”9, pulverizan por casi siete segundos y medio los récords mundial y olímpico, superados también por las “aussies”, segundas en 4,11”3. Por detrás, y libres ya de las holandesas, el cuarteto alemán (dos nadadoras de cada “lado” del “Telón de Acero” según lo estipulado para poder presentar un equipo conjunto) no tiene muchos problemas para hacerse con la medalla de bronce, 4,19”7, por delante de las húngaras, 4,21”2, que nunca las han podido inquietar.
 
100m.espalda: récord mundial de la norteamericana Lynn Burke, 1,09”2, el 5 de agosto de este mismo año olímpico, en Detroit; récord olímpico de la británica Judith Grinham, 1,12”9, en la final de Melbourne-1956. Eliminatorias la 1r. de septiembre; final el 3. 30 participantes repartidas en 4 eliminatorias, los ocho mejores tiempo de las cuales pasan a la final.
 
Retirada de la natación dos años antes, Grinham no defiende su título. Extraordinaria progresión en esta prueba si tenemos en cuenta que la última clasificada para la final lo hace en un tiempo de 1,12”5, mejor que los 1,12”9 que habían otorgado la medalla de oro cuatro años antes. Laura Ranwell, una sudafricana, es la primera en superar el récord olímpico, 1,12”0 en la 1a. eliminatoria, récord que le dura escasos minutos, cuando la norteamericana Lynn Burke lo supera con unos excelentes 1,09”4 en la siguiente eliminatoria, a solo dos décimas de su mundial, logrado pocos días antes.
Su superioridad queda perfectamente demostrada en la final, que gana casi sin ninguna oposición, superando de nuevo su récord olímpico, 1,09”3, acercándose aún más a su mundial. La británica Natalie Steward, 1,10”8, a segundo y medio de la ganadora, es medalla de plata, mientras por detrás suyo hay una terrible lucha por la de bronce.
 
Acreditadas todas tres con el mismo tiempo, 1,11”4, son los jueces de llegada los que deciden, finalmente, que la medalla de bronce pertenece a la japonesa Satoko Tanaka, por delante de Laura Ranwell, y de la francesa Rosy Piacentini. En séptimo lugar, la holandesa Ria Van Velsen protagoniza una de las mayores decepciones de su equipo. Recordista mundial dos meses antes del inicio de los Juegos, 1,10”9, se esperaba verla convertida en la sucesora de aquella mítica generación de espaldistes holandesas (Marie Braun, Ria Mastenbroek, Cor Kint ó Geertje Wielema, entre otras); su séptimo lugar, y sus 1,12”1, señalan, en definitiva, una progresiva regresión de la natación holandesa que, desde 1928, había estado siempre en las primeras filas de la natación mundial.
 
200m.braza: récord mundial de la alemana occidental Wiltrud Urselmann, 2,50”2, el 6 de junio de aquel 1960, en Aachen; récord olímpico de la también alemana occidental Ursel Happe, 2,53”1, en la final de Melbourne-1956. Eliminatorias el 26 de agosto; final el 27. 25 participantes repartidas en 4 eliminatorias, los ocho mejores tiempo de las cuales pasan a disputar la final.
 
No se presenta a defender su título la alemana Ursel Happe, retirada, evidentemente, por la edad. Al no haber muchas adeptas de la “braza submarina”, prohibida, recordemoslo, a partir del 1 de mayo de 1957, la diferencia entre esta modalidad y la actual (en la que únicamente se permite una brazada submarina en la salida y después de cada uno de los virajes) es mínima. Es por ello que, rápidamente, en la segunda eliminatoria, la británica Anita Lonsbrough se acerca al récord olímpico de Happe, 2,53”1 por 2,53”3, récord que cae pocos minutos después, en la 3a.eliminatoria, a manos de la recordista mundial Wiltrud Urselmann, 2,52”0, aún lejos de su récord. Señalemos la presencia de la holandesa Ada den Haan, que, cuatro años después de Melbourne, intenta lograr en Roma lo que se le había negado en 1956, por el boicot político de su país.
 
En la final, ninguna de las dos favoritas hace concesiones. Urselmann se escapa desde los primeros metros, girando primera en los 50 y 100m., 1,20”2, mientras la británica mucho más prudente, lo hace casi dos segundos tras ella, 1,22”0, por delante de Den Haan y de la otra alemana, Bárbara Göbel (esta de la DDR) 1,22”9 para ambas. El mejor tiempo personal de Urselmann en los 100m. es de 1,19”1, y, lógicamente, se ve obligada a bajar su ritmo. Entre los 100 y los 150 metros, la británica ataca, recuperando el terreno perdido, mientras se aleja, al mismo tiempo, de sus dos rivales. En el último viraje, giran casi al mismo tiempo las dos favoritas, y el último largo se resume a un terrible duelo entre ambas por lograr el triunfo.
 
Finalmente, y en los últimos metros, el mejor reparto del esfuerzo de la británica le dará el triunfo, nadando el segundo hectómetro en 1,27”3, por 1,29”8 de la alemana, logrando los pocos centímetros de ventaja que le otorgan la victoria, superando, de pasada, los récords mundial y olímpico, 2,49”5, por 2,50”0 de Urselmann. Göbel, por su parte, logra la medalla de bronce, imponiéndose en los últimos metros a Den Haan, que también ha nadado una primera mitad de carrera quizás excesivamente rápida para sus posibilidades, aunque sin inquietar a las dos primeras, 2,53”6 por 2,54”4 de la holandesa, que pasa a engrosar la lista de las que, posiblemente, no han podido lograr los laureles olímpicos por razones totalmente extradeportivas.
 


Carolyn Schuler

100m.mariposa: récord mundial de la norteamericana Nancy Ramey, 1,09”1, el 2 de septiembre de 1959, en Chicago; récord olímpico de la también norteamericana Shelley Mann, 1,11”0 en Melbourne-1956. Eliminatorias el 29 de agosto; final el 30. 25 participantes, repartidas en 4 eliminatorias, de las que los ocho mejores tiempo pasan a la final.

 
No se presenta a defender su título Shelley Mann, retirada de la natación. Si lo hace otra de las “víctimas” del boicot holandés en Melbourne, Atie Voorbij, recordista mundial en 1957.
 
La norteamericana Carolyn Schuler supera, ya en la 1a.eliminatoria, el récord olímpico de Shelley Mann con un tiempo de 1,09”8, a siete décimas del mundial de Ramey, también retirada de la natación, convirtiéndose en la favorita de la prueba. En efecto, la norteamericana no tiene ningún problema al coger el mando de la prueba desde los primeros metros, llegando al viraje siempre en cabeza, seguida de su compatriota Carolyn Wood, y de la australiana Janice Andrews a pocos centímetros, mientras la holandesa Marianne Heemskerk es cuarta, a medio cuerpo. Sin ser inquietada, Schuler se va hacia la victoria, y con un tiempo de 1,09”5 baja su récord olímpico en tres décimas, y casi un segundo de ventaja sobre Heemskerk, 1,10”4, medalla de plata, que ha aumentado su ritmo después del viraje, alcanzando a Andrews, terminando claramente en segundo lugar, dejándole la medalla de bronce, 1,12”2. Tres europeas llegan por detrás de ellas con el mismo tiempo, 1,13”3, la británica Sheila Watts, la holandesa Atie Voorbij, y la soviética Belovetzkaia. Qué se ha hecho mientras de la norteamericana Wood ?.
 
Un curioso accidente en esta final, casi impensable en una competición de este nivel, la ha dejada literalmente K.O. cuando, hacia los 65 metros, la norteamericana, cuarto mejor tiempo de las eliminatorias, y aspirante a una medalla, debe pararse y cogerse a las corcheras, respirando con dificultad. Uno de los jueces italianos se lanza al agua para ayudarla, a pesar de que, finalmente, Wood se salve de la situación sin problemas, y acaba la piscina, nadando sin ninguna ayuda. Wood ha sido víctima de un accidente harto extraño en una nadadora de su nivel.; al hacer el viraje ha bebido un trago de agua, y, al llevar pinzas en la nariz, no ha podido inspirar por ella, quedando literalmente asfixiada y obligada a pararse. Al terminar el incidente, el juez que gentilmente se había lanzado al agua, recibe una fuerte ovación del público, que saluda con comentarios harto variados el remojón no previsto programa.
 
4x100m.estilos: récord mundial de un equipo norteamericano en 4,44”6 (Chicago, el 06/09/1959); no hay récord olímpico al nadarse esta prueba por primera vez en los Juegos. Eliminatorias el 30 de agosto; final el 2 de septiembre. 12 cuartetos participantes, repartidos en 2 eliminatorias, los ocho mejores tiempo de las cuales pasan a la final.
 
El cuarteto británico, ganador de la 1a.eliminatoria, impone el récord olímpico con un tiempo de 4,49”0, derrotando a las norteamericanas por tres décimas, aunque estas presentan un equipo en el que únicamente la espaldista Lynn Burke será titular en la final. Holanda, en la 2a.eliminatoria, supera el reciente récord, 4,47”4, aún lejos del mundial. El cuarteto australiano, con dos suplentes, y sin el concurso de Dawn Fraser ( su ausencia traerá cola, y será uno más de los problemas en que acostumbra a envolverse la australiana) está a punto de ser eliminado, al lograr el octavo mejor tiempo de las eliminatorias, 4,55”7.
 
Lynn Burke catapulta perfectamente a su equipo en la final, iniciando la prueba con un nuevo récord mundial de los 100m.espalda, 1,09”0 (que no consideramos, en cambio, récord olímpico, al no haber sido logrado en la prueba individual) poniendo a su cuarteto en cabeza de la prueba, por delante de Holanda, con Ria van Velsen, 1,11”2, con el mismo tiempo que Japón, con Satoko Tanaka; Alemania, con Ingrid Schmidt, 1,11”4, la Gran Bretaña, con Sylvia Lewis, 1,11”9, y, ya más atrás, Australia, con Marylin Wilson, 1,13”9, seguidas de la URSS, y de Hungría, que desaparecerán desde los primeros metros de la lucha por las medallas. Un excelente parcial de la alemana Ursel Küper (recordista mundial de los 100m.braza en 1,19”1), pone a su equipo en el segundo lugar, tras las norteamericanas 2,29”9 por 2,30”7 (la norteamericana Patty Kempner nada su tramo en 1,20”9), mientras la Gran Bretaña, con los 1,21”0 de Anita Lonsbrough es tercera, 2,32”9, por delante de Japón, 2,33”7 (Takamatsu 1,22”5); mientras Australia y Holanda luchn codo a codo, ambas en 2,34”0 (Rose-Mary Lassig por Australia nada en 1,20”1; la holandesa Ada den Haan lo hace en 1,22”8). Con Carolyn Schuler, las norteamericanas cogen una ventaja decisiva, al nadar en 1,08”9 (3,38”8 en el total) por delante de Alemania, 3,42”5 (1,11”8 para Barbel Führmann); Australia 3,44”6 (con Janice Andrews 1,10”6); la Gran Bretaña 3,44”4 (Sheila Watts 1,11”5), y Holanda, quinta en 3,44”9 (Marianne Heemskerk 1,10”9), mientras Japón, Hungría y Rusia ya están fuera de la lucha por los primeros lugares.
 
Chris von Saltza acaba victoriosa su tramo de crol en 1,02”3, conformando un tiempo final de 4,41”1, nuevo récord mundial y olímpico, mientras por detrás se lucha fuerte para el resto de lugares. Segunda hasta entonces Alemania, Ursel Brunner, no puede resistir la remontada de Dawn Fraser que, sin lograr su mejor tiempo, 1,01”6, tiene suficiente para hacerse con la medalla de plata, 4,45”9. El discreto parcial de Brunner en este tramo, 1,05”1, ante los 1,02”7 de la holandesa Erika Tersptra, y los 1,03”2 de la británica Natalie Steward, permite que sea atrapada por ambas sobre el mismo muro de llegada y, aunque con el mismo tiempo para los tres cuartetos, los jueces de arribada acaban decidiendo a favor de las alemanas, medalla de bronce, por delante de holandesas y británicas, todas tres con el mismo tiempo, 4,47”6, lejos de las húngaras, sextas en 4,53”7.
 
Guillem Alsina