Juegos Olímpicos. Melbourne 1956


Nancy Ramey, Shelley Mann y Mary Sears

A principios de este año olímpico, un prestigioso técnico, el húngaro Bala Rajki , uno de los forjadores del magnífico equipo femenino que se había adjudicado la supremacía mundial cuatro años antes, osa convertirse en “adivino” y, ante la gran cita olímpica que ya se acerca, dicta los límites que, según él, representan poco menos que las posibilidades humanas en nuestro deporte.

 
Viniendo de un técnico de su categoría, se hace difícil sustraerse al deseo de publicarlos y, de esta manera, ver como la realidad supera, casi siempre, la imaginación del hombre sobre sus propias posibilidades. Como años después nos comentaba nuestro recordado Joaquim Morera, no se puede pensar que un día se nadarán los 100m.crol en unos pocos segundos, pero sí que es cierto que las posibilidades humanas en natación todavía están lejos de lo que hasta ahora se ha llegado a conseguir.
 
Nos lo demuestra, entre otros hechos, estos “tiempos límite” que en su momento, allá por enero del 1956, predijo un gran técnico, y que no tardaron mucho a conseguirse, algunos de ellos incluso pocos meses después, a pesar de parecer inaccesibles en aquel mes de enero. Aquí quedan, pues, como curiosidad, aquellos tiempos que, por lo menos para alguien, representaban poco menos que el límite de las posibilidades humanas en natación:
 
 
 
HOMBRES
MUJERES
100m.crol
53”0
1,02”0
400m.crol
4,20”0
4,55”0
1.500m.crol
17,45”0
———-
100m.espalda
1,00”0
1,09”0
200m.braza
2,28”0
2,45”0
200m.mariposa
2,12”0
1,09”0 (100m.)
 
                                                                               
Del 28 de noviembre al 8 de diciembre del 1956 se disputan en la “Melbourne Olympic Pool”, piscina cubierta, como en Londres, las pruebas de natación correspondientes a los Juegos de la XVI Olimpiada. Es la primera vez que los Juegos se disputan en el hemisferio sur, y es por ello que las fechas son completamente inusuales, lo que ha creado ciertos problemas a la hora de planificar los entrenamientos, para buscar la máxima forma en unos momentos que, en años anteriores, era un período de cierta relajación (la natación de invierno, excepto en USA, y algunos otros países, pocos, estaba todavía poca desarrollada) y más bien preparatorio para la temporada veraniega.
Dos acontecimientos políticos dejan su impronta en estos Juegos, decidiendo la abstención de unos pocos países.
 
Por un lado, la desdichada invasión de territorio húngaro por parte de fuerzas del denominado Pacto de Varsovia que, llamados por el propio gobierno húngaro para tratar de aplastar una revuelta interna, hace que algunos países (Holanda, Suiza, y España) decidan no enviar sus representantes a la capital australiana, como señal de protesta por esta injerencia extranjera en los asuntos internos de otro. Egipto e Irak, por su lado, tampoco envían a Melbourne a sus deportistas, como protesta por la entrada de tropas conjuntas inglesas, franceses e israelíes, en la Zona del Canal de Suez, como medida de fuerza ante la nacionalización de la estructura de este vital (para el mantenimiento del capitalismo occidental) medio de comunicación por parte del gobierno del General Naguib.
 
A pesar de que la propia Hungría en un primer momento parece decidida a no participar en estos Juegos, por la lógica desmoralización de sus deportistas, muchos de los cuales en el momento del levantamiento se entrenaban fuera del país, desconociendo la situación de sus familiares más directos, acaba cediendo, y parece que con el consentimiento de sus deportistas (voluntario ó forzado es cosa que seguramente nunca sabremos) y mediante la mediación del CIO, la ayuda del gobierno suizo (que se hizo cargo de todos los gastos de desplazamiento), y los buenos oficios del periódico francés “L’Equipe”, viajaron hacia Melbourne, donde algunas de sus intervenciones dieron lugar a espectáculos no excesivamente deportivos, como puede ser el de la famosa final de waterpolo que enfrentó, precisamente, a rusos y húngaros, por el lógico nerviosismo de aquellos momentos.
 
Una vez terminados los Juegos, se inició un éxodo masivo de deportistas húngaros, que prefirieron no volver a su país por temor a posibles represalias, al no comulgar con las ideas políticas que imperaban en aquel momento en el pequeño y deportivo país magiar.
 
Para la natación, la abstención holandesa representaba una baja muy importante. Un hombre, Jan Stender, había forjado en su piscina de Hilversum un excelente conjunto de nadadoras, dignas sucesoras de aquellas Den Ouden, Mastenbroek, Kint ó Wielema, que se esperaba pudieran dar buena réplica a las representantes húngaras, norteamericanas, ó a aquellas australianas que desde el inicio del año olímpico habían demostrado estar entre las mejores del mundo. La máxima figura del equipo holandés era su velocista Cornelia “Cockie” Gastelaars, ex-recordista mundial de los 100m.crol en 1,04”0, p.25m., pocos meses antes de los Juegos, destacando igualmente las mariposistas Atie Voorbij, y Mary Kok (también una excelente fondista y estilista) entre otras. Su presencia, sin duda, hubiera aumentado el nivel general de los resultados, así como el interés por el desenlace de algunas de las pruebas.
     
En el Congreso de la FINA que tiene lugar cada cuatro años coincidiendo con la cita olímpica, el representante español, Bernardo Picornell, pide una vez más la inclusión de los 50m. crol en el programa olímpico, para que haya una prueba de velocidad pura. Una vez más, sin embargo, su propuesta es rebatida, con la peregrina excusa de que el cronometraje manual no es el más adecuado para cronometrar una prueba tan corta (!). La propuesta, hecha de vez en cuando, casi siempre por los representantes españoles no será aceptada hasta casi veinte años después, aunque en el intermedio el cronometraje electrónico desmonte le excusa que desde siempre ha aducido la FINA.
 
Los trabajos técnicos iniciados a mediados de la década de los años 40, según las enseñanzas del “maestro” Robert “Bob” Kiphuth, adaptados y desarrollados por un brillante equipo de técnicos australianos, apostando por una completa profesionalización de su tarea, tiene, en Melbourne, un magnífico epílogo. Todas las pruebas de estilo libre, masculinas y femeninas, los tres primeros lugares en ambas pruebas de velocidad, y una prueba de espalda masculina ganadas es el inigualable balance que recoge la natación de la isla-continente en estos Juegos, premiando el esfuerzo que durante más de diez años han llevado a cabo sus técnicos y científicos, siempre a la búsqueda de mejores y más racionales sistemas de entrenamiento, que después aplican a sus nadadores, hasta poder ofrecer a sus aficionados aquel clamoroso éxito.
 


John Devitt

Muchos dirigentes y técnicos de otros países participantes intentaron buscar diferentes excusas para explicar las razones de su relativo fracaso, minimizando, al mismo tiempo, el éxito australiano, aunque, finalmente, tuvieran que rendirse a la evidencia, y percatarse que los métodos de entrenamientos empleados por los australianos eran completamente diferentes a los del resto de países, abriendo nuevas vías de progreso y desarrollo para nuestro deporte. Esta había sido, en definitiva, la razón del acaparador triunfo de los nadadores locales, iniciando la que podríamos denominar como época moderna de la natación.

 
Pese a que sus buenos resultados ya se habían iniciado un par de años antes, el primer aviso que algún cosa importando se cocía en Australia había ocurrido en el inicio del mismo año olímpico, y más exactamente, un 21 de febrero, cuando una nadadora prácticamente desconocida internacionalmente, Dawn Fraser, superaba el récord mundial de los 100m.crol que, después de casi veinte años (los hacía, exactamente, seis días después) continuaba en poder de la holandesa DenOuden con sus míticos 1,04”6. Fraser, nadando, además, en piscina de 55 yardas y agua salobre, cosa permitida por el Reglamento en aquel tiempo, había logrado una décima menos, 1,04”5.
 
Unas semanas después, y en dos ocasiones, le era arrebatado por otra holandesa, Cornelia Gastelaars, 1,04”4 y 1,04”2 en piscina corta. Lorraine Crapp, por su lado, una australiana más conocida internacionalmente, por ser ya recordista mundial de las 440 y 880 yardas crol, mejoraba otro de los míticos récords de la natación mundial, los 5,00”1 de la danesa Hveger, vigentes desde 1940, llevándolo a 4,50”8, ¡ diez segundos de mejora en una sola etapa, y también en piscina de 55 yardas ¡. En el sector masculino también los velocistas “aussies” se habían situado entre los mejores del mundo, destacando Jon Henricks, autor del mejor tiempo mundial en piscina larga, y aún se podía contar con el mediofondista Murray Rose que pocas semanas antes de los Juegos se convertía en el primer hombre que bajaba de los 18 minutos en los 1.500m.crol.
 
Un inexplicable error técnico estuvo a punto de invalidar la piscina olímpica cuando, al medirla para su homologación, se vio que le faltaban 8 milímetros para hacer la longitud reglamentaria. Rápidamente, y para que los posibles récords mundiales logrados a lo largo de los Juegos no quedaran invalidados, la FINA modificó el reglamento, en el sentido de dar una tolerancia máxima de 10 milímetros para considerar reglamentaria cualquier piscina. De esta forma se salvaron un buen puñado de récords mundiales, olímpicos y nacionales.
 
Novedad técnica de cara al espectador. El sistema de cronometraje semielectrónico va ligado a un panel luminoso, que exhibe, poco menos que automáticamente, los resultados de cada prueba disputada.
 
Éxito (si es que se puede decir así) del deporte sobre la política. Alemania, políticamente dividida en dos estados, la RFA y la DDR, presenta un único equipo, formado por deportistas de un y otro lado del “telón de acero”, habiendo pactado que en el caso de darse una victoria de sus deportistas no sonará ninguno de sus dos himnos nacionales, y sí, en cambio, la ”Oda a la Alegría” fragmento coral de la Novena Sinfonía del compositor alemán Ludwig van Beethoven.
 
Descenso en la participación de países, lo que no sucedía desde el 1932, con solo 34 países, 30 en categoría masculina, y 23 en la femenina. Kenia y Malasia participan por vez primera en pruebas de natación.
 
100m.crol: récord mundial en poder del norteamericano Dick Cleveland, 54”8, el 01/04/1954, en la p.25m. de la Universidad de Yale (mejor tiempo mundial de piscina larga en poder del australiano John Henricks, 55”5 sobre 110 yardas, el mismo año olímpico, en Sydney); récord olímpico en poder del norteamericano Clark Scholes, 57”1 de la 1a.semifinal de Helsinki-1952. Eliminatorias el 29 de noviembre, semifinales y final el 30. 34 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. No se presenta a defender su título el norteamericano Clark Scholes. Ganando la 4a.eliminatoria, su compatriota Reid Patterson supera el récord olímpico en un tiempo de 56”8. Al dia siguiente, Jon Henricks gana la 1a.semifinal con unos excelentes 55”7, nuevo récord olímpico, demostrando su favoritismo al ser el único que baja de los 56”.
 

Devitt, Henricks y Chapman
 
La final, sin embargo, no deja de tener su emoción e incertidumbre. Henricks se destaca rápidamente desde el disparo de salida, y llega primero al viraje, 26”0, aumentando todavia más su ventaja con un viraje perfecto, mientras sus compatriotas John Devitt y Gary Chapman le siguen, por delante de los tres norteamericanos. El magnífico esfuerzo del rubio australiano parece va a costarle caro cuando, hacia los 75 metros, Devitt se le acerca peligrosamente.
 
Henricks, sin embargo, ha calculado perfectamente sus fuerzas, y en aquel momento aumenta el ritmo de su brazada, conservando unos valiosos centímetros de ventaja, que acaban por darle una trabajada victoria, acompañada de un nuevo récord olímpico, 55”4, por 55”8 de Devitt, mientras Chapman no tiene ningún problema en conservar el tercer lugar, 56”7, por delante de la tripleta USA, que no puede repetir sus tiempo de las eliminatorias (cuarto es Patterson en 57”2).
 
Último clasificado de esta final es el francés Aldo Eminente, el único finalista de Helsinki que puede clasificarse entre los ocho mejores de Melbourne, pese a tratarse de un velocista discreto, aunque con una magnífica cualidad, y no muy corriente, cual es la de estar en su mejor forma en el momento preciso.
 
400m.crol: récord mundial del norteamericano Ford Konno, 4,26”7, el 03/04/1954, en la p.25 yardas de la Universidad de Yale (mejor tiempo mundial de piscina larga del australiano Murray Rose, 4,27”0, el mismo año olímpico, en Melbourne); récord olímpico del francés Jean Boiteux con sus 4,30”7 de la final olímpica de Helsinki-1952. Eliminatorias el 1 de diciembre, final el 4. 32 participantes repartidos en 5 eliminatorias. Está en Melbourne para defender su título de Helsinki el francés Jean Boiteux, aunque no logrará clasificarse para la final, eliminado únicamente por tres décimas de segundo.
 
Después de ciertos problemas personales y familiares que lo forzaron a abandonar los entrenamientos, había regresado a la piscina para defender su título, cosa que, finalmente, no logrará, aunque su récord olímpico no caerá hasta la final de la prueba. Los tres favoritos se destacan rápidamente en la final, con el japonés Tsuyoshi Yamanaka y el norteamericano George Breen en cabeza, 1,02”6 para ambos, seguidos por el australiano Rose, 1,03”1, y el alemán, de la DDR, Hans Zierold, 1,03”5.
 
La igualdad continúa a mitad de carrera, donde dominan el japonés y Rose, 2,11”6, con Breen casi a su altura, 2,12”0, mientras Zierold se ha atrasado y está ahora a la altura del resto de finalistas, con otro australiano, Kevin O’Halloran, cuarto en 2,14”2.
 

Murray Rose
 
Continuando su esfuerzo, Rose da un tirón poco después de los 200m., alejándose de sus rivales, cogiendo una decisiva ventaja al japonés, 3,20”5 por 3,21”3 en los 300m., mientras Breen, 3,22”4, parece ya totalmente fuera de la lucha por el título. En el último hectómetro, el australiano aumenta todavía más su ventaja, hasta tocar el muro en un tiempo de 4,27”3, nuevo récord olímpico, un tiempo mucho mejor, por lo menos teóricamente, que el mundial de Konno logrado en piscina corta, mientras Yamanaka es segundo, 4,30”4, y Breen tercero, que tiene dificultades en los últimos metros para resistir el retorno de O’Halloran, que muy atrasado a media carrera, nada un magnífico último hectómetro, 1,08”8, por 1,10”1 del norteamericano, y está a punto de alcanzarlo, perdiendo por solo cuatro décimas de segundo, 4,32”5 por 4,32”9.
 
Este es el primer triunfo olímpico de Murray Rose con una táctica, atacar a partir de la mitad de prueba, cuando sus rivales menos se lo esperan, que le dará muchos triunfos a lo largo de una importando carrera deportiva.
          
1.500m.crol: récord mundial del australiano Murray Rose, 17,59”5, el 30 de octubre del mismo año olímpico, en Melbourne; récord olímpico del norteamericano Ford Konno con los 18,30”0 de la final olímpica de Helsinki-1952. Eliminatorias el 5 de diciembre, final el 7. 20 participantes repartidos en 4 eliminatorias.
 
Está presente en Melbourne el campeón de Helsinki, Konno, aunque no defiende su título ya que únicamente va a nadar el 4x200m.crol. Las eliminatorias de esta prueba ofrecen al público uno de los dos récords mundiales que serán superados en los Juegos.
 


Breen en la 3ª serie de los 1500

En la 1a., Murray Rose pulveriza el récord olímpico de Konno con un tiempo de 18,04”1, muy cerca de su récord mundial. Minutos después es el turno de George Breen: pasando por 1,02”4, 2,13”4, 4,38”6, y 5,51”9 en el primero tercio de la prueba, el norteamericano coge una importante ventaja sobre el récord de Rose (5,54”3 en este primer tercio). Sin relajarse, va señalando parciales por debajo del récord, 9,29”9, y 11,53”2 en los 800 y 1.000m., manteniendo su ventaja de 3-4 segundos sobre el récord de Rose. Aumenta su ritmo, “rodando” a una medio de 1,11” y décimas (15,27”8, por 15,35”6 del australiano en los 1.300m.) y aunque ello le cuesta tener que aflojar en los dos últimos hectómetros, 2,25”1 por 2,23”9 de Rose, el norteamericano acaba su triunfal cabalgada bajo los aplausos del público, en un tiempo de 17,52”9, nuevo récord mundial y olímpico, al final de una prueba muy bien equilibrada e inteligente, 5,51”9, 6,01”3 y 5,59”7.

 
La final, donde la victoria es lo más importante, será, empero, muy diferente. Como en los 400m., la prueba se inicia con la escapada definitiva de los tres hombres que se disputarán las medallas. Breen, Rose y Yamanaka, casi siempre en este mismo orden, nadan todos tres juntos hasta los 800m. con tiempo muy próximos al reciente récord del norteamericano. 1,04”5, 2,14”6, 4,39”6, 5,52”2 en la primer tercio de carrera, 9,31”6 en los 800m. Rose acelera ligeramente en este momento y empieza a coger pequeñas ventajas en cada piscina, mientras Breen y Yamanaka continúan juntos, dirimiendo su particular batalla. 11,55”8 en el primer kilómetro, 14,20”7 en los 1.200m., a cuatro segundos del récord de Breen. A los 1.400m., el australiano parece tener la victoria a su alcance, cuatro segundos y medio por delante de Yamanaka, que en estos dos últimos hectómetros ha acelerado, deshaciéndose del norteamericano, que ya nada a tres segundos del japonés (el récord mundial ya está fuera del alcance de cualquiera de los tres, 16,47”0, por 16,40”1 en el récord de Breen). En los últimos metros, Yamanaka esprinta desesperadamente, intentando rehacer su desventaja, acabando en 1,08”9, por 1,11”9 de Rose, aunque este, finalmente, no tenga problemas en lograr su segundo triunfo individual. Sus 17,58”9, sin embargo, dejan en pie el récord mundial y olímpico de Breen, mientras Yamanaka queda en las puertas de los 17 minutos, 18,00”3, claramente por delante de Breen, 18,08”2, completamente hundido en los últimos hectómetros, pagando, muy posiblemente, su magnífico esfuerzo de la eliminatoria, completamente gratuito de caras a un título olímpico (ha nadado en 5,52”4, 6,04”7, y 6,11”1 sus tres tercios de la prueba, por 5,52”2, 6,03”6 y 6,03”1 de Rose, mientras Yamanaka ha estado el más rápido de los tres en el último tercio, 6,02”5). La superioridad de los tres primeros clasificados queda patente en los más de veinte segundos de ventaja lograda sobre el cuarto clasificado, el australiano Murray Garretty, 18,26”5.
 

4x200m.crol: récord mundial de un cuarteto soviético, 8,24”5, el 4 de noviembre del mismo año olímpico, en Moscú, p.25m.; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga de un cuarteto norteamericano con los 8,31”1 de la final olímpica de Helsinki-1952. Eliminatorias el 1 de diciembre, final el 3. 11 cuartetos participantes, repartidos en 2 eliminatorias. Después de su magnífica demostración en los 100m., y con Murray Rose potenciando el cuarteto, difícilmente podía escapárseles esta prueba a los australianos, aunque su objetivo era doble, aspirando a la victoria y al récord mundial en poder de los soviéticos.

 
El tiempo logrado, 8,23”6, nuevo récord mundial y olímpico, juntamente con la esperada victoria, patentizaron la gran superioridad de los cuatro “aussies”, que en ningún momento tuvo problemas para asegurarse el triunfo, cuando, ya desde el primer tramo, con su hombre más flojo, Kevin O’Halloran, 2,06”8, se pusieron en cabeza de la prueba. Después, Devitt, 2,06”4, Rose 2,06”0, y, en último lugar, Henricks con unos magníficos 2,04”4, se encargaron de demostrar la supremacía del novel crol australiano y de sus sistemas de entrenamiento, una superioridad igual a la de los japoneses en el período 1932-1940, ó la de los norteamericanos en el de 1940-1952.
 
Siempre nadando en segundo lugar, los norteamericanos se adjudican las respectivas medallas de plata, con un tiempo de 8,31”5, que no mejora el logrado cuatro años antes en Helsinki, equipo en el que todavía nadan en Melbourne dos de sus componentes, Bill Woolsey y Ford Konno.
 
Sorpresa, en cambio, cuando el cuarteto soviético se impone a los japoneses en su lucha particular por las medallas de bronce. Un parcial de Vitali Sorokine en el primer tramo, 2,07”5, permite sus compañeros resistir al equipo japonés, después de continúas alternancias (cuartos en el segundo tramo, otra vez terceros en el tercero) hasta el último tramo, cuando Boris Nikitine, con unos excelentes 2,06”7 (cuarto mejor parcial de todos los finalistas) puede llegar incluso a aumentar ligeramente el segundo de ventaja que ha recibido de su compañero Nikolaiev, resistiendo el último ataque de Yamanaka, 2,07”6, en el último tramo, y con un tiempo de 8,34”7, por 8,36”6 de los japoneses, ofrecen a su país la primera medalla olímpica de natación, poco esperada, a pesar de su récord mundial, logrado en piscina corta.
 
Para los japoneses, en cambio, este cuarto lugar significa el inicio de una relativa decadencia hacia lugares secundarios de la natación mundial, aunque nunca dejaran de estar, aunque sea con algunas pocas individualidades, lejos de los mejores. Desde los Juegos de 1928, y dejando de lado, lógicamente, los de 1948, de los que habian estado ausentes más por razones políticas que deportivas, nunca su cuarteto de 4x200m.crol había estado ausente del podio olímpico, en una prueba tan significativa de la potencia natatoria de un país.
 


David Theile

100m.espalda: récord mundial del francés Gilbert Bozon, 1,02”1, el 27 de febrero del 1955, en Troyes, p.25m. (mejor tiempo mundial de piscina larga del australiano David Theile, 1,04”4, en 1955, en Sydney); récord olímpico del norteamericano Yoshinobu Oyakawa, 1,05”4 de la final de Helsinki-1952. Eliminatorias el 4 de diciembre, semifinales el 5, final el 6. 25 participantes repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales.

 
Presente a la cita el campeón de Helsinki, el norteamericano Yoshinobu Oyakawa. Ganadores en crol, los australianos lo serán igualmente en este estilo de espalda, al que han aplicado idénticos principios técnicos, es decir, posición alta del cuerpo sobre la agua, y esfuerzo predominante en los brazos. El récord olímpico cae por partida doble: en la 1a.eliminatoria con los 1,04”2 del francés Robert Christophe, que lo pierde minutos después, en la 4a.eliminatoria, con los 1,03”4 del australiano John Monckton. Señalamos en las semifinales la calificación para la final de Oyakawa, con el cuarto mejor tiempo, 1,05”0, que parece poder aspirar, por lo menos, a un lugar en el podio. No tiene la misma suerte el medalla de plata de Helsinki, el francés Gilbert Bozon, que resulta eliminado de la final por una sola y corta décima de segundo.
 
La final no presenta muchos problemas para el australiano David Theile, un estudiante de Medicina muy calculador y competitivo en su actuación deportiva, que, después de haberse “escondido” en el curso de las eliminatorias y semifinales (1,04”3 y 1,04”8) lo da todo en esta final. Diez metros después de la salida, nadando literalmente por encima del agua por la potencia y rapidez de su brazada, Theile y Monckton están ya a la cabeza de la prueba. Poco antes del viraje, son ya los únicos que pueden ganarla. Sin embargo, el mejor de los dos es Theile, que llega al viraje con medio metro de ventaja, 29”1, ejecuta una voltereta perfecta (el australiano practica un viraje, parece que ideado por él mismo, casi al límite de la legalidad, que lleva de coronilla a los jueces, que le vigilan atentamente en todas sus actuaciones) y se va definitivamente hacia su primer triunfo olímpico, logrado de manera relativamente cómoda en un tiempo de 1,02”2, nuevo récord olímpico, y a una sola décima del mundial de Bozon.
 
Segundo, 1,03”2, es su compatriota Monckton, que tampoco tiene problemas para ganar, por delante del norteamericano Frank McKinney, 1,04”5, mientras Christophe, el único espaldista europeo que nada siguiendo las directrices australianas, pierde la medalla de bronce en los últimos metros, cuarto en 1,04”9. Oyakawa, finalmente, no puede repetir su tiempo de las semifinales y es octavo y último de esta final con unos discretos 1,06”9, demostrando las dificultades que siempre ha habido para renovar los títulos olímpicos.
 
Digamos que cuando a partir del 1r.de mayo del 1957 la FINA pasé a homologar los récords mundiales únicamente en piscinas de 50m. o 55 yardas, los 1,02”2 de Theile serán considerados, retrospectivamente, como el primer récord mundial de la prueb en estas condiciones.
 
200m.braza: récord mundial del japonés Masaru Furukawa, 2,31”0, el 01/10/1955, en Tokio, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga también de Masaru Furukawa, 2,33”7, el 05/08/1955, también en Tokio); como récord olímpico, por lo menos oficialmente, no hay, se pueden considerar los 2,42”5 del japonés Tetsuo Hamuro, en la final olímpica de Berlín-1936. Eliminatorias el 3 de diciembre, final el 6. 21 participantes repartidos en 3 eliminatorias.
 
Por primera vez desde 1932, se puede hablar de un mejor bracista mundial. Separada la braza de la mariposa, los bracistas tienen, finalmente, su propia prueba. Sin embargo, los espectadores de la final de Melbourne difícilmente pueden admirar aquella soberbia modalidad clásica de los Rademacher, Tsuruta, Hamuro ó Koike, etc. Técnicos y especialistas se han percatado que aquella “braza-filipina”, o “braza-submarina”, popularizada en los Juegos de Amsterdam-1928, por el filipino Ildefonso, parece tener muchas más posibilidades que la braza “en superficie”, al ofrecer el cuerpo menos resistencia al agua cuando se mjueve por debajo de ella.
 
Amparados en un reglamento que no dice nada respecto de este punto, técnicos japoneses (otras fuentes, sin embargo, señalan al polonés Marek Petrusewicz como el primero que la practicó) han puesto a punto una nueva modalidad de braza, en la que el nadador se dedica a sumergirse, ejecutando un cierto número de brazadas por debajo del agua (más ó menos, dependiendo de su capacidad pulmonar) antes de regresar a emerger para inspirar y sumergirse de nuevo para otro recorrido subacuático.
 
Comentemos, para ejemplo, la carrera final del ganador de la medalla de oro en estos Juegos, el japonés Masaru Furukawa (recordista mundial con unos 2,31”0 en piscina corta, completamente inconcebibles pocos años antes). La salida ya es un “paseo” submarino de casi 35 metros por debajo la agua, al que le siguen unos 125-140 metros a un ritmo de 2-3 brazadas submarinas por cada inspiración, acabando con un nuevo “paseo” de 15-20 metros por debajo la agua, hasta la llegada.
 
Con un tiempo de 2,36”1, logrado al ganar la 1a.eliminatoria, Furukawa supera el récord olímpico, aquellos 2,42”5 de su compatriota Hamuro en Berlín-1936. Curiosidad: de entre los 21 participantes, 5 (casi un 25%) son descalificados.
 
En la final, Furukawa, después de su primer “paseo” submarino, llega primero al viraje, seguido del danés Knud Gleie, casi a su altura, mientras el soviético Kharis Iounitshev les sigue muy de cerca. A mitad de carrera el japonés continúa primero, 1,13”3, aunque sin conseguir demasiada ventaja, 1,13”9 para el danés y el soviético, mientras otro japonés, Yoshimuta, remonta hasta el cuarto lugar, 1,14”3. Poco antes de llegarse al tercer y último viraje, Gleie comienza a retrasarse, antes de hundirse completamente. En el último largo, Iounitshev ataca a Furukawa, recobrándole un metro de ventaja. Cada vez que el japonés emerge y ve al soviético cerca de él, aumenta su ritmo, hasta que Iounitshev ha de dejarlo marchar hacia el título. Con 2,34”7, nuevo récord olímpico, Furukawa se adjudica la medalla de oro que la natación japonesa esperaba desde 1948, y se confirma como el sucesor de las magníficas generaciones de bracistas japoneses de anteguerra.
 

Masaru Furukawa
 
Segundo hasta pocos metros antes de la llegada, Iounitshev es alcanzado en el último metro por Yoshimuta y, después de ásperas discusiones entre los jueces de llegada, el japonés es clasificado en segundo lugar, 2,36”7, una décima menos que el soviético, 2,36”8, con el australiano Terry Gathercole en cuarto lugar, 2,38”7 (que ha sido el más “clásico” de todos los finalistas, sumergiéndose algunos metros únicamente en la salida y después de cada viraje).
 
El Congreso de la FINA que siempre tiene lugar coincidiendo con la disputa de los Juegos, reacciona, esta vez sí, con rapidez, para intentar defender la siempre discutida “ortodoxia” de la braza clásica, y modifica los reglamentos en el sentido de que únicamente se podrá ejecutar un movimiento de brazos y uno de piernas, es decir, una brazada completa por debajo la agua, después de la salida y de cada uno de los virajes, mientras a lo largo de toda la prueba, y so pena de descalificación, habrá que mantener alguna parte del cuerpo por encima del nivel del agua.
 
Por segunda vez en cuatro años, pues, se vuelve a modificar el reglamento de este estilo, y aunque parece que esta vez v a ser la definitiva, veremos como, en sucesivas ocasiones, habrá que hacer diferentes “retoques” a su reglamentación, haciendo buena la fama de estilo polémico que se ha ganado a lo largo de los años.
 
200m.mariposa: récord mundial del norteamericano Bill Yorzyk, 2,16”7, el 14 de abril del mismo año olímpico, en Winchendon, p.25 yardas, mejor tiempo mundial en piscina larga del mismo Yorzyk, 2,19”9, en Detroit, el mismo año olímpico; como récord olímpico, aunque no hay oficialmente, al ser la primera vez que se nada esta prueba, se pueden considerar los 2,34”4 del australiano John Davies en la final de Helsinki-1952.
 
Eliminatorias el 30 de noviembre, final el 1 de diciembre. 19 participantes repartidos en 3 eliminatorias. No está en Melbourne para defender su título el australiano John Davies. Como podemos recordar, se trata de una prueba añadida al programa olímpico en virtud de la separación de las modalidades de braza-clásica y de braza-mariposa, decidida cuatro años antes en el Congreso de la FINA en Helsinki. Después de llegarse a un acuerdo con el CIO, se permite la ampliación del programa para disputar una prueba de esta nueva modalidad de mariposa, conscientes, ambas organizaciones, que el acuerdo en contra hubiese representado, posiblemente, la desaparición, apenas nacida, de la modalidad de mariposa.
 
Tal y como hemos señalado en el anterior capítulo, uno de los puntos de la reglamentación técnica de la mariposa admitía la posibilidad del movimiento simultáneo, y en el plano vertical, de ambas piernas juntas. Esta nueva modalidad de batido, conocida como “delfín”, parece que tiene sus orígenes hacia 1935, cuando un técnico norteamericano de la Universidad de Iowa, David Armbruster, la puso en práctica, aunque el movimiento fue considerado ilegal según el reglamento que regía la braza en aquel tiempo (según el cual el movimiento de piernas comportaba una apertura simultánea y lateral de ambas piernas) y, naturalmente, tampoco servía para la modalidad de mariposa.
 
Ahora, cuatro años después de su legalización, había “desterrado” prácticamente de las piscinas su antecesora, la braza-mariposa, ya muy poco practicada, por lo menos a nivel internacional. Tanto es así que el alemán Herbert Klein, medalla de bronce de los 200m.mariposa en Helsinki, está presente en Melbourne, pero únicamente como participante de los 200m.braza, estilo al que se ha reconvertido, incapaz de hacerlo al batido, muy diferente, de “delfín”.
 
En la capital australiana, ninguna sorpresa en esta prueba, de la que el gran favorito para la medalla de oro es el recordista mundial Bill Yorzyk. En la 1a.eliminatoria pulveriza el récord olímpico de Davies con un tiempo de 2,18”6, mucho mejor, por lo menos técnicamente, que su mundial, cosa que hacen igualmente otros nueve participantes patentizando la superioridad de la modalidad “delfín” frente a la braza-mariposa. En la final, el japonés Takashi Ishimoto coge el mando de la prueba pasando en 1,05”2 a mitad de prueba, con el norteamericano a una sola décima de segundo por detrás.
 
El japonés manda hasta los 125m., momento en el que comienza a hundirse, mientras Yorzyk continúa a su ritmo, ya sin problemas de caras al título, llegando el primero aunque sin superar su tiempo de la eliminatoria, 2,19”3, cuatro segundos y medio por delante de Ishimoto, 2,23”8, que en los últimos metros está a punto de perder la medalla de plata ante el fuerte ataque del húngaro Gyorgy Tumpek, tercero en 2,23”9, un veterano y auténtico mito de esta nueva modalidad de ”delfín” que ya practicaba desde antes del 1950, cuando aún no estaba legalizada.
 
Mencionamos igualmente, la respiración “lateral” del japonés Ishimoto, uno de los escasos practicantes de esta modalidad de respiración (parece ser que el primero en usarla había sido el brasileño Willy Otto Jordan, sexto de los 200m.mariposa en Londres-1948) que representa el intento de lograr una posición del cuerpo mucho más plana sobre el agua, con la finalidad de ofrecer menor resistencia del cuerpo al avance.
 
Quinto de este final es el veterano australiano John Marshall, que disputa sus terceros Juegos, y, desdichadamente, la última carrera de su vida. Después de abandonar la competición al terminar los Juegos de Helsinki, había vuelto a “engancharse”, reconvirtiéndose a la nueva modalidad de mariposa; su voluntad y sus grandes facultades habían hecho el resto, y ocho años después de su primera medalla olímpica, ya con 27 años, había logrado clasificarse para una nueva final. Esta será, sin embargo, la última. Pocos días después, terminados los Juegos, al ir a participar en una competición postolímpica, un accidente de carretera ponía el triste punto y final a la carrera de uno de los mejores nadadores de todos los tiempos.   
 
Ganadores en categoria masculina, las crolistas australianas se distinguen igualmente al ganar las tres pruebas de su estilo, señalando una clara superioridad sobre sus rivales norteamericanas, ausentes las holandesas por una decisión política de su gobierno, y marcadas las húngaras por la represión del alzamiento de su país.
 
100m.crol: récord mundial y mejor tiempo mundial en piscina larga de la australiana Lorraine Crapp, 1,02”4, el 25 de octubre del mismo año olímpico, en Melbourne; récord olímpico de la húngara Judit Temas, 1,05”5 en la 5a. eliminatoria de Helsinki-1952. Eliminatorias el 29 de noviembre, semifinales el 30, final el 1 de diciembre. 35 participantes, repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Presente en Melbourne la campeona de Helsinki, Katalin Szoke, dispuesta defender su título, a pesar de que los acontecimientos de su país, y la grande calidad de la natación australiana se lo impedirán, sin poder pasar de las eliminatorias.
 

Segunda semifinal de los 100 crol femenino
 
No parece que puedan tener ningún rival las locales Dawn Fraser y Lorraine Crapp, después de haberse disputado en los últimos meses la posesión del récord mundial de la prueba, que en el momento de los Juegos pertenece a la segunda de las mencionadas. Ella es, precisamente, la ganadora de la 1a.eliminatoria con unos 1,03”4 que pulverizan el récord olímpico de la húngara Judit Temas en Helsinki. El récord, sin embargo, le dura el breve espacio de unos minutos, cuando al ganar la 5a. y última eliminatoria, su compañera y rival, Dawn Fraser, lo deja en 1,02”4, igualando, al mismo tiempo, el mundial de Crapp.
 
Después de demostrar su absoluta superioridad en el curso de unas semifinales con tiempo más discretos (1,03”0 para Fraser, 1,03”2 para Crapp, con otra australiana, Faith Leech, mejor tercer tiempo, 1,05”2, a dos segundos de las favoritas) la final se desarrolla de acuerdo con lo previsto. Dawn Fraser, la más velocista, se coloca primera, llegando al viraje en 28”3, por delante de Crapp y Leech, distanciadas ya del resto de finalistas. En el segundo largo sale a relucir la mayor resistencia de la fondista, Crapp, que, poco a poco, va recortando las diferencias con Fraser, al mismo tiempo que deja atrás a Leech. Los últimos metros serán poco menos que agónicos para Fraser, que ve como su rival se le acerca, casi hasta alcanzarla.
 


Dawn Fraser

Finalmente, sin embargo, puede conservar unos valiosos centímetros de ventaja que le otorgan el primero de sus triunfos olímpicos, con unos magníficos 1,02”0, nuevo récord mundial y olímpico. Crapp debe conformarse con el segundo lugar, superando igualmente su anterior récord mundial, 1,02”3, mientras la tercera australiana, Leech, tiene algunos problemas para conservar el tercer lugar ante la última acometida del resto de finalistas que, en una llegada muy ajustada, están a punto de alcanzarla. Tercera finalmente con 1,05”1, la australiana se impone a la norteamericana Joan Rosazza (ex-Alderson, que ya había sido quinta de los 100m.libres cuatro años antes en Helsinki) 1,05”2, a la canadiense Virgínia Grant, 1,05”4, a otra norteamericana, Shelley Mann (que días después se proclamará campeona de los 100nm.mariposa) 1,05”6, el mismo tiempo que la neozelandesa Marion Roe, mientras la sudafricana Natalie Myburgh es octava y última, 1,05”8.

 
Brillante demostración de efectividad, pues, para el crol australiano, que en esta prueba de velocidad ha logrado las seis medallas en juego. Los triunfos de Jon Henricks y Dawn Fraser ponen en evidencia la figura de su entrenador, Harry Gallagher. Es la segunda vez en la historia olímpica que los dos campeones de velocidad son entrenados por el mismo técnico. Treinta-dos años antes, en 1924, William Bachrach había logrado este mismo resultado con sus dos discípulos John Weissmuller y Ethel Lackie.
 
No será este el último triunfo del destacado entrenador australiano, uno de los primeros en apostar por la plena dedicación profesionalizada a la natación en la isla-continente.
 
400m.crol: récord mundial y mejor tiempo mundial de piscina larga de la australiana Lorraine Crapp, 4,47”2, el 20 de octubre del mismo año olímpico, en Sydney, p.55 yardas; récord olímpico de la húngara Valerie Gyenge, 5,12”1 de la final de Helsinki-1952. Eliminatorias el 5 de diciembre, final el 7. 26 participantes repartidas en 4 eliminatorias. Se presenta a defender su título la húngara Valerie Gyenge, campeona en Helsinki, que gana la 1a.eliminatoria, sin llegar a superar su récord olímpico, cosa que si hacen las ganadoras de las otras tres eliminatorias, sucesivamente, la norteamericana Marley Shriver, 5,07”6 en la 2a., Dawn Fraser, 5,02”5 en la 3a., y su compatriota Lorraine Crapp, 5,00”2 en la 4a. y última.
 
Crapp, la única que ha nadado la distancia en menos de cinco minutos, no tiene ningún problema en la final, después de nadar juntamente con Fraser hasta los 200m., 1,06”9 para ambas en los 100m., 2,20”8 y 2,21”3 a mitad de prueba. Pese a que Fraser intenta resistir el ritmo de su compatriota, para intentar vencerla en los últimos metros, aprovechando su mayor punta de velocidad, Crapp no entra en su juego, escapándose a partir de los 250m., llegando al último hectómetro con suficiente ventaja, 3,36”7 por 3,40”2, como para resistir el posible retorno de Fraser. Finalmente, Crapp se adjudica la medalla de oro, juntamente con un nuevo récord olímpico, 4,54”6, sin acercarse a su mundial, por delante de Fraser, que repite exactamente su tiempo de la eliminatoria, 5,02”5, dejándose ir en el último hectómetro, mientras la norteamericana Sylvia Ruuska, siempre en tercer lugar, 2,28”3 a mitad de prueba, es tercera en 5,07”1, sin certificar unos 4,58”0 que, según sus técnicos, había logrado en los entrenamientos, destinados solo, seguramente, a poner nerviosas a las australianas, pese a su flagrante superioridad. Cuarta es la otra norteamericana, Shriver, 5,12”9.
 
Octava y última, Gyenge no puede conseguir menos de 5,21”0, completamente hundida. Los hechos de Budapest continúan pesando sobre la representación húngara. 
 
4x100m.crol: récord mundial y mejor tiempo mundial en piscina larga de un cuarteto australiano, 4,19”7, el 25 de octubre del mismo año olímpico, en Melbourne; récord olímpico de un cuarteto húngaro con los 4,24”4 de la final de Helsinki-1952.
 
Eliminatorias el 4 de diciembre, final el 6. 10 cuartetos participantes, repartidos en 2 eliminatorias. Literalmente imposible, si no era a causa de alguna descalificación ó cualquier otro accidente fortuito, que el cuarteto australiano fuera derrotado en esta prueba. Pero fue, curiosamente, la segunda causa, un accidente fortuito, y muy raro, el que estuvo a punto de derrotarlas.
 
Después de que en las eliminatorias continúe en pie el récord olímpico de las húngaras, la final se inicia con Dawn Fraser como a primera nadadora del cuarteto, en un intento de superar su récord mundial de la final individual. Una vez se ha dado la salida y las nadadoras llevan ya unos 20 metros nadados, la pistola del juez de salidas se dispara accidentalmente. Nadie parece percatarse de aquel nuevo disparo, excepto, precisamente, Dawn Fraser, que, pensando que ha habido una salida falsa, levanta la cabeza, deteniéndose, aunque viendo que no lo es, reemprende su marcha.
Podio del relevo femenino
 
Su error, empero, acaba costándole un par de segundos más que su tiempo habitual, 1,04”0, pero, sobretodo, que las norteamericanas, aprovechándose del desconcierto del cuarteto australiano, se aferren literalmente a sus rivales, iniciando, incluso, una espectacular remontada (Sylvia Ruuska ha señalado un parcial de 1,06”3 por el cuarteto USA). Shelley Mann con unos sorprendentes 1,03”9 pone a su equipo a seis décimas de las australianas (Leech nada en un tiempo normal para ella, 1,05”3), desventaja que la siguiente, Nancy Simons, 1,04”6, recorta en una décima, enfrente de los 1,04”7 de la ”aussie” Sandra Morgan. La última australiana es, sin embargo, Lorraine Crapp, enfrentada a una Rossazza que, a pesar de sus esfuerzos para resistir a la australiana, 1,04”4, no puede hacer nada para impedirle la victoria con sus 1,03”1. Con un tiempo final de 4,17”1, Australia supera los récords olímpico y mundial, récords que superan, igualmente, las norteamericanas, 4,19”2, magníficas en su lucha para intentar resistir el alud “aussie”.

Relevo femenino USA
 
Alemanas y sudafricanas se entregan a un interesante duelo para la adjudicación de las medallas de bronce. Después de dominar en el primer y tercer tramo, las alemanas son terceras con dos segundos de ventaja sobre sus rivales. La sudafricana Natalie Myburgh, sin embargo, con un excelente parcial de 1,04”7 en el último tramo, frente a los 1,07”1 de la alemana Birgit Klomp, remonta su desventaja, dando a su equipo el tercer lugar, 4,25”7, por 4,26”1, imponiéndose en los últimos metros. Las húngaras, después de haber logrado el quinto mejor tiempo de las eliminatorias, 4,28”1, parecen preparadas para intentar lograr un lugar en el podio, pero acaban completamente hundidas en séptimo lugar con unos discreto 4,31”1.

Relevo femenino de Sudafrica
 
Destacamos en el equipo “aussie” la nadadora Sandra Morgan, campeona olímpica a los 14 años y 6 meses exactos, que se convertía en la nadadora, y nadador, más joven de la historia olímpica en subir al podio, superando los 14 años, 7 meses y 7 días de la holandesa Willie den Ouden.
 


Karin Cone, Judy Grinham, Margaret Edwards

100m.espalda: récord mundial de la holandesa Cor Kint, 1,10”9, desde el 22 de noviembre de 1939, en Roterdam, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga de la también holandesa Greetje Wielema, 1,13”2, el 1954, en el curso de los Europeos de Turín); récord olímpico de la misma Greetje Wielema, 1,13”8 de la 1a.eliminatoria de Helsinki-1952. Eliminatorias el 3 de diciembre, final el 5. 23 participantes, repartidas en 3 eliminatorias. No defiende su título la campeona de Helsinki, la sudafricana Joan Harrison.

 
Las dos grandes favoritas son las británicas Judy Grinhan y Margaret Edwards que, sin llegar al mítico récord mundial de Kint, dominan la espalda mundial, sobretodo la primera, que domina a su compatriota en todas las grandes confrontaciones mundiales. Las eliminatorias confirman esta superioridad, cuando Grinham en la 1a.eliminatoria, y Edwards en la 3a., superan, 1,13”1 y 1,13”0 respectivamente, el récord olímpico.
 
La final se presenta muy abierta, con una gran igualdad en su primera mitad, aunque Grinham domina la situación, con unos cortos centímetros de ventaja por delante de la alemana Helga Schmidt, y otra británica, Hoyle. Cuando se esperaba la remontada de Edwards y la lucha final con Grinham, es la sorprendente norteamericana Corin Cone quien, hacia los 85 metros, se empareja con Grinham y nadan juntas hasta el muro de llegada, donde les jueces tienen problemas para dictaminar el triunfo final de la inglesa, 1,12”9, el mismo tiempo que la norteamericana, nuevo récord olímpico, mientras Edwards puede superar Schmidt en los últimos metros, acercándose incluso a las ganadoras, 1,13”1 por 1,13”4 de la alemana. La octava y última clasificada, la australiana Beckett, lo hace en un tiempo de 1,14”7, mientras que había habido suficiente con 1,15”8 para ganar la medalla de bronce cuatro años antes en Helsinki. La presencia de las acreditadas espaldistas holandesas habría hecho subir, y no poco, seguramente, el nivel de la prueba.
 
Judy Grinham, una de las nadadoras más destacadas de esta época, por sus actuaciones en la piscina, pero también por su fuerte personalidad, lograba con este título el primero de todos los más importantes que logró en el curso de su carrera, y que la impulsaron, tres años después, a retirarse de la natación, aún en la plenitud de su mejor forma, a los 20 años. Campeona olímpica en 1956, de Europa y de la Commonwealth en 1958, recordista mundial de los 100m. y de las 110 yardas, anunciaba en 1959 su retirada con estas palabras: “tengo los tres títulos que desearía cualquiera nadadora, y he superado diferentes récords mundiales; no creo que pueda aspirar a mucho más, y por ello he decidido retirarme de la natación”.
 
200m.braza: récord mundial de la holandesa Ada den Haan, 2,46”4, el 13 de noviembre del mismo año olímpico, a Naarden, p.25m.; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga de la húngara Eva Novak, 2,54”0 de la final de Helsinki-1952. Eliminatorias el 29 de noviembre, final el 30. 14 participantes repartidas en 2 eliminatorias. Se presenta a defender su título de Helsinki la húngara Eva Szekely, nadando ahora la modalidad clásica, que, en realidad, nunca había dejado de practicar. Favorita de la prueba es la alemana Ursel Happe-Krey, campeona europea dos años antes en Turin, que ha abandonado la natación durante poco más de un año para ser madre, reemprendiendo los entrenamientos al inicio del año olímpico.
 
También están presentes en Melbourne, y cuentan entre las favoritas, cuando menos para llegar a la final, la segunda, tercera y cuarta de la final finlandesa (Novak, Gordon y Killermann) en una prueba que, como puede verse, no ha tenido una gran evolución. 
La FINA ha retenido como récord olímpico los 2,54”0 con los que Eva Novak había ganado la 1a.semifinal de Helsinki, ya que había nadado toda la prueba en la modalidad clásica, tiempo al que se acerca Happe-Krey al ganar la 1a.eliminatoria en 2,54”1.
 
La final es dominada desde los primeros metros por la alemana, llegando al primer viraje en 38”5, metro y medio por delante de la húngara Klara Killermann, la británica Helen Gordon, la yugoslava Vinka Jericevic, y la norteamericana Mary-Jane Sears, mientras las otras dos favoritas, Szekely y la alemana, de la DDR, Eva-Maria Ten-Elsen, nadan por detrás. Ningún cambio a mitad de carrera, donde Happe-Krey continúa primera, 1,22”0. Después del viraje se inicia la remontada de Szekely y Ten-Elsen.

Ursula Happe
 
A pesar de que en el último largo (2,06”9 para Happe-Krey en los 150m.) Szekely intenta un último ataque, la alemana, una veterana de 31 años, y más de trece años de experiencia en competiciones, puede mantener parte de su ventaja, coronándose como campeona olímpica (la campeona olímpica de más edad, según nuestros datos) con un nuevo récord olímpico, 2,53”1. Segunda es Eva Szekely, 2,54”8, la única galardonada de Helsinki que puede subir a un podio de Melbourne, coronando una brillante carrera deportiva iniciada ocho años antes en Londres, mientras Ten-Elsen, a pesar de su último esfuerzo, es tercera, 2,55”1.
 
Mencionemos, como anécdota, la igualada en el quinto y sexto lugar de la húngara Killermann y la británica Gordon, 2,56”1 para ambas, que no tendría particularidad alguna, si no fuera porque cuatro años antes, en Helsinki, ambas nadadoras ya habían señalado el mismo tiempo en aquella final de los 200m.braza, aunque entonces la británica había sido clasificada en el tercero lugar. Eva Novak, subcampeona en Helsinki, casada con el periodista belga Pierre Gerard después de los Juegos de Helsinki, participa ahora en Melbourne bajo el colores de su patria de adopción, Bélgica, aunque, lejos de su mejor forma, no puede pasar de las eliminatorias, undécima con unos discretos 3,02”7.
 
100m.mariposa: récord mundial de la holandesa Atie Voorbij, 1,10”5, el 12 de noviembre del mismo año olímpico, en Hilversum, p.25m. (mejor tiempo mundial de piscina larga de la norteamericana Shelley Mann, 1,11”8, el 7 de julio del mismo año olímpico, en Tyler (USA) p.50 yardas); no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba.
 
Eliminatorias el 3 de diciembre, final el 5. 12 participantes repartidas en 2 eliminatorias. La prueba con menos participación de estos Juegos, incluida en el programa olímpico a raíz de la ya comentada separación de la braza clásica y la mariposa, y que se nada sobre 100m., porque en aquellos tiempo se suponía que unos 200m.en mariposa eran excesivamente agotadores para el llamado “sexo débil (¡¡)”, aunque la FINA sí homologara los récords de 200m.de esta modalidad. 
 
Ausente la recordista mundial, la gran favorita es la norteamericana Shelley Mann, ex-recordista mundial, la cual impone un primer récord olímpico al ganar la 1a.eliminatoria, 1,11”2, con más de dos segundos de ventaja sobre su compatriota Nancy Ramey, segundo mejor tiempo. 
 
La final es como una revancha para las representantes USA después de la fenomenal demostración de las crolistas australianas. Después de no perder en ningún momento el mando de la prueba, Mann parece hundirse en los últimos metros, permitiendo que se le acerque su compatriota Ramey que, por unos momentos, parece en disposición de poderla alcanzar. Finalmente, sin embargo, Mann conserva bastante ventaja para lograr una merecida victoria, mejorando en dos décimas su récord olímpico, 1,11”0, un tiempo muy superior técnicamente al mundial. Ramey es segunda, 1,11”9, mientras la tercera norteamericana, Mary Sears, completa el único triunfo de la natación USA, tercera en 1,14”4, al imponerse en los últimos metros a la veterana húngara Maria Littomericzky, cuarta en 1,14”9.
 
El triunfo de las mariposistas USA, juntamente con el de Bill Yorzyk en la prueba masculina, pone en evidencia la superioridad de la “mariposa-delfín” de los técnicos norteamericanos. Mientras la escuela húngara y sus seguidores han preferido en estos primeros años de la nueva modalidad un movimiento muy ondulado del cuerpo, con tres, cuatro, e incluso cinco golpes de piernas por cada movimiento de brazos, los técnicos USA han trabajado sobre la base de dos golpes de piernas por cada ciclo de brazos, con un movimiento del cuerpo menos ondulado, con la finalidad de ofrecer menos resistencia al agua. Con su triunfo en Melbourne, la “mariposa-delfín” ha logrado su total y perfecta definición.
 
Los Juegos Olímpicos de Melbourne han terminado y se impone, como en otras ocasiones, una revisión de sus resultados, para poder recoger las experiencias y enseñanzas que se desprenden, modificando los esquemas de entrenamiento, para cambiarlos, si cabe, o para ratificarlos.
 
La natación ha sufrido un cambio radical en sus métodos de entrenamiento, que ha tenido como resultado el cambio de valores establecidos anteriormente. Si realmente las fechas de celebración de estos Juegos han tenido algo a ver en la discreción de los resultados logrados por los nadadores venidos, sobretodo, del hemisferio norte, norteamericanos y europeos, no explica, por otra parte, la rotundidad del éxito australiano. Para explicarlo hay que hacer referencia a tres importantes razones: primera, la gran importancia que los técnicos australianos han dado al entrenamiento denominado interválico, programando un alto porcentaje de su trabajo diario en esta modalidad, hasta ahora reservada mayoritariamente a los practicantes de atletismo, aunque sabemos que ya en 1932, el francés Jean Taris, y los japoneses, lo habían empleado, aunque fuera en un pequeño porcentaje; segunda, la enorme importancia concedida a la preparación física de sus nadadores, con ejercicios con pesos, de flexibilidad, de calistenia, etc., con el objetivo de lograr, en un tiempo mucho más corto, una mayor base física, y la potencia que es necesaria que mejorar unos tiempo cada vez más difíciles de superar, es decir, en palabras de uno de aquellos técnicos “aussies”: “lograr que el nadador-atleta derroté al nadador-pez”; y, tercera, y esta será recogida allí mismo por los dirigentes USA, los cuales lo ampliarán notablemente, iniciar los entrenamientos en edades jóvenes, incluso con una preparación física muy especializada, con la cual se ofrece a los nadadores unas mayores posibilidades para entrenarse, en razón de sus menores exigencias escolares, laborales, o sociales.
 
Veremos, entonces, como cuatro años después, esta rotunda superioridad australiana demostrada en Melbourne, comienza a diluirse, y a pesar de que en Roma aún ganarán las tres pruebas individuales de crol masculino, y una de femeninas, las relevaciones ya serán para los norteamericanos. Los métodos demostrados por los australianos serán, a partir de Melbourne, adaptados por técnicos de otros países, con una importante y progresiva mejora del nivel general de la natación mundial, y la lógica aparición de nuevas figuras.
 
Guillem Alsina