Sobre objetivos y ambiciones de cada nadador

En el comentario sobre la 3a. jornada del Campeonato Escolar del CSD (29 de junio) se “enzarzó” un interesante intercambio de opiniones entre algunos de nuestros lectores, en el que incluso intervino Notinat, para dar su opinión. Lejos de mi la intención de pecar de orgullo, ni muchísimo menos de saber más que otros, todavía menos de “sentar cátedra”, pero si me gustaría, por lo menos basándome en mis muchos años de experiencia, aportar mi punto de vista a un tema que creo interesantísimo, y que, además, es un tema que, en diferentes artículos, ha salido a relucir, y, estoy completamente seguro, que volverá a salir en más de una ocasión.
 
Decía quien firma como Ulises que en su opinión (i que me perdone si me equivoco, pero esta es la conclusión que yo saqué de su escrito) no se debe inculcar en los nadadores la ambición a conseguir metas exageradamente altas (JJ.OO., Campeonatos de Europa, etc., etc.) y si, en cambio, se les tendría que animar para que pusieran su máximo empeño en ir superando sus récords personales, subiendo, como quien dice, peldaño tras peldaño, hasta llegar a lo más alto posible de la escalera del éxito. Notinat, por su lado, hacia un poco más de hincapié en el hecho de inculcar a los nadadores un objetivo lo más alto posible, para que lucharan por conseguirlo.
 
Estoy totalmente de acuerdo con ambos, con el “agravante” de que creo que los dos pareceres son totalmente compatibles, y voy a explicarme. Yo he tenido siempre la costumbre de reducir los récords mundiales, europeos, españoles, catalanes, y sociales, a un mero récord personal, y así se lo he intentado inculcar a mis nadadores, cuando ejercía como entrenador. Es decir, un nadador solo debe pensar en superar su récord personal; cuando este sea el mejor del club, será recordista social; cuando su récord personal sea el mejor de todos los catalanes, será recordista catalán; cuando sea el mejor de todos los nadadores españoles, será recordista español, y así sucesivamente, de manera que cuando su récord personal sea el mejor de los cuatro mil millones y pico que pueblan nuestro planeta, se verá, ¡ oh milagro !, convertido en recordista mundial.
 
Pero junto a esto, creo que también hay que ofrecer a cualquier nadador un objetivo-faro a alcanzar. Siempre se ha dicho que es difícil para la gran mayoría de personas conseguir el GRAN objetivo de su vida, y creo que esto es una gran verdad; son muy pocos los que llegan a conseguirlo, y una gran mayoria se queda siempre un poco por detrás de él, en lo que podríamos llamar un sub-objetivo. En el caso de un nadador, su GRAN objetivo es, sin duda alguna, el escalón más alto del podio olímpico; ¿ se debe pensar en él ?. Pues creo que si. Si un nadador entrena para conseguir el oro olímpico, y no llega a conseguirlo, es muy posible que, como mínimo, pueda llegar al podio de unos Campeonatos de Europa. Si su GRAN objetivo es precisamente el podio de unos Campeonatos de Europa, es muy posible que se nos quede como participante en uno de ellos, y si su GRAN objetivo es participar en unos Europeos, es muy posible que el hombre (o la mujer) se nos quede como mero participante de unos Nacionales.
 
Encuentro bien, y me gusta, que en muchas de las entrevistas que se hacen a nadadores jóvenes y se les pregunte por sus objetivos, contesten mucho de ellos que su GRAN objetivo son los JJ.OO., a despecho de que saben que ello les tomara muchos años de entrenamiento, y de que, por el camino, y por diversas causas, “caerán” muchos de ellos.
 
Sin embargo, toda progresión hacia este GRAN objetivo ha de seguir un cierto camino, que será cada vez más dificultoso. y es por ello que para poder llegar a él, hay que señalar, como hitos de un camino, ciertas metas intermedias, que le indiquen al nadador si va por buen camino, o, por el contrario, debe rectificar alguna de sus acciones. Estos hitos pueden ser la progresión de los tiempos al final de cada temporada; pueden ser títulos conseguidos, o cualquier otro objetivo a determinar.
 
Hay muchas y variadas formas de llegar a conseguir el mayor de los éxitos. En mi larga carrera como nadador, entrenador, y ya despues mero aficionado, he visto muchas, y todas ellas buenas i/o malas, según el éxito que hayan tenido. Me explico. He visto a un Mark Spitz recordista USA desde los 9 hasta los 22 años (pasando por todos los Grupos de Edad), presionado por un padre ambicioso que no dudo en cambiar de residencia para llevarlo hasta el Santa Clara S.C. a entrenar con uno de los mejores entrenadores del mundo, George Haines, levantándose a las cinco de la mañana (o quizás fueran las seis, que para el caso es lo mismo) para ir a entrenar; y doce años más tarde todos sabemos lo que Mark Spitz consiguió, pero también he visto a muchos de sus compañeros, que entrenaban como él, levantándose a la misma hora, y haciendo los mismos metros, con menos, tanta, o mayor intensidad que él, quedarse por el camino, o muy lejos de sus objetivos iniciales. y como Mark Spitz, otros muchos campeones olímpicos, mundiales, y recordistas mundiales, que siguieron su mismo camino.  
 
He visto nadadores que solo “jugaban” en el agua mientras eran jóvenes, iniciando sus entrenamientos intensivos a edades en que quizás otros abandonaban la natación, lo que no fue obstáculo para llegar lo más alto posible, incluidos los laureles olímpicos, pero también he visto otros que siguiendo su mismo camino, no consiguieron llegar, quedándose por el camino.
 
He visto nadadores que con unas condiciones portentosas no han conseguido prácticamente ninguno de los grandes objetivos que se habían marcado marcado, pero también otros que, con las mismas condiciones, tardaron más o menos en llegar, pero lo consiguieron.
 
He visto auténticos “piedras” que, a base de fuerza de voluntad y perseverancia, llegaban, no vamos a decir, a las medallas olímpicas, pero si a niveles que muchos otros, con mejores condiciones, hubieran deseado conseguir, pero también he visto “piedras” que a pesar de sus demostraciones de fuerza de voluntad y perseverancia, no llegaban a un mínimo nivel.
  
Lo que si puedo asegurar, sin embargo, es que todos (o casi todos) los que llegaron al máximo nivel, entrenaran intensivamente desde su más tierna edad, o entrenaran a partir de cuando ya no eran tan tiernos, tenían en mente, de una forma u otra, el deseo de llegar a estar entre los mejores. Como decían los romanos, “todos los caminos llevan a Roma”, y habría que añadir, “cuando, evidentemente, se quiere llegar a Roma”.
 
Creo, y no con ello pretendo dejar zanjada la discusión, que puede ser sumamente interesante y enriquecedora, que cada nadador, su entrenador, y hasta cierta edad, sus padres, deben ser los que decidan qué hay que hacer (muchos metros – pocos metros; un entreno – dos entrenos – tres entrenos diarios, etc., etc.) y como hay que hacerlo, para llegar a su GRAN objetivo. Una vez fijada la ruta, no hay más que una posibilidad: seguirla hasta el final (lo que no exime de hacer las oportunas variaciones, cuando se crea conveniente) intentando llegar cuanto más lejos mejor. El futuro dirá si la elección ha sido acertada o no, aunque para entonces, por suerte o por desgracia, no habrá remedio, y se hablará de éxito o de “no éxito”.
 
Nadie, por lo menos hasta el momento, ha podido, ni sabido, predecir hasta donde podrá llegar un nadador que inicia su carrera deportiva, ya sea a los 9, a los 12, o a los 15 años. Creo que lo más importante en la actividad deportiva de un nadador es “querer llegar”, ya que si “quiere” tiene algunas posibilidades de conseguirlo, y puede hacerlo por varios diferentes caminos que él debe escoger. Hay que recordar que la natación tiene un tanto por cierto muy elevado de ciencia, pero que también tiene un porcentaje igualmente elevado de ARTE, y es muy posible que éste sea el que marca las diferencias.        
 
Guillem Alsina