Vladimir Salnikov, el Expreso de Leningrado


Salnikov tras vencer en Seul 1988

Esta es la historia de un tren; un tren especial; muy especial. Aunque no se sabe exactamente la fecha en que empezó a “construirse” (se calcula que pudo ser hacia la segunda mitad de agosto de 1959) si sabemos que fue “terminado” en Leningrado, un 21 de mayo de 1960, empezando inmediatamente su “rodaje” (realmente largo, por cuanto duró unos 15 años), conscientes sus “arquitectos” de que aquel tren estaba destinado a grandes empresas, y que, por lo tanto, tenia que estar perfectamente afinado.

 
Aquel tren no conoció fronteras, se detuvo en muchas, muchísimas, estaciones, tuvo algunas averías, de las que, salió indemne, consiguiendo llegar sano y salvo, y dentro del horario previsto, a su última estación. Esta es la historia, pues, de un tren, un tren especial, muy especial, conocido como “El Expreso de Leningrado”.
 
El deportista, que procede de una familia de clase media “sin escasez ni apreturas económicas” comenzó a nadar cuando tenía seis años, pero enfermó y estuvo dos años sin poder hacerlo. Con ocho años volvió a la piscina, empujado por la envidia que le daban sus amigos al bañarse y competir en el río que atravesaba su aldea.
 
Ingresó en la Escuela de Deportes de Erkan, a las órdenes de Igor Koshin, entrenador con el que triunfará en los Juegos Olímpicos de Moscú, uniendo a unas condiciones físicas privilegiadas (186 cm., 80 Kg.) un enorme volumen de entrenamiento -seis horas diarias, divididas entre la piscina, de treinta a cuarenta kilómetros diarios, amenizados con música clásica, y el trabajo con pesas en el gimnasio-.
 
1a. estación: Montreal-1976. La formidable lucha que sostienen los tres grandes  favoritos de 1.500m.crol en la final de estos Juegos (Brian Goodell, 15,02”40; Bobby Hacket, 15,03”91, y Steve Holland, 15,04”66) hace que poca gente se fije en el quinto clasificado, un soviético, Vladimir Salnikov, que acaba de cumplir los 16 años, apenas conocido internacionalmente. Un año antes había hecho su debut internacional, deteniéndose en un pequeño apeadero, Ginebra, donde, en los “Eurojúniors” había conseguido sus primeras medallas, plata en los 1.500m.crol, 16,40”02 (por detrás del húngaro Sandor Nagy, 16,16”90), y bronce en los 400m.crol, 4,13”46 (por detrás del mismo Nagy, 4,08”49, y del también soviético Andrey Glukhov, 4,12”10).
 
Un año después, y preparándose especialmente para los Juegos (ni siquiera había participado en los Nacionales URSS, siendo seleccionado automáticamente) consigue clasificarse para la final, donde es quinto con unos buenos 15,29”45, nuevo récord europeo, rebajando los anteriores 15,33”49 que su compatriota Valentin Parinov había conseguido aquel mismo año. Su actuación, sin embargo, no deja adivinar que aquel tren que inicia su andadura, pueda llegar a buen puerto.
 
2a. estación: Jonköping-1977. El tren empieza a coger su velocidad de crucero. En abril, en el apeadero de Leningrado, supera por segunda vez el récord europeo del kilómetro y medio, con un tiempo de 15,27”04. Pocos meses después, en los Europeos que se celebran en la ciudad sueca consigue título y récord, 15,16”45 (rebajando también el récord europeo de los 800m., con 8,07”61, dejando atrás los anteriores 8,11”82 de Parinov, aquel mismo año).
 
3a. estación: Berlin-1978. El tren continúa aumentando su velocidad, a la vista de esta estación, donde se celebra la tercera edición de los Mundiales. Allí, Salnikov demuestra que está ya a pleno rendimiento, imponiéndose a sus grandes rivales USA. En los 400m. ofrece una de las grandes sorpresas de estos Mundiales al imponerse a Jeff Float y Bill Forrester, al termino de una carrera táctica, en la que, después de dejarlos ir por delante hasta los 200m. (Forrester, 1,54”90; Float, 1,56”02; Salnikov, 1,57”05) los iguala en los 300m. (2,54”59 Float; 2,54”63 Forrester; 2,54”83 Salnikov), para “destrozarlos” literalmente con un último hectómetro en 57”11, por 58”83 de Float, y 59”34 para Forrester. Sus 3,51”94 representan un nuevo récord de Europa (que ya había superado en las eliminatorias con 3,53”32), y a pocas centésimas del mundial de Brian Goodell, 3,51”56. Tres días después, en el kilómetro y medio, no tiene rival que pueda detenerlo, ganándose el título con un tiempo de 15,03”99, pulverizando su récord europeo, “metiéndose” en el grupo de los que intentan ser los primeros en bajar del cuarto de hora en esta prueba.
 
En 1979 no hay ninguna gran estación en la cual detenerse, aunque ello no es obstáculo para que “El Expreso de Leningrado” no se detenga en algunos importantes apeaderos, que marcaran con su nombre la historia de la natación mundial, tres concretamente: el 23 de marzo se detiene en Minsk, donde supera el récord mundial de los 800m. con unos 7,56”49 que, además de pulverizar los anteriores 8,01”54 de Bobby Hackett (21 de junio de 1976 en Long Beach) le convierten en el primer nadador que nada la distancia en menos de ocho minutos. Pocos días después, 6 de abril, es el de los 400m., que deja en 3,51”41, rebajando los anteriormente mencionados 3,51”56 de Goodell, récord que pocos meses después, 19 de agosto, vuelve a rebajar, aunque sea en una solitaria centésima, dejándolo en 3,51”40.
 


Salnikov, en el centro, en Moscú 1980

3a. estación: Moscú-1980. Una de las estaciones más importantes para “El Expreso”, puesto que va a actuar ante su público. Antes de detenerse en Moscú, vuelve al apeadero de Leningrado, 24 de febrero, donde supera de nuevo su récord mundial de los 400m. con un tiempo de 3,51”20, récord que pierde pocos días antes de llegar a la estación principal de Moscú, a manos del canadiense Peter Szmidt, que, con el boicot de Estados Unidos y “acólitos” a los Juegos totalmente decidido, le quita el récord, 3,50”49.

 
El boicot, sin embargo, no va a impedir ni el triunfo, ni la gloria del soviético.
Triunfo y gloria que le llegan el 22 de julio, en la final de los 1.500m. Destacándose desde los primeros metros, 58”53, el soviético coge un ritmo de minuto y poquísimas centésimas hasta los 1.100m. (1,59”27 en los 200m.; 3,59”95 en los 400; 8,00”48 en los 800; 11,01”15 en los 1.100) para aumentarlo en los cuatro últimos hectómetros, 59”79; 59”87; 59”41, terminando con unos definitivos y sensacionales 58”05, que lo convierten en el primer nadador que baja la “barrera” del cuarto de hora, 14,58”27, al final de una prueba modélica en su ritmo, con 5,00”23; 5,00”62, y 4,57”42 en cada uno de sus tres tercios, y 7,30”46, y 7,27”81 en sus dos mitades. Dos días después, un nuevo triunfo lo convierte en la figura más destacada de estos Juegos, con su victoria en los 400m., 3,51”31, aunque sin llegar ni a su récord europeo, ni al reciente mundial del canadiense.
Entre ambas pruebas, para redondear su palmarés, una tercera medalla de oro, ésta colectiva, con el triunfo del cuarteto soviético en el 4x200m.crol.
 
4a. estación: Split-1981. Después de sus esfuerzos del año anterior, “El Expreso” precisa de algunas reparaciones, si quiere continuar aumentando su ritmo de crucero, o, lo que es lo mismo, superar récords y conseguir victorias cada vez más difíciles, por la competencia que existe. Con la vista puesta en la estación de Guayaquil, donde en 1982 se disputaran los Mundiales, donde si estarán norteamericanos, canadienses, y alemanes, que no han estado en Moscú, se necesita ajustar un poco más la mecánica del tren, y esto es lo que se hace aquel año en el que la única estación realmente importante es la de la croata Split, donde se van a disputar los Europeos.
 


Equipo de la URSS de los 4×200 libre en Moscu 1980

Las reparaciones se notan, impidiéndole la victoria en los 400m., vencido por la táctica empleada por los hermanos Darjan y Borut Petric; Darjan se sacrifica, permitiendo a su hermano vencer al soviético en unos disputados metros finales, 3,51”63 por 3,51”67, al final de una prueba que el público, yugoslavo en aquel tiempo, sigue puesto en pie, animando a los suyos. Vencido en los cuatro hectómetros, Salnikov no tiene, por el contrario, rival en “su” prueba, los 1.500m., donde vence, aunque sin acercarse a su récord mundial, 15,09”17, claramente por delante de su vencedor en los 400m., 15,17”31 (una final en la que, recordemos, Rafael Escalas fue tercero, 15,17”93).

 
5a. estación: Guayaquil-1982. Se trata de otra importante estación, puesto que la presencia de los especialistas USA, obliga a Salnikov a vencerles si desea que no haya sombra de duda sobre sus dos victorias olímpicas. La preparación para la máxima cita no puede ser mejor. El 14 de febrero se detiene un día en Moscú, para rebajar en casi cuatro segundos su récord mundial de los 800m., dejándolo en 7,52”83. Un mes más tarde, 12 y 13 de marzo, nueva parada en Moscú, ahora de dos días, también suficientes para superar dos nuevos récords: primero el de los 400m., 3,49”57, siendo el primero que nada la distancia en menos de 3,50”; al día siguiente el de los 1.500m., con 14,56”35, casi dos segundos menos que lo conseguido en los Juegos.
 
Pero lo importante, y Salnikov lo sabe perfectamente, está en Sudamérica. y como un tren perfectamente engrasado, responde a las expectativas. Primero, lo más difícil, revalidando el título de los 400m., en una final eminentemente europea (que copan los cinco primeros lugares) en la que el soviético toma el mando de la prueba a los 200m. (1,54”87, pero con el sexto clasificado en 1,55”32), defendiéndose hasta el último metro de los ataques de su compatriota Sviatoslav Semenov, 3,51”30 por 3,51”43, pero también del alemán Sven Lodziewski, una de las nuevas figuras de la DDR, tercero en 3,51”84, y de los yugoslavos Darjan y Borut Petric, 3,52”55 y 3,52”95, que no son “descolgados” hasta los últimos metros.
 
Dos días después, revalida el de los 1.500m., sin preocuparse excesivamente del tiempo, atento, no únicamente a conseguir la victoria, si no, también, a “arrastrar” tras él a su delfín, Sviatoslav Semenov, compañero de entrenamientos. Con 15,01”77, se impone a Semenov, 15,05”54, a quien siempre ha llevado a un par de segundos, marcándole el ritmo, sin que ni Darjan Petric, tercero en 15,10”20, ni Lodziewski, cuarto en 15,16”69, hayan podido contrarrestar su táctica de equipo. Además de ser un gran campeón, Salnikov demuestra ser, también, un buen compañero.
 
6a. estación: Roma-1983. Con 23 años, “El Expreso” sabe que pronto empezará a notar los kilómetros recorridos. Aquel año tiene una, para él, importante cita. Puede presumir de ser campeón olímpico y mundial de los 400m., pero, en cambio, no puede hacerlo de ser campeón europeo, el único gran título que le falta en su mochila. y a ello va a dedicar, ante todo, esta temporada, aunque sin descuidar, evidentemente, sus otras  
obligaciones: los récords.
 
En febrero hace su anual parada en el apeadero de Moscú, para los Campeonatos de Invierno. El 19, supera, por quinta vez, y última vez, el mundial de los 400m. al señalar 3,48”32; tres días después es el turno de su prueba favorita, el kilómetro y medio, que deja en 14,54”76, mordisqueándole poco más de segundo y medio. En julio es invitado por el Comité Organizador de los JJ.OO. de Los Angeles a la inauguración de la piscina que va a albergar las pruebas de natación de los Juegos. Allí, delante de un público que le aclama, rebaja ajustadamente, medio segundo exacto, su récord de los 800m., con un tiempo de 7,52”33. Al despedirse, promete volver al año siguiente para defender los títulos olímpicos conseguidos en Moscú, sin saber ( ¿o quizás sí? ) que no será así.
 
En Roma no tiene problemas para revalidar su título de los 1.500m., con unos discretos 15,08”84 (aunque sin problemas, ante los 15,14”54 de Borut Petric), y consigue, finalmente, el de los 400m., venciendo, 3,49”80, también sin ningún problema, a los dos yugoslavos, que esta vez se ven impotentes para imponer su acostumbrada táctica de equipo (segundo es Borut, 3,51”96; tercero Darjan 3,52”60). Ahora tiene ya todos los títulos que un fondista puede desear.
 
El boicot soviético y de sus “acólitos”, parece desajustar la reglada maquinaria del “Expreso de Leningrado”. Es difícil saber lo que ocurría dentro de la hermética Unión Soviética de aquellos años, pero parece, parece solo, que a Salnikov, un hombre respetado por las altas esferas políticas y deportivas soviéticas, no le hizo demasiada gracia aquel boicot que lo privaba de demostrar ante el mismísimo público USA, que él era el mejor especialista mundial de las tres distancias largas, y desde aquel momento parece que la maquinaria del “Expreso” coge arena en las vías, y empieza a patinar, pese a que aquel 1984 todavía termina con su dominio, tanto en los 400m., en los que se acerca a solo 6 centésimas de su récord mundial, 3,48”32 por 3,48”36, como en los 1.500m., donde vuelve a bajar del cuarto de hora por cuarta vez en su carrera, 14,58”90, solo para demostrar que los títulos olímpicos de los norteamericanos George Di Carlo, 3,51”23, y Michael O’Brien, 15,05”20, no están en las debidas manos.
 


Vladimir Salnikov en 2002 en una visita a USA junto Michael Phelps y a su entrenador Bob Bowman

7a. estación: el inicio de las averías. Oficialmente fue, primero una hepatitis, después una gripe, y más tarde cualquier cosa (de aquellas que sucedían en la antigua URSS) pero “El Expreso” no se detiene esta vez en una estación que parecía obligada, Sofia-1985 para defender sus títulos, ni de 400, ni de 1.500m. que, por vez primera desde 1977, no tienen al “Expreso” como vencedor.

 
Se habla de aquellas enfermedades, aunque parece ser, solo parece, que la verdadera causa está en la “diferencia de pareceres” abierta entre Salnikov y algunos directores de la natación soviética, con motivo del boicot olímpico. La verdad es que, aquel año, el nombre de Salnikov continua apareciendo entre los mejores del mundo, aunque solo en el 12o. lugar de los 400m., 3,53”52, y en el tercero de su querida prueba de 1.500m., 15,14”78, demostrando que, efectivamente, aquel tren ha dejado de ser “El Expreso de Leningrado” para ir camino de convertirse en un “cercanías”.
 
La necesidad, sin embargo, obliga, y los encargados de la natación soviética se dan cuenta de que ninguno de los “delfines” de su “Expreso” acaba de dar la talla en el concierto internacional, cuando a la vista se vislumbran los Mundiales de Madrid-1986. Se impone, pues, la repesca. Salnikov, obediente ( ¡que remedio! ) se entrena de nuevo, aunque sin aquella ilusión de años anteriores. Pero los cientos, los miles de kilómetros recorridos desde sus años mozos, hacen el milagro, y el “Expreso” parece volver a coger poco a poco su velocidad de crucero, cuando el 4 de julio, cinco semanas antes de los Mundiales, hace su pequeña parada en Moscú para “carbonear” y “aguar”, superando su último récord mundial, 7,50”64 en los 800m., segundo y medio por debajo de sus anteriores, 7,52”33.
 
El récord, sin embargo, no pasa de ser un espejismo. Falta en Madrid el espíritu de lucha que ha sido una de las mejores armas del soviético, y por ello no da la talla. Es quinto de los 400m., 3,52”07, sin estar nunca en la lucha por el título, aunque tampoco muy lejos del podio (el alemán Rainer Henkel, primero, señala 3,50”05, por 3,51”33 del tercero, el norteamericano Daniel Jorgensen). En los 1.500m., lucha denodadamente por salvar su prestigio; es primero a los 500m.; pero retrocede al tercer lugar cien metros después, y, ya definitivamente, cuarto a los 1.300m., perdiendo el podio por poco menos de dos segundos. El “Expreso” es ya poco menos que un “cercanías”.
 
Los Europeos de Strasburgo-1987 no arreglan nada. Al parecer los entrenamientos que la Federación Soviética le marca a Salnikov no le sirven de revulsivo, y él pide una y otra vez que se le deje entrenar a gusto, sin imposiciones. Su actuación en la ciudad francesa roza el ridículo cuando el que lo ha sido todo en el fondo mundial no puede pasar de las eliminatorias, al ser 12o. en 15,28”01. Todos lo dan por acabado, lamentado que aquella gran figura de la natación desaparezca de las piscinas por la puerta falsa.
 
8a. estación: el regreso del “Expreso”. Algo ha cambiado, sin embargo, en la vida de Salnikov. Ha encontrado compañera. Marina, una licenciada en Educación Física, se ha unido al “ex-Expreso” y juntos, al parecer contra el dictamen de la Federación Soviética, pero con el beneplácito del Comité Central de Deportes de la URSS ( ¡en una titánica lucha de poderes! ) inician un nuevo viaje con una única estación como objetivo: Seúl-1988. Sin pasar por ningún control, fiados únicamente de su palabra, Salnikov es seleccionado por el Comité Central de Deportes (podríamos decir que “manu militare”, pasando por encima del parecer de la Federación) para formar parte del equipo soviético, nadando una sola prueba, “su” prueba, los 1.500m.
 


Vladimir Salnikov lo hemos podido ver en el Mare Nostrum en Barcelona comentando la competición para la televisión rusa en las últimas ediciones.

En la capital coreana, sorpresa en las eliminatorias, cuando un revivido Salnikov señala el segundo mejor tiempo, 15,07”83, aunque las diferencias con sus rivales (Cetlinski, mejor tiempo. 15,07”41; Pfeiffer 15,07”85; Dassler 15,08”91; Podkoscielny 15,11”19) no eran excesivas como para pensar que podía reeditar su título de ocho años antes. Se especula sobre su mayor o menor poder de recuperación, habida cuenta de sus ya más de 28 años, enfrentado a rivales mucho más jóvenes, y, por lo tanto, con mayor poder de recuperación. Si muchos de los presentes en la piscina coreana apostaban lógicamente por los suyos, también es verdad que muchos de los que no tenían ningún interés directo en aquella prueba, esperaban, incluso deseaban, el triunfo de aquel soviético que en los últimos ocho años había dejado una profunda huella en la prueba. La simpatía que se siente por el soviético queda perfectamente demostrada en el acto de presentación de finalistas, cuando una prolongada ovación acompaña el nombre de quien es, todavía, recordista mundial y olímpico, y el único que, hasta aquel momento, ha conseguido nadar los quince hectómetros en menos de un cuarto de hora.

 
Con su característica imagen, cabeza desnuda, pelo sin cortar, Salnikov se coloca por detrás del norteamericano Cetlinski, 4,59”63 por 5,00”14 en el primer tercio de la prueba, con Dassler tercero, 5,00”84, y Pfeiffer cuarto, 5,01”11, por delante del resto de finalistas. La misma situación se mantiene hasta los 700m., aunque Salnikov es aquí el primero en girar, 7,00”60, seguido del norteamericano, 7,00”86, mientras Dassler, 7,02”43, y Pfeiffer, 7,02”46, parecen no poder seguir su ritmo. La veteranía es un grado; es el momento escogido por Salnikov para intentar la escapada; reaparece el “Expreso de Leningrado”, que empieza a nadar con parciales por debajo del minuto, mientras Cetlinski empieza a ceder. Gira ya primero en los 800m., 8,00”67, y siempre con parciales ligeramente por debajo del minuto, desencadena su esfuerzo hasta los 1.300m., mientras Pfeiffer, dándose cuenta del peligro, fuerza también su ritmo, alcanza a Cetlinski, e inicia la remontada, intentando pegarse al soviético. Este, sin embargo, ha nadado unos soberbios 500m. (entre los 800-1.300m.) en 4,58”75, continuando su imparable y bella escapada, poniéndose incluso a pocas centésimas del parcial de su récord mundial. Agotado por el esfuerzo realizado en los últimos 500m., no se decide, sin embargo, a intentarlo, prefiriendo vigilar la previsible remontada de Pfeiffer, asegurándose el triunfo, con un último hectómetro en 1,01”21, para un tiempo final de 15,00”40 (quinto mejor tiempo mundial de siempre, todos ellos de su propiedad). Tras él, Pfeiffer no puede arañar ni una sola centésima de la ventaja del soviético, y es segundo, 15,02”69.
 
Salnikov recoge, todavía en el agua, la gran ovación que le dedican los ocho mil espectadores presentes en la piscina, además de la felicitación de todos los que eran sus rivales minutos antes, premiando de esta manera la carrera deportiva de uno de los nadadores más carismáticos de los últimos años, por su modestia y sencillez. Como 16 años antes, con el triunfo de Mike Burton, otro ilustre veterano, en los Juegos de Munich-1972, la victoria de Salnikov ha señalado, sin duda, uno de los momento más álgidos de la natación en estos Juegos, tanto por la belleza de su triunfo, como por la calidad humana del hombre que ha sido capaz de sobreponerse a las adversidades, y saborear de nuevo las mieles del triunfo, y la superación personal.
 
“A tal señor, tal honor”, Salnikov recibe su medalla de oro de manos de otro de los “monstruos” del kilómetro y medio, el japonés Hironoshin Furuhashi, dominador del fondo mundial entre 1947 y 1950, aunque impedido de participar en los Juegos de 1948 por cuestiones políticas. Vice-Presidente de la FINA, en aquel momento, se hace difícil saber los recuerdos que pasarían por la cabeza del japonés mientras colgaba la medalla de oro al cuello del nadador soviético.
 
¡El “Expreso de Leningrado” ha llegado, finalmente, a su último destino!, ganándose una merecida y gloriosa retirada.  
 
En este enlace disponéis de un video resumen de sus hazañas olímpicas realizado por el Comité Olímpico Internacional.
 
 
Guillem Alsina