Mil quinientos femenino. De los 25,06”6 de Helen Wainwright a los 15,42”54 de Kate Ziegler


Janet Evans tras batir el record en 1988

Un total de 24 nadadoras se han repartido los 39 récords que conforman hasta el momento el ránquing mundial histórico de esta prueba. El primer récord mundial aceptado por la FINA lo estableció la norteamericana Helen Wainwright con un tiempo de 25,06”6, un 19 de agosto de 1922, en una piscina de 110 yardas de largo, en Manhattan Beach.

 
Era una prueba no excesivamente “simpática” entre las mujeres, aunque se nadaba en los Campeonatos Nacionales de Estados Unidos, lo que daba lugar a que, poco a poco, se fuera superando el récords. A Wainwright, le sucedió su compatriota Ethel McGary (una de las pocas representantes de la técnica de batido de 8 e incluso 10-tiempos), que festejó el último día del año 1925 rebajando en casi un minuto el récord, con un tiempo de 24,07”6. Pronto viajó el récord fuera de los Estados Unidos, cuando la británica Edith Mayne consiguió, nueve meses después del anterior, un tiempo de 24,00”2 (15/09/1926, Exmouth, p.60’25y.), aunque no tardó en cruzar nuevamente el Atlántico, al ser superado por dos mitos de la natación mundial: primero, Martha Norelius, 23,44”6 (28/07/1927, en Massapaqua, p.55y.), y cuatro años después, Helen Madison, 23,17”2, el 15/07/1931, en Nueva York, y también en p.55y.
 
Llega después un periodo en que Europa, gracias a las figuras que salen en dos pequeños países, Dinamarca y Holanda (o Holanda y Dinamarca, como quieran) se adueñan de los récords mundiales femeninos, correspondiéndoles a las nórdicas el dominio en las pruebas de medio fondo y fondo. Grethe Frederiksen desbanca a Helen Madison, al conseguir un tiempo de 22,36”7 (26/06/1936, en Copenhague, p.50m.), poco antes de que aparezca la que se puede considerar como la primera gran fondista de la natación mundial, Ragnhild Hveger. En tres grandes embestidas, Hveger deja el récord a gran nivel, y se lo pone difícil a sus sucesoras. Primero, con 21,45”7 (03/07/1938, en Helsingor, p.50m.), dos años después, y al amparo de la relativa “paz” que las tropas alemanas habían impuesto en el país, con 21,10”1 (11/08/1940, en la misma piscina que el anterior), para dejarlo en los definitivos 20,57”0, un 20 de agosto de 1941, en Copenhague, también p.50m.
 
Estos 20,57”0 de Hveger, como todos sus otros récords de 200, 400, y 800m. que dejó establecidos hasta 1941, tuvieron una larga duración. El que estamos tratando, no pudo ser superado hasta 14 años más tarde, cuando la holandesa Lenie de Nijs, una de las famosas componentes de la “cuadra” del no menos famoso Jan Stender, consiguió rebajarlo hasta 20,46”5, un 23 de julio de 1955, en Utrecht, p,.50m.; al año siguiente fue el turno de su compatriota Jane Koster, quien lo superó, llevándolo a 20,22”8 (21/08/1956, en la misma piscina que el anterior), y, al año siguiente, a 20,03”1 (27/0/1957, en Hilversum, p.50m.).
 
Por vez primera, el récord va a viajar hasta nuestras antípodas. Aunque Australia acredita una excelente escuela de fondo entre los hombres (que se ha prolongado, como todos sabemos, hasta nuestros días), no ocurre lo mismo con las mujeres, que apenas se han interesado por esta especialidad, pese a que han contado con dos recordistas mundiales de la milla inglesa como son Fanny Durack y Judy “Joy” Davies). La revolución (natatoria) australiana que precede los JJ.OO. de Melbourne, en 1956, cambia este orden de cosas, y Australia impone su dominio en la natación mundial tambien en las pruebas de fondo. En 1959 hace su aparición Ilse Konrads, hermana del famoso John Konrads, que en una sola actuación “destroza” el récord mundial de los quince hectómetros con un tiempo de 19,.25”7, ¡ treinta y seis segundos de mejora ! sobre el anterior, un 14 de enero de 1959, en la que fue “meca” de la natación “aussie” en aquellos años, la piscina de “North Sydney”, 55y. y agua salobre.
 
Los métodos de entrenamiento australianos de largo metraje han pasado a ser de ámbito mundial, y dos suecas se han “apuntado” a ellos. El 8 de septiembre de 1960 tiene lugar en Uppsala (una piscina de las consideradas fáciles por su agua salada) un intento de récord. Jane Cederqvist, que desde el mes anterior ya es recordista mundial de los 800m. en 9,55”6, “flirtea” durante toda la prueba con el récord de Ilse Konrads,  llegando al último hectómetro con una cierta desventaja, 18,08”0, por 18,06”4 de la australiana, aunque con un magnífico esfuerzo final, 1,15”6 del último hectómetro (por 1,19”3 de Konrads) consigue superar el récord, 19,23”6.
 
Al año siguiente, Jane vuelve a intentarlo. Lo hace esta vez acompañada de dos nadadoras que la ayudaran en el intento, una de las promesas de la natación suave, Elisabeth Ljunggren, y MargaretMetaRylander, una especialista de 400m., que intentará hacerle de liebre hasta los 800 o 1.000m. Efectivamente, Rylander toma la cabeza de la prueba, seguida de la recordista, aunque con un ritmo quizás excesivamente alto para lo que se pedia. Si a los 200m, tiene segundo y medio de ventaja sobre el parcial del récord, y a los 400m. son dos y medio, a los 500m. son seis, y la ventaja sigue aumentando, mientras Cederqvist empieza a atrasarse, imposibilitada de seguir el ritmo de su compatriota. A los 800m., Rylander tiene 10 segundos de ventaja, y sigue con un ritmo de 1,16” – 1,17”, mientras la recordista, consciente de que no va  poder seguir aquel ritmo, abandona la prueba. De esta forma, la “liebre” de la prueba, manteniendo siempre el mismo ritmo, termina con un hectómetro final en 1,15”5, y un nuevo récord de 19,02”8, impensable al iniciarse el intento de récord.
 
Al otro lado del Atlántico, el programa de los “age-groups” ha empezado a dar resultados, y una nueva generación de nadadoras se prepara a hacerse con la supremacía mundial que les ha sido arrebatada por las australianas. Carolyn House es la adelantada en las pruebas de fondo, cuando el 16 de agosto de 1962, en Chicago, supera ampliamente el sorprendente récord de Rylander, con unos 18,44”0, bajando por vez primera de los 19 minutos. Le sigue Patty Caretto, otra de las “niñas-prodigio” de aquel programa, que en tres sucesivas actuaciones, va a dejar el récord al borde de los 18 minutos, un tiempo que solo diez años antes hubiera sido récord mundial masculino. Su primer récord lo establece un 30 de julio de 1964 en Los Altos, con un tiempo de 18,30”5, que rebaja el año siguiente hasta 18,23”7 (12/08/1965, en la misma piscina que el anterior), para dejarlo definitivamente en 18,12”9 un año después, 21 de agosto de 1966, en Lincoln.
 
El programa de “age-groups” es también, sin duda alguna, un “devorador” de figuras, y a Patty Caretto la sucede, prácticamente sin solución de continuidad, otro de los grandes mitos de la natación mundial, DeborahDebbieMeyer, “la Divina Meyer” como se la llegó a conocer. Triple campeona en los Juegos de Ciudad México-1968 en 200, 400, y 800m., se convirtió en la gran impulsora de las pruebas largas, con cuatro récords consecutivos de la prueba que nos ocupa. El 9 de julio de 1967, en Santa Clara, supera el récord de Caretto con 18,11”1, tiempo que rebaja ampliamente, ¡ 21 segundos de mejora !, pocas semanas después, 20 de agosto, en Filadelfia, con 17,50”2, siendo la primera mujer que baja de los 18 minutos. Al año siguiente, 21 de julio de 1968, en Los Ángeles, le da un nuevo impulso, ¡ 19 segundos !, dejándolo en 17,31”2, y un año después, 17 de agosto de 1969, en Louisville, poco antes de retirarse de la competición, le da todavía un nuevo impulso, ¡ 11 segundos de mejora !, dejándonos sus definitivos 17,19”9. Meyer había cogido el récord en 18,12”9, y lo ha dejado en 17,19”9, poco más de cincuenta segundos de mejora. Los “age-groups”, sin embargo, no respetan ni a los más grandes, y el récord de “la Divina” solo aguanta dos años, cuando Cathy Calhoun lo supera, aunque muy ajustadamente, con 17,19”2.
 
Shane Gould es una típica representante de la escuela australiana de fondo, con su 2-tiempos, y sus ritmos regulares, propicios a las pruebas de fondo, que se convierte en la segunda nadadora capaz de poseer en un momento los récords mundiales de todas las distancias crol (aunque Helen Madison lo había conseguido en distancias métricas y en yardas, en la década de los 70 ya no se homologaban las distancias en yardas). El 12 de diciembre de 1971, en Sydney, pulveriza el récord de Calhoun, rebajándolo en más de 18 segundos, quedándose a las puertas de los 16 minutos, 17,00”6, “tope” que consigue año y medio después, cuando el 11 de febrero de 1973, en Adelaida, consigue dejarlo en 16,56”90, primer récord de esta prueba homologado en centésimas de segundo, un récord, sin embargo, que le dura escasamente seis meses, 25 de agosto, en Louisville, cuando la norteamericana Joan Harshbarger, lo rebaja hasta 16,54”14.
 
La lucha entre norteamericanas y australianas no ceja, y las pruebas de fondo progresan rápidamente con esta rivalidad. Aparece la “aussie” Jenny Turrall, que se va a convertir en la mujer que más récords de 1.500m. ha superado, con un total de cinco. El primero, un 9 de diciembre de 1973, en Sydney, con un tiempo de 16,49”9; un mes después, 9 de enero de 1974, también en Sydney, lo rebaja ajustadamente hasta 16,48”2, para volver a rebajarlo seis meses después, 13 de julio, y siempre en Sydney, a 16,43”4; al mes siguiente, 3 y 25 de agosto, en Los Ángeles y Concord respectivamente, aprovecha una gira por los Estados Unidos, para conseguir los otros dos, 16,39”28, y 16,33”94. Ha sido un nuevo “empujón” de 20 segundos, al que se sigue otro de casi diez, cuando la norteamericana Alice Browne devuelve el récord a Estados Unidos, 16,24”60, un 21 de agosto del 1977.
 
La escuela australiana, sin embargo, es decir, el 2-tiempos, sigue funcionando, y Tracey Wickham, otro mito de la natación mundial, es la encargada de devolver a Australia la supremacía mundial del fondo. En dos sólidas actuaciones, Wickham pondrá el récord a la vista de los 15 minutos, aunque no va a ser ella quien consiga tal honor. El 8 de febrero de 1978, en Brisbane, rebaja en casi diez segundos el tiempo de Browne, dejándolo en 16,14”93; un año después, 25 de febrero de 1979, en Perth, vuelve a superarse, ahora en poco más de ocho segundos, señalando 16,06”63.
 
No le dura demasiado el récord a la “aussie”, puesto que aquel mismo año, 19 de agosto en Fort Lauderdale, la norteamericana Kim Linehan, lo acerca un poco más la raya de los 15 minutos, al conseguir 16,04”49, un tiempo que resiste durante poco menos de 8 años el asalto de las mejores fondistas mundiales, que pugnan por ser las primeras en poner el número 15 en el casillero del récord. y es otro de los grandes mitos de la natación mundial quien lo va a conseguir.
 
Un 31 de julio de 1987, en Fresno, Janet Evans, “la pulga de Placentia”, inicia su magnífica carrera deportiva, superando el récord de su compatriota, dejándola ya al mismo borde de los 15 minutos, 16,00”73, “muralla” que supera pocos meses después, 26 de marzo de 1988, camino de su preparación para conseguir sus tres primeras medallas de oro olímpicas en Seúl (400 y 800m.crol, y 400m.estilos) bajando ampliamente su anterior récord, 15,52”10.
 
Será el récord de 1.500m. que estará más tiempo en el ránquing, con un total de más de 19 años, cuando será borrado por la nueva hazaña de Kate Ziegler, que ha demostrado, rebajándolo en casi diez segundos, que las mujeres están todavía lejos de sus posibilidades en esta distancia, y que es muy posible, más probable que posible, que algún día las veamos nadar los quince hectómetros en menos de 15 minutos. Esperemos verlo.
 
Guillem Alsina