Juegos Olímpicos. Londres 1948


Aspecto del Empire Pool durante la sexta serie de los 100 espalda masculinos

Después de las sangrantes batallas vividas en los frentes de guerra de tres continentes, un nuevo horizonte parece abrirse para la humanidad, mientras una nueva lucha, incruenta esta, vuelve a librarse en el viejo Londres, recientes aún las heridas producidas por las bombas alemanas.

 
Y son precisamente estos recuerdos los que invoca el Comité Organizador de los Juegos, tal y como ya lo habían hecho los de Amberes-1920, y París-1924, para no invitar los deportistas alemanes y japoneses, tratando de no despertar enconos y evitar posibles problemas. Por tercera vez, el CIO se “lava” literalmente las manos, dejando a criterio del Comité Organizador la tarea de invitar a los países que disputarán estos Juegos. Y por tercera vez nos podemos hacer la pregunta: ¿fue acertada esta decisión?.
 
Realmente difícil de contestar, aunque se pueda pensar que el CIO, como la ONU, nunca acaba de “mojarse” de manera total, cuando el asunto es grave y de difícil decisión. Como podremos ver, esta decisión de excluir dos importantes países del ámbito deportivo de la natación, frustrará completamente los resultados de algunas pruebas.
 
Dos novedades destacadas en estos Juegos. Por un lado, y por primera vez en los Juegos, las pruebas se disputan bajo tejado. En previsión que el lluvioso clima londinense no los juegue una mala pasada, y también mirando el ahorro en una economía de posguerra, los organizadores se han decidido por escoger una instalación ya construida, la “Wembley Bristish Empire Pool” donde ya diez años antes se habían disputado los Campeonatos de Europa. La otra novedad está en el sistema de calificación, que da más importancia a los tiempos logrados en eliminatorias y semifinales, que no al lugar conseguido, y aunque el sistema continúa siendo mixto entre ambas modalidades, hay una cierta mejora respecto de anteriores Juegos.
 
También hay novedad en la distribución de los callejones, siguiendo los designios de la FIFA en este sentido. Hasta 1936, esta distribución había sido adjudicada por sorteo, tanto en las eliminatorias y semifinales como en la final. En Londres, en cambio, aunque las eliminatorias continúan siendo sorteadas, las semifinales y finales asignan el mejor tiempo de las eliminatorias y/o semifinales al callejón nº 4; el nº 5 al segundo mejor tiempo; el nº 3 al tercer mejor tiempo; el nº 6 al cuarto mejor tiempo, y así sucesivamente, a izquierda y derecha, hasta el octavo y último mejor tiempo, que nada en el callejón nº 8.
 
Digamos, en el aspecto puramente anecdótico que en estos Juegos los mejores tiempo nadaron en el callejón nº 5, el siguiente en el nº 4; y así sucesivamente, es decir, de manera inversa al que había dictaminado la FINA, por la costumbre británica de dar prioridad a la mano izquierda. También novedad en los bañadores de los nadadores, cuando, por primera vez en los Juegos, se permiten los bañadores hasta la cintura, y no los que habían sido reglamentarios hasta los Juegos de Berlín, doce años antes, con pechuga y tirantes. En los bañadores de las nadadores, evidentemente, no hay cambio alguno. 
 
El equipo norteamericano llega a la capital británica como gran favorito para conquistar la supremacía mundial. En su país, alejado de los campos de batalla y de los terribles bombardeos que han devastado Europa, sus técnicos y deportistas han continuado entrenándose prácticamente igual que lo hacían antes de la guerra (con las lógicas dificultades de un estado de guerra) perfeccionando los estilos y los métodos de entrenamiento.
 
Fruto de todo ello han estado los relativamente numerosos récords mundiales (31 en Estados Unidos, 30 en categoría masculina, mientras en Europa son 21, 20 en categoría femenina) logrados entre 1940 y 1945. Frente a ellos, poca cosa se prevé que puedan hacer unos países europeos, apenas salidos de la terrible contienda bélica que los ha dejado literalmente desangrados, material, física, y moralmente, una Australia víctima de su aislamiento, ó los países asiáticos, africanos o sudamericanos, que bien poco representan en nuestro deporte, exceptuando algunas individualidades, excluyendo, naturalmente, japoneses y alemanes, que, como ya se ha dicho, han estado excluidos de la competición.
 
Un único nadador parece poder plantar cara a los norteamericanos y alzarse con un cierto favoritismo. Es el francés Alex Jany, que el año anterior, 1947, en los Campeonatos de Europa disputados en la piscina de 50m. y agua salobre de Montecarlo Beach, había efectuado una importante “caza” al récord, superando el mundial de los 400m.crol, 4,35”2 en p.50m., y, días más tarde, los de 100 y 200m.crol, 55”8 y 2,05”4, estos dos en p.25m. y agua salobre (lo cual favorece los tiempo logrados) además de conseguir también el mejor tiempo mundial en piscina de 50m., 56”2 en Montecarlo Beach (también en agua salobre) y unos magníficos 57”3 en la “dura” piscina de Tourelles, a una sola décima del mejor tiempo mundial en condiciones olímpicas del japonés Yusa. Los franceses cuentan con él para lograr el primer título olímpico, desde que Taris, el 1932, hubiese fallado por una suela décima de segundo.
 
Digamos también, para no repetirlo en cada una de las pruebas, que ninguno de los campeones de Berlín-1936 estará en Londres para defender su título, ya sea al haber muerte durante la guerra (como es el caso del húngaro Csik, muerto en las calles de Budapest, en el curso de la ”liberación” de la ciudad por el ejercito soviético), ó por haberse retirado de la natación. Si habrá algunos casos excepcionales que, por su juventud, ya habían competido en Berlín y aún pueden hacerlo en Londres doce años después, intentando recuperar aquellos cinco años que la guerra les había arrebatado. Los iremos mencionando al hablar de sus pruebas.
 
Las pruebas se disputan entre el 30 de julio y el 7 de agosto, con una participación total de 34 países, 30 en categoría masculina, y 18 en la femenina, con estreno de cinco de ellos: Colombia, Cuba, Islandia, Pakistán (que estrena igualmente su independencia) y Uruguay. También hay que mencionar la participación de la India, que aunque ya lo había hecho en Amsterdam-1928 y en Los Ángeles-1932, lo hace ahora en Londres en calidad de nación plenamente independiente.

Salida de los 100 libre
 
100m.crol: récord mundial en poder del norteamericano Alan Ford, 55”4, el 29 de junio del mismo año olímpico, en la p.25 yardas de la Universidad de Yale (el mejor tiempo mundial en piscina larga continúa en poder del japonés Masanori Yusa, 57”2, en 1935, en Tokio, aunque hay los mencionados 56”2 del francés Alex Jany, en los Europeos de Montecarlo, en piscina de agua salobre); récord olímpico en poder de los japoneses Shoji Taguchi y Masanori Yusa con sus 57”5 de las eliminatorias y semifinales, respectivamente, de Berlín-1936. Eliminatorias y semifinales el 30 de julio, final el 31.
41 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más los cuatro mejores tiempo del resto de clasificados pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempo del resto de clasificados, nadan la final.
 
Llevado en voladas por unos aficionados que hacen casi una cuestión de honor el ganar las dos pruebas en las que participa, los nervios del gigante francés Alex Jany, el héroe de Montecarlo, un año antes, ceden totalmente. Los velocistas norteamericanos, ya desde las eliminatorias, demuestran estar mucho más acostumbrados al alto nivel de la competición, gracias a su sistema de competiciones universitarias. Sin ninguna novedad en las eliminatorias, el norteamericano Walter Riss, conocido como el ”Apolo de Chicago”, iguala el récord olímpico de los japoneses en Berlín-1936, 57”5 en la segunda semifinal.
 
Al día siguiente, en la final, los norteamericanos no fallan. Mucha igualdad hasta el viraje, donde prácticamente todos los finalistas giran al mismo tiempo, con una corta ventaja para Jany. Entre los 50 y los 75 metros, el recordista mundial Alan Ford da un tirón que le permite conseguir unos cortos centímetros de ventaja. Mientras Jany empieza a hundirse, Riss reacciona en los últimos quince metros y alcanza a su compatriota justo a la llegada, aunque los cronómetros no reflejan la estrecha diferencia entre ambos. Con un tiempo de 57”3, nuevo récord olímpico,
 
Riss se proclama campeón, dejando para Ford el segundo lugar, 57”8, mientras el húngaro Geza Kadas, 58”1, se impone en los últimos metros al tercer norteamericano, Keith Carter, y a Jany, acreditados ambos del mismo tiempo, 58”3. Como en Berlín, todos los finalistas bajan del minuto, aunque en Londres sean ocho finalistas en lugar de los siete de Berlín.
 


Llegada de la primera serie de los 400 libre

400m.crol: récord mundial en poder del francés Alex Jany, 4,35”2, el 12 de septiembre de 1947, en la p.50m. y agua salobre de Montecarlo-Beach (había un mejor tiempo de 4,33”0 logrado por el japonés Hironoshin Furuhashi, aquel mismo año, pero que, por las razones que explicaremos más abajo, no era oficial). El mejor tiempo mundial oficial en piscina larga y agua dulce estaba en poder del norteamericano Bill Smith, 4,39”6, logrado sobre 440 yardas, el 8 de agosto del 1942, en New London).

 
Eliminatorias el 31 de julio y 2 de agosto, semifinales el 3 de agosto, final el 4. 42 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más los cuatro mejores tiempo del resto de clasificados pasan a semifinales, los dos mejores de cada una de las cuales, más los cuatro mejores del resto de clasificados, nadan la final.
 
Vencido en el hectómetro, Jany participa en esta prueba casi como un mero formulismo, al no ser la que se mejor se adapta a sus condiciones físicas, a pesar de que continúe teniendo en su poder el récord mundial. Bill Smith, otro producto de la inagotable cantera hawaiana de la natación USA, al que Jany había arrebatado el récord mundial, (4,38”5 en 1941, p.de 25 yardas) es el gran favorito de la prueba, a pesar de que este título le pueda ser disputado por la nueva hornada de mediofondistes, capitaneados por su compatriota Jim McLane, y otros nadadores europeos y australianos, siendo precisamente McLane el primero en superar el récord olímpico de Medica, con unos 4,42”2 al ganar la 1ª. eliminatoria.
 
En la final, sin embargo, el hawaiano se pone rápidamente al mando de la carrera, destacándose con parciales relativamente rápidos, 1,03”9 en los 100m., seguido por el argentino Alfredo Yantorno, 1,05”4, y Jany, 1,05”7, con el resto de finalistas entre 1,06”5 y 1,07”3, este último tiempo correspondiendo a McLane. A mitad de prueba, Smith continúa destacado, 2,15”6, ahora ya por delante de McLane, 2,19”6, un segundo por delante del resto de finalistas, con el húngaro Kadas en último lugar, 2,23”6. El siguiente hectómetro es la auténtica estampida: mientras Smith continúa primero, 3,28”5, McLane se prepara para iniciar una remontada que no tendrá, sin embargo, ningún éxito, 3,31”5, ya en solitario por delante del australiano John Marshall, 3,34”3, y el húngaro Gyorgy Mitro, 3,34”9.
 
Finalmente, Bill Smith se proclama campeón olímpico con un nuevo récord olímpico, 4,41”0, por delante de McLane, que no ha podido ni igualar su tiempo de la eliminatoria, 4,43”4, mientras Marshall es tercero, 4,47”7, por delante de Kadas, 4,49”4, que en el último hectómetro, nadado en 1,10”0, el mejor de los ocho finalistas, ha iniciado una remontada que lo ha llevado a este cuarto lugar, aunque sin poder inquietar al australiano. Jany, 4,51”4, es sexto, demostrando que no había conservado, ni con mucho, la forma, ni física ni psicológica, de la que había gozado un año antes en los Europeos de Montecarlo.
 
1.500m.crol: récord mundial en poder del japonés Tomikatsu Amano, 18,58”8, el 10 de agosto de 1938, en Tokio; récord olímpico aún en poder del japonés Kusuo Kitamura con aquellos 19,12”4 de la final de Los Ángeles-1932. Eliminatorias el 5 de agosto, semifinales el 6, final el 7. 39 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más los cuatro mejores tiempo del resto de clasificados pasan a semifinales, los dos mejores de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempos restantes, nadan la final.
 
Ausente Bill Smith de esta prueba, McLane es el máximo favorito. Ninguna novedad ni en las eliminatorias ni en las semifinales, donde únicamente McLane y Marshall bajan, y por muy poco, los veinte minutos, 19,52”2 y 19,53”8 respectivamente, en una prueba que no tiene mucho más nivel del que había tenido en 1932 ó 1936.
 
Después de un primer hectómetro con el húngaro Mitro en cabeza, 1,07”2, Lane, 1,08”6, coge el mando, seguido, aunque cada vez más atrasados, por Mitro (con un pésimo estilo, aunque, ciertamente, muy eficaz) y Marshall. 2,22”3, 3,36”8, 4,52”9, y 6,09”6, en el primer tercio de la prueba, donde su ventaja es de poco menos de ocho segundos, 6,17”2 para Marshall que se avanza a Mitro en estos quinientos metros, 6,17”6, con su compatriota Gyorgy Csordas cuarto en 6,22”0. A partir de este momento, sin embargo, Marshall inicia una magnífica remontada, al mismo tiempo que se deshace de Mitro. Acelera su ritmo, tomándole entre uno y dos segundos en cada hectómetro (7,27”7 por 7,35”0 en los 600m.; 10,06”0 por 10,12”1 en los 800m.; 12,44”4 por 12,47”2 en el kilómetro).
 
El australiano incluso llega a girar primero en el viraje de los 1.200m., 15,23”1 por 15,23”3, ya completamente destacados de Mitro, 15,42”4, que “navega” en solitario en un cómodo tercer lugar. Parece, por unos momentos, que Marshall ha sabido dosificar mucho mejor su esfuerzo, y puede hacerse con la victoria. Es no conocer a McLane, que, a pesar de sus jóvenes 18 años, es ya un de los mejores tácticos mundiales.
Aumenta ligeramente su ritmo, y Marshall, agotado por su propia remontada, no tiene otro remedio que dejarle marchar, ahora sí de manera definitiva, hacia la victoria final. El hecho de no tener que forzar en los tres últimos hectómetros, 1,18”9, 1,18”1 y 1,18”2, habla largamente de la superioridad táctica del norteamericano, que tantas victorias le proporcionará a lo largo de su carrera deportiva. El ritmo del australiano, en cambio, que ha estado sobre el 1,17” – 1,18” en los 600 – 1.200m. de la carrera, baja súbitamente a 1,21”5, 1,24”4 y 1,22”3 en los trescientos últimos metros. Mitro, en tercer lugar desde los 500m., no tiene ningún problema en lograr el tercer escalón del podio, ante su compatriota Csordas, únicos que, juntamente con los dos primeros, han bajado los veinte minutos, 19,43”2 por 19,54”2.
 
El tiempo final de McLane, 19,18”5 (19,31”3 para John Marshall) no se acerca al viejo récord olímpico, que continuará vigente cuatro años más, demostrando una cierta regresión del nivel de esta prueba, con solo cuatro hombres por debajo de los veinte minutos, mientras en Berlín, ocho años antes, lo habían logrado los siete finalistas. 
Jim McLane, otro de los “niños-prodigio” de la natación mundial de todos los tiempo, se había destacado en 1945 cuando, con poco menos de 15 años, había ganado las 880 yardas y los 1.500m. de los campeonatos nacionales USA, convirtiéndose en uno de los mejores nadadores mundiales.
 
Mientras tiene lugar la ceremonia de proclamación de campeones del kilómetro y medio, los teletipos de las agencias de prensa lanzan al aire de la piscina londinense una noticia, según la cual, en Tokio, un joven japonés, Hironoshin Furuhashi, ha nadado esta prueba en un tiempo de 18,37”0, pulverizando literalmente el récord mundial de su compatriota Amano. La Federación Japonesa, expulsada de la FINA, y no invitada a los Juegos (igual que Alemania y algunos otros países aliados del nazismo durante la pasada II Guerra Mundial) y con la finalidad de calibrar las posibilidades de sus nadadores, de caras a una eventual readmisión, incluso, hay que decirlo, como una cierta protesta por esta exclusión de la cita olímpica, ha programado sus campeonatos nacionales por las mismas fechas que los Juegos.
 
Así, mientras Smith ha ganado los 400m. con un tiempo de 4,41”0, el mismo Furuhashi ha nadado esta distancia en unos magníficos y sorprendentes 4,33”0, p.de 50m. y agua dulce, evidentemente superior al tiempo del hawaiano, y en más de dos segundos al mundial de Jany. Los teletipos difundiendo esta noticia, se encargan de rematar la obra iniciada por los técnicos japoneses (algunos de ellos son los que, antes de la guerra, habían logrado, en las aguas de las piscinas, la supremacía mundial para su país): algunos de los campeones olímpicos de Londres no son, aquellos días, los mejores del mundo.
 
Japón y sus nadadores, juntamente con los alemanes, deberán esperar hasta 1949 para ser readmitidos en los máximos organismos del deporte mundial, pudiendo volver a competir a nivel mundial. Invitados a los campeonatos nacionales de verano USA (en un gesto altamente deportivo que hace honor a unos dirigentes, perfectamente conscientes de la superioridad japonesa en aquellos momentos) los nadadores japoneses escribirán entonces, en el mismo Estadio Náutico de Los Ángeles que había visto, diecisiete años antes, las proezas de sus recordados Miyazaki, Kitamura, Kiyokawa o Tsuruta, una de las páginas más brillantes de la historia de la natación mundial.
 
Regresemos ahora, sin embargo, a los Juegos de Londres.
 
4x200m.crol: récord mundial, récord olímpico, y mejor tiempo mundial en piscina larga, en poder de un cuarteto japonés, con los 8,51”5 de la final olímpica de Berlín-1936. Eliminatorias el 2 de agosto, final el 3. 14 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias, los dos primeros de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempo restantes, pasan a la final.
 
Ganadores de las tres pruebas de crol, los norteamericanos son los grandes favoritos, a pesar de que, en las eliminatorias, sean vencidos por los húngaros, aunque sin llegar a superar, todavía, el récord olímpico de los japoneses.
 
En el primer tramo de la final, Walter Risst toma un segundo de ventaja sobre el húngaro Imre Nyeki, 2,14”3 por 2,15”3, en los peores parciales de sus respectivos equipos, mientras el sueco Lunden es tercero, 2,19”2, por delante del francés Padou, 2,19”4, y del yugoslavo Ilic, 2,19”6. Mitro, con su estilo desordenado, se pega desesperadamente al norteamericano Wolf, rehaciendo su desventaja, dando el turno al tercer húngaro en primer lugar, aunque solo sea por una corta décima de segundo, 4,26”6 por 4,26”7, mientras Suecia se reafirma en el tercer lugar, 4,37”7, por 4,38”7 de los yugoslavos, y 4,39”2 de Francia.
 
Los norteamericanos, empero, tienen sus dos mejores hombres preparados en los dos últimos lugares, y Jim McLane, 2,10”3, puede coger un segundo de ventaja a su rival directo húngaro, Szatmary, 2,11”4, y, de esta manera, son los dos mejores de cada cuarteto los que se enfrentan en el cuarto y decisivo relevo para vencer en la prueba quizás más codiciada de los Juegos. Pese al esfuerzo del húngaro Kadas, Bill Smith no tiene problemas en lograr la victoria, señalando el mejor parcial de los treinta y dos finalistas, 2,09”0, por los 2,10”4 de Kadas, y con un tiempo de 8,46”0, superan el récord olímpico de los japoneses a Berlín, cosa que también hacen los húngaros, segundos en 8,48”4.
 
Por el tercer lugar, Suecia continúa dominando al finalizar el tercer tramo, 6,52”7, por delante de yugoslavos y franceses, 6,56”0 y 6,58”6 respectivamente, aunque han lanzado sus dos mejores hombres en segundo y tercero lugar, intentando crear un “agujero” decisivo entre su equipo y los franceses. Es ahora el momento de lanzarse al agua de Alex Jany. Liberado por una vez de su responsabilidad individual, el francés da, finalmente, la medida de su gran calidad, remontando, primero al nadador yugoslavo, y, ya en el último largo, al sueco, ofreciendo a su equipo una medalla de bronce, 9,08”0, per 9,09”1 de los suecos, y 9,14”0 de los yugoslavos, que palia, en lo posible, la decepción de las pruebas individuales, al mismo tiempo que señala unos magníficos 2,09”4, segundo mejor tiempo de los treinta y dos finalistas.
 
Salida de una serie de los 100 espalda
 
100m.espalda: récord mundial en poder del norteamericano Allen Stack, 1,04”0, el 23 de junio del mismo 1948, en la p.25 yardas de la Universidad de Yale (mejor tiempo mundial de piscina larga en poder del también norteamericano Adolph Kiefer, 1,05”4, el 4 de julio de 1940, en Santa Bárbara); récord olímpico también en poder de Adolph Kiefer con sus 1,05”9 de la final olímpica de Berlín-1936. Eliminatorias el 4 de agosto, semifinales el 5, final el 6. 39 participantes repartidos en 6 eliminatorias, los dos primeros de cada una, y los cuatro mejores tiempos pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, y los cuatro mejores tiempos nadan la final.
 
El gigantesco Allen Stack, 197cm. de altura, que pocos días antes de los Juegos había arrebatado a Kiefer el récord mundial, triunfa en esta prueba, aunque con más dificultades de las previstas, y dejando en pie el récord olímpico de quien ha sido, sin ninguna discusión, el mejor espaldista mundial hasta aquel momento.
 
Encabezando la prueba desde los primeros metros, Stack señala un buen parcial de 30”2, pareciendo incluso con posibilidades de acercarse a su récord mundial en piscina corta. Baja, sin embargo, su ritmo en el segundo largo, permitiendo incluso que su compatriota Robert Cowell casi le igualé en los últimos metros, imponiéndose finalmente por una sola décima de segundo, 1,06”4, por 1,06”5 de Cowell, segundo clasificado. Tercero de la prueba, luchando como en él ya es habitual, con su poco ortodoxo estilo, es el francés George Vallerey con un tiempo de 1,07”8, lejos ya del resto de finalistas, entre los que el argentino Chaves, y el mejicano Mejia, son cuartos, ambos con el mismo tiempo, 1,09”0.
 
Será prácticamente la última aparición del brioso francés entre las corcheras de una piscina. Cinco años después morirá, víctima de un cáncer contra el que luchará desesperadamente, con el mismo espíritu y coraje que mostraba en las competiciones, y el mismo heroísmo que lo había llevado en 1942, durante la II Guerra Mundial, y con solo 14 años, a salvar a más de diez marineros de los barcos de guerra que se hundían en el puerto de Casablanca, donde había nacido y vivía. A su muerte, a los veinticinco años, y como sentido homenaje, el Municipio de París puso su nombre al viejo Estadio Náutico de Tourelles, escenario de los Juegos Olímpicos del 1924.   
 
Señalamos que el ganador, Allen Stack, hacía servir, y creemos que por primera vez en una gran competición internacional, unas pinzas que le tapaban la nariz, impidiéndole la entrada de agua, y le permitían respirar únicamente por la boca. No es un “adminículo” que se pueda ver frecuentemente en las piscinas, aunque siempre sde ha continuado usando.
 
200m.braza: récord mundial en poder del norteamericano Joe Verdeur, 2,30”0, el 28 de junio de aquel mismo año olímpico, p.25 yardas de la Universidad de Yale, nadando en mariposa (mejor tiempo mundial en piscina larga al poder del mismo Joe Verdeur, 2,38”4, en 1947); récord olímpico en poder del japonés Tetsuo Hamuro con sus 2,42”5 de la final de Berlín-1936, tiempo que también representa el mejor tiempo mundial de piscina larga nadado en braza clásica.
 
Eliminatorias el 5 de agosto, semifinales el 6, final el 7. 32 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más los 6 mejores tiempo pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempo nadan la final. 
 
En la 2a.eliminatoria, y con un tiempo de 2,40”0, Verdeur supera el récord olímpico de Hamuro, logrado, en braza clásica, mientras que el norteamericano ya se beneficia de una mariposa que ha evolucionado mucho en relación a la de doce años antes.
En la final, el recordista mundial domina a lo largo de toda la prueba, 33”4 en el primer viraje; 1,13”3 en el hectómetro, con una cierta ventaja sobre su compatriota Sohl, a un segundo, 1,14”3, mientras el egipcio Kandil es tercero, 1,14”8, lejos del resto de finalistas, donde el yugoslavo Cerero es cuarto en 1,17”1.
 
Manteniendo su ventaja, Verdeur, pese a hundirse ligeramente en los últimos metros, no tiene ningún problema para ganar el título olímpico, 2,39”3, nuevo récord olímpico. Keith Carter, cuarto clasificado de los 100m.crol (y considerado como el nadador más completo de su tiempo) remonta espectacularmente en el segundo hectómetro hasta el segundo lugar (era sexto en 1,17”5 a mitad de carrera) alcanzando a un hundido Sohl, 2,40”2 por 2,43”9, que aún puede lograr el tercer lugar, en el único triple de la natación USA, pese al último esfuerzo del australiano John Davies, a quien los cronometradores conceden un tiempo inferior al de Sohl, 2,43”7 por 2,43”9, aunque los jueces de llegada dictaminen a favor del norteamericano, sin modificar sus tiempos, cosa perfectamente legal en aquel tiempo, y que contemplaba el reglamento de la FINA, a pesar de su aparente contradicción.
 
Señalemos que en semifinales de esta prueba había sido eliminado el francés Alfred “Artem” Nakache, ex-recordista mundial de la prueba, 2,36”8 en 1941, p.25m. Poco después de conseguir este récord, y acusado del “delito” de ser de raza judía, será detenido por la Gestapo y deportado a un campo de concentración, donde morirán su esposa y su pequeña hija. Sobreviviente de la gran tragedia de los deportados, reemprendió los entrenamientos con vistas a estos Juegos. Marcado por los sufrimientos, y fuera ya de su mejor forma, no puede pasar de las semifinales, como ejemplo de aquellas generaciones de deportistas que vieron rota su juventud y su carrera por la guerra.
 
Último clasificado de esta final, el holandés Bob Bonte, 2,47”6, es el único adepto de la braza clásica que ha conseguido un lugar en la final. La modalidad clásica languidecia lentamente ante la clara superioridad de su “hermanastra” mariposa. En Berlín, doce años antes, los clasicistas todavía habían podido conseguir una cierta superioridad, gracias al poco tiempo que hacía del redescubrimiento de la mariposa, aunque sus practicantes, apoyados en las piscinas cortas, ya se habían apoderado de los récords mundiales.
 
Ahora, en Londres, doce años después, el único clasicista que llegaba a la final lo hacía en último lugar, sin ninguna posibilitada de acceder al podio de campeones, pero incluso sin acercarse al tiempo señalado por Hamuro ó Koike doce años antes. La FINA, sin embargo, poco o nada hacía por acabar con esta situación, a pesar de los intentos de ciertos países (EE.UU., Hungría, el Japón, entre otros) que reclamaban la urgente separación de ambas modalidades como única posibilidad de salvar la braza-clásica de su total desaparición como estilo de competición.
 
En la reunión de la FINA que tuvo lugar a lo largo de las mismas jornadas olímpicas, se acabó reglamentando que en el transcurso de una prueba de “braza” no se podría cambiar de modalidad, es decir, si se empezaba nadando en mariposa, no se podría cambiar a la modalidad clásica, ó al contrario. Con todo, esta reglamentación no quería decir otra cosa que, siempre bajo el nombre de “braza”, se continuaba permitiendo la mezcla de ambas modalidades. La nueva reglamentación no dio, sin embargo, el resultado apetecido, ya que, ante el dilema, casi todos los especialistas continuaron entrenándose en mariposa, acentuando el declive de la braza-clásica.
 
Como sus compañeros, las nadadoras norteamericanas pueden recuperar en Londres una gran parte de la supremacía perdida en Berlín a manos de sus rivales europeas, como fruto de la relativa tranquilidad de que han gozado a lo largo de la guerra, comparada con los estragos de la terrible guerra, y la no mucho menos terrible posguerra de Europa. Las Kint, Mastenbroek, DenOuden, Hveger, Sorensen o Frederiksen, no tenían sucesoras de su categoría, y sus récords se mantenían en el ranking, frente al asalto de las mejores nadadoras de posguerra, como una señal más de su calidad. Una de las mejores nadadoras de aquella época, la danesa Ragnhild Hveger, recordista mundial de los 200, 400, 800 y 1.500m.crol (además de otras distancias en yardas e intermedias (300, 500, 1.000m., o la milla, entre otros), convertida ya en uno de los mitos de la natación mundial, había sido suspendida por su propia federación, acusada de un cierto colaboracionismo con los invasores alemanes (parece que se había desplazado a Alemania, concretamente a la Academia de Marina de Kiel, para dar clases de natación en el período bélico, mientras Dinamarca estaba en poder de las tropas nazis), y lo mismo había pasado con algunas de las nadadoras holandesas del período de anteguerra (Waalberg, Kint, Styl, entre otras) todo lo cual había debilitado la potencia de la natación europea.
 
100m.crol: récord mundial en poder de la holandesa Willie DenOuden, 1,04”6, el 27 de febrero del 1936, en Amsterdam, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la misma DenOuden, 1,05”2, en 1935, en Doorwelth); récord olímpico en poder de la también holandesa Ria Mastenbroek con los 1,05”9 de la final de Berlín-1936. Eliminatorias el 30 de julio, semifinales el 31, final la 1r.de agosto. 34 participantes repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más los seis mejores tiempo, pasan a semifinales, las dos primeras de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempo nadan la final.
 
En la 1a.semifinal, la danesa Greta Andersen se perfila como una de las favoritas al igualar el récord olímpico de Mastenbroek, por delante de su compatriota Fritzie Nathansen-Carstensen, campeona de Europa el año anterior, segundo mejor tiempo, 1,06”4.
 
La final se juega prácticamente entre Andersen y la norteamericana Ann Curtis, después de que Nathansen se haya “suicidado”, deportivamente hablando claro está, pasando la primera en el viraje con unos 30”0 que no le dejarán ninguna opción en el segundo largo, hundiéndose progresivamente hasta acabar octava y última, 1,09”1. La corta ventaja lograda por Andersen en los primeros 50m., le permiten resistir el retorno de la norteamericana en los últimos metros, al ser una nadadora más especialista de 400 y 800m. Andersen gana en un tiempo de 1,06”3, sin acercarse a su tiempo de semifinales, dos décimas por delante de Curtis, 1,06”5, mientras la holandesa Marie-Louise Vaessen arranca un inesperado tercero lugar, imponiéndose a la otra danesa, Karen-Margaret Harup, más especialista de espalda, pero que también destaca en crol, cuarta en 1,08”1.
 
Señalemos, como ya lo hemos hecho en los 200m.braza masculinos, la particularidad del reglamento, que obliga a mantener los tiempos de los cronometradores, a pesar de que no se acomoden al orden de llegada establecida por los jueces correspondientes. Así, la 3ª. eliminatoria de estos 100m.crol da, ante la sorpresa del público, la siguiente clasificación: 1a.E.Ahlgren(SWE) 1,08”7; 2a.K.M.Harup(DEN) 1,08”4; 3a. M.McQuade(AU) 1,08”6 4a. P. Tavares(BRA) 1,08”6, es decir, que la primera clasificada era acreditada con un tiempo peor, no ya que el de la segunda clasificada, sino incluso que el de la cuarta clasificada.
 
400m.crol: récord mundial en poder de la danesa Ragnhild Hveger, 5,00”1, el 15 de septiembre de 1940, en Copenhague, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la misma Hveger, 5,09”0, el 1938, en los Europeos de Londres); récord olímpico en poder de la holandesa Ria Mastenbroek con los 5,26”4 de la final de Berlín-1936. Eliminatorias el 5 de agosto, semifinales el 6, final el 7. 19 participantes repartidas en 3 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más los diez mejores tiempo pasan a semifinales, las dos primeras de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempo nadan la final.
 
Se espera una fuerte lucha entre las dos primeras del hectómetro, y la danesa Harup, mucho más fuerte en esta prueba que no en el hectómetro. En la tercera eliminatoria, y cuando se llevaban poco más de 200m., camino de clasificarse para semifinales, Greta Andersen se desvanece dentro del agua y hay que lanzarse a ella para salvarla de un seguro accidente. La indisposición no pasará, empero, de un pequeño susto, como lo demostrará al día siguiente en el curso de los 4x100m., aunque, naturalmente, la aparta de la lucha por el título de estos 400m.
 
Únicamente Harup puede impedir ahora la victoria de Curtis. En semifinales, fuerte lucha en la primera entre Harup y la belga Fernande Caroen (una de las pocas sobrevivientes de anteguerra, ex-recordista mundial de los 500m.libres, y tercera de los 400m.crol de los Europeos de 1938). La danesa gana en un tiempo de 5,25”7, nuevo récord olímpico de la prueba, cuatro décimas por delante de la belga, que también supera el anterior récord. En la segunda semifinal, Curtis iguala, 5,26”4, el ya exrécord de Mastenbroek. La final se anuncia, pues, muy abierta.
 
Esta se inicia con mucha igualdad, con la inesperada brasileña Piedade Coutinho (ahora Tavares por su matrimonio, otra de las sobrevivientes de la final de Berlín, doce años antes) en cabeza de la prueba, 1,12”4, seguida de Curtis, y de Nathansen, ambas a un décima, y Harup a dos, 1,12”6, seguidas de Caroen, 1,13”3, y el resto de finalistas. A mitad de prueba, la norteamericana ya es primera, 2,34”0, aunque solo cuatro y ocho décimas por delante de Harup y Nathansen, mientras Caroen es cuarta, 2,37”2, por delante de Tavares, a tres décimas. El tercero hectómetro será decisivo para la prueba. Mientras Curtis logra mantener su ritmo, 3,55”6, Harup no lo consigue y se aleja de su rival, 3,58”1, mientras tras ella Caroen es tercera, 4,01”5, y la británica Cathy Gibson, que era séptima en los 100 y 200m., 1,15”2 y 2,39”4, ya es cuarta, amenazando a la belga, 4,02”4.
 
Nathansen, como en los 100m., se ha hundido totalmente y es octava y última, 4,06”0, después de señalar un muy discreto 1,31”2 en este tercer hectómetro.
 
Con un tiempo de 5,17”6, nuevo récord olímpico, y sin ser inquietada, Curtis se proclama campeona olímpica, por delante de Harup, segunda en 5,21”2. La británica Gibson, tercera en 5,22”5, con un magnífico final, 1,20”1 en el último hectómetro, el mejor de las ocho finalistas, llega incluso a inquietar a la danesa, entre los aplausos de un público local que pocas alegrías ha podido vivir en la piscina londinense, lejos ya del resto de finalistas, cuarta es Caroen en 5,25”3, mientras Tavares, que ha llegado a Londres con su marido y su pequeña hija, es sexta, 5,29”4, sin poder mejorar su quinto lugar de Berlín, demostrando que el tiempo no paso en balde.
 
Podio de los 4×100 libre femenino
 
4x100m.crol: récord mundial en poder de un cuarteto danés, 4,27”6, el 7 de agosto de 1938, en Copenhague, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de un cuarteto holandés, 4,31”6, el 1938, en el curso de los Europeos de Londres); récord olímpico al poder de un cuarteto holandés con los 4,36”0 de la final de Berlín-1936.
 
Eliminatorias el 4 de agosto, final el 6. 12 cuartetos inscritos, repartidos en 2 eliminatorias. Los dos primeros de cada eliminatoria, más los cuatro mejores tiempo nadan la final.
 
Esta prueba ofrece a los espectadores una de las finales más emocionante y disputada de estos Juegos. Danesas y holandesas, al ganar ambas eliminatorias, dejan establecidos sendos récords olímpicos, con tiempo de 4,33”5 y de 4,31”3 respectivamente. Por una vez, una flor no hace estío, el equipo USA es el mismo en las eliminatorias que en la final.   
 
Ventaja, aunque corta, de la holandesa Schumacher en el primer tramo de la final, 1,08”8, por delante de la danesa Riise, 1,09”0, la norteamericana Corridon y la francesa Arene, con 1,09”2 para ambas. La corta ventaja holandesa continúa en el segundo tramo con Marsman, 2,16”8, mientras la norteamericana Kalama pasa al segundo lugar, 2,17”0, merced al discreto segundo parcial de la danesa Harup, 1,08”7, que están ahora a siete décimas del cuarteto USA, 2,17”7, muy por delante ya del resto de finalistas. El tercer tramo del equipo danés está encomendado a la campeona olímpica Andersen.
 
Pareciendo volar sobre el agua, alcanza a sus dos rivales ya en el viraje, continuando su esfuerzo hasta dar el testigo a su última compatriota , con una clara ventaja, 3,22”5, poco menos de dos segundos por delante de la holandesa, Vaessen 3,24”3, y a dos y medio de la norteamericana, Helser, 3,25”0. Público y cronometradores consultan sorprendidos sus cronómetros; la danesa ha nadado su hectómetro en un magnífico tiempo de 1,04”8, únicamente a dos décimas del legendario récord de DenOuden. La prueba parece ya completamente decidida favor de las danesas, aunque la última norteamericana en lanzarse a la agua es Curtis.
 
En un extraordinario esfuerzo, eclipsará totalmente el registro de su vencedora en la prueba individual. Con siete décimas de retraso sobre la holandesa Termeulen, la atrapa ya antes de llegar al último viraje, aunque la danesa parezca ya totalmente fuera de su alcance, tanto más tratándose de Fritzie Nathansen. Ninguna victoria, sin embargo, es segura antes de llegarse al muro de llegada, y así lo demuestra la norteamericana. Sin relajarse, continúa su esfuerzo, alcanzando a la danesa pocos metros antes de la llegada. Entre el entusiasmo del público puesto en pie, Ann Curtis da la victoria a su equipo, señalando, con 4,29”2, un nuevo récord olímpico (técnicamente superior al mundial de las danesas) cuatro décimas por delante de las danesas, 4,29”6 (donde Nathansen ha nadado en unos discretos 1,07”1, “colaborando”, de manera totalmente involuntaria, naturalmente, a la victoria USA) mientras Termeulen ha quedado en este último tramo completamente descolgada 1,07”3, y es tercera, 4,31”6, muy por delante de la Gran Bretaña, cuarta en 4,34”7.
 
Ann Curtis, seguramente la mejor nadadora de estos Juegos, ha nadado su tramo en un tiempo de 1,04”2, cuatro décimas por debajo del mundial, aunque le sea técnicamente superior, pues si por un lado tiene la desventaja de haber sido logrado en un parcial interno, e incluso, en cierta medida, con una “liebre” (en este caso la danesa Nathansen), por otro lado tiene la ventaja de haberlo sido en una piscina de 50m., es decir, con dos virajes de menos. Todo ello, pues, representaría el mismo tiempo de 1,04”2, logrado en piscina de 25m. y salida reglamentaria de una prueba individual. Todo esto, lógicamente, son disquisiciones técnicas, que no impedirán que los 1,04”6 de DenOuden continúen manteniéndose como récord mundial durante ocho largos años más.

Karen Harup
 
100m.espalda: récord mundial en poder de la holandesa Cor Kint, 1,10”9, el 22 de noviembre de 1939, en Roterdam, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la misma Kint, 1,14”5, en 1939, en Amsterdam); récord olímpico de la holandesa Nida Senff, 1,16”6, eliminatorias de Berlín-1936. Eliminatorias el 3 de agosto, semifinales el 4, final el 5. 23 participantes repartidas en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más los ocho mejores tiempo pasan a semifinales, las dos primeras de cada una de las que, más los cuatro mejores tiempo nadan la final.
 
Derrotada en las pruebas de crol, la danesa Karen Harup es la máxima favorita en la de espalda, estilo que domina completamente, y que únicamente se estrella ante el viejo récord mundial de Kint. Demostrando claramente su superioridad, la danesa supera, al ganar la 2a.eliminatoria, y la 1a.semifinal, el récord olímpico con dos tiempo de 1,15”6 y 1,15”5.
 
Al hacerse la llamada de las nadadoras finalistas de esta prueba, únicamente siete de ellas responden. Falta, precisamente, Harup. Al hacerse la tercera y última convocatoria, aparece, resoplando, la danesa. ¿Qué ha pasado?. Harup no ha encontrada ningún taxi para trasladarse a la piscina y ha tenido que fiarse, primero del metro, y después de sus piernas, corriendo desde la estación de Wembley hasta el Estadio Náutico, llegando justo a tiempo de disputar la final.
 
Aún con el corazón en vilo, la danesa se lanza al agua. Pese a este pequeño incidente, la final se desarrolla de acuerdo con lo que se podía esperar. Destacada desde los primeros metros, 34”2 en el viraje, la danesa no tiene ningún problema en ganar el título olímpico con un tiempo de 1,14”4, nuevo récord olímpico, con más de segundo y medio de ventaja sobre la inesperada norteamericana Suzanne Zimmermann, 1,16”0, y de la australiana Judy-Joy Davies, 1,16”7, mientras la húngara Ilona Novak es cuarta, ya más lejos, 1,18”4.
 
Las grandes vencidas de esta final han sido las holandesas, que a pesar de clasificar sus tres representantes para la final, lo hacen finalmente en quinto, sexto y séptimo lugar, lejos del podio, demostrando que no han encontrado las sustitutas de aquellas míticas figuras que eran Nida Senff, Cor Kint o Iet Koster-VanFeggelen, dominadoras de este estilo en los años de anteguerra. Pese a todo, y al mismo tiempo, estos tres mismos lugares de finalistas demuestran que la natación holandesa continúa siendo la más abundante cantera de espaldistes de categoría mundial, y que es lógico pensar que únicamente sea cuestión de tiempo encontrar las sustitutas de aquellos mitos.
 
No dejamos aún estos 100m.espalda sin dedicar unas rayas a la representante neozelandesa, Ngaire Lane, que en sus actuaciones de eliminatorias y semifinales recibe la ayuda de cuatro guerreros maoríes desplazados aposta a la capital británica, y que, antes de lanzarse al agua la nadadora, ejecutan una danza ritual de su raza, invocando la ayuda de sus dioses. Todo ello, naturalmente, entre los aplausos y la diversión del público (pero de la preocupación de los organizadores por el retraso que el espectáculo les produce en el horario) y de su desencanto cuando, en las semifinales, no parece que la ayuda de aquellos dioses sea excesivamente eficaz, y Lane sea eliminada sin poder pasar a la final.
 
200m.braza: récord mundial en poder de la holandesa Nelly VanVliet, 2,49”2, el 20 de julio de 1947, en Hilversum, p.25m. (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la misma VanVliet, 2,56”3, el 9 de agosto de 1947, en Nueva York); récord olímpico en poder de la japonesa Hideko Maehata con sus 3,01”4 de las eliminatorias de Berlín-1936. Eliminatorias el 30 de julio, semifinales el 31, final el 3 de agosto. 22 participantes repartidas en 3 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más los diez mejores tiempo pasan a semifinales, las dos primeras de cada una de las cuales, más los cuatro mejores tiempo nadan la final.
 
Un nombre domina por encima de todas las inscritas en la prueba: el de la holandesa Petronella “Nelly” VanVliet, recordista mundial en todas las distancias de este estilo (100, 200, 400 y 500m., además de las 100 y 200 yardas) auténtica y genuina representante de la prestigiosa escuela holandesa de braza, destacando los 1,18”2 y 2,49”2 en los 100 y 200m., con los que ha sido la primera en nadar el doble hectómetro en menos de 2,50”. 
 
Ratificando su superioridad, VanVliet supera el récord olímpico al señalar un tiempo de 2,57”4 en la 3a. eliminatoria, minutos después de que la húngara Eva Szekely haya ganado la 2a. en 3,01”2, superando en dos décimas el anterior récord olímpico de Maehata. Al día siguiente, la holandesa ratifica aún más su hegemonía al superar de nuevo su récord olímpico ganando la 2a.semifinal en 2,57”0.
 
La final, sin embargo, no será fácil para la favorita. La húngara Eva Novak coge el mando de la prueba, y es primera a mitad de carrera, 1,23”6, por delante de la holandesa, 1,24”4, y de la otra Eva húngara, Szekely, 1,24”9, claramente por delante de la australiana Nancy Lyons, cuarta en 1,26”5. Hacia los 125m., VanVliet comienza a destacarse de las dos húngaras, y parece irse hacia un esperado y fácil triunfo, mientras Lyons, otra clasicista, inicia su remontada, atrapando poco a poco a las húngaras. A los 175m., la holandesa parece tener la final ganada, cuando Lyons inicia un rápido sprint, pareciendo poder atraparla.
 
Entre los gritos de ánimo del público británico (hay que recordar que en aquel tiempo Australia era un dominio británico) Lyons falla únicamente por cinco décimas, y VanVliet puede lograr un totalmente merecido título de campeona olímpica con un tiempo de 2,57”2, por 2,57”7 de Lyons, mientras Novak logra avanzarse a su compatriota Szekely, logrando el tercer y cuarto lugar, 3,00”2 y 3,02”5 respectivamente. Ambas han desarrollado un interesante juego táctico, consistente en intercambiar las modalidades en sus tres intervenciones: mientras Novak ha nadado braza clásica en las eliminatorias, y mariposa en semifinales y final, Szekely lo ha hecho al contrario.
 
Destaquemos precisamente este tercer y cuarto lugar de la natación húngara. Si la natación masculina ya se había destacado, incluso desde los primeros Juegos de Atenas (“Hajos”, DeHalmay, LasTorres, Barany, Csik, etc.) y había resurgido en Londres, nunca una nadadora del pequeño y deportivo país magiar había logrado subir a un podio olímpico de natación. Después de la guerra, bajo el dominio soviético, el trabajo de técnicos y deportistas, al amparo de un sistema político que tiene en los triunfos deportivos un importante medio de propaganda, ha empezado a dar sus frutos, y serán precisamente estas dos nadadoras las que más éxitos aportarán a su país, marcando el inicio de una brillando etapa que culminará cuatro años después con la conquista de la supremacía mundial.
 
El balance que se puede hacer una vez terminados los Juegos, demuestra que la superioridad japonesa en hombres, y holandesa en mujeres es cosa del pasado (dejando de lado, naturalmente, los tiempo no oficiales de los nadadores japoneses, divulgados en la misma piscina londinense durante los Juegos) en beneficio de la natación USA, compartida aún en el sector femenino por holandesas y danesas.
 
El sistema universitario USA, y la relativa paz que han gozado en el período bélico, les han permitido crear una infraestructura que parece asegurarles esta supremacía por un largo período de tiempo.
 
El grande vencedor de estos Juegos, como Ikaku Matsuzawa lo había sido en los de Los Ángeles-1932, ha sido el norteamericano Robert “Bob” Kiphuth, entrenador de la Universidad de Yale y de su versión civil, el New Haven S.C., cuyos nadadores forman una gran mayoría del equipo olímpico masculino norteamericano. Su famoso sistema de preparación física ha sido uno de los factores predominantes de los récords y victorias logradas por sus discípulos, habiendo sido recogido después por otros técnicos, mejorándolo, logrando, con ello, elevar algo más el nivel técnico de la natación mundial. Alan Ford, Jim McLane, Allen Stack, John Marshall (australiano, aunque becado en Yale) entre otros no menos importantes, son los más conocidos de un equipo que ha logrado numerosos récords mundiales y grandes victorias, siguiendo los métodos de entrenamiento de quien fue conocido, con toda justicia, como el “padre de la natación moderna” por la importancia de sus innovaciones técnicas. 
 
Guillem Alsina