Historia del estilo esplada. Quinto capítulo. La corta revolución australiana


David Theile

Diciembre de 1956. Juegos Olímpicos de Melbourne. Los nadadores australianos de crol y espalda borran prácticamente del mapa a sus principales rivales, norteamericanos y japoneses, ganando todas las pruebas. En el hectómetro de espalda, David Theile se impone de forma contundente, superando en la final el récord olímpico con un tiempo de 1,02”2 (récord que ya habia sido superado en la primera eliminatoria por el francés Robert Christophe, 1,04”2, y por otro australiano, John Monckton, segundo en la final, 1,03”4 en la cuarta). Los 1,02”2 de Theile son largamente superiores al récord mundial de Gilbert Bozon, 1,02”1…..en piscina de 25m.

 
La técnica de espalda demostrada por los dos australianos presentan notables diferencias con la modalidad Kiefer, iniciando una nueva era en este estilo. En efecto, copiando para este estilo los principios básicos que les habian permitido ganar la hegemonia mundial en el estilo crol, los australianos han ideado un estilo de espalda que otorga toda la potencia al movimiento de brazos, con entrada “a las 12”, con un movimiento de piernas muy flojo, en el cual los pies apenas sobresalen del agua, y en el que ni siquiera llegan a estirarse como ocurria en el batido japonés de 1932. Estos movimientos, rápidos y potentes, solo son posibles gracias a una posición muy alta del cuerpo, ligeramente arqueado, aunque no tiene nada a ver con la posición prácticamente “sentada” de la técnica japonesa de 1932.   
 
Como en los primeros tiempos de la espalda croleada, esta modalidad, por la posición excesivamente alta del cuerpo sobre el agua, únicamente se demuestra mucho más apta para distancias cortas, los 100m., en la que se progresa debidamente. Los 1,02”2 de Theile en la final olímpica son homologados, restrospectivamente, como récord mundial, cuando la FINA inaugura el ranking en piscinas de 50m. y/o 55y., récord que Monckton rebaja hasta 1,01”5, sobre las 110 yardas, el 15 de febrero de 1958 en Melbourne. No ocurre lo mismo en la prueba larga, los 200m., donde el progreso es más difícil, y únicamente el mismo Monckton impone el récord, 2,18”8 (15/01/1958, en Sydney, p.55y.) para superarlo en cuatro décimas, 2,18”4, pocas semanas después, 18 de febrero, en Melbourne, p.55y.
 
De forma harto sorprendente, David Theile conserva en Roma el título olímpico ganado cuatro años antes en Melbourne, después de haber abandonado la natación durante dos años, para atender a sus estudios de Medicina. Con 1,01”9 supera su récord olímpico, que habia sido igualado, 1,02”2, por el norteamericano Bob Bennett en la 1a. eliminatoria.
 
Los espaldistas USA parecen no creer en las ventajas del estilo “aussie” y continuan empleando la misma técnica que prácticamente no habia variado desde Kiefer, es decir, posición baja del cuerpo en el agua. El, o mejor dicho, “la”, única representante que no sigue estas directrices, es la campeona olímpica de los 100m.espalda, Lynn Burke, 1,09”3, y cuatro récords mundiales en esta prueba, 1,10”1, 1,10”0, 1,09”2, y 1,09”9, esta última en el primer tramo de la final de los 4x100m.estilos olímpicos, todos ellos en 1960, y, en cambio, un solo récord de los 200m., 2,33”5, también en 1960).
 
Los 200m., en cambio, sigue siendo una prueba muy poco disputada, y todavia lo es menos por los que practican la modalidad australiana. Monckton es quien más “trabaja” esta distancia, con dos récords mundiales, ambos sobre 220 yardas, 2,18”8 y 2,18”4, en el corto espacio de un mes, 15 de enero y 18 de febrero de 1958, récord que es superado por los norteamericanos Frank McKinney, 2,17”9 el 12 de julio de 1959, y 2,17”8 trece dias después; Charles Bittick, 2,17”6 el 26 de junio de 1960, y, finalmente, Tom Stock, que será quien inicie el nuevo reinado de la espalda USA, que le da un nuevo empujón, aunque no será el último, 2,16”0 el 24 de julio de aquel mismo 1960.     
 
Curiosamente, y tal como habia ocurrido con Kiefer, la nueva modalidad australiana de espalda llega acompañada de un nuevo y revolucionario viraje. Tan revolucionario que, sin embargo, no llegará a hacer escuela, y su inventor, que al parecer fue el “buque insignia” de la espalda “aussie”, David Theile, estuvo dudando durante algún tiempo en si emplearlo, o no, temiendo las descalificaciones, puesto que se trataba de un viraje cuyos movimientos rozaban la posible descalificación.
 
En el último reciclaje del brazo, antes de tocar la pared, el nadador extiende la mano por encima de su cabeza, mientras se revuelve sobre sí mismo, tendiendo hacia la posición prona. El nadador en esta secuencia toca la pared con la mano derecha mientras gira hacia la izquierda. Así, toca la pared antes de que las caderas adopten la posición vertical. La palma está plana, con las puntas de los dedos apuntando hacia abajo.
 
Después de tocar la pared, el nadador termina su rotación hacia la posición prona y da una voltereta hacia la pared. Mientras efectua la voltereta, empuja con la palma de su mano izquierda hacia abajo, hacia la parte alta de la cabeza, para ayudar a terminar la voltereta. Rápidamente, saca la mano derecha sobre la superficie y hacia abajo para juntarse con la izquierda, de modo que ambas esten juntas sobre la cabeza cuando los pies alcancen la pared. De esta forma, el cuerpo quedará alineado, y el impulso contra la pared puede empezar sin más demora.
 
Teniendo en cuenta que en aquel tiempo era obligatorio tocar la pared con la mano, y que los hombros no podian sobrepasar la vertical antes de que la mano hubiera tocado la pared, podemos ver que el peligro de una posible descalificación estaba en los primeros momentos del viraje, cuando podia haber dudas sobre si la linea de los hombros sobrepasaba, o no, la vertical antes de que la mano hubiera tocado la pared. La verdad era que, pese a que los jueces de virajes siguieron atentamente las evoluciones del viraje de Theile en sus cuatro actuaciones (eliminatorias, semifinales y final de la prueba individual, y final del 4x100m.estilos), no pudieron encontrar en ellas ningún motivo para la descalificación.
 
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Guillem Alsina