Svitlana Bondarenko. Quien la sigue y la persigue, la consigue


Svitlana Bondarenko en Madrid 2004

En estos tiempos en que la victoria parece ser lo único que interesa a los “mass-media”, que los propios deportistas parecen perseguir, sin importarles nada más; en los que el segundo y tercer clasificados acostumbran a ser “los que están por detrás del primero”, y en el que a los cuartos clasificados se dice que se les “queda cara de tonto”, y a pocos les importa saber quienes han sido y que han hecho los finalistas, creemos que no está de más contar la historia de una ucraniana de mirada triste, que durante más de una década luchó por conseguir el título que vio como se le escapaba una y otra vez, aunque ello no fue óbice para seguirlo, perseguirlo, y, finalmente, con inmensa satisfacción para algunos de nosotros, conseguirlo.

 
Es una historia, quizás aburrida, alejada de las grandes y épicas gestas de los grandes campeones, que reciben el aplauso del público puesto en pie, pero creemos que es una historia que debería servir de ejemplo a muchos de nuestros nadadores y entrenadores, para hacerles saber que la constancia tiene también su premio en muchas ocasiones, y que el hecho de “fracasar” en una, dos, tres…..e incluso siete ocasiones no significa que, a la octava, no vaya la vencida.  
 
Nacida en Zaporoze un 12 de agosto de 1971, Svitlana Bondarenko empieza a despuntar justo cuando el “imperio” soviético empieza a hundirse, dando paso a toda una serie de nuevos países independientes que hasta aquel momento habían vivido, ¡que remedio!, a la sombra de la antigua URSS. Ensombrecida por la pléyade de bracistas que destacaban en la antigua URSS, Svitlana no hace su aparición en el plano internacional hasta 1991, cuando con veinte años, una edad en la que muchas nadadoras ya empezaban a pensar en la retirada, es seleccionada para participar en los Campeonatos de Europa que se disputan en Atenas.
 
Allí, nadando todavía bajo la bandera soviética de la “hoz y el martillo”, se “destapa”, saltando prácticamente de la nada al estrellato, al ser segunda con un tiempo de 1,09”99, por detrás de su compatriota Elena Rudkovskaia, 1,09”05, y se coloca como la séptima bracista del año en el hectómetro (decimotercera en los 200m., distancia en la cual nunca demostrará tanta calidad como en la prueba corta). Los problemas derivados del “hundimiento” de la URSS, que afectan a su país, Ucrania, la impiden entrenarse debidamente para los Juegos de Barcelona, para los cuales no es seleccionada, e incluso pierde sus puestos entre las mejores bracistas mundiales.   
 


Berlin 2002

Su fuerza de voluntad, sin embargo, consigue enderezar su carrera, y ya en 1993 se coloca como la mejor de su país, finalmente independiente. En los Europeos de Sheffield consigue visar su segundo lugar de Atenas, aunque sin mejorar su tiempo, 1,10”29, vencida por una de las ex-walkiria (Sylvia Gerasch 1,10”05) que, como ella, y por fuerza de las circunstancias políticas, nada por un país diferente del que ha nacido. Libre ya del pasado potencial de las bracistas de la URSS, participa a partir de aquel momento en todas las grandes competiciones mundiales, “metiéndose” en casi todas las finales, subiendo repetidamente al podio, aunque se le niega, también repetidamente, el acceso al cajón más alto. Aquel mismo año de 1993 es séptima en la primera edición de los Mundiales de piscina corta que se disputan en Palma de Mallorca, tanto en los 100m., 1,09”58, como en los 200m., 2,28”79.

 
No es buen año el de 1994, con una harto discreta actuación en los Mundiales que se disputan en Roma, donde solo puede ser decimosexta de los 100m., con unos insuficientes 1,11”37, que mejora hasta 1,11”12 cuando es sexta de la final B. Si en los 100m. no luce, menos todavía en los 200m., donde es vigésimo octava en 2,37”51.
 
Vuelve a la carga al año siguiente, 1995, donde, por tercera vez, se va a ver de nuevo en el segundo cajón del podio de los Europeos de Viena. Esta vez será la belga Brigitte Becue, 1,09”39 por 1,09”73, quien le impida el salto al cajón más alto, doblando esta medalla de plata con otra del mismo color en los 200m., 2,30”50, en una de las pocas incursiones a la distancia larga, en la que no se muestra, pese a todo, muy a gusto. Termina la temporada con otros dos segundos lugares, el quinto y sexto de su carrera, en los Mundiales de piscina corta que se disputen en Rio de Janeiro, donde es segunda tanto en los 100m., 1,07”8, como en los 200m., 2,24”78, claramente batida por la australiana Samantha Riley en ambas pruebas, 1,05”70, y 2,20”85.
 
En los Juegos de Atlanta-1996 nuevamente la suerte le vuelve la espalda al conseguir un magnífico cuarto lugar en el hectómetro, 1,09”21, aunque con el “pero” de quedarse a solo tres centésimas de la australiana Samantha Riley, medalla de bronce, que la impiden subir al podio. En diciembre, nuevamente unas pocas centésimas la impiden de subir al podio en los Europeos de piscina corta en Rostock, al ser cuarta en los 50 y 100m., 32”18, y 1,08”51, a 14 y 15 centésimas respectivamente del podio.
 
1997 es un buen año, puesto que sube al podio en las tres grandes competiciones en que participa, aunque las centésimas siguen cebándose en ella, impidiéndola llegar a lo más alto. En los Mundiales de piscina corta, disputados en Göteborg, es tercera del hectómetro, 1,08”39, a solo 12 y 6 centésimas de las dos primeras; después, un agosto movido, con los Europeos de Sevilla, donde es segunda del hectómetro, por cuarta vez, con la húngara Agnes Kovacs por delante de ella, 1,08”08 por 1,08”87, y rápidamente salta a Sicilia, para, pocos días después, ganar su primera gran competición, al imponerse en la final del hectómetro de los Juegos Universitarios (FISU) que se disputan en la isla, 1,10”02, y es segunda de los 200m., 2,30”99.
 
La edad empieza a hacer mella en esta ucraniana a la que se le puede negarse todo excepto su entusiasmo por la natación. Con 27 años empieza a pensar en una posible retirada, aunque continua deseando por encima de todo el título europeo que en cuatro ocasiones ha tocado con la punta de los dedos. Pasa con más pena que gloria por los Mundiales de Perth-1998, 7a. del hectómetro, 1,09”11, 8a. de los 200m., 2,31”00, mientras vuelve a pisar el podio en los Europeos de piscina corta de Sheffield, 3a. del hectómetro, 1,07”86, a solo 15 centésimas de las dos vencedoras, la belga Brigitte Becue y l polaca Alicja Peczak, ambas en 1,07”71.
 
En 1999 falla en los Mundiales de piscina corta de Hong Kong, al ser solo séptima, 1,08”45, mientras en Estambul consigue su quinto sub-campeonato europeo consecutivo al ser segunda, nuevamente por detrás de Kovacs, 1,08”75 por 1,09”33. Finaliza la temporada con un nuevo (relativo) fracaso, al ser cuarta del hectómetro en los Europeos de piscina corta de Lisboa, 1,08”78, a solo cuatro cortas centésimas del tercer lugar de la sueca Emma Igelström.  
 
Aunque cada vez se van agotando más las posibilidades de conseguir su sueño, Svitlana no se rinde. En Helsinki consigue, finalmente, no ser segunda…..sino tercera, 1,09”81, vencida nuevamente por Kovacs y Gerasch, aunque esta vez más claramente que en anteriores ocasiones, 1,08”38 y 1,09”28.
 
Aunque espacia cada vez más actuaciones, todavía no va a subir a lo más alto del podio en los Europeos de Berlin-2002, donde es segunda por partida doble, en los 50m., 31”77, por detrás de Igelström, 31”17, y en el hectómetro, 1,09”28, esta vez si, claramente superada por los 1,07”87 de la sueca, por lo que parece cada vez más alejada de conseguir su anhelado título europeo.
 
Los Juegos de Atenas, sin embargo, van a ser su salvación, cuando ya desespera de conseguirlo. Disputados a mediados de mayo, las fechas de los Europeos de Madrid-2004, no acaban de convencer ni a “tirios” ni a “troyanos” en su preparación olímpica, lo que hace que en la capital española haya muchas “deserciones”, que favorecen a la ucraniana, que a sus 33 años, sabe que difícilmente va a tener otra oportunidad y sabe aprovecharla, aunque sin conseguir uno de sus mejores tiempos, 1,09”23, aprovechándose tanto de las ausencias como de la falta de puesta a punto de sus rivales, que están más con el ojo puesto en Atenas, que en Madrid.
 
Cuando sube ¡por octava vez consecutiva! al podio, ahora, sin embargo, a lo más alto, Svitlana lo hace, como siempre, con aquella mirada un tanto entristecida que ha sido siempre la suya, aunque, estamos seguros, que la satisfacción por el título tan merecido le corroía por dentro del cuerpo.
 
Ahora puede retirarse tranquila y satisfecha, ¡es campeona de Europa!, aunque la retirada no va a hacerse efectiva hasta pocas semanas después, cuando es séptima en la final olímpica de Atenas, 1,08”19, logrando su récord personal en el hectómetro, y donde, con sus poco más de 33 años, es la nadadora “menos joven” que participa en las pruebas de piscina.
 
Guillem Alsina