Juegos Olímpicos. Los Ángeles 1932

Del 5 al 12 de agosto del 1932 la popular ciudad californiana de Los Ángeles, mucho más conocida por ser la meca del cine norteamericano, organiza las pruebas correspondientes a los Juegos de la X Olimpiada. El Estadio Náutico, con su cubo de 50×21 metros, con reminiscencias hispánicas en su arquitectura, admira a propios y extraños por la gran claridad de sus aguas, de un azul digno de las películas que se producen en sus estudios.
 
En estos Juegos, y en el futuro, será una piscina de un alto rendimiento deportivo, donde se celebrarán numerosas competiciones, y marco de gran cantidad de récords mundiales. El largo viaje hacia Los Ángeles, con el paso del canal de Panamá, hace que muchos países, sobretodo los europeos, no participian en esta edición y, por primera vez, desde los Juegos de Saint Louis- 1904, se experimenta un descenso en el número de países que se presentan en Los Ángeles, un total de 21, muy por debajo de los 31 presentes en Ámsterdam.
 
Por primera vez en el programa olímpico se adopta un orden de pruebas de crol mucho más coherente, disputándose primeramente la final del hectómetro; después la de los 400m., y, finalmente, la del kilómetro y medio, y no como se había hecho hasta los Juegos de Amsterdam, en orden inverso. Signo de los tiempos, igualmente, hay que mantener la moral y las medidas de los bañadores, tal y como se especifica en los Reglamentos. La saltadora norteamericana Georgia Coleman, campeona de la prueba de trampolín, y subcampeona de la de palanca, es enviada a los vestuarios por el Secretario General de la FINA, el prestigioso e imborrable dirigente húngaro Dr. Leo Donath, para cambiarse de bañador, y ofrecer “a little better protection from de public eyes” (es decir “algo más de protección a los ojos del público”); cuando regresó la saltadora, parece que se veía menos “girl” y más bañador.
 
Celebrándose en su país, es natural que los nadadores locales se hayan preparado a fondo, con la finalidad de ofrecer a su público la mayor cantidad posible de victorias y récords, al mismo tiempo que remachar la hegemonía lograda en anteriores Juegos. Un peligro se levanta, sin embargo, ante ellos. Los nadadores japoneses, que ya habían hecho tímidas apariciones en los Juegos del 1920 y 1924, y ya no tan tímidas en los del 1928, dan en la piscina de Los Ángeles la verdadera medida de sus posibilidades, demostrando lo que se puede lograr con una insuperable capacidad de trabajo, puesta, además, al servicio de un deber patriótico, como era el de hacer del Japón una primera potencia mundial, para que su nombre resonara por todo el mundo.
 
Desde hace unos cuantos años, y mediante invitaciones a los mejores nadadores mundiales, técnicos japoneses han ido estudiando las diferentes modalidades y técnicas de los estilos, adaptándolas a su especial constitución física. De esta manera, han podido lograr una técnica de crol y de espalda que aprovecha, tanto su especial fuerza de las extremidades inferiores, como la cortedad de las superiores. Juntamente con todo ello, una férrea disciplina en los entrenamientos, referente a la cual podemos citar el testigo de la nadadora brasileña Maria Lenk con ocasión de la estancia en su país del técnico Takashiro Saito, hacia mediados de la década de los años treinta, que aconsejaba a sus discípulos brasileños: “el nadador se encuentra bien de salud, no falta a los entrenamientos; el nadador está enfermo, no falta a los entrenamientos; solo muerto el nadador puede faltar a los entrenamientos”.
 


Kosuko Kitamura

Uno de los que más ha trabajado en el progreso de su natación ha sido el Profesor Ikaku Matsuzawa, Catedrático de Química en la Universidad de Tokio, y entrenador de natación en su tiempo libre, que ha sabido inculcar en sus nadadores la voluntad y el deseo de vencer, preparándolos física y técnicamente. La veneración y el respeto que por él sienten los nadadores queda claramente reflejado en una carta escrita por el que pocos días después se proclamaría campeón olímpico de los 1.500m.libres, Kusuo Kitamura, en la que explica a su padre las dudas que le asaltan ante la prueba final, aunque, añade: “…mi entrenador cree que no puedo perder esta carrera, y por ello creo más en mi victoria…”. Es una carta, además, que rezuma un gran humanismo, asi como la tradicional veneración de los japoneses por sus mayores, y las acusadas diferencias entre las civilizaciones occidental y oriental. Creemos, por lo tanto, que vale la pena transcribir íntegramente este entrañable documento, tal y como se publicó en el boletín mensual del Club Natación Barcelona, “Natación”, en marzo de 1933. La traducción se ha hecho desde el catalán, idioma en el que fue publicado. 

 
(Nota del autor – ante todo, y por la posibilidad de un error en la trascripción de la edad de Kosuko Kitamura, y a pesar de que él mismo dice en su carta que tiene 16 años, y debido a que siempre había oído hablar de Kitamura como de un campeón olímpico de poco menos de quince años, indagamos cerca de la Federación Japonesa de Natación, que nos dio la fecha del 10 de septiembre de 1917 como fecha de nacimiento de Kitamura, es decir, que en el momento de lograr su título olímpico de los 1.500m.libres, le faltaban 57 días para cumplir los 15 años)
 
Y, ahora sí, veamos esta emocionada carta:
 
“Muy querido padre mío:
 
Tengo le esperanza que esta carta llegará bien pronto a sus manos, pues el correo de Yokohama saldrá de San Francisco de aquí a pocos días.
 
Nuestro muy estimado entrenador cree que podré conseguir con facilidad el título olímpico, pero mi opinión personal es que, si dice eso, es solo para darme coraje y ánimos para la lucha.
 
Yo se que no soy más que un chiquillo; que su esposa, mi madre, me puso en el mundo hace ahora 16 años. No se si soy bastante fuerte para compararme con mi amigo y compatriota Makino; con Taris, enviado por Francia; y sobretodo con el americano. Sí, ¡ con el americano !. Usted no puede imaginarse hasta que punto me siento débil, como me parecen miserables y deplorables mis tiempos y lo poco que confío en mi éxito cuando pienso en este americano. Hace, más o menos, dos como yo; ríe siempre y no piensa nunca, seguramente, en la prueba que debe disputar. Yo, en cambio, no puedo sustraerme ni por un momento a lo que puede pasar.
 
¡ Ah, sí usted estuviera aquí, querido padre mío, en estos momentos difíciles, que servicio inapreciable no me haría, con sus consejos y su amor !. Mis amigos son, no lo dude, muy amables conmigo, y no es la disciplina, a la que nos sometemos gustosamente, lo que pone una sombra en mi vida. Oh, no !. Es que los necesito a ustedes todos; a usted, a mi madre, y también a las hermanas que usted me ha dado. Es que me falta aquí el clima de nuestro hogar y el cuidado tan especial de qué me han rodeado siempre. Solo un pensamiento me da fuerzas y ánimo, y es que combatimos aquí por la gloria de nuestro país, y que, si salimos vencedores, el nombre de Japón resonará hasta los rincones más escondidos de la tierra.
 
Lo que usted me escribió a propósito de esto, en su última carta, me ha hecho reflexionar mucho, y me he permitido someter su contenido a nuestro muy estimado dirigente. Este reunió después a todos mis compañeros y les aconsejó que siguieran su consejo tan admirable. Yo estaba, no es preciso decirlo, muy orgulloso y satisfecho, viendo como eran apreciados los consejos de usted.
 
Cuando he escrito que sentía algo de nostalgia de nuestro país, no quiere decir, sin embargo, que nos falten cosas para hacernos agradable la estancia aquí. Naturalmente, nuestra vida, hasta el momento, está basada en el entrenamiento. Pero eso no nos priva de darnos cuenta de los atractivos interesantes que ofrece este país tan diferente de nuestro.
 
Los hombres y las mujeres sobretodo, son aquí de una manera muy particular. Para usted, querido padre mío, que ha viajado por todo el mundo, las personas de Europa y América no ofrecen nada interesante. Pero para nosotros, que nunca hemos salido del país del Sol Naciente, es otra cosa. Particularmente nos hemos visto sorprendidos por la “tenue” graciosa y “sans façon” de las mujeres (en francés al original). Usted me dirá que aún somos muy jóvenes para podernos permitir estas observaciones; pero quiero apresurarme a decirle que estimo más favorables las costumbres de casa nuestra, con la vida tranquila de mi madre y la disciplina de mis hermanas.
 
Llega la hora de acostarme, querido padre mío; sin embargo, antes de que el descando me de las fuerzas que tan necesarias me van a ser mañana para la carrera, pediré a nuestros dioses, tal como usted me ha enseñado, que den fuerza, coraje y firmeza a mis músculos.
 
Mañana, después de la prueba, juntaré algunas rayas a esta carta. Acabo, por hoy, no sin rogarle que tengan buen cuidado de mi perro, y que den de comer a los peces de colores, tanto como necesiten. Tengo miedo de molestarle con estas pequeñas cosas, pero ya sabe usted lo mucho que quiero a estos animalitos.
 
* * * * * *
 
 Mi deseo ha sido realizado !. No puedo explicarle la alegría que siento, no tan solo por poderle comunicar la nueva, aunque, naturalmente, ya debe haberse enterado, sino, más que nada, porque puedo decirle que he logrado ser campeón olímpico de los mil quinientos metros. Nuestro buen dirigente le envía sus saludos, y me autoriza a decirle que el año próximo podré dedicar mucho más tiempo al estudio del inglés, de las ciencias, y de otras asignaturas, porque no tendré necesidad de entrenarme tanto.
No se puede imaginar lo feliz que soy al volver a casa.
 
No he olvidado que usted me prometió de hacerme un regalo si salía ganador; he reflexionado desde hace tiempo, y por eso puedo decirle ahora que mis preferencias se inclinan por una motocicleta, en el caso, naturalmente, que usted no me juzgué demasiado joven para este deporte.
 
También podría, si acaso, añadir a mi acuario un par de aquellos peces tan buenos que hemos admirado tantas veces, pero que encontrábamos excesivamente caros.
Acabo esta carta, querido padre mío, porque tengo el tiempo justo para no correr el riesgo de perder el barco de San Francisco.
Le mando mis saludos más humildes.
 
                                                                                  Kitamura”
 
Efectivamente, los representantes japoneses podían estar muy tranquilos respecto de sus posibilidades de victoria. Desde su llegada a California, los pequeños nadadores nipones dieron pruebas de su alta técnica, disciplina, y perfecta preparación, con toda una serie de innovaciones para ayudarlos en su preparación, con inhalaciones de oxígeno para la mejor recuperación de sus esfuerzos en entrenamientos y competiciones; ejercicios de flexibilidad y masaje, con toda una serie de ejercicios individuales y por parejas que dejaban literalmente boquiabiertos a sus rivales, y todo eso con entrenamientos diarios, incluso con dos sesiones diarias, cosa nunca vista, o casi nunca, hasta aquel momento. Incluso se habló, aunque nunca pudo demostrarse, ni sus técnicos dijeron nunca nada, de la ingestión de una clase de plantas traídas de su país, en la composición de las cuales formaba parte el TNT (trinitrotolueno). Pero, por encima de todo, una férrea disciplina, que devolvió a Tokio, de vuelta a casa, antes del inicio de los Juegos, a uno de los relevistas del 4x200m.libres que, al parecer, no había obedecido suficientemente las órdenes de su entrenador.
 
Su superioridad se puso de manifiesto desde la primera prueba. Nunca, hasta aquel momento, había habido un campeón olímpico de velocidad de solo 16 años; y nunca, por lo menos hasta el 2004, ha vuelto a haber ningún otro. Nunca, en la historia de la natación olímpica, había habido un campeón olímpico que no había cumplido todavía los 15 años, y todo esto pasó aquella semana que del 5 al 13 de agosto de 1932 en Los Ángeles, en una coqueta piscina de arquitectura hispánica.
 
Gran descenso en la participación, con solo 20 países, 17 en categoría masculina, y 11 en la femenina, y únicamente un país, México (suponemos que aprovechando la ventaja de la proximidad geográfica) inscrito por vez primer en estas pruebas olímpicas de natación.
 


Yasugi Miyazaki

100m.libres: el récord mundial continuaba en poder del retirado John Weissmuller, 57”4, desde el 17 de febrero de 1924, en Miami, p.25m., así como el mejor tiempo mundial en piscina larga, con los 57”8 de 1928; récord olímpico también en su poder con los 58”6 de las semifinales de Amsterdam-1928, igualado en la final.

 
Las eliminatorias se nadan el 5 de agosto; semifinales el 6; final el 7. 22 participantes repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria y el mejor tercer clasificado pasan a semifinales, los tres mejores de cada una de las cuales nadan la final. Pasado al profesionalismo, no defiende su título el anterior campeón, John Weissmuller.
 
Sorpresa ya en las eliminatorias, con los 58”7 del japonés Yasugi Miyazaki, un joven de 16 años, que señala el mejor tiempo, antes de superarse en el curso de la 1a.semifinales, con unos magníficos 58”0, nuevo récord olímpico, borrando del ranking un nombre tan significativo como el de “Tarzan” Weissmuller. Al día siguiente, Miyazaki se impone, en una final que deja entrever lo qué serán las pruebas de natación de estos Juegos, repartiéndose los seis lugares de la final entre japoneses y norteamericanos. Igualdad en la primero largo de piscina, con el norteamericano Raymond Thompson primero en el viraje, 27”2, seguido de su compatriota Manuella Kalili, enésima aportación hawaiana a la natación USA, y de Miyazaki, ambos en 27”8, por delante del segundo japonés, Zenjiro Takahashi, 28”0, mientras los terceros hombres, Tatsugo Kawaishi, y Albert Schwartz, parecen ya superados, ambos últimos en 28”6. A seguir al viraje, sin embargo, y mientras Miyazaki comienza a imponerse a sus rivales, Kawaishi inicia una espectacular remontada, pasando a casi todos sus rivales.
 
En la llegada, Miyazaki es primero, 58”2, con Kawaishi segundo a cuatro décimas, 58”6, por delante de Schwartz, que también ha nadado una buena segunda recta, remontando a tres de sus rivales, aunque no pueda finalmente con los dos japoneses, 58”8, mientras Kalili es cuarto, 59”2, con el mismo tiempo que Takahashi, y con Thompson sexto y último, 59”5, todos seis por debajo del minuto (primera vez que esto sucedía en la historia de los Juegos) un índice más del progreso de la natación desde los últimos Juegos, si pensamos que en Amsterdam, cuatro años antes, Barany había logrado el segundo lugar con un tiempo de 59”8.
 
Señalamos, como dato anecdótico, y caso casi único, cuando menos en un deporte individual, y regido por el cronómetro, la participación en las eliminatorias para formar el equipo USA (los famosos, y temidos, “trials”) del doble campeón olímpico, el 1912 y 1920, Duke Paoa Kahanamoku que, con sus 43 años a la espalda, pero con todo su entusiasmo intacto, intenta la participación en los Juegos, ¡ veinte años después de haber logrado su primer título olímpico !. Cogiéndose con una buena dosis de filosofía su eliminación, el príncipe canaca únicamente se lamenta: “…siempre lo mismo, las piernas; todo va bien hasta los sesenta-cinco metros; después, ya no puedo más…”.
 


Jean Taris

400m.libres: récord mundial en poder del francés Jean Tarís, 4,47”0, el 16 de abril de 1931, en París, p.33m. (el mejor tiempo mundial en piscina larga continuaba en poder de John Weissmuller con los 4,52”0 de 1927 en Honolulú); récord olímpico en poder del argentino Alberto Zorrilla, 5,01”6 en la final de Amsterdam-1928 (aunque había unos 4,58”4 del sueco Arne Borg, cronometrado al paso de la final de los 1.500m.libres, que algunos consideran como récord olímpico). Eliminatorias el 8 de agosto; semifinales el 9; final el 10. 19 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los terceros pasan a semifinales, los tres mejores de cada una de las cuales nadan la final. No se presenta a defender su título Alberto Zorrilla, retirado de la natación.

 
Cinco nadadores en las eliminatorias, siete en las semifinales, superan el récord olímpico del argentino. El japonés Takashi Yokoyama es el más destacado de las dos primeras rondas eliminatorias, superando el récord olímpico con dos tiempos de 4,53”3 en la 1a.eliminatoria, y 4,51”4 en la 1a.semifinal. Destaquemos también los 4,59”8 del australiano “Boy” Charlton que, a pesar de no haber podido entrenarse por su trabajo (es el capataz de un extenso rancho de ganado ovino) aún ha logrado, apoyado en sus enormes posibilidades físicas, formar parte del equipo australiano, aunque sin muchos esperanzas de éxito, cuando menos de caras al podio.
 
La final se presenta como un incierto duelo entre los tres representantes japoneses, el francés Taris, y el norteamericano Clarence “Buster” Crabbe. Taris se destaca rápidamente desde los primeros metros, pasando los dos primeros hectómetros en 1,04”9 y 2,17”6, muy por delante de Crabbe, 1,08”0 y 2,21”9, y el japonés Tsutomu Oyokota, 1,08”2 y 2,22”4. Mientras este comienza a retrasarse a partir de los 200m., y desaparece de la lucha por el título, Crabbe consigue recortar unas décimas de su desventaja frente al francés (3,33”1 por 3,36”6 en el viraje de los 300m.), iniciando una espectacular remontada a partir de este momento, sobre un francés que parece haber presumido excesivamente de sus fuerzas, y que únicamente puede mantener su ritmo, mientras el norteamericano acaba la carrera con unos magníficos 1,11”8 (por 1,15”4 del francés).
 
En 50m. ha reducido a la mitad su desventaja, y se lanza a su captura en los últimos metros. Únicamente lo logrará, sin embargo, en el último centímetro del último metro, imponiéndose a Taris por una sola décima de segundo, 4,48”4 por 4,48”5, nuevo récord olímpico, tiempo muy superior, técnicamente, al del récord mundial de Taris. Superados claramente por una vez, los japoneses son tercero, Oyokota 4,52”3; cuarto, Yokoyama 4,52”5, sin reeditar su tiempo de las semifinales, y quinto, Noboru Sugimoto 4,56”1, mientras Charlton, luchando con su proverbial energía, es sexto y último, 4,58”6, muy cerca de su mejor tiempo personal, despidiéndose de la competición. Todos los finalistas han bajado de los cinco minutos, primera vez que ello sucede en los Juegos.
 
Taris pretende explicar su derrota al sol que lo deslumbraba, y no le ha permitido ver al norteamericano en su remontada final. La realidad ha sido, empero, su mal repartimiento del esfuerzo, con una primera mitad de carrera excesivamente rápida, 2,17”6 (equivalente a un tiempo final del orden de los 4,42”-4,43”) muy alejado, no únicamente de sus posibilidades, sino también de las de cualquiera de los finalistas. Crabbe, al contrario, ha dosificado mucho mejor sus fuerzas, 2,21”9 y 2,26”5 en cada una de ambas mitades de la carrera, acabando con unos excelentes últimos metros que le han permitido remontar, aunque haya sido, como quien dice “in-extremis” al agotado Tarís.
 
Igual que había pasado con Weissmuller, el perfecto físico del ganador atraerá la atención de algunos directores de Hollywood, que acabarán por ofrecerle un ventajoso contrato, asumiendo los papeles de “Tarzan y “Superman”, entre otros, en algunas de las películas que protagonizó años después.
 


Podio de los 1500 libre
1.500m.libres: récord mundial aún en poder del sueco Arne Borg con los ya míticos 19,07”2 logrados en Bolonia el 2/09/1927; récord olímpico también suyo, con los 19,51”8 de la final de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 9 de agosto; semifinales el 11; final el 13. 15 participantes, repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los terceros, pasan a semifinales, los tres mejores de cada una de las cuales pasan a la final. No se presenta a defender su título el sueco Borg, después de haber estado “retirado” por la FINA, acusado de un cierto profesionalismo, por unas dietas no muy bien “explicadas” ganadas en el curso de una de sus habituales giras por el extranjero.

 
Superados en los 400m., los japoneses se toman la revancha, dominando totalmente la prueba de fondo. Ya en las semifinales, Kusuo Kitamura, 19,51”6 en la 1a., Shozo Makino, 19,38”7 en la 2a. (después de una magnífica lucha con Crabbe, 19,51”8, y los australianos Ryan, 19,52”5, y Charlton, 19,53”1, este ya sin poder clasificarse para la final) superan el récord olímpico del sueco Borg colocándose como favoritos de caras a la final.
 
Haciendo bueno el pronóstico, los dos japoneses se destacan rápidamente: 1,10”4 para Makino en el primer hectómetro; 2,28”7 en los 200m.; 5,07”4 en los primeros 400m., y 6,26”2 en el primero tercio de la prueba, siempre con Makino al mando, aunque con imperceptibles diferencias de décimas ante su compatriota Kitamura; 800m. en 10,19”3 para Makino, mientras en el kilómetro, con un parcial de 12,54”7, Makino supera el récord mundial de esta distancia, con Kitamura a una corta décima tras de él. La diferencia no se altera prácticamente, a pesar de que Kitamura empieza a probar las fuerzas de su compatriota, ya a la vista de los últimos hectómetros, 15,28”4 para Kitamura en los 1.200m., con Makino a una solitaria décima de segundo.
 
Después de haber “rodado” a una medio de 1,16” – 1,19” en los anteriores doce hectómetros, Kitamura da un pequeño tirón que le coger poco más de un metro de ventaja, 18,00”7 por 18,02”0, antes del último hectómetro. Nadando los últimos 400m. en unos magníficos 5,00”7 (mucho más rápidos, pues, que los primeros) y el último hectómetro en 1,11”7 (casi igual que el primero) Kitamura intenta mantener su corta ventaja, mientras Makino intenta superarlo. Finalmente, Kitamura se proclama campeón con un tiempo de 19,12”4, nuevo récord olímpico, por 19,14”1 de su compañero, que supera, igualmente, su anterior récord olímpico, acercándose ambos, por primera vez, a los ya legendarios 19,07”2 del récord de Borg, cinco años antes.   
 
La carrera de los dos japoneses ha sido prácticamente modélica, con unos excelentes parciales de 6,26”6, 6,28”1, y 6,17”7 en cada uno de sus tercios, muy lejos del anacronismo de los parciales de Borg, siendo, seguramente, la primera vez que una prueba de 1.500m. es nadada a un ritmo tan regular, pero, sobretodo, acabando mucho más rápido de lo que se ha empezado, a pesar de que, por razones de las ideas técnicas de aquel tiempo, tardaremos mucho tiempo en ver repetido este ejemplo.
 
Ignoramos, por desgracia, si el joven Kitamura logró la moto y los peces de colores que pedía en su carta. Lo qué sí sabemos que pasó es que al año siguiente, y a pesar de las promesas de aquel “buen dirigente” no racaneó excesivamente en los entrenamientos, y siempre teniendo como a principal rival su compañero Makino, fue capaz de acercarse aún más al magnífico récord de Arne Borg, 19,08”0, sin llegar a superarlo, aunque si lo hizo con los de 400 y 800m., 4,46”4 y 10,07”6 que, finalmente, no le fueron homologados por razones que no hemos conseguido saber, así como el de los 1.000m., 12,42”6, este sí perfectamente homologado. Después, aquel chiquillo de poco menos de 15 años capaz de coronarse con los laureles olímpicos no dio ningún otra señal de vida, vida deportiva se entiende, sobreviviendo a la tragedia de la II Gran “Locura” Mundial, llegando, muchos años después, al cargo de Presidente de la Federación Japonesa de Natación.
 
4x200m.libres: continúa sin homologarse el récord mundial en esta prueba (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de un cuarteto húngaro, 9,34”0, el 1931, en los Europeos de París); récord olímpico en poder del equipo norteamericano con los 9,36”2 de la final de Amsterdam-1928. Final directa, nadada el 9 de agosto, con solo 7 cuartetos inscritos.

Era difícil que se les escapara esta prueba a los crolistas japoneses después de su triunfo en el hectómetro, y de la demostración de las eliminatorias el día antes de esta final. Con un cuarteto formado por el ya campeón olímpico del hectómetro, Miyazaki, el especialista de 400m., Yokoyama, y dos nadadores de refresco, Masanori Yusa y Hisakichi Toyota (algunas fuentes le nombran como Toyoda) el cuarteto japonés no tuvo ningún problema para superar sus rivales norteamericanos.


Equipo de 4×200 linre japonés

 

Su triunfo con un tiempo de 8,58”8, primera vez que se nadaba la prueba en menos de nueve minutos, fue claro y concluyente, con una ventaja de más de doce segundos por delante del cuarteto USA, 9,10”5, mientras los húngaros, 9,31”4, eran terceros, por delante de los canadienses, 9,36”3. Los parciales de los japoneses: Miyazaki 2,14”0, Yusa 2,14”8, Toyota 2,14”0, y Yokoyama 2,15”6. Decidiendose, finalmente, a abrir el ranking de récords mundiales en las pruebas de relevos, la FINA homologa el tiempo de los japoneses como primer récord mundial de esta prueba, remachando de esta manera el hecho de ser considerada, aunque fuera de manera extraoficial, la prueba más interesante y codiciada del programa de natación.
 
100m.espalda: récord mundial y olímpico en poder del norteamericano George Kojac, 1,08”2, el 9 de agosto del 1928, en la final olímpica de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 9 de agosto; semifinales el 10; final el 11. 16 participantes repartidos en 4 eliminatorias, y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los terceros, pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales nadan la final. Kojac no se presenta a defender su título, separado del equipo, según rumores, al haber pedido unas dietas excesivamente elevadas (los problemas económicos del deporte no son, pues, cosa moderna).


Podio de los 100 espalda masculinos

 

Aplicando idénticos principios que en el crol, los espaldistas japoneses logran, por primera vez desde 1912, arrebatar el título de esta especialidad a los norteamericanos, incluso logrando los tres primeros lugares, aunque sin poder superar sus récords. El triunfo final de Masaji Kiyokawa fue claro, 1,08”6, por delante de sus compatriotas Toshio Iriye (o Irie, en otras fuentes) 1,09”8, y Kentaro Kawatsu, 1,10”0, mientras, en cuarto lugar, Robert Zehr es el primero representante USA, 1,10”9, demostrando que no se había encontrado el sucesor de Kojac. Como Kitamura, el vencedor de esta prueba continuó dentro del mundo de la natación, una vez retirado de la competición, llegando al lugar de Secretario General de la FINA en el período 1964-1968.
 
200m.braza: récord mundial en poder del norteamericano Lionel Spencer 2,44”0, el primero de abril de 1932, en la piscina de 25 yardas de la Universidad de Yale (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del japonés Yoshiyuki Tsuruta, 2,45”0, en 1929, en Kyoto); récord olímpico del mismo Tsuruta con sus 2,48”8 de la final de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 11 de agosto; semifinales el 12; final el 13. 18 participantes, repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria y el mejor de los terceros pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales nadan la final. Defiende su título Yoshiyuki Tsuruta, a pesar de sus 28 años, una edad poco frecuente en un nadador de aquel tiempo.
 
Tsuruta demuestra rápidamente sus posibilidades de renovar el título de Amsterdam, cuando en la 1a. eliminatoria señala unos magníficos 2,46”2, superando su propio récord olímpico; su tiempo es igualado pocos minutos después, en la 2a.eliminatoria, por su compatriota Reizo Koike, otro joven de 16 años. La suerte empareja a ambos favoritos en la 1a.semifinal, y de esta lucha sale vencedor Koike, con un nuevo récord olímpico, 2,44”9, por 2,45”4 de Tsuruta, ambos muy por debajo, teóricamente por lo menos, del récord mundial de Leonard Spence.
 
La final, sin embargo, es muy diferente. El alemán Sietas, otro veterano de Amsterdam, coge el mando de la prueba, a pesar de que tiene que cederlo rápidamente, superado por sus rivales. A mitad de carrera, el filipino Teófilo Ildefonso, siempre llevando de coronilla a los jueces de estilos con su braza submarina, es primero en 1,19”2, con Tsuruta prácticamente a su nivel, 1,19”4, y, algo más atrás, Sietas 1,20”3, Koike 1,20”5, y otro filipino, Jikirum Adjaluddin, 1,20”7. Mientras Ildefonso comienza a atrasarse progresivamente, y ya es segundo a los 150m., Tsuruta conserva su ventaja, sin dejarse remontar por su joven compatriota. Igualando su tiempo de la semifinal, 2,45”4, Tsuruta conserva su ventaja, revalidando su título (es el único que lo ha logrado hasta los Juegos de Atenas-2004), dejando en pie el récord de Koike. Este, superando Ildefonso en los últimos diez metros puede lograr el segundo lugar, 2,46”6, cinco décimas por delante del filipino, 2,47”1, que revalida su tercer lugar de Amsterdam. Sietas y el otro filipino bajan también de los 2,50”, dando un nivel muy digno a esta final, a pesar de que Koike, traicionado quizá por su juventud, ante la experiencia de su compatriota, no haya estado al nivel de su semifinal.
 
Era casi imposible pedirle algo más al equipo dirigido por Matsuzawa. Tres primeros lugares en los 100m.espalda; dos primeros en los 100 y 1.500m.libres, y 200m.braza; tercero en los 400m.libres, además del triunfo en los prestigiosos 4x200m., es decir, un total de 10 medallas de las 15 posibles en las pruebas individuales, que dan la medida del absoluto triunfo de los japoneses, mostrando una superioridad que ni los nadadores USA habían logrado en Juegos anteriores.       
 
Vencidos en categoría masculina, los aficionados norteamericanos recibieron con alegría los triunfos de sus nadadoras, que prestigiaban, a pesar de todo, su natación. Helen Madison, la primera nadadora que había poseído, en un mismo momento (julio de 1931) todos los récords mundiales de estilo libre (desde las 100 yardas hasta la milla, pasando por todo el resto de distancias en metros y yardas, un total de 16 pruebas) era su cabeza de filas y la estrella de la natación mundial, a pesar de que últimamente, aquel mismo año olímpico, las nadadoras holandesas habían demostrado estar preparadas para discutirles su hegemonía mundial.
 

100m.libres: récord mundial en poder de la norteamericana Helen Madison, 1,06”6, el 20 de Abril de 1931, en Boston, p.25 yardas; (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la norteamericana Albina Osipowich, 1,09”4, en 1929, en San Francisco); récord olímpico en poder de la misma Osipowich con los 1,11”0 de la final de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 6 de agosto; semifinales el 7; final el 8. 20 participantes repartidas en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más la mejor de las terceras pasan a las semifinales, las tres mejores de cada una de las cuales nadan la final. No defiende su título Osipowich, la campeona de Amsterdam.

 
Como era lógico, favoritismo absoluto para la recordista mundial, aunque se espera una fuerte oposición de sus rivales, como así es. En la segunda eliminatoria, la británica Margaret Cooper, tercera en Amsterdam, supera el récord olímpico con un tiempo de 1,09”0, que no tarda mucho en ser superado de nuevo, cuando en la 3a.eliminatoria es Madison la que lo supera en una décima de segundo, 1,08”9. Tampoco este tiempo se mantiene mucho en el ranking olímpico, al ser superado minutos después, en la 4a.eliminatoria, por la también norteamericana Eleanor Garatti, ahora Saville por su matrimonio, segunda en Amsterdam, con unos excelentes 1,08”5. Al día siguiente, sin embargo, una nueva favorita se deja ver en la 1a.semifinal, cuando la holandesa Willie Den Ouden, una joven de aspecto frágil, y solo 14 años y medio de edad, la gana con un tiempo de 1,07”6. En la 2a.semifinal, Madison intenta un golpe de efecto y sale literalmente disparada del bloque de salidas, girando, ante el pasmo del público, en unos sorprendentes 29”2 (equivalentes a un tiempo del orden de los 1,04”, literalmente imposible de lograr en aquel momento, y menos en piscina de 50m.), aunque, como podia esperarse, no puede mantener su ritmo y acaba con muchas dificultades en unos decepcionantes 1,09”9.
 
La final sin embargo es totalmente diferente. Madison nada únicamente para ganar, cogiendo el mando de la carrera, vigilando sus rivales. Un magnífico tiempo de 1,06”8 premia su carrera, juntamente con el título y un nuevo récord olímpico, muy superior técnicamente a su récord mundial. Den Ouden, por su parte, es segunda, repitiendo prácticamente su tiempo de las semifinales, 1,07”8, sin poder hacer nada ante la potencia de la campeona, mientras Garatti-Saville es tercera, 1,08”2, por delante de su compatriota McKim, 1,09”3. La sudafricana Maakal, sexta y última, 1,10”8, supera el tiempo, 1,11”0, con el que Osipowich había logrado el título en Amsterdam, cuatro años antes, brillante demostración del rápido desarrollo de la natación femenina.
 
“Willie” DenOuden recogía en estos Juegos la única medalla individual olímpica lograda a lo largo de su vida deportiva, pese a que aún participaría en los siguientes Juegos de Berlín-1936. Recordist mundial del hectómetro al año siguiente, 1,06”0, campeona de Europa en 1934, en Magdebourg, se significó por sus récords mundiales del hectómetro (aunque también llegó a superarlos en distancias superiores, 200, 300, 400 y 500m.) récord que dejó establecido en 1,04”6 un 27 de febrero de 1936, y que resistió durante casi veinte años (le fue de una semana ya que solo fue superado el 21 de febrero de 1956) las acometidas de las mejores velocistas mundiales. Teniendo en cuenta que la holandesa ya era recordista mundial sin ninguna interrupción desde el 7 de julio del 1933, podemos ver que fue recordista mundial de los 100m.libres a lo largo de casi veintitrés años, lo cual representa, por decirlo de alguna manera, el récord de los récords. También hay que decir que al ganar la medalla de plata de estos 100m.libres, se convirtió en el nadador/a. más joven que nunca había subido a un podio olímpico, al hacerlo a los 14 años, 7 meses, y 7 días. 
 
400m.libres: récord mundial en poder de Helen Madison, 5,31”0, el 3 de febrero de 1931, en Seattle, p.25 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la misma Madison, 5,39”4, en 1930, en Long Beach); récord olímpico de la también norteamericana Martha Norelius, 5,42”8 en la final de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 11 de agosto; semifinales el 12; final el 13. 14 participantes repartidas en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más la mejor de las terceras, pasan a semifinales, las tres primeras de cada una de las cuales nadan la final. No defiende su título la campeona de Amsterdam Martha Norelius.
 
Récord olímpico en la 3ª. Eliminatoria, que la norteamericana Lenore Kight deja en 5,40”9, que se mantiene hasta la final. Internada de urgencia en un hospital poco después de estas eliminatorias, la holandesa Marie Braun, ahora Philipsen por matrimonio, 5,50”5, cuarto mejor tiempo, y quizá la única capaz de enfrentarse a las dos norteamericanas con ciertas posibilidades de éxito, no estará en las semifinales, como tampoco en la final de los 100m.espalda, donde era una de las grandes favoritas, y que se disputaba horas después.
 
En la final, y ya desde los primeros metros, se destacan las dos favoritas. Juntas, codo a codo, pasan a media carrera en unos magníficos 2,38”0, si tenemos en cuenta que el récord mundial de los 200m. pertenece a Helen Madison, 2,34”6, en una piscina de 25 yardas. Mientras la recordista mundial intenta deshacerse de su compatriota, esta responde a todos sus ataques, e incluso se pone en cabeza a los 300m., cogiendo medio cuerpo de ventaja que parece poder decidir su triunfo. En el último largo, ambas nadadoras se disputan el triunfo en un desesperado sprint final, en el que, y en el último metro, Madison hace valer su punta de velocidad, ganando con un tiempo de 5,28”5, nuevo récord mundial y olímpico, por 5,28”6 de Kight. Es el segundo triunfo individual de la “reina de las ondas”, como es conocida por los aficionados. Lejos de ambas, la sudafricana Jennie Maakal, 5,47”3, es tercera, por delante de la británica Cooper, 5,49”7.
 
4x100m.libres: continúa sin homologarse el récord mundial; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del cuarteto norteamericano con los 4,47”6 de la final de Amsterdam. Final directa, el 12 de agosto, al haber solo cinco cuartetos inscritos.
 
Favoritismo de las nadadoras locales, tanto más teniendo en cuenta el perfecto estado de forma demostrado por Madison, toda una garantía para su equipo. Con un tiempo final de 4,38”0, y sin ser inquietadas en ningún momento, el cuarteto USA (McKim, Garatti, que es el única sobreviviente del cuarteto de Amsterdam, Johns y Madison) se proclama campeón olímpico y, como en el caso del 4x200m.libres masculino, tiene el honor de abrir el ranking mundial de esta prueba. Holanda, a pesar de la importante baja de Marie Braun, es segunda, 4,47”5, por delante de las británicas, terceras a casi cinco segundos, 4,52”4, mientras, ya más lejos, Canadá es cuarto, 5,05”7.


Equipo femenino de Canadá

 

100m.espalda: récord mundial en poder de la norteamericana Eleanor Holm, 1,18”2, el 16 de julio del mismo año olímpico, en Jones Beach, p.55 yardas; récord olímpico de la holandesa Marie Braun, 1,21”6 en las semifinales de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 9 de agosto; final el 11 (no se nadan semifinales por el bajo número de inscritas). Como se ha dicho al hablar de los 400m.libres, la campeona de los 100m. espalda en Amsterdam-1928 está en Los Ángeles para defender su título, aunque no lo podrá hacer, al haber tenido que ser hospitalizada para ser operada de una apendicitis, horas antes de disputarse la final de esta prueba.
 
Recordista mundial desde el julio anterior, el triunfo de Eleanor Holm se verá facilitado por la baja de Marie Braun. En la 1a.eliminatoria, supera el récord olímpico de la holandesa con un magnífico tiempo de 1,18”3, a una décima de su récord mundial. Quinta de la final de Amsterdam a los 14 años, Holm no tiene ningún problema para lograr el título olímpico ante su público, con una gran superioridad sobre la australiana Philomena Mealing, segunda en 1,21”3, mientras la británica Elisabeth King es tercera, 1,22”5, una sola décima por delante de su compatriota Phillys May Harding 1,22”6. No dejamos esta prueba sin decir unas palabras sobre esta última, Harding, poseedora de un más que envidiable palmares, tanto por sus triunfos como por su longevidad, o, por mejor decirlo, “larga longevidad”. Segunda de los Juegos de París-1924; sin poder pasar de las eliminatorias en Amsterdam.1928; cuarta en Los Ángeles, participará aún en Berlín-1936, logrando el séptimo y último lugar, 1,21”5, doce años después de su primera participación olímpica, bajando regularmente sus registros cronométricos.
 
Tercera de los Campeonatos de Europa de 1931 y 1934, y recordista mundial de los 100, 200 y 400 metros espalda. Como se puede ver, todo un caso de dedicación, perseverancia y longevidad deportiva, difícil de ver en un deporte en el que se acostumbra a abandonar los entrenamientos y la competición en edades relativamente jóvenes.        
 
200m.braza: récord mundial en poder de la danesa Else Jacobsen, 3,03”4, el 11 de mayo de aquel mismo año olímpico, en Estocolmo, p.25 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de las alemanas Lotte Muhe y Hilde Schrader, 3,11”2, en 1928, la primera en Berlín, la segunda en las semifinales de los Juegos de Amsterdam); récord olímpico en poder de la alemana Hilde Schrader, 3,11”2 en las semifinales de Amsterdam-1928. Eliminatorias el 6 de agosto; final el 8 (no se nadaron semifinales en no haber suficientes inscripciones). 11 participantes repartidas en 3 eliminatorias, las dos primeras de cada una de las cuales, más la mejor de las terceras clasificadas nadan la final. No se presenta a defender su título la alemana Hilde Schrader. 
 
Momento de crisis en la braza europea después de dominar este estilo hasta 1928 gracias a alemanas y holandesas, que ni tan solo se han presentado en Los Ángeles. La australiana Claire Dennis supera el récord olímpico de Schrader con un tiempo de 3,08”2 al ganar la 1a.eliminatoria.
 
La final es una constante lucha entre la australiana, la danesa, y la inesperada japonesa Hideko Maehata. Pasando en 1,29”2 a mitad de carrera Dennis y Jacobsen, con la japonesa a sus talones, 1,30”0, la carrera se decide únicamente en los últimos metros, cuando la australiana puede resistir el último esfuerzo de sus rivales, y toca el muro de llegada una décima de segundo antes que la japonesa, 3,06”3 por 3,06”4, nuevo récord olímpico, técnicamente equivalente al mundial de Jacobsen, mientras esta debe conformarse con el tercer lugar, 3,07”1.
 
Nuevo capítulo para el anecdotario olímpico. El juez-árbitro propone la descalificación de la australiana Dennis, alegando que la seda con que ha estado confeccionado su bañador no es un material reglamentario. La protesta de los dirigentes australianos, señalando que su nadadora había pasado la reglamentaria revisión en la cámara de salidas, parece convèncer finalmente al juez, que acaba cediendo, para que Dennis, pocos minutos después, pueda proclamarse campeona olímpica.
 
Los Juegos de Los Ángeles han acabado. La sorpresa proporcionada por la natación masculina japonesa (la femenina, pese al segundo lugar de la bracista Maehata, tardará aún muchos años en sobresalir) ha sido total, aunque no del todo inesperada. Un año antes, en agosto de 1931, se había inaugurado en Tokio la piscina de 50m. situada en el Parque Meiji (Meiji, en japonés, significa progreso) con un “plato” de verdadero sibarita para un aficionado a la natación, un encuentro dual entre Estados Unidos y Japón, que se convertiría en un clásico a lo largo de un período de más de una veintena de años.


Delegación de Gran Bretaña desplazada a Los Ángeles

 

En aquel encuentro, los japoneses presentaron un equipo que se impuso a los norteamericanos por un total de 40-23 (cada país presentaba tres nadadores por prueba, puntuando los tres primeros clasificados, fueran del equipo que fueran) ganando la mayoría de pruebas olímpicas (se nadó un programa completo, inusual en aquel tiempo, con 100, 200, 400 y 1.500m.libres, 100-200 de espalda y braza, y los 4×100 y 4x200m.libres) y presentando, sobretodo, un equipo muy joven, con casi todos los que el año siguiente maravillaron al público presente en la piscina de Los Ángeles. Mientras el ambiente que se vivía a la capital californiana durante los Juegos, con toda una serie de “stars” y “starlettes” que aprovechaban la presencia de los olímpicos para promocionarse, ayudó a que muchos deportistas acabaran, literalmente, “desentendiendose” de los Juegos, la férrea disciplina impuesta por Matsuzawa a todo su grupo fue la admiración de propios y extraños, por su circunspección y voluntad de vencer.
 
Desde aquel momento, la natación japonesa entraba a formar parte de la élite mundial, de la que, pese a ciertos períodos de una cierta regresión, ya no ha salido nunca más.       
 
 
Guillem Alsina