Juegos Olímpicos. Amsterdam – 1928


Equipo USA de 4×200 libre

Con un ambiente bastante frío, tanto por la temperatura del agua como por el frío exterior, e incluso por las relaciones, no excesivamente cordiales, entre el Comitè Organizador de los Juegos y las autoridades del país (la Reina Guillermina incluso rehusó estar presente en la ceremonia inaugural de los Juegos) se diputan en la ciudad holandesa las pruebas correspondientes a los Juegos de la novena Olimpiada.

 
Las competiciones de natación, disputadas entre el 2 y el 11 de agosto, tienen lugar en un tramo del Canal del Zuiderzee, perfectamente habilidad como piscina de 50×18 metros, medidas olímpicas impuestas ya en los anteriores Juegos de París, sin ninguna corriente, y con unas magníficas gradas a todo su alrededor, dignas de un Estadio Náutico.
 
29 países tienen nadadores en estos Juegos, 26 en categoría masculina, y 17 en la femenina, nuevos récords de participación, con un aumento muy significativo en el apartado de participación femenina. 6 de estos países participan por primera vez en las pruebas de natación: India (a pesar de ser un Dominion de la Gran Bretaña) Irlanda, Panamá, Filipinas, Polonia, y Chile). 
 
100m.libres: el récord mundial continúa en poder del norteamericano John Weissmuller, con los 57”4 logrados en Miami, p.25m., el 17 de febrero de 1924, que también es recordista olímpico, con sus 59”0 de cuatro años antes en París, así como mejor tiempo mundial en piscina larga con los magníficos 57”8 logrados pocas semanas antes de los Juegos, un tiempo equivalente a 56”5 en piscina corta, muy superior, pues, a su récord mundial. Las eliminatorias se disputan el 9 de agosto; semifinales el 10; final el 11; 30 participantes, repartidos en 7 eliminatorias y 3 semifinales; los tres primeros de cada eliminatoria más el mejor de los terceros clasificados pasan a semifinales; los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor de los terceros, disputan la final.
 
Difícilmente se le podía escapa el triunfo a un Weissmuller en toda la plenitud de sus veinticuatro años, como así fue. En la 3a.semifinal, y con un tiempo de 58”6, supera su récord olímpico, que iguala al día siguiente en el curso de la final, ganando sin ningún problema, por delante del húngaro Istvan Barany, 59”8, que con este tiempo es el primero europeo en bajar el minuto. El japonés Katsuo Takaishi, 60”0, es tercero, por delante de un decepcionante George Kojac de quien se esperaba mucho más.
 
Weissmuller quedaba lejos de los mencionados 57”8 logrados en el curso de los Campeonatos Nacionales USA, disputados en piscina de 50m. En esta carrera, Kojac le había ofrecido una gran resistencia, inclinándose únicamente por dos décimas de diferencia, y era con este aval que se presentaba en los Juegos, dispuesto a defender sus posibilidades, intentando disputarle a Weissmuller el título de “nadador más rápido del mundo”, a pesar que el atlético rival del futuro “Tarzan” pensaba más en su prueba de los 100m.espalda, que no en los 100m.libres, donde, enfrentado a un Weissmuller en plena forma, tenía mucho más difícil el triunfo.
 
Este, por su parte, finalizaba en Amsterdam su brillante carrera deportiva. Al año siguiente se convertía en profesional al aceptar una faena de entrenador en la parisina piscina de Molitor, y poco después le llegaba la gran oportunidad de su vida al firmar un contrato que le ofreció una importando productora de Hollywood, para interpretar el papel de “Tarzan” en las adaptaciones cinematográficas de la famosa obra de Edgar Rice Burroughs. En su papel, en el que mostraba a menudo su perfecto, armonioso y deslizante estilo de crol (realmente, pocas palabras acostumbraba a pronunciar) Weissmuller hizo una gran promoción de la natación, el deporte que le dio fama, primero como nadador, después como actor.
 


Victoriano-Alberto Zorrilla

400m.libres: récord mundial en poder del sueco Arne Borg, 4,50”3, el 11/09/1925, en Estocolmo, p.25 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de John Weissmuller, 4,52”0, el 1927, en Honolulú); récord olímpico en poder de John Weissmuller, con sus 5,04”2 de la final de París-1924. Eliminatorias el 7 de agosto; semifinales el 8; final el 9. 26 participantes, repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria más el mejor de los terceros, pasan a semifinales, los tres mejores de cada una de las cuales pasan a la final. No se presenta a defender su título de París, John Weissmuller.

 
Arne Borg, el ya mítico Borg de los 19,07”2 en los 1.500m. de la final de los Campeonatos de Europa de Bolonia, el año anterior, era el gran favorito de la prueba, mucho más después de su concluyente triunfo en el kilómetro y medio pocos días antes, y la ausencia de un Weissmuller que no defendía su título de París. Sus 4,58”4 logrados a su paso, camino del triunfo en los 1.500m. eran suficientemente explícitos para convertirlo en el claro favorito de los cuatro hectómetros, una prueba en la que Weissmuller era el único que le habría podido discutir el triunfo. En semifinales, el sueco se acerca al récord olímpico, 5,05”4, confirmando su favoritismo. Con el cuarto mejor tiempo de estas semifinales, un argentino prácticamente desconocido, Victoriano-Alberto Zorrilla, 5,11”4, se clasifica igualmente para la final.
 
Borg parece confirmar los pronósticos de la final, distanciándose rápidamente de sus rivales. Pasa el primer cuarto de la prueba en unos excelentes 1,02”8, por delante del australiano Andrew “Boy” Charlton, 1,07”8, mientras que el argentino Zorrilla es tercero, 1,08”0, con el norteamericano Buster Crabbe a sus talones, mucho más moderados que el sueco. Continuando su brillante esfuerzo, el sueco se mantiene en cabeza, 2,19”8 (un tiempo que podría llevarlo a unos 4,48”-4,49” al final de la prueba, totalmente inimaginables en aquel tiempo) completamente destacado de Charlton, ahora segundo en 2,25”0, mientras Zorrilla es tercero, 2,26”0, por delante de Crabbe.
 
A partir de los 200m., sin embargo, y como ya podía esperarse por sus tiempos de paso, el sueco empieza a “pinchar” de forma espectacular, aunque parece imposible que todavía pueda perder el título. A los 300m., su ventaja es de poco más de dos segundos por delante del australiano, 3,43”0 por 3,45”3, mientras el argentino señala una décima más, 3,45”4, y Crabbe parece ya descolgado de la lucha por las medallas.
 
Mientras los dos perseguidores inician su ataque final, el sueco se desfonda completamente, y es alcanzado en el último viraje. En un emocionante último largo, y en medio de la general sorpresa, Zorrilla se impone en los últimos metros a Charlton, mientras Borg, completamente hundido, aún consigue ser tercero por delante del norteamericano Clarence “Buster” Crabbe, a solo ocho décimas del estrafalario sueco.
 
Con 5,01”6, Zorrilla supera oficialmente el récord olímpico de Weissmuller (y decimos oficialmente, porque algunos consideran como récord olímpico los 4,58”4 logrados a su paso de los 1.500m., aunque nosotros no lo consideramos así, al no haber sido logrado este tiempo en la correspondiente prueba individual) récord que también supera Charlton, 5,03”6, mientras Borg, otra vez víctima de sus irregularidades, es tercero en 5,04”6.
 
Zorrilla recogía un justo premio a todos sus esfuerzos. Eliminado de los 100m.libres en los anteriores Juegos de París-1924, se había entrenado a lo largo de tres años en universidades norteamericanas, buscando facilidades que se le negaban en su propio país. Su triunfo queda sellado por el estrecho abrazo entre él y unos cuantos de los componentes del equipo USA (entre los que quizá Weissmuller demostraba ser el más contento) al salir de las aguas de la piscina holandesa, una vez logrado su triunfo.
 
El futuro “Tarzan” era uno de los pocos que confiaba plenamente en el posible éxito del argentino, muy al contrario, por ejemplo, de la misma organización, que, a pesar de sus preparativos, ni tan solo se había preocupado de tener a mano una copia de la partitura del himno argentino para la ceremonia de proclamación de campeones. Después de casi dos horas de búsqueda por toda la ciudad se pudo lograr un ejemplar y efectuar la ceremonia, en la que el sonido de la música se mezcló con las lágrimas de alegría del más que sorprendido nadador “gaucho”, que, según sus propias palabras, había llegado a Amsterdam dispuesto a luchar por la medalla de plata o de bronce, tan imbatible parecía el sueco después de aquella imborrable gesta de Bolonia.
 
Arne Borg, por su parte, continuaba con su pintoresca conducta por todas las piscinas del mundo. Sus portentosas e innegables condiciones le permitían gestas como la ya mencionada de Bolonia, avanzándose diez o doce años a su tiempo, mientras su vida privada le impedía lograr una regularidad que, con toda probabilidad, lo hubieran convertido en un nadador imbatible en distancias por encima de los 200m., llegando a unos límites imposibles de predecir. Por su fama, que trascendía los límites del ambiente de la natación, una parte de su vida transcurría por cabarets y salas de fiesta de las ciudades que visitaba, bebiendo de forma abundante, fumando ostensiblemente cigarros e incluso grandes habanos que, en ocasiones, dejaba humeantes a la orilla de la piscina, para continuar fumándolos una vez acabada la prueba.
 
Ya cuatro años antes, en París, ciudad donde, naturalmente, abundaban los lugares de “buena vida”, el sueco se había señalado por su conducta, poco en consonancia con la que se espera de un deportista olímpico aspirante a medallas de oro. Su innegable clase, sin embargo, le permitía mantener este ritmo de vida y, cuando él se lo proponía, ó tenia que hacerlo, superaba, incluso pulverizaba, cualquiera récord mundial, de los cuales llegó a superar un total de 31 (es el nadador que más récords mundiales ha superado, aunque hay que tener en cuenta que en su tiempo había una gran cantidad de distancias que la FINA homologaba, tanto en metros como en yardas).
 
Sus portentosas facultades se pusieron en evidencia muchos años después de su retirada, cuando al festejar su quincuagésimo aniversario, precisamente en Las Palmas de Gran Canaria, donde veraneaba, nadó unos 100m.crol en poco más de 1,05”, cuando su mejor tiempo, en su época dorada de campeón olímpico y europeo, era de pocas décimas por encima del minuto. Aportemos, finalmente, y con eso acabamos la descripción del personaje más anecdótico que nunca se haya paseado por las piscinas del mundo entero, la anécdota contada por el catalán Ángel Sabata, componente del equipo español de waterpolo en estos Juegos de Amsterdam, sobre el rumor que corría por la Villa Olímpica, que el sueco poseía un tercer pulmón, alojado entre los otros dos, lo cual le proporcionaba su característica y excepcional flotabilidad. Incluso, según se dice, un comité médico examinó a Borg, para averiguar que había de cierto en aquel rumor, aunque, naturalmente, no se llegó a confirmar la existencia del famoso tercero pulmón, del que queda constancia, por lo menos, como señal de la fama de que llegó a gozar en su época aquel sueco.
 


1500 libres

1.500m.libres: récord mundial en poder de Arne Borg, 19,07”2, el 02/09/1927, en Bolonia, p.50m.; récord olímpico en poder del australiano Andrew “Boy” Charlton, 20,06”6, en la final de París-1924. Eliminatorias el 2 de agosto; semifinal el 4; final el 6. 19 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los terceros clasificados pasan a semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales disputan la final. Se presenta a defender su título el australiano Andrew “Boy” Charlton.

 
Con sus 19,07”2 como carta de presentación, Borg se presenta en Amsterdam dispuesto a lograr su primer título olímpico, sin que se vea cuál de sus rivales logrará mantener su ritmo. Ya en las eliminatorias se acerca al récord olímpico de su gran rival, “Boy” Charlton, con unos 20,14”2, aunque no será hasta la final cuando logrará superarlo. Destacado desde los primeros metros, rozando sus parciales de Bolonia (1,02”3, 2,19”0, 3,38”0, 4,58”4, por 4,56”0 en la cita italiana), y ya claramente destacado por delante del australiano, 5,05”5 en los 400m., poco a poco se va ralentizando el ritmo del sueco a medida que aumenta el metraje y la diferencia entre él y sus rivales.
 
En los 800m. pasa en 10,22”2 (por los 10,09” señalados en Bolonia) siempre por delante del australiano, 10,31”4; 13,04”1 en el kilómetro (por 12,44” en Bolonia), estabilizando su ventaja, 13,13”4 para Charlton, y acaba la prueba con unos buenos 19,51”8, por 20,02”6 de Charlton, superando de una buena quincena de segundos el récord olímpico, aunque sin acercarse a su mundial, que parecía tener al alcance en los primeros metros. El australiano, vencedor cuatro años antes, supera igualmente su ya ex récord olímpico, mientras Clarence Crabbe, el norteamericano, es tercero, 20,28”8, “navegando” casi toda la prueba en este lugar, muy lejos, tanto del australiano como de su compañero de equipo Ruddy, cuarto clasificado en 21,05”0, mientras Zorrilla es último, reservándose para “explotar” en los 400m., que se nadan en las siguientes jornadas.
 
4x200m.libres: continúa sin homologarse récord mundial en esta prueba, mientras el mejor tiempo mundial en piscina larga está en poder de un cuarteto alemán, 9,49”6, logrado el año antes, 1927, en los Europeos de Bolonia; récord olímpico del cuarteto norteamericano, 9,53”4 en la final de París-1924. Eliminatorias el 9 de agosto; final el 11. 13 cuartetos inscritos, repartidos en 3 eliminatorias, los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor de los terceros, pasan a la final.
 
Con Kojac y Weissmuller en su cuarteto, difícilmente podían verse superados los norteamericanos en esta final. Clapp y Laufer, los dos primeros en nadar ya dieron suficiente ventaja a sus dos otros compañeros, que únicamente tuvieron que preocuparse en mantenerla, tanto más cuando a ambos les esperaba, aquella misma tarde, la final de los 100m.libres, y ninguno de ellos quería comprometer sus posibilidades individuales en una prueba que tenían fácilmente ganada.
 
Con 9,36”2, el cuarteto USA supera el récord olímpico que otro cuarteto USA, con Samson, Clapp, Young y Weissmuller, había dejado establecido en 9,38”8, dos días antes al ganar 1a.eliminatoria. Sin ninguna duda, que pudiendo entregarse a fondo sus dos mejores nadadores (Kojac señaló un parcial de 2,27”, mientras Weissmuller lo hacía en uno de 2,23”, cuando ambos valían muy por debajo de los 2,20”) se hubiera podido señalar un récord mucho mejor del señalado. Segundo es, sorpresa, el cuarteto japonés, que llega a poco menos de cinco segundos de los vencedores, 9,41”4, mientras los canadienses, terceros con un tiempo de 9,47”8, superan igualmente el anterior récord olímpico de París, por delante del cuarteto húngaro, 9,57”0, cuarto clasificado. Hay que decir que el cuarteto alemán, uno de los favoritos a ganar medalla, así como el italiano, habian sido descalificados en las eliminatorias.
 
Curiosa fotografía la del libro oficial de resultados, que nos muestra el equipo USA al presentarse a tomar la salida de esta prueba. Dos de sus representantes van con albornoz; otro correctamente vestido, incluida la corbata, mientras el cuarto va con un jersey por encima de la camisa, y un pantalón a cuadros. Es de suponer que irían a los vestuarios a cambiarse.
 


MJ Braun, vencedora de los 100 espalda femeninos

100m.espalda: récord mundial en poder del norteamericano George Kojac, 1,09”0, el 23 de junio del mismo año olímpico, en Detroit, p.50m.; récord olímpico en poder del también norteamericano, Warren Kealoha, 1,13”2 en París-1924. Eliminatorias el 7 de agosto; semifinales el 8; final el 9. 19 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los dos mejores de cada eliminatoria más el mejor tercero pasan a las semifinales, los tres primeros de cada una de las cuales disputan la final. No se presenta Warren Kealoha a defender su título de París.

 
El gran favorito de la prueba es el joven y atlético George Kojac, 17 años, que pocas semanas antes se había convertido en recordista mundial. En la 1a.eliminatoria, y con un tiempo de 1,09”2, borra el récord olímpico de Kealoha, mientras en la final, y sin ningún problema, supera a su compatriota Walter Laufer (recordista de la prueba un año antes) y al tercer representante USA, Paul Wyatt, segundo en París cuatro años antes. Kojac vence y convence totalmente, ganando con un tiempo de 1,08”2, nuevo récord mundial y olímpico, con 1,10”0 para Laufer, también récord personal, y 1,12”0 de Wyatt, sin ser inquietados por el cuarto clasificado, el japonés Iriye, 1,13”6. El tiempo de Kojac fue extraordinario para su tiempo, manteniéndose durante seis años como récord mundial, y ocho como récord olímpico, cuando otro “gigante” de la especialidad (y no decimos “gigante” únicamente en el sentido físico de la palabra) Adolph Kiefer, le superaría en ambos rankings.
 
200m.braza: récord mundial en poder del alemán Erich Rademacher, 2,48”0, el 11 de marzo del 1927, en Bruselas, p.25 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del mismo Erich Rademacher, 2,52”6, en en los Europeos de Budapest-1926); récord olímpico en poder del norteamericano Bob Skelton, 2,56”0 en las eliminatorias de París-1924. Eliminatorias el 6 de agosto; semifinales el 7; final el 8. 21 participantes, repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor tercero pasan a semifinales, los tres mejores de cada una de las cuales pasan a la final.
 
El enfrentamiento entre el veterano Erich Rademacher y la nueva hornada de bracistas prometía ser una de las pruebas más emocionantes de los Juegos. El alemán, con su braza larga y majestuosa, había señalado la primera época dorada de este estilo, llevando los récords mundiales hasta límites en consonancia con los de los otros dos estilos, crol y espalda. Apartado de la posibilidad de lograr el título olímpico el 1924, cuando dominaba de manera total y absoluta la braza mundial, buscaba ahora, en la ciudad holandesa, aquella consagración que se le había escapado en su mejor momento, consciente, sin embargo, que esta no le seria regalada por sus rivales, y que si quería ganar debía ser el mejor, como lo era cuatro años antes.
 


Salida de la tercera serie eliminatoria de los 200 braza.

Bien pronto se inicia la lucha sicológica entre el alemán y el japonès Yoshiyuki Tsuruta, su máximo rival. En la 3a.eliminatoria, Rademacher supera el récord olímpico de Skelton con unos excelentes 2,52”0. Su alegría le dura, sin embargo, los breves minutos que se tarda en nadar la siguiente eliminatoria, cuando Tsuruta golpeando aún más fuerte, le supera el récord por un par de segundos, 2,50”0, teóricamente superior al récord mundial del alemán, al haber sido logrado en piscina de 50m. Al día siguiente, y al ganar la 1a.semifinal, Tsuruta afianza sus posibilidades de victoria, señalando un nuevo récord olímpico, 2,49”2, mientras Rademacher se limita a ganar la otra semifinal con unos discretos 2,56”6, pareciendo reservar fuerzas para la final.

 
Esta, como era previsible, se juega únicamente entre de los dos grandes favoritos. Cogiendo el mando de la prueba desde los primeros metros, Tsuruta pasa en 36”8 en el primer viraje, y 1,17”8 a mitad de carrera, marcado muy de cerca por el alemán. Después, el japonés rechaza los intentos de su rival, y se va poco a poco hacia un excelente triunfo, superando por tercera vez el récord olímpico con unos magníficos 2,48”8, equivalentes a unos 2,46” en piscina corta, muy superior, pues, al mundial de Rademacher, dejando el segundo lugar para el alemán, que señala su mejor tiempo personal en piscina larga, 2,50”6, aunque esto no le permita lograr lo que su carrera deportiva, enmarcada en el período 1921-1928, parecía prometerle. A pesar de todo, y como ya hemos dicho, la trayectoria de Rademacher señalará uno de los momentos más álgidos de la braza mundial, y su nombre será, aún por muchos años, sinónimo de bien nadar y perfecto estilo, incluso cuando sus récords hayan sido superados.
 
Tercero de esta prueba, con un tiempo de 2,56”4, el filipino Teòfilo Ildefonso (o Yldefonso, según algunas fuentes) creaba un sorprendente problema a los jueces encargados de velar por la pureza del estilo, pues su modalidad de braza obligó, incluso, a coger el Reglamento Técnico para tratar de resolver la cuestión. Ildefonso ejecutaba una brazada por encima del agua, igual que el resto de bracistas, pero inmediatamente se sumergía debajo del agua y ejecutaba una, dos, e incluso tres brazadas, por debajo, sin respirar, llevando los brazos hasta los muslos, tal y como se hacia en las brazadas posteriores a la salida y los virajes.
 
Después de las pertinentes reclamaciones y las lógicas discusiones, los jueces hubieron de dictaminar que si bien aquella modalidad era completamente inusual, se ajustaba claramente a todo el que el Reglamento pedía para considerar legal una braza, razón por la que era totalmente improcedente descalificar al nadador filipino. Este, pues, pudo continuar empleando su particular modalidad de braza, participando aún en los Juegos de 1932 y 1936, siempre con los jueces de estilo al acecho, pero sin que nunca pudiera ser descalificado. Al hablar de los JJ.OO. de Melbourne, en 1956, veintiocho años más tarde, reemprenderemos el hilo de este pintoresco filipino y su no menos pintoresca modalidad de braza.
 
La natación femenina, por su lado, continuaba el gran desarrollo experimentado desde sus inicios, en 1912, y continuado en 1920 y 1924, preparándose en Amsterdam para conquistar un lugar definitivo en el programa olímpico.
 


Salida de la final de los 100 libre femeninos
 
100m.libres: récord mundial en poder de la norteamericana Ethel Lackie, 1,10”0, el 28 de enero de 1926, en Toledo (USA), p.25 yardas; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la también norteamericana Mariechen Wehselau, con los 1,12”2 logrados en las eliminatorias de París-1924. Eliminatorias el 10 de agosto; semifinales el 11; final el 12. 24 participantes, repartidas en 6 eliminatorias y 2 semifinales. Las dos primeras de cada eliminatoria, más la mejor de las terceras clasificadas pasan a semifinales, las tres primeras de cada una de las cuales nadan la final. No defiende su título la campeona de París, Ethel Lackie, todavía recordista mundial de la distancia, retirada de la natación.

 
Difícilmente se puede buscar la futura campeona olímpica si no es entre dos de las representantes USA, Albina Osipowich, o Eleanor Garatti, con una cierta ventaja para la segunda, por sus 1,10”6 de los Campeonatos USA en piscina larga, teóricamente superiores al récord mundial de Lackie. La lucha entre ambas se inicia en las semifinales, cuando Osipowich gana la primera, igualando el récord olímpico de Wehselau, 1,12”2, aunque su compatriota y rival contesta perfectamente al ganar la 2a.semifinal con un tiempo de 1,11”4, nuevo récord olímpico.
 
La final se disputa entre ambas, con una gran igualdad hasta los últimos metros, cuando Osipowich puede lograr unos cortos centímetros de ventaja que la permiten lograr el título olímpico con un tiempo de 1,11”0, nuevo récord olímpico, cuatro décimas por delante de Garatti, 1,11”4. Tras ellas, las británicas Margaret Cooper, tercera con un tiempo de 1,13”6, y Joan McDowall, cuarta en 1,13”8, impiden el “triple” USA, al imponerse a la tercera velocista norteamericana, Susane Laird, 1,14”6. Margaret Cooper entra, con este tercer lugar, en el pequeño anecdotario olímpico, al ser la primera nadadora no norteamericana que subía al podio olímpico en una prueba individual de crol.
 


Martha Norelius

400m.libres: récord mundial en poder de la norteamericana Martha Norelius, 5,49”6, el 30 de junio de 1928, en Nueva York, p.50m.; récord olímpico de la misma nadadora, 6,02”2 de la final de París-1924. Eliminatorias el 4 de agosto; semifinales el 5; final el 6. 20 participantes repartidas entre 4 eliminatorias y 2 semifinales; las dos primeras de cada eliminatoria y la mejor de las terceras pasan a semifinales, las tres mejores de cada una de las cuales nadan la final. Se presenta a defender su título la campeona de París, Martha Norelius.

 
Por sus récords mundiales de 200 y 400m., y de las 880 yardas, la máxima favorita para revalidar el título es Martha Norelius, después que el año anterior se haya convertido en la primera nadadora, y una de las pocas, que ha logrado la victoria en todas las pruebas de crol, desde los 50 hasta los 1.500m., de los Campeonatos Nacionales USA. Dejando perfectamente clara su superioridad, Norelius supera, ya a la 1a.eliminatoria, sus récords mundial y olímpico, dejándolos en 5,45”4 (tiempo que la FINA, siguiendo su costumbre, no homologará) con ocho segundos de ventaja sobre el segundo mejor tiempo, los 5,53”8 de la holandesa Marie Braun.
 
En la final, la norteamericana no tiene ningún problema para hacerse con su segundo título, tanto más que la holandesa se limita únicamente a asegurarse el segundo lugar. Aun así, Norelius lucha reñidamente contra ella misma, bajando algo más su récord de las eliminatorias, señalando unos magníficos 5,42”8, nuevo récord mundial y olímpico, con una ventaja de casi quince segundos sobre Marie Braun, segunda en 5,57”8, que tampoco tiene muchos problemas para imponerse a la norteamericana Josephine McKim, tercera en 6,00”2, mientras la británica Susan Stewart, 6,07”0, es cuarta.
 
4x100m.libres: continúa sin homologarse el récord mundial de esta prueba por parte de la FINA, mientras el récord olímpico y el mejor tiempo mundial en piscina larga están en poder del cuarteto norteamericano con los 4,58”8 de la final de París-1924. Eliminatorias el 8 de agosto; final el 9. 7 cuartetos participantes repartidos en 2 eliminatorias, los tres primeros de cada una de las cuales nadan la final.
 
Continuaban dominando esta prueba las velocistas USA por su superioridad individual, y, efectivamente, su triunfo es incuestionable. Ya en las eliminatorias, el cuarteto formado por Lambert, McKim, Laird y Osipowich supera el récord olímpico con un tiempo de 4,55”6, tiempo que es superado de nuevo horas después en la final, 4,47”6, con Garatti y Norelius sustituyendo McKim y Laird. Las británicas, 5,02”8, son segundas, por delante de las sudafricanas, 5,13”4, mientras son descalificadas las holandesas, firmes aspirantes a la medalla de plata ó bronce, después de haber llegado en tercer lugar, en buena lucha con las británicas, 5,04”0.
 
En el cuarteto ganador, Marta Norelius lograba su tercer triunfo olímpico, cerrando, de esta manera, una brillante carrera deportiva, que la ha llevado a superar, además, un total de diecisiete récords mundiales.
 
100m.espalda: récord mundial en poder de la holandesa Wilhelmina DenTurk, 1,22”0, el 10 de julio de 1927, en Roterdam, p.25m.; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la desventurada norteamericana Sybil Bauer, 1,23”2 de la final de París-1924. Eliminatorias el 11 de agosto; final el 13. 12 nadadoras repartidas en 3 eliminatorias, razón por la cual no se nadan semifinales; las 2 primeras de cada eliminatoria más la mejor tercera, pasan a la final. No puede defender su título Sybil Bauer, fallecida el año anterior.
 
Marie Braun se convierte en la primera campeona olímpica de una natación holandesa que dará a lo largo de los años muchas satisfacciones a los aficionados del pequeño país. No lo tiene fácil, sin embargo. En la 1a.eliminatoria, la británica Elisabeth King supera el récord olímpico de Bauer con unos magníficos 1,22”0, igualando el mundial de la holandesa DenTurk (que no ha podido clasificarse para disputar los Juegos) aunque el tiempo de King le sea técnicamente superior al haber sido logrado en piscina larga. Sin embargo, Braun, dispuesta a ganar ante su público, no se queda atrás, y pocos minutos después, en la 2a.eliminatoria, baja el tiempo de la británica y de su compatriota, y con 1,21”6, pasa a ser, al mismo tiempo, recordista mundial y olímpica.
 
La final se juega entre la holandesa y las dos británicas, la mencionada King, y Margaret Cooper. Braun coge el mando de la prueba, y a pesar de los esfuerzos de sus dos rivales, acaba adjudicándose el triunfo, con un tiempo de 1,22”0, dos décimas por delante de King, 1,22”2, y ocho de Cooper, 1,22”8, dejando fuera del podio las tres representantes USA, clasificadas a seguir, entre las que una joven Eleanor Holm, 14 años y quinta clasificada, debe esperar su oportunidad.
 


Baron junto con Schrader

200m.braza: récord mundial en poder de la alemana Lotte Muhe, 3,11”2, el 15 de julio del mismo año olímpico, en Berlín, p.50m.; récord olímpico de la norteamericana Agnes Geraghty, 3,27”6 en las eliminatorias de París-1924. Eliminatorias el 7 de agosto; semifinales el 8; final el 9. 21 participantes, repartidas en 4 eliminatorias y 2 semifinales. Las tres primeras de cada eliminatoria pasan a semifinales, las tres primeras de cada una de las cuales nada la final. No se presenta a defender su título la británica Lucy Morton.

 
Una de las pruebas más abiertas de los Juegos, con tres principales favoritas como son las alemanas Hilde Schrader y Lotte Muhe, y la holandesa Marie Baron (a la que Muhe había arrebatado el récord mundial pocas semanas antes de los Juegos) que buscaba ante su público olvidar su desdichada descalificación de París, cuatro años antes. Schrader parece, sin embargo, en Amsterdam, la bracista más forma, y lo demuestra ya en la 1a.eliminatoria, al superar claramente el récord olímpico con un tiempo de 3,11”6, a solo cuatro décimas del mundial de su compatriota Muhe. Sin contentarse con eso, al dia siguiente gana la 2a.semifinal con estas cuatro décimas de menos, 3,11”2, igualando el récord mundial, y superando, naturalmente, su récord olímpico.
 
La final, en efecto, no le presenta ningún problema por parte de sus rivales, y únicamente un desafortunado accidente está a punto de costarle a Schrader el merecido título. Al lanzarse al agua, se le desabrocha uno de los tirantes de su bañador, y debe nadar toda la prueba así, con la dificultad suplementaria que eso representa para la resistencia del agua. Quizá es este detalle el que no la permite superar su tiempo de la semifinal, aunque, finalmente, no tiene muchos problemas para ganar, con un tiempo de 3,12”6, muy superior a los 3,15”2 de Marie Baron, segunda, mientras Muhe, 3,17”6, es tercera.
 
Digamos, únicamente como curiosidad, que de las seis finalistas de esta prueba, no menos de cuatro habían sido, o lo era, en el caso de Lote Muhe, recordistas mundiales (Marie Baron, recordista en 1926 y que volverá a serlo en 1928; la danesa Else Jacobsen, recordista en 1927, y que volverá a serlo cinco años más tarde, en 1932; y la sueca Berta Hazelius, recordista en 1926); teniendo en cuenta que Schrader había igualado el récord mundial, se puede decir que en esta final tomaban parte cinco recordistas mundiales, sobre un total de seis finalistas, un hecho que difícilmente podremos encontrar en ninguna otra final de cualquiera edición de los Juegos.
 
Los Juegos Olímpicos del 1928 señalaban, cuando menos de manera global, la superioridad norteamericana en ambas categorías, aunque ya no fuera la lograda cuatro años antes en París, donde habían logrado cinco de los seis triunfos posibles en hombres, y cuatro de cinco en mujeres. En Amsterdam, sin embargo, ha comenzado ya a dibujarse le amenaza japonesa en la categoría masculina, mientras en la femenina serán las representantes holandesas las que parecen poder discutir la supremacía USA, pese a la escasez de sus efectivos, comparándolos con los norteamericanos. 
 
Guillem Alsina