Historia del estilo espalda. Tercer capítulo

III – Aparece la espalda croleada

 
Los Juegos Olímpicos de Estocolmo, en 1912, marcaran el inicio del cambio en el estilo de espalda. En las eliminatorias de los 100m.espalda, un norteamericano, Harry Hebner, provoca la atención de jueces, participantes y público, demostrando un estilo revolucionario. Sus brazos se mueven alternativamente, uno de ellos haciendo la pasada bajo el agua mientras el otro ejecuta la recuperación, y las piernas se mueven, igualmente, de manera alternada, con un movimiento muy parecido al pedaleo de una bicicleta.
 
Protestas por parte de algunos de los participantes y discusiones entre jueces, mientras los dirigentes del equipo USA, reglamento en mano, se esfuerzan en demostrar que su nadador cumple perfectamente la única condición esencial para no ser descalificado en este estilo: llevar siempre el cuerpo decubito dorsal, nadando sobre la espalda. 
 
El sentido común se impone finalmente, y el norteamericano puede terminar los Juegos nadando en su novedoso estilo. En las eliminatorias ha impuesto un nuevo récord olímpico, 1,21”0, récord que ha bajado hasta 1,20”8 en las semifinales, mientras en la final no puede superar su tiempo, 1,21”2, aunque no tiene problemas en imponerse al recordista mundial, Otto Fahr, segundo en 1,22”4, mientras otro alemán, Paul Kellner, es tercero, 1,24”0, nadando ambos en la clásica espalda-braza. El récord mundial de Fahr sigue en pie.
 
Pese a que se considera a Harry Hebner como el inventor de esta nueva modalidad de espalda, se habla de un libro editado hacia 1903, en el que sus autores, los británicos Archibald Sinclair y William Henry, exponen un estilo de espalda con movimientos alternativos de brazos parecido al que empleaba Trudgen en su estilo; otros, en cambio, indican que Hebner habria aprendido aquella nueva modalidad de su compatriota Percy McGillivray, más conocido como excelente velocista. 
 
Realmente, aquella primera modalidad de lo que podriamos llamar “espalda croleada”, tenia poco a ver con la espalda que se practica en nuestros dias, si no es el movimiento alternativo de brazos y de piernas. Lo que en realidad habia hecho Hebner (o McGillivray, o los dos británicos nombrados, o quien fuera el inventor de la nueva modalidad) habia sido traspasar los movimientos del naciente estilo de crol, a la posición dorsal del cuerpo, copiando sus movimientos de la mejor forma posible, y siempre teniendo en cuenta las ventajas y desventajas de la posición dorsal en que se encontraba el cuerpo al nadar espalda.
 
Los brazos de Hebner se doblaban por el codo al salir del agua junto al muslo, para estirarse de nuevo progresivamente conforme se movian hacia atrás, ejecutando un circulo vertical completo. Entraban en el agua en la posición conocida como “a las 12” (teniendo como imagen la posición de las horas del reloj) y hundiendolo profundamente, sin doblar para nada los codos. El cuerpo se llevaba en posición muy arqueada, prácticamente sentado, con la cabeza levantada, los ojos mirando a los pies del nadador. Por su lado, las piernas se movian con un movimiento de atrás-adelante, muy parecido al pedaleo en bicicleta, y en el cual ambas rodillas llegaban perfectamente a sobresalir del agua.  
 
Se trataba de un estilo de movimientos muy enérgicos, casi se podria decir que violentos, muy alejado de la suavidad y deslizamiento de la modalidad clásica “braceada”. Este gasto de energia lo convertia en un estilo de distancias cortas, 100 metros como máximo, mientras para las distancias superiores, 200 y 400m., era más conveniente la espalda “braceada”. Como demostración de lo que estamos diciendo, digamos que mientras el récord mundial de los 100m. de Otto Fahr fue superado en 1920, el de los 200m., del mismo Fahr, no se superó hasta 1926, mientras el de los 400m. Caia un año despues. 
 
El estallido de la “I Gran Locura Mundial” en 1914 impidió la difusión de aquella nueva modalidad demostrada por Hebner, aunque no impidió que la espalda “braceada” tuviera sus últimos éxitos antes del inicio de las hostilidades, con tres nuevas superaciones, a cargo del británico George Webster en dos ocasiones, 6,25”6, el 26/10/1912, y 6,18”6 el 5/07/1913, y, finalmente, del alemán Hermann Pent, 6,06”9, el 11 de octubre de aquel mismo 1913.
 
No será hasta 1920, con la disputa de los Juegos Olímpicos de Amberes, que ambas modalidades se reencuentren frente a frente. En la ciudad belga, la modalidad “croleada” se impone claramente a la “braceada”, defendida únicamente por los participantes europeos, con victoria del norteamericano Warren Kealoha, 1,15”2, por delante de su compatriota Ray Kegeris, 1,16”2, mientras el tercer lugar es para el belga Gerard Blitz, 1,19”0, el único europeo adepto de la modalidad “croleada”. Derrota total de la espalda “braceada”, por cuanto los otros dos finalistas, ambos norteamericanos (entre ellos, Percy McGillivray) son, evidentemente, adeptos de la “croleada”. En las eliminatorias de la prueba, Kealoha ha conseguido un nuevo récord mundial con un tiempo de 1,14”8, rebajando en ocho décimas los 1,15”6 de Fahr.
 
No era este, sin embargo, el primer récord mundial conseguido en la modalidad “croleada”, puesto que dos años antes, el 30 de marzo de 1918, McGillivray había establecido un nuevo récord mundial en las 150 yardas, 1,48”8, este si, primer éxito de la nueva modalidad, aunque no había tenido mucha difusión por una Europa que estaba viviendo los últimos coletazos de la contienda que había asolado gran parte de sus tierras.
 
También se habían empezado a homologar los primeros récords femeninos en estilo espalda, únicamente en las 150 yardas, aunque aquellas mujeres todavía no se atrevían con la modalidad “croleada”, lo que favorece a las primeras recordistas, las británicas Lucy Morton (2,17”0 el 6/12/1906) y Margaret Spencer (2,16”2 el 30/10/1918, y 2,15”0 el 10/09/1919) por ser dos nadadores que destacan mucho más en las pruebas de braza (Morton será campeona olímpica de los 200m.braza en París-1924). No será hasta 1920, que una norteamericana, Ethel Bleibtrey (campeona olímpica de 100 y 300m.libres aquel mismo año en Amberes) consiga, con 2,10”2 en esta prueba de las 150y.espalda, el primer éxito de la espalda “croleada” entre el elemento femenino, desterrando de manera definitiva la ya antigua modalidad “braceada”, que poco a poco va desapareciendo de las piscinas. Pese a ello, no hubo pruebas de espalda entre las mujeres que asistieron a aquellos JJ.OO.de 1920.
 
Poco a poco la nueva modalidad empieza a abrirse paso. En 1921, el belga Gerard Blitz supera el récord mundial de los 400m., bajando de los seis minutos, 5,59”2, empleando todavía la modalidad “braceada”, aunque sea un nadador que emplea la “croleada” cuando se trata de nadar distancias cortas. El 20 de abril de 1922, Johnny “Tarzán” Weissmuller hace su única incursión en este estilo, superando el récord mundial de las 150y., 1,45”4.
 
Pocos meses después, 17 de septiembre, Kealoha vuelve a superar su récord mundial del hectómetro, nadándolo en 1,12”6 en una piscina de 25y., y en 1923, el 1 de diciembre, supera el de las 150y. en 1,44”8, en la misma piscina que el anterior, en Honolulu. Finalmente, poco antes de viajar hacia Paris, donde se disputaran Los JJ.OO. de 1924, supera por tercera vez su récord mundial del hectómetro, dejándolo en 1,12”4, aunque esta vez en piscina de 50m.
 
El primer récord femenino en distancias métricas corresponde a la norteamericana Sybil Bauer, que el 4 de julio de 1922 abre el palmarés de los 200m. con un tiempo de 3,06”8. En el hectómetro, el primer récord lleva fecha de 6 de julio de 1923, cuando la británica Doris Hart abre el palmarés al nadar la distancia en 1,36”7 en una piscina de 50m. de Göteborg, récord que, solo 23 días más tarde es llevado a 1,35”0 por la checa Jarmila Mullerova, en Praga, p.100’24m., aunque es la anteriormente citada Sybil Bauer quien se hace con él rápidamente, 8 de agosto de 1923, señalando 1,26”6, récords que pulveriza ella misma al año siguiente, con 1,22”4, un 6 de enero, y 3,03”8, el 9 de febrero, ambos en una piscina de 140 pies (más o menos unos 42’67m.) en Miami. La norteamericana será igualmente la primera recordista de los 400m.espalda, con un tiempo de 6,24”8, el 7/10/1922.
 
En París, las mujeres disputan por vez primera una prueba olímpica de espalda. Dominadora absoluta del estilo, Bauer no tiene ningún problema en imponerse, señalando un tiempo de 1,23”2, sacándole poco más de cuatro segundos de ventaja a la segunda, la británica Phyllis-May Harding, 1,27”4. Desgraciadamente, la norteamericana no podrá disfrutar durante mucho triunfo de sus éxitos, puesto que un cáncer, acabó con su vida el 31 de enero de 1927, pocos meses despues de cumplir los 23 años.
 
En los Juegos de París, los espaldistas USA se imponen fácilmente en los dos primeros lugares, con Kealoha, que revalida su título, 1,13”2, por delante de Paul Wyatt, 1,15”4, mientras el húngaro Karoly Bartha, 1,17”8, era tercero, ya por delante de Blitz. Todos los finalistas emplean la espalda “croleada”, mientras la “braceada”, si no tenemos en cuenta el récord mundial de los 200m., ha desaparecido prácticamente de las piscina de competición.
 
La Olimpiada 1924-1928 verá el triunfo total y definitivo de la espalda “croleada”, que pasa ya a ser sinónimo de este estilo. El 19 de junio de 1926, Kealoha supera su último récord mundial, señalando un tiempo de 1,11”4 en el hectómetro, en una piscina de 25y. en Hawaii. Ni siquiera tiene tiempo de disfrutar este récord, cuando, al día siguiente su compatriota Walter Laufer, en el curso de una gira de un equipo USA por Europa, se lo arrebata señalando dos décimas menos, 1,11”2, en una piscina de 100m. de Berlin. Cuatro días después, también en una piscina de 100m., ésta en Bremen, Laufer borra del palmarés los 2,48”4 de Otto Fahr en los 200m., fechados de 1912, señalando un tiempo de 2,47”1, récord que volverá a superar en dos ocasiones en el curso de este misma gira, 2,44”9 (11 de julio, Nurenberg, p.50m.) y dos días después, 2,38”8, en una piscina de 25m., en Magdebourg.
 
El 2 de marzo de 1927 otro norteamericano, George Fissler, supera el récord de las 150y. dejándolo en 1,42”0 en la piscina de 25y. de la Universidad de Yale, mientras que veinte días después, y en la misma piscina, P.A.House supera el de los 100m., estableciéndolo en 1,10”2, pocos días antes de que aparezca en escena el primero de los grandes especialistas de este estilo, el norteamericano George Kojac. Joven, todavía no ha cumplido los 17 años, perfectamente “construido” para la natación, y con una gran potencia física, Kojac supera su primer récord mundial el 30 de julio de 1927, cuando en una piscina de 55y. de Massapaqua borra del palmarés el último récord oficial de la espalda “braceada”, los 5,59”2 del belga Gerard Blitz en 1921, dejándolo en 5,52”2.
 
Ya dentro del año olímpico, Kojac supera el de los 100m. con un tiempo de 1,09”0 (23 de junio, en Detroit, p.50m.) poco antes de que, haciendo honor a su favoritismo, se imponga sin casi problemas en la final olímpica de Amsterdam, superando incluso su reciente récord mundial, 1,08”2, por delante de sus compatriotas William Laufer, 1,10”0, y Paul Wyatt, 1,12”0. Después, vendrán otros récords, hasta un total de cinco: tres en las 150y., 1,38”4 (New Brunswick, 30/03/29); 1,38”0 (Cambridge, 29/03/30) y 1,37”4 (New Haven, 31/03/32) todos ellos en p.25y.; uno de los 200m., 2,32”2 (New Haven, 16/06/30, p.25y.) después que el japonés Toshio Irie lo hubiera superado poco después de los JJ. OO., 2,37”8 (Tamagawa, p.50m., 14/10/28), y, finalmente, otro de los 400m., 5,43”3, dieciséis días después de su triunfo olímpico (Viena, p.33’33m., 25/08/28).
 
Cuando llega a Amsterdam, Kojac es el primer nadador que postula a un “doble” nunca visto hasta el momento. En los Campeonatos USA de verano 1928, se convierte en el único crolista que ha dado “problemas” a John Weissmuller en el hectómetro, inclinándose únicamente por dos décimas de segundo, 57”8 por 58”0, un tiempo muy superior, por lo menos técnicamente, al récord mundial de “Tarzán”, 57”4 en p.25m. Sin embargo, más atento a ganar “su” prueba de espalda, y consciente de la dificultad de vencer a Weissmuller, Kojac prefiere no exponerse a un fracaso en la espalda, y se contentará con ser finalista, cuarto, de los 100m.crol (aunque otros cuatro nadadores han conseguido nadar las finales olímpicas de 100m.crol y 100m.espalda, ninguno de ellos ha llegado a tener tantas posibilidades de vencer en ambas pruebas como Kojac).
 
El accidente de coche de Sybil Bauer, del cual murió en 1927, dejó un gran vació, aunque no detuvo el imparable progreso de este estilo. Aquel mismo año, 10 de julio de 1927, la holandesa Willy den Turk rebajó en cuatro décimas de segundo el récord de la infortunada norteamericana en el hectómetro, 1,22”0 (Roterdam, p.25m.). La final olímpica representa el primer gran éxito de una nueva potencia emergente, Holanda, que inician una singladura que la llevará, en determinadas ocasiones, a convertirse en la mayor potencia de la natación mundial en tenaz pugna con los Estados Unidos.
 
Marie Braun, hija de la autoritaria y exigente entrenadora del equipo neerlandés, “Ma” Braun (una señora que, al parecer, acostumbraba a entrenar perfectamente vestida de calle y, en verano, con una aparatosa sombrilla, ofreciendo una deliciosa y anecdótica imagen) se impone en una final muy reñida, a la británica Elisabeth King, 1,22”0 por 1,22”2, mientras la otra británica, Margaret Cooper, es tercera en 1,22”8. En las semifinales, King iguala el récord mundial, 1,22”0, en la 1a., aunque solo le dura unos pocos minutos, cuando en la segunda semifinal Braun señala cuatro décimas menos, 1,21”6.       
 
La Olimpiada 1928-1932 se inicia muy pronto con récords. Pocas semanas después de los Juegos, el japonés Toshio Irie supera el récord de Kojac de los 400m., con un tiempo de 5,42”0 (30/09/28, en Wakayama, p.25m.) que será el único que se batirá en categoría masculina, lo que indica bien a las claras la calidad de los récords de Kojac. Mucho más movimiento habrá, en cambio, entre las mujeres: Marie Braun supera en dos ocasiones su record del hectómetro, 1,21”4 (20/04/29, en Bruselas, p.25m.) y 1,21”0 (27/11/20, en Gravenhage, p.25m.), récord que pierde a manos de la australiana Philomena “Bonnie” Mealing, 1,20”6 (27/02/30, en Sydney, p.50y.), y que la británica Phillys May Harding rebaja a 1,18”6 poco más de dos años más tarde, ya a la vista de los Juegos (30/05/32, Wallasey, p.25y.), pero que, finalmente, irá a parar a manos de la nueva estrella del estilo, la norteamericana Eleanor Holm, 1,18”2, pocos días antes de los Juegos (16/07/32, Jones Beach, p.55y.). En los 200m., el récord de la infortunada Sybil Bauer es superado por Marie Braun poco después de su triunfo olímpico, 2,59”2 (24/11/28, Bruselas, p.25m.) y poco después por Eleanor Holm, en dos ocasiones, 2,58”8 (01/02/30, Buffalo, p.25y.) y 2,58”2 (01/03/30, Nueva York, p.25y.). En las 150y., el récord de Bauer es superado en cuatro ocasiones: la británica Elisabeth King lo lleva a 1,57”2 (23/08/28, Southport, p.25y.); después la australina “Bonnie” Mealing, 1,55”2 (25/03/30, Sydney, p.50y.), que es superado por otra británica, Margaret Cooper, 1,54”0 (05/06/31, Glasgow, p.25y.) para que, finalmente, Holm lo deje establecido en 1,53”4 (17/01/32, Nueva York, p.25y.). En 400m., finalmente, Marie Braun, una vez más bajo el impulso de su título olímpico, señala un tiempo de 6,16”8 (23/12/28, París, p.25m.) borrando definitivamente el nombre de Bauer de los listados de récords.
 
La Olimpiada 1932-1936 se inicia con la disputa de los Juegos Olímpicos, concedidos a la ciudad de Los Ángeles, donde los nadadores contemplan asombrados las cristalinas y azuladas aguas de su famosa piscina, con reminiscencias hispanas en su arquitectura, así como el continuado desfile por la Villa Olímpica y las instalaciones deportivas de gran cantidad de “starlettes” y figuras del cinema, a la ”caza y captura” de fotografías con las principales figuras deportivas.
 
Una ausencia hubiera podido hecho variar el resultado de estos Juegos en la prueba de espalda. George Kojac, todavía recordista mundial, aunque sin estar en su mejor forma, es apartado del equipo USA. El detonante de ésta decisión parece haber sido la demanda de un cierta cantidad de dinero que compensara las pérdidas económicas que, según Kojac, le van a producir la concentración y participación en los Juegos. En aquellos tiempos, donde el denominado “amateurismo” brilla como el sol, la demanda del norteamericano obliga a sus dirigentes a apartarlo sin ninguna contemplación del equipo, privándose, seguramente, de una medalla, y, muy posiblemente, de oro.
 
Los Ángeles-1932 representa la entrada en el concierto mundial de un país que hasta aquel entonces no figuraba entre los mejores, aunque se había ido significando poco a poco por los récords que hemos ido comentando.
 
Ante la sorpresa que público norteamericano y extranjero que se apiña en las graderías de la magnífica piscina, los japoneses se imponen con toda su potencia, sin dejar escapar ni una sola de las medallas que se ponen en juego en la final de los 100m.espalda: primero, Masaji Kiyokawa, 1,08”6; segundo, Toshio Irie, 1,09”8; tercero, Kentaro Kawatsu, 1,10”0, por delante de dos norteamericanos y un alemán, que nunca han parecido con posibilidades de disputarles el triple triunfo a los japoneses. Pese a su triunfo, cabe remarcar que Kiyokawa no ha conseguido superar el récord mundial y olímpico de George Kojac, los 1,08”2 de Amsterdam. 
 
Los espaldistas japoneses presentan en Los Ángeles algunas innovaciones técnicas que conviene mencionar, sobre todo en el movimiento de piernas. Contrariamente al movimiento de “pedaleo” de los norteamericanos, los japoneses practicaban un movimiento ascendente con la piernas estirada, más parecido al crol. Para tener la máxima eficacia, este movimiento debía hacerse manteniendo las rodillas debajo del agua, exigiendo que la pierna se doble en el movimiento descendente, y, girada hacia el interior, se estire en el movimiento ascendente. En el punto más elevado del movimiento de ascenso, las rodillas no han de llegar a sobresalir del agua, lo que si ocurría en el movimiento de “pedaleo”, aunque si pueden hacerlo los dedos de los pies.   
 
Este movimiento ya había sido observado por alguno de los técnicos norteamericanos, aunque no había sido aplicado a sus nadadores, y únicamente Eleanor Holm, y su entrenador, Louis de Breda Handley se habían dado cuenta de la ventaja que representaba, habiéndolo adoptado.
 
Además, este batido japonés tenia otra ventaja, la de permitir una posición mucho más estirada en el agua, todavía bastante oblicua, aunque no tan arqueada como la de los otros espaldistas, dando mayor sensación de progresión y suavidad en el agua, muy diferente de las características “sacudidas” del estilo USA.
 
Entre las mujeres, Eleanor Holm no tiene problemas en conseguir el título olímpico. En la primera eliminatoria anuncia ya prácticamente el resultado de la final, al conseguir un nuevo récord olímpico, 1,18”3, a una sola décima de segundo de su récord mundial, y en la final, pese a señalar un tiempo muy superior, 1,19”4, gana con casi dos segundos de diferencia sobre la segunda clasificada, la australiana Mealing, 1,21”3, mientras la británica Elisabeth Davies es tercera, 1,22”5. La victoria de Holm, además, está facilitada por la obligada retirada de la holandesa Marie Braun, que después de vencer en su semifinal, ha de ser hospitalizada para ser operada urgentemente de apendicitis, perdiendo, lógicamente, la posibilidad de defender el título conseguido cuatro años antes en Amsterdam.    
 
Pese a sus victorias, ¿se puede considerar que los espaldistas japoneses son superiores a los norteamericanos?. La verdad es que, pese a su victoria, los récords mundiales no habían salido de manos de George Kojac, que hasta 1934 continuó en poder de los dos récords más preciados, los ya mencionados 1,08”2, y 2,32”2. La variedad estilística ideada por los japoneses todavía emplea una posición arqueada del cuerpo, pero también la entrada “a las 12”, la pasada submarina del brazo en semicírculo vertical, y el codo doblado en la recuperación aérea del brazo, es decir, movimientos iguales a los de la variedad norteamericana, por lo que no se puede hablar realmente de una revolución estilística, ni siquiera de un avance técnico importante. En todo caso, lo que si se puede decir que hicieron los japoneses es ofrecer nuevas vías de progreso, aunque esto ya no será aprovechado por ellos, y si, en cambio, por sus rivales norteamericanos durante la siguiente Olimpiada 1932-1936.
 
Ésta Olimpiada será fértil en innovaciones técnicas y récords; 16 en categoría masculina, distribuidos de la siguiente manera: cinco en el hectómetro, a cargo de dos norteamericanos, Albert Vandeweghe (o Van De Weghe según otras maneras de escribir el nombre, pues parece que no terminaron de ponerse de acuerdo acerca de ello) 1,07”4 (23/07/34, Honolulu, p.25y.); los cuatro restantes para Adolph Kiefer: 1,07”0 (20/10/35, Berlin, p.25m.); 1,06”2 (22/10/35, Krefeld, p.25m.); 1,04”9 (09/11/35, Breslau, p.25m.) y 1,04”08 (18/01/36, Detroit, p.25y.). Dos de 200m., para Vandeweghe, 2,27”8 (30/08/34, Honolulu, p.25y.) y Adolph Kiefer, 2,24”0 (11/04/35, Chicago, p.25y.). Cuatro en 150y.: Vandeweghe, 1,36”9 (05/04/34, Columbus, p.25y.), y Adolph Kiefer, 1,35”6 (08/02/35, Aarhus, p.25m.) y 1,33”9 (22/11/35, Aarhus, p.25m.) y 1,32”7 (02/04/36, Chicago, p.25y.).
 
Finalmente, cinco récords en una distancia muy poco nadada (prácticamente solo en los diferentes intentos especiales de récord) pero que parece que ilusionaba a aquellos espaldistas que vivieron aquellos interesantes años: el británico John Besford, 5,41”8 (27/03/33, Birkenhead, p.25y.); los japoneses Kentaro Kawazu, 5,37”6, y Masaji Kiyokawa, 5,30”4, el mismo día, 30/09/33, en Tokio, p.25m. (nadaron uno tras otro, en solitario, en dos intentos especiales de récord), y, finalmente, los dos últimos de Adolph Kiefer: 5,17”8 (10/04/35, Chicago, p.25y.) y 5,16”4 (24/04/36, Nueva York, p.25y.)
 
En categoría femenina fueron un total de 12 récords: tres en el hectómetro: la holandesa Ria Mastenbroek, 1,16”8 (25/11/34, Dusseldorf, p.25m.), otro para Eleanor Holm, 1,16”3 (15/01/35, Chicago, p.25y.) y para Mastenbroek, recobrando su récord, 1,15”8 (27/02/36, Amsterdam, p.25m.). Dos en las 150y.: Holm, 1,52”0 (30/12/34, Coral Gables, p.25y.), y Alice Bridges, 1,50”8 (19/04/35, Brunswick, p.25y.). Tres en 200m.: la británica Phillys May Harding, 2,50”4 (16/09/32, Wallasey, p.25y.); Mastenbroek 2,49”6 (20/01/35, Amsterdam, p.25m.), y Holm, 2,48”7 (27/03/36, Toledo (Ohio), p.25y.), y, finalmente, cuatro en los 400m., distancia, por lo que parece, muy solicitada igualmente por aquellas nadadoras: Harding, 6,12”4 (05/12/32, Wallasey, p.25y.); Mastenbroek, 6,05”0 (05/04/35, Basilea, p.25m.); la norteamericana Ethel Kompa, 6,04”8 (31/12/35, Coral Gables, p.25y.), récord que solo le duró 12 días, puesto que Mastenbroek se lo arrebató al señalar un tiempo de 5,59”8 (12/01/36, Copenhague, p.25m.).
 
Guillem Alsina