Historia del estilo espalda. Una digresión por la prehistoria de la natación

Aunque podamos creer que la espalda era un estilo que ya se nadaba en la antigüedad, no nos consta que haya quedado constancia de ello en ninguna documentación, ya sea escrita o gráfica, de manera que la primera noticia debidamente documentada de este estilo la tenemos en el ya por nosotros conocido “Colymbetes sive de arte natandi. Dialogus feftiuus et iucundus lectu” (“Colymbetes o el arte de nadar. Diálogo festivo y de agradable lectura”), obra del alemán Nicolas Winmann, editado en 1538, en la que se explica una forma de nadar espalda que vamos a comentar para nuestros lectores.

 
Para recordarlo brevemente, y también para aquellos de nuestros lectores que no hayan leído nuestros anteriores artículos sobre la braza y el crol, el libro describe el diálogo entre dos personajes: uno, Pampiro, profesor de natación, que traspasa sus conocimientos del arte de nadar a otro, Erotes, que no es otra cosa que su discípulo.
 
En el capítulo dedicado al estilo espalda, podemos leer lo siguiente:
 
“Pampiro: …..pero también hay otra forma de nadar que es panza arriba.
Erotes: advertencia oportuna, pues yo también he visto algunos de estos nadadores, y he de confesar mi sorpresa ante su pericia.
Pamp.: la verdad es que esta forma de nadar se ha hecho más para exhibición y diversión del público que no por necesidad o por utilidad. Así y todo, presta atención y no creas que los que nadan de este estilo lo hacen más descansadamente.
Erot.: pues mira, que yo así me lo pensaba.
Pamp.: atiende, los que nadan de espaldas ejecutan, poco más o menos, idénticos movimientos que los que nadan panza abajo, aunque, por el contrario, es mayor el riesgo que hay de golpear desordenadamente la superficie del agua con pies y manos, de forma que la espuma y el oleaje no te permitan respirar convenientemente por la boca entreabierta.
Erot.: seguro estoy de ello.
Pamp.: si deseas aprender a nadar de este estilo, necesario será que recuerdes todo lo que acabo de decirte, de forma que puedas aplicarlo en tu caso. y ahora, voy a ofrecerte una demostración visual.
Erot.: ¡muy bien, vamos a ver!.
Pamp.: y después de mi, serás tu quien probarás de hacerlo.
Erot.: y puedes estar seguro de que pondré todo mi empeño por convertirme en tu imitador. El arte engendra arte. ¡Con que suavidad nadas, sin remover siquiera el agua!.
Pamp.: es el arte. ¿Te fijaste bien, Erotes, en todos los detalles?.
Erot.: bien seguro estoy.
Pamp.: mira, y grávatelo bien en tu cabeza, para que después seas capaz de repetirlo.
Erot.: con todas mis fuerzas. y no dudo que con tu ayuda muy pronto seré capaz de nadar de este estilo.
Pamp.: y de aquí se deriva una norma, si quieres aparecer inmóvil y quieto, sobre el agua, de manera que te vean vivo los que te contemplan flotando.
Erot.: ¿y cual es ésta norma?.
Pamp.: te estirarás panza arriba con la cabeza y los pies en la horizontal.
Erot.: entendido.
Pamp.: mantendrás los pies bien juntos.
Erot.: de acuerdo.
Pamp.: tu postura será la del muerto que está en el ataúd.
Erot.: ¿como aquel tronco que según nuestro irrefutable Esopo se les dio de soberano a les lascivas, irrefrenables y delicadas ranas?.
Pamp.: exactamente; y ahora escucha: ajustarás los codos a ambos costados, haciendo vibrar las manos como en el aire agitan inmóviles sus alas las aves rapaces, o en el agua sus aletas los peces. Manos que no han de entrar en diagonal, como antes, sino como si cortaran rebanadas muy finas, o fueran la hoja del cuchillo que se afila con la piedra. y si quieres, para flotar todavía un poco más, aguantarás la respiración al límite de tu resistencia, hinchando el cuerpo mientras dejas escapar el aire por la nariz, antes de volver a inspirar, con ritmo sostenido.
Erot.: te escucho, ¡prosigue!
Pamp.: en estilo no has de levantar la cabeza, como se hace cuando se nada en los otros estilos, o como cuando, en la cama, te pones una almohada bajo la nuca. Te parecería que la cabeza te falla, y te hundirías al romperse la armonía de tu cuerpo. Tendrás suficiente con que te salga la cara fuera del agua, y si notas que la parte inferior del cuerpo se hunde, mueve suavemente los pies para recuperar la posición inicial. Voy a hacerte una demostración práctica para que luego no puedas culparme de no saber hacerlo.
Erot.: me interesa mucho, Pampiro, ver confirmado en la práctica todo esto que me estás enseñando en teoría. ¡Qué bien lo haces!, ¡con qué soltura te mueves en el agua!. ¡Eres capaz de reblandecer las piedras, hacer ver a los ciegos, a oír los sordos, y entender al estúpido!.
Pamp.: me parece que te estás a exceder en tus elogios, amigo mio”.
 
Y aquí se acaba esta explicación sobre lo que se entendía, en aquel tiempo, como estilo de espalda, un estilo que no parecía tener muchos adeptos, vistas sus limitaciones, entendidas, sobre todo, en el sentido que dificulta la visualización del entorno del nadador. Nuestro hombre, Pampiro, parece dejarnos entender que los brazos ni siquiera se movían en este estilo, limitándose, seguramente, a hacer el papel de estabilizadores del cuerpo.
 
II – Los inicios
 
No parece haber sido la espalda uno de los estilos practicados en los inicios de la natación de competición, en las piscinas británicas de mediados del siglo XIX, o, por lo menos, no tenemos constancia de ello en los listados que nos han llegado de los diferentes vencedores de los Campeonatos británicos disputados a partir de 1869.
 
La primera noticia que hemos conseguido de este estilo como estilo de competición, la tenemos únicamente de 1900, cuando en el programa de los Juegos de París-1900 se incluye una prueba de 200m.espalda, que es ganada por el alemán Ernst Hoppenberg con un tiempo de 2,47”0. La espalda que se nada en aquel tiempo parece ser la única modalidad conocida en este estilo: brazada simultanea con ambos brazos, que se llevan hacia atrás a mayor o menor altura (aunque normalmente por la vertical, siguiendo un semicírculo) hundiéndolos después en el agua para pasarlos por ambos lados, más o menos hundidos en el agua, según las preferencias del nadador (aunque normalmente, describiendo, como los brazos, un semicírculo vertical) sin doblar los codos, hasta llegar a los muslos, donde se inicia una nueva brazada.
 
Las piernas, por su lado, se mueven con un movimiento parecido al de la braza, condicionados, evidentemente, por la posición decúbito dorsal del nadador, recogiéndolas hacia el pecho, para abrirlas hacia los lados, empujando después el agua hacia atrás con la planta de los pies, y volverlas a cerrar.
 
La coordinación se conseguía recogiendo las piernas cuando los brazos efectuaban la recuperación, abriéndolas y estirándolas y cerrándolas mientras los brazos ejecutaban la brazada. Era, pues, un estilo “a sacudidas”, con un momento fuerte, cuando brazos y piernas efectuaban los movimientos propulsores, y otro débil, cuando se aprovechaba el deslizamiento, producto de los movimientos activos del estilo.
 
Con este estilo se proclamaron campeones olímpicos tres alemanes: el ya citado Hoppenberg en los Juegos de París; Walter Brack, 1,16”8 en las 100 yardas de los de Saint Louis-1904, y Arno Bieberstein, 1,24”6, en los 100m. de los de Londres-1908, un tiempo que, curiosamente, no era homologado como récord mundial por la recién estructurada FINA, mientras si lo habían sido los conseguidos en las restantes pruebas individuales (Charles Daniels en los 100m.libres; Henry Taylor en los 400 y 1.500m.libres, y Frederik Holmann en los 200m. braza); ¿discriminación por el hecho de ser alemán, mientras el resto de vencedores pertenecían a la etnia anglosajona?.
 
Es de suponer que nunca sabremos las verdaderas razones, pero el caso es que el tiempo de Bieberstein nunca fue homologado, y que el honor de ser el primer recordista oficial de los 200m.espalda fue a parar a manos (y pies) del belga Maurice Weckesser, cuando el 2 de octubre de 1910, en una piscina de 25,20m. de Schaerbeck, consiguió un tiempo de 1,20”8, que fue superado sucesivamente por el húngaro Andras Baronyi, 1,18”8 en 1911, y los alemanes Oskar Schiele, 1,18”4 y Otto Fahr, 1,15”6, ambos en 1912. En los 200m., Oskar Schiele abrió al palmarés del récord al señalar 3,04”4, en 1909, en Charlottenburg, piscina de 100m., tiempo superado sucesivamente por su compatriota Georg Arnold, 2,59”8, y por Weckesser, 2,56”4, ambos en 1910; por otro alemán, Hermann Pentz, 2,50”6, en 1911, y, finalmente, por Otto Fahr, con unos 2,48”4, conseguidos en 1912, estos últimos todos en piscinas de 25m.
 
También comenzaron a homologarse los récords mundiales de las 150 yardas, una prueba que únicamente se disputaba en los Campeonatos Universitarios de la Gran Bretaña y los Estados Unidos, con los primeros récords a cargo del británico Alfred Unwin en dos ocasiones, 1,57”6 en 1909,l y 1,55”2, y del belga Weckesser, 1,53”8, los dos últimos en 1910, mientras en los 400m., era otro belga, Herman Meyboom, quien inauguraba el listado de récords mundiales, con unos 6,46”0 conseguidos en 1910, y rebajado, sucesivamente, a 6,38”8 por el húngaro Thoms Wendelin, en 1911; por el británico George Webster, 6,38”4, en 1911, y, finalmente, por el austriaco Janos Selmeczy (de estirpe, sin embargo, claramente húngara) 6,28”6, en 1912.
 
Guillem Alsina