Juegos Olímpicos: Paris-1924


Andrew Charlton

Por segunda vez se disputan los Juegos en París, por un acuerdo tácito, aunque inconfesado, del Barón de Coubertin que, al despedirse del cargo de Presidente del CIO, quiere hacer olvidar, ante el mundo deportivo, la pésima imagen dada por su país, y concretamente por la misma capital, en el ya lejano 1900, con ocasión de la organización de los Juegos de la II Olimpiada. Efectivamente, y por lo que dice a respecto de las pruebas de natación, esta vez se estará, como quien dice, a años luz del caos, comprensible, por otra banda, de las pruebas de Asnieres.

 
Por primera vez en los Juegos, el Comité Organizador ha previsto la construcción de un verdadero Estadio Náutico, edificado en el solar de la antigua “Porte desde Tourelles” (de la que tomó el nombre) con todo lo que ello pueda significar: cubo enlosado, de 50×18 metros (después de los Juegos de Amberes la FINA había decidido que la longitud de las piscinas que albergaran unos Juegos Olímpicos debía ser de 50 metros, y no de 100 metros, como hasta aquel momento había sido reglamentario); con una gradería a todo alrededor, desde la cual los espectadores podían gozar del espectáculo, cómodamente sentada; prácticos espacios acotados para los periodistas, con servicio telefónico, desde los cuales poder informar a sus respectivos periódicos de las incidencias y resultados de las pruebas.
 
Finalmente, novedad técnica muy importante en las aguas de la piscina, azules como nunca se habían visto hasta aquel momento, unas cuerdas atadas a cada extremo de la piscina, y mantenidas a nivel del agua por unos pequeños cilindros de corcho engastados a todo lo largo de la cuerda, par delimitar los seis callejones reservados a cada nadador, impidiendo que se molestaran unos a otros, tal como se había visto en la final de los 100m.libres de los anteriores Juegos de Amberes.
 
Según el testimonio de Joaquim Morera, quien fue durante muchos años Secretario de la Federación Española de Natación, y más tarde dirigente de la FINA, estos célebres cilindros de corcho tenían su origen en Cataluña (parece que se habían utilizado en la inauguración de la piscina del C.N.Sabadell en 1919) donde existía una pujante industria del corcho taponero que abastecía las cavas francesas de la champaña, cosa que, por lo que parece, supieron aprovechar los organizadores de los Juegos. El invento hizo escuela, y poco a poco se fue extendiendo por todas las piscinas del mundo.
 
También hay ligeras variaciones en el programa escogido por los organizadores. No se disputan los 400m.braza, consolidándose el programa disputado en Londres, es decir, 100, 400, 1.500 y 4x200m.libres, 100m.espalda y 200m.braza. Se amplía, en cambio, el programa femenino, que pasa a ser muy semejante al masculino: 100, 400 y 4x100m.libres, 100m.espalda y 200m.braza.
 
Será el programa olímpico clásico, ya que no variará hasta 1956, en Melbourne. Recorte en la participación individual, rebajándose hasta tres los inscritos por país y prueba, norma que estará en vigor hasta los Juegos de Roma-1960, cuando serán reducidos a dos los inscritos por país y prueba. 


Piscina de Paris en 1924

 

Las pruebas se disputan entre el 13 y el 20 de julio, y descubren una de las figuras más importantes de la natación de todos los tiempos, aquella que transciende los límites meramente deportivos y llega, incluso, a la esfera social. Poca cosa se puede decir que no haya sido dicha en multitud de ocasiones sobre la figura de John Weissmuller. El futuro “Tarzan”, producto del trabajo intenso e ilusionado de uno de los mejores entrenadores de su tiempo, William Bachrach, había logrado un físico y un estilo de crol casi perfectos, que influirá no solamente en los nadadores de su tiempo, sino también en los de décadas posteriores.
 


John Weissmuller

En 1921, a los 17 años, aún un debutante, se había proclamado campeón de Estados Unidos de América, y al año siguiente, 1922, exactamente el 25 de marzo, superaba el primero de sus veinticuatro récords mundiales. Pocos meses después, el 9 de julio del 1922, escribía una fecha para la historia de la natación mundial al convertirse en el primer nadador que bajaba la mágica “barrera” del minuto en los 100m.libres, nadando la distancia en un tiempo de 58”6 en una piscina de 50 yardas, en Alameda. Esta fue, sin duda, la gesta que más fama le dio, tanto dentro como fuera del ámbito deportivo.

 
No queremos dejar sin comentar algunas curiosidades sobre las resoluciones tomadas en el Congreso de la FINA celebrado en 1923, y referentes a los Juegos Olímpicos, en las que se puede comprobar la rigidez con la que actuaba la máxima organización de la natación mundial en lo tocante a la “moral” de la época: 1) Reglamentación del bañador olímpico: estas son las conclusiones propuestas por la Comisión encargada de establecer y definir las medidas del bañador reglamentario para los récords y los Juegos Olímpicos: a) el “maillot” deberá ser de color negro ó azul oscuro; b) deberá estar sujeto por tirantes, cuando menos en un hombro; c) la longitud de las tiritas de cada hombro deberá ser, como mínimo, de 3 centímetros; d) la parte escotada de debajo del brazo no podrá medir más de 8 centímetros; e) el cuello no podrá ser más escotado de 8 centímetros, tanto por delante como por detrás; f) las perneras del “maillot” habrán de medir como mínimo 10 centímetros a partir de la costura del medio y deberán ser cortados en una línea recta alrededor de cada pierna; g) además, por debajo del bañador, se deberá llevar un slip de modelo triangular, con una longitud de 8 centímetros como mínimo, tanto en la parte anterior como en la posterior; las extremidades de este slip se deben unir a los lados, y la longitud de cada uno de ellos debe ser de 6 centímetros, después de puesto; h) el bañador podrá llevar enseñas por encima de la cintura, pero no por debajo. Y, añade, “el ”starter” (juez de salidas) velará por la ejecución de estas cláusulas; el concursante cuyo bañador no sea conforme con las mencionadas reglas, no será autorizado a tomar la salida.
 
En otra disposición, también señala la obligatoriedad de que los espaldistas hagan el viraje tocando la pared con las dos manos, aunque, avisan, no será obligatorio hacerlo de manera simultánea (complicado debería ser el viraje para los pobres espaldistas, con esta reglamentación). Se rechazan las propuestas de la Federación checoslovaca para hacer la salida de las pruebas de espalda con salto desde el borde, y otra de Italia, que proponía la longitud mínima de la piscina de 100m. para la disputa de los Juegos, aunque la FINA la deje en una medida mínima de 50m., y un máxima de 100m. Por suerte para el espectáculo, ganaron las de 50m.
 
24 países envían nadadores a París, 23 en categoría masculina y 10 en la femenina, todas tres cifras récord de participación. Tres de ellos lo hacen por primera vez en las pruebas de natación: Argentina, Portugal, y Yugoslavia.
 
100m.libres: récord mundial en poder del norteamericano John Weissmuller, 57”4, en Miami, p.25m., el 17/02/1924; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del también norteamericano Duke Kahanamoku, 1,00”4 en Amberes-1920. Eliminatorias el 18 de julio; semifinales el 19; final el 20. 30 participantes, repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales; los primeros de cada eliminatoria, más los cinco mejores segundos pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales pasan a la final. Se presenta a defender su título el campeón de Amberes, Duke Kahanamoku.
No hay ninguna novedad en las eliminatorias ni en semifinales, destacando la clasificación del sueco Arne Borg, recordista mundial del kilómetro y medio, pero capaz de “bajar” hasta el hectómetro y clasificarse para la final, siendo el único que nadará las tres finales de crol.


Salida de los 100 libre

 

Pasando por 27”6 a mitad de carrera, con Borg casi a su altura, y Duke Kahanamoku algo más atrasado, Weissmuller no tiene muchos problemas para lograr su segundo título individual (dos días antes había logrado el de los 400m.libres) superando el récord olímpico de Duke Kahanamoku con un tiempo de 59”0, siendo el único que baja del minuto, mientras el anterior titular aprovecha el hundimiento de Borg en los últimos metros para superarlo, logrando el segundo lugar, 1,01”4, es decir, el mismo tiempo que doce años antes le había permitido lograr su primer título olímpico en Estocolmo. Su hermano Sam también puede superar en el último metro al sueco, y hacerse con el tercer lugar, 1,01”8 por 1,02”0. Es la primera y única vez, hasta el momento, que dos hermanos suben al podio olímpico de campeones en una misma prueba.
 
Para Duke Kahanamoku es el final de su sueño de ser el primero en lograr tres títulos olímpicos seguidos en la misma prueba, cosa que hubiera sido posible, seguramente, de no haber sido por la Guerra Mundial que no había permitido disputar los Juegos de 1916.
 
400m.libres: récord mundial en poder del norteamericano John Weissmuller, 4,57”0, a New Haven, p.25 yardas, el 06/03/1923 (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de John Weissmuller, 5,06”6 el 1922, en Honolulú); récord olímpico en poder del canadiense George Hodgson, 5,24”4 en Estocolmo-1912. Eliminatorias el 16 de julio; semifinales el 17; final el 18. 30 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor de los terceros clasificados pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor tercero, disputan la final. No defiende su título el campeón de Amberes, Norman Ross.


Salida de los 400 libre

 

Ninguna sorpresa, en unas eliminatorias y semifinales fáciles para los favoritos, que añaden tres nuevos récords olímpicos, bajando el anterior de 1912: el norteamericano Ralph Breyer, 5,22”4 en la 1a.eliminatoria, y su compatriota John Weissmuller, 5,22”2 en la 3a.eliminatoria, y 5,13”6 en la 1a.semifinal, son los encargados de renovar el ranking olímpico de la prueba antes de la final. En esta se reúnen los tres mejores nadadores del momento en el estilo de crol: por un lado, el fenomenal Weissmuller, con toda la potencia física de sus 20 años, y su superior velocidad, aunque también sea capaz de subir a distancias más largas (además además del récord mundial de los 400m., también conseguirà, en 1927, el de las 880 yardas); por otro, el australiano Andrew “Boy” Charlton, más nadador de fondo (tres días antes se ha proclamado campeón olímpico de los 1.500m.), dos años más joven que el norteamericano, menos atlético quizás, pero con un carácter mucho más luchador, más “duro”, como buen fondista que es; y entre ambos, haciendo de mediador, de juez de paz, la figura siempre anecdótica, casi podríamos decir estrambótica, del sueco Arne Borg, siempre sorprendente en todas y cada una de sus intervenciones (tanto podía superar un récord mundial como desmoronarse drásticamente) con sus 23 años y sus innatas condiciones físicas para triunfar en nuestro deporte, a pesar que bien pocas veces perfectamente aprovechadas.
 


Charlton. Weismuller y Borg

Girando con parciales de 1,04”2, 2,23”0 y 3,45”5, Weissmuller y el sueco se disputan el triunfo, prácticamente codo a codo, mientras el australiano parece completamente descolgado de la lucha, “navegando” a unos seis metros de ellos. Weissmuller aprovecha su superior velocidad para aumentar su ritmo en la última piscina, yéndose hacia su primer triunfo olímpico, con un tiempo de 5,04”2, nuevo récord olímpico. A pesar de su esfuerzo, Borg es segundo, 5,05”6, mientras Charlton inicia, aunque excesivamente tarde, una remontada que lo lleva a terminar a un segundo exacto del sueco, 5,06”6, muy por delante del cuarto clasificado, el hermano mellizo de Arne, Ake Borg, 5,28”0. John Hatfield, un ilustre veterano, subcampeón olímpico de 400 y 1.500m.libres en Estocolmo-1912, es aún quinto y último clasificado de esta final, con unos discretos, 5,32”0.

 
1.500m.libres: récord mundial en poder del sueco Arne Borg, 21,15”0, en Sydney, p.110 yardas, el 30/01/1924; récord olímpico en poder del canadiense George Hodgson, 22,00”0 en Estocolmo-1912. Eliminatorias el 13 de julio; semifinales el 14; final el 15. 19 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor tercero pasan a las semifinales, los dos mejores de cada una de las cuales, más el mejor tercero pasan a la final. Como ya hemos dicho en los 400m., no defiende su título el campeón de Amberes, Norman Ross.
 
Los dos grandes y únicos favoritos de esta prueba, “Boy” Charlton y Arne Borg, muestran, ya, desde las eliminatorias, su rivalidad y su voluntad de vèncer. Nadando en la 3a.eliminatoria, el australiano supera largamente el récord olímpico de la prueba con un tiempo de 21,20”4, a poco más de cinco segundos del mundial del sueco (logrado, sin embargo, en una piscina de 110 yardas, es decir, con la desventaja de haber hecho 14 virajes menos que Charlton). El sueco, sin embargo, replica de forma más que contundente, y en la siguiente eliminatoria supera su récord mundial y el olímpico de Charlton, con un tiempo de 21,11”4, pasando por 6,53”6 a los 500m.; 11,24”2 a los 800m., y 14,09”4 en el kilómetro.
 
Las semifinales del dia siguiente ofrecen, después del reglamentario sorteo, el enfrentamiento directo entre ambos rivales, con victoria del australiano, aunque esta vez sin récord por enmedio, 21,28”4 por 21,50”6 del sueco.
 
En la final, Borg no puede resistir mucho más allá de los 600 metros, enfrentado a un Charlton perfecto de fuerzas y de moral. Con parciales de 1,08”2, 2,26”6, 5,10”4 y 6,31”2 en el primero tercio de la carrera, con el sueco casi a su nivel, 6,33”0 a los 500m., el australiano se escapa a partir de los 600m., y va cogiendo ventaja en cada hectómetro, mientras Borg, al contrario, empieza a hundirse. 10,35”2 en los 800m. (la FINA no homologa el récord mundial de esta distancia, pero este tiempo es mejor que el récord mundial de Borg en las 880 yardas, poco más de 804m., 10,43”6); 13,19”6 en el kilómetro, nuevo récord mundial de la distancia, tiempo que si será homologado oficialmente (superando en poco menos de un minuto el anterior de 14,00”3 en poder de Borg desde el 29 de agosto del 1923). En este momento la ventaja del australiano es de casi catorce segundos por delante del sueco. Sin relajar su esfuerzo, nadando el último tercio de la carrera en 6,47”0 (por 6,31”2 y 6,48”4 los dos primeros), Charlton corona una sensacional final con el increíble tiempo, para la época naturalmente, de 20,06”6, superando los récords mundial y olímpico ¡ en más de un minuto !. El sueco, aunque claramente vencido, es un fácil segundo, superando de manera igualmente clara sus anteriores récords con un tiempo de 20,41”4.
 
Cuando el joven australiano recibe su medalla, recibe al mismo tiempo la felicitación de su compatriota e ilustre veterano Franck de Beaurepaire, 33 años, tercero de la final con otro excelente tiempo de 21,48”4. Para De Beaurepaire, es su cuarta medalla individual, y su gesta es, sin duda, un récord difícilmente superable en la historia, de la natación, al haber logrado esta cuarta medalla individual ¡ dieciséis años ! después de haber logrado la primera, con su tercer lugar en los 1.500m. de los Juegos de Londres-1908. Sin abandonar la natación, De Beaurepaire será entrenador del equipo australiano que participará en los Juegos de Los Ángeles de 1932.
 
Después, una brillante carrera cívil y política le esperan; alcalde de la ciudad de Melbourne, será uno de los que más trabajará en conseguir para su ciudad la organización de los Juegos de 1956. Por desgracia, ya no podrá presenciar el magnífico éxito de aquellos Juegos en general, ni la de la natación australiana en particular, al haber fallecido pocos meses antes de la inauguración de los Juegos para los cuales tanto había trabajado.
 
Destaquemos el cuarto lugar de John Hatfield, subcampeón olímpico en Estocolmo-1912, que nada con un tiempo mucho mejor, 21,55”6, que los 22,39”0 de la capital sueca.
 


Salida de los 100 espalda

100m.espalda: récord mundial, y mejor tiempo mundial en piscina larga, en poder del norteamericano Warren Kealoha, 1,12”4, en Honolulú, p.50m., el 13/04/1924; récord olímpico del mismo nadador, 1,14”8 en Amberes-1920. Eliminatorias el 16 de julio; semifinales el 17; final el 18. 19 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor tercer clasificado, pasan a las semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor tercero, nadan la final. Defiende su título el campeón de Amberes, Warren Kealoha, que es el único nadador que puede revalidar su título de Amberes.

 
Después de superar en la 1a.eliminatoria su récord olímpico con un tiempo de 1,13”4, el hawaiano no tiene ningún problema en imponerse en la final, superando de nuevo su récord olímpico con un tiempo de 1,13”2. Su compatriota Paul Wyatt es segundo, claramente superado, 1,15”4, superando de forma igualmente clara al tercer clasificado, el húngaro Charles Bartha, 1,17”8, por delante del belga Gerard Blitz, cuarto en 1,19”6, disputando una final sin mucho historia.
 
Por primer vez en una final olímpica de este estilo, todos los finalistas emplean la modalidad “croleada”, dejando arrinconanda para la historia la antigua modalidad “braceada”.
 


Salida de la primera semifinal de los 200 braza

200m.braza: récord mundial en poder del alemán Erik Rademacher, 2,50”4, en Magdebourg, p.25m., el 07/04/1924 (el mejor tiempo mundial en piscina larga continúa en poder del sueco Thor Henning, 3,01”4 el 1920, en Estocolmo); récord olímpico del alemán Walter Bathe, 3,01”8 en Estocolmo-1912. Eliminatorias el 15 de julio; semifinales el 16; final el 17. 28 participantes, repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria, más el mejor tercero pasan a las semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor tercero, disputan la final. Se presenta a defender su título el sueco Thor Henning.

 
Es la única prueba de braza que se disputa, suprimida la disputa de los 400m. de forma definitiva. Planea sobre las aguas de la piscina de Tourelles la sombra del alemán Erik Rademacher, recordista mundial y máximo favorito de la prueba, el hombre que había definido, por decirlo de la mejor manera posible, el estilo de braza, llevándolo a su nivel técnico más alto, y posibilitando un progreso que parecía estancado. El alemán será, entre 1921 y 1927, recordista mundial de todas las distancias de braza que homologa la FINA, 100, 200, 400 y 500m. El norteamericano Robert “Bob” Skelton que aquel mismo año le había arrebatado el récord mundial de los 200m., 2,52”6, no había tardado ni dos semanas a verse desposeído de su récord, superado por los 2,50”4 de Rademacher, que le convertían en el gran favorito de la final olímpica…..de haber estado invitado por el Comité Organizador, pues este, según dijeron, para no renovar los malos recuerdos de la guerra del 1914-18 (acabada seis años antes, todo hay que decirlo) habían decidido no invitar al equipo alemán. Malas lenguas aseguraron, sin embargo, que había sido para no tener que proclamar ninguna victoria alemana, dada la ya tradicional rivalidad entre ambos países.
 


Robert Skelton

Haciendo valer su superioridad desde las eliminatorias, Skelton supera el récord olímpico en la 1a., pasando a mitad de carrera muy rápido, 1,22”0 (equivalente a acabar en unos 2,51”-2,52”), y aunque acaba algo desfondado, lo hace con unos no menos excelentes 2,56”0, siendo el único que baja de los tres minutos, y demostrando que seria el único que podría hacer frente al ausente Rademacher. En la final, el norteamericano coge el mando de la prueba, girando a los 100m. con una cómoda ventaja de dos metros, por delante de su compatriota William Kirschbaum, y, sin ser inquietado, va aumentando su ventaja, venciendo en un tiempo de 2,56”6, sin superar su récord de las eliminatorias, por delante del belga Joseph de Combe, 2,59”2, que ha aprovechado a partir de los 150m., el progresivo hundimiento de Kirschbaum, tercero en 3,01”0, mientras el sueco Bengt Linders es cuarto, 3,02”2, por delante del suizo Robert Wiss, 3,03”3.

 
4x200m.libres: no hay récord mundial; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del cuarteto norteamericano, 10,04”4 el 1920 en Amberes. Eliminatorias el 16 de julio; semifinales el 18; final el 20. 11 cuartetos participantes, repartidos en 4 eliminatorias y 2 semifinales; los dos mejores de cada eliminatoria pasan a las semifinales, los dos mejores de cada una de las cuales, más el mejor de los dos terceros, pasan a disputar la final.
 
Con el fenomenal Weissmuller en su cuarteto, difícilmente se podía pensar en superar al cuarteto USA. En la 2a.semifinal, los norteamericanos superan su récord olímpico de Amberes con un tiempo de 9,59”4. En la final, O’Connor, el primer hombre que se lanza al agua por los norteamericanos, coge una comoda ventaja de casi 10 metros sobre el australiano Christie, señalando un tiempo de 2,24”1, ventaja que sus compañeros se encargan de mantener (con Glancy 2,31”0, y Breyer 2,28”0), hasta que el último hombre, Weissmuller, incluso sin tener que emplearse a fondo, 2,30”3, llega en primer lugar con un tiempo de 9,53”4, nuevo récord olímpico. Tras ellos, los australianos no tienen tampoco ningún problema para lograr el segundo lugar, 10,02”2, mientras Arne Borg, en el último tramo de su equipo supera los casi 20 metros que le llevaba de ventaja el japonés Onoda, y con un excelente parcial de 2,19”4, el mejor de todos los finalistas, incluido Weissmuller, (el récord mundial está en poder de este último con unos 2,15”6 logrados en piscina de 25 yardas) logrando la medalla de bronce, 10,06”6, por delante de los japoneses, cuartos en 10,16”2.  
 
La prevista retirada del Barón Pierre de Coubertin de la presidencia del máximo organismo olímpico, propició, sin ninguna duda, conocida su fuerte misoginia respeto de la actividad deportiva de la mujer, la ampliación del programa olímpico en este sector después de la prueba efectuada en las dos ediciones olímpicas anteriores. Como ya hemos dicho al iniciar este comentario los organizadores parisinos ofrecen a las participantes femeninas un programa prácticamente completo (únicamente falta una prueba de fondo) que contribuirá al desarrollo de la natación femenina en aquellos primeros años de su actividad.
 
100m.libres: récord mundial en poder de la norteamericana Gertrude Ederle, 1,12”8 el 30/06/1923, en Newark, p.66’66 yardas; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la también norteamericana Ethel Bleibtrey, 1,13”6 en Amberes-1920. Eliminatorias el 19 de julio; semifinales el 20; final el 21. 16 participantes, repartidas en 4 eliminatorias, y 2 semifinales; las dos primeras de cada eliminatoria pasan a semifinales, las dos mejores de cada una de las cuales, más la mejor de las dos terceras, pasan a la final. No se presenta a defender su título la campeona de Amberes, Ethel Bleibtrey, retirada de la natación.
 
La natación femenina norteamericana, cuando menos en la especialidad de crol, demuestra tal superioridad, que se hace difícil pensar que otras que no sean sus representantes puedan aspirar a una medalla en este estilo. Así, y ya desde las eliminatorias, se inicia la lucha entre ellas para lograr el título. En la 1a.eliminatoria, Mariechen Wehselau supera el récord mundial y el olímpico con un tiempo de 1,12”2.
 
En la siguiente, Ethel Lackie iguala el ya ex-récord mundial de Ederle, 1,12”8, mientras en la 3a.eliminatoria, Ederle prueba de recuperar su ya ex-récord, y aunque no lo consigue, rebaja su mejor tiempo en dos décimas, dejándolo en 1,12”6, poniendo la guinda de estas tres magníficas eliminatorias. Sin ningun incidencia en las semifinales, la final se inicia con un ataque de la recordista Wehselau, que llega la primera al viraje, 32”4, conservando esta posición hasta los últimos metros, cuando ha de ceder ante la potencia de Ethel Lackie, que con un tiempo de 1,12”4, a solo dos décimas de los récords mundial y olímpico, se impone a la doble recordista por cuatro décimas, 1,12”8, mientras Ederle, llegada a París como recordista mundial, debe conformarse con el tercer lugar, 1,14”2, totalmente superada por sus dos compañeras y rivales, completando el previsto triple triunfo de la natación USA. La inglesa Constance Jeans, que como cuatro años antes en Amberes, es la única que parece poder romper el dominio USA, es cuarta en 1,15”4.
 
Digamos, para la pequeña historia olímpica, que por primera vez en unos Juegos, el entrenador de los dos ganadores de la prueba de velocidad, masculina y femenina, es un mismo técnico. Ya hemos hablado de William Bachrach como entrenador de Weissmuller; pues bien, el famoso entrenador norteamericano también lo era de Ethel Lackie, la ganadora femenina, confirmándose como uno de los mejores del mundo en esta especialidad (además, también tenía en su equipo al campeón olímpico de los 200m.braza, Bob Skelton, y otros excelentes nadadores).
 
400m.libres: récord mundial y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de Gertrude Ederle, 5,53”2, el 04/08/1922, en Indianàpolis, p.de 100 yardas; no hay récord olímpico, ya que en Amberes se había nadado sobre una distancia de 300m.libres. Eliminatorias el 13 de julio; semifinales el 14; final el 15. 18 participantes repartidas en 4 eliminatorias y 2 semifinales; las dos primeras de cada eliminatoria y la mejor de las terceras pasan a las semifinales, las dos primeras de cada una de las cuales, más la mejor tercera, disputan la final.
 
Gertrude Ederle, recordista mundial llega a París como la gran dominadora de esta prueba (igual que de la de los 100m.) y lo demuestra desde los primeros momentos, cuando ya en la 1a.eliminatoria impone el récord olímpico con un tiempo de 6,12”2, que no es superado por ninguna de sus rivales, ni en las eliminatorias ni en las semifinales.
 
Ya en la final, Ederle domina desde los primeros metros, pasando el primer cuarto de la prueba en unos magníficos 1,16”2, con un metro de ventaja por delante de su compatriota Martha Norelius, y de casi cinco sobre la tercera norteamericana, Helen Wainwright. Sin conceder nada de su ventaja, Ederle domina la carrera hasta los 300m., siempre por delante de Norelius, ahora ya casi a su nivel, mientras Wainwright también empieza a acercársele.
 
En el último hectómetro, las tres representantes USA se igualan, iniciando en el último largo una lucha fratricida, que únicamente se resuelve en los últimos metros con la victoria de Norelius (sueca, nacida en Stockholm, aunque criada en Nueva York desde sus primeros años) con un tiempo de 6,02”2, nuevo récord olímpico, récord que también superan sus dos compañeras, Wainwright segunda en 6,03”8, mientras Ederle es tercera en 6,04”8, claramente superada en el último largo de la prueba, a pesar de ser, por lo menos teóricamente, la más rápida de las tres. La británica Doris Molesworth es cuarta, claramente superada, 6,25”4, mientras la neozelandesa Gwitha Shand no ha podido terminar la carrera, retirandose hacia los 300m.
 
100m.espalda: récord mundial en poder de la norteamericana Sybil Bauer, 1,22”4, el 6 de enero del mismo año olímpico, en Miami, p.de 44’66 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga, también en poder de Sybil Bauer, 1,26”6, el 1923, en Newark); no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba en los Juegos.
 
Eliminatorias el 19 de julio; semifinales el 20 (aunque finalmente no se disputarán, al no haber suficiente inscripción) haciendo que la final se avance al día 20, en lugar del 21, cuando era previsto disputarla; 10 participantes, repartidas en 2 eliminatorias, las dos primeras de cada una de las cuales, más la mejor tercera, disputan directamente la final.
 
Fácil victoria de la gran favorita, Sybil Bauer. Después de establecer el récord olímpico en la 1a.eliminatoria con un tiempo de 1,24”0, la norteamericana se impone sin ningún problema, en cabeza de la prueba desde los primeros metros, bajando su récord olímpico hasta 1,23”2, sin ser inquietada por sus rivales, la primera de las cuales, la inglesa Phyllis May Harding, segunda, señala un tiempo de 1,27”4, mientras otra representante USA, Aileen Riggin, es tercera en 1,28”2 (señalemos que esta última era, también, una brillante saltadora, campeona olímpica de trampolín en 1920, y segunda de la misma especialidad en estos Juegos de París). Desgraciadamente, Bauer, que había sido la primera mujer en lograr los récords mundiales de espalda en la modalidad “croleada” del estilo, no pudo gozar mucho tiempo de su título, al morir en 1927, a los 23 años, de un cáncer que se produjo, según parece, en un accidente de coche.
 
200m.braza: récord mundial en poder de la británica Irene Gilbert, 3,20”4 el 18/06/1923, en Rotherham, p.25 yardas (mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la belga Elisabeth van den Bogaert, 3,38”2, en 1921, en Amberes); no hay récord olímpico al ser la primera vez que se nada esta prueba en los Juegos. Eliminatorias el 16 de julio; final el 17; 15 participantes, repartidas en 3 eliminatorias, las dos primeras de cada una de las cuales, más la mejor tercera, pasan a la final, siendo la única final (no sabemos el por qué) que tiene siete finalistas.
 
A pesar del récord de Gilbert, no hay otra favorita de la prueba que no sea la holandesa Marie Baron, la cual confirma de manera clara este favoritismo al ganar la 1a. eliminatoria en unos excelentes 3,22”6, un tiempo muy superior técnicamente al récord mundial de Gilbert (que ha tenido la ventaja de los cinco virajes de más que le otorga la piscina de 25 yardas), cinco segundos por delante de la segunda clasificada de estas eliminatorias, la norteamericana Agnes Geraghty, 3,27”6. Rápidamente, sin embargo, se anuncia que la holandesa ha sido descalificada por los jueces de viraje y que, en consecuencia, no podrá nadar la final. El primer récord olímpico será, pues, el 3,27”6 de Geraghty, convertida, al mismo tiempo, en la favorita.
 
El desarrollo de la final parece confirmar su favoritismo, cuando la norteamericana coge unos tres metros de ventaja a las británicas Morton y Carson al paso del primer hectómetro. Ambas se igualan, sin embargo, con la norteamericana hacia los 125m., y nadan juntas hasta los últimos metros, donde Lucy Morton se asegura un inesperado triunfo, con un tiempo muy discreto, 3,33”2, por delante de Geraghty, 3,34”0, y de Gladys Carson, tercera en 3,35”4, mientras la sueca Vivan Pettersson es cuarta en 3,37”6, dejando para la recordista mundial Gilbert el quinto lugar, con unos más que discretos 3,38”0. Hay que señalar el hecho, raro en competiciones de este nivel, que las siete finalistas lograron tiempo mucho peores en la final de los que habían señalado en las eliminatorias. De esta manera, no se pudieron superar ninguno de los dos récords, ni mundial ni olímpico.
 
4x100m.libres: continúa sin homologarse el récord mundial de esta prueba; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del cuarteto norteamericano, 5,11”6 en Amberes-1920. Se nada la final directa el 18 de julio, con solo 6 cuartetos inscritos.
 
Aunque la final se disputa antes de la convincente demostración de fuerza de las dos finales de crol, se hace difícil pensar en una derrota del cuarteto norteamericano, a no ser por alguna descalificación. Y, en efecto, así es. Desde el primer tramo de la prueba, con la todavía recordista mundial, Gertrude Ederle, 1,15”0, las nadadoras USA van cogiendo una progresiva ventaja que las permite lograr el triunfo final, después de los sucesivos relevos de Wehselau, 1,18”6, Lackie, 1,10”8, y Donnelly, 1,14”2, con un tiempo final de 4,58”8, nuevo récord olímpico, con un magnífico promedio de 1,14”7. El equipo británico es segundo, 5,17”0, confirmando ser la segunda potencia de la natación mundial, mientras que, más atrasada, Suecia es tercera, 5,35”6.
 
(Nota del autor: en la composición del relevo del equipo norteamericano hemos encontrado alguna diferencia, no en los nombres de las nadadoras sino en el orden con el que se lanzaron al agua, según las fuentes consultadas; en un artículo sueco hemos encontrado una composición diferente (Ederle, Donnelly, Lackie, y Wehselau) aunque al haber encontrado tres de otras coincidentes con la que hemos ofrecido, una de las cuales con los parciales indicados, hemos preferido mantener esta).
 
La natación USA había continuado en París la escalada iniciada en las dos anteriores ediciones de los Juegos, y que acabaría convirtiéndola en la primera potencia mundial de nuestro deporte, si no siempre en calidad (en determinadas épocas siempre ha encontrado rivales que le han discutido su supremacía) si en la cantidad de buenos nadadores. En el sector masculino no se entreveía quien pudiera rivalizar con ellos (los japoneses habían hecho unas muy tímidas apariciones en Amberes y París) y no será hasta ocho años después cuando, por primera vez, se discutirá esta superioridad de la natación USA.
 
El “triunfo” de la holandesa Baron, por su lado, y pese a su descalificación, significaba la aparición del pequeño país holandés como una de las grandes potencias mundiales de la natación femenina, a pesar de su escaso material humano, comparado con el de un gigante como los EE.UU., bien ayudado, sin embargo, por la grande cantidad de piscinas cubiertas existentes, y el trabajo serio y dedicado de toda una gran cantidad de técnicos aficionados, que transformaron su natación en una verdadera cantera de nadadoras de extraordinaria calidad (curiosamente, nunca llegaron a tener el mismo nivel en la natación masculina) llegando, incluso, en ciertos momentos, a “robarle” la supremacía mundial al coloso norteamericano.
 
Guillem Alsina