Los “Empates” y los “Ex-Aequo“ más célebres


Pippo Magnini y Brent Hayden con su oro en Melbourne 2007

El “ex-aequo” que protagonizaron el italiano “PippoMagnini y el canadiense Brent Hayden en la final de los 100m.crol de estos recientes Mundiales de Melbourne, nos ha traído a la memoria otros célebres “empates” y “ex-aequo”, es decir, llegadas de dos o más nadadores con el mismo tiempo.

 
Ante todo, debemos distinguir entre “empate” y “ex-aequo”; consideramos que los empates se dan cuando dos o más nadadores consiguen el mismo tiempo, aunque puedan ser separados en la clasificación por el parecer reglamentario de los Jueces de Llegada, lo cual ocurría, y todavía ocurre, en aquellas pruebas en las que no existe cronometraje electrónico.
 
Un “ex-aequo”, en cambio, ocurre cuando dos o más nadadores, consiguen el mismo tiempo, de manera que si no hay cronometraje electrónico y actúan los Jueces de Llegada, estos no puedan decidir en que orden han llegado los dos o más nadadores, mientras que si hay “electrónico”, el reglamento ya indica que todos los nadadores que señalan un mismo tiempo deben clasificarse, “ex-aequo”, en un mismo lugar. Hecha esta salvedad, vamos a comentar los empates y “ex-aequo” más célebres conseguidos en las competiciones más importantes de la natación mundial.
 
El primero que vamos a comentar data de principios de siglo pasado, más exactamente de los JJ.OO. de Saint Louis-1904, y se produjo en la final de las 50 yardas libres entre el húngaro Zoltan Von Halmay, y el norteamericano Scott Leary, al señalar ambos un mismo tiempo de 28”2, aunque, según se dice, hay alguna fotografía en la que puede verse como el húngaro toca claramente la meta en primer lugar. Como, al parecer, en estos casos debía haber un desempate entre ambos nadadores, se nadó este, saldándose con la victoria de Von Halmay, 28”0, claramente por delante, ahora si, de Leary, 28”6.
 
El segundo se produjo en los Campeonatos de Europa de Budapest-1926, cuando en los 100m.espalda el alemán Gusztav Frölich y el húngaro Karoly Bartha llegaron empatados en el primer lugar, ambos con el mismo tiempo de 1,16”0. Como debía darse un vencedor, se recurrió a un desempate, que dio el título al alemán en detrimento del húngaro, al ser descalificado éste, aunque ello no repercutió, lógicamente, en su segundo lugar, por detrás de Frölich, y por delante del sueco Eskil Lundahl, tercero de la final regular.
 
Otro “empate” que en su momento hizo correr mucha tinta, se dio en los Europeos de Magdebourg-1934, cuando en la final de los 400m.crol, las holandesas Ria Mastenbroek y Willie den Ouden se libraron a un espectacular y enconado duelo a lo largo de toda la prueba, que terminó con un mismo tiempo de 5,27”4 para ambas nadadoras. El reglamentario desempate para dilucidar el título debía disputarse obligatoriamente, por reglamentario, una hora después de terminada la final.
 
Mastenbroek destacaba precisamente por su potencia física y su feroz determinación en cada una de las pruebas que disputaba, mientras den Ouden, todo al contrario, era una nadadora mucho más frágil, típica velocista “de una sola prueba” (aunque como puede verse, también “subía” de vez en cuando, y con algún éxito, hasta los 400m.) lo que le daba muy pocas posibilidades de éxito frente su compañera de equipo, por lo que optó por cederle el título, sin disputar ni siquiera la prueba de desempate. Lo que realmente hizo correr la tinta fue el hecho de que algún periódico desveló que, al parecer (puesto que nunca se pudo demostrar) den Ouden recibió presiones de su Federación para que no disputara el desempate con su compañera de equipo, mucho mejor considerada por su Federación que no la gran velocista.
 
El siguiente empate se dio en los JJ.OO. de Helsinki-1952 y más concretamente en la final de los 100m. crol, entre el norteamericano Clark Scholes y el japonés Hiroshi Suzuki, que tocaron el muro de llegada acreditados de un mismo tiempo, 57”4 (aunque, al parecer, y como en el caso anterior, Scholes había tocado bastante claramente en primer lugar). Esta vez, sin embargo, no habrá desempate, puesto que el reglamento pone en manos del Juez-arbitro y de los Jueces de Llegadas la decisión final, que es claramente favorable al americano, sin que nadie eleve una voz de protesta, puesto que, repetimos, el norteamericano había tocado claramente en primer lugar.
 
Cuatro años más tarde, la británica Judith Grinham se cuelga al cuello la medalla de oro de los 100m. espalda de los Juegos de Melbourne-1956, tras una remontada en el segundo largo de la prueba protagonizada por la norteamericana Carin Cone, que aunque no llegó a culminarla, si fue suficiente para que a ambas nadadoras se les diera el mismo tiempo, 1,12”9, aunque la medalla de oro fue para la británica, dejando la de plata para Cone.
 
Otro “empate” se produjo en los Europeos de Budapest-1958, cuando las dos holandesas, Jane Koster, y Corrie Schimmel, nadaron, prácticamente codo con codo, toda la final de los 400m.crol, para terminar con un mismo tiempo de 5,02”6, aunque la decisión de los Jueces de Llegada fue favorable a la primera.
 
Uno de los escasos “triples” empates que se han dado en una competición importante tuvo lugar en los Europeos de Leipzig-1962, cuando la alemana-oriental Heidi Pechstein, la británica Diana Wilkinson, y la holandesa Ineke Tigelaar, llegaron empatadas con un mismo tiempo de 1,03”3, aunque los Jueces de Llegada, las clasificaron por este mismo orden en primero, segundo y tercer lugar.
 
El único segundo “triple” que recordamos, por lo menos en una competición de alto nivel, se produjo en los Europeos de piscina corta de Valencia-2000, cuando en los 50m.braza, el alemán Mark Warnecke, el checo Daniel Malek, y el italiano Domenico Fioravanti, acreditaron un mismo tiempo de 27”11, repartiéndose entre ellos las tres medallas, lógicamente todas ellas de oro.  
 
En los Juegos de Roma-1960 se produjo el que ha sido, seguramente, el empate a tiempo más polémico de la historia de la natación. En la noche del 27 de agosto de aquel año, el australiano John Devitt, y el norteamericano Lance Larson se disputan el título olímpico de los 100m.crol.
 
Después que el brasileño Manoel Dos Santos haya mandado en el viraje, aunque solo con unas pocas décimas de ventaja, pierde todas sus opciones al efectuar un viraje de fondista, quedando al frente de la prueba los dos grandes favoritos. Al ataque del australiano entre los 60 y los 80 metros, responde Larson con un ataque final que no llega a culminar, y ambos nadadores se ven acreditados con un mismo tiempo de 55”2, nuevo récord olímpico.
 
La decisión de los jueces da, sin embargo, el primer lugar a Devitt (cuatro Jueces de Llegada, entre ellos el Juez-arbitro le han visto ganador), por delante de Larson (que tiene a su favor los restantes tres Jueces de Llegada), mientras los tiempos de los cronómetros son favorables a Larson (55”0, y dos 55”1, por 55”2 los tres cronómetros de Devitt). La polémica está servida. El jefe de la delegación norteamericana, Max Ritter (alemán de nacimiento, naturalizado en USA) que pocos días después será elegido como Presidente de la FINA, presenta una reclamación que no es aceptada.
 
Días después presenta una película de la llegada, en la que, siempre según él, se puede ver claramente como Larson es el ganador de la polémica final. Naturalmente, tampoco la película es aceptada como prueba concluyente. Todavía cuatro años después, una vez se ha desligado de su cargo de la FINA, Ritter continuará paseando la famosa película, intentando que se reconozca la victoria de Larson, aunque, lógicamente, sin ningún éxito, hasta que, poco a poco, el olvido cae sobre este caso.
 
Aunque no correspondió a un primer lugar, creemos que debemos comentar también este “ex-aequo”, puesto que fue, realmente, el primero que se dio, al coincidir con la primera incursión de la electrónica en las pruebas de natación, en los JJ.OO. de Tokio-1964.
 
En la final de los 100m.crol, dos nadadores, el alemán Hans-Joachim Klein, y el norteamericano Gary Ilman, se clasifican por detrás del norteamericano Don Schollander, y del británico Bobby McGregor, medallas de oro y plata respectivamente. Klein e Ilman se ven acreditados del mismo tiempo, 54”0, y mientras cuatro Jueces de Llegada acreditan a Klein como tercero, otros cuatro hacen lo mismo con Ilman. Este empate total, hace que el Juez-arbitro decida acudir a la “maquinita” que tiene a su disposición para decidir los tiempos.
 
Empate en las décimas de segundo; empate en las centésimas de segundo. Durante unos momentos reina una confusión total alrededor de la medalla de bronce, hasta que los técnicos electrónicos resuelven la cuestión: ¡por una solitaria milésima de segundo!, Klein se cuelga al cuello la medalla de bronce, acreditado del mismo tiempo que Ilman, pese a las protestas de los dirigentes USA que, como en Roma, se sienten robados una vez más, aunque ahora no puedan presentar películas en favor de su nadador.
 
Munich-1972 señala el fin de la posibilidad del error humano. Con la presencia de aparatos electrónicos cada vez más sofisticados para determinar los tiempos de cada nadador, se hace innecesaria la presencia de Jueces de Llegada y cronometradores, puesto que las “maquinitas” ofrecen la clasificación, cada vez con menor posibilidad de error, e incluso, con el tiempo, conseguirán eliminar la posibilidad de error en las salidas y tomas de relevos, salvando al Juez-arbitro de las posibles equivocaciones en esta tarea que le compete. También el hecho de que los tiempos pasen a darse en centésimas de segundo, hace un poco más difícil la posibilidad de empates a tiempo, incluso en las pruebas más cortas, como pueden ser los 50m.
 
Y es en estos mismos Juegos cuando se puede ver las ventajas que ofrecen estos “artefactos” electrónicos para nuestro deporte. En la final de los 400m.estilos, y después de verse dominado claramente en la primera mitad de la prueba (donde llega a contar hasta casi ¡ocho! segundos de desventaja respecto al primero de la prueba, Gary Hall “Sr”), el sueco Gunnar Larsson inicia una épica remontada que solo culmina en los últimos milímetros del último metro de la prueba.
 
En un primer momento, el marcador electrónico da el resultado de la prueba: Gunnar Larsson 4,31”98; Tim McKee 4,31”98. Durante unos diez minutos, ambos nadadores, sentados en los poyetes de salida, y un impaciente público en las gradas, esperan el veredicto de la “maquinita”. Finalmente se enciende el electrónico para dar la clasificación definitiva: ¡por solo dos milésimas de segundo! (4,31”981 por 4,31”983) Larsson se proclama campeón olímpico, dejando para McKee la medalla de plata, ambos acreditados con el mismo tiempo de 4,31”98, puesto que, según el reglamento, los tiempos solo pueden ofrecerse hasta las centésimas de segundo.
 
Este caso de Munich dará lugar, sin embargo, a un cambio en la reglamentación de los “ex-aequo”. No sabemos exactamente a partir de cuando (agradeceremos si alguno de nuestros lectores puede ofrecernos la fecha en que la FINA reglamentó este punto) se reglamenta que únicamente sirvan los tiempos hasta las centésimas de segundo, sin que las milésimas puedan tener alguna incidencia para la clasificación de las pruebas. Se da, pues, el paso a posibles “ex-aequo”, es decir, a la posibilidad de que dos nadadores no puedan ser separados, y deban recibir un mismo lugar en la clasificación de una determinada prueba.
 
El primer caso de “ex-aequo” tiene lugar en los Juegos de Los Ángeles-1984, cuando las dos velocistas USA, Carri Steinseifer, y Nancy Hogshead, consiguen un mismo tiempo de 55”92 en la final de los 100m.crol. Por vez primera en unos JJ.OO., dos nadadoras suben al podio más alto, dejando vacío el segundo, mientras el tercero es ocupado por la holandesa Annemarie Verstappen.
 
En unos europeos el primer “ex-aequo” se dio en los de Helsinki-2000, cuando la ucraniana Yana Klochkova, y la rumana Beatrice Coada-Caslaru terminaron la prueba con el mismo tiempo de 2,12”57.
 
Pocos meses después, en los Juegos de Sydney-2000, volverá a verse un nuevo “ex-aequo”, para el primer lugar, cuando los norteamericanos Gary Hall “Jr” y Anthony Ervin tocan el muro de llegada de los 50m.crol en la misma centésima, 21”98, viéndose atribuidos, cada uno de ellos, de una medalla de oro, dejando el tercer escalón para el holandés Pieter van den Hoogenband.
 
El último “ex-aequo” de unos Europeos se ha dado este verano pasado en los de Budapest-2006, cuando el ucraniano Oleg Lisogor, y el italiano Alessandro Terrin señalaron un mismo tiempo de 27”48 en los 50m.braza.
 
En Fukuoka-2001 se dieron los dos únicos casos de “ex-aequo” en pruebas de relevos. El primero, producido en los 4x100m.crol, fue un caso de “ex-aequo” normal y corriente, al darse el mismo tiempo, 3,40”80, entre los cuartetos de la Gran Bretanya, y los USA.
 
El segundo, sin embargo, ya ha traído mucha más cola, y ocurrió en el 4x200m.crol, cuando al finalizar la prueba, las australianas fueron descalificadas por haberse lanzado al agua las tres primeras componentes “aussies” del equipo, para festejar la victoria con la que acababa de llegar, sin darse cuenta de que todavía había algún cuarteto que no había terminado la prueba; también fue descalificado el cuarteto USA por un adelantamiento en una de las tomas de relevo.
 
Pero mientras la descalificación de las australianas no ofreció posibilidad de “redención”, la delegación USA presentó una protesta por la suya, protesta que, ya con los Mundiales terminados, fue aceptada, en condiciones, todo hay que decirlo, bastante “grises”, puesto que la decisión del Comité de Apelación no fue la de darles la victoria, toda vez que habían conseguido un mejor tiempo que las británicas, 7,56”53, por 7,58”69 (mientras las australianas habían ganado la prueba con unos mejores 7,56”00) si no que, en lugar de ello, ofrecieron unas medallas de oro a las componentes del cuarteto USA, colocándolas en el mismo lugar, y con el mismo tiempo que las británicas, un decisión, creemos, a todas luces reprobables, puesto que si la protesta era la adecuada, el cuarteto USA debía ser proclamado campeón, con las británicas segundas, o si la protesta no era la adecuada, desestimarla y mantener la descalificación. Evidentemente, habría que ver el acta levantada por el Comité de Apelación para saber, realmente, lo que ocurrió.
 
Guillem Alsina