Juegos Olímpicos: Estocolmo – 1912


Entrega de premios al relevo femenino ganador

Entre el 6 y el 15 de julio de 1912 se reúnen en la capital sueca los nadadores llegados de todo el mundo para celebrar los Juegos de la V Olimpiada. Para disputarlas, y como la capital sueca no contaba con ninguna piscina de dimensiones olímpicas (en aquel tiempo eran obligatorias las de 100m. de longitud) el Comité Organizador habilitó una “piscina” de medidas reglamentarias, 100x20m., en una de las dependencias portuarias, exactamente en el lugar conocido con el complicado nombre de “Djugardensbrunsviken”, al abrigo de cualquier corriente, lo cual corroboraron los expertos de la FINA. De toda manera, se estaba lejos de las perfectas condiciones conseguidas en Londres, cuatro años antes, superando, en cambio, las de los tres primeros Juegos.

 
El nivel técnico de la natación continuaba su poco menos que meteórica progresión. Desde que la FINA había iniciado la homologación de los récords mundiales, estos caían por las piscinas de todo el mundo, mientras técnicos y nadadores interesados, iban poniendo a punto nuevas técnicas y métodos de entrenamiento, con los que poder superar tiempos considerados hasta aquel momento poco menos que insuperables.
 
Una nueva y rutilante estrella ha aparecido en el horizonte de nuestro deporte. Llegado de las cálidas y exóticas playas de las Islas Hawai, el príncipe de los canacas, Duke Paoa Kahanamoku (un atleta completo que nada igual que corre, o practica el “surf”, un deporte de moda, importado de otras islas del Pacífico) es el prototipo del nuevo estilo de crol que, después de una primera evolución en piscinas australianas, ha arraigado en los EE.UU., a donde Kahanamoku llega en 1910, enseñando un crol que, según él “han nadado desde siempre mis antepasados”. Con él, se inicia, sin duda, la evolución final hacia el crol moderno, que permitirá conquistas cronométricas imposibles de predecir en aquellos primeros años del naciente crol.
 
Un total de 17 países, todos en categoría masculina, solo 8 de ellos en la femenina, envían nadadores a la capital sueca, tres de las cuales, Noruega, Sudáfrica, y Rusia, participan por primera vez. A pesar de la progresiva codificación de la natación mundial por parte de la FINA, se continúa aceptando en cada una de las pruebas de los Juegos una participación indeterminada.
 
100m.libres: récord mundial en poder del alemán Kurt Bretting, 1,02”4, en Bruselas, p.25m., el 06/04/1912; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga, los 1,05”6 de Charles Daniels (USA) en la final olímpica de Londres-1908. Eliminatorias el 6 de julio; cuartos de final y semifinales el 7; final el 10. 33 participantes, repartidos en 8 eliminatorias; 3 cuartos de final, y 3 semifinales; los ganadores de las ocho eliminatorias y los cinco mejores segundos clasificados pasan a cuartos de final; los tres primeros de cada cuarto pasan a semifinales, mientras los ganadores de cada semifinal y los dos mejores de los segundos clasificados, disputan la final. No defiende su título el norteamericano Charles Daniels, retirado ya de la natación.
 
El hombre a superar parece ser el recordista mundial, Kurt Bretting, con su récord, logrado, al parecer, con el uso del “walking-step” (posibilidad reglamentaria, en ciertos países, de hacer unos pasos andando, antes de cada viraje, cuando la piscina es poco honda, y puede molestar al nadador). El triunfo comienza a encarecer-se, sin embargo, desde las primeras eliminatorias, cuando el norteamericano Percy McGillivray supera el récord olímpico al ganar la 4a.eliminatoria con un tiempo de 1,04”4/5, récord que es literalmente pulverizado en la siguiente, la 5a., por Duke Kahanamoku, con un espléndido tiempo de 1,02”3/5, tiempo muy superior técnicamente al récord mundial, logrado en piscina de 25m., beneficiándose, pues, de tres virajes suplementarios. Al dia siguiente, en las semifinales, el hawaiano vuelve a demostrar que es el más rápido de todos, bajando su récord olímpico hasta 1,02”2/5, igualando al mismo tiempo el mundial de Bretting.
 
Un incidente en los cuartos de final de la mañana está a punto de impedir la participación de los norteamericanos en la prueba. Programados inicialmente para las nueve de la mañana, se avanzaron a las ocho y media, sin que el equipo USA, por causas desconocidas, se enterara del cambio. Al día siguiente llegan a la piscina cuando ya los jueces habían hecho la correspondiente llamada, resultando inútiles todos los esfuerzos de directivos y nadadores para que fueran admitidos de nuevo en la prueba los tres velocistas norteamericanos.
 
Entonces, ocurrió uno de aquellos casos que refleja la educación deportiva de algunas personas, y que han salvado el espíritu olímpico ante otras decisiones más radicales. El australiano Cecil Healy, uno de los mejores velocistas mundiales de aquel tiempo ( fue también un famoso escritor de novelas de estilo romántico, y, encuadrado en el ejercito australiano, murió en uno de los frentes franceses, poco antes de acabar la y Guerra Mundial) y que era uno de los más beneficiados por la eliminación de los norteamericanos, se dirigió a los jueces para indicar que si no se permitía tomar la salida a los norteamericanos, él, por su lado, renunciaba igualmente a hacerlo. Su actitud convenció totalmente a los jueces, que se volvieron atrás de su primera decisión, permitiendo la “repesca” de los tres norteamericanos.
 
La final, como podía esperarse, no presentó muchos problemas para Kahanamoku. En cabeza de la prueba desde los primeros metros, seguido por su compatriota Kenneth Huszagh, Healy, y el todavía recordista mundial, Bretting, el hawaiano acaba la recta con un tiempo de 1,03”2/5, seguido de Healy, 1,04”3/5, mientras Huszagh se desfonda y está a punto de ser alcanzado por el alemán, 1,05”3/5 por 1,05”4/5. El alemán, muy alejado de sus tiempo en piscina corta, inaugura la larga lista de recordistas mundiales que no han podido ganar el oro olímpico, haciendo cierta la frase pronunciada un buen día por el famoso entrenador francés Alban Minville, cuando aseguraba que hay una gran diferencia entre nadar para superar un récord, y hacerlo para ganar una determinada competición.
 
400m.libres: récord mundial en poder del húngaro Bela von Las Torres, 5,28”4, en Budapest, p.35m.; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder del británico Henry Taylor, 5,36”8 en Londres-1908. Eliminatorias el 11 de julio; semifinales el 13; final el 14. 26 participantes repartidos en 6 eliminatorias, y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria más el mejor de los terceros clasificados pasan a semifinales, los dos mejores de las cuales, más el mejor tercer tiempo, disputan la final.
 
Defiende su título el campeón de Londres, el británico Henry Taylor, aunque sin ninguna posibilidad, pues aunque pasa las eliminatorias, es eliminado en semifinales, quinto de la segunda, con un tiempo, 5,48”1/5, mucho peor del que le había permitido lograr el título olímpico en Londres.
 
El australiano Harold Hardwick abre el fuego ya en la 1a.eliminatoria, al superar el récord olímpico de Taylor por ocho décimas, con un tiempo de 5,36”0, récord que le dura pocos minutos, cuando su compatriota Cecil Healy lo deja en 5,34”0 al ganar la 5a.eliminatoria. Al día siguiente, y en el curso de la 1a.semifinal, se puede ver enfrentados en una fuerte lucha a los dos grandes favoritos de la prueba.
 
Finalmente, el canadiense George Hodgson (británico de nacimiento aunque asentado en el Canadá, que en aquel tiempo aún era un “Dominion” de la Gran Bretaña) se lleva el triunfo por delante del británico John Hatfield, 5,25”2/5 por 5,25”3/5, superando de nuevo el récord olímpico, así como el mundial de los 400m., aunque, por razones que no sabemos explicar, no será homologado por la FINA (el tiempo incluso era técnicamente superior a los 5,23”0 de De Beaurepaire, en las 440 yardas, logrado en una piscina de 33,33m., es decir, con ocho virajes suplementarios).
 
La final es otro magnífico duelo entre ambos favoritos. Hodgson coge la cabeza de la prueba desde los primeros metros, y a pesar de los esfuerzos de su rival, es primero con un tiempo de 5,24”2/5, nuevo récord olímpico y mundial, este sí que le será homologado oficialmente, imponiéndose a Hatfield, que repite prácticamente, un quinto de segundo más, su tiempo de las semifinales, mientras Hardwick es tercero, 5,31”2, por delante de Healy y del húngaro Las Torres, el ya ex-recordista mundial.
 
El tiempo del ganador, 5,24”2/5 fue anunciado como récord mundial debido a que la FINA con un criterio muy de acuerdo con aquel tiempo, no homologaba sinó los tiempo logrados sobre las distancias exactas. Así, el australiano Franck de Beaurepaire tenía un tiempo de 5,23”0 como récord mundial de las 440 yardas, pero que no lo era de los 400m., a pesar de ser un tiempo mejor, mientras los 5,28”4 de Bela von Las Torres eran el récord mundial de los 400m. Naturalmente, y aunque eso era totalmente legal en aquel tiempo, no tenía razón lógica de ser, de manera que, algunos años después, la misma FINA rehizo su “Libro de Oro”, dando entrada a estos récords en yardas en las correspondientes distancias en metros.
 
1.500m.libres: récords mundial y olímpico en poder del británico Henry Taylor, 22,48”4, en Londres, p.100m., el 25/07/1908. Eliminatorias el 6 y 7 de julio; semifinales el 9; final el 10 de julio. 19 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria pasan a semifinales; los dos primeros de cada semifinal y el mejor tercer clasificado disputan la final. Como en la prueba anterior, defiende su título el británico Henry Taylor, que aunque pasa las eliminatorias, se ve obligado a abandonar en el curso de la 1a. semifinal.
 
Récord mundial y olímpico en la 3a.eliminatoria, cuando George Hodgson pulveriza el récord de Taylor con un tiempo de 22,23”0. No hay una explicación clara (tal vez la FINA no homologaba los récords de las eliminatorias, cuando los de la final los superaban) para la no homologación de este tiempo, que si lo fue como récord olímpico, pero no como a mundial.
 
En semifinales, de nuevo los dos favoritos se entregaron a una dura lucha, resuelta otra vez a favor del canadiense, 22,26”0 por 22,33”4 de John Hatfield, antes de que, ya en la final, Hodgson no concediese ninguna posibilidad a su rival, superando a su paso por el kilómetro el récord mundial de esta distancia con un tiempo de 14,37”0, y acabando la prueba con un nuevo récord mundial y olímpico, 22”00”0 (este sí homologado por la FINA), mientras Hatfield, 22,39”0, era segundo, una vez más por delante de Harold Hardwick, 23,15”2/5, mientras los otros dos finalistas, Las Torres a los 500m., y Malcolm Champion a los 800m., habían tenido que retirarse.
 
Como Battersby cuatro años antes en Londres, George Hodgson aprovechó esta final para continuar la carrera, e intentar superar el récord mundial de la milla inglesa, la distancia más codiciada de todas las pruebas de fondo para un nadador británico, récord que logró. Continuando su esfuerzo, una vez acabados los 1.500m., nadó los 109,32 metros que le faltaban para llegar a la milla, señalando un tiempo de 23,34”5, superando los 24,01”4 de Battersby, en 1909.
 
Digamos, para el anecdotario olímpico, que el tercer clasificado de la prueba, el australiano Hardwick, practicaba otro deporte, que podría parecer totalmente incompatible con la natación, pero en el que destacaba igualmente, pues era campeón australiano de los pesos pesados de boxeo, título que conservó hasta 1916.
 
4x200m.libres: la FINA continuaba sin homologar récords mundiales en pruebas de relevos; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga en poder de la Gran Bretaña, 10,53”4 en Londres-1908. Eliminatorias el 12 de julio; final el 15. 5 cuartetos participantes, repartidos en dos eliminatorias, los dos primeros de cada una de las cuales pasan a disputar la final. Está inscrito el equipo de la Gran Bretaña, defensora del título.
 
En la primera eliminatoria, la más complicada al estar formada por tres equipos, uno de los cuales debe ser el único eliminado para la final, triunfo final de los norteamericanos (con Kenneth Huszagh, Duke Kahanamoku, Harry Hebner, y Percy McGillivray) con un nuevo récord olímpico, 10,26”2/5, por delante de húngaros, 10,34”3/5, y británicos, 10,39”2/5, que no deciden su clasificación hasta el último tramo de la prueba. Récord olímpico igualmente en la 2a.eliminatoria, cuando el equipo de Australasia (formado por 3 australianos, Hardwick, Champion y Healy, y un neozelandès, Boardman) supera el tiempo de los norteamericanos, 10,14”0. muy por delante de los alemanes, 10,42”1/5.
 
En la final, triunfo de los “australásicos” con nuevo récord olímpico, 10,11”6, por delante del cuarteto USA, que también supera su antiguo récord, 10,20”1/5, mientras los británicos (que se han aprovechado de la no presentación del equipo húngaro en la final) son terceros, 10,28”2, por delante de los alemanes, 10,37”0, tiempo, todos cuatro, muy por debajo del 10,53”4 con el que los británicos habían ganado cuatro años antes en Londres. Es un dato más para evaluar el progreso de la natación mundial en esta Olimpiada.
 
100m.espalda: récord mundial en poder del alemán Otto Fahr, 1,15”6, en Magdebourg, p.25m., el 29/04/1912; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga del también alemán Arno Bieberstein, 1,24”6 en Londres-1908. Eliminatorias el 9 de julio; semifinales el 10; final el 13 de julio. 18 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria más el mejor tercer clasificado pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor tercer clasificado disputan la final. No se presenta a defender su título el alemán Arno Bieberstein.
 
Revolución técnica cuando el norteamericano Harry Hebner emplea, desde las eliminatorias, una modalidad estilística en la que el movimiento de brazos es alterno, mientras las piernas hacen servir un movimiento más semejante al del estilo de crol (aunque en realidad se asemeja mucho más al movimiento de pedaleo en una bicicleta) en lugar de los clásicos movimientos de piernas de braza con el cuerpo de espaldas.
 
Los dirigentes alemanes, que tienen en el recordista mundial Otto Fahr (nadador de la antigua modalidad) uno de los favoritos de la prueba, hacen una protesta al jurado de apelacion, al considerar que el estilo empleado por Hebner no es reglamentario. Los dirigentes norteamericanos, por su lado, reglamento FINA en mano, demuestran que su nadador no vulnera el reglamento, toda vez que este únicamente dispone que la única condición estipulada es que el cuerpo se mantenga, a lo largo de toda la carrera, sobre la espalda, sin especificar los movimientos que hay que hacer con brazos y piernas, condición obviamente respetada por el norteamericano. El progreso en este estilo queda, pues, perfectamente asegurado.
 
Hebner se convierte en el gran favorito de la prueba al señalar el mejor tiempo de las eliminatorias y semifinales, 1,21”0 y 1,20”4/5, con sendos récords olímpicos, aunque con fuerte oposición de Fahr, 1,22”0 y 1,21”4/5 respectivamente. En la final, rápidamente se destacan los dos favoritos, que van juntos hasta los últimos metros, donde Hebner consigue una pequeña ventaja que le otorga la victoria, 1,21”1/5 por 1,22”2/5, sin superar el récord olímpico de semifinales, y muy lejos del mundial, que no será superado hasta ocho años después. Paul Kellner, otro alemán, es tercero, 1,24”0, por delante del húngaro Andreas Baronyi (otro ex-recordista mundial de la prueba, 1,18”8 en 1911, piscina corta) cuarto en 1,25”1/5, y de un tercer alemán, Otto Gross, 1,25”4/5.
 
La nueva técnica demostrada por Hebner, aunque algunos autores señalan que quien la ideó fue su compatriota Percy McGillivray) no tardó en imponerse en Estados Unidos, aunque el estallido de la II Guerra Mundial dos años después, impidió una más rápida difusión por otros países.
 
200m.braza: récord mundial en poder del belga Felicien Courbet, 3,00”8 en Schaerbeck, p.25,20m., el 02/10/1910; récord olímpico y mejor tiempo mundial en piscina larga del británico Frederick Holman, 3,09”2 en Londres-1908. Eliminatorias el 7 de julio; semifinales el 9; final el 10 de julio. 24 participantes repartidos en 6 eliminatorias y 2 semifinales; los dos primeros de cada eliminatoria más el mejor tercer clasificado pasan a semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales, más el mejor tercer clasificado, nadan la final. No se presenta a defender el título el británico Frederick Holman, campeón en Londres-1908, que morirá al año siguiente, a los 29 años, a causa de un tifus contraído en una piscina.
 
Triunfo total para el alemán Walter Bathe, prestigiando la magnífica escuela alemana de este estilo, que ya comienza a ser famosa dentro del mundo de la natación. Willy Lützow, otro alemán, es el primero en superar el récord olímpico con un tiempo de 3,07”2/5, ganando la 1a.eliminatoria. Minutos después, en la 4a., Bathe impone su favoritismo ganándola en un tiempo de 3,03”4, nuevo récord olímpico que vuelve a superar dos días después al ganar la 2a.semifinal con un tiempo de 3,02”1/5, técnicamente superior al mundial de Courbet por la ventaja que representan los cuatro virajes suplementarios del belga. Ya en la final, Bathe no tiene problemas para lograr la victoria, bajando por tercera vez su récord olímpico, ahora hasta un magnífico 3,01”4/5, por delante de sus compatriotas Lützow y Paul Malisch, segundo y tercero en 3,05”0 y 3,08”0, respectivamente, mientras el británico Percy Courtman (primer nadador que dos años después bajará los tres minutos en esta prueba, 2,56”6, el 28 de julio del 1914) es cuarto, casi alcanzando a Malisch en los últimos metros, 3,08”4/5, y el sueco Thor Henning, quinto finalista, se ve obligado a abandonar la prueba.
 
400m.braza: récord mundial en poder del sueco Thor Henning, 6,28”7 en Estocolmo, p.25 yardas, el 30/11/1911; récord olímpico (sobre 440 yardas) en poder del alemán Georg Zacharias, 7,23”6 en Saint Louis-1904. Eliminatorias el 8 de julio; semifinales el 11; final el 12 de julio. 17 participantes repartidos en 5 eliminatorias y 2 semifinales. Los dos primeros de cada eliminatoria y el mejor tercer clasificado pasan a las semifinales, los dos primeros de cada una de las cuales y el mejor tercer clasificado disputan la final. Prueba que no se había disputado en los Juegos de Londres-1908, pero que por la especial importancia que tenía este estilo en los países del Centro y Norte de Europa (donde constituía la base de la enseñanza de la natación) había estado reprogramada para estos Juegos.
 
Walter Bathe, como en los 200m., no tuvo muchos problemas para asegurarse su segundo triunfo individual. En la 1a.eliminatoria el recordista mundial Henning impone un nuevo récord olímpico, 6,52”2/5, récord que es superado sucesivamente en tres otras ocasiones: Paul Malisch, 6,47”0 en la 2a.; el británico Percy Courtman, 6,43”4/5 en la 4a., y, finalmente, los definitivos 6,34”3/5 de Bathe en la 5a. y última eliminatoria, no muy lejos, técnicamente hablando, del récord mundial de Henning. En las semifinales, dura lucha entre estos dos hombres, que acaban empatados con el mismo tiempo de 6,32”0, un nuevo récord olímpico.
 
Ya en la final, y a pesar del aliento del público, que espera una victoria del nadador local, Bathe no le da ninguna posibilidad, y desde los primeros metros va aumentando su ventaja, hasta acabar con un nuevo récord olímpico, 6,29”3/5, tercer récord olímpico para él, seguido del sueco, 6,35”3/5, apurado en los últimos metros por el británico Courtman, 6,36”2/5, superior en esta ocasión a los otros dos alemanes, Malisch, cuarto, mientras Lützow debe retirarse de la prueba.
 
Un hecho capital para el desarrollo de la natación, y que ilustra perfectamente la difusión, tanto de la natación como de la idea olímpica, lo constituye la aparición de la mujer en los Juegos Olímpicos y las competiciones de natación (aunque en estas últimas ya había hecho alguna tímida presencia, propia, únicamente, de los países deportiva y socialmente más avanzados). Contrariamente al parecer del Barón de Coubertin, para el cual la mujer no tenía lugar en las competiciones olímpicas (sí únicamente como espectadoras, admirando al hombre deportista), el Comité Organizador de los Juegos inscribió dos pruebas para nadadoras: una, sobre 100m.libres; otra, sobre 4x100m.libres.
 
Este exiguo programa irá aumentando, empero, a medida que la mujer logre ir conquistando nuevas posiciones dentro del contexto social, hasta llegar a los JJ.OO. de Ciudad México, el 1968 (más de medio siglo habrán pasado prácticamente desde estos Juegos de Estocolmo) para igualarse con los hombres en el programa olímpico de natación.
 

100m.libres: récord mundial en poder de la británica Daisy Curwen, 1,20”6, en Birkenhead, p.25 yardas, el 10/06/1912. Eliminatorias el 8/9 de julio; semifinales el 11; final el 12 de julio. No menos de 27 nadadoras inscritas (un éxito que, como se acostumbra a decir “sorprendió a la propia empresa”), repartidas en 5 eliminatorias y 2 semifinales; las dos primeras de cada eliminatoria, más la mejor tercera clasificada pasan a semifinales, las dos primeras de cada una de las cuales, más la mejor terceras clasificada, nadan la final.

 
Primer éxito del naciente olimpismo femenino cuando en la 4a.eliminatoria la australiana Fanny Durack supera el récord mundial de la distancia con un tiempo de 1,19”4/5, superando al mismo tiempo el récord olímpico impuesto por la británica Bella Moore, 1,29”4/5 en la primera eliminatoria, que había sido superado por la recordista mundial Daisy Curwen, 1,23”3/5, en la segunda. Aunque no vuelve a acercarse a su reciente récord, la australiana no tiene muchos problemas para ganar el primer título olímpico femenino, imponiéndose en la final con un tiempo de 1,22”1/5, por delante de su compatriota Wilhelmina Wylie, 1,25”2/5, y de la británica Jenny Fletcher, 1,27”0, mientras la recordista mundial, Curwen, clasificada con el mejor segundo tiempo de las semifinales, ha tenido que ser hospitalizada para ser operada de una inflamación de apéndice.
 
Fanny Durack, una de las pioneras de la natación mundial femenina, volverá a mejorar, pocos días después de su triunfo olímpico, su récord mundial de la final olímpica, nadando en 1,18”8 en una piscina de 100m. en Hambourg, récord que dejará, tres años después, en 1,16”2, ya para sus sucesoras. Se distinguió por ser la primera mujer que poseyó, al mismo tiempo, los récords mundiales de la más corta, las 100 yardas, y la más larga distancia, la milla inglesa.
 
La ahora completamente anacrónica visión de aquellas primeras nadadoras de competición, con sus trajes de baño largos hasta las rodillas, con la faldita flotando por encima las aguas (y que en el suelo pretendía tapar púdicamente sus “formas redondeadas”) y el pañuelo de seda para cogerse los cabellos, constituye, sin duda alguna, una estampa melancólica de otros tiempos, que abrieron camino hacia las inmensas posibilidades de las nadadoras de nuestros tiempo, con sus bañadores perfectamente moldeados al cuerpo para facilitar su deslizamiento, sus gorros, y sus gafas, ayudándolas a lograr récords, totalmente impensables para aquellas pioneras de la natación femenina.
 
La participación australiana en estos Juegos constituyó, igualmente, una pequeña odisea, primero porque las dos nadadoras inscritas hubieron de vencer los prejuicios de la época, que las impedía de mostrarse en bañador y de nadar ante hombres; segundo porque parece ser que los dirigentes australianos no habían previsto la selección de un equipo femenino, y no había presupuesto para este viaje. Un diario de Sydney organizó un festival de natación, en el que se pudo recoger el dinero necesario para enviar las dos nadadoras a la capital sueca.
 
4x100m.libres: únicamente cuatro equipos se presentan para participar en esta prueba, con final, lógicamente, directa, y que se nada el 15 de julio. Ningún problema para el cuarteto británico, formado por Bella Moore, Jennie Fletcher, Annie Speirs, e Irene Steers, consideradas entre las mejores del mundo, inaugurando el ranking de récords olímpicos con un buen tiempo de 5,52”4/5, claramente por delante de las alemanas, 6,04”3/5, mientras Austria es tercera, con Suecia en cuarto y último lugar. La FINA, como ocurría con el relevo masculino de 4x200m., tampoco homologó el tiempo de las británicas como récord mundial.
 
Para el anecdotario olímpico, digamos que las dos nadadoras australianas intentaron que los jueces las dejaran participar en este relevo, nadando alternadamente dos tramos cada una de ellas. Evidentemente, los jueces no se dejaron convencer. Es muy probable que, si no ganar a las británicas, si que hubieran podido ser segundas.
 
Digamos también que el día 5 de julio, es decir, antes del inicio de los Juegos, Fanny Durack hizo una demostración sobre 300m.libres, en la que superó el récord mundial (en posesión de la británica Virginia Neave, 4,56”2, en Londres, p.30 yardas, el 18/10/1911) con un tiempo de 4,43”6.
 
El estallido de la y Guerra Mundial, 1914-1918, juntamente con sus inevitables secuelas de muerte, dolor y miseria, cortará por unos años el gran desarrollo experimentado por la natación mundial hasta aquel momento. Únicamente en algunos países geográficamente muy alejados de las frentes de guerra (aunque participaran en ella) se podrá continuar el impulso que hasta aquel momento había gozado nuestro deporte. Será, sobretodo, en Estados Unidos de América y en Australia donde se continuará organizando competiciones, superando algunos récords, y mejorando las diferentes técnicas de los estilos y métodos de entrenamiento. Mientras, sobre los enlodados campos de Europa quedan truncadas miles y miles de jóvenes vidas.
 
 
Guillem Alsina