Historia del Crol. Último capítulo. La revolución australiana de 1956

A principios de la década de los 40, el australiano Frank Cotton, antiguo campeón de Nueva Gales del Sur en las 440 y 880 yardas crol, y más tarde Doctor en Ciencias, y Profesor de Fisiología en la Universidad de Sydney, inició sus experiencias para conseguir nuevos métodos de entrenamiento en el ámbito de la natación de competición.
 
Con la ayuda de Forbes Carlile, otro nadador y entrenador aficionado, y estudiante de Fisiología, con Cotton, empezaron a experimentar, a partir de 1945 con una nueva generación de nadadores en una piscina que años más tarde se haría famosa en el mundo entero, la “North Sydney Olympic Pool” donde a partir de 1956, las Dawn Fraser y Lorraine Crapp, o los Murray Rose, John Henricks, John Devitt, o los hermanos John y Ilsa Konrads, renovarían la tabla de récords mundiales, iniciando una nueva era de la natación mundial.
 
Empleando técnicas novedosas, que iban perfeccionando cuando las consideraban positivas, o cambiando cuando no conseguían los resultados que ellos esperaban, Cotton y Carlile consiguieron resultados esperanzadores para una natación, la australiana, que prácticamente no “levantaba cabeza” desde los Juegos de 1928-1932. Entre 1948 y 1952, tres nadadores, Judy Joy Davies (bronce en los 100m.espalda de 1948), Nancy Lyons (plata en los 200m.braza de 1948)  y John Davies (oro en 200m.braza en 1952) colocaron de nuevo a la natación australiana entre las primeras del mundo (sin olvidarnos de John Marshall (aunque estudiaba en la Universidad de Yale) bronce y plata en los 400 y 1.500m.crol de 1948).
 
Los “Libros de entrenamiento” (donde cada nadador apuntaba sus entrenamientos, y sus impresiones sobre entrenos y competiciones); los “segunderos de pared” (para vigilar los tiempos que hacia en sus series); la vigilancia constante del peso de cada nadador como arma para prevenir el sobre-entrenamiento; la toma de pulsaciones después de lo que ellos llamaban “esfuerzos” para vigilar la progresión del entreno; el empleo de baños de agua caliente como “calentamiento” de las competiciones, cuando la temperatura del ambiente o del agua era más bien frío, o el empleo del “entreno por intervalos”, experimentado ya por los japoneses, pero que Cotton y Carlile llevaron a un uso extremo, fueron algunas de las innovaciones que propusieron estos dos técnicos.
 
Todo ello, sin embargo, no hubiera podido prosperar como lo hizo, si no hubiera sido por la nueva generación de técnicos que surgió de aquellos estudios, “contaminándoles” el entusiasmo que aquellos dos pioneros sentían por la natación. Frank Guthrie, Harry Gallagher, Sam Herford, Marsden Campbell, o Don Talbot, entre otros muchos, fueron los abanderados de una magnífica generación de entrenadores profesionales, que se entregaron con exclusiva dedicación a encontrar nuevos y más eficientes métodos de entrenamiento, que produjeron una generación de nadadores, cuya “explosión” coincidió con la disputa de los JJ.OO. de Melbourne-1956.
 
Los estudios llevados a cabo por aquella generación de técnicos mostraron al mundo de la natación una primera evidencia; un nadador podía asumir entrenos mucho más duros de lo que se había creído hasta entonces. Entrenamientos “por intervalos” de 32x50m. eran frecuentes en los planes de entrenamientos de aquellos nadadores, y aunque algunos técnicos todavía no estaban perfectamente convencidos de la necesidad de llegar a estos extremos, bien pronto los resultados conseguidos demostraron que los que así actuaban no carecian de razón. En 1953, Judy Joy Davies supera el récord mundial de la milla en 22,51”6 (superando de 20 segundos el récord de la mítica danesa Ragnhild Hveger, 23”11”5, conseguido en 1938); un año después es el turno de Lorraine Crapp, al superar el mundial de las 880 yardas en 11,00”2, rebajando los 11,08”6 de la norteamericana Ann Curtis en 1944.
 
Estos éxitos disparan el entusiasmo por la natación en la isla-continente, y nace una generación que dos años después dejará grabadas sus hazañas para la posteridad en letras de oro. En los primeros meses de 1956 ofrecen ya un anticipo de lo que van a ser los Juegos. En febrero, y siempre en piscinas de 55 yardas, Dawn Fraser supera el récord mundial de los 100m.crol que estaba vigente desde 1936; también lo hace con el de los 200m., en poder de la mencionada danesa Hveger; pocos meses después, en agosto, Lorraine Crapp se convierte en la primera mujer que nada los 400m.crol en menos de 5 minutos, al lograr un tiempo de 4,50”8, superando en ¡ diez segundos ! un récord, 5,00”1, vigente desde 1940; Murray Rose se adueña de los récords mundiales de 400 y 1.500m.crol, siendo el primero que nada el kilómetro y medio en menos de 18 minutos (17,59”5 en octubre de aquel mismo 1956).  
 
Diciembre de 1956. En Melbourne se disputan los Juegos Olímpicos. Australia se impone en todas las pruebas de crol, tanto en categoría masculina como en la femenina, “arrollando” literalmente a sus rivales norteamericanos y japoneses, con una superioridad que ni siquiera habían demostrado los japoneses en su recordada actuación de Los Angeles, en 1932. Copan los tres escalones del podio en los 100m.crol, tanto masculinos (John Henricks, John Devitt, y Gary Chapman) como femeninos (Dawn Fraser, Lorraine Crapp, y Faith Leech); ganan los 400 y 1.500m.crol con Murray Rose; el oro y la plata de los 100m.espalda con David Theile y John Monckton; y los dos primeros lugares de los 400m.crol femeninos, con Lorraine Crapp y Dawn Fraser, y, como no podía dejar de ser, los dos relevos, 4x200m.crol hombres y 4x100m.crol mujeres. Una superioridad poco menos que insultante, ya que en las pruebas básicas, las de crol, ganan 5 medallas individuales, de las 9 que se ponen en juego entre los hombres, mientras se llevan 5 de las 6 que se disputan las mujeres.
 
Pero, ¿ha sido posible conseguir esta gran superioridad de la natación australiana sobre el resto del mundo, únicamente con los nuevos métodos de entrenamiento?. Efectivamente, no han sido solo estos los que han producido estos nadadores, sino todo un conjunto de prácticas que van a desarrollar un concepto de la natación totalmente diferente al que se había definido hasta entonces. Examinémoslas.
 
.- Un concepto del entrenamiento dentro del agua basado en el “entrenamiento por intervalos” (“interval training”) copiado del atletismo (donde habia empezado a practicarlo el alemán Waldemar Gerschler poco antes de la “II Gran Locura Mundial) y que consistía “grosso modo” en el empleo de cortas distancias, separadas por cortos periodos de descanso (32x50m.crol, con 15-20 segundos de reposo) de manera que el nadador pudiera desarrollar una velocidad superior a la de competición (por ejemplo, nadar estos 32×50 a una velocidad de 30” para un nadador que podía valer sobre los 2,06” en los 200m.crol). Aunque este método se usaba al lado de las clásicas “distancias largas”, ya hemos dicho que nunca hasta entonces se había empleado dándole tanta importancia dentro del plan de entrenamiento.
 
.- La preparación física. Basándose en el plan de entrenamiento del norteamericano Bob Kiphuth, que incluía algunos ejercicios de poleas con pesos al final de su famosa “Tabla de Yale”, los técnicos australianos desarrollaron un ambicioso plan de preparación física en el que daban una gran importancia a la fuerza. Para conseguirla, se ejecutaban toda una serie de ejercicios con barra de halterofilia (aunque los pesos no eran excesivos, puesto que las experiencias, en este terreno, se llevaron con gran cuidado), así como de poleas (aunque con una tabla más desarrollada, tanto en cantidad de ejercicios como en su calidad, que la de Kiphuth) junto a ejercicios de fuerza utilizando el peso del cuerpo como resistencia, todo ello complementado con ejercicios calisténicos, para desentumecer la musculatura de los ejercicios de fuerza.
 
.- Lo que en principio se denominó “la preparación invisible”. Atención a los detalles que podían ser importantes, pero que hasta aquel momento no se le había concedido la importancia que realmente tenían y se merecían. La dieta, con ingestión de mucha fruta (entera o en jugo) así como Vitamina E, presente en el germen de trigo y en el aceite que se extrae del mismo, A, B, C, y D, y preparados de hierro, sobre todo en el caso de las nadadoras en razón de su pérdida de sangre durante las reglas, para mantener el nivel de hierro en la hemoglobina; también se iniciaron trabajos importantes en el campo de la Medicina Deportiva, con estudios sobre el comportamiento del pulso, la presión arterial, y las variaciones del Electrocardiograma (ECG) de los nadadores, así como en la preparación sicológica, una materia en la que Forbes Carlile era maestro (como ya hemos dejado dicho en algún otro de nuestros escritos).
 
.- Y, finalmente, la vuelta, aunque con cambios significativos, y evidentemente positivos, al crol de Weismuller. ¿ Cuales eran las principales características de aquel crol australiano ?. En principio, digamos que en aquel crol, el nadador-atleta se imponía al nadador-pez. Dejemos la palabra a Frank Guthrie, uno de los “cuatro grandes” de aquella natación, que, en un opúsculo destinado a los entrenadores de Nueva Gales del Sur, indica: “ la principal característica del crol australiano es la de no tener, seguramente, …..ninguna característica principal. El estilo ha de ser personal, adaptado a cada nadador, según sus características personales, de manera que pueda sacar el máximo partido de todas y cada una de ellas. Todos sus movimientos han de estar al servicio de la máxiam eficiencia, y lo contrario…..es perder el tiempo. De toda manera, es evidente que este crol ha de seguir unas determinadas pautas, que se hace necesario describir: los brazos entran en el agua para ir directamente al punto de inicio de la tracción, sin ningún deslizamiento típico del crol japonés o americano. La mano coge directamente el agua e inicia la tracción, doblando el codo en la típica posición que se conoce como “en boomerang”, por el parecido con la típica arma arrojadiza de los aborígenes australianos, es decir, en un ángulo mayor de 90º, lo que hace que la mano pase a poca distancia, 8-12 centímetros, del estómago, y casi siempre un poco por fuera del eje central del cuerpo. Esta es, seguramente, la única característica en la que están de acuerdo todos los técnicos australianos. Después, la mano se desvía hacia el muslo, y sale, rozándola, iniciando una recuperación en completa descontracción, con el codo más alto, y la mano cerca del cuerpo, para volver a entrar en el agua, plana y con los dedos cerrados, aunque sin producir excesiva fuerza, puesto que descontracción es la palabra clave en esta fase de la brazada. Esta recuperación, sin embargo, tampoco está exenta de variaciones, puesto que aquellos nadadores que no presenten mucha flexibilidad en la articulación del hombro, pueden hacerla con el brazo más estirado, sin levantar tanto el codo “.
 
La inspiración se efectúa cada brazada (cada dos movimientos de brazos) siempre por el mismo lado, siendo bucal la inspiración, nasal y bucal, o solo bucal, la espiración. El ritmo de movimientos ha de ser rápido, de manera que no haya ningún tiempo muerto (es, en este punto, la adopción del principio de la “rotating action” característica que el japonés Hironoshin Furuhashi había demostrado allá por el 1948). Otra de las características del crol australiano es la de adaptar el movimiento de piernas al de los brazos, y esto servia tanto para un nadador como John Henricks, que tenia un pésimo batido de piernas, como para otros que, como Dawn Fraser o Lorraine Crapp, tenían un batido muy eficaz.
 
Un nadador como Murray Rose, por ejemplo, usaba un 2-tiempos par nadar los 1.500m.; un 4-tiempos cuando nadaba los 400 o 800m., y, finalmente, un 5-tiempos irregular cuando lo hacia sobre distancias más cortas, 100 o 200m. John Devitt, medalla de plata en los Juegos de Melbourne-1956, y campeón olímpico de la misma prueba en los de Roma, cuatro años más tarde, nadaba prácticamente sin ayuda de las piernas, ni siquiera en los 50m., en razón de su poco menos que nula flexibilidad de tobillos. El movimiento de piernas llega a ser totalmente nulo, como en el caso de los dos fondistas norteamericanos George Breen y Alan Somers (discípulos de Jim “Doc” Counsilman, uno de los pocos entrenadores USA contrario a los postulados de Bob Kiphuth, y defensor de los principios del crol australiano) en los cuales se podía observar un cruzamiento de las piernas en sentido horizontal, con el que se compensaba el balanceo de las caderas, que, a causa de la poca flexibilidad de los hombros, proporcionaba un recobro de los brazos muy bajo.
 
La revolución australiana de 1956 puso los cimientos de la natación moderna, en la que todo está permitido mientras sea en beneficio del nadador. A partir de los JJ.OO. de 1956, y cada vez con más fuerza, se impone una variedad de modalidades, cada una de las cuales está al servicio de un determinado tipo de nadador, con unas cualidades perfectamente definidas, y diferentes de las de los otros nadadores. Así, y por poner solo tres ejemplos, vemos como en la década de los 65-75, una magnífica generación de fondistas australianos ponen de moda el 2-tiempos para las pruebas de fondo. Forbes Carlile, al cual pertenecen un cierto número de dichos fondistas, llega incluso a manifestar que esta modalidad es la única con la cual se pueden conseguir éxitos en las pruebas de fondo, e incluso en las de velocidad (en 1968, el australiano Mike Wenden consigue el título olímpico de los 100m.crol con un batido irregular de doble cruzamiento horizontal, muy parecido a un 4-tiempos).
 
En Montreal-1976, el norteamericano Bruce Furniss gana el título olímpico de los 200m.crol, demostrando una modalidad del 6-tiempos en el que usa un exagerado balanceo de los hombros (que llegan a colocar el eje de los mismos en sentido totalmente vertical) que permite (según la propia auto-crítica de este nadador): 1o.) una brazada mucho más honda, y una mejor “toma” de agua con la mano; 2o.) permite una brazada mucho más larga, tanto hacia adelante como hacia atrás; 3o.) favorece el recobro de los brazos, sobre todo en los nadadores con poca flexibilidad de hombros, a causa de la mencionada verticalidad del eje de los hombros, y 4o.) reduce la resistencia del cuerpo dentro del agua. Evidentemente, esta modalidad se aleja del crol australiano por lo que respecta a la brazada “en boomerang”, brazada que no es posible con un balanceo de hombros tan pronunciado.
 
Poco después, 1980, el soviético Vladimir Salnikov gana el título olímpico de los 1.500m.crol, bajando por vez primera del cuarto de hora, empleando un clásico 6-tiempos). Ocho años después de su triunfo en Moscú, el mismo Salnikov, de manera sorprendente, reedita su victoria en los Juegos de Seúl. La diferencia entre el clásico 6-tiempos empleado en Moscú, y el batido irregular que emplea en Seúl, es clara y neta; se trata del estilo puesto al servicio del nadador, no del nadador al servicio del estilo.
 
Hasta aquí la historia, más o menos bien contada (perdonad sus muchos errores, como diría el clásico) del crol, el estilo que ha hecho posible que hoy en día se naden los 100m. en 46”, y los 1.500m. en 14,10” (aproximadamente, y en piscina corta) unos tiempos que, a principios del siglo XX se hubiera tomado por loco a quien se hubiera atrevido a predecirlos.
 
¿Qué nos depara el futuro sobre este tema?. Es difícil saberlo, y mucho más predecirlo. Personalmente, perdí una cena (que, por cierto, todavía no he pagado) al apostar que se iba a bajar de los 14 minutos antes de iniciarse el nuevo siglo, cuando el récord estaba en poder de Grant Hackett en 14,19”55. Ahora que está en 14,10”10, lo veo quizás más difícil que en aquel momento, hace ocho años, aunque no pierdo la esperanza, antes de irme, de ver los 13,……. Buena suerte a quien lo intente.  
 
      
Guillem Alsina