Sencillamente, llamadla “ T“

Pocos casos existen, por no decir ninguno, en que una sencilla letra, en este caso la “T”, haya servido para identificar, sin necesidad de ningún otro dato, a un nadador o una nadadora. Para los actuales aficionados, quizás esta “T” no les diga nada, pero para los que vivimos la natación en la década 1978 – 1988, con nombrar aquella “T”, no hacia falta añadir nada más.
 
Mary T Meagher nació un 27 de octubre de 1964. Muy pronto comenzó a destacar en el programa de “age group – natación de edades” que llevó a los Estados Unidos al vértice de la natación mundial, superando sucesivamente los récords de mariposa en los diferentes “grupos de edad” por los que pasó (actualmente, principios de 2007, todavía mantiene el de 13-14 años). En 1978, con solo 14 años, accede por vez primera al ranquing mundial de los 100m.mariposa (20a., 1,02”64) y al año siguiente, el 7 de julio de 1979,  cuando todavía le faltan 3 meses y 20 días para cumplir los 15 años, se proclama campeona de los 200m.mariposa de los Juegos Panamericanos que se disputan en San Juan de Puerto Rico, al tiempo que supera su primer récord mundial, el de los 200m. mariposa, con unos 2,09”77 que superan los 2,09”87 que comparten hasta aquel momento, al alimón, su compatriota Tracy Caulkins, 26 de agosto de 1978, y la “walkiria” Andrea Pollack, pocos dias antes, 4 de julio de 1978.
 
No dura mucho tiempo este récord, puesto que pocas semanas después, con motivo de los Campeonatos Nacionales, lo pulveriza al conseguir unos magníficos 2,07”01, ¡más de dos segundos y medio de mejora!, y se convierte en la primera nadador USA que baja del minuto en el hectómetro mariposa, 59”71, acercándose al récord mundial de otr de las “walkirias”, Christiane Knacke, 59”46 el año anterior, 1978.
 
En la primera quincena de abril se disputan los “trials” USA, ya con la “Espada de Damocles”, en forma de boicot, suspendida sobre los posibles olímpicos, aunque todavía con su ilusión intacta de que, finalmente, todo se arreglara, y ella podrá conseguir los dos títulos que anhela y se merece. Supera el récord mundial de los 100m., dejando en 59”26 los ya mencionados 59”46 de Knacke, y se clasifica igualmente para los 200m., con lo que sabe perfectamente que puede aspirar a tres medallas de oro.
 
Después…..la decepción final; el boicot, finalmente, tiene lugar. Meagher, con sus compañeros de infortunio, llora la decepción que le produce saber que ni siquiera va a poder intentar conseguir su anhelo más deseado, ser campeona olímpica, pero también sabe que la vida continúa y que ella todavía es joven para poder intentar otros retos.
 
El 30 de julio, siete días después de que la “walkiria” Caren Metschuk se haya proclamado campeona olímpica de los 100m. sin llegar a bajar del minuto, 1,00”42; nueve días después de que otra “walkiria”, Ines Geissler, lo haya hecho en los 200m., 2,10”44, lejos del récord mundial de la norteamericana (recordemos, 2,07”01) Meagher se proclama campeona USA en ambas distancias, señalando 59”41 (a solo 15 centésimas de su récord mundial) y 2,06”37, superando de nuevo, ahora si, su récord mundial del doble hectómetro. Aunque ella se sabe la mejor, también sabe que no le pertenece ninguno de los dos títulos olímpicos que se han disputado en Moscú.
 
Contra lo que pudiera esperarse, 1981 no es, para Meagher, un año de transición. Libre de competiciones importantes, se entrena para mejorar, sabiendo que al año siguiente le aguardan las “walkirias” en los Mundiales de Guayaquil, y que tres años después, en 1984, le aguardan sus, ¿primeros?, ¿segundos?, Juegos Olímpicos en su propia casa, Los Angeles.
 
En agosto se disputan en Milwaukee los Nacionales USA; el 13, “T” (ya se la conoce así en USA y el extranjero) participa en los 200m. Distanciada de sus rivales desde los primeros metros, pasa en 29”53 y 1,01”41 los dos primeros largos, unos tiempos que no dejan presagiar nada, puesto que en su anterior récord mundial, 2,06”37, había pasado bastante más rápido, 28”33 y 1,00”83; su tercer largo, 1,33”69, por 1,32”99, aunque ya la situé más cerca de su récord, no parece indicar lo que está a punto de ocurrir; nadando perfectamente plana sobre el agua, sin perder su impecable estilo, inspirando cada dos brazadas, Meagher se desliza sobre el agua sin parecer esforzarse; contra los 33”38 con los que había terminado en su anterior récord, opone unos magníficos 32”27, que le permiten señalar unos “estratosféricos” 2,05”96, terminando con 6”50 de ventaja sobre la segunda clasificada.
 
Tres días después, 16 de agosto, participa en el hectómetro; librándose a fondo desde los primeros metros, 27”75 a mitad de prueba (por 28”24 en su récord del mundo, 59”26) vuelve por 30”18, para otros “estratosféricos” 57”93, ¡un segundo y 33 centésimas de mejora sobre su anterior récord!. Estamos en 1981, pero los entendidos saben perfectamente que estos dos récords no son del siglo que están viviendo, y que solo con el paso del siglo van a ser superados, si no lo son por la propia “T” (retrospectivamente, podemos decir que aquellos que lo pensaron tenían casi toda la razón, puesto que los 57”93 fueron récord mundial hasta el 23 de agosto de 1999, cuando su compatriota Jenny Thompson lo rebajó en cinco centésimas, mientras los 2,05”96 solo fueron superados por la australiana Susan O’Neill, el 17 de mayo del 2000, rebajándolo en quince centésimas (todavía hoy es la quinta mejor marca mundial, por detrás de Jessicah Schipper, Otylia Jedrzejczak, Susan O’Neill, y Misty Hyman.
 
Sin embargo, como han hecho notar muchos expertos, superar récords no es lo mismo que ganar competiciones, cara a cara con sus rivales, y “T” va a experimentarlo personalmente. En 1982, en los Mundiales de Guayaquil, es favorita en ambas pruebas por sus récords mundiales; vence fácilmente en los 100m., aunque sin acercarse a su récord, 59”41 (por 1,00”36 de la “walkiria” Ines Geissler, pero no puede impedir que esta le presente lucha en los 200m., donde encabeza la prueba a partir de los 65 metros, para no abandonarla hasta la meta, 2,08”66 por 2,09”76 de “T”, haciéndole saber que, efectivamente, las pruebas, para ganarlas, hay que disputarlas. Será su primera decepción, aunque no la última.
 
1983 le trae la renovación de su título Panamericano de los 200m. (no nada los 100m.) 2,10”06, aunque continua sin poder acercarse a su récord mundial, preparándose decididamente para la cita olímpica, donde espera vengar tanto su obligada ausencia moscovita como su derrota de Guayaquil.
 
No le gusta, según dice en alguna de sus declaraciones, la ausencia de las “walkirias” en Los Ángeles, pese a que esto la permite conseguir tres fáciles medallas de oro (100 y 200m.mariposa, 59”26, por 1,00”19 de su compatriota Jenna Johnson, y 2,06”90, por 2,10”56 de la “aussie” Karen Phillips, con sendos récords olímpicos, así como formando parte del cuarteto de estilos, 4,08”34. Su ilusión, sin embargo, continua siendo medirse cara a cara con sus “amigas” de la DDR, a las que, junto a otras nadadoras USA, acusa, siempre que tiene ocasión, de no conseguir récords y victorias por vías legales.
 
1986, Mundiales de Madrid, segunda ocasión en la que puede enfrentarse a sus grandes y denostadas rivales. Con la cara bastante más redonda que en otras ocasiones (al parecer tiene pequeños problemas de sobrepeso) “T” no puede mantener su favoritismo en el hectómetro, y es derrotada claramente por sus oponentes; mientras Kornelia Gressler se lanza al ataque desde los primeros metros, 27”87 en el viraje (a ritmo, pues, de récord mundial) y no va a ser alcanzada, aunque flaquea en los últimos metros, 59”51, Kristin Otto sale más prudente, y es tercera por detrás de “T” (28”14 por 28”45) a la que alcanza  y supera en los últimos quince metros, 59”66 por 59”98.
 
Su decepción, sin embargo, no pasa de las 24 horas siguientes, y dos días después no tiene apenas problemas para imponerse a las alemanas en el doble hectómetro, con unos 2,08”41, que la sitúan tan lejos de su récord como de sus rivales (Gressler, segunda en 2,10”66); hace también sus “pinitos” en crol, ganando la medalla de bronce de los 200m., vencida por las dos “walkirias”, aunque decepciona en los 100m., sexta, y es segunda en los tres relevos, siempre por detrás de sus rivales de la DDR.
 
Repone fuerzas al año siguiente, 1987, en que ni siquiera se presenta a renovar su título panamericano de los 200m., embebida por la cita olímpica en la que pretende renovar los dos títulos conseguidos en su casa, sabiendo que, ahora si, tendrá frente a ella, como en Guayaquil y Madrid, a sus sempiternas rivales, que ahora ya saben lo que es derrotarla, y es consciente de que esta va a ser su última oportunidad de demostrar que ella es la mejor mariposista mundial, y no solo por sus récords.
 
Los años, sin embargo, no pasan en balde, y MaryTMeagher ya no es la misma de aquel lejano 1981, cuando estableciera sus dos “estratosféricos” récords mundiales. El 23 de septiembre se inicia su “calvario”, cuando en las series matinales es “vapuleada” como nunca lo había sido, salvando por escasas 17 centésimas su clasificación para la final (1,01”48 por 1,01”65 de la soviética Svetlana Kopshikova). Por la tarde, totalmente hundida, se alinea en la calle 8, sabiendo que no va a tener prácticamente posibilidades de acceder al podio, tanto más al escalón más alto. y efectivamente, así pasa, aunque consiga mejorar su actuación de la mañana, al ser séptima con 1,00”97, sin haber estado nunca en la lucha por los primeros lugares (era ya última en el viraje, adelantando en los últimos metros a la china Xiaohong Wang, 1,00”97 por 1,01”15).
 
Dos días después es tercera en las eliminatorias matinales del doble hectómetro, aunque es plenamente consciente de que su sitio no está en la lucha con las dos “walkirias” sino únicamente por el tercer escalón del podio. Totalmente derrotada, deja que las dos alemanas, Kathleen Nord y Birte Weigang, se “peleen” por el titulo (1,02”21 y 1,00”60 respectivamente, aunque terminara imponiéndose Nord) mientras ella pasa con el “pelotón”, tercera en 1,03”07, por 1,03”94 de la última). Resistiendo el acoso final de la rumana Stela Pura, 2,10”80 por 2,11”28, “T” sube, con el semblante sonriente de quienes saben aceptar tanto la victoria como la derrota, al tercer escalón del podio, sabiéndose mal derrotada por aquellas “walkirias” de las que se rumorea, sin poder demostrarlo, que tienen “ayudas” no excesivamente legales, pero también consciente de que en los últimos años (y sus problemas de sobrepeso no han sido los menos importantes) no había podido mantener aquel máximo nivel, que le había proporcionado sus dos récords.
 
Con 24 años, deja trás ella 14 de arduo entrenamiento y competición, 5 récords mundiales, 2 títulos de campeona y una medalla de bronce olímpicas; dos títulos mundiales, un segundo y un tercer lugar, como galardones que recordará la posteridad. Seúl ha sido su última competición, y MaryTMeagher, digamos sencillamente “T”, entra así en la leyenda de la natación mundial.
   
Guillem Alsina